PARTE 9 Toma mi mano
No era difícil darse cuenta, no para Michiru. Había muy pocas cosas en ese mundo que podían hacer a Haruka deprimirse, de hecho sólo había dos cosas que podían tener a su compañera con ese humor decaído que no se preocupaba del todo por ocultar. Una de esas cosas era tener alguna discusión con ella, como toda pareja ellas también tenían discusiones de cuando en cuando, si no era por los riesgos innecesarios que Haruka tomaba al escaparse a las carreras clandestinas de motos, era por alguna tontería de la que casi siempre se olvidaban luego de reconciliarse.
Otra de esas cosas que podía deprimir a Haruka era su padre.
Michiru adivinaba que era algo grave, porque su rubia compañera de verdad estaba consternada con lo que sea que estuviera pasando. No insistió, Haruka normalmente dejaba que las palabras salieran solas, solo era cuestión de esperar un poco mas. En realidad le preocupaba mucho verla así, por lo que apenas si resistía las ganas de comenzar a interrogarla.
Salieron de clases como siempre, pero el humor que las envolvía no era el de costumbre. Michiru había intentado contarle acerca de la universidad que había elegido, pero Haruka no le había apuesto atención.
- Haruka…
- Lo siento. ¿Podemos parar un momento? – preguntó Haruka deteniéndose a medio camino, estaban cerca de la salida a la zona habitacional. Una pequeña arboleda estaba a la vista.
- Claro, vamos. Si seguimos así como estás nos vamos a matar – rió un poco, pero la broma no hizo reaccionar a su compañera.
Se sentaron en un banco de concreto sin respaldo, la sombra era agradable y el viento fresco, pero ni esas cómodas condiciones hicieron efecto alguno en Haruka. Michiru le miró fijamente, y no tardó demasiado para que Haruka finalmente se derrumbara.
- Papá está enfermo… - murmuró con un tono de voz apenas audible.
Pasaron dos segundos antes de que Michiru reaccionara. Repasó mentalmente y una por una las tres palabras que había dicho su pareja. ¿Enfermo?... Lo pensó un poco más. No sonaba a un resfriado, una infección, quizá algún dolor en el cuerpo… no… Ella sabía que el Teniente era muy saludable, lleno de energía y que jamás se cansaba. Ahora que lo recordaba bien, últimamente se le veía mas tranquilo, ya casi no salía a correr por las mañanas, Haruka le decía que era porque se había quedado dormido y que por mucho que lo moviera no lograba que saliera de la cama, cosa que Haruka siempre interpretó como simple pereza.
Debía ser algo más grave, más silencioso… quizá algo más terrible que un simple resfrío…
- Papá tiene una enfermedad en la sangre que lo está matando lentamente… - dijo Haruka enterrando su rostro entre sus palmas, y luego ya no pudo decir más.
Michiru sintió como si la sangre hubiera abandonado su cuerpo en un instante. Recuperó el aire dos segundos después. Ahora entendía muchas cosas… Haruka debía estar deshecha, pero bien sabía que Haruka no necesitaba un abrazo reconfortante, lo que un Tenou necesitaba era un buen empujón para retomar vuelo. No por nada había compartido los últimos diez años de su vida conviviendo con Haruka y el Teniente.
- ¿Y dejarás que te vea así, Haruka? – preguntó Michiru en voz alta y con tono estricto. - ¿No piensas en el dolor que debe tener el Teniente al saber cómo te encuentras?
Haruka alzó el rostro y miró a su pareja con los ojos muy abiertos.
- ¿De verdad quieres que te vea así? – preguntó de nueva cuenta. – ¿Tan débil y deprimida a pesar que él sigue aquí?
- Michiru…
- El Teniente está vivo hasta donde sé, te espera en casa para preguntarte por los deberes, por los documentos de la universidad y para hablar de tonterías. ¿De verdad quieres llegar así a casa y darle más penas a tu padre?
Sí, eso era lo que necesitaba un Tenou, un empujón, no un abrazo nI un consuelo. Haruka era fuerte, tan fuerte como su padre, ella no necesitaba que le tuvieran lástima. Claro, Michiru se decía todo eso mientras aun trataba de sopesar la noticia. Ella quería y estimaba mucho al Teniente, era como un segundo padre para ella y el saber que estaba muriendo no estaba siendo algo fácil de sobrellevar. Más su preocupación en ese momento era Haruka, ya después lidiaría con sus propias tristezas.
La rubia le miraba con los ojos aperlados por lágrimas prisioneras y un gesto de sorpresa, mismo que desapareció cuando Michiru le ofreció su mano.
