PARTE 7 "Tus labios, mis labios"
Recién habían comenzado las vacaciones de verano, y el siguiente curso sería su último año en el colegio, de ahí era momento de buscar una buena Universidad y tener una prometedora carrera. Esos eran los planes, eso era lo que sus padres esperaban, todo estaba bien, tenía que estar bien… pero ya no lo estaba, desde aquel beso en el estacionamiento la tensión entre ambas había alcanzado un nivel desconocido.
Haruka estaba sola en casa, su padre había salido a una fiesta con sus viejos camaradas de la armada y seguro llegaría al día siguiente. A manera de despejar su confundida mente salió a dar un paseo en la motocicleta temprano, pero luego de derrapar y casi estamparse contra una señal de tránsito, desechó la idea. El sabor de esos labios frescos, la sensación de esa piel, el aroma suave de ese cabello. Quería más… y esa idea la llenaba de un miedo que no conocía.
- ¡Diablos! – se cubrió la cara con la almohada – Michiru… ¿porqué…?
¿Porqué las cosas habían tomado ese rumbo? Siempre había dicho a todos, incluso a sí misma, lo mucho que quería a Michiru. Ella era su vecina, su primer y mejor amiga, la hermana que nunca tuvo… ¿y ahora?
En algún momento recordó que un par de días antes habían planeado ir al lago donde el Teniente solía llevarlas de niñas. Las visitas al sitio fueron disminuyendo en los últimos tres o cuatro años, primero por el colegio, los estudios, las clases… fue un ataque de nostalgia lo que las hizo planear eso, se supone que su salida sería...
- Es hoy por la noche, ¿verdad? – miro sus cosas ya preparadas en una esquina. Una tienda de campaña, una mochila llena de cosas, algunas víveres.
Tomó el móvil y vio la hora, era mediodía. No había ningún mensaje… y en verdad no sabía porqué esperaba uno si entre ella y Michiru habían desarrollado un lenguaje único de señas, gestos y miradas. No le veían ningún sentido a los limitados mensajes digitales. Dejó el móvil en el mueble junto a la cama y se quedó tirada en su cama otro rato sin saber qué hacer.
Mientras, en la casa vecina Michiru tampoco estaba en las mejores condiciones. Sus cosas para el viaje igualmente estaban listas, se supone que la iban a pasar bien el fin de semana, que nadarían en el lago, que comerían peces recién pescados, que platicarían de muchas cosas frente a la fogata y que contarían las estrellas cuando llegara la madrugada.
Michiru ya sabía lo que quería… quería a Haruka, la quería cerca, la quería toda… lo supo desde el momento del beso… o mejor dicho, lo sabía desde siempre.
- Sería una pena si se cancela el viaje al lago, ¿no creen? – preguntó a las muñecas en el estante.
Una muda respuesta la hizo sonreír ligeramente.
- Supongo que no debo esperar ninguna ayuda cuando el asunto es solo de ella y mío – las muñecas relucían su piel de porcelana y sus encajes – Y ya sé lo que debo hacer… - sonrió de nuevo y se puso de pie.
Tomó una ducha y sacó algo de ropa adecuada para el viaje en motocicleta. Pantalones cortos, una blusa ligera, zapatos tenis. Para cuando acabó de cambiarse ya era la hora de la merienda. Solo se encontraba su madre en el comedor, puesto que el caballero aun no llegaba del trabajo. La dama le recibió con la sonrisa de revista de siempre.
- ¿A qué hora se irán, Michiru?
Sin respuesta.
- ¿Michiru?
La aludida salió de un súbito trance y miró a su madre con un gesto ligeramente sorpresivo.
- Lo siento, madre, no estaba poniendo atención.
- Pregunté que a qué hora saldrían hoy.
- A las seis de la tarde, antes de que anochezca, llegaremos a buena hora para poner el campamento.
La dama asintió y enseguida le dio algunos consejos para el camino, mismos que Michiru no pudo recordar apenas acabó de comer y regresó a su cuarto para sumirse en sus propios pensamientos.
