PARTE 17 Conflictos
Haruka no podría creer lo que estaba pasando, estaba en detención en la oficina del encargado de seguridad en el campus junto con el par de tontos que se habían atrevido a molestar a Minako y a Makoto en el festival. Al parecer su broma de dejarlos en ropa interior en el parque público no había sido una muy buena idea, no habían parado de mofarse de ellos en el club y mucho menos en una buena parte de la gente que los conocían, quizá debió escuchar a las chicas cuando le aconsejaron que solo los dejaran en manos de la policía.
Sí, el problema había sido en durante el festival hacía varios días, fuera de los terrenos escolares y no debió pasar a más, pero estando ambos chicos en el mismo club que Haruka, no dejaron pasar la oportunidad de tratar de cobrarse lo sucedido en el parque. Eran el hazmerreír de todo el club y la noticia de los dos chicos en poca ropa asustando ancianas en el parque estaba en boca de todos. Tampoco había sido la intensión de Haruka que la broma fuera tan lejos, pero ya no había nada qué hacer al respecto y claro que no pensaba disculparse con esos tontos cuando claramente se habían ganado ese castigo por molestar a dos chicas.
La autoridad escolar en turno, un hombre de impecable bigote y traje claro, miraba a los tres estudiantes con gesto poco complacido. Siendo esa escuela una de gran fama y clase, no podían permitir ese tipo de comportamiento dentro de sus muros. Llevaban al menos cuarenta minutos ahí dentro contando la situación previa que había degenerado en una pelea en el club de motorismo.
- ¿Y bien? – preguntó el encargado de seguridad – ¿Cómo fue, exactamente, que comenzó la pelea? Lo que sucedió en el festival lo entiendo en parte, ¿pero cómo fue olvidaron en qué institución están, y que cuando firmaron su registro se comprometieron a un comportamiento impecable y ejemplar? – miró al par de chicos – De ustedes dos casi no me sorprende, tengo algunas quejas anónimas de chicas que se quejan de constante acoso de su parte, pero tú – miró a Haruka con expresión severa, obligándola a torcer la boca y mirar a otro lado – Nunca esperé verte en mi oficina, así que espero una buena explicación.
Con un enorme suspiro, Haruka lanzó una mala mirada a los chicos y enseguida contó la historia. Por suerte los tuvieron esperando en el pasillo por un largo rato y eso le ayudó a enfriar su cabeza un poco y aclarar sus ideas. Lucía un moretón en el pómulo derecho y el labio partido, sus nudillos estaban enrojecidos y con algo de sangre seca entre los dedos. También lucía mínimas cortadas por culpa de vidrios rotos. La parte de la pelea física no la tenía del todo clara, solo supo que de repente tenía a los dos encima soltando golpes y ella solo respondió. Cabía mencionar que sí ganó la pelea, para alboroto de las fans que superaron el susto del escándalo y la pelea.
- Sí, les hice la broma porque ellos molestaron a amigas y compañeras de trabajo. No esperaba que llegara tan lejos y acabara en esto, pero no me arrepiento, no hay nada que los excuse de molestar y acosar chicas menores de edad. ¡Eso deberían tomarlo en cuenta! – tomó aire.
- Si no son parte de la escuela, ese asunto no nos incumbe, y a menos que haya alguna orden policial por sus acciones, no hay nada más qué hacer al respecto.
Aquella respuesta malhumoró más a Haruka, pero tomó aire y siguió contando la historia.
- Cuando llegué al club de motorismo ellos estaban ahí y los demás chicos se burlaban aun, el líder del club paró las risas y nos puso a trabajar. Los demás no paraban de bromear y ellos – miró al par de manera malhumorada – se enojaron tanto que comenzaron a gritarle a todo mundo y a mi casi me sacan a empujones de la casa club, pero el líder calmó a todos y me mandó a la cafetería por algunas bebidas para tratar de mejorar el ánimo. Cuando iba a volver, ellos me esperaban en el hall donde comenzaron a empujarme. Yo no quería pelear, puede preguntar a los que vieron, solo me defendí.
En serio estaba enfurecida. A esa hora ya debía estar camino al trabajo. Nunca había faltado al trabajo y, además, Michiru se había preocupado mucho por el escándalo provocado por la pelea. Solo pudo enviarle un mensaje avisando de su ausencia en el restaurante y pedirle que no se preocupara por ella, que saldría de esa.
