TRAS EL VELO DE LA MUERTE

Nadie había pensado interponerse, el magnetismo y la persuasión del vampiro doblegando la voluntad de los acobardados y temblorosos aurores a sus deseos. Así que ahí estaba de nuevo tras haber dejado a su nieto a salvo en los brazos de sus padres. Con un último estremecimiento y cerrando los ojos, Ryan cruzó el Velo de la Muerte. Abriendo los azules ojos con cautela, el vampiro se encontró a sí mismo en un lugar muy similar al Atrio que acababa de dejar, pero bañado por una luz que era completamente distinta, una luz fría que parecía emanar de las propias piedras del arco, y que recordaba vagamente la luz de la luna. Mirando en torno a si, el vampiro olfateó en busca de rastros, para encontrar el aire sorprendentemente vacío de ellos. Ningún ruido salvo los pequeños ecos de sus propios pasos en las piedras perturbaban la helada tranquilidad del lugar. Rodeó el arco una vez más, tratando de discernir si realmente había cruzado al otro lado y una risa ligera la sobresaltó.

Volviéndose con rapidez, varita en mano, encontró a una dama de edad indefinida, hermosa y voluptuosa, vestida en túnicas helénicas cuyos ojos relucían de deleite, una leve sonrisa flotando en sus labios, una serpiente enredada en su cuello, una leona y una perra negras flanqueando sus costados. Con una nueva risa y un simple gesto de su mano, la varita saltó a la mano de la dama y esta murmuró:

-No hay necesidad de ponerse a la defensiva, niño mío…

Parpadeando desconcertado, y mirando con aprensión como la mujer rodaba entre los enjoyados dedos su varita, Ryan preguntó:

-¿Quién eres?

Con una sonrisa y arrojándole la varita con un gesto descuidado y grácil, la dama se giró, seguida de sus animales y caminó lentamente por la grada, mirando con aire travieso al tenso vampiro:

-¿No me reconoces? Ah…es una decepción. Tengo muchos nombres…y muchas caras, mi pequeño. Pensé que esta te resultaría la más familiar…

Frunciendo el ceño y con cierta vacilación, mientras la dama continuaba paseando impertérrita con su vivo collar ante sus ojos, una mano sobre la testa de la leona, la otra rozando las orejas de la gran perra de presa. Ryan dilató los ojos con repentino reconocimiento y jadeó:

-¡Hécate!?

Con una nueva risa la Diosa aplaudió, casi como una niña ante una sorpresa y sus animales se sumaron a su entusiasmo con ladridos, rugidos y silbidos. Cayendo de rodillas ante la mujer, los ojos fijos en el suelo, Ryan se maldijo a sí mismo por su falta de respeto. Acercándose y acariciando su negro pelo con la delicadeza de una madre preocupada, la Diosa susurró:

-No te preocupes, niño mío. No he derramado mis bendiciones sobre ti y los tuyos para castigarte ahora por tan nimia cosa. Ven y siéntate conmigo…hace tiempo que no tenía una visita tan interesante.

Con cierta reluctancia, Ryan se sentó en la grada de piedra, junto a Hécate mientras sus mascotas peludas se tumbaban a sus pies. La serpiente agitó su lengua y siseó complacida un saludo, enroscándose en otra postura para mirarle cómodamente. Respondiendo cortésmente, Ryan se removió inquieto interiormente. La Diosa no era para nada como había imaginado…Con una sonrisa Hécate murmuró benevolente:

-Menuda situación has provocado. Si, ya sé que no todo es precisamente culpa tuya, pero no me negaras que esa tendencia de tu nieto a acabar metido en los mayores embrollos es algo que le viene de familia…Las Moiras tienen un especial gusto en jugar con vosotros, me temo…

Con una pequeña palmadita de ánimo, la Diosa prosiguió:

-Supongo que no eres consciente, pero tenemos una paradoja entre las manos…Como vampiro, tu muerte está virtualmente fuera de sus manos. Y como tu vida y la de tu nieto están ligadas…la de él tampoco les pertenece. Añade a la mezcla el vínculo que Harry tiene con Severus…y tenemos un embrollo descomunal. No puedo dejar marchar a Severus pero tampoco retenerlo aquí, y Harry no puede reunirse con él para volver a reanudar el ciclo…

Ryan suspiró y murmuró apagadamente:

-Ya me lo había supuesto. Por eso quiero…proponer un trato para resolverlo. Ah…Renuncio a mi inmortalidad. Yo…ocupare su lugar. Por favor, Hécate, devuélvele a Severus. Harry no se merece esto…¿No ha sufrido ya suficiente?.

La Diosa permaneció en silencio, canturreando suavemente y deslizando sus dedos por el cabello negro azulado del vampiro. Con un suspiro musitó:

-Por fin has reconocido la lección más importante de todas, pequeño mío. La verdadera inmortalidad solo se logra a través de los hijos…y la felicidad de estos siempre está por delante de la propia. . Esa es la lección para la que nunca es tarde…

Alzando el rostro del hombre, Hécate susurró:

-No puedo deshacer lo hecho y seguirás siendo un vampiro mientras permanezcas en el mundo mortal. Pero si que puedo aceptar tu palabra y tu promesa de retornar voluntariamente, ese es mi regalo. Harry ya perdió a sus padres, no merece perder también a su abuelo. Puedes llevarte a Severus contigo, Tom, con mi beneplácito y bendiciones. Y cuando estés listo, cuando estés verdaderamente listo, regresa a mí para volver a comenzar. Ya nunca más volverás a estar solo…

HP&SS

Harry se sentía helado, casi congelado por dentro. Lo único que le mantenía sereno eran las aseveraciones de Jasón…y el calor de los brazos de Remus y Sirius. Había derramado lágrimas de rabia, de pena, de furia…aferrándose a la chispita de esperanza, al rebullir de emociones en su interior… al tenue hilo que le unía al alma de Severus, hasta que ya no le quedaron más lágrimas …Cuando horas después, Ryan emergió de las profundidades del Departamento de Misterios, llevando cogido de la cintura a un algo confuso y tambaleante Severus, Harry se lanzó gritando a los brazos de su esposo, riendo y llorando, abrazándole hasta cortarle la respiración y murmurando una y otra vez:

-Nunca más…nunca más vuelvas a dejarme solo…

Los dos se besaron apasionadamente, un beso regado por las renovadas lágrimas de alegría de Harry, ignorando la presencia de los demás a su alrededor. Harry se transformó, enroscándose protectoramente en torno al cuerpo de su esposo, las singulares e inusualmente curativas lágrimas perladas de su forma de basilisco derramándose sobre este. Cuando Harry estuvo satisfecho con el resultado, agitó la bífida lengua susurrando su nombre y volvió a cambiar de nuevo. Mirándole con aire incrédulo, Severus meneó la cabeza y murmuró abrazándole de nuevo, enredando las manos en su pelo:

-No sé de qué me extraño…siempre haces posible lo imposible, Aprendiz mío.

Con una sonrisa radiante, aunque sus ojos estaban rojos y sus mejillas llenas de surcos, mezcla de lágrimas secas y nuevas, Harry susurró:

-Sera porque me has enseñado demasiado bien, Maestro.

Draco contuvo con mala fortuna una risita y pronto la tensión se disolvió en risas compartidas, mientras todos se encaminaban hacia el futuro con renovado optimismo. Un futuro que estaban labrando en esos momentos. Por el que habían trabajado y luchado, derramado sangre y perdido amigos. Un futuro y nuevo orden, en un mundo mejor para todos.