Capítulo 2
¡Viernes! ¡Al fin viernes! Hoy sería un día estupendo porque a la salida del trabajo todos nos reuniremos en un bar karaoke a distraernos y a beber hasta quedar tirados en el piso. Bueno, quizás exageré un poco la condición, pero realmente necesitaba esa distracción.
Invité a Tomoyo además, puesto que no tenía problemas para relacionarse con otras personas y aquí entre nosotros, mi jefa admira en demasía a mi amiga, creo que sería bueno para mi, podría incluso pedirle un aumento de sueldo con tal de que mi prima alague un poco a mi jefa. Tomoyo sabe de aquello y sólo se ríe cuando le hablo de mi plan malévolo. Es una buena chica, siempre ha estado conmigo en las buenas y en las malas. Contamos la una con la otra para lo que sea y a pesar de que las diferencias entre nuestros padres sean evidentes, a nosotras no nos incumbe. Mi padre la quiere y estima y con eso me basta y me sobra.
Cuando al fin habíamos terminado la jornada laboral y nos fuimos en masa hacia Tokio, algunos viajaron en los vehículos de mis compañeros. Tomoyo y yo nos fuimos con Satsuki, que se ofreció llevarnos.
Cuando llegamos a la capital, la ciudad se notaba concurrida y los bares estaban atestados de gente, por suerte, nuestra jefecita siempre pensaba en todo, y había hecho una reserva en algún local. Ingresamos a unos de los bares con karaoke e inmediatamente pedimos en grandes cantidades sake, cerveza y pollo frito para acompañar. Esto por lo menos solíamos hacerlo una vez al mes, con la intención de crear un buen ambiente laboral y contemplar a tu compañero de trabajo, que no solo te relaciones netamente profesional, sino más bien entablar amistades y buenas relaciones, al fin y al cabo, convives con ellos la mayor parte del día.
Cuando llegó nuestro pedido, Tomoyo fue la primera en cantar, así que nos dedicamos a apreciar la suavidad y belleza de su voz. Siempre creí que ella podría ser una gran intérprete, pero su pasión por las telas y el diseño eran mucho más fuerte. Comencé a grabarla por celular, pero una llamada interrumpió lo que llevaba. Casi con ansias estaba debatiéndome entre pararme a contestar o hacerme la tonta… y es que… ¡Shaoran me estaba llamando por el messenger del facebook…! ¡No! ¡Definitivamente… no quiero contestar! ¡Me muero de los nervios!
¿En verdad esto estaba sucediendo? Cuando cortó, volví a respirar y rápidamente le mandé un mensaje por esta misma aplicación.
―No puedo contestar ahora, estoy en el karaoke con unos amigos ―quizás se puede sentir mal por eso, así que le agregaré algo más―. ¿Puedo llamarte más tarde directamente? Ah, pero no tengo tú número… ―y envié.
No era mi intención contestar ahora, aunque anhelaba poder hablar con él después de tanto tiempo, pero no tenía idea de qué podíamos conversar. Quizás las cosas se iban a dar solas: hablar del clima, de la ciudad, del trabajo, etc.
Cuando me llegó su respuesta, me sorprendí mucho y aun así no pude evitar dejar de sonreír.
«No te preocupes, no era nada urgente. Pero si puedes hablar más tarde te dejo mi número +852 6? ?.»
Me sentía una chiquilla con ganas de saltar de alegría. Decidida copié su número y lo guardé en el teléfono con su nombre: Shaoran Li.
Y ahora era el turno de mi jefa para que cantara. Y la verdad, todos nos reímos porque cantabalo hacía fatal, pero aun así no se sintió cohibida.
[…]
Una nueva ronda de cervezas pasó por nosotros y sin duda adoramos eso. Además era mi turno de comenzar a cantar y cuando me levanté de mi asiento sentí que todo se me daba vueltas.
―¿Qué pasó Sakura? ―decían en tono cantarín mis compañeros. Y yo no podía parar de reír. Sí, el alcohol estaba haciendo efecto en mí.
Tomé el micrófono con una mano, y con la otra seguía manteniendo la botella que ya iba en la mitad. Tomoyo tuvo la gentileza de colocar una canción bastante movida y yo comenzaba a mover mi cabeza para seguir el ritmo y entrar en más confianza que la cerveza me estaba dando. El tema que sonaba era Sugar Free del grupo coreano llamado T-ara, pero ésta era una canción en versión inglés y con mis leves conocimientos del idioma comencé a tararearla… y a bailarla.
―How did this all happen to us? I don't know if we can fix this. I just can't feel the sweet connection anymore, is this how it's meant to be? I still can't really understand this… it's confusing me, I don't know what to do, Sugar Free…
Uno de los chicos se levantó y comenzó a bailar conmigo, provocándome una grata sonrisa. Todos aplaudían y hasta hacían insinuaciones con mi compañero, que de haber sido otra ocasión, probablemente hubiera respondido dándoles un espectáculo a los demás, pero uno: no podía, porque estaba con la mente puesta en hacer una llamada como había prometido, y aunque el alcohol había dado el paso de olvidarme de las ansias, la sensación igual seguía presente. Y dos: Tomoyo no estaba y eso me preocupó. La busqué con la mirada y una de mis compañeras me indicó que había salido recién, que no se estaba sintiendo bien.
Le entregué el micrófono a alguien más para que cantara y me excusé con el resto, para ir a verificar el estado de mi amiga, así que tomé el bolso con mis pertenencias ―Tomoyo andaba con un pequeño bolso con ella― y salí.
―Sakura ―me siguió Shouji, quien era con quien estaba cantando y bailando hace un rato. Él era el jefe del área de diseño del estudio―. ¿Ya te vas?
―Eh… creo que sí ―miré la hora en mi celular, ya eran más de las 2:30―. Bueno, depende de como siga Tomoyo. No puedo quedarme si se está sintiendo mal.
