CCS y sus personajes son obra de CLAMP y esta historia es por mera diversión
Capítulo 2
Viernes. Después de dar vueltas como loco en el shopping con Meiling, regresamos con muchas bolsas de compras repletas de todo lo que se les ocurra.
—Es la última vez que me usas de mulo —dije soltando todo lo que cargaba sobre el suelo del living—. No entramos ni a una sola casa de decoración. Todo fue ropa, ropa y más ropa. ¿¡Cuánta más necesitas!?
«No sé porque no le hice caso a mi sueño premonitorio y me escondí de ella».
—En realidad, me gusta como tienes decorado el departamento. Solo le agregaré unas flores, cambiaré el sillón y sé exactamente dónde comprarlo. Pero hace meses que no iba de compras y necesitaba que me acompañes. No ibas a aceptar si te lo decía.
—Pequeña embustera —resoplé furiosos recostándome en el sofá—. Espero lo compenses con algún pastel de chocolate hecho por ti.
—¡A la orden, mi capitán!
Su voz graciosa, y la señal que hizo con la mano al estilo marinero, me hicieron reír a pesar de querer ahorcarla con alguna de las tantas prendas que compró y me hizo partícipe a la fuerza. Más relajado, me acomodo y reviso mi teléfono móvil repasando esa última conversación de hace un día atrás. Fue breve, pero lo suficiente como para tenerme impaciente de regresar a Japón. Mis relaciones y amistades fueron tan cambiantes, que se siente bien ser recibido con una sonrisa por aquellos con los que tan lindos momentos pasé y que por desgracia perdí casi todo contacto.
«No volveré a cometer el mismo error».
Con ese pensamiento, me levanté del sofá y busqué dentro de las mil y un bolsas de compras, aquella única que me pertenece. Fue una decisión impulsiva, estaba esperando a Meiling fuera de una tienda y, a mi lado, un pequeño objeto me llamó la atención por su brillo desde la vidriera; cuando me di cuenta ya lo tenía envuelto en mis manos. Guardé la bolsa lejos de los ojos curiosos de color rojo intenso como su dueña y, esperando que la aludida prepare el dulce prometido, tomé los papeles de aquella melodía que me tiene tan ofuscado.
Tras mirar la partitura llena de borrones, la dejé a un lado y me senté delante del piano, mi fiel compañero en soledad. Mis párpados cayeron tras haber colocado los dedos en la posición exacta y, sin necesidad de revisar lo escrito, me dejé llevar. Las comisuras de mi boca se elevas con cada estrofa; suena tal y como la imaginé antes de comenzar a escribirla: Alegre como el cantar de las aves, suave como una brisa de primavera, radiante como el sol que brilla para todos por igual y luego… tétrica como una tarde de tormenta. Pero no puede ser… no todas las nubes negras presagian una constante depresión… Entonces vuelvo al inicio y a mi mente llegan como fotogramas algunos recuerdos, escenas y momentos donde me sentí pleno, feliz. Muchos de ellos de aquel lugar de donde nunca debí irme y las personas que conocí allí.
Como si de un mantra se tratara, la imagen de una niña sonriente saludándome con la mano alzada se proyecta sobre el telón de piel que cubre mis ojos. Caminando a paso lento llegué hasta ella, quien sin borrar su alegre semblante, pronuncia unas simples y recurrentes palabras que le dieron vida a mis versos marchitos. "Todo estará bien". Y las nubes pasaron de largo.
—Que maravillosa melodía, Xiao.
Al terminar, observo a mi prima con el delantal puesto, apoyada sobre un costado de la pared. Intentando pasar desapercibida, una de sus manos busca borrar la lágrima traicionera que baja por su mejilla, pero el guante de cocina no hace un buen trabajo y la deja expuesta. Mi mirada se enternece lentamente y le hago una seña para que se siente a mi lado del taburete.
—Ven… Quiero regalarte una porción de ella. Tú también me inspiraste a crearla.
—¿Yo? —dice sorprendida gratamente.
—Así es, pequeña loquilla.
¿Cómo no atribuirle un pedazo de mi alma de papel a quien siempre se mantuvo firme a mi lado? Y por sobre todo… quien me hizo comprender que los sentimientos hacia el otro se pueden tornar profundos, también confusos, pero maravillosos. Meiling me ayudó a darme cuenta de ello, solo que no pude canalizarlo con la persona correcta.
«Siempre me pregunté qué hubiera sucedido… si me confesaba.»
El anochecer llegó pronto y me sorprendió sin una pizca de sueño. Estaba girando en semicírculo sobre la silla del escritorio dentro de mi cuarto, mientras miraba una y otra vez el celular revisando unas publicaciones en las redes.
—Sakura Kinomoto…
Estoy al tanto, gracias a este medio, que se convirtió en una excelente fotógrafa y sigue manteniendo una fuerte amistad con Tomoyo Daidouji.
—¿Qué haces despierto, Xiao?
—¡Por Dios, Meiling! ¿Qué no sabes tocar? —le reproché con el corazón en la boca.
—Iba por un vaso de agua y vi la luz prendida. Pensé que te habías olvidado de apagarla y por eso entré sigilosa. ¿Qué hacías? Ni siquiera te has puesto tu piyama.
—Sabes que no uso "piyama" propiamente dicho. Así que con más razón no debes entrar a mi cuarto sin permiso.
—Uy uy uy, lo siento señor vergonzoso —exageró con sus manos al aire y una sonrisa burlona—. Como si nunca te hubiera visto.
—¡Meiling!
—Ya, ya, no le contaré a nadie nuestro secreto.
No hay secreto, solo la simple verdad de que siempre que me ponía un piyama, al otro día las prendas aparecían regadas por el suelo quedando solo con mi ropa interior. Acepté que a tela al dormir me molesta, y si inconscientemente me la voy a quitar… ¿Para qué voy a ponérmela?
Una noche olvidé que mi prima se quedó a dormir en el cuarto de huéspedes, desperté sediento a tomar agua y cuando nos topamos en la cocina, Meiling se llevó una gran sorpresa y yo un gran disgusto. Desde esa vez, me molesta diciendo que quise propasarme con ella y esa era mi forma de hacérselo saber: Apareciendo en paños menores para seducirla.
«Algún día la enviaré al psiquiatra».
—Con que Kinomoto otra vez, eh… ¿Por qué no le hablas?
