PARTE 8 Lazos de familia

Mediados del último curso, exámenes de mitad de curso. La ya conocida y familiar sensación de presión encima, quizá duplicada por los prontos exámenes de acceso a la universidad. El Teniente nunca había puesto presión alguna sobre Haruka, por lo que ésta estaba más que feliz por la idea de entrar a cualquier universidad que tuviera algún club de motorismo, cuadro o dos ruedas, esa parte no importaba siempre y cuando hubiera un motor de por medio. Por otra parte, la Dama y el Caballero esperaban algo muy distinto de Michiru. Dado su nato talento musical querían enviarla a alguna escuela de artes extranjera, pero al escuchar los planes Michiru alegó que la escuela no importaba siempre y cuando el estudiante diera lo mejor de sí; y sus padres, acostumbrados siempre a lo mejor y mas renombrado, insistían a su hija que lo mejor para su gran talento era una gran escuela.

La discusión seguía inconclusa después de largas noches de pláticas en el comedor.

Luego de terminar los exámenes la pareja se encontraba en un café pasando el rato. Gracias a su apariencia de chico Haruka fácilmente podía tomar a Michiru por el brazo o la cintura, incluso robarle besos sin llamar demasiado la atención; salvo por el hecho que las dos juntas hacían una pareja muy atractiva.

- Deberíamos ir al teatro después – comentó Michiru luego de escuchar un sin fin de insultos de moderada furia de parte de Haruka acerca de algunos profesores – Eso te calmará…

- De acuerdo – suspiró Haruka – Solo si después vamos a cenar algo.

- Hecho.

Una sonrisa bastó para calmar a la rubia, pero ésta notó fácilmente que algo molestaba a su pareja… y ese algo no era reciente. Haruka no necesitaba que Michiru le contara todas sus penas, le bastaba notar el cambio en sus gestos para saber cuando estaba de mal humor, molesta o deprimida. Y casi todos esos sentimientos no deseados eran a causa de sus padres, eso siempre lo había sabido. Y, de igual manera, sabía cómo tranquilizarla y hacer que se relajara para que al fin se decidiera a contarle el problema en turno. Nunca fue del tipo que insistiera demasiado.

- ¿Porqué no en lugar del teatro vamos a la piscina del deportivo de la ciudad? – propuso Haruka con un gesto bastante neutral – Tú nadas, yo te veo. ¿Te agrada la idea?

Michiru por un momento pareció sorprendida, pero el gesto duró menos de un segundo. Enseguida sonrió y asintió casi agradecida.

El deportivo cerraba hasta tarde. Era un edificio hecho para prácticas deportivas de las escuelas de los alrededores. Mantenida con donativos y haciéndose de fama cuando los estudiantes que practicaban ahí ganaban alguna competencia, siempre tenían las puertas abiertas para sus competidores consentidos.

No había pasado ni una hora de que abandonaron el café cuando Michiru ya estaba flotando en la piscina. Haruka holgazaneaba cerca de ahí, contentándose con escuchar el silencio interrumpido por los chapoteos y los clavados de su compañera. Michiru en ese momento estaba totalmente en ese mundo exclusivo que tanto amaba: el agua. Ahora que lo recordaba, la entrenadora del equipo de natación de la escuela le había dicho que podía contactarla con un par de universidades con buenos programas deportivos… pero Michiru no quería eso. No veía el agua como un medio, si no como un ente al que ella sentía pertenecer justo como una criatura acuática.

Siguió nadando no supo cuánto tiempo mas, pero al asomar la cabeza del agua lo primero que vio fue la cara de Haruka.

- Si sigues haciendo eso me darán mas celos – sonrió la rubia – Te entregas al agua sin dudarlo y a mi me haces esperar.

Michiru soltó una fina y divertida risa, provocando una feliz mueca en Haruka. Le ayudó a salir del agua y le dio una toalla seca.

- Lo dice quien trata mejor al auto del Teniente y a la motocicleta que a mí…

- ¿Celosa?

- Quiero ver que la motocicleta te abrace.

La rubia rió un poco y le dio un pequeño beso en la mejilla.

- ¿Sabes?... – murmuró Michiru – Mis padres han estado insistiendo en enviarme a una escuela en el extranjero.

Luego de aquellas palabras hubo un largo silencio. Haruka se había quedado helada ante la sola posibilidad de estar lejos de Michiru.

- ¿Irás? – preguntó luego de tragar saliva.

- Claro que no, tonta – sonrió Michiru de manera algo triste y miró a Haruka con reproche - ¿Cómo pudiste pensar que te dejaría?

