Hola de nuevo. No parece haberos picado la curiosidad sobre las formas animagas de la pareja principal…en fin en este capítulo se revela la segunda forma de Severus. ¡Y se caen finalmente del guindo! De una manera inequívoca y espectacularmente brillante…

¡Espero que os guste y me dejéis de regalo navideño muchos RW!

AQUELARRE

Harry no se atrevió a repetir su allanamiento de la intimidad de Severus. No se arrepentía de haberlo hecho, al menos no demasiado, pero tampoco quería traicionar la confianza del hombre…y su búsqueda de confort y proximidad había desembocado en algo que ciertamente no esperaba, y que era evidentemente un mal uso de su forma animal. No le importaba espiar o dar el esquinazo a otros, pero Severus y su familia…eso estaba fuera de los límites. El recuerdo del sonido ahogado de su nombre en los labios de su Maestro era suficiente para mantenerle felizmente contento…y esas imágenes se convirtieron en sus favoritas a la hora de masturbarse, aunque últimamente ni eso les estaba permitido…

Harry salió de su ensimismamiento en sus recuerdos con un suspiro y continuó lavándose el pelo, relajándose en el baño tras el último día de clase. No valía la pena torturarse inútilmente a sí mismo. Sirius y Remus deseaban una ceremonia de boda íntima y familiar, pero su papel en la sociedad imponía ciertas obligaciones. Entre ellas, la de ofrecer una recepción pública con ocasión de su enlace. Sirius era el actual Lord Black, y hasta que Elwyn no tuviese hijos, Remus era el heredero del título de Lord Gévaudan en Inglaterra, y actual Conde de Gévaudan en Francia. Así que su matrimonio tenía bastante resonancia social y para satisfacer sus pretensiones personales y las sociales, optaban por celebrar una ceremonia privada y estrictamente familiar, seguida de una pequeña y discreta fiesta, si es que se podían aplicar semejantes adjetivos a cualquier evento planeado por Narcisa Malfoy, claro está. El mejor momento para ello eran realmente las vacaciones de verano, pero después del subterfugio empleado y el fingido compromiso con Severus…era preferible no posponer más las cosas. Así que oficialmente contraían matrimonio en Navidad. Es decir, esa era la fecha en que daban carácter legal a su relación, aunque la fiesta formal y la muy esperada recepción social se producirían a principios de verano. No era muy usual dilatar públicamente tanto el espacio entre ambos eventos, pero tampoco era algo desusado. Era una costumbre un tanto arcaica y prácticamente fuera de uso en la mayoría de círculos, pero antiguamente muchos de los compromisos formales en la buena sociedad, una vez fijada la fecha de la boda, realmente quedaban cerrados con un tratado o contrato matrimonial, a la espera de la ceremonia y consumación física del mismo. Inclusive, a veces ni siquiera esa salvedad era mantenida y más de un heredero había sido concebido antaño durante el periodo previo a la celebración de la ceremonia de la boda.

Ese año, la luna llena se extendía del 24 al 26 de Diciembre. Y habían decidido celebrar la firma de su contrato matrimonial el 25. Aunque pudiera parecer raro elegir semejante fecha para un hombre lobo, Remus era nacido hombre lobo, no mordido. Y sus características y cualidades, algo diferentes. Severus había dejado de suministrarle Matalobos ordinario desde que tuvo conocimiento de su verdadero origen, y tras un plazo de depuración y eliminación de los restos de la anterior poción, iniciado un nuevo y más apropiado régimen de control. Los nacidos lobo no perdían por completo el control de su mente racional a los instintos animales, y con entrenamiento y las pociones adecuadas, podían lograr un control casi absoluto sobre su forma a largo plazo. Elwyn había trabajado muy duro con Remus, haciéndole notar que si realmente hubiese perdido por completo el control de sí mismo, era muy improbable que los restantes merodeadores hubiesen sobrevivido indemnes a sus correrías juveniles. O que recordase nada de ellas. Un ciervo, un perro y una rata…una presa natural para él, un potencial rival o subordinado en la manada…y una alimaña. Remus había mantenido un control sobre los emergentes instintos predadores y sociales del lobo. Nunca había mordido a sus amigos, ni en la más extrema de sus rabias. Aun en su forma animal, un animago es realmente un mago y un ser humano, y por tanto, susceptible a ser contaminado. Esa era otra diferencia. La mordedura de un nacido lobo es nula o escasamente infecciosa, y muy rara vez un mordisco casual acarrea consecuencias. En ellos, el virus de la licantropía está completamente integrado en el ADN del mago, en todas sus células, pero no hay replicación invasiva de este. Podría decirse que está más presente, pero al mismo tiempo latente. Una gran exposición a la plata puede desencadenar la reproducción activa del virus a modo de mecanismo de defensa, y volver temporalmente infeccioso a un individuo, aunque la plata les afecta mucho menos que a un licántropo mordido. En los licántropos mordidos e infectados, la extensión de la infección en el cuerpo puede ser variable, siendo completa o casi en los huesos, oídos, pituitaria y ojos, predominando en los tejidos nerviosos, musculares, pulmones y corazón, de media a escasa la mayoría de las veces en el sistema reproductivo y afectando en grado variable al resto de órganos y sistemas. Y siempre con presencia activa de virus en sangre y saliva.

