Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro.
Capítulo 4: Mascotas y diversión.
Saga tras haberse desvelado la noche anterior con la lectura de aquel libro grueso en su mesilla de a lado, comenzó a sentir un par de "pasitos" sobre su cama que le comenzaron lentamente a despertar. Se quito la sabana sobre sí que cubría su cabeza de mechones alborotados y frunció los ojos sin esperar lo que le acontecía. De pronto, una "bola de pelos cafés" en cuatro patitas, avanzo por su abdomen desnudo y se posiciono entre su cuello y almohada sin prevenirlo. Fue entonces que su "lengua" húmeda sin advertirlo, le lamio la cara en repetidas ocasiones, alertandolo.
El santo abrió los ojos sorprendido por aquella acción suponiendo que claramente era una broma de su gemelo, cuando al parpadear a su frente un par de veces más, vio a un cachorrito café sobre si, con sus enormes ojos verdes y brillantes, al igual que él, dándole los buenos días.
Saga se reincorporo de su cama, aún adormilado y tomo al cachorrito entre sus manos para sentarlo sobre sus piernas totalmente desconcertado, pues era exageradamente extraño que ese tipo de "visitantes" estuviera merodeando por los Templos.
- ¿Quién eres tú y de dónde has salido? - le pregunto Saga al perrito con un tono dulce mientras le acariciaba la cabeza entre sus dos largas orejas.
Observo rápidamente en toda su habitación para ver si alguien había llevado hasta su cuarto aquella mascota, sin embargo, no vio a nadie más que su puerta entreabierta.
Decidido a investigar, Géminis descendió sus pies de la cama, dispuesto a salir a buscar al "único" posible dueño de aquella mascota en la habitación contigua y al hacerlo, "una masa fresca" se dejó sentir en la planta de su pie.
- ¡Oh maldición! - objetó Saga al ver un trozo de hece fecal junto a su pantufla mordisqueada y parte de su ropa en el cesto de la ropa sucia, fuera de ella. Salió de su habitación con cierto fastidio y llego hasta la puerta de la habitación de su hermano, golpeando en ella repetidamente con el alegre cachorro en su pecho.
Tras varios segundos de larga espera, Kanon de cabellos despeinados salió de su habitación, y noto a su cachorro en brazos de su hermano.
- ¿Esto es tuyo? -pregunto Saga con visible molestia.
-Ah, encontraste a mi nueva adquisición. – soltó en un largo bostezo cínico el menor de los geminianos, mientras se apoyaba en la puerta. -Se lo gano Thetis en una feria de Rodorio ayer y no pudo quedárselo, ¿Cuándo has visto un perro en el fondo del mar? -bromeó el de mirada acua a pesar de la seriedad del otro. - Así que me lo dio sin opción.
-Kanon, no podemos tener animales en los Templos. - objeto el de ojos cristalinos. - Sabes las reglas.
- ¿Y qué me dices de ti? - bromeo el Dragon del mar.
- ¡Kanon!
El menor rio con cinismo, tomando el cachorro en sus brazos ante la crisis de molestia de Saga. -Está bien, ya veré que hacer con él, hablaré más tarde con Shion y lo solucionaré.
Tras cerrar la puerta y confiando en la palabra de su hermano, Saga escucho el murmurar de Kanon hacia el perro con su voz adulzada:
- ¿Dónde andabas "Dragóncin" ?, ya veo que por fin conociste al histérico de tu tío Saga, no tenemos de otra más que vivir con él, así que evítale por favor.
El mayor apretó sus puños ante lo que escuchaba tras la puerta y volvió a su recamara en espera de limpiar lo más pronto posible aquel desastre en su habitación causado por "Dragoncin".
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Tras limpiar su cuarto, bañarse y cambiarse las ropas, Saga se dirigió a la cocina, tomando algunos frutos que su doncella había traído en la semana y comenzando a cortarlos en un plato, dispuesto a preparar el desayuno como estaba acordado los fines de semana con su gemelo mientras él quien se suponía debía estar acomodando los salones, permanecía encerrado en el baño con el cachorro, acicalándolo.
Kanon a un lado de la bañera tibia, tomó su shampoo personal y comenzó a echarlo sobre la cabeza al pequeño cachorro café que se removía alegre ante la espuma, sacudiéndose ocasionalmente el agua sobre si, mojando al geminiano quien reía pidiendo que no se agitará. Era un hecho milagroso como aquel animalito podía cambiar el semblante siempre impenetrable del gemelo menor, pues una mascota siempre había sido uno de sus mas grandes sueños y que, a lo largo de su vida, jamás había podido tener.
Tras enjuagarlo, Kanon tomo una de sus propias toallas sin importarle el hecho y seco al animalito con ella. Luego entonces, cuando termino su labor, lo dejo ir por los Templos mientras él hacia lo propio limpiando el baño y duchándose a si mismo.
Y mientras Saga colocaba agua a la cafetera en la cocina, un jadeo ansioso bajo sus pies le hizo llamar su atención.
