Espero que os guste…no terminaba de encajarlo a mi gusto, así que espero que sea del vuestro. Y dejad RW! Por favor….
AVENTURAS Y DESVENTURAS DE UN MUSTELIDO TRAVIESO
Riddle sobrevivió al encuentro con Remus sin más daños visibles que un espléndido ojo negro y una mandíbula inflamada y coloreada a juego, aunque si uno se fijaba bien, durante un par de días el hombre pareció algo rígido cada vez que tenía que sentarse o levantarse. Y ciertamente incómodo cuando se cruzaba con Remus, que parecía echar chispas por los ojos cada vez que le posaba la mirada encima, para secreto divertimento de Sirius. Hermione acabó con la tensión, mimando ostensiblemente en privado al vampiro y haciendo resignarse paulatinamente a lo inevitable a Remus, que finalmente acabó en un par de días aceptando a regañadientes las circunstancias –su nena se hacía mayor, era ley de vida- y dando su aquiescencia para el compromiso. Después de todo, había ventajas en la situación: el grupo que formaban era tan compacto que eso garantizaba que Hermione estaría siempre cerca de ellos, y aunque nunca lo admitiría en voz alta, Sirius sabía que podía confiar la seguridad de Hermione al vampiro. Severus intentó enrolar a Bells como chaperona de la joven, pero con extrema reluctancia y ojos lacrimosos, la elfina había suplicado a su amo que prefería esperar y servir en esa capacidad al joven amo Harry. Era algo muy inusual, pero por supuesto, Severus había accedido; aunque de momento Harry no tenía pretendiente alguno, si su elfina se sentía tan vinculada emocionalmente al joven realizaría mucho mejor su labor llegado el caso. Tras un par de llamadas por la red flu, Elwyn solucionó el asunto de la chaperona regalando a Remus a Valeria, que había sido la elfina personal de su madre mientras esta vivió en Francia.
Además de todos estos cambios personales, había habido cambios en la organización de la escuela. Uno muy importante, fue la asignación personal de los elfos de la escuela a los alumnos. Todos los elfos fueron cuidadosamente interrogados y explorados en busca de posibles hechizos, problemas de lealtades o interferencias externas, y sus habilidades y gustos particulares registrados para la asignación de tareas específicas en la escuela. Desgraciadamente, unos cuantos elfos hubieron de ser legalmente transferidos y enviados a Beauxbatons ya que aunque Dumbledore ya no era Director, aun le profesaban cierta lealtad. Ni Severus, Riddle ni ninguno de los demás profesores o miembros del Consejo de Gobierno estaban dispuestos a asumir de nuevo el riesgo que suponía un conflicto de fidelidades para un elfo. Se seleccionaron los elfos con mayor afinidad o predisposición para atender personalmente a los niños, y sin olvidar sus otras tareas, todos los elfos de la escuela fueron temporal e individualmente vinculados para responder a las necesidades de un pequeño grupo de alumnos. Además, se estableció una sistemática para volver a explorar periódicamente a los elfos, en previsión de nuevos intentos de atentados. Y se admitió abiertamente la posibilidad de que las familias que lo deseasen, enviasen adicionalmente a sus propios elfos a cuidar de sus hijos, siempre y cuando estos fuesen instruidos para no ayudar a sus jóvenes amos a eludir o desobedecer las normas escolares, y fuesen transferidos temporalmente a las órdenes del Director y el Profesorado. Era algo tedioso, pero Riddle redactó una orden tipo, testada rigurosamente con varios elfos, que salvaguardando la privacidad e intimidad de las familias, daba suficiente margen para poner a los elfos personales a las órdenes de la escuela.