La familia Rosier disponía del estudio privado más exhaustivo sobre la materia en Europa, y probablemente en el mundo, aunque sus datos solo estaban disponibles para los miembros de la familia y ciertas manadas allegadas. La licantropía era congénita y casi siempre dominante en los varones de la familia desde al menos el siglo XIV, y solo en raros casos se producían los típicos comportamientos violentos o feroces, mas atribuidos por los estudios familiares a personalidades patológicas que a consecuencias de la licantropía hereditaria. Las mujeres eran portadoras, transmisoras de la condición, pero no licántropas activas. Un hijo de licántropo portaría siempre el virus en su genoma, pero en ocasiones no manifestaría las características de licántropo él mismo. Los estudios de la familia sugerían que bajos niveles de magia, ciertas debilidades físicas o mentales y diferencias en el desarrollo del núcleo mágico eran suficientes para inhibir cualquier expresión del mismo. Ni los squib, magos de escaso poder o con focos mágicos simples o poco desarrollados, impotentes o estériles, poco aptos físicamente o con deficiencias cardiacas limitantes, nacían licántropos activos, pese a ser portadores. Era lógico. Un mago débil de cuerpo, mente o magia no soportaría la presión física y mental que ser licántropo suponía. Poco a poco, la licantropía había prácticamente erradicado de la familia los rasgos no compatibles con su expresión activa. Casi todos sus miembros eran animagos, con un 90% de prevalencia de lobos o cánidos de gran tamaño entre las mujeres, 100% para los varones. Los registros mostraban que cuando se producían matrimonios con magos no animagos, era más fácil que la descendencia manifestase problemas de conducta.

La luna llena les suponía un fuerte deseo de cambiar al lobo, pero haciendo uso de las nuevas pociones que incidían en el control de la mente sobre el cuerpo, en realidad derivadas de pociones destinadas a facilitar algo similar a la transformación animaga para magos que realmente no tenían la requerida disciplina mental o el poder necesario, incluso eso podía ser temporalmente controlado. Por supuesto, no podía negarse la necesidad por completo. El lobo en ellos no lo toleraría, sería como pretender negar su esencia… Y también podían llegar a cambiar de forma en otros momentos o hacerlo parcialmente. Para ellos la licantropía era más bien una forma extrema de animago.

HP&SS

Aparte de someterse al régimen alimenticio depurativo como el resto de la escuela, el grupo que seguía a Riddle había estado ayunando desde el final de las clases, al principio consumiendo solo zumo de frutas y pociones purificadoras, hasta dejar su organismo limpio de residuos, y desde el segundo día, un régimen de variadas infusiones depurativas muy ligeramente endulzadas con apenas un toque de miel: ortiga blanca, limonero, fresa, grosellero negro, cerezo, cola de caballo y avena. Se estaban preparando para ejecutar un ancestral ritual de matrimonio, y sus cuerpos debían estar limpios de toda influencia.

