PARTE 14 Luna de Miel con limón

Siempre les había gustado el sabor de las vacaciones de verano. Y aunque tenían que seguir trabajando, al menos tenían oportunidad de levantarse más tarde que de costumbre y despreocuparse de los deberes escolares. No solo eso, en el Moon Castle igualmente se daban unos días libres en vacaciones. Era solo un fin de semana a mitad de las vacaciones de verano, pero era suficiente para recuperarse del trabajo de todo el año.

Todos se quedaron hasta tarde en la madrugada antes de su fin de semana libre del restaurante. Según indicaciones de Setsuna, todo tenía que quedar en orden, brillante, higienizado y tan limpio, que incluso pudieran comer directo del suelo. Los trabajadores sabían que Setsuna no bromeaba y era completamente capaz de eso y de mucho más. Limpiaron y pusieron todo en orden, desde la más pequeña maceta hasta las lámparas caras que colgaban del techo. No quedó ni una sola mota de polvo y mucho menos una simple gota de grasa en la cocina.

Una vez que el restaurante estuvo tan brillante como espejo nuevo, Setsuna cerró bien y dejó ir a los trabajadores.

Haruka planeaba aprovechar muy bien ese fin de semana y todo era una sorpresa para Michiru. Tenía cada detalle fríamente calculado, y no solo eso, tenía de cómplices a sus fans Minako, Makoto y a una todavía reacia Ami. La joven no se pudo negar a ayudar con el plan luego de escuchar que Michiru sería muy feliz con eso.

Para evitar que la violinista sospechara nada, Haruka invitó a las tres chicas a la casa a dormir. Estaba segura de que Makoto no tendría problemas, que nadie notaría la ausencia de Minako y que Ami había avisado a la sacerdotisa que pasaría la noche con unas amistades. Fueron directo a casa de la pareja luego de salir del trabajo. Para el pequeño grupo fue particularmente emocionante pasear de madrugada en la ciudad, más que nada para las chicas más jóvenes. Incluso pasaron a una de esas tiendas que siempre estaban abiertas las veinticuatro horas para comprar algo para beber. Makoto se preocupó por llevar algo para comer desde su casa, ese día ya no tuvo oportunidad de usar la cocina, por lo que previno un pequeño lunch para la madrugada.

- ¡Salud por nuestros días libres! – fue el brindis de Haruka apenas se sirvieron algunos vasos de jugo. Si no compraron vino o alguna bebida alcohólica, fue porque Haruka y Michiru no querían ser una mala influencia para sus amigas menores de edad.

Aunque Makoto solía tomar vino, cabía mencionarlo, como buena chef tenía que conocer de esas cosas.

Las demás respondieron el brindis con alegría y bebieron sus jugos. Eran las dos de la mañana y el grupo comía la deliciosa comida de Makoto, su conversación era bastante amena y el tema era sobre qué harían en esos días libres. Makoto y Minako irían a un parque de diversiones, de compras al centro y a varios lugares más…todo en afán de cazar chicos según dijeron, el par de jovencitas parecía tener mucha prisa en conseguir novio. Ami, por su lado, acompañaría a su amiga sacerdotisa a un entrenamiento que tendría en una montaña a un par de horas de la ciudad; Michiru sabía que Ami aprovecharía ese momento para dar un paso más con ella.

Cuando las más jóvenes preguntaron los planes de la pareja, Haruka fue la primera en responder con un tono un tanto aburrido.

- Creo que la pasaremos en casa holgazaneando – murmuró la pianista luego de comer una croqueta de carne de un solo bocado.

- No teníamos planes de todos modos, un descanso nos caería muy bien – agregó Michiru, visiblemente desencantada de ser las únicas que se quedarían en casa. – Quizá salgamos de paseo por ahí, creo.

Ante la respuesta de Michiru, todas sonrieron un poco, cómplices.

