EN EL DEPARTAMENTO DE MISTERIOS
Los exámenes finales llegaron y pasaron, dejando a los estudiantes aplicados unos días de relax antes del final del curso…y poniendo a otros en una tensa espera ante el veredicto de las notas. Justo tras los exámenes, llegaron las esperadas elecciones. Tras el escrutinio y con el poder legalmente en sus manos, tan solo a la espera de ser formalmente nombrado, los esfuerzos de Fudge por impedir el acceso al Salón de las Profecías llegaron a un final convulso, tras una larga, pública y agónica lucha de antemano perdida. Claudicando, el actualmente Ministro en funciones hasta que Lucius tomase formalmente posesión de su cargo, dio su reluctante permiso al mismo tiempo que anunciaba los resultados electorales, en un desesperado intento de lavar su imagen pública y dejar una impresión favorable en la masa. A la mañana siguiente, una comitiva ciertamente extraña se personó en el Hall del Ministerio. Harry, Draco, Hermione, acompañados por Sirius Black, Lucius Malfoy, Remus y Elwyn Rosier, Severus Snape y Tyrone Ryan. También venía con ellos Jasón, Neville y Augusta Longbottom, y Luna Lovegold. El vigilante de la entrada estaba hablando con el Sr Johnson, el abogado de los Malfoy y ambos se giraron hacia los visitantes. Tras comprobar la identidad de todos, el hombre les indicó que les aguardaban y el grupo se encaminó a los ascensores.
Por un instante, Harry creyó ir de nuevo a la hostil sala del tribunal, recorriendo aquel pasillo lúgubre y largo, al final del cual había una puerta negra y lisa. Pero frente a ella aguardaban Dawlish y Tonks, vestida con sus rojas túnicas de auror, acompañados de un mago alto y adusto, cubierto con una capucha, un Inefable. Tras un guiño vivaz de la metamorfomaga a modo de saludo, con un gruñido de hosca reluctancia y hostilidad, el hombre les indicó la puerta y la pequeña muchedumbre entró en una extraña sala circular, llena de puertas idénticas. Sin dudas, el Inefable les condujo hasta una de ellas y entraron en un extraño lugar, enorme, desierto hasta ese momento y polvoriento. Una serie de corredores y pasillos dividían en secciones enormes hileras de estanterías, repletas de esferas de cristal. Al principio Harry miró con ojos asombrados, pero luego comprendió. Profecías, al parecer se realizaban muchas, pero de ahí a que todas aquellas esferas se hicieran realidad… Los Inefables registraban automáticamente y guardaban todas las predicciones realizadas, por orden cronológico, y verificaban las que se cumplían, todo ello de alguna oscura manera. Comenzaron a caminar entre las inmensas e interminables estanterías, hasta llegar a la zona en que debía estar la profecía. Mientras los adultos buscaban entre las innumerables esferas, los ojos verdes de Harry vagabundearon entre las esferas más cercanas a él. Tirando de su manga, Draco atrajo su atención y le señaló una esfera luminosa, con débiles destellos dorados que titilaban en su interior, como si tuviese atrapada dentro de ella minúsculas luciérnagas.
-Deberías ver esto, Harry…
La esfera reposaba sobre un pedestal, con una fecha y unas iniciales bajo ella. "13-10-1995. De S.P.T. para H.J.S.B-P y D.L.M." Harry hizo rápidamente memoria y jadeó:
-¡Las cartas! ¡Es la tirada de las cartas!
Luna murmuró dulcemente a sus espaldas:
-Aquí hay otra, Harry…
Harry se movió hasta donde Luna y Neville contemplaban con aire ensimismado otra esfera débilmente luminosa. En su pedestal, una fecha anterior al nacimiento de Harry, pero posterior al de la profecía que estaban buscando "oficialmente". Y las iniciales "S.P.T. Concerniente ¿?. H.J.P. (H.J.S.B-P) y ¿?" Harry alzó la mano y vacilante, tomó la esfera entre sus dedos contemplándola pensativo. Tras una duda, Harry regresó a la estantería y tomó la otra profecía también, guardándolas en el bolsillo interior de su túnica de combate, oculta bajo la ropa. Estaba creando una segunda bola de cristal para sustituir las profecías cuando la voz de su padre le llamó.