- ¿Qué haces aquí? -pregunto el santo al ver al cachorro de pelos húmedo en sus pies, mirándole con sus enormes ojos alegres. - ¿Dónde está tu dueño?
El cachorrito café ladro sin entenderle y comenzó a girar sobre si al ver al santo tomar un poco de jamón para un emparedado. - ¿Tienes hambre?
El cachorro chillo bajo sus pies y le miró convincente al mayor de los gemelos. -De acuerdo, te daré un poco de jamón, solo un poco.
Saga tomó un plato de su cocina y descendió hasta el suelo, entregándole trozos de jamón al animalito y acariciándole la melena húmeda, que le hacía lucir simpático dibujando una sonrisa amable y tierna en él mientras este comía del plato.
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Tras varios minutos y cuando por fin Saga sirvió el desayuno en aquel pequeño comedor de su cocina, Kanon recién cambiado, tomó su taza de café servida por su gemelo con brusquedad, mordió un poco el sándwich hecho para él y con prisa, se acomodó un elegante suéter gris dispuesto a salir.
-Kanon, no comas así y siéntate. - objetó Saga hacia su menor, que se dirigía a la puerta sonriéndole al perrito en su camino antes de partir. - ¿A dónde vas?
-Tengo una audiencia con Shion en diez minutos…-dijo el dragón marino con medio sándwich en la boca. -Me dará asuntos por tratar dentro del Santuario y hablaré con él del perro, así que no te preocupes de eso. -Kanon se acicalo los cabellos con sus manos una última vez observándose en un espejo de la cocina antes de salir del Templo y le cuestiono al mayor. - ¡Ah Saga!, ¿puedo encargarte al perro un par de horas?, volveré rápido, le traeré alimento y limpiaré sus gracias.
- ¡Kanon! - le reprocho el mayor ante la atribución de aquella tarea y con resignación al ver que de cualquier manera lo haría, Saga asintió manoteando sus manos despectivamente a su gemelo.
El cachorro entonces cuando partió Kanon, se posiciono frente a Saga, sentándose en el suelo viéndole con su lengua de fuera como si fuese él quien tomara el lugar de Kanon en el desayuno mientras él sorbia su taza de café.
- ¿No te han dicho que observar directamente a las personas mientras comen es de mala educación? – Saga le hablo al cachorro y este le ladró como si entendiera su cuestión, haciéndole reír ante su seriedad. -Aunque eres una compañía aún más agradable que Kanon, deja de verme así. ¿Bien?
El perro ladeo su carita y espero ahí sentando a que Saga terminara de comer.
Tras terminar su desayuno, Saga se levanto de la cocina, echando sus platos al fregadero y considerando a su hermano, guardo sus alimentos para que los degustara posteriormente.
Saga aquel día no tenía mucho que hacer ni estaba de ánimo de entrenar, por lo que, sin mucho esfuerzo, se sentó en la sala principal de su privado y prendió la televisión, suponiendo que aquella mañana una película matutina le alegraría el día y mataría sus horas de ocio.
Fue entonces que aquel perrito le siguió y la verle sobre el sillón, inmediatamente subió sus patitas en él para que el mayor de los gemelos le subiera a su lado, comenzando a saltar para lograrlo, aunque sin éxito por su pequeña estatura.
- No puedes subir a los sillones. - objetó Saga mientras veía al cachorrito esbozarle los más tiernos ojos para que le subiera al sillón, ladrándole suavemente para convencerlo.
- ¡Que no!, no voy a subirte.
El cachorrito comenzó a chillar ante la sentencia de Saga y sin más opción irresistible ante esa mirada tierna del perrito, el geminiano por fin se dio por vencido y lo subió a su sillón con sus manos, sintiéndole acomodarse en segundos en su regazo.
-Esta bien, solo no vayas a hacer tus gracias sobre mi o te mandaré… a Otra dimensión.
En instantes y con su calor corporal, el cachorro comenzó a dormitar e inocentemente Saga comenzó a acariciarle la cabeza para reconfortarle el sueño, viéndole entre sus piernas. Era extraño pero aquel animalito le hacia sentir "bien".
-Tú también estas solo, ¿verdad? - pregunto Saga al dormitante cachorro totalmente calmado en su protección. - Fue mala opción haber caído a este lugar, pudiste ir a una casa llena de amor, con alguien que te cuidara adecuadamente pero no, tu desgraciado destino te trajo hasta aquí, como si Kanon y yo fuéramos la mejor opción para cuidarte… Eres un loco "Dragoncin", un loco…
Saga suspiro y se acomodo confortablemente en su sillón mientras veía la película a su frente, totalmente calmado. Era tiempo de relajarse al menos unos momentos.
Y justo antes de que aquella película matutina en la televisión acabara, Kanon volvió al Templo echándose sobre el sofá con pesadez justo como había prometido, dejando caer una bolsa a su frente y esbozando un gesto ligeramente preocupado con sus labios plisados. Y aunque el exmarino se sorprendió por ver al "siempre correcto en modales "de etiqueta de Saga con el perro sobre su regazo y sobre el sillón, no pudo si quiera burlarse de ello pues la melancolía le abrumada.