Pasó una, dos, tres horas… y ya estaban por las seis de la tarde. Suspiró, tomó su ligera mochila, bajó a despedirse de su madre y, en un supremo arranque de valor, fue a la casa vecina a tocar el timbre. No pasó mucho antes de que una sorprendida Haruka la abriera la puerta. Michiru le sonrió de natural manera y entró a la casa.
- ¿Estás lista?
Haruka parpadeó un par de veces antes de hacer un par de sonidos inaudibles.
- Ah… ¡si! – se pasó una mano por el cabello a manera de acomodarlo – No tardo.
Michiru vio a su amiga correr a su cuarto y bajar las cosas con veloz carrera. Sonrió. Si quería aclarar las cosas con Haruka, tenía que ser a solas y en un lugar adecuado. El lago era un buen lugar.
Haruka no sabía cómo sentirse en ese momento, mil cosas le rondaban por la mente, pero luego de un largo suspiro a solas en su cuarto, se tranquilizó. Se habría sentido terrible tener que cancelar el viaje que habían planeado por semanas. Tomó un par de cascos y le dio uno a su compañera apenas la topó en el recibidor de la casa. Una amplia y natural sonrisa iluminó el rostro de Michiru.
- ¿Lista?
- Qué bueno que vine quince minutos antes o te quedas dormida – dijo Michiru con una alegre mueca, provocando otra sonrisa en Haruka – Tenemos que llegar antes que oscurezca demasiado, ¿o no?
- Cierto, andando.
Para cuando ambas se dieron cuenta ya estaban en la carretera. Michiru fuertemente aferrada a la cintura de Haruka. Haruka atenta al camino y tratando de ignorar esos delgados brazos apresándole. El silencio reinó todo el camino, en primer lugar porque no sabían qué decirse en ese momento, en segundo… no podían dado que tenían los cascos, y quitárselos o levantar las caretas sería muy incómodo por el viento dándoles de frente.
Pronto apareció el paisaje verdoso que olía a nostalgia, los caminos estaban algo mas desgastados, pero no perdía la atmósfera tranquila que ya conocían. Un calor les abrazó a ambas apenas vieron los destellos claros del lago entre los árboles. El motor se detuvo muy cerca del lago y ambas bajaron a estirarse luego del largo viaje. Aun no oscurecía del todo, por lo que Haruka puso manos a la obra para armar la tienda, mientras Michiru se encargaba del fuego.
Para cuando llegó la noche el campamento estaba listo y presto.
Silencio.
Los sonidos del bosque y el crepitar del fuego eran lo único que se escuchaba. Haruka miraba las llamas con un súbito rubor y las cejas ligeramente fruncidas, sin saber qué hacer. Michiru había perdido toda la seguridad y confianza de la mañana y se había quedado sin un buen discurso de apertura. Pero tarde o temprano alguna de las dos tendría que ceder y hablar francamente del asunto.
Un fuerte suspiro salió de la boca de Haruka.
- Michiru... yo… - giró la mirada hacía ella y aquellos ojos marinos la dejaron sin palabras.
Pero su acompañante no planeaba perder tanto tiempo con discursos cuando ya sabía qué era lo que quería. Si Haruka la odiaba luego de lo que tenía en mente, ya vería qué hacer.
- Shhh… - le calló Michiru suavemente y, sin mas demora, la besó con la misma delicadeza que la primera vez hacía un par de noches.
Haruka quedó de una pieza. Los primeros dos segundos no pudo responder, pero cuando lo hizo, ésta vez fue ella la que tomó el control de la situación. Rodeó a Michiru con ambos brazos y la pegó a su cuerpo. La chica de ojos marinos sonrió al sentir que su acompañante aumentaba la intensidad del beso, Haruka la besaba de manera casi desesperada, le mordía los labios, tocaba su lengua con la de ella, la dejaba sin aliento.
Terminaron el beso con fuertes respiros y uno que otro jadeo.
- Ahora sí… ¿Que tú qué, Haruka…?
- Que yo… te quiero, Michiru… - le sonrió.
- Y yo a ti, Haruka.
Aquellas sencillas palabras tuvieron un efecto casi analgésico en sus pechos. Haruka se sintió liberada de aquella confusión inicial, Michiru percibió un alivio en todo su cuerpo.