- ¿Y ustedes no dicen nada? – preguntó el encargado al par de chicos.
Estos solo miraron a un lado sin saber qué decir. No que hubiera algo que pudieran usar en su defensa cuando ahora ya todos sabían que acosaban a chicas menores de edad, que entre ambos habían peleado y golpeado a una chica… por muy varonil que se viera, y que en la pelea habían roto preciados objetos de la escuela.
- Dadas las circunstancias, entre los tres deberán pagar los objetos rotos – comenzó a hacer anotes en pequeñas hojas – Ustedes dos serán expulsados por seis días, y tú – se dirigió a Haruka – por tres días. Ambos castigos a partir de éste lunes y tienen una semana para pagar lo que les toca de los daños, o habrá más consecuencias.
Los tres recibieron pequeñas notas de pago. A Haruka casi se le va el aire al ver la cantidad. ¡Eso era el pago con propinas y extras de medio mes de trabajo en el restaurante!
- ¿¡Todo esto por unos tontos cuadros y esos jarrones!? – se puso de pie con un gesto por demás ofendido.
- No solo son los cuadros de importantes reconocimientos y jarrones importados, si no reparar los exhibidores completos. Son objetos de fábrica y tenían más de medio siglo aquí. No será nada fácil mandar a reparar todo eso. Debió pensar en ello cuando hicieron el desastre en el hall, Srita. Tenou.
El otro par no hizo gesto alguno al ver el monto, pero sí sonrieron al ver la reacción de Haruka… ambos eran de familias bien acomodadas y pagar eso no era nada a decir verdad. Sus sonrisas retorcidas y esos gestos burlones eran la clara señal de lo mucho que estaba disfrutando la escena, les estaban dando una pequeña retribución de todo por lo que habían pasado por culpa de esa entrometida.
Haruka apretó la quijada y no dijo más. Que dividieran los gastos entre los tres era justo… sí, pero… eso era totalmente exagerado.
- Pueden retirarse, podrán asistir el resto de la semana a clases, pero no quiero ver sus caras a partir del lunes.
- Mañana mismo tendrá el pago de parte nuestra, señor – dijo uno de ellos, disfrutando la mala mirada que la rubia le lanzó antes de salir de la oficina.
Ni algunos grititos de emoción de parte de sus fans al verla algo maltratada mejoraron el humor de Haruka. Todo mundo en la escuela estaba encantado porque al fin alguien pusiera en su lugar a ese par, pero el héroe en cuestión no estaba nada contento al final del día. Estaba fuera de la escuela por tres días y debía pagar esa absurda cantidad de dinero por esos horribles jarrones viejos. Lo mejor era contarle a Michiru lo sucedido apenas se vieran. No estaba de humor para ir al trabajo, así que fue directo a casa.
Mientras, en el restaurante, Michiru se limitaba a tocar el violín tal cual lo decía su programa de la noche y se sentía bastante rara por tocar sola en el modesto escenario de siempre. Podía tocar sobre ese pequeño lugar con los ojos cerrados, moverse con el violín en sus manos sin caer por el pequeño borde, podía evadir el piano y los cables, podía hacer todo eso. Pero en ese sentimiento le era algo nuevo, el sentir que le faltaba algo. Extrañaba el piano haciéndole coro, de verdad lo extrañaba.
Su programa terminó como de costumbre y fue a tomar un descanso a la cocina.
Apenas la vio entrar en sus territorios, Makoto dejó un momento a los demás cocineros y fue con Michiru para dejarle algo de comer. Michiru solo les contó a medias lo sucedido en la escuela antes de ir a tocar su programa, y claro que tenía que contarlo, Setsuna tenía que anotar el porqué de su retraso. La joven chef parecía preocupada, sabía que el problema había sido con esos chicos y no evitaba sentir una molesta sensación de culpa. Minako se sentía igualmente responsable por eso. Michiru también, cabría decirlo, pudo haber detenido la broma de Haruka. Era demasiado tarde para cualquier cosa y arrepentirse no ayudaba.
Durante su programa sintió el móvil vibrar entre su ropa y no fue sino hasta ese momento que pudo revisar el mensaje.