La busqué con la mirada, incluso caminé hacia los baños de mujeres para corroborar si se encontraba o no. Shouji tuvo la amabilidad de acompañarme, cuando decidí ir hacia afuera y lo que me encontré me dejó un poco más tranquila, aunque veía que Tomoyo estaba pálida y apoyada contra la pared, con claras ganas de querer vomitar...
Alguien que estaba dentro llamó a mi compañero y este respondió que en seguida iba.
―¿Quieres que te acompañe? ―me preguntó amablemente Shouji con un deje de preocupación y le negué con la cabeza― ¿Vas a estar bien?
―Ve con los demás ―le sonreí―, no te preocupes, tomaré un taxi hasta casa.
―Bien ―sin ningún tipo de pudor, el chico se acercó a mi rostro y depositó un beso en la mejilla―. Nos vemos el lunes. Avísame cuando llegues a casa, por favor.
Llevé mi mano hacia el cachete para comprobar lo que había sucedido. Gracias a dios, aunque suene malvado, el hecho de que Tomoyo comenzara a vomitar me trajo de nuevo los pies a la tierra.
Me acerqué a ella para sobarle la espalda y tomar su cabello para que no se lo manchara.
―Uff… creo que ya me siento un poco mejor… ―dijo eso sentándose en el piso.
―Ay amiga ¿Comiste algo antes de beber?
Ella negó con la cabeza. Así que me senté a su lado y tomé mi celular con la intención de pedir quizás un uber y así irnos a casa.
De pronto recordé que tenía una llamada pendiente por hacer.
Con mis manos temblorosas y el estómago apretado, decidí llamarlo, y así de paso esperar que Tomoyo se sintiera un poco mejor antes de subirnos a un auto. Sentí casi las mismas ganas de vomitar que Tomoyo cuando el tono sonó en mi celular, una vez… dos veces y contestó.
―Hola ―escuché al otro lado del teléfono.
―Ho-hola Sha… Li. ¿Hola? ―repito porque se escucha puro silencio. Y casi por inercia iba a llamarlo por su nombre, pero no me sentía con toda la confianza en ese momento.
―¿Quién habla? ―un vuelco extraño aparece en mi estómago cuando dijo eso, en serio iba a vomitar…― ¿K-Kinomoto?
De nuevo sentí como me volvía el alma al cuerpo, pero esa extraña sensación en la panza no se me iba… ¡Estoy nerviosa! ¡Y con alcohol! ¡Pero ya no voy a vomitar!
―Ah sí, la mismísima ―sonrío y Tomoyo me mira de reojo. Le hago cariño en el cabello con mi mano libre y ella apoya su cabeza en mi hombro. Y sigo prestando atención a la llamada― eh... ¿Estabas durmiendo? ―por dios que soy idiota, mira la hora qué es Sakura Kinomoto. A no ser que él también estuviera de farra…
―Sí... ¡Digo no! En realidad, no hay problema por la hora pero... ¿Estás bien? Se te escucha algo extraña.
―Ay es que... Tomoyo, se... no se encuentra en sus cinco sentidos ―intento reír para no sonar tan nerviosa. Sí estaba durmiendo, y me sentí terrible de despertarlo.
―¡Sakura Kinomoto! ¿Qué dices? ―Tomoyo me regaña y se remueve hacia un lado para volver a vomitar un poco más, haciendo unos extraños sonidos. Cerré mis ojos ante eso.
Ay amiga, justo ahora que estoy hablando te vuelven las ganas de devolver todo lo que bebimos. Pero qué más da, hemos pasado por esto varias veces. Hoy por ti, mañana por mí. Con qué cara puedo reclamarle algo a ella, si también me ha visto en circunstancias similares.
―Oh... eso no se escucha bien ―me dice Shaoran y le encuentro toda la razón―. ¿Quieres que hablemos en otro momento?
―¡NO!... no, no... disculpa ―le hago un par de señas a Tomoyo de que me levantaré del lugar para caminar un poco y esta me responde con su dedo pulgar― Es que... disculpa que te haya llamado tan tarde... eh... la verdad es que me alegra mucho saber de ti, oírte. ¿C-cómo estás?
―¡Noo!... no te disculpes, de todas formas no tengo que madrugar mañana ―hizo una larga pausa y miré el teléfono pensando en que quizás se podría haber cortado la comunicación, pero luego escuché nuevamente su voz―. Estoy bien, feliz de volver a Tomoeda... de volver a verte ¡A todos! A verlos a todos... por lo menos Daidouji sigue viviendo allí y tú también y... ¿Qué tal tu noche?
Suspiro, me encanta escuchar la voz de Shaoran, puedo darme cuenta que los años hicieron un cambio notorio en ella… ¿Cómo será volver a verlo en persona? Rayos, siento que me falta aire…
―¿Eh yo? Bien... celebrando que al fin es viernes ―sigo sonriendo mientras me paseo por las afueras del karaoke―. Hace ya tantos años que no nos vemos ―me sincero― ¿Por cuánto tiempo vienes a Tomoeda? Tenemos que vernos sí o sí... ―miro a Tomoyo y me acerco a ella nuevamente, no puedo dejarla sola mucho tiempo―. Te sorprenderías de ver como he cambiado... ¡Y todos claro! Podría avisarle al resto y así haríamos una junta o... no sé...
Tomoyo al fin dejó de vomitar y se acomoda abrazándose las piernas. Y no puedo dejarla así, por lo que tendré que llevarla a mi casa, así que esperaré y rogaré que pase pronto un taxi que nos lleve, allí mi amiga podrá pasar la noche y no llegar en ese estado donde su madre, que seguramente pondría el grito en el cielo.
―Lo sé... mucho tiempo, pero no era mentira cuando dije que me mudaba definitivamente allí ―Es cierto, me lo había dicho anteriormente, sólo que las palabras salían solas y esa revelación me agrada bastante―. Me encantaría verlos a todos... los he extrañado a pesar de la distancia... y... también extraño pasear contigo por el parque ¿recuerdas? solíamos hacerlo a menudo cuando niños.