- Michiru…

- No podría estar sin ti… y me duele que mis padres no se den cuenta de ello.

Haruka se quedó sin palabras por unos momentos. El Teniente no solía preguntar muchas cosas, solamente eran las preguntas de rutina de "¿Cómo les fue?" y constantes "¿Se divirtieron?" Fuera de ello Ichiro no indagaba demasiado, si no que solía meditar las respuestas de su hija y dejarlo así… como sí imaginara perfectamente bien todo. La rubia pensó en la simple posibilidad de que su padre sí supiera lo que pasaba entre ella y Michiru. Se tocó la frente ante aquella idea que no era del todo descabellada, después de todo, la persona que mejor la conocía, ademas de Michiru, era su propio padre.

Por su lado, Michiru luchaba con sentimientos encontrados ante el repentino interés de su madre en los detalles de las citas que tenía con Haruka, los frecuentes comentarios sobre lo masculina que lucía la rubia y el hecho de que parecía más un chico que una chica. Y no solo eso, si no que la Dama seguido le mostraba fotos de algunas fiestas de beneficencia y señalaba a tal o cual hijo de alguna amistad, que era de la misma edad que Michiru y que tenían muchas cosas en común. Ese tipo de pláticas incomodaba muchísimo a la chica.

- Yo tampoco podría estar sin ti, Michiru, simplemente no podría – dijo Haruka con un tono de voz casi desesperado.

- Haruka…

- ¿Pero no se supone que en estos casos yo debería apoyarte y decir que en una buena escuela extranjera te superarías mucho? – la miró con algo de desconsuelo - ¿No debería decir que podría esperarte a que regreses? … ¿No debería ser algo así…? – miró el agua – Pero no puedo, te quiero conmigo, a mi lado, quiero verte aunque sea desde mi ventana, platicar contigo lado a lado, quiero… quiero besarte y sentir tu cabello… eso es lo que quiero.

Michiru se cubrió la boca en un intento de reprimir una pequeña lágrima. Con su mano libre tomó la de Haruka y sin pensarlo demasiado le dio un beso en la mejilla.

- Eso es lo que quiero yo también. Se supone que seamos algo en ésta vida, pero lo que realmente deseo es estar contigo. No podría explicar porqué, solo siento eso.

- ¿Sabes?... deberías ir a alguna de esas universidades que dicen tus padres – la miró con una sonrisa cómplice – Y yo deberá ir contigo.

- Haruka…

- No tenemos porqué separarnos realmente, ¿o si?

La chica de cabellos marinos meditó la idea y sonrió de manera tonta ante el drama innecesario que acababan de armar. Miró a Haruka y sonrió dulcemente antes de darle un largo beso en los labios. La rubia respondió el gesto.

- ¿Crees que deberíamos decirle a nuestros padres sobre esto?

- Aun no, Michiru, no es el momento. Me encantaría anunciar a toda voz que estamos juntas, pero no necesito que nadie más lo sepa salvo tú.

- Cierto.

- ¿Volvemos a casa? Ya es algo tarde.

- Espero a que te cambies, anda.

Cinco minutos después ambas ya iban de regreso a casa sobre la veloz motocicleta.

La idea de la universidad realmente no sonaba TAN mal ahora que Haruka había dado la opción de ir con ella. Después de todo, ¿quién negaría el pase a una escuela de arte a una pianista de buen nivel como Haruka? De esa manera podría estar con ella y compartir más tiempo, dormir y amanecer juntas. El solo pensarlo era una idea que la llenaba de total alegría.

Al llegar a casa se despidieron como siempre y cada una entró a su respectivo hogar.

Michiru cenó con sus padres como de costumbre y de nueva cuenta comenzó el interrogatorio de la Dama.

- Cada día llegas mas tarde, Michiru, ¿Dónde estuvieron?

- ¿Uh? Estuvimos en un café y luego me acompañó a la piscina del deportivo – sonrió con naturalidad – Puede parecerte difícil de creer, pero necesito estar despejada para los exámenes de la universidad.

- Con razón se tardaron, siempre te ha gustado mucho estar en el agua – apuntó el Caballero escudado por los informes de la oficina.

- ¿Y qué has pensado con respecto a la universidad? – insistió la Dama.

- Lo he estado pensando bien, mamá, lo razoné mejor mientras nadaba. Y tienes razón. Una escuela con más recursos me ayudará.

La Dama pareció complacida ante la respuesta y no tardó en mostrarle los folletos de los conservatorios de arte y música. Michiru, ésta vez, se tomó su tiempo para ver bien las escuelas. Las últimas veces ni siquiera había prestado atención.