Los profesores, alumnos mayores de 17 años y aquellos que habían sido presentados en sociedad con 16 años, habían sido invitados formalmente por la pareja a firmar como testigos del contrato de matrimonio, y muchos de los alumnos habían mandado a casa una lechuza consultando sobre el evento a sus padres. Durante los últimos días previos al 25, todos estuvieron muy atareados. Narcisa dando los últimos toques a las ropas precisas con ayuda de su hermana, Severus terminando las pociones y demás elementos precisos, Riddle y Elwyn preparando el emplazamiento del lugar elegido, colocando los encantamientos y barreras, Lucius ayudándoles y también consiguiendo y revisando que dispusiesen de cualquier otra cosa preciso. Harry, Draco y Hermione ayudaban en general a todos los adultos –en medio de una gran expectación sobre el desarrollo de la ceremonia- y además, eran los responsables de elaborar y cocinar manualmente gran parte de la bebida y comida que sería consumida: cerveza de mantequilla y de jengibre, unos pequeños bizcochos de miel con pasas y frutos secos, hogazas de varias clases de pan, mantequilla casera y frutas de temporada recolectadas del huerto. De las bodegas de Malfoy Manor, selectos vinos cosechados y elaborados personalmente por Lucius, Narcisa e inclusive Draco. Francia, trigo, avena, cebada y otros cereales recolectados por Amelie y molturados por Elwyn, además de pasas y frutos secos recolectados en las tierras de la familia. Los tres miembros más jóvenes del grupo habían recogido personalmente la miel en las colmenas del castillo. Andrómeda y su familia no iban a participar en la ceremonia final. Andy sentía que su esposo e hija aun no estaban preparados para un ritual como ese, y la mayor de las hermanas Black no quería participar sola, o dejar atrás a Dora, aunque había reído largamente con su hermana recordando pasadas ceremonias de su infancia y adolescencia.

El 23 por la noche, todos menos los novios, -que fueron abducidos por Jasón, Andrómeda y su familia a una especie de extraña despedida de solteros, en ayunas y acompañada de su régimen de infusiones variadas- se internaron en el bosque prohibido para comenzar la disposición definitiva del lugar del Aquelarre. El primero que celebraban desde el retorno de Riddle. En el centro del Bosque Prohibido, y protegido por antiguos hechizos, llegaron a un gran claro despejado de árboles o arbustos, una enorme pradera perfectamente circular. La tierra estaba salpicada por vetustas y masivas losas circulares de casi dos metros de diámetro, toscamente talladas en piedra basáltica casi negra, adornadas de musgos y líquenes incrustados en cada grieta, parcialmente enterradas en el suelo. Estaban dispuestas formando tres pentagramas o pentáculos inscritos el uno en el otro, en torno a un ara central de obsidiana, tallada en un único bloque en forma de estrella de cinco puntas y elevado sobre un círculo de basalto bastante más amplio que los demás. Cada pentagrama tenía sus vértices en los ángulos del pentágono central del anterior, y en cada losa, en su centro, estaba marcada la posición del vértice que señalaban con una pequeña placa de bronce y el inicio de las líneas que lo unían con los demás representados por una serie de surcos paralelos grabados en la roca. El resto de las líneas que unían los distintos vértices estaban señaladas en el suelo con senderos de rústicas lajas irregulares, todo ello inscrito dentro de un círculo igualmente marcado en la hierba por un camino pétreo de dispares trozos de obsidiana. Además, cinco grandes cuencos semiesféricos de piedra equidistantes de los vértices del mayor pentagrama marcaban otro pentágono dentro del perímetro del círculo exterior, sumando un total de cinco estrellas de cinco puntas, una de ellas con sus lados sin marcar. Viejos árboles, gigantescos e impresionantes, retorcidos y nudosos, recubiertos de líquenes y musgos, enmarcaban el lugar que exudaba misterio y poder, cubriendo con el dosel de sus amplias ramas los primeros metros de suelo descubierto.

La pradera, tras muchos días de trabajo previo, estaba ahora libre de nieve, protegida de las inclemencias del tiempo, vacía de animales y limpia de todo resto. La hierba amarilla y marchita por la helada había sido regenerada en los días pasados hasta convertirla en una suave alfombra de verdor. Con cuidado, tras despejar el suelo de las últimas hojas, y asegurados los últimos hechizos de protección contra las inclemencias o los intrusos, se remarcó el círculo de obsidiana exterior con sal de roca en su cara exterior y sal marina en la interior. Con dagas de plata, todos se hicieron cortes rituales en las palmas de las manos y su sangre fue recogida y usada para pintar innumerables runas en las piedras. El remanente sobrante fue colocado en el ara. Los pebeteros de piedra, una vez repletos de leña recogida del suelo del bosque, solo ramas caídas, fueron generosamente rociados por Severus, que empapó las piras de leña con grandes cantidades de una poción altamente inflamable, destinada a garantizar que el fuego ardía de manera constante durante toda la ceremonia. Se dispusieron montones de grano, sal, heno, frutos secos, cítricos y manzanas en torno al círculo protector exterior de sal en numerosas canastas y cestas de mimbre. El claro ofrecía un aspecto impresionante, preparado para el ritual. El 24 por la tarde, todos se encaminaron al bosque con sus mascotas, vieron surgir la luna llena en el cielo, encendieron las enormes piras de fuego y durmieron en el suelo, contemplando las estrellas, después de que Fenrir y Hati corretearan con los demás animagos por el bosque.

