Espero que os guste! He cambiado mi cuenta de correo, me estaba dando problemas y no me llegaban los avisos ni nada… ahora estoy en yankeegomera (Que original soy, verdad?)

HARRY DICE NO

Durante la infinitamente larga semana posterior, Harry sufrió numerosos ataques de nervios y crisis de inseguridad. Sus padres la habían informado de que esperaban el primer borrador del contrato matrimonial, y que mientras tanto, Bells sería su chaperona, ya que consideraban que estaban en una situación de compromiso de hecho, hasta la boda formal. Harry se sometió más o menos dócilmente a las exigencias de decoro de Remus, dividido entre la necesidad de estar físicamente cerca de Severus y una aprensión más que fundada sobre la consumación física de la relación. Recordaba vívidamente su primera vez, algo que no le ocasionó más que dolor y ansiedad. Remus había reaccionado exageradamente cuando le encontró saliendo del dormitorio; no había hecho nada más que lo que siempre hacía, preparar el lecho y recoger las ropas de su Maestro, - sonrojado como un tomate eso si – y en un gesto de valentía, darle un suave beso de buenas noches en los labios; antes de huir en retirada estratégica hacia su propio cuarto.

Asi que en cierto modo, Harry agradeció la presencia de Bells, - siempre tejiendo con verdadero frenesí en algún rincón – y trató de adaptarse a la nueva situación. Severus era más cuidadoso que nunca, celoso de vigilar no poner a Harry en una situación incomoda en los excasos momentos en que estaban a solas. Ni siquiera le besaba si él no tomaba la iniciativa y no dejaba que el beso diese paso a nada más. No es que le hubiera dicho nada concreto, pero ¿Y si Severus no quería esperar? De seguro que el hombre tenia sus…necesidades. En un par de ocasiones, Harry hubiera jurado que los hechizos táctiles de discrección de la ropa fallaban…pero el contacto se rompía de inmediato. Asi que lleno de emociones contradictorias, Harry aguardaba nervioso hasta el extremo, sentado en el salón que la Habitación del Requerimiento había creado para la ocasión: una gran chimenea, unos sillones cerca de esta y una silla solitaria frente a ellos, al otro lado de la mesa de té. Estaban todos sentados, vestidos elegantemente, pedientes de la llegada del último de ellos. En el sofá central, estaba Harry, sentado a la derecha de su padre, con Remus flanqueando a Sirius por el otro lado. Hermione se sentaba con Ryan, debidamente separados, aunque unidos por las manos, en otro sofá a la izquierda. Los Malfoy se sentaban en otro a la derecha, y a la derecha de ellos, Elwyn y Draco, también muy correctos. La puerta se abrió y Dobby anunció con voz excitada:

-Lord Prince solicita audiencia.

Sirius asintió y el elfo condujo al hombre hasta la silla, sirvió te para todos y desapareció. El hombre estaba más palido de lo usual, vestido en ropas formales con el escudo de su familia bien prominente en su pecho, asi como el sello familiar en su mano. Tras un silencio, después de una rapida mirada a todos, Severus se dirigió a Sirius, mirándole directamente a los ojos y comenzó a hablar:

-Quisiera solicitar en matrimonio la mano de Harrison James Sirius Black – Potter, Lord Potter, Heredero de la casa Black y Heredero de Slytherin.

Sirius se volvió ligeramente hacia su hijo y este contestó muy adecuadamente, sonrojado y con apenas un hilo de voz:

-Lord Prince me honra con su elección. Aceptaré si esa es vuestra decisión, padre.

La respuesta era la esperada para un mago de buena familia en semejantes circunstancias, desapasionada y formal.

-¿La oferta matrimonial?

Severus sacó de su pecho una carpeta y la depositó sobre la mesa en respuesta la solicitud de Sirius. Igualmente, dejó sobre esta un estuche de terciopleo negro, cerrado, que atrajo la atención de Harry como un iman. Remus, Sirius, Lucius, Ryan, Elwyn y Severus se movieron a una mesa cercana y examinaron el documento durante un largo rato, mientras los tres jóvenes se apoderaban del sofá central y miraban fijamente el estuche.