Ya estoy en casa, no iré al restaurante hoy, paso por ti a la salida. Te cuento llegando.
Un mensaje sin tanto detalle y por alguna razón podía imaginarse a Haruka molesta. Se abstuvo de llamarla y prefirió dejar que se le enfriara la cabeza antes de enterarse de lo sucedido.
- Ten, come – dijo Makoto, dejándole su plato al frente y sacándola de sus pensamientos.
- Ah… - sacudió un poco la cabeza – Muchas gracias, Makoto – le sonrió y comenzó a comer.
- ¿Alguna noticia de Haruka? – preguntó enseguida, siendo imposible ocultar su gesto ansioso.
- Está en casa, es algo tarde para venir, solo pasará por mi más al rato – dijo entre bocados, sintiendo algo de preocupación también, pero hacía un mejor trabajo ocultándolo.
- Mejor avísale a Setsuna, anda ansiosa pensando que podría venir.
- Le diré en cuanto coma – sonrió.
Setsuna decidió pasar la falta por alto y solo le pidió a Michiru dijera a Haruka que la quería puntual al día siguiente. La violinista solo esperaba que Haruka estuviera de humor para ir al trabajar al día siguiente. Sin dar más explicaciones el resto de su turno de trabajo, y buscando calmar a Minako y a Makoto, solo les dijo que todo estaría bien, que no era culpa de ellas lo que sucedía. Y en realidad no lo era, ya solo debía esperar a llegar a casa y enterarse de los detalles.
En aquel momento ella se encontraba en la piscina de la escuela, con el club de natación, y solo escuchó a una de las chicas llegar corriendo y avisar a grandes voces que había una pelea en el hall principal. No le tomó importancia al tema, normalmente ese tipo de cosas no le llamaba la atención, pero al escuchar que Haruka estaba dándole una paliza a los reconocidos pervertidos de la escuela, apenas si le dio tiempo de ponerse encima una de las batas encima, sandalias y salir corriendo al hall. Algunas de las chicas salieron en sus trajes de nado, por cierto.
Se reunieron alrededor del Hall gran cantidad de estudiantes, muchos disfrutando la pelea, otros incluso grabándola, algunas chicas más asustadizas palidecieron por la repentina violencia con la que el par se fue sobre Haruka… y por la igualmente violenta respuesta de la rubia. No que parecieran rufianes peleando, pero Haruka, que hasta ese momento nunca había levantado su puño contra alguien, demostró una escondida habilidad de pelea. Veloz y certera, los que recibieron los golpes más potentes fueron los dos chicos. E igualmente, siendo la primera pelea de su vida, no se libró de algunos malintencionados puñetazos. Entre empujones y demás, los tres acabaron chocando contra varias cosas del hall… incluyendo uno estante el ridículamente caro estante de cristal y su contenido.
Con la llegada de la seguridad de la escuela se acabó el espectáculo y los estudiantes fueron dispersados. Michiru intentó llegar con Haruka, pero ésta solo le dijo que todo estaría bien, que la veía en el trabajo. Tampoco que los de seguridad le permitieran acercarse mucho. Lo último que vio de ella fue una fiera sonrisa antes desaparecer entre los pasillos de la escuela.
Al terminar su jornada del día, Michiru se despidió de las chicas, las tranquilizó a todas diciéndoles que Haruka estaría bien y que iría al día siguiente al trabajo como de costumbre. Apenas salió del restaurante por la puerta trasera, el auto amarillo se adivinó de inmediato en la calle con los faros a media potencia. Una sonriente pero visiblemente abatida Haruka estaba ahí, pero no que eso fuera visible para todos, de haberla visto alguien más seguramente no habría notado cambio alguno en su gesto travieso de siempre, pero Michiru la leía como libro abierto y aun a la distancia pudo ver que no estaba tan feliz como su sonrisa intentaba parecer.
- Makoto te manda esto – dijo Michiru apenas se sentó en el asiento del copiloto, mostrándole un paquete aún caliente del guisado del siempre delicioso menú del día.
- Qué bien, no he comido – sonrió Haruka, echando a andar el vehículo un poco más veloz de lo normal.
Michiru sabía que esa era su mejor manera de sacar estrés: moviéndose a toda velocidad.