El 25 por la mañana, en el almuerzo y ante toda la escuela, Sirius y Remus firmaron su contrato de matrimonio, y además, adoptaron legalmente Sirius a Hermione y Remus a Harry respectivamente, con la presencia de los representantes de Gringotts. Narcisa y Harry actuaron como representantes familiares de Sirius, Elwyn y Hermione los de Remus. Al ser Sirius Lord Black, el papel de cabeza de familia recaía en Sirius, asumiendo Remus el de desposado. Remus conservaba su apellido, y podía añadir a sus títulos en Francia el de Lord Black consorte. Tras la firma de los cuatro testigos principales, el resto de la familia y profesores, el contrato quedó abierto para la firma de los alumnos mayores que lo deseasen. La novedad de la presencia de los duendes como registradores y notarios en vez de un representante del Ministerio y de la firma pública del contrato distrajo lo suficiente a los alumnos como para que pocos notasen que ninguno de los implicados había probado un bocado. Severus dio un breve discurso y anunció que la familia iba a retirarse a celebrar en privado el enlace y que cualquier urgencia debía ser solucionada con los restantes jefes de Casa: Minerva, Pomona o Flitwick.

Además de ayunar, todos estaban bajo una restricción de abstinencia desde hacía 10 días. Nada de sexo, de ninguna clase para nadie. Ni un beso en los labios. Harry se encaminó con todos los demás a las mazmorras, exhalando un pequeño suspiro. Eso había sido duro, especialmente para Draco… y también para él. Era una parte importante de la preparación de la ceremonia, así que los arreglos para dormir habían sido un tanto especiales. Narcisa compartía habitación con Draco, Remus con Hermione, Lucius con Severus, Sirius con Harry, y Elwyn con Riddle. A decir verdad, los tres jóvenes aprendices se habían devanado los sesos sobre semejante restricción, ante la negativa de los adultos a contestar sobre ella más que para decir que era fundamental para la ceremonia, de la cual tampoco tenían mucha información. Esa mañana después de regresar de pasar la noche en el claro del bosque, se habían dado un baño ritual, con jabones y lociones específicos, y vestido con las sencillas túnicas ceremoniales que Narcisa y Andrómeda habían estado preparando. Sobre la piel desnuda llevaban una especie de camisola larga, abierta al frente, de hilo de algodón natural y sin blanquear, justo hasta encima de las rodillas. Y sin cierre o lazo alguno. Cada uno tenía bordado a mano sobre el pecho su nombre en runas como único adorno. Encima, una túnica completamente cerrada con dos dobles lazos de ajuste a la altura de la cintura en los costados en fina lana tejida, en sus colores naturales: blanco, suaves tonos de crema, avellana, tostado rojizo, marrón, marrón oscuro, grises y negro. Y calcetines de igual material para proteger los pies de los zapatos, que eran de tela con suelas de fieltro. Nada de ropa interior. En ese atuendo habían legalizado el matrimonio ante la escuela. La sensación de estar "desnudo" bajo la ropa era algo desconcertante, pero Harry la ignoró una vez más. Una vez en las mazmorras, los Tonks se habían retirado a sus aposentos y el resto se encaminó hacia la sala de entrenamiento de Salazar.

