PARTE 5 "Dos ruedas"
Era casi final de semestre, temporada de exámenes, y Haruka estudiaba más horas en el patio de Michiru. Era inteligente, sí, pero las cosas teóricas no eran lo suyo... incluso las matemáticas le eran más interesantes que la historia o la filosofía. Michiru le apoyaba lo más que podía, ella no necesitaba estudiar mucho realmente, así que ayudaba a Haruka con las tareas.
- ¿Y de qué diablos me servirá recordar las lecturas de ese tal Platón? – preguntaba Haruka con cierto aburrimiento.
Pasar el examen y no tener que sufrir las clases de verano – contestó Michiru con gracioso tono, pero sin desatender el libro en sus manos.
- Bueno... – suspiró, tratando de concentrarse en la lectura.
Siguieron estudiando hasta que la oscuridad fue inminente y el frío calaba por debajo de la ropa. Michiru fue la primera en incorporarse y estirarse a manera de relajar sus extremidades. Haruka le imitó, aunque algo más lento por la desidia que le causaba pensar en los exámenes.
- Trata de descansar bien, ya has estudiado lo suficiente – le dijo Michiru de manera dulce – Saldrás bien en los exámenes, ya verás.
- Eso espero – suspiró Haruka con no mucho entusiasmo. Una mano de Michiru en su hombro la obligó a sonreír y soltar otro suspiro, pero de resignación.
- Sólo relájate... – musitó la joven de cabellos marinos y le soltó – Nos vemos mañana...
- Hasta mañana...
Haruka se quedó contemplando a Michiru hasta que ésta entró a su casa. Permaneció largo rato quieta, pero ya no pensaba en los exámenes, sino en su amiga. Soltó nuevamente un suspiro y sacudió un poco su cabeza. Últimamente, la cercanía de Michiru le causaba extrañas sensaciones en su pecho. Pero no quería distraerse tanto, y menos en esas fechas. Tomó sus cosas y regresó a su casa.
- ¿Quieres algo de cenar? – le preguntó el Teniente al verla pasar por el pasillo.
- No, papá gracias...
- No podrás concentrarte ni descansar bien con el estómago vacío... – insistió – Anda, preparé pasta...
Haruka accedió y tomó asiento. Los primeros minutos pasó contemplando el plato, repasando mentalmente citas textuales de los varios textos de Platón que, era por demás seguro, vendrían en los exámenes de Ética y Filosofía... sin contar Historia. Ichiro la miraba largamente y pronto sonrió.
- Hagamos un trato, Haruka... – le dijo de repente, sacándola de trance.
- ¿Uh?... ¿trato?
- Sí... si pasas bien todos tus exámenes, te daré tu motocicleta el viernes cuando regreses de la escuela. ¿Qué dices?
Haruka sintió que las palabras no salían de su boca. No podía creerlo, pronto tendría su motocicleta. Sintió que sus labios dibujaban una enorme sonrisa y asintió furtivamente, haciendo que el gesto alegre del Teniente se ampliara más.
- ¡Pasaré los exámenes, lo prometo! – dijo, entusiasmada.
- Eso espero... – rió Ichiro, pero, pronto, la risa se transformó en una tos que a los pocos minutos fue incontrolable.
- ¡Papá... – Haruka se alarmó un poco, pero cuando la tos pasó, su padre le dirigió una apenada sonrisa.
- Estoy bien... tranquila... estos pulmones ya están muy viejos, es todo... iré al médico ésta semana – dijo, tratando de calmar a Haruka.
La rubia pronto recuperó su sonrisa y miró con decisión a su padre. Era normal que a alguien le diese tos con una risa demasiado prolongada. Su padre era una persona mayor y era normal que lo resintiera... y sin embargo, era la persona más fuerte que conocía.
- Anda, come, que se enfría... necesitas dormir bien – dijo el Teniente, ya mucho mejor.
Haruka cenó con más entusiasmo y no tardó en ir a dormir. Ahora sí tenía un buen motivo para pasar esos exámenes. Sería una semana difícil, pero Michiru le había ayudado a estudiar lo suficiente como para contestar los exámenes con los ojos cerrados. Definitivamente quería esa motocicleta.
Por su lado, Michiru era la tranquilidad misma. Los exámenes no le preocupaban en lo absoluto. Ciertamente, no era la chica más inteligente, pero tenía muy buenas notas y en lo que más resaltaba era en artes y música. También terminó en el club de natación, convirtiéndose en una de las mejores representantes del Instituto en las competencias que se habían hecho hacía un par de semanas.
