PARTE 13 Un lazo profundo

Había pasado más de un mes desde que estaban en sus nuevos puestos como músicos de base del Moon Castle, todo iba viento en popa gracias a su gran talento y a su fama previa como meseras del restaurante. Para muchos clientes frecuentes fue una sorpresa ver que la pareja ahora estaba a cargo de la música, aunque eso no evitaba que de vez en cuando ayudaran a servir las mesas cuando los clientes superaban en mucho número a los meseros locales. Gracias a su nuevo salario y a las crecientes propinas y pagos por canciones, se habían hecho de la ropa elegante a la que estaban acostumbradas, de trajes de gala para funciones formales en el restaurante y, sobre todo, de cosas para la escuela como: instrumentos musicales nuevos, libros e incluso estaban ahorrando para comprar un automóvil. Por equipos de cómputo no se preocuparon, tal cual prometió Ami, les había armado un par de computadoras bastante buenas y veloces, incluso les había conseguido programas acordes a sus carreras y un modesto equipo digital de grabación de audio.

Mientras, en la escuela, las cosas iban mejor. Con más tiempo libre en sus manos, Haruka aprovechó para ingresar como auxiliar al equipo de carreras de la universidad, también había entrado al club de motorismo de manera formal, su amor por los motores y las ruedas no había sino aumentado en esos últimos meses. Su necesidad de constante velocidad y movimiento por fin tenían un escape, mismo que no tenía gracias a su primer trabajo como meseras. Michiru, por su lado, ingresó al equipo de natación. Hacía bastante tiempo que no tenía oportunidad de entrar a una piscina y estaba muy feliz de volver a hacerlo. La mejor parte de todo era, probablemente, que en medio año podrían terminar los trámites para sus becas, llevaban buenas calificaciones y desempeño general. Sumando a todo eso el hecho que trabajaban para sobrevivir, era seguro que se las aprobarían dadas sus circunstancias actuales.

Las cosas iban muy bien y la pareja pretendía aprovechar su buena racha. De primera mano habían aprendido que esos tiempos de fortuna no eran eternos y que debían trabajar duro para seguir adelante.

Aunque eso no quería decir que no se dieran un tiempo para pasarla bien, y no solamente en pareja. Solían recibir entre una o dos visitas por semana de parte de las chicas del restaurante, si no eran Makoto y Minako invitándolas a conocer nuevas y variadas tiendas, era Ami ayudando a arreglar las llamadas de emergencia técnicas. A veces, Haruka solía ser un tanto brusca con los equipos electrónicos y nunca faltaban sus llamadas con pánico bien disimulado. Por suerte, Michiru sí ponía atención a las clases de computación de Ami y sabía arreglar los problemas básicos.

Haruka regresaba a casa luego de sus actividades del club de motorismo. Estaba bastante entusiasmada de llegar a su impecable hogar manchada de aceite de motor, adoraba abrazar y besar a Michiru solo para mancharla y hacerla enojar. Su cara de horror simplemente no tenía precio. Michiru había regresado antes debido a que no tenía actividades con el club de natación, y aunque le hubiera encantado colarse a la piscina de las instalaciones, tenía mucha tarea pendiente antes de revisar el programa que tocarían esa noche en el Moon Castle. Ami acababa de mandárselos por correo electrónico.

Quizá, por mucho que a Michiru no le gustara todo eso de la tecnología nueva de avanzada, tenía que admitir que era muy útil para muchos casos.

- ¡Cariño, estoy en casa! – sonó la juguetona voz de Haruka apenas cruzó puerta.

Michiru se asomó con una sonrisa alegre al recibidor.

- Bienveni… - ni siquiera pudo terminar de hablar, vio con horror la ropa manchada de aceite de su pareja, ni siquiera se había tomado la molestia de cambiarse de ropa antes de salir del club de motorismo. – ¡Un paso más dentro de la casa y juro que te baño con la manguera del jardín! – amenazó con un gesto muy poco complacido mientras retrocedía un par de pasos.

- ¡Venga, dame un beso! – dijo con más alegría que de costumbre y se lanzó a abrazarla.

