PARTE 6 "Una noche lluviosa"

- Te dije que debíamos traer un par de impermeables... – repitió Michiru por enésima vez con el ceño un poco fruncido.

- Yo no tenía idea de que fuera a llover, se supone que la tormenta está en la costa... – refutó la rubia, cerrándose bien la chamarra, pues el frío ya le calaba en los huesos pese al grosor de sus ropas.

- En el pronóstico del tiempo dijeron que llovería... – recordó la joven – Tal vez, si de vez en cuando hicieras caso a lo que dicen los demás, nos hubiéramos evitado esto.

Haruka también frunció el ceño y miró de reojo a su compañera. Sólo para descubrirla abrazándose a sí misma a manera de minimizar el frío. Ese pequeño suéter que llevaba puesto estaba de moda, sí, pero realmente no servía para lo que debía. Lanzó un suspiro pequeño y se quitó su chamarra, tapando a Michiru por los hombros.

La joven de cabellos marinos agradeció el gesto con una mirada y una sonrisa. La chamarra de Haruka era muy cálida y reconfortante. La rubia correspondió la sonrisa con una similar y volvió a cruzarse de brazos, dirigiendo de nuevo su mirada al cielo repleto de grises nubes. Las gotas aún caían a la tierra y daban la impresión de ser infinitas. Estaban bien protegidas bajo la fachada de un centro comercial ya cerrado, una que daba al estacionamiento.

Un estacionamiento muy grande, por cierto. La moto estaba a su lado, protegida también de la lluvia. Desde que la tenía, Haruka era extremadamente cuidadosa con ella, tanto, que Michiru le alegaba tener más atenciones con la moto que con ella... en broma, claro.

- No puedes negar que el concierto estuvo maravilloso... – musitó Michiru tras tararear mentalmente las melodías que se habían interpretado en el evento.

- Cierto... no puedo... – contestó Haruka con una sonrisa resignada – Me gustó mucho.

- Te dije que te iba a gustar... y tú que no quería venir conmigo... – reprochó, empujándole con un hombro.

- Yo quería ir a correr en la autopista... – murmuró Haruka con un puchero a medias.

Michiru la volvió a empujar por un costado y puso un gesto graciosamente serio.

- Sabes que al Teniente no le gusta que estés en carreras en la moto.

- Lo sé – suspiró Haruka – Pero nunca me ha pasado nada, siempre tengo cuidado... además, tampoco voy tan seguido, sólo cuando buenos oponentes compiten...

- Como hoy, lo sé... – musitó Michiru, resignada – Iba a estar ese chico del último grado... pero he escuchado que es muy tramposo y que suele empujar a los competidores para tumbarlos... si cayeras... el daño... sería...

Dicho eso, la joven puso un gesto muy angustiado, tanto, que Haruka se percató de éste de inmediato y se sintió un tanto culpable de ello.

- Ah, no... yo... ah... – realmente no sabía qué decirle – Yo... no... quería... preocuparte... ah...

De pronto, guardó silencio al ver el ahora sobre actuado gesto angustiado de su acompañante, mientras se llevaba las manos al pecho y le miraba con fingida pena.

- Y al Teniente tanto trabajo que le costó hacer esa moto... para que tú vayas y la destroces en una carrera... – dijo, manteniendo aquel gesto falso.

La cara que puso Haruka no tenía descripción alguna. Michiru, tras verla, comenzó a reír a carcajada abierta, bastante divertida por la jugada que le había hecho. La rubia quedó con sus manos paralizadas por algunos segundos, antes de poder reaccionar para reprocharle la broma.

- ¡Oye!... ¡Pensé que te preocupabas por mí... y resulta que era la moto! – exclamó, bastante ofendida.

- Tú sabes cuidarte, la moto no... – dijo entre carcajadas que apagaban de agradable manera el constante chocar de las gotas contra el pavimento.

Al verse superada, Haruka se cruzó de brazos y dirigió una seria mirada para otro lado. Michiru dejó de reír a los pocos segundos y miró a Haruka, sonriente. Enseguida, se sujetó de uno de sus brazos, recargándose ligeramente en ella. Aquel movimiento obligó a Haruka a volver la mirada hacia su acompañante, incluyendo en sus mejillas un rubor demasiado leve como para ser notado.