-Harry…ya la hemos encontrado…
Apresurándose a dejar la falsa esfera conjurada en su lugar, Harry se acercó al grupo de adultos y miró con intensidad a su abuelo, antes de girar los ojos hacia Sirius. Cuadrando los hombros y con un pequeño suspiro, Harry tomó la esfera de su soporte e iba a tenderla a su padre cuando una carcajada estridente y rota se dejó oír entre las estanterías y un grupo de figuras encapuchadas se hizo visible:
-Muy bien Harry. Ahora dame esa maldita profecía.
Bellatrix Lestrange soltó una nueva carcajada y tendió una mano que asemejaba una garra, rematada en uñas largas, sucias y descuidadas, exclamando con un chillido ciertamente alocado:
-¡Dámela, pequeño Harrykins, o no te gustaran las consecuencias!
Los adultos cerraron filas ante Bellatrix, y los ojos azules de Tyrone Michael Ryan se entrecerraron. La trampa, bien cebada con el más apetecible señuelo, había funcionado, pero… ¿Habían logrado atrapar en ella a toda la manada de hienas? Y sobre todo, a quién sacó de Azkaban a semejantes dementes? Las familias de los fugados habían sido estrechamente vigiladas en busca de posibles pistas tanto por el Ministerio como por sus propios contactos. Pese a que ellos habían sospechado casi con certeza de Dumbledore, para el gran público la probabilidad de que el supuesto adalid blanco se aliase con los magos de más negro corazón había parecido remota. Por muy fuera de la ley que se encontrase actualmente, aun había quien no le consideraba capaz de ser tan vil. Y quien condonaba sus actos, aduciendo que en su afán de detener a Lord Voldemort, era comprensible que hubiese infringido la ley…después de todo, una guerra es una guerra y en ellas poco contaba el respeto a la legalidad vigente. Otras figuras avanzaron de entre las sombras y el hombre reconoció a algunos de los sus antaño más temidos mortifagos: los hermanos Lestange y Avery, Mac Nair… Ciertamente parecía que su elaborado cebo había funcionado…Faltaba por ver si atrapaban definitivamente a su presa…
Adoptando una postura defensiva el grupo se aprestaba a luchar con la ventaja de la superioridad numérica cuando de entre las sombras surgió aun más gente: miembros de la Orden del Fénix con Fletcher y Shacklebolt entre ellos. Ron, Ginny y sus padres. Dolores Umbridge, reconocible por su horrendo traje rosa bajo la túnica y finalmente…Dumbledore. Iracundo, con cierto aire de peligro emanando de él. Rodeado de sus fuerzas, con Bellatrix frente a él, como un vivo escudo humano. Lejos de la imagen de anciano bondadoso que tanto cultivara, sus ojos azules relucían con dureza, llenos de odio y codicia, ligeramente desquiciados, mientras ordenaba secamente:
-Entrégame la profecía, Harry. Entrégamela…y puede que te deje vivir…
Tras una breve y muda consulta con su abuelo, Harry avanzó un paso, la pesada esfera de cristal aun entre los dedos, semioculta entre los pliegues de su capa. Con en un gesto súbito y violento, lanzó hacia Bellatrix una falsa esfera, y esta intentó cogerla, tirándose hacia ella con un grito de intensa frustración, ignorando a los demás. Elwyn lanzó el poderoso hombro contra la estantería más cercana, mientras Remus hacia lo mismo en el lado opuesto, creando una violenta reacción en cadena, mientras el despavorido Inefable se llevaba las manos a la cabeza con un grito de pánico y el grupo se lanzaba a toda velocidad por entre las tambaleantes masas de madera y la lluvia de bolas de cristal que ahora llenaban el inmenso lugar, mientras los fantasmales espectros de las profecías surgían como humo de entre los fragmentos, susurrando