PARTE 15 Una Mirada al Futuro
Aquella oportunidad era como haber lanzado una moneda al aire y esperar que saliera cara o cruz, ellas sabían que de eso se trataba, de un buen golpe de suerte. Pero sucedió, aquello por lo que habían trabajado tanto desde que entraron a la universidad se cumplió: les habían otorgado la beca. Su felicidad fue tal, que no evitaron compartirlo con todo mundo en el Moon Castle.
En cuestión de algunas semanas pudieron darse algunos lujos más, incluso comprar ese automóvil a crédito que tanto le urgía a Haruka; con ayuda de Setsuna, claro estaba. Habían ajustado su sueldo del restaurante a lo mínimo para cubrir los pagos del vehículo. Pero con ayuda de la beca y propinas extra cuando se animaban a cubrir puestos ausentes de otros meseros, su vida financiera iba muy bien. El Teniente también se puso muy contento con la noticia apenas le contaron.
Como noticia aparte, el que la Dama y el Caballero pidieran el número telefónico de las chicas era un gran avance. Michiru no hizo otra cosa más que sonreír.
- Si las sigues jalando así le vas a arrancar un brazo – reclamó Makoto con gesto poco feliz.
- Lo dice la que casi se le cuelga del cuello – alegó Minako, mirando con mala cara a su mejor amiga.
- Pues nadie te invitó a nuestra cita, mi querida Minako.
- ¿Ah, sí? Pues entérate que ella me quiere más a mí.
- ¡No es cierto!
- ¡Sí es cierto!
Haruka solo pudo soltar unas carcajadas de genuina diversión. Las tres caminaban por el parque de la ciudad, la chef y la mesera en cada brazo de la pianista. Y no, ni siquiera era una cita, fue un encuentro más bien casual en el parque que el par de inmediato aprovechó para pegarse a Haruka como era su buena costumbre. No que a la pianista le molestara, después de todo se trataba de sus queridas fans.
Ese día Michiru se fue a nadar con Ami en el deportivo de la ciudad. Haruka prefirió salir a pasear por su cuenta, a sabiendas que provocaría a Ami por mucho que se esforzara en no hacerlo. Aunque a Michiru también le divertía ver cómo molestaba a Ami, incluso ella sabía cuándo debían dejar descansar un poco a la chica genio si es que Haruka pretendía, algún día, llevarla de paseo en la motocicleta o en su auto nuevo. Además, a Haruka le agradaba mucho que Michiru tuviera una buena amiga con la cual compartir un poco más y hacer el papel de hermana mayor.
En su propio caso, ella más bien parecía un hermano mayor con dos hermanitas muy molestas y divertidas.
- ¿Seguras que tienen el día libre y no escaparon de Setsuna? – preguntó Haruka apenas tomaron asiento en una explanada, a la sombra de un árbol.
- Son las ventajas de ser las jefas de nuestras secciones – canturreó Minako luego de un sorbo de refresco. – Setsuna me ha dicho que, si sigo con mi buen trabajo, podría darme lugar como Jefe de Recursos Humanos.
- Eso suena demasiado propio para ti, mi querida Minako – murmuró Makoto con tono malicioso.
- ¡Hey, tengo buen ojo para las personas! – alegó la rubia ante la divertida mirada de Haruka.
- Tiene un muy buen punto – agregó la pianista, haciéndole un par de cariños en la cabeza a su joven amiga.
- Era broma, era broma – rió Makoto. - Espero que pronto suceda eso, porque así tendrás un poco más de tiempo libre y podremos salir a pasear más seguido.
La plática siguió un poco más, Haruka estaba contenta porque el par había tomado en serio su consejo de dejar de buscar novio de manera tan desesperada. Ya se estaban dando el tiempo de conocer más gente en muchos lugares, incluido el restaurante, prueba de ello era que solían responder constantes llamadas a sus móviles y mensajes de texto de distintas personas. También se les veía más alegres y menos tensas, y eso igualmente se reflejaba en el buen trabajo que habían estado haciendo en el Moon Castle en esas últimas semanas.
La plática se fue extendiendo entre bromas, algunas cosas que Haruka les contaba sobre la escuela y las vivencias en los ratos libres del par de chicas. Lo bueno era que tanto Michiru como ella hacían todas sus tareas con especial dedicación, por lo que tenían su tiempo libre completo. En cuanto a los deberes que incluían música de manera práctica, quizá hacían un poco de trampa llevando sus tareas al trabajo y usando el escenario del Moon Castle para presentar composiciones propias. Todas hechas por Michiru, por cierto, Haruka estaba feliz con acompañarle en el piano y no quebrarse tanto la cabeza. Michiru estaba hecha para esas cosas, Haruka no.
Todo iba en completo orden, quizá demasiado bueno para ser verdad, pero así era y no pensaban desaprovechar la oportunidad.
