PARTE 16 El Festival
Había pasado alrededor de semana y media desde que la pareja conoció a la famosa amiga sacerdotisa de Ami, y desde entonces aprovechaban cualquier oportunidad para mandarle saludos con la chica genio, o bien ir a saludarla en persona cuando Haruka atrapaba a Ami y la llevaba al templo junto con Michiru. Solo habían sido un par de visitas desde entonces, en parte para no quitarle demasiado tiempo cuando era obvio que, con el Festival a la vuelta de la esquina, el Templo y todos los que trabajaban en él estaban muy ocupados. Incluso Ami tenía trabajo hasta el cuello ayudando con el papeleo y la organización de cuentas de todo el material. No que eso fuera demasiado esfuerzo para la mente de la chica, pero sí tomaba tiempo y atención y nunca se cansaba de agradecer a las chicas que la llevaran al templo cuando coincidían en horarios de salida.
El gran día había llegado y, por fortuna, ese fue su día libre también, por lo que planearon pasar la tarde y parte de la noche en el Festival. Era la primera vez que podrían asistir a uno y estaban muy emocionadas con la idea. Al parecer, Makoto y Minako también irían al Festival luego de terminar sus turnos más por la noche. Quizá se encontrarían con ellas en cualquier momento de la noche.
O al menos esos eran los planes, pero eran las seis de la tarde y aun no salían de casa. Michiru tenía algunas prendas nuevas y estaba indecisa de qué ponerse. Haruka tenía un largo rato esperándola y comenzaba a impacientarse.
- Michiru… en serio… solo vamos a ir a un festival, no necesitas ponerte tan elegante – reclamó Haruka con cierto enfado luego de verla ponerse un vestido esmeralda por sexta vez para compararlo con dos modelos anteriores.
- ¿Tiene algo de malo que me vea bien en todo momento? – preguntó Michiru sin dejar de mirar su reflejo en el espejo, su tono era bastante divertido.
- Sí, harás que todos volteen a verte y eso es lo que menos quiero – alegó, cruzada de brazos.
La respuesta hizo reír a Michiru y finalmente volteó a mirar a su pareja. Haruka iba muy casual: jeans, zapatillas deportivas, camiseta holgada y fresca.
Quizá sí estaba exagerando un poco. Además, si llevaba tacones altos se iba a cansar si la iban a pasar hasta tarde paseando en el festival. Finalmente hizo de lado todos los vestidos y buscó algo parecido a lo que llevaba Haruka puesto. Jeans más ajustados y cortos, apenas por debajo de la rodilla, zapatillas deportivas también, una blusa blanca sin mangas, un bolso claro y, como toque final, se recogió el cabello en una coleta para evitar acalorarse.
- ¿Mejor? – preguntó apenas terminó de arreglarse, proceso que le tomó menos de cinco minutos.
Haruka estaba a punto de alegar de pudo haber hecho eso desde hace horas, pero ver a Michiru vestida con esa sencillez le hizo olvidar todos sus reproches. Solo asintió sin decir más, sus mejillas tenían un gracioso y casi invisible sonrojo. Michiru no tuvo problemas en notarlo. Tomaron cascos y llaves y salieron camino al festival en la motocicleta.
La tarde que avanzaba iba restando luz al cielo, lo que realzó más la iluminación del camino principal donde se llevaba a cabo el festival. Cientos de puestos de comidas y juegos estaban a los costados de la calle, sobre las aceras, permitiendo a los visitantes pasear en plena calle. Había un agradable escándalo de risas, gente platicando, niños riendo y gritando de contento, los vendedores alzando sus voces para llamar la atención de los clientes. Tantos aromas mezclados y el ambiente en general sobrecogieron a la pareja, que era la primera vez que tenían oportunidad de asistir a un evento público de ese tipo.
Sus experiencias en algún tipo de festividad se limitaban a actividades escolares al público en general. Su tranquila vida en casa con sus padres había sido una especie de burbuja, alejada de todo y de muchos, protegida de lo más común y lo "normal". Era como haber vivido en un sueño y luego enfrentarse a la realidad.
Pese al golpe mental que fue ver eso por primera vez, no tardaron en sonreírse la una a la otra, a sabiendas que habían pasado por el mismo shock, y se adentraron en aquel mundo nuevo para ellas.