-Dame el control, has estado todo el día tú con el televisor. – objetó desanimado Kanon con la mirada baja hacia su gemelo. Para Saga, aquel gesto de su hermano no pasó desapercibido y de inmediato, le atendió. El tampoco estaba de ánimo para discutir.
- ¿Qué te sucede? -murmuro Saga a voz baja, pues el cachorro dormía sobre sí. Kanon suspiro sin verle y se removio en el sillón cómodamente.
-Shion ha dicho que el perro no puede quedarse, que lo regale en el pueblo hoy mismo.
Saga descendió la mirada y observo al pequeño cachorro reposando dormido en su regazo. Cierta nostalgia se dibujó en él, quizás se había encariñado demasiado "rápido" como para decir adiós a aquella bolita de pelos que le había acompañado esa mañana.
Kanon entonces tomo la bolsa a su frente, misma que había traído a su regreso y saco un pequeño disfraz de calamar para perro, así como una bolsa de croquetas y un collar.
-Que estúpido, hasta le compré un disfraz, yo creí que... fue una estupidez. - objeto Kanon jugueteando con el disfraz de calamar para perro entre sus manos, sin dejar aquella mirada triste. Saga escucho atentamente a su gemelo tratando de descifrar sus emociones, pues pocas veces le había visto así a su gemelo.
Saga suspiro ante la nostalgia de su gemelo y un silencio se hizo cómplice entre ambos, interrumpido únicamente por sus largas respiraciones. Fue entonces que Saga, habló.
-Kanon…-el menor se ladeó para observar a su hermano, totalmente serio. - Dejemos que "Dragóncin" se quede en el Templo. - el de ojos verdes cruzo mirada cómplice con su igual y frunció su rostro. Kanon no concebía que su hermano le apoyara con aquella loca decisión.
-Hablemos o convenzamos a Shion los dos de alguna manera, ¿De acuerdo?
La voz de Saga se quebró ligeramente y desvió la mirada hacia el perrito, acariciándole aún dormido. -Él está solo, no vamos a dejarle ir, no ahora, ya nos tiene a nosotros.
Kanon le asintió confiando en su palabra. Sin duda si Shion los veía a los dos trabajar en conjunto para un mismo fin, no les negaría aquella petición y el menor cómplice, apoyo su mano en el hombro de su hermano mayor esbozándole una sonrisa suave. Por primera vez los dos estaban de acuerdo en algo.
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Dos horas después de aquella charla en Géminis, una doncella penetro al Salón papal donde Shion y Dohko bebían té sobre un escritorio discutiendo sobre documentos antiguos.
-Mi señor. - comento la jovencita con un sobre en su mano. Los santos la invitaron a pasar y le dieron su total atención. - Le han mandado del Templo de Géminis esto.
Shion agradeció a la doncella y frunció los ojos con intriga al desconocer el contenido de aquel sobre.
-Ábrelo. - comento Dohko pasándole el cortacartas cerca de sí. Shion obedeció y al hacerlo, una sorpresa le desconcertó.
En el interior, venia una fotografía de Saga, Kanon y un cachorro café, los tres juntos en un sillón del privado de Géminis, sonriendo hacia la cámara instantánea. Al reverso, la perfecta y redonda caligrafía que claramente reconocía de Saga, decía escrito:
- "Shion, tenemos un nuevo integrante en la familia, por favor, no nos separes",- al final de la frase, venia la firma de ambos gemelos.
Shion sonrió desconcertado y le mostro la fotografía a su amigo al frente, quien también le sonrió cómplice al ver la fotografía.
-Vamos Shion, es buena idea, una mascota.
Shion tosió y se recargo con ánimo en su silla. -Creí que era una locura de Kanon, pero bueno, supongo que el cachorro puede acercarles a ambos, mira hasta logro una foto de ambos gemelos juntos.
-Si. -sonrió el de Libra, asintiéndole a su compañero. Ahora en Géminis, no solo estarían dos habitantes, si no tres que cuidarían uno a uno de si justo como decía la fotografía, como una familia.
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Por otra parte, en el último de los Templos, DeathMask conversaba al filo de la cocina de Dite mientras este cortaba las hojas de unas rosas con tijeras para ponerlas en un florero sobre su alacena, vestido con un mandil y guantes de jardinería especiales mientras su amigo italiano, reposaba una pecera a su frente con un singular cangrejo en el interior. El mismo que había recogido en su visita a la playa, lastimado.
-Dite, ¿Puedo confiártelo, no lo encontraré en una ensalada al regresar? -suspiro sentenciante el de cabellos azulados con un gesto de preocupación y duda hacia su amigo, que indiferente, cortaba sus rosas. -No puedo dejarlo con los demás cangrejos en mi enorme pecera ya que son de agua dulce y este no, lo mataran si esta solo.
