PARTE 11 Un Nuevo Comienzo
A comparación del tranquilo, controlado y cerrado ambiente de la Preparatoria, la Universidad era un mundo nuevo. Había toda una variedad de personajes que era imposible quedarse mirando en un solo lado. Al ser una universidad con un programa mayoritariamente artístico, los artistas que asistían eran de todos los tamaños, colores y sabores. Desde elegantes princesas hasta anarquistas vestidos con pedazos de ropa y los cabellos alzados en punta.
Los había poetas, pintores, dibujantes, novelistas, escultores, músicos, cantantes, actores, directores, bailarinas, animadores y un sinfín de variedad que era complicado enlistar a primera vista.
- Ésta vez yo dirijo el camino o nos perderemos como aquella vez – fue lo primero que dijo Michiru al ver la enormidad de aquella escuela. La preparatoria era como un pequeño patio en comparación con esa enorme ciudadela, que estaba rodeada de una barda en tonos cobrizos y metal en negro. – Según la guía, debemos ir al edificio 10 e ir con el encargado de la sección de música y… - no fue complicado darse cuenta que Haruka no le estaba prestando atención. – ¡Hey! – le llamó, jalándole una oreja
- Lo siento, je – rió Haruka – estaba un poco ocupada.
- ¿En qué, si se puede saber?
Su única respuesta fue señalar con una discreta mirada a un grupo de chicas, que desde hacía unos minutos las habían estado observando. Por sus caras, era obvio que le habían estado dando un buen vistazo a Haruka. Ante aquella familiar escena, Michiru no hizo más que sonreír y seguir el juego. Si hasta ese momento se sentían un poco fuera de lugar en ese variado ambiente, gracias a ese pequeño detalle se volvieron a sentir como en casa.
Sonriente, Haruka mandó un saludo con su mano al grupo de chicas, alborotándolas. Michiru, por otro lado, se sujetó del brazo de Haruka y puso un seductor gesto mientras le murmuraba cosas al oído. Luego de un rato de mandar indirectas a las chicas, Haruka se dejó besar por Michiru. Con eso se quedó muy en claro que ese "guapo chico" ya tenía dueña.
La pareja logró llegar al edificio en cuestión y terminaron el papeleo requerido. Sus clases comenzarían el lunes, por lo que tenían el resto del viernes y todo el fin de semana para comprar los libros, cosas e instrumentos que iban a necesitar. También necesitaban un trabajo, pues Ichiro se limitó a pagar la inscripción y la colegiatura del primer curso, Haruka y Michiru tenían que conseguir medios para sustentar su propia educación y forma de vida. Era un paso complicado, pero mientras estuvieran juntas, todo estaría bien.
De inmediato pensaron en una beca por desempeño académico, eso les ayudaría con los costosos gastos de la universidad, mientras que un par de trabajos de medio tiempo serían perfectos para sustentar los pagos de la casa.
Era como estar casadas con todas las responsabilidades que la condición ameritaba, pero sin papel firmado de por medio. Era una aventura muy interesante, si tenían que ser sinceras.
Luego del papeleo, anotar debidamente todas sus clases (de las cuales compartían casi todas) y explorar un poco más el lugar para no perderse en su primer día oficial de clases; fueron a conocer la ciudad y comprar las cosas que ocuparían. Por instrumentos musicales no tendrían problema, Michiru tenía su violín de toda la vida, sin mencionar que Ichiro se molestó en enviar el piano de la casa junto con la motocicleta de Haruka.
No tenían más tiempo de hacer el tonto, sabían que Ichiro no les mandaría más ayuda, que ninguna de las dos contaba, de momento, con alguna herencia o fondo financiero sólido, y que de los padres de Michiru no podían esperar demasiado. La casa tenía cosas muy básicas, pero necesitaban computadoras, más equipo de música, un refrigerador nuevo y surtir de libros el pequeño estudio.
Y como era de esperarse, por la noche se dieron el tiempo de entregarse la una a la otra, pero conscientes en todo momento que estarían ocupadas el sábado y el domingo buscando trabajo. Si algo les dijo Ichiro que nunca olvidaran, era que de besos no se comía. El dinero nunca sería sinónimo de felicidad, pero sí de supervivencia en un mundo que cada vez giraba más rápido.
-Mira, hay un centro de arte en el centro, podría ir a ver mañana y preguntar si hay vacantes para tutores de música – comentó Michiru durante el desayuno del sábado. – Puedo enseñar pintura, o música… tengo un poco de práctica en curación de obras y… - miró a su compañera al no escuchar comentario alguno. - ¿Haruka?
-Mesero… - murmuró, igualmente viendo el anuncio de clasificados del periódico. – Iré por esto, puedo conseguir muchas propinas con mi linda cara – sonrió ampliamente.