Severus, Draco y Harry habían estado ocupados elaborando las pociones requeridas para eliminar la atropina del organismo de los afectados, en largas sesiones privadas de laboratorio. No todas ellas eran estrictamente legales, a causa de algún que otro ingrediente catalogado como "restringido" pero Severus no iba a dejar que eso afectase al tratamiento de los alumnos. En privado e individualmente y en su capacidad de Director, Severus había insinuado a los padres de los afectados que el tratamiento "oficialmente aprobado", no era el único disponible y que existían otros métodos más fiables de abordar el envenenamiento. Con la integridad física de sus hijos en juego, todos habían acabado por dar tácitamente su consentimiento. A los profesores Severus les había planteado más abiertamente la misma cuestión, en la primera reunión informal de la plantilla, la mañana siguiente tras los infortunados sucesos. Poppy había interrumpido sus palabras y gruñido con las manos en las caderas:
-Severus, tú eres el experto en Pociones. Elabóralas, indícanos las dosis y ya está. No necesito saber más.
La prensa había escrito largo y tendido sobre Dumbledore, sobre Dolores, la nueva organización y estructura de Hogwarts y los mejorados TIMOS y ÉXTASIS. El manejo económico más que dudoso de los fondos de la escuela había restado mucha credibilidad a Dumbledore y con los abusos descubiertos, el mago de a pie ya no podía mantener su fe en el icono de la luz. Dolores se había fugado de las reserva de criaturas mágicas en que prestaba servicios, y se enfrentaba ahora a una nueva condena, esta vez en Azkaban. Dumbledore aun estaba en paradero desconocido. Los indiscriminados actos violentos habían dejado el país sembrado de extraños sucesos. Entre ellos, el ataque contra el futuro de todos, los niños, duramente condenado por la prensa de todas las orientaciones. De otra parte, Voldemort estaba por completo inactivo, nadie había reportado su presencia o algo de actividad. Incluso se rumoreaba en algunos círculos que el temido Lord Tenebroso podía estar moribundo o muerto, como consecuencia de un fallo en el ritual. El Ministerio cavilaba y tenía a sus aurores buscando pistas de su paradero, sin resultados.
El curso avanzaba hacia las deseadas navidades a pasos acelerados, con los gemelos derrochando exuberante afección y mimos sobre Blaise, aprovechando la oportunidad que les brindaba la apertura de la nueva tienda en Hogsmeade para efectuar frecuentes visitas a su prometido y abochornarle con públicas muestras de afecto. Lucius Malfoy había sumado una buena suma al dinero que Harry ya les había entregado a los gemelos, además de usar sus contactos y conexiones para conseguirles un excelente local en Callejón Diagón y la antigua tienda de Zonco en Hogsmeade. Honeydukes se había resentido bastante por los sucesos, ya que la habitual compra de chucherías de los alumnos había desaparecido. Chocolates, golosinas y caramelos estuvieron por completo prohibidos hasta el final del ciclo depurativo, al igual que muchas otras cosas como la mayoría de los postres dulces habituales, embutidos, carnes grasas, vísceras, muchas especias, refrescos, la cerveza de mantequilla o cualquier clase de alcohol.
Los más pequeños sobre todo habían protestado, pero el sacrificio había valido la pena. Tras una charla a toda la escuela, recordándoles la extrema importancia de no interferir con el tratamiento de los alumnos y profesores que habían resultado envenenados, nadie volvió a quejarse. Desde el incidente con el veneno, se había reformado por completo el sistema en la cocina de Hogwarts. Nada de fuentes y bandejas con múltiples elecciones de comida a disposición de los estudiantes. Aprovechando que la dieta de muchos de ellos debía ser férreamente vigilada, se instauró un nuevo sistema de entrega y pedido individual, en que cada alumno recibía directamente de la cocina el menú escogido de la selección disponible. Para evitar aun mayores complicaciones en la cocina, y dado que el procedimiento aseguraba un control mejor sobre la alimentación de los chicos, todos los alumnos y profesores se sometieron a la misma dieta depurativa. Y no todo había sido negativo. Con semejante dieta, jóvenes como Goyle y Crabe habían perdido algunos kilos de grasa, y para otros, había sido una maravilla para los problemas de acné juvenil. Y la enfermera había mandado a las casas de los pocos que pensaban pasar las vacaciones con su familia estrictas instrucciones sobre la dieta que debían mantener, recordando que hasta que finalizasen los ciclos de depuración, ningún otro tratamiento debía serles administrado.