―Es cierto ―sonrío porque se me vienen varios recuerdos de aquella época―. Los helados cerca del Parque Pingüino, o cuando jugábamos con las hojas secas del piso... o cuando te quejabas de tu odio al frío, hacías caras muy graciosas ―vuelvo a reír.
―Había olvidado por completo sobre el endemoniado frío. Pero sé que valdrá la pena. ¿Recuerdas cuando te subiste a ese gran árbol para rescatar a ese gato? ¿Cómo fue que lo llamaste...?
―¿Con quién estás hablando Saku? ―me interrumpe Tomoyo.
―Eh... con Li ―digo nerviosa volteándome a verla.
La ayudo a levantarse y veo que pasan un par de autos. Entonces afirmo el celular con el hombro y estiro mi mano libre esperando que uno de esos taxis logre detenerse.
―Envíale un saludo a Daidouji de mi parte.
―Ya escuché ¡También te mando saludos Li!
―Lo lamento, Tomoyo está pasada de copas ―le digo a Shaoran con algo de pena, no quiero cortar su llamado―. ¿T-te puedo llamar más tarde, o mañana? ¡O si quieres podemos hablar por whatsapp! ahora que tengo tu número…
―Claro ―dijo algo bajito y creo haber sentido su decepción, porque yo estaba igual―. Si quieres yo te llamo, o nos enviamos mensajes.
―Disculpa haber llamado y tener que cortar tan así… abruptamente, pero tengo que cuidar de Tomoyo. Pero te envío un mensaje cuando llegue a casa y así podemos seguir conversando ―le digo para que sepa de alguna manera que me da gusto volver a hablar con él, después de tantos años―. Un beso… hablamos más tarde ―y sonrío por inercia sintiendo como mi corazón bombardea hasta en mis orejas.
―No te disculpes. Me encantaría seguir hablando. Cuídate.
Corté la llamada y Tomoyo, a pesar de su borrachera me miraba con una cara bastante jocosa. Y después me pongo a pensar ¿Un beso? ¿Desde cuando nos despedimos de besos los japoneses? Creo que las costumbres de otros países se pegan y bueno, no es que me de vergüenza, pero es difícil acostumbrarse. Y en las novelas y series, por lo general siempre se despiden así ―incluso a veces se saludan―. Pero ahora que lo pienso, lo de Shouji hace un rato atrás me pareció extraño, pero prefiero dejarlo pasar y no calentarme la cabeza con ideas equívocas.
―No digas nada ―le dije empujándola dentro del auto y luego sentándome a su lado.
Le di las indicaciones al chofer para llegar hasta casa.
―Y bien… ¿Cómo se encuentra tu amor platónico de juventud? ―dijo mi amiga con sus ojos cerrados, porque era un peso muerto, excepto por su lengua.
Sonrojé con el comentario de Tomoyo y lo único que atiné a hacer fue a bajar la ventana del taxi. Evitando su pregunta, le mandé un mensaje a la mamá de ella, para avisarle que se quedaría en mi casa. Evité eso si decirle que su hijita querida estaba ultra borracha y hablando cosas de más.
Mientras Tomoyo iba durmiendo apoyada en mi hombro, yo seguía pendiente de mi celular e iba revisando las fotos del facebook de él. Muchas eran de sus presentaciones, en tenida formal o publicaciones de sus hermanas sobre alguna noticia del periódico. Luego de eso, revisé una vez más su número y me fui directamente al whatsapp, para revisar su estado o su foto de perfil. Y lo que vi allí me gustó, porque era una foto que no estaba en las páginas web.
Un nuevo mensaje había llegado, y era de mi compañero de trabajo. Preguntando si estaba bien y si es que había llegado a casa, que cuando salió del karaoke no nos había divisado. Le contesté que estábamos bien, que no se preocupara y que gracias. Nada más.
Luego de unos veinte minutos, al fin llegamos a casa. Le pagué al taxista y nos bajamos. Por lo menos Tomoyo podía sostenerse de pie, así que no tuvo problemas en entrar como zombie e ir directamente a la habitación que era de mi hermano. Le seguí los pasos y cuando esta entró se tiró de sopetón a la cama. Fui hasta mi habitación entonces buscando prestarle un pijama. Así que volví hacia mi amiga y con confianza le saqué la ropa, y le puse la prenda de dormir.
―Gracias Sakurita…
―Descansa loquilla. Te dejaré una botella con agua para cuando despiertes… ya conozco tus resacas ―reí.
―Mañana… ―bostezó y apenas pudo pronunciar― mañana me cuentas lo de Li.
Eran más de las 3 de la mañana, seguramente Shaoran ya se debe haber quedado dormido. La diferencia de hora allá es de una hora, así que decido mandarle un mensaje de todos modos.
«Sana y salva en casa. Por cierto, bonita foto de perfil jejeje. Estamos al habla. Buenas noches.»
Y me acuesto en mi cama, dejándome llevar por la comodidad de las sábanas frescas y cerrando mis ojos, para luego dormir. Además, ya sentía mi cuerpo bastante pesado.
Mi teléfono vibró e inmediatamente el sueño pasó, dejándome nuevamente con ansias de leer el mensaje que seguramente era su respuesta, o al menos eso deseaba.
«Me alegra saberlo, estaba un poco preocupado. Nos hablamos. Ah y... tus ojos siguen destacando como siempre en cada foto, pero los recuerdo mucho más lindos de frente, y es una suerte para mí, porque nos veremos pronto.»