Regresé a la realidad y Meiling estaba revisando mi teléfono una vez más. ¿En qué momento me lo quitó de las manos?
—¡No seas entrometida! ¡Dios… Odio que hagas eso y lo sabes!
Me levanté del asiento totalmente salido de mis cabales persiguiendo a mi prima por el cuarto como si tuviéramos 6 años.
—«Me enteré de que estarás en Japón. ¡Qué buena noticia! ¿Cuánto tiempo te quedarás?» —recitaba releyendo mi breve conversación y la búsqueda por mi privacidad aumentó de intensidad—. ¿No han hablado más que esto? Que aburrido y cobarde eres, Xiao Lang.
—¡Eso no te incumbe! ¡Dámelo!
La sujeté del brazo y le arrebaté mi teléfono furioso.
—Eres detestable cuando quieres... y una...
—Cuida tus palabras, lobito. No querrás que Kinomoto te escuche hablar de esa forma.
Debí haber notado que fue muy fácil quitarle mi celular. Cuando me topé con su sonrisa torcida, regresé la vista a la pantalla y vi que estaba en llamada... ¡A Sakura!
La electricidad me recorrió entero como una inyección de adrenalina. Caminé nervioso pensando si matar a mi prima, cortar la llamada, o inventar una buena excusa.
—No es tan difícil, Xiao. ¿Tengo que enseñarte todo otra vez?
—¡Ya! Déjame pensar.
No fue necesario seguir debatiendo, porque la llamada cesó y casi de inmediato entró un mensaje de ella.
«No puedo contestar ahora, estoy en el karaoke con unos amigos…»
Mientras leo las pocas líneas, mis emociones van mutando y mil formulaciones se generan en mi cabeza. Es la primera vez que hablaríamos en años y aun así declina mi llamada… bueno, la que Meiling me hizo aceptar. De seguro está más a gusto disfrutando una salida con sus amigos y lo prefiere antes que hablar conmigo, lo cual me pone rojo de la frustración. Pero comprendo que dejé de ser alguien importante en su vida… Perdí el derecho hace muchos años. Luego llego al final del mensaje: «¿Puedo llamarte más tarde directamente? Ah, pero no tengo tú número…» Y recupero el color, plantando una tonta sonrisa en mi rostro.
«No te preocupes, no era nada urgente. Pero si puedes hablar más tarde te dejo mi numero +852 6? ?»
—¿Buenas noticias?
—Dijo que me llamará luego —contesto en estado de absorción y caigo en cuenta con quién hablo.
—Lo ves, siempre tengo razón —recalcó Meiling con una sonrisa engreída.
No discutimos más y prácticamente la envié a su cuarto. De seguro dormirá plácidamente al sentirse victoriosa sobre mí y yo no pegaré un ojo en toda la noche.
«Maldita pero bendita Meiling». Definitivamente voy a extrañar su peculiar forma de ayudarme… Aunque espero no necesitarla en demasía.
.
01:21 am. Los ojos me pesan bastante y mi cabeza está hecha un revoltijo. Di unas veinte vueltas en la cama y, tras una última mirada al teléfono, lo dejé en la mesa de luz. Ya es tarde para hablar, de seguro estará muy entretenida, digo… ocupada. Desdoblé mi ceño fruncido y borré los malos pensamientos dispuesto a dormir un poco.
¿Cuánto tiempo habrá pasado? ¿Media hora? ¿Cuarenta minutos?
Escucho el sonar lejano. Quiero contestar pero mi cuerpo entumecido se resiste. El sonido cobra protagonismo y resignado tomé el aparato aceptando la llamada de… no lo sé, pero más le vale que ese "alguien" tenga una muy buena excusa para interrumpir mi sueño una vez que logré conciliarlo.
—Hola.
—Ho-hola Sha... Li. ¿Hola?
—¿Quién habla?
La melodiosa y a la vez estridente voz me es más que familiar, pero tuve que sentarme en el respaldo de la cama y frotar mis ojos para intentar identificar quien llama. Al mirar la pantalla a ojos casi cerrados por el brillo de la misma, identifiqué en la foto de perfil unos ojos grandes en particular.
—¿K-Kinomoto?
—Ah sí, la mismísima —dice a la par que escucho su leve risa que me despierta un poco más—. eh… ¿Estabas durmiendo?
—Sí ¡Digo no! En realidad, no hay problema por la hora pero... ¿Estás bien? Se te escucha algo extraña.
—Ay es que... Tomoyo, se... no se encuentra es sus 5 sentidos —vuelve a reír.
—¡Sakura Kinomoto! ¿Qué dices? —la voz de Daidouji se escucha medianamente cerca y luego… un sonido que en lo particular me hizo acordar a una de esas noches donde yo también he probado lo "delicioso" que es pasarse con las bebidas alcohólicas.
Mientas analizo que tan afectada está la castaña que me llama de madruga y su amiga, vuelvo a frotarme los ojos y me acomodo mejor para poder seguir la conversación con atención.
—Oh... eso no se escucha bien. ¿Quieres que hablemos en otro momento?
—¡NO!… no, no... disculpa. Es que... disculpa que te haya llamado tan tarde... eh... la verdad es que me alegra mucho saber de ti, oírte. ¿C-cómo estás?
—¡Noo!... No te disculpes, de todas formas no tengo que madrugar mañana.
«¿Qué rayos estás diciendo? ¿Qué te llame en otro momento? ¡Fue ella quien te llamó en primer lugar, idiota!»
De repente sentí como si toda la comida de hace horas estuviera amenazando con salir de mi estómago. Es habitual en mí sentir malestar cuando estoy nervioso, lo cual sucede en pocas y contadas oportunidades, y ésta no podría ser la excepción, ya que me era familiar percibir ese molesto revoltijo muy a menudo cuando niño.
—Estoy bien, feliz de volver a Tomoeda... de volver a verte ¡A todos! A verlos a todos... por lo menos Daidouji sigue viviendo allí y tú también y... ¿Qué tal tu noche?
«Con suerte obviará eso»
—¿Eh yo? Bien... celebrando que al fin es viernes. Hace ya tantos años que no nos vemos. ¿Por cuánto tiempo vienes a Tomoeda? Tenemos que vernos sí o sí...Te sorprenderías de ver como he cambiado... ¡Y todos claro! Podría avisarle al resto y hacer una junta o... no se…
Pasó tanto tiempo que había olvidado por completo que Sakura tenía ese particular tic de hablar, retractarse y volver a hablar. ¿O será algo que adquirió con los años? ¿Es muy descabellado pensar que ella… está nerviosa… por mí? Quizás el alcohol tenga participación en esto.
