PARTE 19 "LA CANCIÓN DE AQUELLOS DÍAS"

El funeral se llevó a cabo más rápido que un respiro. El seguro del Teniente cubrió todos los gastos de la funeraria y del papeleo se encargó una torpe Haruka con ayuda del Caballero que, con firme seriedad y un toque de frialdad, era quien mayormente le indicaba a Haruka qué papeles firmar y cuáles guardar para entregar en otro lado, o bien conservar para archivo personal. Si había algo que el Caballero sabía era que un Tenou no necesitaba dulzura, tacto y mucho menos lástima, no, necesitaba firmeza e instrucciones claras y sensatas; y fue eso lo que ayudó a Haruka a pasar por el proceso burocrático con todos los sentidos necesarios.

La despedida de cuerpo presente del Teniente estuvo lleno de amigos que nadie sabía que tenía. Desde viejos colegas de la milicia hasta personas con las que socializó en la ciudad y que había cautivado con ese adorable carisma y su sonrisa de niño travieso. Más de uno lloró.

La recepción se hizo en la casa de los Tenou, en aquel enorme patio delantero cargado de recuerdos para ambas parejas anfitrionas.

La Dama recibía a todos con la misma diligencia y atención como en sus reuniones sociales con las demás mujeres de su círculo, el Caballero era experto en mantener conversaciones con casi cualquier persona cuando era requerido. Y en ese momento lo era, porque muchos preguntaban que había estado haciendo su ahora ausente amigo en esos años.

Haruka no conocía ninguno de esos rostros, pero no paraba de recibir fuertes palmadas en el hombro y espalda de parte de los militares, y el pésame de las amistades de la ciudad. Ellos no tenían más familia. El Teniente había sido hijo único de padres ya fallecidos desde hacía un par de décadas, no había tíos-abuelos conocidos y, si los hubiera, quizá no habría valido la pena invitarlos. Sin embargo, la calidez y genuino sentimiento de simpatía por la partida de ese gran hombre era perceptible.

Mientras la reunión se prolongaba ya entrada la tarde, pues al día siguiente sería el entierro en uno de los cementerios militares donde él ya tenía un espacio reservado desde hacía mucho, Haruka se disculpó un momento para subir al que era su cuarto. No había subido a él sino hasta ese momento donde de verdad necesitó un descanso. Se sentía como si estuviese en un intenso sueño del que despertaría muy agitada de un momento a otro.

El momento clímax de la recepción eran unas palabras dedicadas al Teniente. El Caballero tenía planeado un discurso de emergencia en caso de que Haruka no pudiese. Aún faltaba un poco para esto último, por lo que la rubia tenía planeado tomar un pequeño respiro antes de continuar.

Michiru no estaba dispuesta a dejarla sola en ese momento, así que subió tras ella apenas la vio desaparecer cual fantasma en la cima de las escaleras. Había dejado la puerta del dormitorio emparejada, no hubo necesidad de tocar, simplemente se recostó a su lado. Haruka no dejó de mirar el techo, pero eso no le impidió buscar la mano de Michiru a la mínima oportunidad. El mutuo contacto fue suficiente para hacer suspirar a ambas al mismo tiempo.

- Lo extraño - dijo Haruka con una voz baja.

- Lo sé, yo también lo extraño - respondió Michiru con un murmuro.

Silencio.

Michiru por un momento temió que Haruka volviese a llorar como cuando la encontró junto al cuerpo sin vida del Teniente, y no había sido fácil verla así. Lloró con ella, la abrazó y la dejó desahogarse. Pero desde esa vez no había soltado una lágrima más y estaba preocupada de que se estuviera conteniendo demasiado. La miró de reojo y Haruka no hacía otra cosa más que mirar el techo.

Luego de su partida, lo único que había quedado en el cuarto era la cama protegida por una sábana y los muebles vacíos. Algunos póster en la pared, juguetes y hojas secas fugitivas estaban desperdigados por el dormitorio. La sábana que cubría el colchón no estaba polvorienta, lo que quería decir que el Teniente constantemente la cambiaba y había mantenido limpio el lugar. Pese a eso el cuarto olía a ausencia.

- Debió haberte echado de menos todo éste tiempo - comentó Michiru luego de notar el casi impecable estado del cuarto.