No… ¿Cómo puedo reaccionar a eso? Me acurruco más en mi cama leyendo su mensaje una y otra vez y, viendo su foto de perfil en whatsapp… Su cabello desordenado, su rostro serio y ese traje con el que solía practicar artes marciales en su tiempo libre. Lo que me gusta de esa foto es que sin querer, la persona que lo fotografió captó el momento a la perfección. Porque es natural su postura y su mirada hacia otro lado. Y ver… esa camisa con algunos botones desabrochados mostrando parte de su piel…
―Debe tener… un cuerpo… exquisito…
Sentí mi cara arder y rápidamente dejé mi celular a un lado. Junté mis piernas sintiendo como un revoloteo actuaba en ese sector precisamente.
Tomoyo dormía plácidamente en la que era la habitación de mi hermano. Y yo estaba sola en mi cuarto. ¿Qué más daba? Mi cuerpo lo pedía y eso era algo que no se podía negar. Llevé mi mano hasta mi entrepierna, cerrando mis ojos comencé a imaginar sentirme entre los brazos de él. A ser tocada, a escuchar mí nombre en un susurro de sus labios. Sigo el movimiento con mis dedos, colocándome boca abajo sobre la almohada para callar mi respiración de los espasmos que se hicieron presentes rápidamente en mi cuerpo. Y soltando un suspiro de satisfacción pude conciliar perfectamente el sueño.
[…]
Las semanas habían avanzado rápidamente. Estábamos a fines de Abril, y me encontraba eligiendo dentro de mi ropero algo cómodo para vestirme. Tomé mis jeans de color rosa y una sencilla polera blanca que le haría juego con la chaqueta de mezclilla de color azul, por si más tarde comenzaba a hacer frío. Y claro, en unos meses más llegaba el verano, pero con todo este asunto del cambio climático, a veces suele ser un poco bipolar.
Y hoy en la mañana volví a despertar con esa ansiedad de comer chocolates, pero no era por Shaoran precisamente, que a pesar de todo hemos seguido conversando naturalmente todos estos días, como si el tiempo no hubiera pasado, como si la amistad entre nosotros solo hubiese tenido puesto un pause. El efecto de mi estado se debía al sueño que tuve hace un tiempo atrás y que volvió a aparecer, el mismo chico vestido de la misma forma, manteniendo la conversación y terminando todo eso con una sesión de besos que me despiertan en todos los sentidos.
―Debe ser la abstinencia… ―murmuré en voz alta viéndome una vez más en el espejo. Pero aquel comentario sonó tan desubicado para mí misma, que intenté borrarlo de inmediato de mi cabeza.
Guardé mis cosas en mi pequeño bolso de mano, apliqué un poco de perfume y labial para darle algo de color a mi rostro. Y bajé las escaleras para llegar al primer piso y despedirme de mi papá.
Y así, caminar por las tranquilas y pacíficas calles de Tomoeda, era algo que no cambiaría por nada en el mundo. Por eso es que entendía por qué él había decidido querer volver acá. Y es que no hay otro lugar como este. A pesar de que ya las flores de cerezo no estaban presentes como al comienzo del mes, los árboles estaban haciendo ese juego de vestimenta de flores a hojas o frutas, para indicarnos que el verano se aproxima, así tan veloz como pasan los días.
Cuando veo el reloj, me percato de que voy a la hora, y sin duda será algo que lo va a sorprender, porque todos me recuerdan como la niña impuntual que fui en la escuela. Ahora no, y eso ya lo había aprendido y mencionado antes. Y me siento orgullosa de presumirlo.
Cuando llego al lugar acordado, lo veo tan tranquilo, tan sencillo, tan masculino de jeans ajustado y… una camisa negra. Su vestimenta lo hacía ver como un chico común y corriente, pero no lo era, al menos para mí. Y era extraño verlo así, ya que todas sus fotos públicas, él suele vestir más elegantemente.
Cuando levanta su rostro y me ve, mi corazón se fue a la garganta, le sonrío sintiendo como toda mi cara tirita y no puedo mantener mucho ese gesto, así que sigo caminando hasta llegar a su lado.
―Vaya… Llegaste puntual.
―¡Hey…! ―arrugué mi ceño, ¿Eso lo primero que va a decir? Bueno, siempre es lo mismo, hasta en mi familia, así que orgullosamente le respondo―: ya no soy tan irresponsable como antes. He cambiado y madurado Shaoran… ―dije su nombre con total naturalidad, sentí como me miraba y quise retractarme―. Digo…
―Estaba bromeando, Sakura. Me alegra mucho verte ―la verdad es que a mí también, pienso― ¿Quieres que compremos un café y vayamos a caminar al parque?
Le digo que sí en silencio, estoy en este instante algo cohibida y no sé por qué. Caminamos y no dejo de percibir en que los años no han sido en vano en él. Su porte, su forma de moverse, su voz, hasta el aroma que desprende me tienen así. ¡Que rayos! Además… ¿Por qué diantres se colocó una camisa? Muerdo mis labios, imaginando y planeando algunas palabras en mi cabeza.
―¿Y a qué se debe tu regreso a Japón? ―fue lo primero que pregunté.
―He recorrido varios países por mi profesión ―que envidia, yo con suerte he viajado por Japón, aunque planeo con Tomoyo visitar Corea, porque sí, ella y yo tenemos una obsesión con los doramas― y gracias a la independencia con la que cuento, puedo quedarme por un tiempo en alguno de ellos. Pero nunca me arraigué a ninguno. Pasaba un mes y ya ansiaba regresar a Hong Kong, y cuando volvía, el tiempo pasaba y era extraño… ―escuchaba con atención a cada una de sus palabras. No ha perdido ese toque, una vez estando en confianza es capaz de hablar sin titubeos― Aún en casa, me sentía… vacío. No es sencillo describir esa sensación.
Me dedico a observarlo solamente. Me gusta como se expresa, como habla. Eso ha cambiado en los años que no nos hemos visto. Tiene un cierto desplante que antes era opacado por su timidez. Pero sus palabras me dejaron pensativas. ¿Se habría sentido solo? Teniendo a tanta gente a su alrededor, su madre, sus hermanas, incluso Meiling, y aun así se sentía vacío. Shaoran carraspea un poco y eso en cierto modo me incomodó, así que volví mi vista hacia al frente. Y así fue que siguió hablando.