La pareja sabía que, hasta que no les dieran la aprobación de su beca, no podían derrochar sus ahorros por ahí. Tendrían que esperar a regresar de vacaciones para ver si habían o no aceptado la solicitud. Setsuna había hecho la recomendación para ellas y de verdad esperaban que entre eso, sus buenas calificaciones y sus actividades de club como referencia, contaran con ese extra que les daría una gran tranquilidad a su modesta y un tanto austera forma de vida.

- Creo que eso de ir a cazar chicos no es una buena idea – enseguida les dijo Haruka a su par de fans.

- ¿Lo dices porque no quieres competencia? – preguntó Michiru con una risilla y olvidando casi de inmediato que ellas no saldrían a ningún lado.

El comentario provocó una risa general en las otras tres chicas y una sonrisa coqueta de Haruka.

- La competencia no me preocupa – dijo con aires galantes, para enseguida volver a mirar a Makoto y a Minako. – Mejor disfruten el tiempo que tienen, si alguien va a llegar a sus vidas, no es necesario que busquen demasiado – enseguida rectificó. – No que no deban esperar sentadas, no… es solo que deben dejar que las cosas se den solas, con naturalidad. Solo disfruten y conozcan a la gente poco a poco, no busquen novio, solo gente con la cual pasarla bien y sentirse a gusto.

Aquellas palabras parecieron hacer efecto en el par de chicas, Michiru sonrió por lo bajo y Ami miró a otro lado, ligeramente sonrojada. Makoto y Minako suspiraron al mismo tiempo e intercambiaron una mirada, para enseguida volver a ver a la pianista.

- ¿Fue así como terminaste con Michiru? – preguntó Minako con una sonrisa traviesa.

La repentina pregunta hizo respingar a la pareja por un momento, mas no tardaron en recobrar la compostura. Michiru rió un poco y bebió más jugo, mientras Haruka se tomó un momento mas recuperarse de un pequeño sonrojo. La violinista miró al par y les sonrió, amable.

- Algo así… dejen que todo fluya con naturalidad como dice Haruka, antes de que se den cuenta, su corazón estará latiendo con fuerza cada que vean a la persona adecuada para ustedes.

Makoto y Minako sonrieron, Haruka solo pareció satisfecha y Ami seguía un tanto hundida en sus propios pensamientos y el rojo de sus mejillas.

- ¡Entonces que siga la fiesta! – fue el grito de la rubia mesera apenas el ambiente se le hizo demasiado silencioso.

- Nada de eso, jovencita, tenemos que ir a dormir – intervino enseguida Michiru, severa.

- ¡Pero…!

- Si queremos aprovechar el día, hay que dormir bien, ¿entendido? – continuó la joven, mirando a sus tres invitadas con gesto propio. Obtuvo una afirmación silenciosa de las chicas y sonrió. – Bien, les toca el cuarto de invitados, dos caben en una cama, pero creo que a una le tocará suelo; iré por mantas y cobijas.

- No me molestaría que Ami se durmiera entre nosotras dos – murmuró Haruka con gesto travieso, provocando que la chica más joven escupiera el jugo que bebía en ese momento y comenzara a toser.

Entre risas, algunos reproches, reclamaciones, escenas de fingidos celos y demás, al fin se fueron a dormir.

Pero no pasaron ni dos horas cuando Haruka se levantó de la cama y comenzó a empacar un par de mochilas en completo silencio. Era una suerte que Michiru estuviera particularmente cansada y no amenazara con despertarse de un momento a otro. De las dos, Michiru tenía el sueño más pesado y rara vez se despertaba por las noches.

Apenas empacó lo necesario, salió del dormitorio principal. En la sala, sus tres invitadas esperaban con cierta impaciencia.

- ¿Ya llamaron al taxi? – preguntó Haruka en voz baja mientras dejaba las mochilas a un lado de la puerta.

- Llegará en unos diez minutos – respondió Ami con el mismo volumen. – Son confiables, mamá y yo solemos usarlos bastante. No te preocupes.

- Ten – dijo enseguida Makoto, dándole un par de llaves a Haruka, estaban atadas a una cadena delgada, por lo que pudo colgárselas al cuello para que no las extraviara. – Es la casa número 23, aquí están la dirección completa e indicaciones – le extendió un papel doblado. – Dáselas al taxista y llegarán sin problemas.