palabras ininteligibles en medio de la cacofonía. Y el patronus de Harry, el poderoso ciervo embestía contra sus atacantes, emergiendo de entre los restos de la falsa esfera que lo había contenido. No tardaron mucho en llegar al final de las estanterías, lanzando maldiciones y hechizos hacia atrás, y alcanzaron la lacada puerta negra por la que habían entrado. La sala giró al cerrarse la puerta, y desorientados, eligieron una puerta al azar. Se encontraron en el Salón del Tiempo, lleno de giratiempos y relojes, y extraños artefactos en vitrinas. Todos llevaban ocultas ropas protectoras de piel de dragón o basilisco bajo las túnicas, todos menos el Inefable, que parecía a punto de desmayarse. Incluidas Augusta y Luna. Severus roció la puerta con una poción y esta se selló con tal fuerza que resonó en sus oídos. El grupo avanzó y encontraron otra puerta, que accedía a una sala llena de tanques con cerebros. Deslizándose entre ellos con absoluto silencio, repugnados por los largos tentáculos que se alzaban curiosos a su paso del viscoso liquido, entraron al Atrio del Arco del Velo. Aparentemente estaban solos, habían cerrado el camino detrás de ellos y comenzaron a descender entre ecos de sus propios pasos las gradas de piedra que rodeaban el imponente arco para alcanzar la puerta visible al otro lado.
Pero antes de llegar, sus perseguidores entraron con estrepito, usando Bombarda Máxima en la puerta y comenzaron a atacarles. Defendiéndose vigorosamente, el grupo retrocedió y Elwyn pasó a su forma semilobuna, situándose como un escudo delante de Draco, que le miraba con ojos dilatados por la adrenalina. El intercambio de maldiciones se hizo más intenso y Harry rodaba y atacaba, se ocultaba y contraatacaba otra vez, en formidable equipo con su Maestro y esposo. Dumbledore y los demás eran despiadados y pronto todos estuvieron cubiertos de pequeños detritus, rasguños y contusiones, atrapados en posición muy desventajosa. El anciano rió sádicamente y lanzó una maldición hacia la espalda de Harry…que se giró a tiempo de ver como su esposo le derribaba al suelo y se interponía entre el rayo y él. Cuando la luz le impactó, Severus abrió los ojos en un grito silencioso y cayó hacia atrás, en una prolongada curva, desapareciendo tras el velo que centelleó levemente al dejarle pasar. Harry lo vio todo como a cámara lenta, tratando de alcanzarle, gritando su nombre, y estirándose imposiblemente hacia el hombre, viéndole caer con impotencia y desesperación. Sus ojos conectaron un instante antes de que Severus atravesase el velo y Harry vislumbró un destello de ardiente pasión en los ojos negros, una llama que le llamaba. En el instante siguiente, Remus le abrazó y le sujetó, impidiéndole seguirle, reteniéndole en sus fuertes brazos.
Harry se debatió con violencia contra Remus, retorciéndose, gritando roncamente una y otra vez no, en una voz que sonó como un prolongado bramido animal de dolor, e intentando alcanzar el vetusto arco. Su cuerpo empezó a convulsionarse y Remus se encontró incapaz de sujetarle pese a su fuerza, mientras Harry se retorcía, cambiaba y transformaba ante sus ojos. Cuando el proceso acabó, Harry alzó la cabeza y abrió lentamente las fauces, paladeando el aire. Con pasmosa y exasperante parsimonia, entreabrió el primer juego de parpados y dio un rápido vistazo a su entorno. A su alrededor, un grupo de personas le contemplaba con ojos llenos de terror, otro sector con asombro e incredulidad. Estirando y replegando las alas sobre su lomo y elevándose más, Harry siseó amenazante:
-¡Dumbledore!