—Lo sé... mucho tiempo, pero no era mentira cuando dije que me mudaba definitivamente allí. Me encantaría verlos a todos... Los he extrañado a pesar de la distancia... y... también extraño pasear contigo por el parque. ¿Recuerdas? Solíamos hacerlo a menudo cuando niños.
—Es cierto. Los helados cerca del Parque Pingüino, o cuando jugábamos con las hojas secas del piso... o cuando te quejabas de tu odio al frío, hacías caras muy graciosas.
Se ríe de mí pero no me molesta, y esbozo una sonrisa al recordar aquellos días y una Sakura muy enérgica intentando animarme ante el fuerte y helado clima; prestándome su bufanda… preparándome un té con miel perfecto para curar cualquier resfriado… detalles que la hacían… especial.
—Había olvidado por completo el endemoniado frío, pero sé que valdrá la pena. ¿Recuerdas cuando te subiste a ese gran árbol para rescatar a ese gato y casi te caes de él? ¿Cómo fue que lo llamaste...?
—¿Con quién estás hablando Saku? —la voz de Tomoyo interrumpe. Por poco y olvido que estaba con ella.
—Eh... con Li.
―Envíale un saludo a Daidouji de mi parte —dije sinceramente.
―Ya escuché ¡También te mando saludos Li!
Ahogué una risita. Esa chica de ojos amatista sigue teniendo la misma vocecita chillona y enérgica de siempre.
―Lo lamento, Tomoyo está pasada de copas. ¿T-te puedo llamar más tarde, o mañana? ¡O si quieres podemos hablar por whatsapp! Ahora que tengo tu número…
―Claro ―me desilusionó un poco que tenga que dejar tan rápido la conversación, pero entiendo y puedo dar fe de que su amiga la necesita. Aunque quisiera seguir hablando…―Si quieres yo te llamo, o nos enviamos mensajes. Lo que te sea más cómodo.
―Disculpa haber llamado y tener que cortar tan así… abruptamente, pero tengo que cuidar de Tomoyo. Pero te envío un mensaje cuando llegue a casa y así podemos seguir conversando. Un beso… hablamos más tarde.
―No te disculpes. Me encantaría seguir hablando. Cuídate.
Le di una respuesta corta para no demorarla y al cortar me quedé murmurando cuasi idiotizado con respecto a su forma de despedirse. "Un beso"… Se me ocurren lugares diferentes donde podría depositar ese beso que no sea en el poco común, según nuestra cultura, pero bien conocido saludo en la mejilla.
¡Dios! Debo dejar de fantasear.
Antes de volver a dormir, revisé el número desde el chat para guardarlo en mis contactos. Amplié la imagen de su perfil y quedé embobado una vez más. Se la ve sonriente como de costumbre; sus facciones delicadas no se modificaron tanto como su anatomía, por eso aparenta unos años menor, pero no deja de despedir un aire entre maduro y juvenil que me parece enternecedor. Hay tantas cosas que no sé de ella… como por ejemplo… sus pretendientes. Espero no encontrarme con alguna sorpresa de ese tipo.
—Sakura —susurré al guardarla en mis contactos tal como lo decía.
Esta noche me pareció escuchar, en su saludo inicial, el intento de llamarme con la confianza que una vez supimos mantener. Pero quizás sean solo ideas mías, después de todo se la notaba algo nerviosa. Sospecho que no solo Daidouji se pasó de copas en el karaoke. Lo importante aquí es que me llamó y se la notó entusiasmada con mi regreso y el palpitar en mi pecho se siente de igual forma. Ya con insomnio, dejé pasar el tiempo hasta que se decida enviarme un mensaje. Tampoco quiero parecer un maldito acosador.
.
Los dígitos del reloj de mi celular iban cambiando lento ante mi atenta mirada, y ya comenzaba a preocuparme. «¿Y si algo les pasó? ¿Se habrán ido e taxi? ¿Algún amigo las llevó?»
¡Demonios! De todas formas nada está al alcance de mis manos.
Antes de entrar en un colapso nervioso, despertar a Meiling para despotricar contra ella con el fin de calmar mi ira, y allí definir si adelantar mi vuelvo al que consiga dentro de las próximas horas… me llega un mensaje de Sakura.
«Sana y salva en casa. Por cierto, bonita foto de perfil jejeje. Estamos al habla. Buenas noches.»
Idiotizado. Así me quedé leyendo esas escasas pero más que interesantes líneas con los ojos desorbitados y el deseo desbocado de pedirle que me esclarezca la situación.
«¿Sakura acaba de halagarme?»
Detesto las selfies, y por ello siempre tenía de perfil a mi amado piano; eso fue hasta que un día mi hermana Fanren comenzó a chillar —como lo hace habitualmente—, por esas tonterías que me importan poco y nada. Es tan necia, que una tarde mientras descansaba al terminar de entrenar en la mansión Li, me sacó una foto de imprevisto y la subió desde mi teléfono.
Al verla enfurecí, porque aborrezco me invadan la privacidad, pero debí reconocer que fue una buena toma. A pesar de mostrarme con ropas de entrenamiento y un poco de piel expuesta del pecho, me veo natural, casual. Discrepé largo rato con ella en cuanto a lo arrogante y presumido que me podría ver en esa foto, pero contrarrestó argumentando que luzco "interesante", y luego mil chillidos acerca de que tengo que conseguir novia, que me veo lindo y más blah blah al que correspondí dejando la foto de perfil con tal de no escucharla más.
«¿Debería agradecerle…? Ni loco»
De a poco algo se fue inflando dentro de mi pecho y, sin querer, una sonrisa torcida se formó en mis labios. «Tengo que responderle… ¿pero qué?»
Mis dedos temblorosos disiparon todo el rasgo de valentía que pensé tener, y lo mismo sucedió con mi contestación. Escribí y borré el mensaje al menos dos veces pensando en la parte donde debía agradecer el cumplido o no hacerlo, y la fresa del postre que indique ella me parece atractiva. Lo más gracioso de esto, es que yo me he quedado prendado de su perfil antes de que mencione el mío, y recayendo en esa chistosa coincidencia, repasé el atractivo principal que resalta en esa foto y que desde siempre llamó mi atención.