El inicio de curso había sido ciertamente agitado y lleno de sorpresas, pero ahora, estaban finalizando los exámenes parciales, se acababan esa semana y todos estaban impacientes por verse libres de tanta presión. Cuando por fin llegó el viernes a mediodía, los alumnos dejaron ir un suspiro colectivo de alivio. Era el último examen, y ahora podían relajarse un poco, aprovechar los últimos días con los amigos antes de las vacaciones de navidad. Por fin, se habían acabado los exámenes.
Harry se metió en la bañera, y se frotó cuidadosamente la piel. Tenían una agenda muy apretada para las fiestas y eso le hizo esbozar una ligera sonrisa. No sabía que esperar… Tentar a su Maestro en sus baños rituales o usando su forma como Wapití era extremadamente gratificante, aunque realmente, lo mejor se le había ocurrido después de un paseo especialmente interesante por la Torre de Astronomía… Aprovechando un momento de calma, con Draco dormido en su cama, un sábado por la noche se había escurrido en silencio hasta el dormitorio de su Maestro y se había apoderado victorioso del solitario lecho, instalándose confortablemente en él. Severus aun estaba en una reunión de profesores, y un somnoliento Harry escuchó la puerta de sus cuarteles abriéndose, poco después correr el agua en el baño, antes de que unos pasos casi totalmente silenciosos anunciasen la entrada del hombre en la penumbra de su dormitorio. Con una leve sonrisa, Severus cogió el pijama que Harry había dejado a los pies de la cama listo para él y comenzó a desabotonar su túnica, obviamente sin fijarse conscientemente en nada más. Volviéndose con la varita en la mano, el ceño fruncido, Severus apuntó al intruso en su lecho antes de reconocerle y bajar lentamente la mano armada con un pequeño suspiro.
-No deberías estar aquí. Vamos, vete. ¡Fuera, fuera, fuera!
Harry se acomodó mejor en la almohada, ignorando los gestos apremiantes y miró con ojos suplicantes al hombre, que con un suspiro de resignación claudicó, evidentemente demasiado cansado:
-Está bien, desvergonzado. ¡Pero ya puedes comportarte!
Con un ruidito de satisfacción, Harry se acurrucó mejor en su confortable posición en la cama y contempló con interés la progresiva desaparición de la ropa de Severus. Yang, su travieso y vivaracho hurón sable negro, era una copia viva de su segunda forma animaga, y por lo tanto, pasando a ella, Harry pasaba casi por completo desapercibido. Solo si alguien se molestase en rebuscar bajo su pelaje encontraría el rastro de su distintiva cicatriz, oculto bajo la negra y sedosa capa de pelo en su forma huronil. Jugar y pelear fingidamente con sus hurones era divertido y una excelente forma de entrenamiento físico, y explorar el castillo bajo su pequeño e incospicuo disfraz una fuente de información privilegiada. Y una manera de meterse en la cama de Severus sin ser descubierto…
Cuando Severus se deslizó bajo las mantas, Harry trepó lentamente sobre su pecho, instalándose en el y chirriando suavemente. Con cuidado, el hombre acarició el sedoso pelaje, siendo recompensado por pequeños gruñiditos de apreciación. Tras un rato de lentas caricias pensativas y removerse un par de veces en busca de una posición cómoda, Severus finalmente cerró los ojos para escurrirse en brazos de Morfeo, contemplado atentamente por Harry en su forma de hurón. Harry se acurrucó junto al cuello del hombre, olfateando su aroma y escuchando su respiración, aguardando a que su sueño fuese profundo para retornar a su propia cama.