Y se deslizó en pos del rastro de olor del cobarde que huía hacia la puerta, abriéndose paso, enseñando amenazador los colmillos y amagando bruscos ataques que despejaron rápidamente su paso, derribando a varios magos enemigos al suelo simplemente con el empuje de su poderoso cuerpo, dejando a otros petrificados. Tyrone Ryan -antaño Thomas Riddle, también conocido como Lord Voldemort- contempló por un segundo como desaparecía la ondulante cola de su único nieto y gruñó una seca y tajante orden:
-¡Todos detrás de él!
Y saltó sobre el más próximo de los atacantes aun en pie, convirtiéndose a medio salto en un enorme chacal semi humano, muy parecido a las representaciones míticas del dios egipcio Anubis. Con una sonrisa canina llena de colmillos aterrizó en el pecho de su presa y mordió el cuello de MacNair, lo lanzó violentamente al suelo, mientras con su varita abría paso entre los hermanos Lestrange, derribándolos al suelo. Elwyn, en la salvaje forma semilupina conocida y temida por todos como Fenrir, arañó con sus garras el pecho de Rodolphus y se sorprendió al descubrir que Draco estaba mordiendo con saña la mano del hombre, que trataba de defenderse con ella, transformado en el esbelto lobo blanco, hasta arrebatarle la varita de entre los maltrechos dedos. Con un mordisco rápido al cuello, quebrando su nuca, el hombre lobo acabó con su contrincante y se dispuso a derribar otro enemigo, seguido de cerca del joven lobo blanco que enseñaba los dientes ferozmente, los belfos retraídos y ligeramente ensangrentados. Remus, en su forma completamente lupina, se desquitaba ferozmente con Bellatrix, que había empleado durante la lucha un vicioso hechizo cortante sobre Sirius, que se sujetaba el costado con un grueso vendaje provisional. Saltando por encima del cuerpo ensangrentado y fuera de combate de su prima, y lanzándole una nueva maldición aturdidora y un Incarcerus por si acaso, Sirius se lanzó de nuevo a la batalla, corriendo tras su marido. Hermione y los demás, en torno a Augusta, que se movía con mucha más agilidad de lo que su edad haría suponer, se mantenían cerca de Ryan, que trataba de mantener despejado un camino para ellos entre los mortífagos y los miembros de la orden. Pronto los esfuerzos de todos dejaron detrás un rastro de enemigos muertos, heridos o incapacitados. Cuando Riddle alcanzó las puertas, selló la sala detrás de él, atrapando a los supervivientes dentro, y gruñó aplastando las largas orejas negras contra el cráneo, enseñando los afilados colmillos de chacal:
-¡Por aquí!
El disparejo grupo se apresuró entre los laberinticos pasillos y salas del departamento, siguiendo el rastro de destrucción que Albus y Harry habían dejado a su paso. En la sala del Tiempo las estanterías se destruían y reconstruían continuamente, y al pasar por la sala llena de tanques llenos de un revulsivo líquido traslúcido, tuvieron que esquivar un par de cerebros que aun se retorcían entre los pedazos de uno de ellos, sus largos tentáculos de pensamientos tratando de atraparlos. En el suelo, los amorfos fragmentos desperdigados y ennegrecidos de varios de ellos humeaban con un olor nauseabundo. Remus se inclino y con la punta de su varita, desprendió una tira de brillantes escamas adherida a los chamuscados y retorcidos tentáculos. La mayoría de los adultos, menos Jasón, Augusta y el Inefable, apresuraron el paso al salir del Departamento de Misterios. Se escuchaban golpes y gritos lejanos en los niveles superiores y corrieron hacia el ascensor.
La lucha había llegado hasta el Atrio del Ministerio, y la Fuente de los Tres Hermanos reducida a escombros probaba la violencia de la misma. Los empleados se habían refugiado hacia tiempo lejos de allí, huyendo del peligro en desbandada por las chimeneas, incluso los aurores de servicio en la entrada, antes de que los combatientes llegasen al Atrio. Varias chimeneas estaban reducidas a escombros, y Harry se situaba frente a las restantes, impidiendo el acceso a la única vía de escape.