- ¡Oye, Tenou! – gritó una voz de repente.
El trío levantó la mirada y vieron a un par de jóvenes acercarse. Se trataba de dos miembros del club de motorismo de la universidad, chicos un par de años mayores que la rubia. No que Haruka tuviera grandes amistades en la escuela, pero tenía un trato suficiente con compañeros de clases y de club como para no ser tachada de antisocial; le agrada que la tuvieran como una persona reservada.
Haruka, por cierto, tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para recordar los nombres de esos chicos.
No fue complicado darse cuenta que su par de amigas habían quedado particularmente encantadas con esos dos compañeros de universidad. Según opiniones de otras chicas, ese par era guapo, según Haruka, no tenían ninguna gracia; pero su opinión no contaba mucho cuando no estaba muy interesada en intimar con más gente de su universidad.
No pasó demasiado tiempo antes de que ese par y su par de fans intercambiaran números telefónicos.
Haruka no dijo nada al respecto, estaba bien que ellas hicieran muchas amistades, ese había sido su consejo después de todo.
- No quisiera irme, pero tengo que ir por Michiru, quedé de pasar por ella al deportivo. Si no salgo ahora, la dejaré esperando mucho y no sea que quiera escapar con alguien – se despidió Haruka de las chicas.
- Con cuidado, nos vemos mañana en el trabajo – respondió Minako. – Nosotras también tenemos que volver a casa.
- Nos vemos, nos saludas a Ami si la vez – agregó Makoto y al fin dejaron ir a Haruka.
La alta chica se despidió con un gesto de sus dos amigas y se retiró a pie. Había dejado el automóvil en un estacionamiento público a un par de calles de ahí. El deportivo le quedaba a poco más de media hora en auto y, no que no tuviera la capacidad física de hacerlo, pero prefería ir sobre ruedas que a pie.
Por otro lado, en el deportivo, Michiru y Ami buceaban luego de un par de carreras a lo largo de la piscina. Los otros nadadores en el sitio presenciaron la carrera y no pudieron más que admirarse de lo veloces que eran las chicas. Michiru ganó en todas las ocasiones ayudada de su largo y delgado físico en comparación con la constitución de su compañera más joven. Tampoco que le hubiera llevado una significativa ventaja, pero poco más de un segundo de ventaja era más que suficiente para dejar en claro su victoria.
No que a Ami le molestara perder, o que Michiru le echara en cara los resultados.
Luego de un rato, el sitio quedó para su completo uso, cosa que el par aprovechó para flotar, solo dejándose llevar por el capricho del agua.
- Entonces… ¿es verdad que aún no le dices nada a tu amiga sacerdotisa? – preguntó Michiru de repente, asustando a su compañera de nado al grado que perdió la concentración y se hundió.
Una divertida risa de Michiru fue suficiente para que Ami se sonrojara mucho apenas salió a flote de nuevo. Tosía un poco gracias al agua que tragó sin querer. No que a la violinista le gustara del todo, pero vaya que era divertido hacerla respingar así, ahora entendía esa manía de Haruka de molestarla tanto.
- ¡Michiru! – alegó Ami, sonrojada de manera linda.
- Ya, ya, tranquila – dijo la violinista, haciéndole unas caricias en el cabello para que quitara la cara de puchero que había puesto. – No quería asustarte así… es solo que ya ha pasado algo de tiempo y aun no me das ninguna noticia. Por un momento pensé que ya habrías hablado con ella, pero sé que no porque aún no me dices nada al respecto. Y recuerda que prometiste contarme todo lo que pasara.
- Sí, lo prometí – respondió, apenada y todavía sonrojada.
- ¿Y qué pasó?
- Nada aun. Es complicado decirle algo a Rei cuando la pasa diciendo que no necesita algo tan molesto como una relación de pareja – explicó Ami, no tan entusiasmada pese a la sonrisa pequeña en su rostro. – Como sacerdotisa tiene voto de castidad, no estoy del todo segura de que decirle mis sentimientos sea una buena idea. Podría rechazarme o meterse en problemas. No quiero perderla.
Vaya que era una situación complicada, más para alguien que destilaba tanta timidez e inseguridad como Ami. A manera de calmarla un poco, Michiru le hizo algunos cariños más en el cabello antes de invitarla a salir del agua. Ami no se negó ni al gesto ni a la invitación.
- ¿De verdad la quieres, Ami? – preguntó Michiru, tomándole una mano con firmeza.
- Si no fuera así, no la estaría pasando así de mal por pensar en ella, y tampoco feliz por lo mismo – respondió Ami, completamente segura de sus palabras.