Michiru no quiso ir a las competencias estatales, argumentando que la natación sólo era un pasatiempo. Y era verdad. En el agua se sentía realmente viva. Podía flotar por horas en el agua sin pensar en nada, contentándose con aquella húmeda y fresca sensación en su piel. Haruka sabía eso... y podía verla en el agua durante todo ese tiempo.
Aquella rubia joven no sólo era su mejor amiga, su amistad era demasiado profunda como para llamarla "amiga"... aún no sabía qué tan fuerte era su amistad con Haruka, pero no era algo que le preocupara mucho. Era feliz con tenerla a su lado y poder contar con ella en cualquier momento.
Recién terminaba de cenar y sus padres y ella habían platicado de cosas sin mucha relevancia. El trabajo, las reuniones, la escuela. Michiru sentía cierta lejanía con su familia, pero no le era incómoda, al contrario. Sentía mucha libertad. Sus papás, ciertamente, tampoco buscaban mucha cercanía con ella, sólo la suficiente... o mejor dicho, la necesaria para saber que Michiru estaba bien y poder seguir en sus asuntos sin tanto remordimiento.
Estaba en un momento muy tranquilo de su vida. Y por si eso fuera poco, tenía a Haruka a su lado. Sonrió ampliamente al pensar en ella y se recostó. Sería una semana pesada, pero no por lo complicado que podrían ser los exámenes, sino porque eran muchos. Tenían demasiados exámenes el mismo día. Además, tenían que esperar hasta el viernes por los resultados. Confiaba en salir bien.
Fijó su mirada en el reloj de la cómoda y éste le dijo que ya era hora de dormir. Sonrió de nuevo y se dispuso a descansar. El lunes sería un día difícil.
- La noche pasó rápido y, aún entre sueños, Michiru escuchaba de manera algo lejana la voz de Haruka.
- ¡Ya despierta! – escuchaba una y otra vez.
Abrió los ojos, aún algo dormida, y se asomó por la ventana. Haruka estaba en el patio, ya vestida y arreglada. La joven de cabellos marinos se rascó la cabeza y volvió a mirar el reloj.
- Haruka, son las seis de la mañana – contestó la joven con suficiente volumen, tratando de no alzar tanto la voz – Aún faltan dos horas para que entremos.
La rubia pareció extrañada y consultó su reloj de mano. Se quedó muda unos segundos y pronto volvió de nuevo su mirada a Michiru.
- Uy... – alcanzó a murmurar la rubia – Eh... mejor iré a correr un rato... – dijo pasados algunos segundos – ¡Nos vemos!
Michiru vio correr a la rubia de regreso a su casa y no logró contener la risa. Algún motivo tenía para querer ir a la escuela con tanta prisa, eso era obvio. Ya después le preguntaría porqué, bien podría ir a dormir otro rato o mejor ya quedarse despierta y buscar qué hacer. Podía leer un rato o, mejor aún seguirle a una de sus pinturas... había una en especial que aún estaba incompleta. Era la impresionante imagen de una tormenta en el mar. Conocidos y familiares le decían lo genial que era ese cuadro, pero ella sentía que aún le faltaban detalles, estaba incompleto todavía.
Tomó su paleta y sus pinturas y siguió pintando. Algunas luces, tal vez algunas aves perdidas en medio de la tormenta, truenos. Todo debía verse agresivo. Era algo que tenía la necesidad de mostrarlo así. Quizá era ese sentimiento de abandono que aún sentía al estar en su casa, tal vez era eso. Ya que cuando estaba con Haruka no le daban muchas ganas de seguir trabajando en el cuadro. De alguna manera debía desquitar aquel sentimiento.
Apenas se dio cuenta, volvió a escuchar la apurada voz de Haruka llamándole. Ya se había alistado con tiempo y también había desayunado algo rápido en la cocina. Se había bañado por la noche, así que sólo era cuestión de acomodarse el cabello y perfumarse un poco. Ella realmente no necesitaba maquillaje.
Dejó el cuadro aún sin terminar y bajó con veloz paso. Se despidió fugazmente de sus padres, que apenas desayunaban, y salió de la casa.
El calor del sol y aquella vivaz sonrisa de Haruka le pegaron al mismo tiempo, sacándole un alegre gesto sin que se diese cuenta. Haruka lucía muy ansiosa, era obvio. Montó a la parte trasera de la bicicleta y se sujetó de los hombros de la rubia.
- ¿A qué se debe tanta prisa? – preguntó Michiru, percibiendo más velocidad de la habitual – La escuela no se irá a ningún lado – rió un poco.