Por su lado, Haruka se llevó una enorme sorpresa al entrar a su casa y no escuchar a su padre darle la bienvenida como de costumbre. Se asomó al taller, pero estaba todo apagado, el comedor y la cocina estaban limpios, tampoco parecía estar en la bodega de atrás. Extrañada, fue al dormitorio del Teniente y sintió la sangre helársele al ver a su padre con medio cuerpo tumbado en la cama y el resto colgando en el suelo.

- ¡¡PAPÁ!!

Fue a revisarlo. Ichiro abrió los ojos con algo de trabajo y tosió, en sus manos tenía un frasco con diminutas pastillas y con algo de esfuerzo tomó una. Hizo que Haruka le ayudara a recostarse.

- Estoy algo enfermo, es todo – dijo el Teniente con una sonrisa – Tendrás que pedir algo de comer, porque no tuve tiempo de cocinar.

Haruka seguía sin habla, en el mueble junto a la cama vio la receta y algunos estudios médicos. No hizo caso de las palabras de su padre cuando le dijo que solo eran estudios de rutina y que no había nada interesante en ello. Pero a la rubia le dio un vuelco en el corazón al ver y traducir los resultados de los análisis.

Ichiro tenía un padecimiento de la sangre. Leyó el informe y al ver la enfermedad que atacaba a su padre cayó de rodillas. Era Mieloma, y según lo que entendió de la receta y el informe médico, era un padecimiento maligno que degeneraba la sangre, provocando anemia entre otros problemas.

- ¿P-Pero esto se te va a quitar, verdad? – preguntó Haruka con la voz quebrada.

- ¡Claro que sí! ¿Acaso crees que un Tenou se va a dejar vencer por una simple enfermedad? Nada mas acabe mi tratamiento estaré como nuevo.

Pero Haruka lo sabía… su padre estaba mintiendo. E Ichiro se dio cuenta de eso.

- Papá…

- Lo siento… - murmuró el Teniente con una triste sonrisa.

- ¡No digas eso, papá! ¡Te tienes que recuperar, tienes que hacerlo! – para ese momento la voz de Haruka sonaba ahogada y sus ojos se llenaban de lagrimas.

- He criado una hija fuerte que no debe llorar – dijo el viejo militar con una sonrisa cansada y le acarició el cabello – Además no te quedas sola, estarás con Michiru, ¿no es así?

La rubia solo se recargó en el pecho de su padre y siguió luchando por contener las lágrimas.

- Siempre lo he sabido, te conozco, Haruka – siguió con la misma caricia – Te conozco mas de lo que crees, amas a Michiru y ella a ti.

- Papá… - murmuró apretando el suéter del Teniente.

- Por eso me quedaré tranquilo sabiendo que no estarás sola.

- ¡¡No digas eso, no puedes dejarme!! – gritó ya fuera de control - ¡¡Te vas a curar y estarás bien pronto!!

- Lo siento, hija… no me queda demasiado tiempo…

Haruka sentía el estómago hueco, la mente le zumbaba y las lágrimas seguían saliendo.

- No hay cura para esto que tengo… de verdad lo siento…

- No me dejes, papá.

- No debes llorar, Haruka, eres fuerte… - dijo Ichiro con los ojos cerrados y una firme caricia en la espalda de su hija – Debes volar con tus propias alas y hacer lo que desees hacer, eso siempre te lo he enseñado.

- Papá…

- No moriré hoy, ni mañana, aun tengo tiempo y prometo avisarte antes. Porque te quiero a mi lado, quiero verte fuerte como siempre e irme sin arrepentimientos. Eso es lo único que podría pedirte – tosió un poco.

La rubia asintió aun entre lágrimas.

- Deja que me recupere y ve pidiendo algo de cenar, anda – la obligó a levantar el rostro y le brindó una cálida sonrisa.

- Sí, papá…

Haruka salió del dormitorio con pasos lentos sin cerrar la puerta.

Apenas sintió que la chica ya se había alejado lo suficiente, Ichiro no pudo contener un par de lágrimas. Se lo había estado ocultando tanto tiempo y ahora lo había atrapado. No quería opacar aún aquella radiante sonrisa que le recordaba tanto a su difunta esposa, pero un mareo lo atrapó y no se dio cuenta que su hija había llegado a casa.

- Lo siento tanto, hija… - apretó las sábanas en su silencioso llanto, sin saber que Haruka también ahogaba sus lagrimas contra un cojín de los sillones.

Continuará…

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