La rubia siempre solía salirse con la suya, cabía mencionarlo.

Michiru se rindió al gesto y acabó abrazando y besando a su novia… y manchándose de aceite la ropa, por cierto, volvería a enfadarse con ella en cuanto se percatara de ese detalle. El beso finalizó un largo rato después, mismo que casi amenazaba con subir a otro nivel de no haber sido por el inoportuno timbre del teléfono.

- Ve y lávate antes de que me enfade de nuevo – dijo Michiru apenas se separaron y fue a contestar la llamada.

- Me gusta más cuando te enfadas – murmuró Haruka con una risilla camino al cuarto, haciendo sonrojar ligeramente a Michiru.

La persona al otro lado de la línea era Setsuna. Habría una junta de personal por la tarde y tenían que llegar un poco más temprano que de costumbre. Al parecer, los dueños del restaurante iban a ir de revisión general y Setsuna no quería ninguna sorpresa ni disgusto para sus jefes. Las palabras exactas de Setsuna habían sido: "las quiero tan guapas como para que se enamoren de ustedes", Setsuna era la jefa y ella mandaba, si se trataba de verse bien, la pareja no tenía ningún problema al respecto.

Terminaron sus deberes pendientes a buena hora, comieron un poco, tomaron sus mejores trajes y salieron directo al Moon Castle en la motocicleta. Ahora que podía pagar el combustible, Haruka prefería ir en motocicleta al trabajo y a la escuela. Solo usaba la bicicleta para salir a pasear con Michiru en sus días libres.

Llegaron sin mayor contratiempo y por primera vez se encontraron solas en los vestidores al entrar. Se asomaron ligeramente y vieron que Makoto y el resto de sus cocineros a cargo limpiaban bien la cocina mientras preparaban lo mejor de la carta, Minako, que desde hace un par de semanas era líder de meseros, estaba como maniática arreando gente y regañándolos por algún andar desaliñado o una apariencia poco apropiada. Setsuna andaba de un lado a otro revisando detalles y papeles, y era por demás seguro que Ami estaba encerrada en la oficina poniendo en orden documentos, permisos actualizados, cuentas y facturas.

Al ver el apuro general prefirieron arreglarse bien e ir a revisar los instrumentos.

Su turno normalmente era nocturno y comenzaba desde las siete hasta medianoche, salvo fiestas especiales donde les pedían tocar. Gracias a su contrato exclusivo con el Moon Castle, no les podían contratar para eventos fuera del mismo. Quizá el dinero ganado podía ser mayor, pero si se dedicaban a dar conciertos a diestra y siniestra podrían perder el ritmo estable y descuidar sus estudios. No les molestaba ser propiedad del restaurante a decir verdad. Y menos cuando Setsuna planeaba hacer una extensa y muy bien adornada carta de recomendación para la beca de la universidad.

- Me agrada cómo se ven, ahora vayan a la media luna y arreglen lo que deban arreglar, los jefes vendrán en cualquier momento y no quiero sorpresas – les dijo Setsuna apenas las vio salir del vestidor. - ¡Los que ya terminaron, vayan a ayudar a la cocina, pero no quiero que se ensucien, anden, a trabajar!

- Vaya que hoy está más tensa que de costumbre – murmuró Haruka apenas se puso a afinar el piano.

- Bueno, ya llevamos un buen tiempo aquí y no hemos conocido a los dueños del restaurante – respondió Michiru mientras hacía lo propio con el violín. – Hay que revisar el resto del equipo, desde hace un par de días suena extraño aquel altavoz.

- Sí, noté lo mismo. Será mejor arreglarlo o Setsuna nos come si algo suena mal.

- ¿Haruka, sabes arreglar esas cosas?
- No, pero puedo intentarlo – sonrió.

- Mejor pido ayuda, si nos quedamos sin sonido, Setsuna nos va a comer vivas.

Haruka siguió afinando y limpiando concienzudamente el piano mientras tarareaba algo en voz baja. No se había percatado de lo mucho que se ensuciaban los instrumentos en ambientes más abiertos como ese.