Sin respuesta verbal, la única reacción que obtuvo fue un ligero apretón de manos. Sonrió un poco.

- Ésta casa siempre fue demasiado grande para nosotros dos - murmuró Haruka sin dejar de mirar el techo. - No paraba de decir que la vendería para vivir en el campo, los dos, pero cambió de planes cuando ustedes se mudaron - sonrió. - Además, no era tan malo que fuera grande, tenía espacio para correr y jugar con él... - suspiró - nunca pude ganarle en las carreras, papá siempre me dejó mordiendo el polvo.

- Lo recuerdo bien, cada mañana era así- rio Michiru.

- ¿No has entrado a su cuarto de casa de terror? - preguntó la rubia con curiosidad.

- No, ¿por qué?

- Porque yo que tú, no lo haría... - hizo una mueca de desagrado - imagina ese muro de muñecas polvorientas mirándote, las telarañas, todo cubierto de sábanas y...

Semejante descripción le ganó un buen golpe en un brazo y solo atinó a echarse a reír. Michiru tenía un gesto de graciosa ofensa. Y verla así hizo reír a Haruka. La primera vez que sonreía en todo ese tiempo.

- Haré que tú entres a mi cuarto y te encerraré con llave, ya verás - le amenazó Michiru.

- ¿Dejarás que esas muñecas vivientes asesinas me coman? - preguntó, visiblemente ofendida. - ¿Qué clase de persona eres que dejas a tu amada a merced de esas cosas?

- La clase de persona que tiene suficiente imaginación para imaginar - valía la redundancia - a las muñecas girar los ojos y moverse como en las películas.

Compartieron una pequeña risa por unos cuantos segundos antes de caer de nuevo en un rato de silencio. Abajo se escuchaban los murmullos de los invitados, risas, alguno que otro estallido de llanto ocasional y el viento afuera soplando.

- En serio no sabía que papá tuviese tantos amigos, no lo esperaba - murmuró Haruka.

- Por como siempre ha sido - sonrió Michiru - supongo que es normal que mucha gente cayera presa de sus encantos como mis padres. Justo así eres tú, solo que no te das la oportunidad de conocer aún más gente.

- Ah, bueno, verás, eso es porque tengo una novia muy celosa que no soporta que vea a más gente fuera de las chicas que son como nuestras hermanitas pequeñas - sonrió de manera malévola - ¿Puedes creerlo?

El gesto de enfado en Michiru la hizo sonreír ampliamente... antes que pusiera una cara de horror al ver a Michiru poner su mejor gesto de desdén.

- Tienes razón, es horrible de su parte tenerte así de encadenada - asintió y se las arregló para acomodarse sobre Haruka - Deberías dejarla y escapar conmigo - sonrió.

- Tentador... - murmuró Haruka - pero lo siento, quiero demasiado a mi celosa novia. Gracias por pensar en mi, pero lo siento linda, no lo haría.

- Lástima - suspiró Michiru, jugando sus dedos en la ropa de Haruka. - Seguro que...

- No puedo hablar ante todos - le interrumpió de repente, sujetándose de su espalda. - No puedo... en serio no puedo.

Michiru solo acaricio suavemente su cabello y la cubrió como pudo con su cuerpo.

- No hay palabras en mi mente, no se me ocurre nada - por lo que escribir un discurso estaba fuera de lugar - yo...

- Está bien, mi padre se encargará de eso - dijo Michiru sin descuidar sus caricias.

- Pero siento que si no hago algo para despedirlo, no me sentiré tranquila - agregó en baja voz, su tono era angustiado. - No sé qué hacer.

- Un Tenou no piensa, solo actúa - rio - sabrás qué hacer cuando llegue el momento. Solo aprovecha para descansar un poco.

- De acuerdo - suspiró.

Con un suave giro fue Haruka la que quedó encima de Michiru, descansando su rostro contra el estómago de ésta. Un profundo respiro antecedió lo que pareció un aparente y largo silencio. En realidad no fueron más de quince minutos, pero la relativa comodidad mutua fue suficiente para que Haruka recuperara temple y Michiru fuerzas. No había necesidad de bromear ni de decir nada más. Haruka tenía la mente en blanco y Michiru no había dejado de hacerle caricias en espalda y cabello.

Había silencio, mucho silencio en ese momento.