- ¿Con quién crees que estás hablando?, confía en mí. - objeto el guapo santo de Piscis con fastidio. -Ve a tu desayuno con Helena, Ángelo, yo cuidaré de tu marisco en lo que vuelves, pero…-suspiro el sueco ambicioso. - Quiero la botella de vino italiano de tu repisa a cambio.
El italiano chasqueo la lengua ante la petición, pero no se negó. -Bien florecita, no tardaré, es un trato.
Tras lo dicho, el santo de Cáncer abandono el Doceavo Templo, mientras que Dite al terminar de armar su bonito florero, le objeto al cangrejo de tenaza rota dentro de la pecera redonda:
-Bien amiguito hasta que regrese, quédate en tu pecera, iré a ponerle abono a mis rosas negras.
Tras lo dicho el sueco, salió de la cocina y se dirigió a su hermoso y amplio jardín de rosas con una bolsa llena de abono especial. Y tras largos minutos de hablar con sus flores y agregarles abono, el santo de Piscis por fin volvió a la cocina, aunque lo que vio no le gustó nada.
- ¡Maldición! -grito el de cabellos celestes cuando al volver a la cocina, vio vacía aquella pecera donde se encontraba el cangrejo a su cuidado. Asustado y a toda prisa, el de Piscis comenzó a buscarlo por toda su cocina y privado, tratando de ser sigiloso a cada paso pues de estar en el suelo, podría pisarlo y hasta matarlo. Tras varios minutos sin éxito en su búsqueda y sin explicación aparente de aquella desaparición, decidió hacer solo lo más ingenioso posible a su complicación: conseguir otro igual antes de que regresara Cáncer.
Dite salió a toda prisa de su Templo hacia Rodorio con los nervios a tope, pues era posible que, en su búsqueda, se encontrara "casualmente" con Helena o Ángelo en el pueblo a quienes no tendría explicación de su estancia ahí, por lo que trato de ser sumamente sigiloso y como todo un paranoico, observaba a toda persona a su paso, totalmente ansioso en su "reparación del daño".
Dite llego hasta Rodorio en cuestión de minutos, incluso corrio para hacerlo y se encontró a unas calles una pescadería y marisquería, donde claramente los cangrejos del lugar ya estaban muertos, por lo que comenzó a angustiarse aún más avecinando su fracaso y como quizás con aquella perdida, su compañero le haría pagar, uniendo su bello rostro en una de las paredes de su Templo.
Fue entonces que, sin esperarlo y al ir demasiado rápido por las calles, choco con la enorme figura de Aldebarán y su "novia", una doncella pelirroja en un callejón.
- ¿Te encuentras bien, Aphrodite? - pregunto el Taurino, viendo la extrema fatiga y sudor de su compañero, muy rara en él, pues odiaba sudar ya que eso le hacía lucir "desaliñado".
-Si, bueno, no del todo. - contesto el sueco abrumado mientras les agitaba las manos. -Necesito un cangrejo vivo, ¡ahora!, no para comerlo, si no para mascota. - el taurino y dama se miraron entre ellos sin entender y luego se sonrieron. - ¡Es para un regalo, muy urgente!
Ante la desesperación, la doncella sonrió hacia el sueco y luego se apoyó en el brazo de su amado con candor. - Aldebarán, ¿no hemos visto algunos en la tienda de peces junto al muelle?
El alto santo se rasco los cabellos, pensativo y asintió lo dicho por la jovencita. Ante las palabras, el sueco les sonrió aliviado y se despidió. - ¡Muchas gracias, nos vemos!
Dite tras caminar un poco más, por fin llego a la tienda de peces, esa mencionada por Europa y compro un cangrejo, para su suerte, idéntico al que había "perdido" de su amigo. Luego entonces, más calmado regreso a su Templo, quizás la suerte estaba de su lado, sin embargo, al llegar a su casa, una sorpresa le aguardo.
- ¡¿Qué haces aquí?!-pregunto casi histérico el elegante sueco al ver a su compañero de Cáncer observando la pecera vacía dentro de su cocina. De inmediato, el sueco escondió el cangrejo comprado tras su espalda y aguardo su aliento. - ¿No estabas con Helena?
-Helena no se siente bien y volvimos a mi Templo a descansar, por lo que decidí volver por mi cangrejo, pero, ¿dónde está? - cuestionaba el italiano golpeando la pecera vacía con sus dedos.
Dite sintió la presión por todo su cuerpo, no había forma de mentirle a su amigo ante su perdida. Era el momento de despedirse de sus rosas y vida nueva, pues Cancer era sumamente "meticuloso" con sus cosas. Pero para su buena suerte, mimetizado tras unos frutos de kiwi, semejantes a su color arena, cerca de la pecera, salió el cangrejin escapista, atrapando la atención de ambos santos.
- ¡Oh!, ya lo veo. - objeto asombrado el italiano, tomando el cangrejo entre los frutos y depositándolo en su pecera. Dite se sintió desmayar en ese momento. De pronto, la vida era cruel con él.