―Un día estaba revisando viejos papeles y encontré una caja con fotos viejas. Había un poco de todo allí, pero muchas eran de los años que pasé aquí. Me quedé horas revisando foto por foto, recordando el rostro de todos ustedes en las grupales del instituto y hasta tengo esas que te gustaba tomar y regalar ―ante eso dicho esbocé una gran sonrisa―. Desde ese entonces ya tenías en claro lo que quería ser... una excelente fotógrafa.
Una excelente fotógrafa. He escuchado eso varias veces y realmente hacen que mi orgullo crezca. Nunca me he arrepentido de lo que estudié, pero que Shaoran lo diga no solamente me hace feliz, sino que me encanta. Recordé las fotos que tomaba de niña, si bien la verdad, no son nada comparadas a las de ahora, porque estaba recién aprendiendo, solía regalarle algunas a él y a Tomoyo. Y tienen un significado especial para mí, y me alegro con creces de saber que aun las mantiene consigo.
―Aún conservo la cámara que mi papá me regaló en ese entonces. Obviamente no funciona, pero fue el primer obsequio que recibí de él después de que notara mi entusiasmo por las fotos ―río y me siento más relajada―. La verdad no es un trabajo que digamos, wow que millonada que ganas, pero sobrevivo y estoy contenta.
Llegamos a la cafetería, Shaoran se adelantó en pedir preguntándome cual deseaba tomar.
―Un capuccino con crema, por favor.
Una sonrisa impecable aparece en su rostro e hizo el pedido. Esperamos unos minutos más, rememorando la conversación de cuando veníamos caminando hasta el café.
―El dinero va y viene, aunque sea necesario ―habló él―. Lo importante es amar lo que uno hace y esa pasión puedo verla en tus trabajos. Me gusta como reflejas las emociones con solo elegir la luz correcta o el encuadre adecuado. No sé mucho de fotografía, pero puedo entenderlo de la misma forma que siento la música... ―es cierto, recordé algunos de sus temas o demos que escuché en youtube―, creo que es una mezcla entre tu tinte personal plenamente sensorial y la técnica para lograrlo. No todos por saber sacar una foto o tocar un instrumento pueden lograr llegar a las personas, hacerlas reflexionar, emocionarse o solo admirarlo de una forma especial sin saber bien por qué lo hacen.
Sus palabras sonaban como poesía al describir su trabajo. Y eso es algo que pocas personas pueden alardear con orgullo. Porque no todos tienen la dicha de hacer lo que realmente les gusta.
Nos entregaron nuestro pedido y Shaoran pagó por ambos. Me dije a mi misma que la próxima vez sería yo quien invitara, y así salimos del recinto para caminar en dirección al Parque Pingüino. Nos sentamos en silencio en una banca desocupada a contemplar a la gente, el paisaje y disfrutar del delicioso capuccino, bebo un sorbo y sabe realmente sabroso. Un suspiro salió de mi boca y fije mi vista en Shaoran quien me veía directamente. Su mano se acercó a mi boca y en ese momento dejé de respirar. Sentía el corazón latiendo estrepitosamente en mi pecho, los colores se me subieron al rostro, siento… siento que podría desmayarme.
―Oh, este… disculpa, tenías una mancha de café ―un centenar de hormigas se paseaban por todo mi cuerpo, hormigas no, quizás eran pisadas de elefantes que repercutían en mi.―. Y bueno… este…e-eso fue lo que me llevó a volver a Tomoeda― Shaoran suspiró y yo me quedé viendo fijamente sus labios mientras bebía de su café―. Nunca fui tan feliz como esos años viviendo en este pacífico pueblo, y a pesar de tener toda mi familia en China, hay algo de este lugar que me encanta. Eso y lo que formé aquí, los amigos… tú. Sé que perdimos mucho tiempo, Sakura. Pero de verdad estoy muy contento de volver a verlos. Especialmente a ti.
Llámenme loca, pero siento que todos los sentimientos que alguna vez tuve por este chico vuelven a surgir con fuerza en este preciso momento. Quizás nunca se fueron, sólo… estuvieron dormidos. Sonrío ante sus palabras y vuelvo a fijar mi mirada en sus labios, deseo tanto probarlos… Pero, ¡calma! Las cosas no pueden suceder tan rápido, así que casi como reflejo vuelvo a tomar otro sorbo de café derramando un buen poco en mi mano. Por suerte no estaba tan caliente, pero me lamento internamente por ser tan torpe, y estar demasiado nerviosa.
Le entregué mi vaso a Shaoran para poder buscar algún pañuelo o algo para limpiarme, aunque casi por instinto pensé en pasar mi lengua por el dorso de mi mano, pero era demasiado ¿o no? Las novelas eróticas me tienen mal.
Encontré el pañuelo que se supone que iba a utilizar más tarde, por si hacía frío. No quería pescar un resfrío y lo primero que me cubría siempre, era el cuello. Aunque sea primavera, a veces el clima solía ser un poco traicionero. Me sequé con ella y la doblé para volver a guardarla en mi pequeño bolso. Mañana mismo hecho a lavar todo esto.
Vi el rostro de Shaoran que parecía algo sorprendido, un poco pálido quizás. Probablemente estaba incómodo o burlándose internamente de que aún sigo siendo tan despistada como cuando era una niña.
Cuando Shaoran me entregó el café de vuelta, nuestras manos se rozaron suavemente y sentí una corriente atravesarme todo el cuerpo, de manera muy familiar. Esta sensación, estoy segura de haberla sentido en alguna parte o quizás… lo soñé.
―El sueño… ―susurré bajo, mirando una vez más a mi compañero quien parecía absorto en sus pensamientos.