Ahí habían dispuesto todo lo que iban a necesitar, y entre Harry y Severus comprobaron manualmente el pulso de todos. Severus les hizo beber unas pociones, distintas y sin una pauta que Harry pudiera identificar. Revisaron cestos y canastos y visitaron por última vez el baño. Se cubrieron con gruesas capas de lana, similares a las túnicas y ascendieron por escaleras y pasillos poco transitados hasta emerger en los jardines. Montaron en sus escobas, y volaron hacia el claro. Entre los árboles, al abrigo de las protecciones climáticas, pero fuera de los círculos protectores marcados más hacia el centro del claro, se había congregado una pequeña representación de los habitantes del bosque: Ciervos, conejos, ardillas, zorros, gatos monteses e inclusive una pareja de lobos. Eso sin contar con los centauros, unas cuantas veelas y altos elfos, hecatemas y unas cuantas hadas, los representantes de los duendes, un grupo de tresthals, unicornios e incluso un pequeño grupo de acromántulas, la multitud de elfos domésticos y sus queridas mascotas y familiares. ¡Hasta una pareja de tritón y sirena del lago, nadando en una especie de burbuja de agua! Posada en las ramas que se extendían sobre el verde suelo, Harry distinguió por su llamativo color blanco entre otros búhos y lechuzas a Hedwig, junto a Earl, el búho real de Severus. Fawkes revoloteó sobre ellos, emitiendo su melódica llamada a modo de saludo. Crookshanks, Blizzard y Tizon, Yin y Yang, Azra y Nagini, además de sus monturas favoritas se encontraban esperando en los lindes del enclave desde la noche anterior.

Lord Ryan, como líder de su grupo, dio la bienvenida a todos los presentes, invitándoles formalmente a compartir con ellos la comida y la bebida dispuestas, a disfrutar de la velada y a abandonar las armas. Todos, criaturas, brujos y animales entraron pacíficamente dentro de la explanada de la pradera, mientras la grave voz del vampiro les recordaba que estaban celebrando la unión de dos de ellos. Sus varitas permanecían guardadas en un hueco lateral del altar, solo Ryan conservaba entre sus manos la suya y la depositó junto a las otras tan pronto como la multitud estuvo dentro las barreras protectoras, sellando el lugar con una última barricada e instalando a las sirenas en una especie de piscina elevada. Las ballestas y arcos de los centauros fueron dejadas al pie de los árboles, junto con cuchillos y otras armas, además de los zapatos y botas. Ninguna criatura sería la cena de otra esa noche. Ninguna vida sería sacrificada por otra. Ni la comida ni las pociones ni la ropa que llevaban encima habían supuesto una sola muerte. Todo había sido realizado con la mínima intervención de la magia, tradicionalmente, y por los propios participantes en su mayor parte. Los más jóvenes repartieron cortésmente cerveza de jengibre y ofrecieron los pequeños pastelillos de miel y frutos secos a sus invitados. Incluso se dispusieron cuencos con la misma bebida alcohólica para disfrute de los animales, junto al grano y el heno, además de colocar rústicos platos de madera con pan y dulces a su alcance. Hasta los lobos y las serpientes tomaron su parte de las ofrendas, y todos sus invitados, humanos, criaturas y animales bebieron la aromática cerveza.

Era una encantadora fiesta, y charlando con diversas criaturas y bebiendo la perfumada cerveza el tiempo pasó volando. Dentro del claro la temperatura era agradable, y las capas de lana fueron rápidamente dejadas dobladas en el suelo, en los lugares ya determinados en torno al pentáculo central. Los animales paseaban sin miedo entre ellos, completamente tranquilos, y Harry encontró fascinante la conversación de los altos elfos y los centauros. Y curiosa al menos la de las sirenas, que le recordaban de su incursión en el lago. Los ánimos estaban relajados y la atmosfera era cordial y afable. La tarde comenzó a caer, y Severus repartió nuevas pociones, las ultimas, dando permiso finalmente para romper totalmente el ayuno después de ellas con pastelillos de miel, y tras tomar el primer bocado, los recién desposados sirvieron generosas copas del vino añejo. Con un trago apuraron la copa llena del brindis en su honor y los miembros organizadores del Aquelarre comenzaron a ocupar sus posiciones. Ryan ocupaba el vértice norte del primer pentáculo. A la izquierda del vampiro, Narcisa y Sirius, a la derecha Remus y Lucius, cerrando la formación. En la siguiente estrella, se situaron Hermione en la posición opuesta a Ryan, Severus a su derecha y Elwyn a la izquierda de la joven bruja. Draco y Harry ocuparon los vértices opuestos a Hermione, detrás de Riddle, El moreno a la derecha del vampiro y el rubio a su izquierda. Los restantes pentáculos fueron ocupados por parejas de distintas especies o parejas mixtas: vampiros, centauros, altos elfos, duendes, hadas, hecatemas, sirenas, elfos domésticos…