-Tienes razón… - murmuró.
-¿Verdad? Solo mírame, me veré genial en un traje de mesero y…
-No me refería a eso – rió, divertida, provocando un gesto poco complacido en Haruka. – Quería decir en buscar algo más simple. Con la Universidad de Artes a la vuelta de la esquina, dudo mucho que contraten a alguien de nuevo ingreso. No somos las mejores músicos del mundo, en la universidad debe haber mucha gente con el doble de nuestro talento.
-Era lo que estaba pensando, por eso me iré por algo que sé que puedo conseguir más fácilmente. Cuando tengamos suficientes ahorros y más estudios o, no sé, más opciones, podremos ir escalando – comentó Haruka, contenta. – Pero no perdemos nada con ir al centro de arte a ver qué encontramos. Luego podemos dar una vuelta por el restaurante y buscaré mi trabajo de mesero.
-¿Y por qué no de "mesera"? – preguntó, divertida. – Te verías muy linda con falda y delantal – comenzó a reír, provocando un sonrojo en Haruka. – Y medias, te puedo prestar las mías, y puedo enseñarte a andar en tacones, no es complicado, y no olvidemos el maquillaje, debes tener una linda cara para los clientes y…
Se soltó en una sonora carcajada al ver el gesto horrorizado de Haruka, era obvio que se estaba imaginando con todos los aditamentos enlistados por Michiru y el resultado no le agradó en lo absoluto. La rubia se sonrojó mucho luego de que la risa de Michiru se volvió incontrolable y tuvo que sujetarse el estómago.
-Podemos enviarle una foto a tu padre de tu uniforme de mesera – agregó, limpiándose una lágrima.
-Muy graciosa… - murmuró, bebiendo su jugo.
-Je, era broma, lo siento… - finalmente logró calmarse. – Terminemos de desayunar y vayamos al centro.
-Hecho.
El centro no quedaba tan lejos, por lo que Michiru prefirió ir caminando. Haruka no pudo decir que no a eso cuando sabía que tenían el dinero limitado y no podían estar gastando en combustible que podrían ahorrar. Agradeció que su padre también les enviara la bicicleta de confianza, al menos esa no requería gastos extra y Haruka sabía lo suficiente de bicicletas como para componerla en caso de cualquier incidente. Además notó sin problema alguno que Ichiro había hecho muchos ajustes a la bicicleta, por lo que el mantenimiento futuro sería mínimo.
El centro, como bien sabían, era un lugar muy activo y lleno de vida. Tal cual como quedaron, fueron al centro de artes; y tal como suponían, no daban mucho lugar a gente sin experiencia académica, les daban prioridad a los estudiantes con más tiempo en la universidad y con más experiencia. Ciertamente, los conciertos privados en las fiestas familiares y las clases de música de su cómoda vida anterior no contaban como "experiencia".
De ahí se dedicaron a buscar en los restaurantes del centro. Había muchos con pintas muy agradables, se decidieron por el que vieron en los clasificados del periódico: "Moon Castle", que era un restaurante de apariencia agradable y ambiente acogedor. El interior tenía discretos pero considerables adornos de lunas crecientes, las mesas tenían el color plateado de la luna llena y, según comentarios que escucharon por varios lados, la comida era particularmente deliciosa.
También era sabido que alguna gente del personal vivía en la parte superior del restaurante, que funcionaba como una casa normal para el Gerente y los dueños del concurrido local. Se decía que estos eran una familia muy agradable y amable.
Lo primero que hicieron fue preguntar a un mesero por el Jefe de Personal, anotando que habían llegado por el clasificado del periódico. Pero descubrieron que no había Jefe de Personal, sino que fueron directamente a oficina del gerente. El Gerente, o menos dicho, la Gerente, era una mujer joven con intensos ojos rojos, una larga cabellera verde oscuro y muy guapa, cabría mencionarlo. Notaron que estaba revisando una pila de papeles y esperaron a que les pusiera atención.
-¿Vienen por el trabajo de meseros? – preguntó la mujer, ambas asintieron. – Bien, porque hemos estado algo cortos de personal últimamente – sonrió. – Soy Setsuna Meiou, Gerente del Moon Castle y Jefe de Personal. Cualquier cosa que necesiten o quieran saber, vengan conmigo. ¿Y ustedes son…?
-Haruka Tenou, un placer, .
- Y yo soy Michiru Kaiou, mucho gusto.