La violinista no dijo nada en lo que duró el largo y veloz camino a casa, de hecho se salieron de la ruta normal y rodearon la ciudad por la autopista un par de veces. Haruka conducía a una velocidad casi asfixiante, pero con tal sobriedad que por algo era el haz del equipo de motorismo. Ya fuera a pie, con ruedas, con o sin motor, la velocidad era lo suyo.
Llegaron a casa una hora después de lo habitual y Michiru la dejó cenar en silencio mientras la acompañaba en la mesa con una taza de té.
- ¿Ya puedo saber cómo te fue? – preguntó Michiru apenas Haruka dio gracias por la cena.
La primera respuesta de la rubia fue un pesado suspiro.
- Nos hicieron esperar lo que parecieron horas para pasar a la oficina. La enfermera de la escuela – una dulce ancianita – nos revisó a los tres y como no encontró nada de gravedad, se lo informó al de seguridad. Y nos dio un sermón sobre la propiedad y la educación en ese santo recinto – suspiró – a ellos los expulsó toda una semana a partir de éste lunes, y a mí por tres días desde el mismo lunes también. Entre los tres pagaremos los daños de ese mueble viejo que rompí con sus caras – con esa última información su gesto se malhumoró más y le mostró el recibo, que había permanecido en la bolsa de su pantalón desde que salió de aquella fría oficina.
Fue una suerte que Michiru ya hubiera acabado su té a esa altura de la conversación, o seguramente lo hubiera escupido. Lo que sí hizo fue abrir los ojos como platos.
- Es demasiado – logró decir, sin quitar su mirada del papel.
- Fue lo que dije en ese momento y… - suspiró más – esos idiotas solo se burlaron de mí diciendo que pagarían mañana mismo lo que les tocaba.
- Tú también puedes pagarlo, tenemos parte de nuestros ahorros y…
- No es que me moleste pagar – le interrumpió de manera un tanto brusca, pero no que Michiru hiciera mayor gesto ante eso – sé que podemos pagar. Y tengo que hacerlo o ese tipo podría quitarme la beca o algo peor. Pero no me molesta pagar, lo que me molesta es que esos sujetos acabaran sonriendo al final del día. Lo que realmente me tiene molesta es que no escarmentaran y aprendieran que no deben molestar a las chicas. Molestaron a nuestras amigas, a mis amigas. A esas chicas les debemos mucho y haría lo que fuera por cuidarlas, ¡pero no pude hacer más para darles su merecido a esos! Acabaron sonriendo como el par de idiotas que son, pensando que con su asqueroso dinero pueden librarse de lo que sea.
Estaba frustrada y no le preocupaba mostrarlo ante Michiru.
La violinista se levantó de su silla y fue a abrazar a Haruka, permitiéndole descansar en su pecho, sintiendo los largos y cálidos brazos de su pareja rodear su cuerpo con un poco de fuerza. En respuesta le acarició el cabello.
- Paguemos esto mañana, ahora que todo mundo sabe lo que hicieron, no los dejarán salirse con la suya. Ya no más. Además, no siempre estarán en la escuela. Tienes que cuidar de Makoto y de Minako – sonrió – y apuesto a que viste en algún momento de la pelea cómo emocionabas a tus fans.
Aquello hizo sonreír a Haruka y la divertida risa que escapó de sus labios hizo que Michiru la imaginara sonreír sin problema alguno.
- ¿Me veo bien con el labio partido? – preguntó con tono divertido.
- Te ves bien – respondió Michiru y se despegó ligeramente de ella para poder besarla, poniendo especial cuidado en la lesión en su boca.
El humor de Haruka mejoró conforme el beso se alargaba. La sujetó por la cintura y la sentó en su regazo para permitir un poco más de cercanía. Esa respuesta le agradó a Michiru y siguió el beso con un poco más de pasión a cada minuto. Las caricias siguieron a los besos, los besos se volvieron más hambrientos, las caricias pedían más piel a cada instante y antes de percatarse habían dejado un sendero de ropa cual migas de pan camino a su dormitorio. Ahí se olvidaron de los problemas, las deudas no deseadas, los idiotas de la escuela y de que estaban en plena madrugada y debían levantarse temprano. Todas esas cosas dejaron de importar y se concentraron en lo que verdaderamente importaba.
Se olvidaron de todo y se tomaron su tiempo para amarse.