- ¿Y qué tienes en tu espalda? - pregunto el italiano hacia el sueco dispuesto a irse rumbo al suyo con todo y pecera, donde Helena le aguardaba.
- ¿Ehm? - esbozo el de Piscis con abrumo y sin remedio, mintió a su colega. -Bueno, tenía un regalo para ti desde hace mucho. Toma, es para ti.
El sueco saco de su espalda aquella cajita con el cangrejo comprado, quien frunció el ceño cuando la recibió de manos del sueco y al abrir la cajita, esbozo una amplia sonrisa ante su nueva mascota "cortesía" de su amigo.
- ¡Genial, eres un jodido Dite!
El italiano deposito al otro cangrejo en la pecera junto al otro y sin más por decir, se dirigió a la puerta no sin advertirle a su compañero. -Gracias por el favor, mañana te traigo la botella prometida, nos vemos.
Al verlo partir, Dite se dejó caer en el suelo de su cocina apoyándose sobre el mueble de su cocina, totalmente abatido y cansado. Si que había sido un día complicado para sí mismo. Sin duda, su vida no era justa y menos por una botella de vino.
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En otra parte del Santuario y cuando la tarde llegó acompañada de una lluvia estruendosa, en el interior del privado de Acuario, Milo y Camus veían una película de terror sentados a poca luz y echados cómodamente en el sillón sin nada más interesante por hacer. De pronto, una imagen de una mujer de cabellos canos, túnica negra y cara desfigurada emergió a la pantalla intempestivamente, haciendo que ambos santos, totalmente concentrados en el silencio, se sobresaltaran por ello.
Milo de pies descalzos, tras la escena, con su pie desnudo removió con fuerza el brazo de su compañero sentado a lado, desconcentrándole.
- ¡¿Cam, la viste, viste a la bruja?!- decía el santo de escorpión abrazado a una almohada en el sillón hasta el otro extremo de donde se posaba su amigo.
El otro por su parte, negaba con la cabeza con esbozando un gesto de fastidio al sentir el pie desnudo de su compañero en su brazo, observándolo de reojo a momentos, totalmente asustado por la película, muy a diferencia de él.
-Ya cállate Milo, déjame ver la película y por favor… ¡deja de tocarme con tu pie sucio! -clamó el francés sacudiéndose su brazo ante la sensación del pie de su amigo. -Es asqueroso.
Sin esperarlo y en medio de su concentración en la película, de pronto un enorme rayo sacudió todo el recinto, apagando las luces por completo del Templo y sus alrededores.
- ¡Por los dioses! - gritaron ambos al quedarse sin energía eléctrica en segundos y percatándose que la oscuridad de la noche ya les había alcanzado, dibujando solo sombras entre ellos. En instantes y ante la furia de la naturaleza, otro par de rayos resonaron cercanamente de la entrada de Acuario, alarmándolos. Camus entonces, hablo entre el completo silencio hacia la sombra de su amigo en el sillón.
-Cualquiera diría que…Aioria esta riñendo fuertemente con Marín ahora. - bromeó el francés en un tono parco, haciendo estallar en risas al alacrán al recordar el nombre de la técnica favorita de su amigo Leo.
Tras algunos minutos de espera a que regresara la luz eléctrica en Acuario, Milo se echo en el sillón aún más descaradamente totalmente aburrido, pues era claro que no volvería aquella tarde en todo el Santuario y ellos no terminarían de ver su pelicula.
- ¿Asumo que no te iras de aquí por hoy? -objeto Camus al ver a su amigo echado con descaro sobre su sillón.
- ¿Y si me encuentro a la bruja de la película en el camino a Escorpio? - objeto con cierta risilla el alacrán, haciendo que su amigo en las sombras se estampara su palma en su frente ante la respuesta. -Era realmente fea, no podría seducirla.
-Milo, has visto y estado con peores cosas como para tener miedo por una " bruja", cualquiera diría que no eres un santo dorado. - suspiro Camus con resignación.
-Además tu sillón es cómodo…-rebatió Milo ante las palabras de su amigo viendo al techo, totalmente acostado.
- Y como el "buen amigo" que eres Cam, me harás de cenar, evítandome la pena de cocinar hoy.
-Eres un idiota. - soltó Camus con fastidio, poniéndose de pie a pesar de la oscuridad. -Iré por velas a la cocina.
Fue entonces que, al hacerlo, una sombra a espaldas de aquel sillón de Camus, atrapo su atención.
-Milo…-comentó Camus tratando de asimilar en sus pensamientos, ¿qué era aquella figura en sombras a su frente semejante a "la bruja de la película"?. Camus no pudo reconocerle.
Ante el silencio de su amigo, Milo se alzó ligeramente del sillón y vio su silueta en la oscuridad de pie, observando hacia un punto detrás del sillón.