Como ya iban preparadas con currículum en mano, presentaron sus papeles y Setsuna solo contempló las hojas y a las dueñas de ésta de manera alternada, parecía analizarlas detenidamente. Al preguntarles el por qué querían el trabajo, ambas explicaron que acababan de entrar a la Universidad de Arte y que tenían que conseguir un modo de vida que les permitiera seguir con sus estudios y mantener los gastos de su pequeña casa.
La respuesta complació a Setsuna y llevó a ambas chicas… porque cabía mencionar que Setsuna de inmediato se percató que Haruka era una chica y no un chico, y les dio un rápido tour por el restaurante.
-Una de las políticas aquí, es ayudar precisamente a gente que busca superarse, la mayor parte de nuestro personal son estudiantes todavía. A los dueños les gusta ayudar a la gente, y dar trabajo a jóvenes estudiantes es su manera de dar una mano. Y por lo mismo que son estudiantes, cuando sus deberes son demasiados o pasan a otro nivel, deben dejar de trabajar aquí. Nuestro personal siempre cambia año con año, unos pocos son los que llevan un considerable tiempo trabajando con nosotros – explicó Setsuna.
Les mostró los vestidores, la zona de empleados, los baños, la entrada a la casa de arriba y finalmente a parte del personal que laboraba ahí. Lo siguiente fue una pequeña oficina al lado de la suya.
-Ella es Ami Mizuno, la encargada de las finanzas – presentó a una joven de cabello corto y azulado. – Ami, aquí están nuestras nuevas meseras.
-Mucho gusto – respondió de manera tímida.
-Un placer – respondieron ambas, un tanto sorprendidas al notar, sin problema, que esa chica debía ser más joven que ellas.
-Llévense bien con Ami, es la que les dará sus cheques cada fin de semana – dijo Setsuna con una sonrisa. – Es estudiante de preparatoria, pero un genio en matemáticas, por eso la tenemos aquí. - Enseguida las llevó a la cocina del restaurante, donde una alta chica de cabello castaño ya tenía a varios cocineros trabajando. – Ella es Makoto Kino, la Chef y la responsable de la sazón que hace famoso a éste lugar.
-¡Hola! – saludó Makoto con una enorme sonrisa y enseguida regresó al trabajo. - ¡Minako se pondrá feliz con la ayuda, la pobre va a enloquecer si tiene que atender más gente de la que puede! – exclamó desde lejos.
-¡Lo sé! – respondió Setsuna. – Una de nuestras meseras de cabecera es Minako – señaló a una agradable rubia que atendía a un par de clientes. – Ella les mostrará la forma adecuada de servir y atender a los clientes. El resto de los empleados vienen por la tarde, así que podrán conocerlos. La mayoría son chicas por excepción del personal de limpieza y los de seguridad.
Haruka y Michiru se miraron de reojo. El lugar era perfecto para trabajar y dar un buen comienzo a su estadía oficial en aquella nueva ciudad.
A la hora de firmar papeles y cerrar el contrato, Setsuna les ofreció los turnos de la tarde-noche, que serían de las cinco hasta medianoche. Recibirían un pago semanal y un día de descanso a elección suya. Si tenían que atender algo de la escuela entonces tendrían permisos para faltar, especialmente en épocas de exámenes. Recibirían sus uniformes, y la verdad no le molestaba que Haruka siguiera vistiendo como chico, un mesero atractivo atraería a mucha clientela joven. Igualmente les comentó que era normal que el restaurante se rentara para eventos privados, por lo que esos días la paga solía subir y las propinas eran sustanciosas.
Era un muy buen sitio para trabajar, de eso no había ninguna duda. Comenzarían el lunes por la tarde, llegando recibirían sus uniformes, mismos que el restaurante les iba a proporcionar; y razón por la que en la hoja de trabajo pedían medidas y tallas.
Salieron del Moon Castle con una copia de sus contratos y una sonrisa en la boca.
-¿Ves? Nunca me falla el instinto – dijo Haruka con un gesto alegre mientras rodeaba a su pareja con un brazo. – Ya tenemos un buen trabajo en un buen lugar.
-Yo sé que no te falla el instinto – señaló Michiru con una mueca divertida, que enseguida se convirtió en una orgullosa. – No por nada me elegiste a mí – sus palabras hicieron que Haruka soltara una pequeña risa. – En cuestión de unas semanas podremos comprar las computadoras y contratar una línea de teléfono.
-Y con las propinas podremos comprar todo lo demás que necesitemos para las clases, al menos hasta que consigamos las becas – agregó Haruka, emocionada ante esa posibilidad. – Y después un auto, aun extraño el que rentamos cuando llegamos aquí.
-Vayamos con calma – dijo Michiru con una risilla. – Con éste sueldo y las propinas estaremos bien y lograremos ahorrar, ya después veremos si logramos escalar un poco más o conseguir otro trabajo.