- Sabes que me preocupas... pero confío en ti como para saber que siempre saldrás ilesa de una carrera así... es sólo que... el Teniente sí se preocupa... deberías saberlo... – dijo con una suave y melódica voz.

- Lo sé... – murmuró Haruka, ahora mirando la lluvia. El sonrojo ya había desaparecido – Y hablando de papá... ya es noche... deberíamos llamar para avisarles que la lluvia nos ha detenido...

- Cierto...

Contra su voluntad, soltó a Haruka para que ésta tomara su teléfono móvil e hiciera la llamada. Era por demás seguro que el Teniente iría por ellas en la camioneta, para poder llevar también la motocicleta a salvo. Vio a Haruka intercambiar unas últimas palabras con su padre y de inmediato colgó. Enseguida, guardó su teléfono en el estuche y le miró con una sonrisa.

- Si la lluvia no ha parado mucho el tráfico, estará aquí en una hora más o menos... – informó, aún sonriente.

- Qué bueno... hace mucho frío aquí... – musitó, poniendo un gesto un tanto incómodo.

Haruka la vio sucumbir a un escalofrío y se movió por inercia hacia ella. Apenas Michiru se dio cuenta, Haruka estaba a su espalda... y pronto sintió aquellos brazos rodearle desde atrás y hacer un nudo con los dedos sobre su estómago. Volvió a sentir el escalofrío, pero ahora a lo largo de la espina dorsal. Era la primera vez que experimentaba una sensación así de fuerte. Claramente se sintió sonrojar, pero, por la posición, no se percató que Haruka tenía aquel rubor casi invisible en sus mejillas.

- ¿Ya... no sientes frío? – preguntó Haruka con un tono de voz casi apagado.

Definitivamente ya no sentía frío. En el momento del contacto con Haruka, y pasado aquel escalofrío interior, sintió un calor general en todo su cuerpo. La rubia reaccionó de igual manera. También tenía frío, pues tras prestarle su chaqueta, quedó en una camisa oscura de tela delgada. En todo ese rato había estado fingiendo naturalidad, pero el frío ya le había ganado la pelea desde hacía un rato.

- No, estoy mejor... gracias... – musitó Michiru, dejando descansar su nuca en el pecho de su compañera.

- Qué bueno...

Guardaron silencio mientras las heladas gotas de lluvia seguían cayendo, incesantes, como pequeñas y agudas lanzas. El viento que se colaba a su refugio hacía de las suyas llevándoles la fría humedad hasta la piel. No se dijeron nada durante los siguientes cinco minutos, en verdad parecían disfrutar del tacto mutuo y de aquella sensación de revoloteo en el estómago.

Michiru ya desde antes había sentido un poco eso, al igual que Haruka, cuando, jugando, se tocaban y abrazaban como solían hacerlo desde niñas. Pero ahora era diferente, cada toque, caricia y abrazo estaba acompañado de una calidez de la que no se habían percatado antes. Las miradas, antes inocentes, ahora eran difíciles de sobrellevar sin sufrir alguna sensación de nerviosismo y calor interno.

Había algo más y ambas lo sabían... y no sabían como manejar el asunto.

Haruka quería a Michiru, sí... pero ya no sabía cómo definir exactamente ese "querer" que sentía por su compañera. Ya no era una amistad, tampoco una relación fraternal como bien podrían tenerla al ser ambas hijas únicas y amigas desde la infancia.

Michiru se sentía vacía si no tenía a Haruka cerca. Por las noches, solía imaginar que ella dormía a su lado y, tras sonreír con aquella visión, de pronto era víctima de la confusión al percatarse que, de verdad, quería tenerla cerca y sentirla.

- La próxima vez hazme caso y trae puesto algo más grueso... – murmuró la rubia tras liberar un suspiro pequeño y silencioso.

- La próxima vez trae una chamarra más gruesa para que me la prestes... – contestó la joven de cabellos marinos, sonriendo ante el regaño y tomando, por mera inercia, las manos de Haruka en su estómago.

