—Debes dejar de verla así, sino quieres meterte en problemas, Tsuruga-kun —Ren volteó a ver a su interlocutor, cuando se dirigía a él por su apellido estaba en problemas.
—No sé de qué me hablas.
—Te lo voy a recordar con solo dos palabras: Kyoko-san —levantó sus dedos mientras las decía. Al ver cómo palidecía Ren, lo tranquilizó—. No te preocupes, al parecer, tus profundos sentimientos hacia ella solo los he descubierto yo. Pero te recuerdo que puedes meterte en problemas si esto llega a saberse.
Ren le dio una indicación con la cabeza para que se dirigieran hacia otro sitio donde poder hablar, porque el pasillo no era un lugar en el que pudieran hacerlo con tranquilidad. Cuando llegaron al despacho de profesores y vieron que estaba vacío, Ren entró y cerró con llave la puerta tras ellos. No le preocupaba que alguien llegara, era tarde y ya casi todos habían salido, pero no quería arriesgarse.
—¿Tanto se me nota?
—Lo he notado solo porque yo sufrí del mismo mal —Yashiro suspiró cansado.
Se lo contó todo. Lo bueno y lo malo, las alegrías y las tristezas, él, el profesor, ella, su alumna, pero sobre todo, le habló del amor que se tuvieron. Ren se quedó atónito al escuchar la historia de su amigo y compañero, jamás se hubiera imaginado que hubiera pasado por algo igual. No podía creerlo, pero sabía que era cierto. Yashiro nunca le mentiría y menos con algo así. La voz de su amigo lo sacó de sus pensamientos.
—Así que, después de escuchar mi historia, ¿qué vas a hacer, Ren?
—¿Hacer? ¿Qué puedo hacer? Soy su profesor.
—Y también, al parecer un idiota —Ren dejó caer los hombros derrotado.
—Sé que enamorarme de ella ha sido un error —Yashiro trató de hablar, pero Ren levantó su mano—. Ella no me ve más que como un profesor, sé que me tiene estima, pero vamos, solo soy uno más. Tú por lo menos tuviste la fortuna de ser correspondido.
Ante esto, Yashiro levantó las manos al cielo y después de decir varios improperios para mayor sorpresa de su amigo, soltó lo que sabía lo haría actuar o por lo menos pensar en hacerlo.
—Sé que le gustas —Ren levantó la mirada hacia el esperanzado.
—¿Cómo lo sabes? ¿Te lo ha dicho?
—A ti no te dio chocolates el 14 de febrero.
—¿Y eso qué?
—Ayyyy, Ren, a veces no sé si de verdad tienes ojos en la cara y algo dentro de esa cabezota tuya. No sé cómo eres el profesor número uno si de lo verdaderamente importante no te enteras.
—No entiendo lo que me quieres decir.
—Que a ti todas las alumnas te regalaron chocolates honmei, ¿cierto?
—No sé si todos eran honmei.
Yashiro le dio un golpe en la frente con dos dedos, gesto que a Ren le recordó a su padre.
—¡Si serás bruto! —le respondió ya desesperado.
—¡Oyeeeeeeee! —Ren se sobaba la frente, aunque era más por sorpresa que por dolor.
—Kyoko-san no te regaló chocolates honmei porque sabe que detestas el chocolate, aunque tú nunca lo has admitido públicamente. Entonces, dime, ¿cómo diablos es que ella lo sabe?
Ren se quedó estupefacto ante este hecho, la verdad es que nunca lo había pensado, se había sentido desilusionado cuando ella les había regalado los famosos chocolates a varios de los profesores, incluyendo unos para el director, pero no le había dado ninguno a él. Yashiro no lo sabía, pero el día siguiente a los chocolates había caído en sábado y Kyoko se había presentado a última hora de clases en su despacho, asegurándose que no hubiera nadie cerca. Fue cuando le dio su increíble regalo, le había hecho una gelatina al vino. Le explicó que el día anterior le había llevado su regalo pero que en el transcurso del día se maltrató y no deseando entregárselo así prefirió hacerlo de nuevo. Ella estaba completamente sonrojada. Le preguntó que si aún se lo podía recibir. Se había quedado tan anonadado viendo su gelatina que simplemente asintió con la cabeza, pero cuando volvió a levantar la vista para agradecerle, ella ya no estaba.
Para el día blanco quiso regalarle algo especial, pero como su profesor le estaba prohibido hacerlo. Así que solo pudo dejarlo pasar sintiéndose impotente, decepcionado y profundamente enamorado de ella. Solo le quedaba soportar y seguir viéndola a lo lejos. Sintiéndose celoso hasta de la banca donde se sentaba. Queriendo profundizar más su relación. Adorándola desde su escritorio.