Michiru fue directo con Ami. No que quisiera interrumpirla de su trabajo, pero sabía que ella también hacía de auxiliar técnica cuando se trataba de electrónica en general, y no porque se lo hubieran contado, si no que una vez que hubo un fallo eléctrico, lo primero que hizo Setsuna fue llevar a Ami al sótano a revisar las conexiones. Habían recuperado la luz en cuestión de un minuto y, si había alguien que pudiera darle un buen chequeo a los cables y uniones del equipo de sonido, era Ami.

- Con permiso – dijo Michiru apenas entró a la oficina. – Ami, ¿nos podrías echar una mano con algunas cosas?

- Claro – respondió con una sonrisa.

La chica no estaba haciendo nada a decir verdad, siempre tenía todo en orden y solo había limpiado la oficina a petición de Setsuna. La gerente solía ponerse algo paranoica cuando venían de visita los jefes, según comentarios de Makoto. O debía ser gente muy exigente, o era esa personalidad amante de la perfección y el orden que tenía Setsuna. O ambas cosas, seguramente.

Iban por el pasillo antes de llegar al área principal cuando Michiru le miró de reojo y le tocó un hombro.

- ¿Y cómo te fue, eh? Ya sabes, con ella… – preguntó en voz baja, provocando un enorme sonrojo en Ami. – No me has contado nada desde aquella vez.

Sonrió al ver que aquel gesto feliz entre el rojo de sus mejillas y su cara apenada quería decir que todo había salido bien. Se limitó a hacerle un cariño en el cabello, sin mencionar nada más, y llevarla a revisar los altavoces y las conexiones del equipo de sonido en general.

Apenas las vio llegar, Haruka se dedicó a coquetearle a Ami, pero sin resultado alguno todavía. De todas las chicas del restaurante, la chica genio era la única que aún no caía en su encanto. Aunque eso no era ningún motivo como para rendirse, no para Haruka, mucho menos cuando disfrutaba verla fruncir el entrecejo y negarse rotunda pero amablemente a sus insinuaciones. Aquella frecuente escena solo hacía sonreír a Michiru por debajo.

- Me rindo, ¿qué puedo hacer para que salgamos a pasear en la motocicleta? – insistió Haruka mientras limpiaba hasta la última mota de polvo de las teclas.

- Estoy bien, gracias, puedo caminar a casa sin problema – respondió Ami con gesto digno, provocando una sonrisa en la pareja. En ningún momento apartó la vista del altavoz que estaba revisando.

- ¡Yo voy contigo cuando quieras! – intervino Minako, que pasó como rayo cargando algunas cosas para acomodarlas.

- ¿Ves? Lleva a Minako a casa.

- Pero a la que quiero llevar es a ti, Ami. Anda, o descompongo mi computadora de nuevo y tendré que llevarte para que la repares – dijo con tono juguetón.

- Mal por ti, no tendrás con qué hacer los deberes de la universidad – respondió la chica genio sin dirigirle la mirada.

- ¿Y si te secuestro?

- Si lo haces, más vale que me la regreses entera – respondió Setsuna, que estaba supervisando todo y se había acercado a ellas. – Coquetea con Ami después, apúrense con eso, a los jefes les encanta llegar de sorpresa.

Las tres asintieron y siguieron trabajando. Luego de unos veinte minutos todo estuvo listo, mismos en los que la pianista siguió acosando a la chica más joven en voz baja. Ami regresó a su oficina a esperar, Haruka y Michiru solo se quedaron repasando las canciones del programa de esa noche.

- ¿No te vas a rendir, verdad? – preguntó Michiru con una sonrisa.

- Tengo una reputación que mantener, lo sabes – respondió Haruka con pose digna mientras tocaba una melodía en volumen bajo. – Dejaré de hacerlo cuando comience a caerle mal – agregó con una sonrisa.

- Sabes que le agradas, quizá algún día logres que suba contigo a la motocicleta – sonrió Michiru.

- Quizá… pero ya sabemos quién es la persona a la que más admira de nosotras dos – murmuró Haruka con un tono cómplice.