Despojándose de la túnica de lana negra con adornos grises y blancos, Ryan alzó las manos y un profundo resonar se dejó oír, como un tambor muy grave. Fawkes comenzó a trinar suavemente, y el aire pareció reverberar. Mirando a su familia el vampiro proclamó:

-Bailemos, bailemos en honor a la magia y roguemos sus dones a la Reina de la Noche bajo el influjo de Febe, loemos a la hermosa defensora de los umbrales y de lo salvaje, imploremos su benéfica mano protectora en los partos y la crianza de nuestros jóvenes. Honremos a Hécate, que vela el sueño de los que han pasado al otro mundo.

El ritmo de percusión bronco y pausado del tambor, mezclado al sonido de los trinos del fénix tenía un efecto casi hipnótico y Harry se encontró cautivado por él. Un cuerno se unió a la música, y después una flauta. Durante largo rato, todos los invitados fueron bailando en una especie de múltiple corro, mientras ellos permanecían desplazándose casi sincronizadamente en sus losas hacia un lado y el otro, al vaivén de y al son de la música, para rehacer una y otra vez la posición original. Meciéndose de nuevo en su puesto, las mejillas sonrojadas por el alcohol, y comenzando a sentirse sofocado, el joven dejó caer sin vergüenza su túnica gris claro con adornos en negro y blanco al cabo de un rato. La música fue penetrando más y más en sus sentidos, arrastrándole y embelesándole, y sus movimientos se acomodaron al lento pero seguro crescendo del ritmo. Nada existía fuera de lo que los sonidos evocaban en su sangre, y las pupilas de sus ojos se dilataron en la creciente oscuridad. Harry se encontró con los ojos fijos en sus padres, que ahora giraban mirándose el uno al otro en torno al ara central, sus movimientos revelando sus cuerpos desnudos bajo las sencillas camisolas abiertas. Después, alguna parte consciente de su mente registró el hecho de que Remus estaba besando a Sirius sobre la enorme piedra estrellada, los cuerpos de ambos visiblemente excitados, las camisolas yaciendo descartadas en algún lugar del suelo. O que Elwyn estaba aullando y gruñendo, mientras mostraba a todos su enorme miembro, sumido en una lucha de miradas con Draco que se había puesto a cuatro patas en el suelo y se retorcía, enarcando una y otra vez la espalda. Un coro de gruñidos, gemidos y jadeos se había sumado al primario ritmo original, y a duras penas Harry fue consciente de que uno de esos ahogados resuellos brotaba de su propia garganta. El movimiento ondulante de sus caderas y las caricias de sus manos a sus pezones eran todo lo que su mente podía procesar, perdido en el influjo que música, pociones y ritual habían creado para hacerles perderse por completo. Pero eso no era relevante, solo acrecentaba la furiosa sensación de calor de su sangre, mientras al otro lado del altar, Severus se lamia sensualmente los largos dedos, acariciándose el pecho y gimiendo deliciosamente, los labios en torno a los húmedos apéndices, mientras su otra mano vagabundeaba ocasionalmente hacia abajo y apretaba sus testículos. Harry contempló como Remus se desbocaba en un frenesí, tomando sin vacilaciones a Sirius, haciéndole aullar bajo su cuerpo. La presión aumentó y el deseo se hizo punzantemente doloroso. La voz ronca de su abuelo se sumó al ritmo, invocando a la magia, rogando que uniera para siempre a sus hijos.

-Ante ti llegaron dos, ¡Oh madre Hécate!, y ante ti, se han hecho un solo cuerpo. Ante ti, funden en la fragua del destino sus corazones. ¡Escúchanos Señora y anuda en una sola las hebras de sus almas! Bendice a tu hijos y permíteles amarse eternamente, ser siempre uno, en esta vida y en las siguientes, en este mundo y en el otro.