Se escucharon pasos en el pasillo y alguien tocó la puerta de la habitación. Haruka solo suspiró hondo y se sentó a un lado, permitiendo a Michiru incorporarse también. Era el Caballero.

- Es hora, tienen que bajar - dijo con la voz de siempre, ese tono de costumbre que decía que tenía todo bajo control. Eso le dio una bocanada de seguridad a la pareja.

Ambas se pusieron de pie y siguieron al Caballero en silencio camino al hall de la casa donde todos esperaban. Había llegado el momento del discurso de despedida. Algunos otros planeaban tomar turno de discurso, pero todos esperaban que Haruka dijese algo. El Caballero esperaba lo mismo, pero siempre tuvo en mente la posibilidad de que ella no tuviese los ánimos para hacerlo, lo mejor era asegurarse.

- ¿Darás el discurso? - preguntó el Caballero en el pasillo. Su gesto inamovible, su tono expectante.

- No - fue la respuesta en baja voz de la rubia.

- Yo me encargo - finalizó el Caballero y sin más bajaron la escalera en dirección al enorme hall de la casa.

En el sitio todos seguían hablando y recordando al Teniente, algunos conversaban de alguna manera con él, solo tocando el féretro de fina madera y dando palabras casi mudas de despedida. La Dama vio a su esposo y a las chicas aparecer en el Hall y se disculpó con las personas con las que platicaba en ese momento. Tocando de delicada manera su copa con una cucharilla, la Dama llamó la atención de todos los presentes y se hizo un atento silencio.

- Muchas gracias por su atención y por estar aquí con nosotros - dijo la Dama con cortés tono y suficiente volumen. Miró a su marido de reojo y éste solo negó con la cabeza de forma discreta, apenas perceptible a simple vista. La mujer no necesitó más para saber que Haruka no hablaría. - Los invitamos a escuchar el discurso de despedida para el Teniente Ichiro Tenou, pasen a la recepción principal, por favor.

Todos los invitados obedecieron la indicación y en cuestión de un par de minutos todos rodeaban la caja donde descansaba el cuerpo del militar, las chicas incluidas desde luego. Haruka tenía un gesto un tanto ausente en ese momento. El silencio se apoderó del lugar y más de una mirada se posó en ella, esperando desde luego que ella dijese algunas palabras de despedida, sin embargo, quien tomó el lugar fue el Caballero y sus firmes pasos. Haruka tragó saliva, presionando ligeramente la mano de Michiru entre la suya, casi al punto de hacerla fruncir una ceja de dolor.

Había muchas cosas en la cabeza de rubia y no notas querían ponerse de acuerdo. Quería darle una despedida a su viejo, lo quería hacer no porque todos esperaban que lo hicieran, si no que era algo que esperaba de sí misma. Sentía que algo así le quitaría el pesar de pecho y dejaría de estar ahí como si se encontrara en medio del más vívido de sus sueños, que al abrir los ojos seguiría en la otra ciudad y podría llamar a su padre por teléfono gracias a esa tarifa preferente de larga distancia. Sí, tenía que dejar de actuar como si solo fuera un mal sueño, tenía que dejarlo ir.

Michiru estaba en un estado similar, así que solo atinó a apretar la mano de Haruka entre la suya para sopesar un poco el fuerte agarre de la rubia. Tenía que apoyar a Haruka y darle a saber que estaba a su lado. Al sentir el toque suavizarse ligeramente, supo que había logrado su cometidos.

- Como ya dijo mi esposa - la señaló con una educada mirada y un suave gesto con la cabeza, - agradecemos a todos y a cada uno de ustedes por estar aquí, acompañándonos a despedir al Teniente Ichiro Tenou. El mejor amigo y gran hombre que los aquí presentes conocimos de alguna u otra manera, esa fuerte persona que ahora descansa y que nos espera desde donde quiera que esté - fue el inició de un preparado discurso que ya tenía el Caballero, y a decir que se notaba la viva emoción en su firme voz, acostumbrada a tratar situaciones del estilo.

Varios de los invitados asintieron a las palabras, la Dama ponía respetuosa atención al discurso. Y solo ella sabría lo doloroso que fue para su esposo escribir y ensayar esas palabras de despedida. Nadie más, salvo ella, sabría que el duro y frío hombre de negocios había derramado más de una lágrima por culpa del papel con el discurso que tenía doblado en el bolsillo interior del fino saco. Había sido muy duro para él despedirse del que había sido un verdadero amigo desde hacía muchos años.