-Milo, no es broma, hay "alguien" ahí al frente. - objetó la sombra de Camus, haciendo que Milo observara hacia donde lo hacia su compañero.
- ¡¿Quién mierda eres? - objeto Milo alarmado al ver claramente la sombra que veía el acuariano, poniéndose de pie de aquel sillón mientras señalaba con su índice, dispuesto a atacar con su Aguja Escarlata hacia la sombra.
La sombra entonces comenzó a avanzar sutilmente hacia ellos mientras ambos santos se ponían a la defensiva. La intriga les cautivo y la sugestión por la película les erizo la piel.
"La sombra con túnica" siguió avanzando hacia ellos y Milo nervioso, comenzó a elevar su cosmos. No dudaría en defenderse. Y como broma del destino, la luz volvió justo en aquel momento, encendiendo el televisor de nuevo y revelando al "intruso" dentro del Templo de Acuario.
-Tranquilos, soy yo, Shaka. -objeto el rubio santo de Virgo, quitándose su túnica para la lluvia completamente mojado y sacando de ella un libro.
Milo y Camus suspiraron aliviados mirándose entre sí al ver que aquella sombra no era otra que la de compañero de armas. Eran un par de tontos. Vaya que les había sacado un susto aquel rubio con su entrada sigilosa y ellos se habían sugestionado mucho con la película de terror.
- Vine a entregarte el libro que me prestaste caballero, Camus. Siento no haberme anunciado apropiadamente.
Milo de pie, se acerco al apagador de luz en segundos y lo encendió, calmando su agitado corazón y posando una mano en su pecho.
-No debiste salir con esta lluvia. - objeto amable el acuariano recibiendo el libro. -Debiste devolverlo después.
-No tenia mucho que hacer y pensé que podrías necesitarlo, gracias por prestármelo. - les esbozo el rubio al dúo de amigos.
-Bueno, los dejo caballeros, no deseo interrumpirlos, continúen sus actividades. - comento el rubio, dándose la media vuelta, dispuesto a andar por la lluvia. Camus en aquel momento pensó en lo difícil que era quizás estar solo en ese mundo nuevo para el de Virgo, pues él raramente salía de su Templo por lo que pensó en que tal vez le podría hacerle un poco de bien la compañía de ellos para conocer nuevas cosas como él intentaba por su cuenta, pues al final todos "eran hermanos".
-Espera. - clamó Camus deteniendo al rubio. -Quédate Shaka, charlemos y comamos algo los tres. No vamos a dejarte ir con esta lluvia.
-Es buena idea…-objeto el Escorpión con ánimo, después de todo él tampoco conocía mucho a su compañero de Virgo. Shaka les sonrió suavemente ante la propuesta, no la esperaba y asintió hacia ellos con amabilidad.
Camus tras la propuesta, vio a Milo dirigirse hacia su cocina sin vergüenza como si fuera propia, quizás a "atacar" directamente su nuevo bote de galletas y tras ello, le señalo el camino al rubio, dispuesto a acompañarle hasta ella para más tarde, buscar en su armario un guarda ropa para prestarle y una toalla para secarse de la lluvia. Y así, el trio se adentro hacia la cocina del Acuariano con toda la disposición del dúo dinámico, de conocer aún más a su "hermano" Shaka.
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Al día siguiente, otro par de caballeros hicieron de las suyas bajo la aprobación de Atena, quien les había regalado un par de boletos para un parque de diversiones cercano, pues aquel era un deseo del pequeño Kiki motivado por próximo su cumpleaños y el cual había visto a través de una revista. Y ella generosa como era, le había concedido aquella petición sin reparo.
Todos los santos fueron invitados a aquella excursión, sin embargo, solo Aioria, Mu, Dohko, Shura y Aioros accedieron a acompañar al pequeño pelirrojo a festejar a aquel lugar. Atena, Seiya y Shion por su parte se quedarían esperar la llegada a Grecia de los demás santos de bronce quienes no tardaría en arribar después de mucho tiempo a esas tierras de dioses.
Los santos convocados entonces, tras viajar en una camioneta que la princesa había dispuesto para su traslado hacia el parque de diversiones, al arribar al lugar, caminaron emocionados hacia la entrada del parque notándolo lo enorme que era aquel lugar. Quizás aquella tarde sería inolvidable.
El bullicio y multicolor del lugar los abrumo, ninguno había estado en un sitio como aquel tan lleno de alegría. Todo el lugar eran luces brillantes y enormes juegos mecánicos de donde emanaban risas y gritos de las personas a bordo ante la diversión del lugar.
- ¡Aioria, vamos a subirnos a ese juego! -gritó el pequeño Kiki hacia el castaño a su lado a segundos de arribar al lugar, jalándole de su sencilla playera azul y señalándole una enorme rueda de sillas colgantes y giratorias.
- ¡Bien! - asintió el rubio emocionado por aquel lugar y en segundos se dirigió a sus demás compañeros detrás de sí. - ¿Alguno quiere ir con nosotros?