—Ren, ¿te importa más tu trabajo que tus sentimientos por ella?
—¡No! Por supuesto que no.
—¿Entonces qué te detiene?
—Si, y solo si, lo que tú dices que yo le gusto, fuera cierto, no es como si supiera a ciencia cierta que sus sentimientos por mí son profundos. ¿Qué tal si solo está encaprichada conmigo como cualquier otra colegiala? Tú mismo lo dijiste —Ren caminaba de un lado a otro por la sala—, y si soy solo un cliché, una fantasía pasajera.
—No lo creo, ella no es así. No es impulsiva, ni alocada.
—Aunque eso fuera cierto, no puedo hacer nada por el momento. Y no es que tema por mi trabajo, es que no quiero arruinarla a ella. Podrían expulsarla del colegio y su récord perfecto quedaría hecho trizas. No podría entrar a ninguna escuela aquí en Kyoto.
—Uffff, si es por eso, yo que tú no me preocuparía —Ren se quedó quieto de inmediato y volteó a verlo con una sospecha en los ojos.
—¿Qué demonios significa eso?
—Kyoko-san se va de Kyoto. Ella no va a seguir estudiando aquí.
—¿Ella se va? ¿A dónde? ¿Cuándo? ¿Cómo lo sabes? —Ren se había quedado lívido al escuchar esas palabras, Kyoko se iba, y entonces él no tendría ninguna oportunidad de… nada.
—Hace como unas tres semanas me mandó llamar Takarada-san a su despacho, cuando entré ella estaba sentada frente a él, y alcancé a escuchar cuando el director le preguntaba si estaba segura de su decisión. Le dijo que Tokyo no era como Kyoto, y que allá estaría sola. Pero, que si ella estaba segura de eso la dejaría ir, siempre y cuando viviera bajo la tutela de unos amigos de él. No sé si sabes que Kyoko-san es la ahijada del director —Ren asintió—. Ella estuvo viviendo durante un tiempo con unos amigos de la familia, después de que sus padres murieran en un accidente cuando ella apenas era una pequeña niña de cuatro años. Los Fuwa. Conoces al hijo de la familia, Fuwa Shoutaro —ante la mención de ese nombre Ren hizo un gesto desdeñoso, nunca había soportado a ese niñato presumido que siempre estaba molestando a Kyoko. El director había estado viajando alrededor del mundo en una empresa propia, pero cuando se enteró de la muerte de los Mogami, regresó de E.U.A. y desde entonces la había estado criando como hija propia.
—La verdad es que esa es una de las razones por las cuales no le he dicho nada. Tengo todo en contra, es menor de edad, es mi alumna y por encima de todo es la ahijada del director de la escuela, ¿acaso se me olvida algo?
—Bueno, la verdad no la tienes fácil, pero, ¿qué prefieres? ¿Quedarte callado y ver cómo parte hacia una nueva vida sin ti o atreverte a decirle lo que sientes? O, ¿solo quieres jugar con ella? Porque si ese es el caso, desde ahorita te digo que te olvides de algún día poder tener familia, porque el director te despellejará vivo.
—¡Por supuesto que no estoy jugando!, ¿cómo es posible que acaso puedas insinuar algo así? ¿De mí? Es solo que no puedo llegar y decirle a ella: ¡Hey, oye, fíjate que estoy enamorado de ti!, ¡vamos a fugarnos!
—Por supuesto que no, ella no es de ese tipo, pero tienes que enseñarle lo que es el amor maduro, ve por todo con ella —Ren palideció y luego se puso rojo de rabia.
—¿Es que acaso tú estás loco? ¡Es una menor, por todos los cielos! —Cuando Yashiro captó lo que había entendido Ren, soltó una tremenda carcajada.
—No te estoy diciendo que la seduzcas, ni mucho menos. Te estoy diciendo que la enamores.
—Ajá y, ¿cómo se supone que voy a hacerlo siendo ella mi alumna y estando bajo la atenta mirada de nuestro director "Ojo de Halcón" al que no se le escapa nada de lo que sucede en esta escuela?
—Exacto, Ren. Ahí tienes la respuesta, si a él no se le escapa nada, como tú dices, ya debe estar enterado de tus sentimientos por ella y si mal no lo conozco, los de ella por ti. Por lo que creo, que deberías ser sincero con él, explicarle tus sentimientos y que irás en serio con ella, porque antes de ser director es su padre. Y, además, ¿se te olvida que ya casi estamos a fin de año escolar y dejarás de ser su maestro? Sin mencionar que, no por nada, lo llamamos Director Lovemon, creo que podría ayudarte.
—Sí, claro, a desaparecer de la faz de la tierra —susurró desganado y suspiró profundo ante la carcajada de su amigo —. Y a que nunca encuentren mi cuerpo…