- No sé desde cuando, pero te quiero… - confesó Haruka recargando un poco su mentón en la frente de su compañera – Te amo.
- ¿Y no pudiste decírmelo antes en lugar de estar en cama sin hacer nada? – reprochó Michiru con una graciosa sonrisa, arrancando una risilla de los labios de su acompañante.
- Ya te lo dije, ¿contenta?
- Aun no – se le recargó – Tengo hambre y quiero probar la comida que seguramente nos dejó el Teniente para hoy – se le abrazó – y luego quiero que nademos un rato. Y estaré contenta.
- De acuerdo.
Pero Haruka no pudo estirarse para alcanzar su mochila, Michiru levantó el rostro de nuevo y le dio un largo y suave beso. La rubia se dejó llevar y solo atinó a mantener el apretado abrazo. Pasaron algunos minutos más y por fin Haruka fue libre de servir la cena. Michiru le miraba con una mezcla de ternura y diversión. Nunca pensó que un beso fuera tan liberador.
La cena la compartieron justo como estaba planeada. Platicando cosas sin aparente sentido, riendo, bromeando… solo que ésta vez estaban incluidas algunas caricias, besos ocasionales, manos entrelazadas y breves abrazos. En ningún momento les pasó por la cabeza lo que pasaría si sus padres se enteraban de eso. Y al parecer de momento ninguna de las dos quería pensar en eso. Era su momento y querían disfrutarlo plenamente.
Michiru cumplió su capricho de nadar un rato mientras Haruka le observaba. Si tenía que ser sincera, prefería verla a nadar. De esa manera podía apreciarla mejor.
- Oye, ¿no es así como comienza una película que vimos? La pareja que se va al lago a nadar, y la chica que entra primero y comienza a coquetearle al chico, y es cuando de la nada sale un maniaco o un monstruo.
- Hemos visto muchas así, realmente no sé porqué te gustan si todas tratan de lo mismo – rió – Siempre pasa eso. Primero la que nada se aleja lo suficiente para no poder ser salvada – nadó hasta internarse un poco en el lago – Luego coquetea a su novio quitándose lo de arriba del traje – se quitó la blusa – y luego le pide que entre al agua con ella.
Haruka rió de manera divertida mientras atrapaba la prenda que Michiru había lanzado.
- Pero podemos arruinar la trama si decido ir a dormir – sonrió ampliamente – Y si nadas desnuda te vas a enfermar.
- Ya voy, ya voy.
La chica salió del agua cual sirena del mar, provocando un sonrojo y una tímida mirada en Haruka.
- Anda, sécate o te vas a enfermar – dijo la rubia, aun sonrojada mientras la cubría con una toalla – Y mejor contaremos las estrellas desde la tienda - agregó, recordando que el techo de la tienda era de plástico transparente removible. – A menos que quieras que nos devoren los moscos.
- Hecho – sonrió Michiru mientras se dejaba secar.
Pero apenas entraron a la tienda, hicieron todo menos mirar las estrellas. Las ropas secas que Michiru recién se había cambiado terminaron cerca de la mochila, junto a la ropa de Haruka. Sus cuerpos sin trabas fueron los que recién se conocieron, sus labios intercambiaron besos toda la noche, sus dedos exploraron cada tramo de piel.
Solo se dejaron llevar, ya que eran realmente inexpertas en cuestión carnales. Ninguna de las dos tuvo alguna relación con alguien más en el colegio. Tenían fieles seguidores y seguidoras. Haruka tenía un club de fans a las que les mandaba galantes sonrisas. Michiru tenía todo un harem tras de ella a los que les daba desdeñosas y traviesas miradas. Pero fuera de eso no había más. Cuando algún pretendiente salía en serio por una, la otra inmediatamente lo corría.
Y aunque luego se reprochaban esos desplantes de celos, en aquel entonces solo parecía un simple juego… pero ahora todo tenía sentido.
Se amaron toda la noche y durmieron entrada la madrugada.
Y aun no les pasaba por la cabeza lo que llegaría a suceder si sus padres se enteraban… o siquiera si planeaban hacerlo.
Continuará…