«Me alegra saberlo, estaba un poco preocupado. Ah y... tus ojos siguen destacando como siempre en cada foto, pero los recuerdo mucho más lindos de frente, y es una suerte para mí, porque nos veremos pronto.»
Listo. Sin esperar una contestación de su parte, espero haberla hecho ruborizar aunque sea un poco.
[…]
Dos semanas. En 14 arduos días terminé de concretar mi salida del país. Con ayuda de mi familia enviamos todas mis pertenencias al país nipón y, tras una larga discusión con mi madre acerca de llevarme el piano, ella me confesó haber comprado uno desde Japón que ya se encontraba instalado en el departamento. Fue un poco duro aceptar el obsequio porque de alguna forma irracional me apegué al aparatoso artefacto musical que le dio vida a tan bellas melodías desde que llegué, pero terminé recibiendo el regalo con gusto, esperando que todos estos cambios le devuelvan la calidez que hace unos meses le faltaban a mis partituras… así como mi última composición.
—Te voy a extrañar tanto… ¿Por qué no quieres que vaya a despedirte hasta el aeropuerto? —me pregunta mi prima con ojos de gatito desamparado.
—Sabes que no me gustan las despedidas. Además, volveré a verte pronto y…«Piensa bien lo que vas a decir, piénsalo bien»—, sabes que pueden visitarme cuando gustes ¡siempre y cuando me avises antes!
Tuve que aclararle esto último con efusividad porque sus ojos pasaron de la tristeza a un asombro jovial muy exagerado. Sus ojos rojo rubí son tan expresivos como su intensa personalidad.
—Prometo siempre llamarte y no caer de improvisto, Xiao. Mira si te pillo vistiendo "tu piyama" en compañía de una mujercita… O quizás… una amiga de la infancia.
Enarqué una ceja ante su promesa dudosa y enrojecí al nombrar mis peculiares formas de dormir acompañado de quien sabemos se está refiriendo. Detrás de Meiling, se encuentra su prometido observando la escena con una sonrisa socarrona en los labios… Son tal para cual.
Saludé a mi cuñado con un abrazo en el que éste me sumergió y recibí unos cuantos apretones asfixiantes de mi prima. La semana previa me la pasé en casa de familia para despedirme de mis hermanas, mi madre y mi fiel amigo Wei, quien ahora me acompaña al aeropuerto.
—Cuídese mucho, joven. Nos hará falta, pero soy un fiel testigo de sus años en aquel agradable país, y comprendo que desee regresar. Solo no pierda el contacto con su familia.
—Lo haré, Wei.
Tras unas breves palabras y sonrisas de despedida, tomé el vuelo con una maleta ligera y el bombeo entre nostálgico y esperanzador de mi corazón.
[…]
Desperté abruptamente de la cama. Un poco desorientado, observé la decoración del lugar, la ubicación de los muebles, la ventana balcón más pequeña de lo habitual y resoplé al reconocer por quinta vez que no me secuestraron y este es ahora mi nuevo hogar. Pero no fue el confuso escenario el que me hizo levantar entre afligido y ansioso.
Transito el sexto día en Japón y desde que llegué que las noches se me transforman en una ruleta rusa. Tengo un sueño recurrente donde aquella misteriosa mujer aparece y se esfuma como el humo del cigarrillo. En cada encuentro viste de la misma forma, lleva el idéntico color de labial y el sabor de sus besos me quedan grabados como un tatuaje de esos que se quitan, porque no puedo identificarlos con los que, alguna vez, alguien me supo dar.
Con el peso de mi cuerpo a cuestas, me levanto decidido a tomar una ducha. Dejo el agua correr sin moverme, barriendo esos misteriosos e inexistentes recuerdos para completarlos con otros que me embargan de emoción.
Con Sakura venimos hablando por mensaje casi todos los días desde aquella llamada de trasnoche, y aunque un pinchazo de decepción me surge tras leer que me sigue nombrando por mi apellido, el dolor se desvanece cuando reconozco el interés de su parte charlando entre risas y recuerdos vividos. «Como si nunca me hubiera ido». Solo es cuestión de tiempo para volver a tratarnos con las mismas confianzas de antes… y ojalá que otras nuevas también.
Sacudí mi cabeza intentando desviar los últimos pensamientos, pero los sueños subidos de tono, y las continuas charlas con la castaña, me causan ese tipo de cosquilleos que son difíciles de controlar cuando imagino que se acerca a mí con mirada felina. Cierro los ojos percibiendo las gotas de agua resbalar por mi cuerpo y algunas caen de forma estrepitosa sobre la punta de mi zona baja, que despertó con más fuerza de la habitual debido al sueño. Se siente tan bien…. y la necesidad aumenta como el tamaño de esa parte de mí, que sin reprimir el deseo, lo tomo con fuerza realizando los movimientos precisos hasta liberar la penosa frustración de fundirme con ella.
Al pasar las horas y más calmado, termino de acomodar unos papeles sueltos hasta que me llega un mensaje al celular.
«¿Cómo está mi buen amigo Li? ¿Cuándo salimos a recordar viejos tiempos?»
Desde que hablé con Sakura, me comenzaron a llegar mensajes de antiguos compañeros manifestando su alegría por regresar al país. Algunos ya no se encuentran viviendo allí, pero otros como Yamazaki Takashi, Mihara Chiharu y, por supuesto, Daidouji Tomoyo me enviaron sus saludos junto con la expectativa de volver a vernos. Yamazaki siempre fue muy parlanchín y desde que llegué quiere organizar una salida de hombres, beber algo y distenderse de la rutina. Le comenté que esta semana la necesito para acomodarme, así que le prometí juntarnos en breve.
«El próximo fin de semana salimos. Elige dónde y allí estaré.»
Le respondí sonriendo por sus ganas locas de salir y continué con mis tareas hasta que el tiempo me indicó que era hora de parar, estirar la espalda y salir de estas cuatro paredes.
Mi vestimenta es demasiado informal como para si quiera ir al kiosco, por lo que busqué en mi ropero alguna prenda más acorde. Las cambiantes temperaturas no son propicias a vestir de manga corta, y las camisas quedan bien tanto con un traje, como con unas zapatillas y pantalón de jean, así que eso fue lo que tomé.