Las chicas les habían recomendado ir con el estómago vacío y eso hicieron. El aroma de tanta comida fue suficiente para abrirles el apetito y pronto hicieron un recorrido por todos los puestos de comida que pudieron. No que comieran en exceso, solo procuraron comer de todo un poco para aguantar el resto de la noche. Luego de devorar manzanas bañadas en caramelo, el par fue a uno de los juegos de destreza.
Tres aros en los blancos eran suficientes para ganar uno de los muñecos de peluche, por lo que Haruka, en un obvio afán de lucirse ante Michiru, aceptó el reto de puntería. Por cierto, que los precios de la comida y los juegos eran ligeramente elevados, pero dinero era algo que no les hacía falta de momento.
- Quiero el oso de peluche de ahí – murmuró Michiru al oído de Haruka al mismo tiempo que pasaba juguetonamente sus dedos por los costados de ésta, distrayéndola lo suficiente para errar el primero de sus cinco tiros.
Luego de un escalofrío de cuerpo completo, Haruka miró con mala cara a su compañera. Michiru solo le respondió con una sonrisa inocente.
- Tendrás tu oso, solo no vuelvas a ponerme las manos encima así o no respondo – respondió Haruka en provocador tono, mientras su primer aro daba en el blanco.
- ¿Y si lo vuelvo a hacer qué va a pasar, eh? – preguntó Michiru con tono juguetón.
- Nos iremos a casa y haré lo que quiera contigo – respondió con su sonrisa confiada, mientras su segundo tiro también era exitoso.
- No suena mal – respondió Michiru con una sonrisa pequeña.
- Lo sé… pero de verdad quiero conseguir ese muñeco para ti – dijo y finalmente su tercer tiro dio en el blanco, ganándose el tan codiciado muñeco para su pareja. – Ten, todo tuyo.
Michiru agradeció el esfuerzo de Haruka con un beso en la mejilla y el resto del viaje llevó su oso bajo el brazo. No era siquiera un muñeco muy caro o lujoso, era sencillo pero el haberlo ganado le daba un algo especial al obsequio. Fueron camino al templo esperando toparse con Ami o con Rei, pero apenas llegaron al pie de la larga escalinata, centenares de personas abarrotaban desde la calle la entrada al templo.
Compras de amuletos, peticiones de rezos a los sacerdotes, bendiciones variadas, rezos y una cercana ceremonia para pedir un buen año para la ciudad era lo que tenía con más movimiento al lugar. Era imposible subir sin evitar la larga fila. Decidieron que lo mejor era evitar el templo hasta que pasara la hora pico de los eventos y mejor fueron por otros juegos de habilidad.
Ya era de noche y descansaban un poco del paseo cerca de un parque repleto de árboles donde igualmente había puestos de todo tipo. Mucha gente incluso había puesto mantas a manera de picnic en los alrededores. Era una vista muy agradable.
- Es muy diferente, ¿verdad? – preguntó Michiru mientras tenía su vista en la gente que pasaba por la calle y en las luces de los stands de comida.
- Sí, es ruidoso y agradable en cierta forma… definitivamente es diferente – respondió Haruka, igualmente miraba el vaivén de los visitantes del festival.
- ¿Porqué no vinimos el año pasado? No lo recuerdo.
- Porque no teníamos dinero.
Silencio.
- Al menos ya tenemos, y nos tomó el año llegar a éste punto, ¿verdad? – comentó Michiru con una pequeña sonrisa, mientras abrazaba con ambos brazos su muñeco de peluche.
- ¿Uh?
- Quiero decir… el comienzo fue difícil. Las clases, el trabajo y tener que depender de nuestro esfuerzo en su mayor parte… fue complicado.
La rubia hizo memoria y sonrió. Eso era cierto. Habían pasado por muchas cosas, conocido a gente nueva y se adentraron en el mundo ordinario lejos de los lujos, de la protección de los padres y de la comodidad de una idílica forma de vida. Solo atinó al sonreír sin dejar de mirar al frente y dejar que su mano lograra atrapar una de las de Michiru. La violinista recibió el gesto con agrado y se recargó en el hombro de Haruka, dejando un cómodo silencio entre ambas.
- ¡Hola, Haruka! ¡Hola, Michiru! – sonó una alegre y familiar voz.
Las aludidas salieron de su silenciosa contemplación solo para ver a una alegre Minako correr hacia ellas. La recibieron con una sonrisa y se pusieron de pie apenas la rubia se detuvo frente a ellas.