Shura negó de inmediato al concluir mentalmente lo mareado que terminaría mientras que Mu, Dohko y Aioros le asintieron, sin embargo, al ver que todos sus compañeros subirían y ante la insistencia de Aioros por experimentar aquella nueva experiencia, el cabrito al final, accedió.
Los santos se formaron en la fila detrás de poca gente para subir a la atracción y uno a uno, cuando llego su turno, busco un asiento en la atracción, todos dispuestos para "emprender el vuelo" en ella.
Aquellos santos tomaron asientos uno detrás de otro, completamente alegres ante la experiencia, viendo a él sin duda más emocionado Kiki sentado al frente de ellos, quien alzaba sus manitas al cielo completamente feliz al estar en ese lugar y regalándole una sonrisa a aquellos santos ante su inocencia.
Y tras abrocharse los cinturones, los santos comenzaron a ser alzados lentamente por las alturas en aquellas sillas, sonriendo entre ellos ante la sensación de "libertad" que el aire suave en aquel juego les regalaba poco a poco. En segundos, sus pies fijos al suelo comenzaron a volar en los aires y cada uno observo bajo el juego notando lo diminuto que las personas se veían desde aquel sitio. Todos ellos reian en los aires, todos menos Shura, quien mantenía sus ojos cerrados en la atracción, ligeramente mareado mientras que Dohko reía a placer como niño pequeño al igual que Kiki, fascinados por la sensación.
Aioria, Aioros y Mu por su parte, disfrutaban tranquilos de la preciosa vista y suspiraban ante la tranquilidad que se sentía en aquel juego, totalmente "extraña" para si. Pero pronto, el juego comenzó a acelerar sus giros en el aire y provocar un ligero mareo en ellos que, en segundos, les hizo cerrar los ojos a pesar de la bella vista bajo de si a varios metros lejos del suelo donde las imágenes ante la fuerza centrifuga se veían borrosas.
Tras algunos minutos de "aquel vuelo", los santos descendieron del juego con ligeras ganas de vomitar, todo menos el avivado Libra y el pequeño Kiki, quienes de inmediato al estar en el sielo quisieron ir a explorar más por el lugar.
- ¿Están listos para esa cosa llamada la montaña rusa, muchachos? - objeto ansioso y con los mechones castaños despeinados el antiguo maestro de Libra hacia los mareados santos de tras de si, quienes se sujetaban con fuerza el estómago para no vomitar y le negaban con las manos.
- ¡Bah!, parecen viejitos, vamos Kiki subámonos.
De inmediato, el pequeño pelirrojo corrió tras el de Libra mientras los demás los veían partir sumamente emocionados.
- ¡Yo si iré con ellos! -objeto Aioria a pesar de su mareo, corriendo tras ellos. - ¡Espérenme maestro, Kiki!
-Sabía que era una mala idea al subir. -dijo Shura acercándose a una banca para sentarse ante su mareo tras aquel juego. Aioros, quien tambaleaba ligeramente mareado siguió al español hacia la banca y se dejo caer en ella mientras Mu se posaba a su lado de pie, tratando de respirar profundo, conteniendo el ácido en su estómago como sus compañeros. - No les vuelvo a hacer caso.
- ¿Y si vamos a tomar un poco de agua para calmar nuestros estómagos? -sugirió Mu al grupo.
-De acuerdo. -contestaron los dos santos al unísono, sin embargo, Aioros al intentar levantarse de la banca, "algo" le retuvo.
- ¡Shura, espera!
La cara de susto se dibujó de inmediato en sus acompañantes ante el grito inesperado de arquero. - ¡Se me atoro el pantalón en la banca, no puedo sacarlo!
Y en efecto, con aquel gesto de preocupación, el arquero vio a su pantalón completamente atorado de los botones de sus bolsillos de atrás, sin dejarle levantar.
-Pero Aioros, ¿cómo demonios te ocurrió eso? -pregunto Shura mientras compartía una sonrisa cómplice con Mu ante la mala suerte de su amigo.
- ¡No sé, solo sucedió!
-Intenta levantarte con fuerza Aioros, quizá funcione. -comentó Mu hacia el preocupado arquero y el otro le asintió, alzándose con violencia de aquella banca. Y aunque Aioros logro su cometido al zafar su pantalón de la banca, en su frenético movimiento, rasgo su prenda de la entrepierna completamente, dejando a exposición ligeramente sus ropas intimas y parte de sus piernas.
- ¡No! -grito el castaño observando parte de su trasero al aire ante la risa involuntaria de sus compañeros. Había sido una muy, muy mala idea.
- ¡¿Y me iré hasta el Santuario con el pantalón roto?!-objeto alterado el castaño tratando de taparse sus calzoncillos expuestos con el trozo de pantalón roto.
-Bueno, dudo que muchas mujeres se quejen. - bromeó el español del grupo tratando de calmar su risa. - Vamos arquero, no hay opción, aunque podemos ir a la tienda de souvenirs, quizás vendan uno ahí.