- Tú tienes más fans que yo – dijo con voz similar – al menos deja que disfrute a la que tengo.

Luego de una breve junta donde Setsuna indicó a todos que trabajaran como de costumbre, pero procurando más cuidado y atención de lo habitual, despachó a todos a sus respectivos puestos. No pasó demasiado después de la junta cuando llegaron los dueños del Moon Castle: la familia Tsukino. Iba el matrimonio acompañado de sus dos hijos: un pequeño que seguramente iba en primaria todavía, y una adolescente rubia acompañada por su galante novio. Según rumores que se escucharon después durante la noche, al parecer la hija de los Tsukino ya estaba comprometida en matrimonio con el atractivo joven. La rubia iba a heredar el restaurante y sus padres pensaban dejárselo a manera de regalo de bodas, para que ella y su pareja pudieran administrarlo.

Eso significaba que pronto tendrían un jefe nuevo. Setsuna no sentía demasiada confianza en la ruidosa y descuidada primogénita de sus jefes.

Haruka y Michiru saludaron a la familia Tsukino de manera amable, como era su buena costumbre, y se dedicaron a tocar el resto de la noche tal cuál era su trabajo. Aunque Haruka no dejaba de mirar de reojo a la rubia, y mucho menos de sonreírle. Cuando quería y la gente le agradaba a primera vista, Haruka podía ser una perfecta coqueta. No que a Michiru le molestara a decir verdad. Los celos no eran lo suyo, mucho menos cuando Haruka compensaba sus coqueteos en los momentos de intimidad. Y menos aún, cuando Michiru podía presumir de su única y dulce conquista con la chica genio.

Sucedió poco después de que Ami fuera a su casa a revisar bien algunos programas de los ordenadores, y a llevarles los dispositivos de grabación de audio que había conseguido. Era increíble que mucha gente se deshiciera de equipos nuevos solamente porque había salido una versión mejorada del mismo. La Dra. Mizuno solía compensar su ausencia con cosas materiales, no que las amistades de Ami Mizuno se quejaran, a decir verdad.

Luego de que los constantes acosos de Haruka pusieran a Ami tan roja como un tomate maduro y bastante incómoda, Michiru mandó a su rubia compañera a dar un paseo para que dejara de molestarla y la dejara trabajar en paz. La violinista contemplaba a Ami instalar los equipos mientras le daba unas clases rápidas de reparación básica. Si bien era cierto que el coqueteo de Haruka podía poner algo incómoda a Ami, era la atención de Michiru lo que hacía a la chica genio congelarse en su sitio.

Michiru quería saber a qué se debía tan tímida actitud, aunque bien se daba una idea y no era nada perverso como Haruka había comentado en más de una ocasión.

- Aunque tengan una educación conservadora con la música, con estos programas será sencillo hacer canciones y composiciones para grabarlas con sonido digital – explicó Ami luego de hacer que Michiru tocara algo con el violín para enseñarle a usar el programa y los dispositivos.

- Entonces ya solo es cuestión de guardarlas en las memorias, ¿verdad?

- Sí, creo que eso dará una buena presentación en sus trabajos.

- Muchas gracias por la ayuda, Ami, aun no sé cómo te vamos a pagar por todo esto – dijo Michiru con un tono dulce y una sonrisa encantadora.

Ante el gesto, la chica genio enrojeció aún más y bajó la cara mientras balbuceaba una accidentada respuesta. Eso provocó una mueca divertida en Michiru.

- Ya les dije que no es nada, lo hago con gusto – logró responder Ami antes de bajar más la cara por la pena.

- Sabes, me he estado preguntando por qué te comportas así cuando estamos a solas – murmuró con la misma sonrisa divertida. – ¿Somos amigas, o no?

- ¡Sí! – respondió de inmediato y levantó la cara, solo para encontrarse con los ojos de mar de Michiru. – Ah… yo…

- ¿Por qué te da tanta pena estar conmigo, eh? – insistió, colocándose frente a ella para encararla mejor.