—¿Dijiste algo? — dijo él llamando más mi atención.
―Eh… no, tranqui, sólo p-pensé en voz alta… ―me bebí el café de una sola vez ya que de repente sentí mi garganta y mi boca seca. Con miles de ideas pasando por mi cabeza. La camisa, el roce de manos… decidí hacer una pregunta más para terminar de completar el rompecabezas, si me decía que sí, definitivamente pediría una hora al psicólogo… o a alguna bruja esotérica― ¿Aun sigues leyendo comics Shaoran? ―intenté sonar relajada. Quería confirmar internamente si aquel hombre de mi sueño, podía ponerle el rostro de Shaoran. Y deseaba de todo corazón que así fuera.
La espera se me hacía demasiado eterna, y sólo había pasado un segundo para escuchar su respuesta:
—Mi colección sigue intacta como siempre. A algunos quizás les parece tonto, pero me gusta leerlos de vez en cuando. Los ojeo en mis momentos de escasa imaginación.
¡Por todos los cielos! ¡Es él! Y siento una efusividad repentina dentro de mi cuerpo, un hype incontrolable, ok… el término hype se me ha pegado últimamente, y es que en todos lados lo usan para expresar esa emoción desbordada, que me tiene con unas ganas increíbles de reír ―y de lanzarme a sus brazos para hacer realidad esos besos que tantos nos dimos en mi sueño―. Me quedo prendada mirándolo sin abandonar mi sonrisa.
«¿Realmente es él o sólo estoy idealizando todo?» Aun con esa duda no puedo dejar de sonreír.
Me dejé llevar por esas emociones y lo miré a sus ojos sin borrar mi emoción. Me encandilé con su mirada, pero sentí, dentro de mi pecho algo más que nerviosismo, así que dejé esa postura y miré hacia el frente.
—Sakura… ―habló de pronto― espero no te moleste, pero te traje un pequeño presente.
Abrí mis ojos con sorpresa al escuchar que me tenía un presente. La curiosidad me ganó y con toda la emoción de una niña pequeña volví a mirarlo con ilusión.
―¿De verdad? ―me acerqué un poco más a él inconscientemente―. No… no debiste molestarte.
Y ahora me siento una chica tímida. No, no suelo ser tan bipolar. Pero estoy en una montaña rusa de emociones en este momento. Shaoran vuelve a provocarme esas sensaciones que nunca nadie más me hizo sentir. Con esa misma timidez volví a separarme un poquito de él…
—No fue molestia —dijo agachando la mirada y luego volvió a levantarla, parecía algo distraído quizás—. No es la gran cosa, pero me recordó a ti y… solo tengo un pequeño inconveniente… Lo dejé en el departamento.
No aguanté la risa, fue algo sorpresivo y era extraño que Shaoran fuera así, pero me pareció muy tierno. No sabía si sería correcto, pero moría de la curiosidad de ver su departamento, lo propuse mentalmente y sin dobles intenciones.
―Ahm… bueno ¿Podemos ir a buscarlo? ―dije sin titubeos mirándolo de reojo―. Claro… si es que no hay problema, quizás tengas el desorden por la mudanza, o tal vez… ―dios Sakura ya cállate y espera que él te diga algo. Me parezco a alguien que conozco que habla demás, sin medirse y sólo es un personaje de una serie.
—Estaba por proponerte lo mismo, si es que no tienes otros planes… y de ser así, en todo caso no demoraremos mucho, ya que estoy viviendo en el mismo edificio que conoces. Queda cerca de tu casa.
¿En serio volvió a aquel departamento que vivió cuando era un niño? Vaya, tuvo muchísima suerte al poder acceder a él. Porque independiente de que Tomoeda suela ser un lugar tranquilo, en los últimos años, mucha gente comenzó a mudarse a este sitio. Que una persona tenga esa suerte de reencontrase incluso con su propio hogar, es algo que no se da en cualquier persona.
―¡En serio! ―me levanté de mi puesto, y estaba entusiasmada con la idea de volver a aquel espacio donde compartimos muchas tardes con Shaoran y Tomoyo cuando éramos unos niños. Las cosas que cocinábamos, las películas que veíamos, las tareas del colegio… ―. Supongo que, después de todo has vuelto a casa ―dije con una sonrisa caminando un par de pasos para que él también se levantara de su lugar.
Shaoran se quedó pensando seguramente en mis palabras, así que yo sólo me quedé esperando que él se levantara para comenzar a caminar hasta su hogar. Por un momento sentí que tenía nuevamente diez, doce, quince años y caminábamos juntos después del colegio a su casa, o a la mía, donde hacíamos los deberes del colegio y mi padre nos ofrecía chocolate caliente y unas deliciosas galletas. Cuando finalizábamos nos quedábamos viendo dibujos animados por la televisión o sino salíamos a jugar al parque. Tiempos que no volverán, porque ya tienes veintinueve. Pero que sin duda podrían experimentarse en otras cosas y así quedarían atesoradas como los recuerdos nombrados recientemente en mi cabeza.
Shaoran se levantó al fin y pude percatarme de su estatura, seguía siendo casi una cabeza y media más alto que yo.