- Ustedes vayan y diviértanse, Makoto y yo cuidaremos la casa y del jardín mientras ustedes no están.

Haruka les sonrió y no evitó darles un fuerte abrazo a las tres, al mismo tiempo. Hacía un par de semanas les había comentado que seguramente se quedarían en casa por razones que ellas ya conocían, a lo que Makoto comentó que sus padres le habían dejado una casa de playa como herencia. Solía ir seguido, así que la casa estaba en buenas condiciones. No tardó demasiado en ofrecérselas para que pudieran disfrutar de esos días libres sin necesidad de gastar tanto. No pasó mucho antes de que el par, con Ami incluida apenas le contaron, comenzaran a fantasear con un fin de semana romántico a la orilla del mar y con el sol derritiéndose en el horizonte…

Haruka también lo imaginó… con algunos extras que ellas no necesitaban saber, por lo que no se negó al ofrecimiento de Makoto ni al plan en general de las chicas. Ya buscaría la manera de agradecerles todo, mientras, planeaba aprovechar al máximo esa oportunidad.

Luego de darle algunas indicaciones más a Haruka, escucharon al taxi llegar y estacionarse frente al domicilio. Era hora de llevar a cabo su plan.

Algunas horas después, Michiru apretó los ojos al sentir una intensa luz contra sus párpados. Una fresca brisa le daba de frente y un calor cómodo y ese perfume que ya conocía la abrazaban de manera protectora. Un ligero y constante movimiento era lo que la había estado arrullando todo ese tiempo. Se acomodó contra al suave cuerpo de Haruka y abrió los ojos contra su ropa, a manera que no le diera la luz de forma tan directa. Aunque se sentía en una posición bastante extraña ahora que podía reflexionarlo mejor.

- ¿Haruka? – murmuró Michiru entre sueños y se incorporó.

- Buenos días – sonrió la aludida.

A Michiru le tomó algunos segundos más coordinar su situación actual. Y al darse cuenta de todo, soltó un grito de sorpresa: estaba en un taxi, vestida en pijamas, con una cobija tapándole y había estado acostada en las piernas de Haruka todo ese tiempo.

Ante el gesto sorpresivo, el taxista solo sonrió mientras Haruka era víctima de una incontrolable risa mientras veía a una aterrada y ruborizada Michiru.

- ¿Adónde vamos? – logró preguntar apenas recuperó la voz.

- A disfrutar de nuestros días libres, por supuesto – fue la sonriente respuesta de Haruka. – Te contaré todo cuando lleguemos – dijo enseguida, invitándola a recostarse de nuevo.

Michiru no se negó al gesto, pero no pasó demasiado antes de que prefiriera ir sentada para mirar el paisaje. No tardó en sentir una felicidad inmensa al sentir el característico aroma del mar golpear su nariz y ver una mancha azul pintándose por todo el horizonte.

El automóvil se detuvo frente a una pequeña, colorida y muy bien ubicada propiedad frente a la playa, por encima de una colina rocosa. Haruka le pagó al taxista, bajó sus cosas y ambas fueron directo a la casa… Michiru necesitaba cambiarse por algo más apropiado…

Haruka le dio un vestido ligero de tonos claros y sus sandalias favoritas, mientras ella se vistió de manera varonil como de costumbre, pero igualmente ligera para estar a tono con el ambiente cálido.

- ¿Te gustó la sorpresa? – preguntó Haruka en cuanto Michiru terminó de regresar a la realidad.

- Sí, pero… - de todos modos seguía confundida. - ¿Cómo…?

- Esta es la Luna de Miel que mencionamos aquella vez. Agradécele a las chicas cuando lleguemos. Esto es de Makoto, ella y Minako se quedaron a cuidar la casa, y Ami contactó a los taxis más seguros y baratos de toda la ciudad. Tendremos hoy, el sábado y parte del domingo para pasarla bien en la playa. ¿Te agrada la idea?