-Hecho.
-Aunque la idea de que le estés sonriendo a otras chicas, y el hecho de que trabajen lindas colegialas con nosotras me preocupa un poco – dijo de repente, despegándose del abrazo y adelantándose un poco.
-¿Uh? ¿Por qué lo dices?
-Porque son muy lindas y dulces, estarán en peligro contigo cerca – continuó con un tono dramático. – El pensar que les vas a coquetear y las vas a acosar me da mucha pena por ellas…
-¡Oye!
-Son como inocentes ovejas con un lobo feroz detrás… - agregó.
Al verla enrojecida, Michiru se soltó a reír de manera divertida. Bien sabía que a Haruka le encantaba coquetear y eso nunca le había molestado, pero casi siempre era con chicas de su edad. El imaginar a las chicas del restaurante con Haruka le causó mucha gracia. Haruka intentó argumentar algo a su favor, pero Michiru la conocía muy bien, ella sí iba a coquetear con aquellas jovencitas, pero nunca lo había hecho por malicia, ni de burla ni por molestarlas… y ahora Michiru acababa de pintarla como el lobo feroz de un cuento.
-O me dirás que la señorita Meiou está en tu mira, casanova – murmuró Michiru para rematar.
-¡Claro que no!
Ante la divertida risa de Michiru, Haruka atinó a alcanzarla, abrazarla y besarla de manera apasionada a media acera. La violinista solo atinó a rodearle el cuello y rendirse al feroz beso. La joven conocía de sobra la personalidad apasionada de Haruka, su coqueteo natural con otras chicas era muy normal para ella, sabía que Haruka era suya y de nadie más, por lo que no le importaba ni le incomodaba verla cariñosa con otras chicas. No cuando su confianza era enorme y su amor sólido. Además, Michiru se sabía coqueta, aunque menos descarada que Haruka, pero ella lo hacía para celar a su pareja. Cosa que siempre funcionaba, por cierto.
Al llegar a casa lo primero que hicieron fue tomar un baño juntas y pasar una apasionada tarde sin más cubierta que su propia piel.
Por la noche, y aprovechando que aún tenían crédito en los móviles. Haruka llamó a su papá para contarle que ya tenían todo planeado y que incluso habían conseguido un empleo en el Moon Castle.
-He escuchado de ese lugar, el amigo que me consiguió la casa va mucho a ese restaurante con su familia – comentó Ichiro. – Dice que la comida es deliciosa.
-No tuvimos oportunidad de probarla, pero cuando lo hagamos, te diremos si es cierto o no – respondió Haruka con una sonrisa, aunque su padre no pudiera verla.
-Teniente… - intervino Michiru, aprovechando que el altavoz estaba activado.
-Dime.
-¿Cómo están mis padres?
Hubo silencio por unos segundos, Haruka miró de reojo a su compañera y esperó en silenció a que su padre respondiera la pregunta. Llevaban ya algunas semanas ahí, era la primera vez que Michiru los mencionaba en muchos días.
-Te extrañan, pero no es que me lo hayan dicho – respondió el hombre. – Es fácil de notarlo, pero sabes que son orgullosos. Me han preguntado por ti, así que saben que estás bien.
-Gracias, Teniente.
-Por nada, pequeña. Dales un tiempo más y podrás llamarles por teléfono tú misma.
-Primero necesitamos contratar el teléfono – murmuró Haruka en un afán de cambiar el ambiente.
-Lo único caro es el contrato, dudo que vayan a hacer mil llamadas al día, así que no tendrán problema.
El plan de Ichiro era, aunque no lo dijera, pues su hija y Michiru ya sospechaban de eso, que les heredaría todo a ellas dos cuando él ya no estuviera en ese mundo. Bien pudo haberlo hecho antes, pero quería que ambas aprendieran a ganar el dinero y a administrarlo. Estaba completamente consciente de que la vida cómoda no lograba gente organizada y con buena administración. Él mismo le dio todo a su hija y no se arrepentía de haberlo hecho. Quería que ella misma supiera del trabajo en el mundo real y no estuviera anclada a la seguridad del nido de seda y oro.
Le alegraba que a las chicas no les estuviera yendo tan mal en su vida independiente.
Se despidieron y, luego de la cena, la joven pareja se fue a dormir.
Aprovecharían el domingo para holgazanear tanto como pudieran, porque a partir del lunes el trabajo sería duro y el esfuerzo el doble. Pero mientras se tuvieran la una a la otra, mientras pudieran descansar en sus brazos cada noche y verse las caras cada amanecer, cualquier trabajo duro valdría la pena.
Si ese era el precio de su amor y su libertad, estaban dispuestas a pagarlo.
Continuará…