Un par de rastros sanguinolentos, despellejados y chamuscados adornaban su piel, cerca de los hombros, pero las heridas no parecían dificultar sus movimientos. Cuando Dumbledore amagó un movimiento, su cuerpo se proyectó hacia adelante, cortando el paso del hombre con fluidez. Desde el ascensor, Riddle observó a su nieto y reprimió una sonrisa de orgullo. No había tiempo para eso… El joven basilisco siseó enseñando los impresionantes colmillos, goteantes de veneno y lanzó un ataque, forzando al mago a defenderse con un escudo. Aun era demasiado joven para matar con una simple mirada, pero ya podía dejar paralizadas, petrificadas a sus víctimas con una mirada intensa y concentrada. El flexible y elástico cuerpo se replegó de nuevo, enroscándose sobre sí mismo, mientras Harry reacomodaba sus pequeñas alas de plumas rojas y doradas sobre el cuerpo. Era un basilisco de primera generación, es decir, uno nacido directamente de un huevo de ave incubado por un reptil o anfibio, no procedente de la crianza selectiva de estos raros y codiciados ejemplares. Y evidentemente, su nieto no procedía de un vulgar gallo…Su lomo era de un verde negruzco, con delicados reflejos dorados formando un dibujo poco destacable a primera vista, pero de fina sutileza y precisa belleza. El vientre era más claro, de un tono verde oliváceo, y la garganta y casi toda la mandíbula inferior, de un verde claro amarillento, con numerosas y profusas marcas doradas. Podía desplegar una capucha, no excesivamente grande, pero suficientemente intimidante y su cola estaba rematada en un pequeño pero sonoro crótalo dorado. A primera vista, podía ser confundido con un ejemplar muy grande de Ocammi por magos poco versados en herpetología. Además de la cresta roja de los basiliscos machos, aun poco destacable en el joven ejemplar, tenía un par de alas rojas y doradas, y un par de patas traseras vestigiales, poco más que unas garras. Sus ojos eran verdes, de intenso color esmeralda y aun cubiertos por el segundo par de parpados trasparentes - los que filtraban el poder letal de la mirada del basilisco- eran realmente impresionantes.
Dumbledore gruño de frustración y rabia no contenida. Había calculado mal, muy mal. Atrás quedaban sus sueños, abandonados sus aliados…lo único que le importaba era escapar, y si para eso debía sacrificar algunas vidas, que así fuese. Su enemigo había resultado ser más fuerte que él, pero no iba a marcharse sin hacer todo el daño posible. Lanzó un Avada Kedabra y Harry esquivó fácilmente el rayo, mientras su familia entraba en acción. Pero ni siquiera llegaron a acercarse. Finalmente, el basilisco dejó una abertura y el mago se lanzó hacia las chimeneas, riendo sonoramente….para ser atacado por detrás, un limpio mordisco en la pierna que le hizo volar por los aires. Deslizándose como un rayo, y enroscándose en torno a su presa, tras arrancarle con rapidez la varita – y la mano que la sujetaba de paso - Harry miró a los ojos azules de Dumbledore, clavando en su carne las afiladas garras de sus rudimentarias patas traseras. El veneno de sus colmillos comenzaba a hacer efecto, y el dolor pronto sería insoportable…bien…el hombre merecía cada segundo de tortura. Cuando los gritos cesaron, desgarradas las cuerdas vocales, tan solo gorgoteos, jadeos y estertores pudieron ser oídos, mientras el cuerpo aun sufría espasmos durante unos minutos, hasta que el corazón dejó de latir, demasiado pronto en la opinión del basilisco adolescente. Pero sus sentidos no mentían. Deslizando una vez más la bífida lengua por el cuello, el basilisco siseó de rabia y furia. Aquel cuerpo estaba muerto…Demasiado rápida había sido su venganza. Demasiado corto y misericordioso el castigo por todo el daño que le había ocasionado…Desenroscándose y dejando caer los restos aun calientes al suelo, el basilisco empujó de un poderoso coletazo el cadáver contra el mostrador de seguridad, escuchando con perversa satisfacción el crujido de los huesos al romperse en el impacto contra la madera.