Michiru no pudo responder con palabras. Lo primero que hizo fue lanzarse a los brazos de Haruka, rodearle el cuello con sus brazos y darle un beso intenso y lleno de pasión. Uno que la rubia no dudó un solo segundo en corresponder.

Dejándose llevar por la alegría y el deseo del momento, Michiru llevó a Haruka al sillón todavía entre apasionados besos. La rubia quedó debajo, aunque de momento no parecía importarle mucho su posición actual. Michiru profundizó aún más el gesto usando su lengua para entrar en la boca de Haruka, haciéndola gemir ligeramente. Pasado un largo rato, ambas se despegaron para poder respirar mejor.

- Lo tomaré como un "sí" – murmuró Haruka entre jadeos.

Pero Michiru no respondió nada, liberó el cuello de Haruka y dejó que sus delgadas manos exploraran bajo la ropa de su pareja, provocando que la rubia respingara de la sorpresa y fuera víctima de un intenso escalofrío de placer que le recorrió el cuerpo.

No había más que decir, no cuando el deseo se esparció en ambos cuerpos.

- Les agradeceré a las chicas cuando volvamos a casa – murmuró Michiru mientras mordía juguetonamente los labios de Haruka, y sus manos se encargaban de jugar con el par de pechos de la rubia bajo su ropa. – Y tú te mereces un castigo por el susto que me diste – agregó, mordiéndole un poco el cuello.

- ¡Hey! – reclamó la rubia, pero no pudo mantener mucho tiempo su gesto enojado por culpa de esos dedos jugando bajo su ropa. – N-No es justo…

- Te amo… - murmuró Michiru contra los otros labios, antes de ceder nuevamente ante otro apasionado beso.

Michiru se dejó llevar por su creciente deseo. No iba a permitir que Haruka la quitara de donde estaba, quizá después la dejaría estar arriba, pero de momento quería mantener su posición y demostrarle a Haruka lo mucho que le había gustado la sorpresa.

Sin dejar de besarla, liberó una mano y dejó a la otra seguir jugando en el torso de su compañera. Con la libre se encargó de desabotonar la camisa y de hacerse un poco más de espacio. Parecía complacida por la pasividad de Haruka. No era lo normal, pero agradeció que esa vez cediera. Enseguida se encargó de desabrochar los pantalones cortos y de meter su otra mano a la nueva zona disponible.

Haruka respingó al sentir el par de manos de Michiru en sus puntos más sensibles, todo sin descuidar el profundo beso. Comenzó a sudar, mezcla del placer y el calor general del ambiente. Pronto sintió que ese par de labios abandonaban los suyos para lamer su cuello de manera amplia.

No se atrevió a hacer nada al ver que esa boca que tanto amaba seguía bajando más y más, sin molestarse por quitarle la ropa del todo, solo haciéndose espacio suficiente para llegar al centro de su cuerpo.

Luego de un largo y tortuoso rato, irrumpiendo el silencioso ambiente, un grito abandonó la boca de Haruka sin querer, presa del placer.

Para cuando fue el turno de la rubia, ella sí se molestó en quitar todo lo que le estorbaba para poder admirar ese cuerpo que conocía como la palma de su mano, y que, sin embargo, siempre le producía el mismo efecto de fascinación cada que podía admirarlo. Como si cada ocasión fuera la primera vez que lo viera.

Compartieron besos y caricias casi hasta mediodía, justo cuando su estómago comenzó a pedir comida de manera incesante. Fue un gruñido proveniente del estómago de Haruka lo que provocó una divertida risa de Michiru. Ya no pudo darle el beso que tenía planeado para su ombligo y optó por sentarse en el sillón, aun entre risas. La rubia igualmente se sentó un momento antes de buscar su ropa para vestirse de nuevo. Michiru se quedó así un poco más. Le gustaba mucho la sensación de la brisa marina en su piel.

