Bueno, seguimos avanzando. Os recuerdo que Harry y Severus son WAPITTIS, también llamados ciervos blancos, aunque realmente son grisáceos. Son el segundo cérvido más grande, después del alce.
¿Nadie se ha preguntado por la segunda y tercera forma de Harry? No es que haya muchas pistas, pero las hay…
¿O por la segunda de Severus? De él solo he mencionado que la tiene, pero…¿No os pica la curiosidad?
En fin, este capítulo es todo Hermione y Riddle, así que disfrutadlo.
EL VAMPIRO Y EL LOBO
Hermione estaba confusa. Toda había ido muy bien, estupendamente, hasta el día después de su cumpleaños. Aunque nunca conseguía hacerle hablar francamente, estaba claro. Riddle parecía tener algún problema con ella y la muchacha ya no sabía qué hacer. Sus ilusiones y esperanzas alentadas definitivamente, ahora estaban sufriendo un frio rechazo. No era por sus orígenes, ni por sus estudios desde luego...así que tenía que ser algo más…personal. La castaña no sabía en qué momento había ofendido al imponente vampiro, ni como, pero la tensión entre ellos en sus lecciones se hacía difícil de soportar. Por fin había logrado dominar su forma de animaga y esperaba que al menos ese logro, le permitiese volver a estar en gracia con el hombre. Suspirando, tocó la puerta de las habitaciones, pese a que el retrato que las guardaba la miró murmurando sobre la rudeza de su visita y aguardó.
La puerta se abrió, y Lord Riddle la miró con cierta sorpresa murmurando:
-¿Ocurre algo Hermione?
-No Milord, tan solo necesito enseñarle algo…
El hombre se apartó, y se situó detrás de su escritorio, poniendo una barrera física y material ente ellos. Disgustada, Hermione se sentó comedidamente y miró a los ojos azules. Con un suspiro, se transformó y en la silla que ocupaba, una hermosa nutria se alzó mirando con curiosos ojos al vampiro de cabello negro y ojos azules. Con agilidad, el animal saltó al suelo y correteó hasta la pierna del hombre, alzándose sobre sus patas traseras con los bigotes tiesos de curiosidad. Con un chirrido de protesta, la nutria posó su pata en el muslo del hombre y este rascó suavemente su barbilla, haciéndole entrecerrar los ojos. Saltando a su regazo, el animal se empinó sobre su pecho y comenzó a parlotear animadamente, poniendo sus ojos al nivel de los del vampiro.
Riddle se sorprendió. Hermione le atraía desde el principio, pero la joven era humana, inteligente, vivaracha y alegre, y merecía a alguien mejor que él, que ni siquiera podía darle un hijo…Además…él era un vampiro y aceptarle suponía vivir como su donante de sangre, por cuanto tiempo viviese el vampiro…o ser convertida tarde o temprano en uno de ellos. Había comprendido su error, quizás demasiado tarde, cuando sus sentimientos ya estaban involucrados, y tratado de distanciarse de ella, dejándola libre…aunque sus celos y su mal humor consecuente habían logrado sacar su genio a relucir en ocasiones. Y ahí estaba ella, subida a su regazo, y sin duda dándole un sermón…El vampiro salió de su aparente trance y sonrió levísimamente, las puntas de sus colmillos insinuándose entre sus labios y murmuró dejando que la chispa de diversión animase sus ojos azules:
-Hermione…tu discurso es muy interesante, sin duda…pero desgraciadamente…no hablo nutrio…
La retahíla de chirridos y chillidos cesó súbitamente y los ojos marrones de la nutria relucieron. En un rápido destello y con plop que agitó su pelo y sus ropas, Hermione se encontró a si misma sentada a horcajadas sobre el regazo del hombre, sus manos sobre su pecho, en una postura ciertamente…poco propia de una joven dama de buena familia. Ruborizándose, pero esbozando una sonrisa al notar las manos del vampiro enredarse en su cintura para estabilizarla en un gesto inconsciente, Hermione murmuró:
-Lo siento…se me sigue olvidando eso…
Cobrando coraje y valor, la muchacha murmuró:
-¿Estas…enfadado conmigo? Me parece que me rehúyes…
Riddle acarició su mejilla en un gesto de afecto y denegó susurrando suavemente, la voz llena de emociones encontradas:
-Nunca, pequeña. Puedo ser…difícil de tratar, pero nunca me enfadaré contigo. Yo soy el responsable de esta situación Hermione…No debí haber cedido al impulso y besarte…la culpa es mía, no tuya. Ya lo he meditado, y esto…no puede ser…¿No lo ves chiquilla? Soy un vampiro…y no puedo…no puedo darte lo que necesitas…
Las manos del hombre empujaban suave pero firmemente a la muchacha, instándola a levantarse pero Hermione denegó, aferrando su túnica. Con aire frustrado, la joven murmuró con vehemencia:
-¡¿Y ya está?! No soy una niña y me niego a dejar que decidas por mí…ni siquiera tú puedes decidir por mí lo que deseo…Y te quiero a ti, Thomas Riddle, Voldemort o Tyrone Ryan. Eres humano, antes que vampiro. Y lo sigues siendo, ahí dentro.