Pero la rubia no venía sola. Tras ella llegó Makoto y, a su vez, más atrás venían dos personas más que el par tardó un poco en coordinar. Se trataba de dos chicos. Haruka pronto los reconoció, se trataba de dos de los chicos del club de motorismo de la Universidad, los mismos que le había presentado a las chicas hacía ya algún tiempo. Seguía sin recordar sus nombres del todo.
- ¡Qué bueno que pudieron venir! – exclamó Makoto con alegría en cuanto se reunió con ellas. - ¿La están pasando bien en su primer festival?
- Es un ambiente muy interesante, sí – respondió Michiru con aire un gracioso aire digno, antes de soltar una pequeña risa. – La estamos pasando bastante bien.
- Queríamos ir al templo, pero… - murmuró Haruka.
- Olvídenlo, para ir al templo y llegar a la cima hay que hacer fila por al menos una hora. Tienen que llegar de con tiempo o muy, muy temprano para evitar a toda la gente – le interrumpió Minako con cierto fastidio. – Ami está muy ocupada allá y no creo que la veamos.
- Menos cuando los fuegos artificiales van a ser en un rato más – comentó Makoto.
- ¿Fuegos artificiales? – preguntó Michiru.
- Sí, los lanzan desde la parte trasera del templo, para evitar algún incidente.
Michiru trató de imaginarse aquello, la vez pasada solo había escuchado el fuerte sonido de los fuegos artificiales al reventar en el cielo, pero ni de lejos los había visto. Verlos de cerca sonaba a algo muy lindo, sobretodo si tenía oportunidad de verlos de la mano de Haruka. Por su lado, la rubia había comenzado a imaginar algo similar, pero su atención pronto se volcó a su par de compañeros de escuela, que habían permanecido a distancia en espera de las chicas.
- ¿Vienen con ellos? – preguntó Haruka a su par de amigas.
- ¡Sí! – respondió una animada Minako. – Nos pidieron una cita doble y fueron por nosotras al restaurante. ¡Qué románticos!
- La hemos pasado bien con ellos – comentó Makoto con una sonrojada sonrisa. – Son muy caballerosos y agradables.
Haruka volvió a mirarlos de reojo. Platicaban entre ellos, cargaban unas bebidas y algunos regalos de los stands de juegos. Michiru igualmente los miró, pero solo por unos instantes antes de mirar a las chicas.
- Entonces vuelvan a sus citas, pero no olviden regresar a casa a buena hora, mañana habrá trabajo duro – dijo con su tono dulce.
- Ellos nos llevaran a casa, vinieron en auto y nos llevaran de regreso también, así que no deben preocuparse por nada – anotó Minako de inmediato. Parecía muy emocionada ante la idea.
- Entonces sigan paseando. Nosotras esperaremos por esos fuegos artificiales que dicen – comentó Haruka. - ¿Cuál es el mejor lugar para verlos?
- Pues… - pensó la rubia de cabello largo. – Éste parque tiene una elevación, en la parte más alta hay un lugar con bancas y es un sitio muy popular. Pero puede que ya esté algo lleno a ésta hora, muchos suben desde antes.
- Ya buscaremos un buen sitio, anden, sigan con sus citas – les animó Michiru y el par no tardó en despedirse y regresar con sus respectivas citas. – La están pasando bien por lo que veo, ¿no te alegra Haruka?
Su acompañante solo respondió con un sonido gutural. No había alejado su mirada de sus amigas sino hasta que se perdieron entre la multitud. No se le veía muy alegre.
- No me digas que no te gusta que tus fans pongan su atención en alguien más – dijo con una risa divertida.
- Puede ser – contestó con un tono nada complacido.
- Que estén saliendo con otros chicos no quiere decir que vayan a dejar de adorarte – le animó, tomándose de su brazo para animarla a caminar de nuevo. – Mañana las tendrás colgada de ti en el trabajo.
Los bien intencionados comentarios de Michiru por fin dibujaron una sonrisa alegre en Haruka. La rubia dejó su gesto desagradable de lado y mejor se dedicó a seguir disfrutando de una caminata por el festival.
Más adelante, casi al final de la zona designada para las actividades, había una plaza amplia que habían acondicionado para bailar. Un modesto equipo de sonido tocaba canciones de ritmos movidos, mientras un DJ animaba a la gente con comentarios, chistes, saludos y constantes gritos festivos que obligaban a todos a dejarse llevar por la música. Aquello pareció sorprender a la pareja y Haruka, en un arranque caballeresco, se despegó de Michiru para adelantarse unos pasos, inclinarse ligeramente y mirarla con una mirada suplicante y graciosa.