Haruka llegó con unos recipientes que tenían comida que les había puesto Makoto, por lo que su almuerzo fue bastante agradable. Definitivamente, Michiru tenía que pagarles de alguna manera a las chicas por ser tan atentas y amables con ellas, ya pensaría en algo, tenía que ser algo lindo en definitiva. Ya después pensaría qué hacer, de momento quería salir a pasear a la playa con Haruka. Y quizá nadar un rato. La rubia aceptó la idea de salir a la playa con ella y dar una larga caminata.

Cabía mencionar que Michiru decidió guardar las llaves de la casa ella misma para evitar que Haruka las perdiera. No que desconfiara del todo de ella… bueno, sí, quizá un poco. Cuando Haruka se emocionaba de más, solía olvidarse de algunas cosas. No quería que las llaves de la casa fueran unas de esas cosas.

Apenas se colocó un precioso traje de baño en tonos esmeralda, Michiru estuvo lista para salir con Haruka, quien solo prefirió salir con sus pantalones cortos y la camisa holgada en color claro.

- Es una playa muy linda – murmuró la violinista de mano de Haruka. Por ser verano la playa tenía gente, pero no demasiada como para no disfrutar bien del paseo. Esa no era una zona turística, por lo que el ambiente medianamente ruidoso era perfecto para darse cuenta que eran vacaciones. - ¿Cuánto tiempo fue de camino?

- Unas tres horas por autopista – respondió Haruka con una sonrisa inmensa. – No imaginaba que la playa nos quedaría tan cerca. Prometo que vendremos seguido cuando tengamos más fondos.

- No tienes porqué prometerlo, sé que vamos a lograrlo – dijo Michiru enseguida, apretando un poco más la mano de Haruka.

- Pero, por mientras, pasémosla bien. Traje suficiente dinero para pagarnos buenas comidas estos días. No creo que sean tan deliciosas como la comida de Makoto, pero será mejor que nada – rió Haruka y por fin se animaron a entrar al agua.

La pasaron en la playa algunas horas, suficientes para llamar la atención de varias personas que igualmente disfrutaban de su verano en esa playa. Incluso se las arreglaron para jugar pelota con algunos niños y hacer amistad con una pareja de ancianos. Últimamente se habían hecho bastante sociables, claro, si la persona en turno les era agradable de alguna manera, si no, se volvían la pareja cerrada de antes que solo vivía para verse la una a la otra.

Fueron a comer a un pequeño restaurante familiar cerca de la zona comercial del área. Aunque ciertamente nada parecía superar la sazón de Makoto, la comida de ahí tenía un agradable sabor de hogar y un ambiente cómodo y agradable. Seguramente comerían ahí el resto del tiempo que les quedaba de Luna de Miel. Ninguna de las dos tenía ánimo alguno de cocinar, a pesar de que la casa estaba bien equipada y funcional.

Luego de comer, la pasaron holgazaneando en la playa, aprovechando para tomar un poco de color tostado en la piel. Se robaban besos a ratos, dejaban que sus manos se entrelazaran y permitían que el tiempo pasara lentamente. Hacía mucho que no tenían oportunidad de que las cosas fueran así: sin prisa, con calma, todo fluyendo a su alrededor sin preocupación alguna y solo concentrándose en su cercanía.

Era como si su tiempo libre tuviera un mejor sabor luego de todo el trabajo duro y el esfuerzo por llegar hasta ese punto. Era como decir que la comida sabía mejor cuando uno tenía hambre aunque fuera la de siempre. Justo por eso pasaban. Todos sus momentos sabían mejor aunque fueran los de costumbre, sus besos, sus abrazos, compartir la cama, verse incluso a los ojos tenía un mejor sabor de boca cuando la breve distancia, los deberes, el trabajo y el cansancio hacían de las suyas.

Todo cambio era para bien si sabían aprovecharlo, eso les había dicho el Teniente por teléfono una vez. Y ellas lo estaban aprovechando al máximo.

Pasaron ese fin de semana como nunca antes, justo como su fuera la Luna de Miel que no habían tenido antes. Y sabían que su siguiente oportunidad de estar así sería mucho mejor.

Continuará...