Pero el sueño parecía no querer llegar, y tras un largo rato de reacomodarse una y otra vez, Severus exhaló un largo suspiro de frustración, tumbándose bocarriba, los ojos fijos en el techo. Mordiéndose los labios, el hombre se apoyó en un codo y rebuscó algo en el cajón de la mesilla de noche, mientras Harry huía por las mantas. Con un frasquito entre los dedos, Severus apartó bruscamente las mantas y se bajó los pantalones, dejando al descubierto su ya turgente erección. Vertiendo aceite sobre sus manos, el hombre comenzó a masturbarse ignorando la presencia del atónito hurón semi oculto bajo las descartadas cubiertas, gimiendo roncamente en el fondo de su garganta. La tentación era muy fuerte, y el impulso de cambiar y asaltar a besos al objeto de sus sueños húmedos casi irresistible. Pero no podía. Mordiendo un pliegue de las mantas, y frotándose vigorosamente en ellas, Harry observó virtualmente hipnotizado desde su privilegiada posición. Los jadeos aumentaron de ritmo, y los signos del inminente orgasmo fueron demasiado para él, y Harry se apretó con furia a la manta entre sus patas, sucumbiendo abyectamente. No se atrevía a moverse y temblaba levemente, todo el cuerpo estremecido, mientras Severus gritaba entre dientes su nombre, culminando su propio placer.
Aun jadeante, y tratando de desenmarañarse del barullo formado por el pijama y sus sábanas, Severus entreabrió los ojos al escuchar el chirrido de disconfort procedente de sus revueltas mantas. Sin pensarlo, desenredó al tembloroso hurón del montón y lo colocó sobre las desordenadas cubiertas, sin reparar en el estado de sus manos. Finalmente coherente, el hombre contempló a su peludo invitado y murmuró:
-¡Vaya como te he dejado!
Cogiendo al aun tembloroso hurón entre los brazos, Severus se encaminó al baño y depositó al animalito en el suelo, mientras vertía agua caliente en la bañera. Harry intentó escurrirse, pero Severus cerró con firmeza la puerta y le cogió con seguridad del cogote.
-Ah, no. Lo siento, pero tenemos que limpiarte. No quiero ni pensar en lo que diría Harry si te viera así.
Harry dejó de retorcerse y se dejó meter en el agua tibia con un chirridito de afrontada protesta. Severus añadió un poco de jabón a sus manos y frotó someramente su espeso pelaje, incitándole después a nadar por el agua para aclararse. Con delicadeza, tras sacarle del agua, Severus le envolvió en una esponjosa toalla y retiró el exceso de humedad, para después aplicar un ligero hechizo secante. Bostezando y sacudiéndose Harry se escurrió de entre sus manos en el suelo del salón, mientras Severus regresaba de nuevo al baño para ocuparse de su propio aseo. Cuando la puerta se cerró, de puntillas Harry cruzó hasta el cuarto que compartía con Draco y recobró su forma humana en su propio baño. Tras darle un sorpresivo y breve baño para cubrir apariencias al auténtico Yang, que protestó con indignación, Harry aun sonriente, se metió muy despacito en la cama junto a Draco y el rubito murmuró adormilado, acurrucándose al cálido cuerpo de su compañero:
-¿Dónde estabas? Me has despertado…
Con una apenas esbozada sonrisa traviesa, el moreno murmuró suavemente:
-Lo siento. Tuve que ocuparme…de un pequeño problema…
Draco suspiró, farfulló algo incoherente sobre erecciones inoportunas y se apretó más aun a él, quedándose nuevamente dormido en su hombro sin más protestas. Harry besó mansamente su frente y ensanchó su sonrisa. Con una última mirada a los hurones que estaban enroscados en la cama de al lado, el moreno murmuró somnoliento, cerrando lentamente los verdes ojos:
-Ha valido la pena.