- Sí, es un sentimiento confuso, creo que ya no puedo decir que te arriesgues, ella es una gran amiga tuya, y la posibilidad de perderla es enorme – murmuró. – Lo único que podría aconsejarte es que sigas la corriente, como con el agua. Si no tienes la fuerza para ir en contra, entonces abrázala y síguela. Algo sucederá, estoy segura – pensó un poco. – Aunque no sabría decirte más cuando no sé mucho de tu amiga, salvo por lo que me has contado de ella.
- Es una persona bastante peculiar – sonrió la chica genio, ya de mejor humor.
- Anda, vamos a ducharnos, ya nos quedamos aquí mucho tiempo y se hará tarde.
Aquellas palabras alteraron de graciosa manera a Ami. Michiru solo la miró entrar en pánico.
- ¡Es cierto, le dije a Rei que llegaría temprano al templo! – exclamó, corriendo a las duchas.
- ¿Hoy te vas a quedar con ella?
- Sí, se acerca el festival de aniversario la ciudad y me pidió que le ayudara con unos preparativos – explicó, bañándose a velocidad récord.
- Cierto, el año pasado Haruka y yo solo nos enteramos de ese festival por anuncios y carteles, no pudimos asistir.
No pasaron más que algunos minutos para que el par saliera de las duchas. En el recibidor del deportivo les esperaba Haruka, que jugueteaba con las llaves de su fabuloso convertible amarillo con rayos azules, faros altos, sonido digital y un completo sistema moderno que Haruka aún no memorizaba del todo pero que ya sabía utilizar.
Apenas se vieron, Michiru saludó a Haruka con un cariñoso beso en los labios. Ami solo hizo un ademán con la mano a manera de saludo.
- A casa, que me toca cocinarte algo para la cena – canturreó Haruka, tomando por el brazo a su compañera.
- ¿Hablas de una pizza o la comida de microondas de la otra vez? – preguntó Michiru, divertida.
- Sé que te gusta la pizza aunque lo niegues – enseguida volvió su atención a la joven que marchaba tras ellas sin decir mucho. – Y bien, ahora que tengo auto nuevo, ¿te animas a subir conmigo? Te llevaré a tu casa para que una chica linda no ande sola por la noche en una ciudad tan peligrosa– insistió como de costumbre con su tono divertido y a veces sobreactuado, esperando una negativa como de costumbre.
- Ésta vez te tomo la palabra, olvidé por completo que tenía que llegar al Templo desde hace ya un rato – dijo, para sorpresa de Haruka y cierta alegría de Michiru. – Lamento mucho la molestia, pero, ¿me llevarías al Templo?
La rubia dibujó una sonrisa enorme, estiró su brazo libre para rodear a Ami por los hombros y pegarla a ella de manera juguetona.
- ¡Faltaba más! – exclamó, llevándose a ambas chicas al auto. – ¡Estarás ahí antes de que te des cuenta!
Tal cual lo dijo, la rubia condujo por la ciudad con sobriedad y moderada velocidad. Suficiente para no alertar a ninguna autoridad de tránsito. Aunque nunca había ido al susodicho templo, bastaron dos indicaciones de Ami para que Haruka no tuviera problema alguno en llegar.
El sol acababa de meterse para cuando vieron el templo levantarse por encima de una pequeña colina. Una larga escalinata antecedía lo que era la amplia explanada de la construcción. Todo al más puro estilo tradicional, con aires místicos y con un ambiente misterioso, debidamente aderezado con inmensos árboles salpicados en todo alrededor.
También era posible ver que los preparativos para el festival estaban en puerta. Había algunos entarimados, señalizaciones delimitando los puestos de comida y variedades, y algunos adornos que no sufrirían desperfectos con el paso de los días faltantes. Era un aire y un ambiente relativamente nuevo para el par, que por un momento se quedó pensando en cómo se vería eso cuando el Festival comenzara como era debido. Sin embargo, no tuvieron tiempo de pensar mucho.
En la escalinata adivinaron una esbelta figura cubierta de holgadas ropas en blanco y rojo. Se trataba de una chica en su uniforme sacerdotal, con su largo cabello y sus ojos tan negros como la noche, con el semblante duro de un samurái y un aire extraño alrededor. "Misteriosa" era la mejor manera de describir a la chica que, por cierto, parecía ser de la misma edad que Ami. Ella era la famosa Rei.
- Ya me habías preocupado – sonó la voz de la sacerdotisa con un tono profundo y suave, pero un tanto estricto. Era obvio que había estado esperando por Ami.
- ¡Lo siento mucho, Rei! – se disculpó de inmediato la chica. – Me distraje nadando, se me fue el tiempo y olvidé por completo que tenía que llegar antes, no quise preocuparte, yo… - no pudo decir más, Rei le tomó por un hombro antes de dedicarle una cálida sonrisa.
- Está bien, solo avísame a la próxima – dijo, borrando su sonrisa, pero aun de buen humor. - ¿Para eso se inventaron éstas cosas, o no? – agregó, señalando el móvil en una de las bolsas de Ami. – Que no me guste usar el mío no quiere decir que no ponga atención a tus mensajes.