Recalcó la castaña, con un golpecito insistente de su índice en su pecho, sobre el corazón. Hermione suspiró levemente y añadió:
-La mayoría de mis amigos…o de los que antes eran mis amigos y compañeros, son meros críos, preocupados por banalidades, ropa y los últimos cotilleos y amoríos. No me identifico mucho con mis compañeros, la mayoría no entiende la pasión que despiertan en mí los libros, investigar o encontrar nuevos conocimientos…y no necesito ser madre para ser feliz, no ahora y no en un futuro próximo…pero sí que te necesito a ti…quiero que me abraces…que me beses…
Riddle no necesitaba usar legeremancia para saber que Hermione era sincera. Pero era tan joven…tal vez ahora no, pero dentro de unos años…y esto no era un compromiso del que poder deshacerse. Suspiró pesadamente y murmuró:
-No puedo Mione…si soy verdaderamente fiel a mis sentimientos no puedo hacerte esto…porque te estaría haciendo daño a largo plazo. Y eso no puedo tolerarlo.
Hermione le miró y murmuró suavemente, aferrando entre las manos el tejido de la túnica del vampiro:
-¿Ni siquiera si permanezco humana? Solo necesito estar contigo, Thomas…y no me importa ser tu donante, quiero serlo…
El vampiro la contempló intensamente un rato y susurró:
-¿Y si más adelante quieres…ser madre?
Hermione se encogió de hombros y susurró:
-Nunca me ha atraído mucho la idea, pero supongo que no es… imposible que cambie de idea dentro de unos años. No tengo prisa por ser vampiresa, la verdad. Mientras sea humana todo lo que he de hacer es elegir a un padre donante…y tomar una poción. O hacerlo al estilo muggle y conseguir una fecundación in vitro… No importa de quién sea el esperma, tú siempre serás su padre…Incluso podría adoptar. Hay demasiados niños sin hogar ni esperanza de tenerlo, rechazados y abandonados porque tienen problemas de salud o son…distintos.
La mención a la innegable labor social que el orfanato que Riddle había promovido estaba realizando fue prácticamente ignorada por este. Los ojos azules se perdieron en la inmensidad de los grandes ojos castaños por un rato, en profundo silencio, mientras Hermione se mordía nerviosamente el labio inferior, aguardando la decisión del hombre. La diferencia de edad era grande, pero con el tiempo…y si Hermione continuaba con él, eso dejaría de ser relevante. Con un suspiro de rendición, Riddle asintió y Hermione le abrazó gozosa, provocando más de una reacción en cadena en… ciertas partes muy sensibles de la anatomía masculina. Con un carraspeo nervioso, el vampiro la instó a separarse, maldiciendo interiormente cada leve movimiento de la muchacha, y murmuró:
-Hermione… ejm…esto no…no es…mhh…apropiado…Eh… primero debo pedir permiso a tu padre…
Los ojos de Hermione se dilataron y la joven se levantó mirando con curiosidad al vampiro y recolocándose la túnica. Desde luego, el hombre había sido educado en una época en que cualquier acercamiento físico estaba estrictamente vigilado y regulado, era caballeroso en extremo y nunca había llevado su contacto más allá de algún abrazo, tiernas caricias y ocasionales y castos besos que podían ser vistos como…fraternales. Excepto en su último cumpleaños. No había duda de la pasión que habían compartido en ese beso. Pero sus ojos…esos ojos azules habían dejado escapar en más de una ocasión las emociones de su dueño por la muchacha, traicionando la necesidad de protegerla, la atracción, a veces incluso el deseo… por más que su propietario luchase en silencio consigo mismo y tratase de mantener a raya sus emociones, gritándose a sí mismo que debía dejarla ser libre, protegerla, pero no más que como a cualquier otro miembro de su familia… Alguien que la apreciaba y respetaba por sí misma, sin pedir nada o casi nada a cambio, paciente, caballeroso y gentil…Hermione sonrió y murmuró alisando de nuevo una imaginaria arruga de su túnica:
-Papá va a matarte, ¿Lo sabes verdad? Y Sirius va a ayudarle…tal vez incluso Elwyn y Severus...
Pasándose la mano por el rostro, gruñendo sordamente de frustración y preparándose para una "muy larga conversación" con Remus, el vampiro murmuró sombrío:
-Deberían añadir eso en los libros de texto… "La mejor manera de torturar, mutilar o matar a un hombre es hacerle pedir la mano de su hija a un licántropo."