Entrada la madrugada la joven pareja dormía profundamente y con una sonrisa en sus labios, como normalmente era luego de hacer el amor con tanta intensidad… o al menos la suficiente para que Michiru acabara con un par de rojizas marcas en su piel, cortesía de Haruka. La noche estaba algo calurosa y se conformaron con una delgada sábana encima sobre sus cuerpos desnudos y pegados el uno al otro. Les gustaba dormir así. Aunque a Haruka le encantaba cuando Michiru usaba esos lindos camisones verde esmeralda para dormir que le había comprado hacía un par de meses.
Era la noche perfecta, el descanso perfecto aunque fuesen pocas horas y tuvieran que levantarse pronto.
El teléfono sonó, eran las tres y veinte de la madrugada.
Haruka despertó primero, no coordinó la hora en ese momento y más dormida que despierta fue a contestar. El teléfono estaba en la sala de estar. Con bastante desganó pensó en poder una extensión en el dormitorio.
- ¿A quién se le ocurre llamar a ésta hora…? – no sabía la hora en ese momento, pero era demasiado temprano. Levantó el auricular y guardó un bostezo. - ¿Hola…?
- Buenos días, Haruka.
La voz de su interlocutor hizo que Haruka despertara de golpe y sintiera la boca seca y su corazón saltar. Esa era la voz de una mujer, una voz de tono monótono pero que en ese momento tenía un dejo de prisa. La voz de la Dama, la madre de Michiru. Era ella…
No supo qué decir por los siguientes segundos, tragó saliva y juntó valor suficiente para responder al menos el saludo.
- Buenos días, señora – dijo enseguida con el tono más educado y neutral que pudo.
- Me alegra que fueras tú quien me contestara – de pronto el tono de voz de la mujer cambió un poco. – Siento decirte esto, pero tu padre…
Ni bien escuchó eso, el corazón de Haruka se detuvo por unos segundos, mientras sintió que la sangre le era arrebata del cuerpo del golpe. Se sintió temblar.
- ¿Está bien? ¿Qué tiene? ¡Dígame! – su voz estaba alterada y en un tono tan alto que logró despertar a Michiru.
- Está en el hospital, pero muy grave, se sintió mal hace un rato y pudo llamarnos lanzando algo a nuestra ventana, fuimos a verlo y estaba desmayado. Lo llevamos al hospital de la ciudad – suspiró – los médicos dijeron que llamáramos a sus familiares. Haruka, tienes que venir aquí de inmediato.
- ¡Voy enseguida, muchas gracias! – gritó de nuevo un tanto fuera de sí, sin percatar que sus ojos escurrían algunas lágrimas y el temor se adivina tanto en su voz como en el notorio temblor de cuerpo completo que sufría en ese momento.
Sin esperar más colgó y volteó, solo para ver a Michiru con los ojos húmedos y el rostro pálido.
- ¿Haruka? – ese gesto asustó también a Michiru.
- Michiru… mi padre… él… está en el hospital, está… grave… yo…
La voz de Haruka se quebraba más, Michiru fue con ella de inmediato, manteniendo la calma que su pareja no podía encontrar en ese momento.
- Vamos, no hay tiempo. Hay que vestirnos y apurémonos. Mandaré un mensaje a Setsuna avisando de esto – dijo con la voz tan firme como pudo, a lo que Haruka asintió obedientemente. Pero al ver que la rubia no podía moverse, la tomó de la mano para ir al cuarto y vestirse.
Solo tomaron una muda extra de ropa, dinero, algunos extras y de inmediato salieron en el auto, aunque la que tuvo que manejar fue Michiru. Haruka no estaba en condiciones de tomar el volante.
En medio de la madrugada, con el sol aún lejos de salir por el horizonte, la pareja hizo el camino de regreso al que había sido su casa por tantos años.
Continuará...
NOTA: Un lector invitado me avisó de lo siguiente ( x3 gracias, RO) dos capítulo no estaban, el 2 y el 5. Ya subí el 2 de nuevo, pero no tengo el 5 D:
Si alguien por casualidad tiene en 5 guardado en su pc, lap, etc, si me lo pudiera enviar para subirlo, se los agradecería muchísimo.
¡Gracias por leer y seguir ésta historia! x3