No pasó mucho antes de que Rei fijara su atención en el par detrás de Ami. Pareció analizarlas con aquellos ojos profundos, con la suficiente intensidad como para hacer que Haruka y Michiru sintieran esos ojos clavarse en ellas. Era justo como Ami la había descrito, con una presencia bastante fuerte y llamativa.
- Rei, te presento a unas amigas y compañeras del restaurante – dijo la chica enseguida, señalando a la pareja con un educado gesto. – Ella es Michiru Kaiou – se dirigió a la violinista – y ella es Haruka Tenou – finalizó con la pianista. – Chicas, ella es Rei Hino.
- Es un placer conocerte – saludó Michiru de inmediato, encantada de conocer por fin a la sacerdotisa. – Ami nos ha platicado mucho de ti.
- El gusto es mío – respondió Rei con su voz profunda, ahora cordial, - Ami también me ha platicado mucho de ustedes y tenía ganas de conocerlas. Muchas gracias por traerla hasta aquí.
- La traería más seguido si fuera menos necia – bromeó Haruka, alborotando un poco el cabello de Ami.
- ¿Haruka, eh? – murmuró Rei, como recordando algo. – Cierto, Haruka, esa chica tan simpática y guapa que siempre dices… ahora veo que es cierto – sonrió un poquito.
El saber que Ami hablaba bien de Haruka con otra gente por mucho que siguiera reticente a seguirle su juego normal fue suficiente para hacer sonreír a la pareja… y a Ami enrojecer mucho cuando Haruka le dedicó su característica sonrisa traviesa.
- Si no tienen prisa, pueden pasar y beber un poco de té – dijo Rei enseguida.
- Ami me comentó que tenían trabajo para lo del festival, no queremos ser una molestia – se disculpó Michiru.
- Está bien, tampoco hay tanta prisa.
Ante la amable invitación, la pareja aceptó pasar al templo. Si por fuera daba buena pinta, por dentro era un verdadero santuario. Estaba en muy buenas condiciones, con esos aires ancestrales en todos lados, se escuchaba el graznar de los cuervos en los árboles, había varios ayudantes en los alrededores trabajando con esmero en los adornos, solo se detuvieron de sus deberes para saludar a Rei con sumo respeto. Había algunos visitantes que iban a rezar o bien comprar amuletos. Por lo visto, era un templo muy concurrido.
El recibidor de la casa era igualmente cálido, por lo que el té se fue entre comentarios, algunas bromas, risas discretas e insistentes miradas de Michiru a Ami. Ésta última solo atinaba a sonrojarse y sonreír con un toque de felicidad. No pasó demasiado tiempo realmente. El par tenía que regresar a casa para descansar adecuadamente y revisar que no tuvieran ningún deber extraviado. Ambas anfitrionas acompañaron al par al inicio de la escalinata para despedirlas.
- Son invitadas a venir cuando gusten, son bienvenidas a nuestro humilde Templo – dijo Rei con suma educación.
- Será un placer. Fue un gusto conocerte, Rei – respondió Michiru, aun encantada con aquella chica. Le extendió la mano, gesto que la sacerdotisa correspondió con un firme apretón.
- Lo mismo digo – fue el turno de Haruka, imitando el gesto de su compañera, - y por Ami no te apures, nosotras la cuidamos.
Rei rió con ligereza antes de responder apropiadamente la despedida de Haruka, pero apenas tocó su mano, se quedó quieta, estática. Su sonrisa cambió por un gesto concentrado y serio, como si estuviera estudiando algo. El apretón de su mano se intensificó ligeramente, extrañando a sus acompañantes.
- ¿Rei? – le llamó Ami, sacándola de aquel trance.
- ¿Uh? – la sacerdotisa sacudió la cabeza y soltó a la rubia, poniendo de inmediato su gesto de costumbre. – No, no es nada. Es que de pronto recordé algo – miró al par y se inclinó de manera educada. – Espero verlas en el festival.
- Prometido – sonrió Haruka, olvidando el incidente casi al instante.
- Nos vemos en el trabajo, Ami – se despidió Michiru.
La pareja bajó la escalinata entre risas y algunos comentarios privados, mismos que ya no pudieron escuchar Ami y Rei. Sin embargo, ésta última tenía un gesto agravado en el rostro.
- ¿Rei, qué pasa? – para Ami era obvio que se trataba de algo grave, de sobra conocía a la chica.
- El Gran Halcón pronto dejará de volar – murmuró Rei sin perder de vista a Haruka. – Y dejará muchas lágrimas a su paso… y a esa chica destrozada…
Ni Haruka ni Michiru escucharon aquello, su auto amarillo se perdió entre la calle ya oscura en cuestión de minutos.
Continuará...