- Puede que suene muy atrevido de mi parte – dijo con un tono de voz muy propio – pero, ¿me concedería un baile, señorita?
Aquello hizo reír a Michiru bastante. Echó una hojeada alrededor y todos se divertían. Bailaban desde ancianos hasta niños, pasando por grupos de varios amigos que no se habían animado a buscar pareja de baile y preferían bailar todos juntos. Eso se prometía bastante divertido.
Pronto volvió su atención a Haruka y puso un gracioso gesto pensativo.
- No lo sé. ¿Cómo puedo saber que no tiene malas intenciones? – preguntó, siguiendo el juego sin ningún problema.
- Tendrá que confiar en mí. Además, con tanta gente alrededor, dudo mucho poder hacer algo malo – insistió Haruka manteniéndose en papel. – Además, usted luce como una persona muy interesante y sería muy grato para mí si pudiera bailar y conversar conmigo al menos por una pieza.
- De acuerdo, solo una pieza, pero solo eso y nos despedimos – enseguida le dio su mano y Haruka la llevó a la pista de baile. – Ya tengo pareja y no quiero que se meta en problemas. Mi pareja es muy celosa y posesiva. Y bastante gruñona.
Casi al punto de la risa, Haruka la sujetó bien y comenzó a bailar con ella al ritmo que dictaba la música.
- Suena como a una pareja muy problemática – respondió Haruka. - ¿Qué le parece si deja a esa persona gruñona y posesiva y escapa conmigo? – preguntó, pegándola un poco más a su cuerpo ante una divertida mirada de Michiru.
- Me halaga – contestó después de una veloz vuelta antes de verse atrapada contra el cuerpo de Haruka en un fuerte y posesivo abrazo. – Pero soy fiel, lo siento mucho.
- No puede decir que no lo intenté.
Finalmente compartieron una intensa mirada antes de soltarse en una incontrolable risa. Siguieron bailando varias piezas e incluso bailaron con una pareja de ancianos que reconocieron como clientes frecuentes del Moon Castle. Sin darse cuenta, entre bailes y juegos se les fue alrededor de hora y media. El DJ anunció que pronto comenzaría el espectáculo de fuegos artificiales, por lo que Haruka y Michiru decidieron probar suerte en el mirador que las chicas habían mencionado. Se despidieron de los agradables ancianos y se dirigieron a la cima de la pequeña colina del parque.
Entre las sombras protectoras de la noche, la luz que se filtraba de la iluminación del festival permitía adivinar las siluetas de varias parejas bajo los árboles. Era innegable que el ambiente era de los más románticos y las sombras bajo los árboles eran tentadoras para intercambiar gestos amorosos, pero ya tendrían oportunidad de compartir besos después, de momento estaban más interesadas en ver esos fuegos artificiales.
Al llegar a la cima, había una considerable cantidad de gente en espera, pero aun así lograron un buen sitio de vista entre el límite del mirador y el bosque. Todos miraban el cielo y los ánimos se encendieron al escucharse el agudo silbido del proyectil volando al cielo. El estruendo sonó con fuerza mientras la primera flor de fuego se abría en los aires y desaparecía entre chispas de colores. No tardó en salir todo un desfile de fuegos artificiales de todos los tamaños y colores, incluso algunos formando sencillas figuras.
Los niños gritaban de emoción, otros comentaban lo lindo que era el espectáculo, otros miraban en silencio y sin apartar la mirada del cielo. Haruka y Michiru estaban absortas en las chispas coloridas que se esfumaban a la misma velocidad con la que aparecían. Era un sentimiento sobrecogedor poder ver todo eso rodeadas de tanta gente, sintiendo sus manos estrechándose con fuerza y disfrutando del momento clímax del festival.
El cielo se tiñó de colores por cinco minutos y pronto terminó todo. Ni bien se hizo silencio, se escucharon aplausos en todo el lugar, incluso se escucharon desde la calle más abajo. La pareja se abstuvo del gesto, solo compartieron una sonrisa complacida y acordaron en silencio bajar de ahí y volver a la calle principal.
- Fue lindo – comentó Michiru con un gesto emocionado.
- Me alegra que viniéramos. Me divertí mucho – dijo Haruka con claro gesto de contento. - ¿Y tú, la pasaste bien?
- A tu lado siempre la paso bien.