Caminamos uno al lado del otro en silencio, pero uno bastante acogedor. Y por cada lugar que pasábamos tendíamos a relacionarlo con cosas que hicimos cuando chicos. Al pasar por el parque reímos de la vez que él jugaba a la pelota y los niños del equipo contrario solían enojarse con él por ser tan buen jugador y humillarlos con sus goles. O cuando paseábamos, él en bicicleta y yo en mis patines ―que aún conservo por cierto―. La naturalidad que se daba con él, no era cualquiera, ni siquiera con mis compañeros de trabajo. La amistad que mantuve con Shaoran fue inocente, sincera, que de mi parte pasó a otros niveles, y que jamás salieron a la luz ¿Por qué? No lo sé. Seguramente se debía a la seria obsesión por el que es ahora el novio y pareja de mi hermano y que en ese tiempo yo consideraba como el chico que me gustaba y con el cual quería casarme y tener una casa con hijos y perros. Sueños de princesa que hoy me causan gracia. Porque ni ellos sabían a esa edad que su amistad era más que eso. Y yo aprendí a aceptarlo. Luego de eso vinieron los años rebeldes para nosotros. La revolución de las hormonas, el desarrollo de nuestro cuerpo y nuestros pensamientos. Otras amistades y otros chicos y chicas que se inmiscuían en el trío de amigos que con Tomoyo y Shaoran formábamos. Y no, no era algo de connotación sexual, que era lo que a todos los demás tenían en mente, simplemente nosotros seguíamos con tardes de películas, de videojuegos y de mirar con recelos a quienes se acercaban con otras intenciones.
Mis pensamientos me distrajeron del trayecto y cuando llegamos la nostalgia invadió mi pecho, al estar una vez más parada frente a la puerta de su antiguo y ahora nuevo departamento.
Cuando entramos, les juro que hasta tuve deseos de llorar, pero sus palabras salieron al rescate.
—Hemos llegado. Pasa y ponte cómoda por favor. ¿Quieres algo de tomar? ¿O estás apurada?
Y lo primero que veo en la sala de estar, es el piano. Es una pieza maravillosa realmente. Nunca había estado cerca de uno y quiero ir hasta ahí.
―Eh, no gracias. Así estoy bien ―sonrío y me muevo de mi lugar.
Camino hasta llegar al piano ubicado en medio de la sala. Es un instrumento tan bonito y grande. Luce limpio y bien cuidado. La tapa estaba cerrada pero sus teclas estaban al descubierto, así que mis manos fueron directamente a una de sus teclas que estaban llamando a ser tocadas y como peco de curiosa, pulsé una tecla. Miré a Shaoran un poco avergonzada esperando que no se haya molestado con aquel acto. Y suelto un travieso «Lo siento».
El negó con su cabeza tranquilamente y respiré más calmada y caminó hasta quedar a mi lado. Sus movimientos eran naturales y era lógico, ahora estábamos en su terreno.
—Es nuevo. Mi madre no creyó necesario traer el otro desde China. Lo he tocado poco, pero estoy seguro haremos grandes cosas juntos―. Me río por como habla de su piano, y se nota a leguas el cariño que le tiene, es como algo similar a mi equipo de fotografía. Mi cámara, mis lentes, mi bolso. Siempre cuido con mucho recelo todo eso, porque sí, ha sido algo muy costoso. Y al estar más a su lado puedo sentir nuevamente su perfume e intento mantenerlo en mis narices y así recordarlo por mucho tiempo. Familiarizarme con él—. Me encantaría tocarte algo uno de estos días ¡En el piano! Tocar algo e-en el piano, para ti. Sí…
¿Qué?… ¡QUÉ! ¡Mierda…! Claro el piano… aunque tocarme... algo… con esas manos… ¡DIOS CÁLMATE! Estoy segura que los colores se me subieron al rostro, las orejas, al cuero cabelludo, a todo. Incluso allí sentí las cosquillas hacer acto de presencia. Ahora era cuando sí necesitaba un vaso de agua, pero tenía una risita nerviosa en mi rostro que temía decir cualquier otra estupidez o trastabillar mis palabras. En serio, me estoy pareciendo mucho al personaje de la serie que estoy viendo.
―Claro… en el piano ―y nuevamente miles de fantasías venían a mi cabeza… en el piano… ―¿M-me puedes convidar mejor un vaso de agua, por favor?
Y de paso me lo arrojas a la cara con urgencia, que está haciendo demasiado calor. Y no sé cómo apagar el fuego que acabas de encender Shaoran Li.
—Y-ya te traigo. Dame un minuto. Quédate allí y yo… voy por el vaso.
Volteo a ver el piano… ¡Maldito piano! Y comprobando que tan firme es la tapa de éste… ¡Oh demonios! ¡Deja de pensar en eso! El solo comentario de Shaoran me dejó con una agitación difícil de parar. Si salgo de acá podemos hacer como que nada pasó, pero si me quedo un poco más… ¡Y justo esta mañana yo hablando de mi abstinencia! ¡Siento demasiada vergüenza!
No me moví de mi lugar e intenté controlar mi respiración. No quería volver a sentir un aire incómodo al lado de él.
—Aquí tienes —me dijo ofreciéndome la bebida.
―Gracias ―dije recibiendo el vaso y bebiendo un largo sorbo.
Se formó un silencio incómodo en el ambiente y evité mirar a Shaoran durante ese lapso. ¡Y era lo que quería evitar a toda costa!
—Voy por tu regalo. Creo que lo dejé en mi cuarto. Ya regreso.
Su voz sonó calmada y eso me ayudó en verdad. No hubo titubeos y por fin pude soltar un poco mi postura. Camino una vez más hacía algún lado y me bebí lo que quedaba en el vaso para luego dejarlo sobre una mesita que estaba en la sala. Tragué saliva y decidí moverme un poco más, y así lograr estar más relajada.
Su voz me hizo volver hacia él. Y me extendió una pequeña cajita de color rojo.
—Es pequeño como te dije, pero me recordó a ti y… bueno… Feliz cumpleaños, Sakura.
Veo la cajita y me siento contenta. Aunque mi cumpleaños fue hace más de tres semanas, me siento plena con aquel gesto. Tomo aquello con cuidado y la abrí, dejándome ver una hermosa cadenita de color plata, con una catarina y unas motas brillantes. Era realmente precioso.
―Es… muy bonita… ―la saqué de la cajita para observarla mejor―. Aunque mi cumpleaños ya pasó ―sonreí y dejé el paquete encima del piano para poder colocármela, pero Shaoran fue más rápido y la tomó de mis manos.