Pero ni siquiera eso era alivio para su dolor. Severus…estaba muerto. Se había ido…y ni siquiera habían podido… Sus fauces se entreabrieron en un desgarrado lamento, el nombre de su amado brotando de entre sus colmillos, y reptó lentamente hacia su abuelo, cabizbajo, la viva estampa de la más profunda miseria aunque las serpientes no tienen rasgos físicos expresivos, dos gruesas lágrimas perladas formándose en sus ojos verdes. Arremolinándose en torno a las piernas del hombre, Harry puso su gruesa cabeza en su pecho mientras los brazos de su abuelo le rodeaban con suavidad, y pasó sin transición a su otra forma, deslizándose dentro de la túnica del hombre, deseoso de ocultarse en la seguridad de su contacto, y haciéndose un peludo ovillo negro. Los rasguños y heridas de su abuelo en contacto con las densas lágrimas tornasoladas comenzaron a sanar. Riddle agitó su varita, depositó los restos de Dumbledore en el pedestal roto del centro de la fuente, realizó un largo conjuro en parsel y finalmente, le prendió fuego, creando una virulenta columna de Fuego Maldito, una serpiente llameante que engulló rápidamente los restos. Un roedor, una rata que se deslizaba incospicua cerca de las sombras de las paredes, comenzó a chillar como posesa; intentando alejarse de una repentina fuerza que la impelía a acercarse a la pira, retorciéndose y cambiando para retornar a su verdadera forma humana, aferrándose con uñas y dientes a cualquier cosa; su cuerpo saltando como un ascua en el rugiente fuego entre gritos de pavor, rápidamente extinguidos por el ataque de la llameante fiera. Cuando la serpiente de fuego se enroscó, relamiéndose las fauces y bostezando, señalando que el fuego maldito comenzaba a extinguirse por falta de nuevo combustible, Ryan miró por un instante a los demás y lentamente, emprendieron el camino de regreso, ignorando el hedor a carne quemada que ahora inundaba el Atrio y la columna de humo negro y pegajoso que se filtraba hacia los pisos superiores.
Los aurores comenzaron a hacer su cautelosa aparición un largo rato después, y encontraron a parte del grupo que había solicitado permiso para visitar el departamento de Misterios en los oscuros corredores de acceso a este, desarreglados y sentados de cualquier manera sobre asientos conjurados. El Inefable a cargo de ellos estaba desmayado, tirado en el suelo y Augusta Longbottom se abanicaba, mientras su nieto y una jovencita rubia le ofrecían un vaso de agua y un vampiro de ojos violeta les contemplaba con aire circunspecto. Tras recibir las noticias de que un grupo liderado por Dumbledore, formado por los fugados de Azkaban, mortifagos y otros magos, les había atacado dentro de las instalaciones ministeriales; los Aurores solicitaron refuerzos, y trasladaron a los visitantes a un despacho cercano, dejándoles custodiados por una guardia de dos. Tras un rato, Ryan y los demás se reunieron con ellos, y con cara de póker, el vampiro mintió descaradamente a los Aurores presentes, indicándoles que cuando habían llegado al Atrio, había encontrado el final de una lucha a tres bandas, con Voldemort, Dumbledore y Harry, todos contra todos, habían caído primero el anciano bajo el fuego de Voldemort, después este ante Harry. Y que de los cuerpos de los combatientes caídos no quedaba nada, salvo ceniza, porque él los había incinerado por precaución con Fuego Maldito. Ante las preguntas sobre el paradero del joven, Ryan murmuró solemne:
-Lord Potter está a salvo. Y si me perdonan…hemos perdido dentro a uno de los nuestros y debo ir en su busca.