Caminé a paso lento porque estaba bastante cerca de mi destino y disfruté de esa brisa que refresca sin llegar a dar escalofríos. Por suerte, este año logré evitar los meses de maldito invierno, ya que siendo Abril, la vida renace y el viento trae aromas diferentes de las flores autóctonas del lugar junto a todo lo que este mes me representa… como el nacimiento de una persona maravillosa, quien veo llegar de pronto con un caminar sereno, se detiene al reconocerme a unos metros de distancia, y con su bella sonrisa se vuelve a acercar.
El corazón me late a gran velocidad, tanto que no sé bien qué decir. Está tan linda, tan cambiada. Definitivamente las fotos en las redes no le hacen justicia, y su vestimenta acentúa las curvas que los años le fueron acentuando. Podrá llevar un pantalón rosa estridente y una chaqueta de jean sobre una camiseta blanca que la hace ver más que juvenil y alegre, pero lo ajustado de sus ropas no dejan de evidenciar lo que hay debajo. De todas formas, quitando de lado mis deseos más primitivos, lo que más anhelo es reconocer si la pureza de lo que se encuentra debajo de su piel, sigue siendo igual a la chica por la que tanto suspiré.
Y así, con el corazón intentando coincidir con la razón en vano, dije lo primero que se me vino a la mente.
―Vaya… Llegaste puntual.
Logré que su nariz se arrugue en muestra de disgusto, pero me pareció tierno de todas formas.
―¡Hey!… Ya no soy tan irresponsable como antes. He cambiado y madurado Shaoran… Digo…
Quizás no fue lo más sensato para decir, pero fue necesario para romper esa barrera. A pesar de su molestia, mi nombre se oyó… divino, y su leve sonrojo ante el atrevimiento me hace sonreír.
―Estaba bromeando, Sakura. ―le digo acariciando su nombre, para que comprenda cuánto me gusta nombrarla―. Me alegra mucho verte. ¿Quieres que compremos un café y vayamos a caminar al parque?
Ella asiente con la cabeza y ambos emprendemos camino a la cafetería que se encuentra a pocas cuadras. Un breve silencio se formó hasta que ella se decidió a hablar, como era habitual cuando niños.
―¿Y a qué se debe tu regreso a Japón?
―He recorrido varios países por mi profesión y, gracias a la independencia con la que cuento, pude quedarme un tiempo en alguno de ellos. Pero nunca me arraigué a ninguno. Pasaba un mes y ya ansiaba regresar a Hong Kong. Cuando volvía el tiempo pasaba y era extraño... Aún en casa, me sentía... vacío. No es sencillo describir esa sensación.
Siento como si de a poco todas las piezas del rompecabezas fueran encajando. A pesar de estar desorientado al principio, el caminar con ella, con Sakura, en este pueblo tan pacifico disfrutando de la brisa primaveral y su simple compañía, me invade de calma, tranquilidad y ahora... felicidad.
Me giro un poco en su dirección mientras caminamos y veo sus ojos fijos en mí. Siento mis mejillas arder y carraspeo intentando recobrar el hilo de la conversación. Sakura parece notarlo porque vuelve su vista al frente. ¡Y gracias al cielo! Porque mil sensaciones se arremolinan intentando hacerme flaquear como cuando niño, pero esta vez decido seguir hablando en vez de salir huyendo.
―Un día estaba revisando unos papeles archivados y encontré una caja con fotos viejas. Había un poco de todo allí, pero muchas eran de los años que pasé aquí. Me quedé horas revisando foto por foto, recordando el rostro de todos ustedes en las grupales del instituto y hasta tengo esas que te gustaba tomar y regalar. Desde ese entonces ya tenías en claro lo que quería ser: Una excelente fotógrafa.
Observo sus gestos mientras caminamos. Se muestra serena y pensativa.
―Aún conservo la cámara que mi papá me regaló en ese entonces. Obviamente no funciona, pero fue el primer obsequio que recibí de él después de que notara mi entusiasmo por las fotos ―acota riendo y continúa de lo más natural―. La verdad no es un trabajo que digamos, wow que millonada que ganas, pero sobrevivo y estoy contenta.
Llegamos a la cafetería y cuando fue nuestro turno le pregunto cuál desea tomar. Si sus gustos no cambiaron, de seguro elegirá alguno suave, mientras yo tenía en mente pedirme ese café fuerte que te deja impregnado su sabor en la lengua.
―Un cappuccino con crema, por favor.
Sonreí por dentro al acertarle e hice mi pedido para llevar. Esperamos uno minutos y retomé la conversación donde ella la dejó, haciendo hincapié en su último comentario.
―El dinero va y viene, aunque sea necesario. Lo importante es amar lo que uno hace y esa pasión puedo verla en tus trabajos. Me gusta como reflejas las emociones con solo elegir la luz correcta o el encuadre adecuado. No sé mucho de fotografía, pero puedo entenderlo de la misma forma que interpreto la música... Siento que es una mezcla entre tu tinte personal plenamente sensorial y la técnica para lograrlo. No todos, por saber sacar una foto o tocar un instrumento, pueden lograr llegar a las personas, hacerlas reflexionar, emocionarse o solo admirar la obra de una forma especial sin saber bien por qué lo hacen.
Con ella puedo hablar con soltura, y eso es lo que más adoraba de pasar el rato a su lado. Podíamos estar horas divagando o disfrutando del silencio que ambos se sentían igual de confortables.
Con café en mano llegamos al parque y le hice una seña de sentarnos en una banca solitaria. La primavera hace que la gente salga a disfrutar del aire libre, y ambos contemplábamos el pasar del tiempo hasta que me giré para mirarla. Sin que Sakura se diera cuenta, delinee su rostro iniciando por el rasgo que más me gusta… Sus ojos verdes son como pacificas lagunas en donde se bañan los rayos del sol, su respingada y pequeña nariz te incita a acariciarla con la tuya, y cuando recaí en el par de delicados labios, veo una pequeña mancha de café cerca de la comisura.
Ella se giró en mi dirección pero no pude apartar la mirada de allí, y en un acto automático, acerqué mi mano para limpiarla en una caricia. Su labio inferior se mueve levemente por mi toque y yo permanezco admirándolo con tentación, pensando en lo tibio que debe ser su sabor… hasta que recobro el sentido y detengo lo que hago. Estoy totalmente abochornado al ver su rostro entre pálido y colorado por mi estúpido atrevimiento.