RLRLRLRLRLRLR
Por supuesto, Remus trató de lanzarse a la garganta de Riddle apenas escuchó sus primeras palabras, solicitando la mano de Hermione, pero sorprendentemente, Sirius le había detenido, haciendo gala de una increíble rapidez de reflejos, y dando lugar a que Elwyn interviniese y usase su mayor fuerza y liderazgo familiar para someter al enfurecido padre. En ese momento, Remus Lupín Rosier no era más que un airadísimo lobo intentando atacar a quien amenazaba la impoluta inocencia de uno de sus cachorros. No importaba que el sujeto de sus iras –y al parecer también del afecto de su hija- fuese el líder y referente de su pequeño grupo. No, que su nena oliese a menudo a turbación y deseo en presencia del vampiro, eso no importaba nada en absoluto, no señor. Dejando a los dos hermanos ventear emociones…y esperando encontrar su sala de estar reducida a meras ruinas a su retorno, Sirius y Severus habían acompañado a Riddle hasta el despacho del Maestro de Pociones y este, murmurando una apresurada disculpa, les había dejado a ambos solos.
Sirius observó atentamente a Riddle. El vampiro estaba nervioso, como cualquier pretendiente ante los padres de su amada. Hermione no había venido con él, pero Sirius no dudaba de que esto fuera algo deseado por…su hija. La dulce mirada de Hemione ante la presencia del hombre era inconfundible y más de una vez Sirius había tenido que contener los gruñidos irascibles de Remus, que percibía la sutil emoción fluyendo entre ambos. Porque aparentemente Riddle no había hecho nada por alentar los sentimientos de Hermione, últimamente tal vez todo lo contrario, sino simplemente disfrutar de la mutua compañía y demostrar una paciencia infinita ante las inagotables preguntas de la insaciablemente curiosa muchacha. Sirius se acomodó más en su asiento y murmuró:
-Si le pregunto a Mione sobre esta…propuesta, ¿He de esperar alguna objeción?
- Ninguna de la que tenga conocimiento. No había preguntado si no estuviera seguro de ello.
El hombre entrecerró los ojos y murmuró:
-¿Y cuáles son sus intenciones?
Riddle suspiró y murmuró:
-Quisiera…que Hermione continuara siendo humana…al menos por un largo tiempo, y hasta que no esté totalmente segura de que quiere hacer…Pero sea como sea, quiero hacerla mi esposa. Incluso si nunca accede a ser transformada…
Sirius añadió, mirando suspicazmente al vampiro:
-Es poco más que una niña…
Con un largo y pesado suspiro el vampiro murmuró:
-Lo sé. Pero también sé que ella me ama, pese a lo que soy, a lo que he hecho…
Los ojos azules bajaron y contemplaron sus propias manos, y un leve tremor recorrió los hombros del Lord, recordando la sangre que las manchaba. La mandíbula se tensó con decisión y Riddle añadió finalmente:
-… y yo…yo la quiero Sirius.
El vampiro, que había alzado la mirada para enfrentar los ojos de duro zafiro del animago, se llevó las manos a la cabeza y las deslizó por el largo cabello, para murmurar mirando nuevamente las puntas de sus zapatos:
-Desearía poder apartarla de mi lado, dejarla ir, porque una parte de mí sigue pensando que merece más, que yo no soy…Realmente querría dejarla ir, pero me parece que sería más fácil aprender a vivir sin magia o sin manos que sin ella…Ahh…Sirius…sé que parece estúpido, pero…si alguien me dijera ahora mismo que mi muerte era necesaria para salvarle la vida…pondría la cabeza voluntariamente en el tajo, y ofrecería mi propia espada al verdugo sin dudarlo…
Parpadeando un par de veces, Sirius se recostó en el sillón, mirando al evidentemente angustiado vampiro. Renunciar a la inmortalidad y morir por ella…eso sonaba a verdadero amor desde luego, porque él moriría por Remus sin vacilar. Frunciendo levemente el ceño, Sirius preguntó:
-¿Está seguro? Ya sé que puede sonar raro, pero tal vez es solo…atracción por su sangre, no? ¿Por la sangre de una mujer? Algo puramente instintivo, y como es la única bruja…mmh, soltera de nuestro círculo con la que mantiene contacto diariamente…Ni siquiera la ha besado…
El rubor ascendió por las usualmente pálidas y aristocráticas mejillas y Sirius contuvo férreamente las ganas de estrangular al vampiro… pero para eso ya estaba Remus, no?… y gruñó muy caninamente entre dientes un casi ininteligible ¿Desde cuándo?. Con aire adecuadamente mortificado, el hombre farfulló suavemente, su voz haciéndose más y más inaudible:
-En Septiembre, en su fiesta de cumpleaños… ¡y solo una vez!. Después le dije que…que era un error y que sentía haberla hecho creer que algo era posible entre nosotros. He tratado de distanciarme, de veras que lo he intentado pero…Hermione es muy testaruda…y realmente, creo que sabe lo que quiere.
Sirius rumió sus pensamientos durante un rato, dividido entre los fervientes deseos de su lado más impulsivo y visceral de darle un puñetazo por "corruptor de menores" y la parte más lógica de su mente, para finalmente esbozar una sonrisa traviesa. Con aire ciertamente divertido y ojos chispeantes, el animago inclinó levemente la cabeza.
-Milord, será un honor tenerle en la familia…si sobrevive después de decirle a Remus que ha besado a su preciosa niña…