La luna surgió por entre las copas de los vetustos árboles y sus primeros rayos bañaron los cuerpos desnudos de los dos amantes. Pese a toda la pasión y excitación, era imposible alcanzar el orgasmo y Harry acabó por desistir de llevar a término sus mas que frustrantemente dolorosos intentos; sus ojos casi por completo fijos en el altar, apenas consciente de lo que sucedía a su alrededor mientras se acariciaba, simplemente perdido en el furor del deseo. Con un rugido, Remus comenzó a cambiar y bajo él, Sirius se arqueó con un nuevo grito. La voz ronca y casi ahogada del vampiro se alzó como un lamento, y continuó mezclándose a los sonidos procedentes de todos los demás y Ryan añadió, mientras se masturbaba, ahora de rodillas en el suelo:

-¡Madre Hécate, te alabamos! Nos regocijamos y yacemos ante ti con nuestros amados en tu honor. No soy digno de tu mirada, pero ofrezco mi pobre simiente yerma y estéril a la tierra y te ruego bendigas a tus siervos esta noche con nuevas vidas.

El gran lobo castaño rojizo que montaba sobre Sirius redobló sus embates y en pocos instantes, tras un coro de lamentos, dos canidos quedaron fuertemente trabados ante todos, cuando el cambio del animago se hizo completo. Con una rápida sucesión de gemidos y jadeos, todos fueron llegando finalmente al orgasmo, inclusive Lucius y Narcisa que habían abandonado hacía rato sus lugares para yacer el uno con el otro sobre la hierba, al pie del altar. A su alrededor, todo era un frenesí de sexo, todas las criaturas estaban apareándose bajo la luz de la luna llena, ignorando lo que sucedía a su alrededor.

Harry sintió finalmente el clímax arrasar su cuerpo, y gritó ahogadamente un nombre entre gemidos. Temblaba de pies a cabeza, caído de rodillas en un confuso ovillo sobre el suelo, jadeante y sintiendo crecer de nuevo el deseo. Sin poder levantarse, arrastrándose primero, gateando después y deshaciéndose de la prenda blanca que se enganchaba en la hierba y entorpecía su avance, tenazmente decidido, Harry llegó cerca de los pies de Severus, que milagrosamente, aun se mantenía erguido, las piernas abiertas en compás para mantener el equilibrio. Alzando la mirada por las fibrosas columnas, tragando saliva ante la visión de la húmeda erección en renovado crecimiento, Harry encontró los ojos de obsidiana de su Maestro y se sentó un tanto torpemente sobre sus talones, devorando con los ojos lo que tanto había anhelado, suplicando en silencio. Había tentado y probado su suerte con cierta prudencia, aguardando una señal, un primer paso de Severus…pero ahora, bajo la extraña locura que corría por las venas de todos como pólvora encendida, ya no podía más…

Severus le contempló por un instante infinito, empapándose de cada detalle – los acuosos ojos dilatados y brillantes como esmeraldas, los labios rojos, el negro pelo alborotado y la piel sudorosa-, ignorando lo que sucedía a su alrededor, hasta que solo quedaron ellos dos. Solo ellos en un prado vacío. Ellos y el sonido rítmico y sensual de una música lejana, bajo la luna llena. Severus avanzó un paso, después otro y descendió de su pétrea tarima, para arrodillarse lentamente ante él en la fresca hierba, sin dejar de mirar nunca los ojos hechiceros del joven, y murmurar su nombre casi inaudiblemente. Harry tembló sutilmente y esbozó una sonrisa nerviosa, con una expresión cambiante y contradictoria de profunda desolación y esperanza. Durante un rato, tan solo se miraron, y muy lentamente, Severus tendió su mano, enredando en ella los negros rizos de su nuca. El joven sollozó levemente, las lágrimas de emoción bañando sus mejillas y Severus se inclinó a besarle, murmurando muy suavemente "Te amo, Harry", mirándose una vez más en sus ojos y arrancando un nuevo gemido entrecortado al muchacho, silenciado por sus labios. Un beso, tan deseado y anhelado, lleno de tanta necesidad y pasión que ambos alcanzaron una nueva culminación de rodillas, simplemente el uno en brazos del otro, tan estrechamente abrazados que estaban fundidos, devorándose… Cuando finalmente Severus recobró algo de aliento, con Harry aun estrechado contra su pecho, los profundos ojos negros se encontraron con los enormes y húmedos ojos verdes, iluminados por el amor, la luna reflejada en sus líquidos abismos. Curvando en una hambrienta sonrisa los finos labios, el hombre recapturó entre los suyos la boca entreabierta y complaciente de Harry, las manos del muchacho aferradas a su cuello como a un salvavidas y le tumbó lentamente en la hierba, sin dejar jamás de besarle…