-Debe ser alguna vieja joya familiar, porque el terciopelo es antiguo y no tiene el sello de ninguna joyería…

Murmuró Draco acariciando su anillo de platino con una preciosa aguamarina de los más finos yacimientos de los Urales, rodeada de pequeños diamantes. Una joya realizada exprofeso para él. Hermione le dio un leve codazo al rubio y este murmuró con tono ciertamente contrito:

-Pero eso significa que esa pieza tiene historia, que representa algo para él…

Harry no dijo nada, y dio un rápido vistazo a la banda de oro con una flor, un diamante rojo púrpura de forma octogonal por corazón, con diamantes blancos en torno como pétalos. (Los diamantes rojos son los más raros de todos. Ese diamante existe, se conoce como Red Graff y en 2007 el joyero Lawrence Graff pagó por el anillo descrito 2,66 millones de dólares. Su origen es desconocido, aunque pudiera proceder de Australia ) Hasta Narcisa y Draco habían estado admirando el rarísimo anillo, haciendo aspavientos sobre su belleza y exclusividad. Hermione podía lucirlo libremente ahora, después de haberlo llevado en una cadenita en torno al cuello desde la proposición de Ryan.. Mordiendose el labio, Harry dio un vistazo a los hombres. Él era el último Potter. Seguramente, tenia derecho a estar en esa mesa, no? Tal vez asi se darian prisa de una maldita vez… Despues de todo, el debía revisar el contrato tarde o temprano. Levantandose, ignorando los susurros de Hermione y la mirada incrédula de Draco, Harry cruzó en cada vez más firmes zancadas la corta distancia. Remus fue el primero en percatarse de su presencia y le miró con cierta sorpresa. Reprimiendo sus nervios, Harry susuró suavemente tras inclinar levemente la cabeza:

-Padre, creo que debo participar…soy el último y actual Lord Potter.

Sirius le miró atentamente, sonrió levemente y asintió. Complacido, Harry tomó asiento en la silla que la sala hizo aparecer para el y contempló las multiples copias que todos examinaban. Severus le miró nerviosamente e hizo una copia más del contrato original, y se la tendió en silencio. Harry comenzó a leer, saltándose las clausulas legales obligatorias, con un oído en los murmullos de los adultos a su alrededor. No estaba haciendo una lectura rigurosa, tan solo ojeando y mirando si alguna cosa llamaba su atención. Despues de todo, no tenía experiencia con contratos matrimoniales. Al cabo de un buen rato, apretando el pergamino entre sus manos, Harry alzo la mirada hacia Severus y dijo claramente no. Severus palideció y los cuchicheos cesaron abruptamente. Con más valentía de la que era de esperar en un Slytherin, y ante el rostro de absoluta determinación del joven ojiverde, Lucius Malfoy murmuró:

-¿Harry? ¿Hay algún inconveniente?

-¿Aparte de que este contrato es totalmente inaceptable? No me casaré en semejantes condiciones. Rehuso.

Harry no perdió de vista en ningún momento el rostro de Severus y le vió encogerse a cada palabra. Bien. Porque podía ser joven, pero no idiota. Sujetando con fuertes riendas su genio, el joven Lord masculló casi entre dientes:

-Las condiciones económicas son un desatino e injustas. ¡Por no hablar de la ocurrencia con los apellidos de los niños! ¡Eso parece una burla!

Severus bajó la mirada, avergonzado y murmuró muy calladamente:

-Aceptaré tus deseos, sean cuales sean en cuanto a los apellidos…y vere…vere que puedo hacer para mejorar las condiciones económicas, Harry. No era mi intención ofenderte ni burlarme, te lo aseguro.

Harry estaba francamente irritado, y exclamó perdiendo un poco los nervios:

-¡Borra el capitulo entero y vuelve a rehacerlo Severus! ¿Como ha podido ocurrírsete algo semejante? ¡Dos mil galeones de asignación personal al mes! ¡Dos mil! ¿Y por que no cuatro mil?

El joven rezongó una colorida maldición en parsel y miró a su abuelo y a su padre con ojos irritados, mientras Severus tragaba saliva y apretaba los nudillos. Cuatro mil galeones era mucho, mucho dinero…

-¿Vosotros, no teneis nada que ver en esto, supongo?