Lo miré a sus ojos e inmediatamente me giré, dándole la espalda y tomando mi corto cabello para así dejarle libre el espacio de mi cuello. Una vez más me puse nerviosa, mi cuerpo no estaba respondiéndome como debía. Ahora cada acercamiento de Shaoran me hacía sentir indefensa y más susceptible. Sus brazos pasaron por delante de mí y tragué saliva cuando sentí su cuerpo más cerca. Y el roce de sus dedos en mi cuello me obligaron a callar un sonido de mi boca. Mi piel se erizó y deseaba que sus dedos me recorrieran por completo. Aun dándole la espalda a Shaoran, solo atiné a morder mis labios.
Cuando me giré, el espacio entre su cuerpo y el mío se redujo. Y mi respiración se estaba descontrolando. Respirar por la nariz se hacía difícil, así que utilicé mi boca. Lo peor de eso, es que se me iba secando cada vez más. Y sus ojos se desvían hacia mis labios. ¡Hazlo, por favor hazlo!
Mi mundo se detuvo en ese momento. Nada de lo que afuera sucedía me importaba.
―Es preciosa ―dijo observándome fijamente―, pero no tan preciosa como tú.
Sus palabras salieron tan naturalmente. ¿Qué fue del niño tímido? ¿Qué pasó durante estos años de lejanía que lo convirtieron en un hombre tan… encantador? No sé qué clase de ambiente es este, pero su cercanía me tiene fascinada. Me atrae de una forma en que deseo desde el fondo de mi corazón que haga lo que quiera.
―Shaoran… ―solo eso sale de mis labios en un suave susurro y claramente siento mi rostro caliente.
Aun así no bajo mi rostro ni trato de ocultar lo que estoy sintiendo. Se acerca un poco más a mí haciéndome estremecer de pies a cabeza, sus ojos viajan hasta mis labios, lo noto claramente y con voz cargada me pregunta:
―¿Hay alguien a quien le moleste que te haga este tipo de obsequio?
―¿Alguien? ¿Cómo quién? ―mencionó con claridad muy cerca de sus labios intentando parecer inocente ante su duda.
―Alguien... que me pueda golpear fuerte por... hacer esto... ―Con confianza me sujeta de la cintura dejando su mano allí y me atrae más hacia él sintiendo como chocan nuestros alientos, ese simple toque hace que el calor se extienda por todo mi cuerpo―. O esto... ―se acerca a mi boca y anhelo ese jodido beso, pero se desvía rozando sus labios en mi mejilla, sin besarme, sólo paseándose y siguiendo esa misma acción llega a mi oído para susurrarme― ¿Sigo?
Eso no se pregunta después de todo ¡Maldita sea! Pero, a mí también me gusta jugar, lobito.
―Sí hay alguien ―digo siguiendo la misma travesura que Shaoran, rozando mi mejilla con la suya. Acercando mis labios a su oído para decirle―: el tonto de mi hermano.
Y con atrevimiento deposito un beso en el lóbulo de su oreja.
Fue algo idiota nombrar a mi hermano, pero él estaba jugando a torturarme con sus labios sobre mi rostro. Descolocarlo un poco era una mini venganza. Y cuando deposité ese beso en su oído y sentí sus reacciones, mi cuerpo comenzó a exigir más. Sentí como regresaban sus labios hasta mi boca, pero sin besarlos, me mira a los ojos con una intensidad que me embriaga para decirme:
―Voy a correr el riesgo entonces.
Y por fin sus labios tocan los míos en una sensación tan exquisitamente suave. Solo son nuestros labios moviéndose y conociéndose. Pero a la vez, era un toque que se me hacía conocido, tan placentero como en mis sueños más ocultos, esos que anhelaba con fervor. En mis sueños… definitivamente…
―Eras tú… ―susurro separándome unos milímetros de sus labios.
―Siempre lo fuiste… ―agregó él sonriéndome.
Volvimos a retomar el beso, aferrándonos el uno al otro, pasando mis manos sobre su cuello con la intención de atraerlo más hacia mí, y a la vez sintiendo como extrañaba todo en él, descubriendo ese lado pasional que me está regalando ahora. Afortunadas aquellas que lo vivieron antes que yo, pero ahora somos los dos, nadie más y con eso en mente quiero demostrarle en este beso que se vuelve cada vez más demandante, que en el fondo siempre lo anhelé. Estar en sus brazos, sintiendo su fuerza y su pasión.
Me cuesta respirar y como si hubiera adivinado dejó mis labios por un segundo cuando sentí que chocábamos con algo. El piano. Y mi corazón latió con mayor velocidad cuando con sus manos me alzaron para sentarme encima de la tapa de éste y se posicionó entre mis piernas presionándome contra él para sentir su notorio entusiasmo. Con un beso efusivo y desesperado sus manos comenzaron a sacar la ropa que nos estorbaba…
¡Oh! ¡Voy a cumplir mi fantasía del piano junto a Shaoran!
Hola de nuevo ¿Cómo siguen?
Bien, acá pueden leer el 2do capítulo de nuestra historia. ¿Qué les ha parecido? ¿Leyeron ya la versión de mi estimada Cerezo01? Recuerden que es un fic en conjunto con ella, que son historias distintas, pero se entrelazan dando por conclusión esto que leyeron ahora. ¿Les ha gustado esta dinámica? ¿No les parece muy tedioso? A mi me ha encantado hacerlo, puesto que es entretenido ponerse en la cabeza de esta Sakura, y luego leer lo que Shaoran puede pensar de ciertas situaciones ha sido genial c:
Nos queda un solo capítulo, a modo de epílogo, que subiremos la próxima semana.
Agradecer de antemano sus reviews, sus follows, sus fav. De verdad que con Cerezo hicimos esto con mucho cariño (L)
Y bueno... Esperamos saber sus opiniones también con este capítulo.
A todos les mando un fuerte abrazo, y nos estamos leyendo. ¡Adiosín!