―Oh, este… disculpa, tenías una mancha de café ―me excuso con el corazón situado en la garganta e intentando continuar la conversación inicial tras un suspiro y un sorbo de café. ―Y bueno… este…e-eso fue lo que me llevó a volver a Tomoeda ―traté de enfocarme―. Nunca fui tan feliz como esos años viviendo en este pacifico pueblo, y a pesar de tener toda mi familia en China, hay algo de este lugar que me encanta. Eso y lo que formé aquí, los amigos… tú. Sé que perdimos mucho tiempo, Sakura, pero de verdad estoy muy contento de volver a verlos ―esas esmeraldas brillan más que antes y sus mejillas aun sonrojadas me intimidan un poco, pero es inútil seguir pretendiendo ser unos niños que no saben lo que sienten―. Especialmente a ti.
El tiempo se detuvo alrededor. Casi puedo escuchar los latidos fuera de mi cuerpo hasta que Sakura sonríe y me regala alivio. Hasta creo haber notado como su vista baja a mis labios inyectando el deseo de esperar que lo haga, pero en vez de eso, ella toma de su café sin prestar atención a la boquilla… derramando gran parte de la bebida sobre su mano.
Me preocupé que pueda haberse quemado, pero no emitió sonido de dolor y rápidamente me entregó su vaso para sostenerlo y así buscar algo con qué limpiarse. Podría haberla ayudado con eso, pero quedé inmóvil en mi lugar viendo la marca de labial que dejó en el borde de su recipiente.
«Este color… Este labial… Imposible»
Ese sueño recurrente se me vino a la mente como tantas noches me invadió, y cuando sacó un pañuelo para secarse con él los restos de café, mis ojos se abrieron desmesuradamente. No es el mismo color de aquella misteriosa mujer, pero sí el mismo estilo que, junto con el idéntico labial, me hacen pensar que esto es una maldita y retorcida jugada del destino que no sé bien si agradecer o sentir pánico al respecto.
Sin pestañear, noto como Sakura extiende su mano para que le regrese el vaso, y al hacerlo nuestras manos se tocan sin querer. El roce fue leve, pero suficiente para sentir la electricidad trazar un camino serpenteante desde la punta de mis dedos, pasar por la longitud de mis brazos, erizarme cada vello hasta estremecerme entero al llegar a mis hombros, siguiendo el recorrido rápidamente por todo mi cuerpo. Pero lo que abrió mis ojos sin disimulo, fue la coincidencia de sus palabras con mis pensamientos.
―El sueño…
Y vuelvo a pensar en ello… En esa mujer de fino rostro que tan dulces besos me brindó; de a poco sus ojos toman otro color, su cabello lo noto bastante corto, y como si nunca me hubiera dado cuenta, Sakura pronuncia eso que termina de cerrar la hipótesis que resume me estoy volviendo completamente loco… por ella.
—¿Dijiste algo? —pregunté en un hilo de voz casi inaudible, aunque no haga falta que me lo repita.
―Eh… no, tranqui, sólo p-pensé en voz alta… ―dice con un leve tartamudeo que me hace dudar pero no la presiono.
Después de todo, no puede ser que ella haya soñado lo mismo… ¿no? Pero no puedo decir lo mismo de mi parte, porque ese color de labial… es idéntico. Definitivamente… era ella.
―¿Aun sigues leyendo comics, Shaoran?
El cambio abrupto de conversación me volvió los pies a tierra. Dejé de observar sus labios e imaginar una posible invitación de su parte como en la nebulosa de mis sueños. Sería muy repentino pensar que después de tantos años, y de nunca haberle demostrado mi interés cuando más joven, éste sentimiento sea correspondido y expresado con un estrepitoso beso. Aunque no me molestaría para nada, ya no tenemos 10 años y Sakura se ve tan… atractiva.
—Mi colección sigue intacta como siempre. A algunos quizás les parece tonto, pero me gusta leerlos de vez en cuando. Los ojeo en mis momentos de escasa imaginación.
No sé qué habré dicho para que me sonría de esa forma, pero es tan contagiosa... Y con ella me llegó otro cúmulo de emociones repentinas. La nostalgia me abordó para abofetearme y, a la vez, para recordarme lo afortunado que soy de volverla a ver, de poder contemplar sus ojos de cerca y reafirmar porqué el verde siempre me gustó tanto; además esa sonrisa… Esa sonrisa la quiero guardar para mí, atesorarla junto con las otras que ansío aflorar de sus labios.
De repente, el brillo de sus orbes me recordó eso que debo entregarle, y cuando regresó su vista al frente, busqué en el bolsillo derecho de mi pantalón el presente, ese que compré el día que Meiling me hizo dar vueltas como loco y que de inmediato me recordó a ella.
«Diablos» —mascullé para mis adentros.
—Sakura… Espero no te moleste, pero te traje un pequeño presente.
Seguí revolviendo el lado derecho y luego el izquierdo de mi pantalón como si tuviera algún escondite secreto o un portal que me lleve a encontrar el regalo donde se supone debe estar, y que no es en mis bolsillos.
—¿De verdad? —Sus ojos denotan la sorpresa que buscaba, y el leve acercamiento de su cuerpo sobre mí enrojece mis mejillas—. No... no debiste molestarte.
Me quedo tieso, no solo por su cercanía que me provoca un revuelvo al corazón con igual o mayor intensidad que antes, sino también, porque mi maldita y perfecta memoria olvidó tomar el presente antes de salir al encuentro.
—No fue molestia —digo agachando un poco la mirada y volviéndola a elevar para agregar—. No es la gran cosa, pero me recordó a ti y… solo tengo un pequeño inconveniente… Lo dejé en el departamento.
Y su risa no se hizo esperar.
―Ahm… bueno ¿Podemos ir a buscarlo? Claro… si es que no hay problema, quizás tengas el desorden por la mudanza, o tal vez…
«Lo ves, tonto. Se ríe de ti y tu actitud de niño bobo. Pero no vas a desaprovechar la oportunidad cuando se presenta en bandeja» —me recrimina mi subconsciente.
A pesar de mostrarme tal y como mi yo interior lo exterioriza, me encanta provocar su risa. Me sorprendió que sea ella lo proponga y, a la vez, me quita un peso de encima. Estaba buscando una forma de decirlo sin que quede como una invitación de otro tipo.