Sirius comenzó a denegar, suspiró y acabó asintiendo y admitiendo a regañadientes:

-Bueno…no me pareció mal la cifra cuando me preguntó Harry…

Aun más irritado, Harry se plantó en jarras, levantandose y exclamó:

-¿Estas loco Sirius? ¡Es una cantidad inaceptable!…

Sirius abrió mucho los ojos, con cara de asombro, e intercambió una mirada inquisitiva con Remus, que parecía igualmente confuso. Lucius y Elwyn les miraban a todos, con cierta extrañeza reflejada en el rostro y Ryan releyó una vez más el maldito capitulo, sus ojos entrecerrrados en un gesto de concentración. Con un suspiro de frustración, tras pasear nerviosamente a uno y otro lado para alivir la tensión, mientras los demás le observaban un tanto desconcertados y en el caso de Severus, ciertamente preocupado, Harry añadió algo más calmado, sus ojos centrados en sus padres:

-La fortuna de los Prince esta en las rentas de numerosas patentes de pociones, acciones en algunas empresas, y sobre todo en el valor de la mansión y propiedades familiares. No tienen un volumen de capital líquido inmediatamente disponible tan grande como tú o por supuesto los Malfoy porque en la guerra con Grindewald sus otros negocios sufrieron un considerable reves. Severus ha estado aportando nuevamente dinero al capital familiar, pero es muy probable que para mantener ese nivel continuado de gasto, se vea forzado a vender propiedades, joyas o tierras que llevan en su familia generaciones…¿Qué legado podrá dejarle entonces al siguiente Lord Prince?

Severus había alzado la cabeza cuando Harry se encaró a su padre, y una semisonrisa se instaló en sus labios. ¡Harry no estaba enojado por que considerase su oferta insuficiente! ¡Le parecía excesiva! Aun flotando entre nubes de contento, el hombre murmuró roncamente:

-¿Harry?

El ojoverde se volvió de inmediato y vió las emociones brillando en los ojos casi negros: alivio, comprensión, alegría y amor. Harry rodeó la mesa en rapidos pasos y se plantó frente a su…futuro esposo y murmuró rozando suavemente su mejilla:

-Ordeno tu correspondencia, recuerdas? Además, no pienso quedarme sentado mano sobre mano en casita, estoy estudiando mucho y quiero ejercer como sanador algún dia… Y tengo mi propia fortuna…puedo hacer frente a mis propios gastos…si eso no hiere tu orgullo, claro.

Severus denegó suavemente, un brillo de complacencia por la determinación de su futuro esposo aflorando a sus ojos. Lucius carraspeo y murmuró:

-Creo que conozco la clausula perfecta para eso…se usó en el siglo XVIII en la boda entre Castor Black y Marcus Malfoy…

Harry alzó una mano, interrumpiendo con su gesto al hombre y murmuró sauvemente, la mirada fija en Severus:

-Por favor… simplemente quiero que todos los niños lleven los mismos apellidos, el tuyo, el mio, una combinación… me da igual, pero quiero que sea indudable que son hermanos. Hijos de los dos. Y las condiciones económicas han de cambiarse, esta claro…pero no hay que cerrar definitivamente el contrato justo en este momento. ¿Ahora podemos pasar al anillo?

Harry no habia dejado de mirar intensamente los ojos de Severus, y su abuelo se levantó y murmuró que era una excelente idea y todos retornaron a ocupar los lugares iniciales en los sillones. Con nuevos nervios atenazado su estomago, Severus cogió el estuche y lo abrió delicadamente, y se hincó de rodillas delante de Harry, que estaba sonrojado como un tomate - ¡Ese gesto era absolutamente innecesario! - y preguntó:

-¿Te casaras conmigo Harry?

El joven miró los oscuros ojos llenos de pasión de su futuro esposo y después al anillo que este le presentaba. Era un delicado trabajo en platino, exquisitamente labrado, y con dos pequeñas esmeraldas por toda piedra preciosa. La factura era antigua, élfica posiblemente, rezumaba poderosa magia y Harry se sintió inmediatamente enamorado de él, pese a que la joyería en general no le interesaba mucho. El anillo era un ouroboros, una serpiente devorando la punta de su propia cola, con relucientes esmeraldas por ojos. Si uno se fijaba bien, la serpiente parecia ondular levemente sobre si misma, como si estuviese viva. Harry podía verse llevándolo toda la vida. Alzando la mano, Harry murmuró roncamente:

-Si, por supuesto que si.

Severus sacó el delicado trabajo de orfebrería de su estuche y deslizó el anillo en el lugar apropiado de su mano y este giró un par de veces, adaptandose a su dedo. El hombre susurró roncamente, sus ojos fijos en los de Harry:

-¿Puedo…puedo besarte?

Harry sonrió radiantemente y rodeó con sus brazos el cuello de Severus, sellando sus bocas en un intenso y apasionado beso que les dejó a ambos sin aliento. Cuando los dos prometidos se separaron, Remus carraspeó y murmuró:

-Bienvenido a la familia, Severus.

Harry se rió suavemente y su abuelo alzó una copa de vino, que se habían materializado en las manos de todos:

-¡Por los prometidos!