La chica genio comenzó a tartamudear bastante, sin que se le entendiera absolutamente nada de lo que trataba de decir. Michiru, en un intento de calmar a la chica, solo atinó a abrazarla con dulzura. Ami se tensó por unos segundos, luego suspiró hondamente y se rindió al gesto, sin responderlo.

- ¿Mejor? – preguntó, acariciando su cabello, un leve movimiento de cabeza de la chica le dio el sí. – Ami, eres muy linda, sin contar que eres un genio. Pero sabes que yo ya tengo a alguien y…

- ¡N-No! ¡No es eso! – dijo de inmediato mientras la encaraba de golpe.

- ¿Uh? – rió un poco. - ¿Entonces solo me ilusionaste? – dijo en tono de broma… mismo que su amiga más joven no captó.

- Bueno, en parte, pero no como crees… es solo que… yo… - la intensidad de esos ojos marinos estaba quitándole seguridad a Ami. – Son muchas cosas.

- Soy toda oídos.

Según palabras de la propia Ami, confesó haber sido deslumbrada por Michiru desde la primera vez que la vio, pero no con un destello de amor como sucedía en el caso de Makoto y Minako con Haruka, no. Era más como admiración. Michiru sabía, sin embargo y pese a lo que ella dijera, que sí había una pequeñísima chispa de amor en sus palabras. Ami quería ser un poco más cercana a Michiru, ser su amiga y compartir más cosas. Luego de escuchar que Michiru estaba en el equipo de natación, Ami había comentado que ella también nadaba y que le gustaba mucho hacerlo, incluso tenía un pase a una piscina privada que le había dado su madre. Se había ofrecido a conseguirle una Michiru, pero hasta ese momento no se había concretado nada.

- Si tuviera una hermana mayor – dijo por fin – me gustaría que fuera como tú.

- Y de haber tenido una hermana menor, entonces me hubiera encantado que fueras tú, Ami – respondió Michiru, abrazándola más fuerte.

- Michiru…

- Entonces era eso, ya veo… - murmuró. – Pues sigo esperando ese pase para que vayamos a nadar juntas, incluso podríamos competir un poco, ¿qué dices?

- Sí, me encantaría – respondió, ya con más confianza.

- Ahora suelta lo otro de lo que quieres hablar, Ami – dijo Michiru, que nada le había costado adivinar que la chica todavía tenía algo que decir.

Lo siguiente casi provocó una risa en la violinista. Lo segundo que Ami tenía que decirle, era que necesitaba consejo sobre una chica cercana a ella. Michiru ya sabía que Ami vivía a medio tiempo en un templo sintoísta cuando su madre tenía que ausentarse mucho tiempo. De lo que se enteró en esa plática, fue que se llevaba muy bien con la nieta del sacerdote, Rei, que tenía la misma edad que Ami y que trabajaba en el templo como sacerdotisa. Se enteró que luego de mucho tiempo, la constante presencia y atención de Rei había despertado algo en Ami. Y ese sentimiento no la había dejado en paz en esos últimos meses.

Luego de conocer a Haruka y Michiru, y saber que ambas eran chicas y una pareja romántica, pensó que en algún momento podría preguntar por consejo de alguien que sí sabía de ese tema. Claro, en caso que lograra hacerse amiga de ellas. Y como lo había logrado, ya solo necesitaba un empujón para animarse a platicar de ello. El empujón fue ese apretado y cariñoso abrazo de Michiru.

- ¿Cómo es ella? – preguntó Michiru apenas Ami terminó de contar la historia.

- Es muy seria, tiene un carácter muy fuerte, es explosiva si la provocan y algo malhumorada… al menos en público. Conmigo es un poco más cálida – dijo con un tono perdido en un nuevo sonrojo.

- Es decir, todo lo contrario a ti – comentó Michiru con una risilla. – Te daré un consejo que me funcionó: arriésgate. Sé tú misma y arriésgate. Si eso que sientes es verdadero y de verdad quieres llegar a otro nivel con ella, solo arriésgate… y prepárate para aceptar las consecuencias de lo que suceda. ¿Entiendes? No hay una fórmula ni secreto que te pueda dar para que ella te corresponda, no la hay.