—Estaba por proponerte lo mismo, si es que no tienes otros planes… y de ser así no demoraremos mucho, ya que estoy viviendo en el mismo edificio que conoces. Queda cerca de tu casa.
Si por mi fuera la invitaría a cenar, a dormir, a vivir conmigo… Bueno… quizás es demasiado pronto para pensar en ello. Pero quiero que comprenda que mis intenciones son nobles… la mayoría de las veces.
―¡En serio! ― dijo emocionada levantándose de su lugar y regalándome una pacífica sonrisa al calmarse―. Supongo que, después de todo has vuelto a casa.
Su entusiasmo seguido de esas palabras reconfirmó la buena decisión de venir a Japón. La felicidad no la trae un buen estatus social o la mejor vista panorámica desde tu balcón, sino los momentos que formamos en esos lugares menos pensados con las personas correctas.
Definitivamente… "Estoy a casa"
Seguí los pasos de Sakura quien parece irradiar luz a pesar de que el sol esté cayendo de a poco. Verla de ese modo, sonriente a mi lado, me recuerda las tantas veces que caminamos juntos por este mismo sendero como dos buenos amigos; amistad que ella se encargó de fomentar con su buena predisposición, soportando mis gruñidos matutinos y viendo siempre el lado positivo de las cosas. Ella me enseñó, que una sonrisa al despertar, es el mejor presagio de un excelente día. Yo opinaba un poco diferente, porque mi sonrisa se formaba cada mañana, un poco después del horario habitual, cuando cierta castaña llegaba corriendo al salón de clases. Y luego todo estaba bien…
Sakura siempre fue como "mi amuleto de la buena fortuna".
Caminamos sin prisa manteniendo una conversación en base a recuerdos de nuestras andanzas hasta detenernos frente a la puerta de mi departamento.
—Hemos llegado. Pasa y ponte cómoda por favor. ¿Quieres algo de tomar? ¿O estás apurada?
Repasé la sala para ver que no haya dejado nada tirado por ahí. Soy un poco obsesivo del orden y que ella vea alguna desprolijidad me pone incómodo, pero lo que más me cohibió, fue hacerla pasar… estando solos los dos.
―Eh, no gracias. Así estoy bien ―sonrío.
La vi curiosear algunos espacios del lugar, pero sus pasos la guiaron directo a mi nuevo compañero de viaje. Sonreí al ver su mirada preocupada al presionar una tecla del piano, y aunque sienta un poco de recelo con mis instrumentos, no hay nada que ella haga que pueda molestarme. Negué con la cabeza ante su disculpa y me acerqué con tranquilidad.
—Es nuevo. Mi madre no creyó necesario traer el otro desde China. Lo he tocado poco, pero estoy seguro haremos grandes cosas juntos.
Al estar más próximos puedo apreciar su suave perfume, y recuerdo aquellas tardes que inspiraron mi última composición, prometiendo contarle esa historia cuando se de la oportunidad—. Me encantaría tocarte algo uno de estos días ¡En el piano! Tocar algo e-en el piano, para ti. Sí…
«¿¡Por qué rayos tengo que aclarar eso!? Cálmate, por favor. Era entendible.»
―Claro… en el piano ―dice desviando su mirada―.¿M-me puedes convidar mejor un vaso de agua, por favor?
Oh, Dios… su rostro está rojo como tomate y ahora el mío está de la misma forma.
—Y-ya te traigo. Dame un minuto. Quédate allí y yo… voy por el vaso.
Salí casi corriendo de su lado como fantasma en busca de un témpano de hielo para bajar el mal trago que le hice pasar.
«¿A quién se le ocurre decir eso? Que idiota.»
—¡El regalo! Debo solucionar esto —me recuerdo mientras lleno el vaso con una mano y con la otra me refregó la cara.
Salí de la cocina y vi a Sakura moviéndose un poco nerviosa sobre su lugar. Relajé los hombros, solté un suspiro y cambié el semblante para hacer de cuenta que "nada pasó" y seguir con "el plan obsequio".
—Aquí tienes —le dije ofreciéndole la bebida.
―Gracias —Tomó un largo sorbo con sus ojos clavados hacia otro costado y aún conserva un leve sonrojo.
Este no es el tipo de silencio que busco se forme entre ambos.
—Voy por tu regalo. Creo que lo dejé en mi cuarto. Ya regreso.
Mi voz sonó más calma de lo que esperaba, dejando de lado los titubeos y relajando la línea tensa que Sakura mantenía en sus labios. Pero no me quedé observándola más y fui por lo prometido. Al regresar percibí como el ambiente estaba más liviano. Volví a acercarme intentando no sobrepasar su espacio personal, y con una sonrisa amable le ofrecí la cajita de color rojo.
—Es pequeño como te dije, pero me recordó a ti y… bueno… Feliz cumpleaños, Sakura.
El obsequio es una cadenita de plata con un dije en forma de Catarina. En lugar de motas negras, ésta tiene unos pequeños brillantes como sus ojos resplandecientes, pero ante todo la compré por su significado. Dicen que, además de ser presagios de la buena suerte, como Sakura lo es para mí, las mariquitas han ido guiando los corazones por el camino de la devoción. ¿Muy cursi? Posiblemente… Pero no voy a decírselo.
―Es… muy bonita… ―dijo observándola mejor―. Aunque mi cumpleaños ya pasó ―y apoyó la caja que la contenía sobre el piano para colocársela.
Mi madre me enseñó ante todo a ser un caballero, y fiel a mis principios, tomé la cadenita cuando la dejó suspendida en el aire, retirándola suavemente de entre sus dedos. Esperé unos segundos a que con su gesto aprobara mi leve pero educada intromisión, y se dio la vuelta acomodando su corto cabello hacia un costado, teniendo que sostenerlos con una mano.
Su piel tersa queda al descubierto despertando un cosquilleo en particular sobre mí, y con delicadeza paso mis brazos por delante de ella acercándome intencionalmente un poco más. A pesar de querer redimir mis poco decorosas palabras sobre el piano y tocar, no pude resistirme. No hay nada más atractivo que unos suaves movimientos que le agreguen una pizca de sensualidad al momento... Adictiva y difícil de rechazar como el leve roce de mis dedos sobre la piel de su cuello tras acomodarle la cadenita una vez enganchada.