El arquero los miro con tristeza.
-Bien…-sentencio el arquero, caminando de forma chistosa seguido de sus sonrientes compañeros con aquel pantalón roto hacia la tienda de souvenirs. Si el destino era bueno con aquel santo, quizás podría comprar un pantalón en aquel lugar.
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Por otro lado, Aioria, Dohko y Kiki subían al carrito asignado en la montaña rusa y en segundos, despegaban a gran velocidad en él, agitando sus cabellos y piel ante la presión del aire completamente extasiados por la adrenalina . Sin duda, eran nuevos tiempos, de libertad y felicidad, pues esa siempre está ahí en pequeños momentos día a día cuando los compartes con quienes estimas y los haces inolvidables, dignos de recordar.
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Mientras tanto en el Santuario, Hyoga, Shun, Ikki y Shiryu penetraron al Salón papal donde ya les aguardaba un delicioso almuerzo como bienvenida.
Seiya al ver a sus amigos de inmediato se abalanzó a ellos y les abrazo con emoción después de meses de no verlos, seguidos de la mas serena Saori, que también les dio la bienvenida, pero de una manera, totalmente menos enérgica que Pegaso, al igual que Shion. Y una vez dados todos los saludos de bienvenida, los santos se sentaron sobre la mesa preparada y charlaron de sus vivencias los últimos tiempos mientras disfrutaban de las delicias de aquel almuerzo.
Y tras largos minutos de amena charla, Shion se disculpo un momento de la diosa y santos en el comedor y fue hacia su oficina tras una interrupción de una doncella. En aquel momento, un refrescante postre se poso a su frente y fue entonces que el avivado Pegaso, decidió hacer una apuesta sus compañeros.
-Hyoga, tu que eres el "caballero de los hielos", te apuesto lo que quieras a que no te puedes comerte toda esa bola de helado a tu frente en su solo bocado.
Los demás santos, se miraron entre si ante la propuesta de Pegaso y le miraron como si de un loco se tratará.
-Es más, me volveré esclavo por un día de cualquiera de esta mesa quien lo logré primero y si yo lo logró, todos serán mis esclavos. - Seiya se echó con descaro en la silla para animarles. - ¡Vamos muchachos! Hace mucho que no haces algo divertido.
Al sentir el reto en puerta y ante la intriga de sus demás compañeros, Hyoga acepto el reto.
-Bien, lo haré. -afirmo el rubio del grupo con determinación. -Pero serás mi esclavo y te aseguro que no te será fácil.
-Es divertido, lo haré también. - objeto animado Shun ante la mirada incrédula de su hermano, sentado a lado.
-Shun…-murmuro apenado el fénix por la determinación de su hermano.
-Y yo…- objeto Shiryu animado por Andrómeda.
-Muchachos…- comento la diosa sonriente y ligeramente apenada ante las locuras de sus amigos, aunque no les reprimió. Ella también estaba interesada en aquel juego, aunque no para participar en él.
- ¿Y tú Ikki, no participas?
El moreno les negó, mordiendo un pedazo de verdura aún en su plato, desinteresado.
- ¿Puedes contar entonces? – indago el Pegaso al Fénix, quien le asintió sin nada mas interesante por hacer. -Cuando Ikki termine de contar, todos nos comemos el helado, ¿de acuerdo?
El concurso estaba dispuesto y cuando Ikki comenzó a contar en regresiva ante la ausencia de Shion, los santos tomaron la enorme bola de helado a su frente y se la metieron en la boca, deteniéndola en el interior de ella a pesar del dolor que eso les generaba.
Seiya de inmediato apretó los ojos tratando de aguantar el dolor al comer el helado completamente, mientras Hyoga giraba su vista hacia el techo aguardando su ansiedad y Shiryu y Shun suspiraban con dolor en sus mejillas y dientes.
Saori al ver sus expresiones, comenzó a reír alegremente seguida de Ikki, quien no creía la "forma" en que encontraban diversión sus amigos. Y con aquellos enormes cachetes rellenos de helado, fue entonces que Shun, quienes ellos creían seria el primero en rendirse, se terminó su helado más rápido que cualquier de ellos.
- ¡Les gané! -sentencio Shun con singular alegría y esgrimiendo un poco de dolor mientras sus compañeros sin aguantar mas el dolor, se levantaron de sus asientos dirigiéndose al baño para devolver el helado. Ninguno le había dado aguante a Andrómeda.
Al final, volvieron adoloridos al comedor y rieron ante aquel momento de diversión. Y Shun, alegre por ser el ganador, con "sus futuros esclavos" se divertía imaginado en que castigos les sometería.
Continuará…
Mis lectores bellos, gracias por sus bonitas palabras, me animan un montón, ojala se la hayan pasado bien.
¡Esta vez aceptamos sus donaciones de croquetas para Dragoncin, una bebida energizante para Dite, una lampara de luz suave para dormir para Milo y regalitos para Kiki, solo dulces por favor. Nos leemos pronto!