- Entiendo.

- El amor es solo eso, amor. No importa de quién te enamores siempre y cuando seas tú misma y estés segura de lo que quieres, Ami – continuó, abrazándola más fuerte y recordando la vez que ella y Haruka se dieron cuenta que se querían la una a la otra.

- Gracias, Michiru. Necesitaba escuchar algo así.

- Para eso estamos las amigas… o mejor dicho las hermanas mayores – rió, provocando una risilla en Ami. - ¿Y por qué no les comentaste de esto a Makoto y a Minako, eh?

- Ya sabes cómo son con éstas cosas… - murmuró. – Son algo impulsivas.

- Ni que lo menciones – hubo unos segundos de silencio. - ¿Te sientes mejor?

- Sí, muchas gracias, Michiru.

Para rematar, la violinista le dio un beso en la frente a Ami y por fin la soltó. Ya había terminado con su trabajo y solo bebieron un poco de té hasta que Haruka regresó de su paseo. Luego de platicar un rato y de explicarle a Haruka cómo funcionaba el nuevo equipo, Ami regresó al templo. Su madre no estaba y era en esos casos cuando iba a quedarse con la sacerdotisa.

Cuando Haruka preguntó qué había pasado cuando no estuvo, Michiru le respondió que era secreto.

No le diría nada a Haruka hasta que Ami le contara cómo le había ido con la sacerdotisa. Le gustaba tener ese pequeño secreto, y le encantaba darle ideas incompletas a Haruka, mismas que ésta automáticamente interpretaba como algo subido de tono durante su ausencia.

A Haruka se sentía feliz, y un poco celosa, que Michiru tuviera alguien con quién platicar. Ella igualmente se había hecho muy amiga de Makoto y Minako, muy independiente a su cantada idolatría por la pianista. A veces salían a pasear y la pasaban bastante bien juntas. Se sentía bien tener amistades con las cuales compartir más cosas.

Haruka y Michiru se tenían la una a la otra desde aquella vez que se vieron cuando eran niñas, siempre se habían tenido la una a la otra sin importar los demás. Ahora era un poco distinto y tenían amigas, buenas y sinceras amigas. Quizá su lazo amoroso era muy profundo, estrecho e inquebrantable, pero eso no quería decir que no hubiera espacio para conocer a personas con las cuales compartir un poco más de sí mismas.

Esa noche, en el restaurante, hicieron lo suyo y se entregaron la una a la otra por medio de la música, como siempre lo habían hecho. No había nada distinto, solo tenían que ser ellas mismas tocando. Los dueños quedaron encantados con la música, dejando a Setsuna muy feliz y con un pequeño extra en su pago semanal, seguramente.

Por la madrugada, ya en casa, se contentaron con dormir en un apretado abrazo.

- Si Setsuna se entera que estuviste mandando miradas coquetas a la siguiente jefa, te va a comer viva – murmuró Michiru, enterrando su cara en el hombro de Haruka.

- Lo sé, Setsuna es divertida cuando se enoja.

- La chica está comprometida.

- También lo sé, y me alegro por ella, se le ve muy feliz. Estará para siempre al lado de la persona que más ama. Y sé que estará más feliz cuando llegue ese momento.

- ¿Ah, sí?

- Sí, porque yo sentí lo mismo cuando vinimos a vivir juntas a éste lugar. Porque esto es como estar casadas, ¿o no?

Aquel comentario hizo reír a Michiru por lo bajo. Abrazó más fuerte a su pareja y le dio un pequeño beso en los labios.

- Tienes razón, lo es – dijo Michiru apenas dejó de besarla. – Y quiero que en las vacaciones vayamos a… - le mordió un poco el oído. – Una especie de luna de miel, es lo único que nos falta. ¿Qué dices?

- Me encantaría – murmuró. – Ahora, a adormir, mañana tenemos clase. Descansa, Michiru.

- Buenas noches, Haruka.

Un beso se hizo presente, de nuevo el apretado abrazo y por fin durmieron.

Continuará…