Al girarse hacia mí, el espacio que quedaba entre nosotros se redujo. Todo mi cuerpo reacciona ante el aroma dulzón que despide y sus labios entreabiertos me incitan a tocarlos con los míos.
―Es preciosa ―me atrevo a decir observando que sus ojos, como relucientes gemas, me hablan de la misma forma―. Pero no tan preciosa como tú.
Sus mejillas se sonrojan como hace unos minutos pero sin apartar la mirada, sin dar un paso atrás.
―Shaoran…
He oído pronunciar mi nombre muchas veces de su boca, pero nunca tan atrayente como ahora, lo que me anima a acortar unos centímetros las distancias, alternando mi vista entre sus ojos y los rosados labios antes de preguntarle...
―¿Hay alguien que pueda molestarle… te haga este tipo de obsequio?
Esperaba dejar en claro mis intenciones con ese cuestionamiento. Como respuesta, Sakura esboza una tenue pero picarona sonrisa y con lentitud estira su cuello hacia mí.
―¿Alguien? ¿Cómo quién?
La suave ventisca de su aliento cálido choca contra mis labios corroborando la cercanía de nuestros rostros. Mi pulso se acelera, el cosquilleo aumenta de intensidad y, haciendo alarde de todos estos años de aprendizaje en seducción, los pongo en práctica. Necesito que comprenda no soy un niño, y por más sonrojos que me siga produciendo su presencia, también puedo demostrarle lo mimoso que puedo ser.
―Alguien... que sienta la necesidad de golpearme… por hacer esto ―con atrevimiento y roncas palabras acaricié su cintura con una mano, acercándola hasta pegar nuestros cuerpos. Sus pechos reposan sobre el mío intensificando la talla dentro de mis pantalones de manera incontrolable. Al ser un poco más baja de estatura, los rosados labios quedan fuera de mi alcance hasta que Sakura eleva más su barbilla buscándome con la mirada, y remato diciendo…―. O esto…
Con mis labios voy trazando un camino lento desde la comisura de los suyos, tocando delicadamente la piel suave de su mejilla, elevando con más frecuencia su respiración y ahogando una risa complacida… llego hasta su oído para finalizar mi leve tortura.
―¿Sigo? ―susurro.
Sakura aguardó unos instantes antes de moverse, y con el mismo juego que inicié, acaricia mi mejilla con la suya, acercándose aún más para contestar.
―Sí hay alguien ―dice con una voz tan sensual como nunca antes le escuché, lo que me hizo estremecer y desorientar a la vez―: El tonto de mi hermano.
Esa corriente extraña que me azotó ante la afirmación, se disipó cuando nombró al necio de su hermano a modo de broma. Aunque no muy gratos recuerdos me llegan de repente con la mención de ese sujeto, todo aquello se evapora cuando sus labios besan suavemente el lóbulo de mi oído. Ambos avivando una llama que difícilmente podamos aplacar ahora.
De mi garganta emergió un sonido ronco en respuesta a esa pequeña demostración de nuestros juegos seductores, y nublado por el deseo y los sentimientos que resurgen desde mi niñez, no pensé en otra cosa más que en obtener más... definitivamente mucho más.
Trazando un camino de regreso hasta su boca, tomé aire decidido a dejar el juego. Nunca tuve sus labios tan dispuestos a probar los míos, y es la primera vez que puedo detallar como sus ojos verdes se oscurecen y obstruyen mi conciencia. El cosquilleo vuelve a pasearse por cada rincón y el bombeo de mi corazón me indica actuar o fallecer en el intento.
―Voy a correr el riesgo entonces.
Tocar sus labios me produjo un cortocircuito más intenso de lo esperado. Suave. Delicioso. Ambos nos fundimos en un lento y exquisito primer vaivén, moviendo nuestros labios con paciencia, conociendo del otro esa fase que nunca imaginé podría comprobar y que muchas noches soñé tener. Parece irónico pensar, como un mensaje más afectuoso de los que por años de distancia nos brindamos en fechas especiales, haya despertado mis sentimientos guardados hasta hacerme delirar aun dormido.
―Eras tú… ―me susurra interrumpiendo el beso.
La conexión de mis pensamientos y sus palabras vuelven a hacer presencia, y sin meditar, expreso lo que nunca antes me animé a hacer.
―Siempre lo fuiste.
Fundí mis dedos en su cintura y profundicé la búsqueda de esa pasión oculta dentro de su boca. Sus manos rodean mi cuello ejerciendo la presión justa para intercambiar los besos sabrosos que de a poco aumentan de intensidad. Mis manos se inquietan y me animan a pasearme por su espalda, desestabilizando mi cuerpo y llevando el suyo hacia atrás un paso a la vez. Sin darnos cuenta, rompemos el beso al mismo tiempo que Sakura se topa con el piano.
«Mmmm… Interesante».
El calor corporal de ambos traspasa nuestras prendas y me dejo llevar por el instinto sin mediar más con la razón. Me tomo el atrevimiento de alzarla hasta posar su cola sobre la tapa baja del piano, y con el permiso implícito de nuestra conducta, me adentro entre sus piernas. Su cuerpo responde, se estremece e incrementa el deseo precipitado de borrar su historial de conquistas, desterrar con el tiempo a todo aquel que la haya hecho vibrar de esta forma.
Pretendo darte muchas sorpresas si me lo permites... mi pequeña flor.
.
Hola hola! Aquí reportando el segundo e interesante, por lo menos desde nuestra perspectiva, encuentro entre los castaños.
Antes que nada GRACIAS por todos sus rw, fav y follow... Realmente hicimos esto con amor para ustedes.
Leímos que algunas demostraron recelo porque nuestros "niños" hayan soñado cositas candentes con alguien más... pero bueno, lógicamente esas personas no eran más que ellos mismos.
¿Qué les pareció? ¿Satisfechos? Espero que no, porque falta un capitulillo más ;)
De nuevo repito que esta historia fue creada en conjunto con mi amiga Valsmile, las historias están entrelazadas así que espero lean la versión Sakura de este encuentro en su cuenta! ... Esa castaña es muy divertida XD. Pero lo mejor fue habernos puesto en la piel de cada personaje y dejar que la conversación fluya y fluya en un clásico juego de roles. ¡No saben lo extraordinariamente gracioso que fue hacer eso! XD
Nos despedidos hasta dentro de muyyy prrrronnntoooo!