- Andando, hoy me dieron ganas de comer en tu casa.
Haruka finalmente sonrió y tomó aquella pálida y delgada mano.
No necesitaban decir más cosas, no en ese momento. Aquellas palabras y ese sencillo gesto hicieron efecto inmediato en Haruka y pronto el ambiente regresó a la normalidad. La rubia había entendido cada una de las palabras de Michiru. Tenía razón y le alegraba mucho tener a alguien como ella a su lado para que le ayudara a plantar los pies de nuevo en la tierra. Su padre seguía vivo, eso era cierto. Nada le estaba diciendo que él moriría al día siguiente o la semana entrante. No. Estaba entristeciéndose por adelantado. No iba a permitirse perder el precioso tiempo que le quedaba con él.
Era más que sabido que la gente eventualmente moría, unos más pronto que otros sin importar edad, género, credo o condición social. Mentiría si dijera que ya no sentía angustia por la situación, pero la angustia siempre nubla los sentidos y dejarse cegar por ella le iba impedir estar al lado de padre cualquiera fuera el tiempo que le quedaba.
Los pensamientos de Michiru no eran demasiado distintos al de Haruka, pero ella aun quería ver al Teniente y, de ser posible, hablar con él a solas.
Al llegar a casa ambas fueron directamente con el Teniente, que en ese momento estaba en la cocina preparando algo de pasta con carne. Sin preocuparse en ese momento de guardar la motocicleta, Haruka fue directo a la cocina y, acto seguido, abrazar a su padre con la fuerza que pudo reunir en ese momento. El Teniente se había quedado quieto por la sorpresa. La chica pudo sentir de manera más palpable las palabras de Michiru. Él seguía ahí, ese cuerpo fuerte que desde pequeña le había enseñado a volar, el torso amplio, el aroma cálido, aquella sensación de seguridad que dan las alas de plumas hechas para proteger. Su padre seguía ahí con ella.
Ichiro le dio un fuerte abrazo y luego le palmeó la espalda en un divertido gesto.
- Si la comida se quema será tu culpa y no creo que quieras cocinar – dijo el Teniente revolviéndole el pelo. – Ve a lavarte, anda.
Haruka asintió obedientemente y fue al baño. Michiru entró a escena luego de acomodar la pesada motocicleta ella misma. Haruka ya le pagaría esa, de momento se limitó a acercarse al Teniente y dedicarle una sonrisa que contenía todo menos una alegría desbordante en aquel momento. El hombre le miró con cierta pena en la cara y suspiró.
- Supongo que ya te habrá contado.
- No todos los detalles, pero sí – respondió con algo de esfuerzo.
- No creo que sean necesarios – dijo luego de apagar el fuego. – Tampoco moriré mañana, aun tengo muchos años aquí – sonrió con su mueca traviesa de niño pequeño, la misma que le había heredado a Haruka.
Michiru sonrió pero no pudo resistirse a abrazarlo. El Teniente regresó el gesto con más delicadeza y le habló casi al oído.
- ¿Puedo pedirte algo?
La chica de cabellos marinos asintió, luchaba por reprimir las lágrimas. Ese no era el momento ni el lugar para llorar.
- Cuida de ella cuando yo me vaya. Te la encargo mucho… - dijo en voz más baja. – Sé que después de mi, la persona que más ama a Haruka en éste mundo eres tú, pequeña.
Michiru abrió los ojos como platos al escuchar eso. El Teniente había hecho especial énfasis en la palabra clave: ama. ¿Acaso él ya sabía que ella y Haruka estaban juntas?
- ¿Lo harás? – insistió al no escuchar respuesta.
- Lo juro…
- Gracias.
El hombre la soltó lentamente y regresó su atención a la comida. Michiru aprovechó el momento para recuperarse de la impresión y miró al Teniente poner la mesa. Normalmente en esa situación se ofrecía para ayudarle, más en ese momento no era capaz de articular palabra alguna o mover un músculo. Si el Teniente se había dado cuenta, entonces era seguro que sus padres sospecharan algo al menos.
Los pasos de Haruka irrumpieron en la cocina. Se notaba que se había lavado la cara para recuperarse, de algún llanto fugitivo seguramente. El Teniente rápidamente sirvió la comida y el resto del rato la pasaron hablando de cosas del colegio. Fue cuando Michiru aprovechó la oportunidad de comentar lo de la Universidad en el extranjero.
- Hay un par con muy buenos planes de educación en artes y con buenos programas deportivos – decía luego de mostrarles los folletos que su madre le había proporcionado.
- Algo de buena educación extra le vendría bien a Haruka – rió el Teniente.