Sin embargo, Michiru si notó ese imperceptible cambio en el tono de voz de su padre, la manera en que sus hombros se tensaban, el brillo en sus ojos y la forma casi tensa en su pose firme a simple vista. Estaba siendo tan duro para él como para los demás, por un momento se sintió culpable al pensar en que su padre se estaba comportando demasiado frío e insensible, pero lo cierto era que le estaba doliendo hacer todo eso.

- La lucha del Teniente fue dura, todos lo sabemos, pero al final mantuvo su sonrisa y fue capaz de darnos buenos recuerdos y consejos a todos - señaló a varios invitados con la mirada. - A muchos les salvó la vida en esas peleas que ya solo parecen malos recuerdos, a otros les dio un buen golpe o un apretón de manos para darles ánimos, a otros simplemente fue una sonrisa y un buen trato... y eso es algo que no cualquiera olvida. Era un hombre querido por todos aquí, él es y fue el hombre que...

Silencio.

Los que tenían la mirada baja, como las chicas, tuvieron que poner atención al Caballero ante la prolongada pausa. Lo que vieron hizo que no solo ella, si no varios invitados, cedieran al sentimiento.

El Caballero soltaba mudas lágrimas y tenía la quijada tensa y los dientes apretados, en el obvio afán de recuperar la compostura. La Dama, víctima del momento, fue a tomar la mano de su marido en callado apoyo.

Haruka tragó saliva al ver el cuadro. Ese hombre frío y firme cómo iceberg en el mar, en ese momento luchaba contra las lágrimas. Michiru se cubrió la boca, incapaz de moverse aunque su corazón le pedía estar junto a él. Pero el apoyo de la Dama fue suficiente. Un fuerte suspiro y el Caballero estuvo listo para seguir hablando, aunque ya nada tenía que ver con el discurso previamente escrito y ensayado. Eso era algo que solo la Dama sabía.

- Fue el hombre que me enseñó a ser padre, a cuidar más de mi familia, a tener más corazón y pasión, a hacer lo que deseara y no lo que esperaban de mi. Fue el primero en el que sentí la fuerza con un simple apretón de manos o un "buenos días", fue la única persona a la que podía llamar "amigo" y anunciarlo con mucho orgullo. El Teniente... - tomó aire - ese hombre que ahora descansa luego de su última pelea, fue quien me enseñó a pelear a mi modo y seguir adelante pese a todo.

Las palabras llegaron directo al corazón de Michiru e hicieron zumbar las ideas en la cabeza de Haruka. La rubia soltó a su pareja y comenzó a jugar con sus propias manos, como si eso le ayudase a acomodar todo lo que le pasaba por la mente. Michiru se quedó quieta, víctima del fuerte sentimiento en las palabras con sabor a sal de su padre. Ya no parecía importarle que las lágrimas siguieran corriendo por sus mejillas sin control alguno, parecía aliviado en alguna forma.

El Caballero se giró por completo para encarar el féretro y suavizó su gesto pese a volverse serio de repente.

- Ichiro - se dirigió por primera vez a él desde el deceso, - espero que escuches lo que estoy diciendo, porque no pienso volver a repetirlo solo para darte gusto y ver esa tonta sonrisa en tu cara. Sé lo mucho que te encanta molestarme. Ya puedes irte, amigo, nosotros estaremos bien aquí y algún día te volveremos a ver, gracias por todo...

Silencio de nuevo. El duro hombre dejó salir un callado suspiro, algunas lágrimas seguían corriendo por culpa del Caballero y su momento de flaqueza, aunque no que ello fuese mal visto por todos, más de uno pensó, al igual que Michiru, que había sido demasiado frío hasta el momento que comenzó a hablar. Un ligero apretón de manos fue suficiente para que la Dama lograra un gesto de su esposo.

El callado ambiente siguió hasta ser roto, de golpe y sin aviso, por las suaves teclas del piano estacionado en uno de los costados del hall. Todos voltearon, la violinista incluida, al ver que la persona que tocaba el piano era Haruka. Michiru ni siquiera se dio cuenta cuando Haruka se fue de su lado, nadie lo había notado.