Compartieron una sonrisa y a medio camino escucharon algunos sonidos que las obligó a detenerse para poner atención.
Eran voces, parecían alegar. Por un momento imaginaron que alguien en los alrededores estaba discutiendo, pero lo que las puso tensas de golpe fue reconocer una de esas voces como la de Makoto. Y no sonaba muy feliz. Se miraron la una a la otra en son de alerta y rápidamente se dirigieron a donde creían provenían las voces.
Llegaron a un pequeño claro bastante alejado del camino principal y vieron que uno de los chicos tenía sujeta a Minako, mientras Makoto forcejeaba con el otro. Ésta pronto tomó una pose ofensiva, lista para defenderse, pero no dejaba de mirar a Minako y era obvio que le preocupaba el bienestar de su amiga. Podrían dañarla de alguna manera y eso la retenía de pelear.
- ¡Vamos, ustedes dos estaban muy complacientes con nosotros! – alegó el que enfrentaba a Makoto. - ¿Qué tiene de malo que nos den un poquito de amor, eh? – preguntó con gesto lascivo.
- ¡Les voy a enseñar a respetar a las chicas! – exclamó Makoto, lista para atacar.
- Mejor no lo hagas – intervino el que sujetaba a Minako, mientras apretaba un poco más el cuello de la chica con su brazo, haciéndola quejarse.
Makoto volvió a contenerse y apretó los dientes… antes de notar a una figura conocida moverse detrás del tipo que sujetaba a su amiga. No tardó en reconocer a Haruka, lo mejor era no advertir a los sujetos de la presencia de su amiga, así que hizo un poco de tiempo.
- Mejor sí lo hago, yo sola podría romperles la cara a ustedes dos – más confiada, volvió a tomar una pose ofensiva para sorpresa del par.
- ¡Deja de hacerte la valiente, mujerzuela! – le gritó el que sujetaba a Minako y apretó más su agarre. - ¡Voy a romperle el cuello a tu amiga y después…!
No pudo decir más. Un buen golpe por la espalda lo hizo soltar a la rubia. El otro chico fijó su atención en su compañero por unos segundos solo para reconocer a Haruka sobre su amigo. Para cuando volvió su vista al frente, un poderoso golpe de Makoto lo dejó fuera de combate.
- ¡Los voy a matar! – gritó Haruka con genuina furia, soltando un par de patadas al que yacía a sus pies.
Minako se aferró de Michiru mientras Makoto se acercó a ellas, segura que el tipo al que había noqueado tardaría en despertar.
- Tranquilízate, Haruka – le calmó Michiru. – Mejor llamemos a seguridad y dejemos que ellos se encarguen de esos dos – enseguida miró a las chicas más jóvenes. - ¿Ustedes están bien? ¿Qué sucedió?
- Intentaron propasarse con nosotras y no los dejamos – explicó Makoto mientras ayudaba a calmar a Minako con unas caricias en el cabello.
- Hubiera podido defenderme también, pero me tomó por sorpresa – agregó una aun nerviosa Minako, sin soltarse dela ropa de Michiru.
Haruka seguía furiosa y no se le veían con muchas ganas de dejarlos ahí sin hacer más. Miró a sus acompañantes, aliviada de que al menos sus amigas estuvieran bien. Suspiró hondo y pronto se le ocurrió una idea para darles una lección a esos dos. No tardó en comentarle su plan a sus acompañantes, y éstas parecieron felices con la idea de venganza de Haruka. No que por eso ésta fuera dejarlos en paz después, pero era un buen comienzo del escarmiento que les tenía en mente por haberse metido con sus mejores amigas.
Salieron del claro unos minutos después luego de haberlos dejado en ropa interior y perder el resto de su ropa y calzado entre el bosque. Quizá les daría un resfriado, pero era de esperarse que no pudieran encontrar su ropa y sería muy complicado para ellos salir de la espesura en ese estado.
Ya después se enterarían de los demás miembros del club de motorismo que al par les habían dado un día de cárcel por asustar a un par de ancianas en el mirador.
Mientras, esa noche de festival terminó por la paz. Haruka y Michiru invitaron a las chicas a pasar la noche en su casa, éstas aceptaron y solo llegaron a dormir. Olvidando el incidente sin que alguna de las dos quedara con algún susto muy severo, finalmente llegaron a casa con graciosos comentarios sobre lo que le habían hecho a esos dos sujetos.
Pese a lo sucedido, su primer festival había sido uno muy memorable.
Continuará...