Para cuando se dio cuenta de lo que hizo, su acompañante ya había enredado sus dedos con los de ella, apretando posesivamente los brazos alrededor de su cintura.

La extraña sensación en el pecho de Haruka crecía conforme percibía lo delgada y delicada que era la figura de Michiru. El sentimiento era fuerte, intenso... y en cierto punto, culminando con un temblor general en todo su cuerpo, otro extraño sentimiento se apoderó de ella, era algo como duda.

Michiru sintió miedo de pronto tras notar el temblor en aquellos brazos y en ese pecho. De pronto sintió que era un error estar así... estar con ella de esa manera.

¿Aquello que comenzaba a crecer en sus pechos estaba bien?...

La alta rubia de pronto quiso soltarla, por un momento lo pensó y creyó que lo mejor era hacer eso, detener todo antes de que pasara nada más. Pero... ¿en realidad quería soltarla?... Algo en su mente le decía que podría estar mal ese abrazo, ese contacto.

- Haruka...

Escuchar su propio nombre como un susurro hizo brincar a la rubia, Michiru en ningún momento había cambiado de posición, miraba el suelo y una fuerza extraña le dio el valor de romper el silencio.

- Me siento... muy bien... en tus brazos... – dijo con el mismo susurro, sujetando con fuerza a su compañera.

Sencillamente no pudo reprimirse, no lo logró, no cuando de verdad se sentía bien junto a ella, no cuando se sentía protegida como nunca antes.

Haruka mantuvo el aire en sus pulmones después de escuchar aquello. Sintió su corazón acelerarse de la misma manera en que solía hacerlo el motor de su vehículo, era demasiado fuerte. Era irresistible el deseo de tenerla así, pese a que su mente le decía a gritos que aquello estaba mal, pero...

... ¿Acaso Haruka Tenou seguía sus propios pensamientos racionales?

No, seguía los impulsos de su corazón... y en ese momento le ordenaba no soltar a Michiru, e incluso, buscar la manera de tenerla más cerca. Obedeció sin chistar.

La joven violinista sintió un poco más fuerte el abrazo de Haruka, instantes antes de que lograra reaccionar del todo, el abrazo se deshizo de manera parcial, sólo para girarla hasta quedar de frente con la dueña de aquellos fuertes brazos. Tragó saliva al ver un brillo desconocido en los ojos de su compañera. Tenía un gesto serio, decidido.

- Haruka...

Sin responder, la rubia cedió a sus impulsos y lentamente abalanzó su rostro sobre la artista. Ésta cerró los ojos, dejándose llevar por su acompañante...

Un leve roce entre sus labios fue suficiente para provocar un escalofrío inicial, el contacto no era del todo total, pero fue Michiru quien selló el beso tras alzarse en la punta de sus pies. Se quedaron quietas, con los párpados apretados y la respiración contenida.

Haruka recuperó fuerzas tras esa oleada de sentimientos y comenzó a mover sus labios, como si de verdad supiera lo que estaba haciendo.

Michiru correspondió el gesto y lo hacía con más urgencia conforme los segundos pasaban entre las gotas de lluvia...

El sonido de un fuerte claxon les interrumpió de abrupta manera. Se soltaron de golpe, tomando distancia suficiente una de la otra mientras un par de luces llegaban por detrás de la pared que las protegía de la lluvia. El Teniente ya estaba ahí.

Tras acomodar la motocicleta en la parte trasera de la camioneta, ambas subieron al vehículo mientras el Teniente narraba el viaje que había hecho hasta ahí.

- ¿Qué tal el concierto, Haruka no se durmió? – preguntó con tono de broma.

- No la dejé dormirse... – contestó Michiru con una risilla. Actuaba bastante natural ante el padre de Haruka.

- Oye, eso no es cierto – reprochó la rubia, haciendo una buena actuación también.

Mientras el Teniente reía un poco, las jóvenes chocaron sus miradas y se sonrojaron al momento... de inmediato, dirigieron sus miradas al frente tratando de no delatarse.

El padre de Haruka sencillamente les miró de reojo, al mismo tiempo que ampliaba su sonrisa y volvía su atención a la carretera.

Continuará...