Esa era la despedida a su padre.

Le tomó un par de torpes notas comenzar con una melodía que trajo un vívido recuerdo a Michiru y sus padres.

Era la misma canción que tocó aquella vez cuando niña, la canción a la que Michiru hizo coro con su violín en un inesperado dueto, aquella hermosa tarde de su lejana niñez. La pareja anfitriona estrechó un poco más el agarre de sus manos, Michiru corrió a su casa, sabía que ahí había violines, tenía que despedirse del Teniente también. Nadie había dicho que no podían dar una despedida a su particular manera.

La melodía ganó seguridad y volumen conforme Haruka seguía acariciando las teclas con sus dedos. Tenía una sonrisa genuina en los labios y era la primera vez que se sentía bien desde que estaba ahí. Dejó que la música fluyera desde sus dedos, que la absorbiera y le dejara ver la sonrisa de su viejo cuando la escuchaba tocar, cuando le pedía tocar una más en esas tantas noches padre-hija antes de dormir, al estar en su regazo viendo la televisión y jugando videojuegos, en la fuerte espalda que veía cada mañana al salir a correr, en su despedida cada que salía a pasear en la motocicleta que le construyo, en la fiera forma en que las defendió cuando los padres de Michiru las descubrieron... en cada sonrisa. En esa última sonrisa que le regaló antes de partir.

La alegra melodía llenó cada rincón de ese que era su hogar de casi toda la vida, llegó a los corazones de personas que también habían sido víctimas del enorme amor del Teniente, llegó al patio de juegos, a los árboles, a cada oído que pasaba frente a la casa en ese momento, a las hojas secas que volaron desde las ventanas abiertas y se posaron en el piano por culpa de un fuerte y juguetón viento...

No pasaron demasiados minutos antes de que un agudo y dulce violín hiciera dueto con el alegre piano.

Haruka sonrió al saber que Michiru caminaba a su lado sin dejar de tocar el violín. Michiru sonrió al ver a Haruka sonreír. La Dama y el Caballero también recordaron aquellos días inocentes, felices y lejanos cuando habían aprendido a ser mejores padres. Todo se conjugó en una canción que traía a sus mentes los más dulces momentos de sus vidas.

La rítmica canción convocó sonrisas y lágrimas de los oyentes, no hubo una sola voz hasta que la melodía se perdió en el viento y hubo unos cuantos segundos más de silencio.

Haruka se levantó del frente del piano y le agradeció con suave caricia sobre las teclas. Fue directo al féretro y lo tocó con ambas manos bien abiertas.

- Adiós, papá, algún día nos volveremos a ver... - fueron las palabras que salieron no de su boca, sino del fondo de su corazón.

Una mano en su hombro la hizo voltear de reojo. Michiru estaba a su lado. La violinista tocó la caja solo con una mano y sonrió, aunque sus ojos humedecidos se podrían notar aun desde fuera de la casa.

- Adiós, Teniente, le prometo cuidar de Haruka. Gracias por todo - fueron las palabras de despedida de Michiru.

La Dama y el Caballero sonrieron. La joven pareja también.

Lo que pasó como un sueño fue el resto de la reunión y el proceso funerario hasta el cementerio militar de la ciudad. Antes de darse cuenta ya todo había terminado. Haruka no quiso irse aún, a pesar que ya todos se habían retirado de la tumba adornada con una sencilla flor puesta por la Dama. Michiru permaneció a su lado desde luego. La Dama y el Caballero se fueron a casa a descansar luego del largo día.

Ya todo había terminado

Mano a mano, Haruka y Michiru contemplaron la tumba y la leyenda inscrita en ésta:

Para Ichiro.

Un gran hombre, padre y amigo. Gracias por todo.

No había más que verdad en cada una de esas palabras. No había más por decir. No volvieron a casa de Haruka sino hasta entrada la noche. El cementerio no estaba a más de una hora a paso de procesión y solo les tomó treinta minutos llegar a casa en moto. Esa noche, cabría decir, la pareja durmió muy bien en el que era el cuarto de Haruka.

Aun había cosas por hacer antes de volver apropiadamente a casa sin ningún pendiente, pero eso lo verían hasta despertar, y al menos la pareja no tenía planeado hacerlo si no hasta muy, muy tarde.

Continuará…