- ¡Hey! – la aludida no parecía muy contenta - ¡Yo estoy bien educada!
- Lo dice la que dejó a su frágil amiga al cuidado de una pesada moto en la puerta de la casa – dijo Michiru con tono herido y dramáticamente exagerado.
- Pensé que la había educado bien – murmuró el Teniente con el mismo tono y siguiendo el juego de Michiru.
Haruka les miró con sorpresa, irritación y una mueca graciosamente deformada.
- Pensé que le había enseñado a tratar bien a las damas – continuó el hombro en una pose dramática.
- ¿No pensaste acaso que se podría caer encima lastimándome? – siguió Michiru.
- ¡Suficiente, dejen de jugar! – exclamó Haruka, presa de un sonrojo profundo.
Michiru y el Teniente permanecieron en silencio dos segundos, para enseguida echarse a reír a carcajada abierta.
- ¡Está bien, lo siento, no debí dejarte afuera! – dijo con voz más fuerte para tratar de escucharse entre las risas desenfrenadas. - ¡Dejen de reír!
Pero no pararon de reír si no hasta unos minutos después, para disgusto de Haruka.
Luego de comer y ayudar a limpiar un poco, la plática por fin se enfocó en el tema de las universidades. Eran buenas escuelas y ninguno de los Tenou pareció reacio a la idea de una carrera en el extranjero.
- Ésta me gusta, puedo aprender diseño automotriz aquí y tienen programas deportivos – dijo Haruka con súbito entusiasmo.
- Y buenos apoyos al arte – agregó Michiru. – Son estudios de cuatro años, tienen dormitorios para chicas y chicos, buenas instalaciones y seguro médico.
- ¿Viviremos ahí?
- ¡Claro que no! – intervino el Teniente. – No por nada soy jubilado y no gastamos dinero. – Les conseguiré una pequeña casa y vivirán juntas ahí, he escuchado que estos chicos universitarios de ahora están muy desbocados. No quiero que agarren malas influencias.
Ante la idea ambas chicas se sonrojaron profundamente.
- Además tengo un amigo que vive ahí, seguramente él podrá contactarme con alguien – continuó el hombre.
- Papá… ¿no crees que exageras? Sólo serán cuatro años… - dijo Haruka con las mejillas encendidas y los nervios a flor de piel.
- ¡Claro que no! – sonrió. – Tampoco será algo ostentoso, solo lo necesario para dos personas. Pero si quieren puedo pedirlo rentado.
- ¿Podemos platicar después de eso? – intervino Michiru, cuyos nervios están a la par que los de Haruka. – Primero tenemos que preparar el papeleo, ver el examen de admisión, las cuotas y todas esas cosas, usted sabe.
El Teniente echó a reír de nuevo, se puso de pie con la clara intención de salir del lugar.
- Además ustedes lo decían de niñas – dijo – que iban a vivir juntas cuando fueran mayores. ¿O ya lo olvidaron?
Las chicas hicieron memoria. Más pequeñas cuando jugaban a la casita Haruka siempre había dicho que vivirían juntas y que ella cocinaría para ambas, a lo que Michiru contestaba que en su casa tendrían un jardín amplio con muchas flores.
Luego de que el hombre dejara la cocina ambas se miraron. Compartieron una sonrisa y se tomaron de las manos con fuerza.
- Soy una persona de palabra. Supongo que debo cumplirte ahora – murmuró Haruka con una pequeña sonrisa.
- Y más vale que lo hagas, yo no pretendo cocinar – contestó Michiru con un gesto similar.
La vida tenía que seguir. El Teniente seguiría más tiempo con ellas. Pasara lo que tuviera que pasar, tenían que seguir adelante.
Un pequeño beso fue el pacto callado de aquella muda promesa: seguir juntas adelante pasara lo que pasara.
Continuará…
Nota: Normalmente no suelo hacer comentarios en los fics ya que no está permitido en las reglas de la página, pero ésta ocasión lo amerita. Éste capítulo va dedicado a MaritzadeTenoh, muchas gracias por compartir tu experiencia conmigo. La verdad nunca esperé que lo que escribí pegara con lo que alguien ya vivió, en verdad me tomó por sorpresa. Muchas gracias por leer mi historia, y también gracias a los que siguen leyendo.
Una disculpa por el retraso, pero la verdad estaba algo atorada. Luego de leerme todos sus reviews ya sé cómo seguir. Una segunda disculpa por los errores en los primeros capítulos, más que errores, más bien son letras y guiones faltantes porque por alguna razón el sistema de se comió y me da la pereza de la vida corregirlos.
¡Gracias a todos y todas por estar al tanto de la historia!