Haruka amplió su sonrisa y aceleró el pedaleo.
- Papá dijo que si pasaba bien los exámenes, me daría mi motocicleta el viernes – respondió con emocionado tono.
Michiru sonrió también al escuchar.
- Entonces, tienes que poner mucho empeño... estudiaste mucho, te aseguro que saldrás bien... – enseguida agregó, no sin cierta emoción – Tienes que llevarme a pasear contigo el fin de semana.
- ¡Prometido! – exclamó, acelerando aún más cuando la imponente construcción de la escuela se alzó ante ellas.
A los profesores, a Michiru y al resto de la clase les sorprendió que Haruka acabara primero los exámenes. Ni siquiera los "cerebritos" podía creerlo. En verdad que la joven se esforzaba en lo que se proponía. No creía sacar calificaciones perfectas, hubo cosas que no recordó, pero unos ochenta y cinco puntos era seguro que sacaría.
Terminaron las clases y ambos caminaban de regreso, Haruka sólo guiaba la bicicleta por el manubrio. Tenía tanta energía en ese momento que, de haber ido en ella, era seguro que ya hubiesen chocado. Michiru fue la de la idea de regresar caminando... quería regresar entera a la escuela al día siguiente.
La semana pasó rápido, los exámenes también... ya era viernes y Haruka, ahora sí, tenía permitido pedalear rápido. Era hora de despedirse de la fiel bicicleta y sustituir sus piernas por el motor. Michiru iba sujeta de la cintura de Haruka con fuerza, temía que en algún tope saliera volando. Tenía su cara enterrada en la nuca de Haruka. Su cabello volaba de manera irregular.
- ¡Vamos, sólo unas calles más! – exclamó Haruka contenta.
La joven de cabellos marinos entreabrió un ojo y miró al frente. Todo pasaba como una mancha. El viento estaba juguetón en ese momento. Una que otra hoja chocaba contra su rostro.
Apenas se dio cuenta, contemplaba el paisaje ya sin alarmarle la velocidad. Haruka sintió que Michiru ya no le estrangulaba los pulmones y sonrió de manera graciosa. Ambos vieron sus casas ya bastante cerca... y en el patio de la casa del rubio, podía verse una metálica y flamante figura negra. Pudieron distinguir al Teniente que terminaba de pulirla. El Caballero también estaba ahí, aparentemente platicando con el padre de la rubia.
- ¡Papá – exclamó Haruka, frenando casi hasta el derrape y corrió hasta él, Michiru colgando.
- Me estoy arrepintiendo de querer salir contigo... – musitó Michiru, ligeramente mareada.
El Teniente dibujó una amplia sonrisa y dejó que Haruka viera de cerca el vehículo. La joven lentamente se acercó. Sus manos temblaban de ansias por poner sus manos encima de aquella belleza de motocicleta. Su rostro estaba entre incrédulo, emocionado y feliz. Montó en la motocicleta y vio que era exacta a su medida. Firme, aerodinámica, elegante, cómoda... y era por demás seguro que tenía mucha velocidad.
Michiru parecía feliz por su amiga. Eran realmente pocas las ocasiones que podía verle esa cara de inmensa felicidad. El Teniente estaba satisfecho y el Caballero miraba todo de manera un tanto parca.
- ¡Gracias, papá – exclamó, por fin, encendiendo el motor.
- Wow... – musitó Michiru al escuchar el sonido del motor muy similar al suave ronroneo de un gato.
El Teniente se acercó a Haruka y le extendió un tarjetón.
- Tu permiso provisional – dijo, sonriente – El resto de los trámites ya te corresponden hacerlos por tu cuenta.
Haruka tomó el documento mientras asentía repetidas veces. Enseguida, miró al Caballero de manera un tanto suplicante. El hombre parpadeó un par de veces, casi adivinando lo que quería pedirle el joven rubio.
- Adelante, puede ir... – suspiró – sólo maneja con cuidado.
- ¡Sí, señor!
Michiru sonrió por anticipado al ver la cara suplicante de Haruka. Tomó uno de los cascos que les extendió el Teniente y se acomodó detrás de Haruka.
La joven ya antes había manejado la motocicleta de su padre, sabía manejar bien ese tipo de vehículos. Michiru lo sabía y aún así se sujetó con fuerza de la cintura de Haruka. La rubia sonrió y aceleró ya con recuperada confianza.
El Teniente y el Caballero sólo contemplaron a sus hijas alejarse por la calle.
Pronto se perdieron de vista.
