CCS y sus personajes son obras de CLAMP. Esta historia es por mera diversión.
Capítulo 3
Decirles que estoy feliz sería mentirles en la cara porque estoy extremadamente extasiado por cómo se dieron las cosas. Años desperdiciados por mi timidez e inexperiencia al fin tomaron otro rumbo. Descubrí que Sakura sigue siendo esa chica bondadosa y dulce que tanto recuerdo, pero a su vez me demostró ser divertida y pasional. No solo lo digo por ese encuentro estrepitoso sobre el piano de la sala, y que algunas noches vuelvo a recrear en mi mente con ansias, sino por el tipo de confianzas que se dieron después de confirmar nuestros sentimientos. En todo momento traté de demostrarle ella no es una aventura para mí, y la invité a quedarse a cenar para poder expresarle que, el modo de expresión físico y precipitado que compartimos, viene acompañado de un cúmulo de buenas intenciones desde hace años. Al hablar, no la noté nerviosa o avergonzada, y descubrí no fui el único que tenía el corazón dispuesto, lo que me aceleraba el pulso con cada confesión.
Los once años de distancia se esfumaban a cada paso de la aguja sobre el reloj. Disfrutamos de nuestra compañía riendo como tontos, recordando anécdotas de nuestra niñez y adolescencia junto con lo que fue de nuestras vidas estos años. Lo más reciente y alocado que salió de su boca, fue cuando me contó con gracia, que había estado soñando encuentros casuales e interesantes con un sujeto al que no podía ponerle rostro… hasta esa misma tarde. ¡El sujeto era yo! Me quedé mudo un minuto pensando otra vez: El destino está maldito, escrito, como quieran llamarlo. Y así le confesé también, sobre mis sueños extraños con esa mujer que comprobé siempre fue ella. Estábamos más que a gusto sentados en el sofá con una copa de vino en mano y esa mirada especial sobre el otro, y aunque podría haberla invitado a pasar la noche, más tarde me ofrecí a llevarla a su casa. Los besos dulces de despedida sellaron el acuerdo de tomarnos las cosas con calma, ir de a poco, descubrirnos en ese plano más allá de la amistad que supimos mantener, resurgiendo aquello que en ese entonces sepultamos.
En la semana ambos estuvimos bastante ocupados. Mi representante llamó porque encontró un buen lugar para poder iniciar la escuela de música que proyectamos y por ello estuve viajando casi todos los días a Tokio. Por su parte, Sakura estuvo atareada con sesiones de fotografía, pero en dos oportunidades nos hicimos el tiempo para encontrarnos después del trabajo a tomar un café, un helado y regalarnos besos tiernos que se vuelven cada vez más demandantes, dejándonos con las ganas de obtener más. Eso es lo más excitante de una relación… darse el espacio, extrañarse e indagar en la locura cuando el cuerpo de ambos así lo reclame.
«Resérvate el próximo fin de semana para una reunión solo de hombres» —me llega al celular y se me escapa un risa.
El mensaje me lo acaba de enviar Yamazaki. Está empecinado en salir a beber algo y que conozca a sus amigos del trabajo, pero esta vez no pudo ser, porque entre Sakura y Daidouji organizaron una salida con mis ex compañeros a modo de bienvenida, lo cual me tiene ansioso. Nadie está al tanto de lo que pasa entre cierta castaña y yo, y debido a eso, acordamos no decirles a nuestros amigos por el momento. El secreto conlleva básicamente en detener las ganas de besarla ni bien la vea y reprimir los deseos de estrellar mi puño a todo aquel que la mire de más.
Sí… sigo siendo bastante celoso cuando alguien me importa, sobre todo si se trata de ella.
Tomé las llaves del auto que compré para mis viajes recurrentes a Tokio y salí vestido para llegar al encuentro. La reunión se llevará a cabo en un bar donde se estila beber sake hasta desfallecer, aunque no sea mi caso al ir manejando, pero disfrutaré de unos pocos tragos y la compañía de mis antiguos compañeros. Al llegar, me acomodé la camisa al bajar del auto y suspiré disipando los nervios de verlos a todos otra vez. El lugar no está atestado de gente porque son las 9 de la noche y la fiesta se torna más concurrida después de las 11, por lo que no fue muy difícil ubicarlos en una mesa fuera del recinto. Los días son agradables para disfrutarlos al aire libre.
—¡Ey, Li! ¡Llegaste! —me dice Yamazaki con la mano en alza y sus ojos particularmente cerrados—. ¿Qué te pasó? Hasta Kinomoto te ganó de mano.
No tuvo que anunciarme que Sakura estaba allí porque fue la primera persona que vi cuando llegué. Sus ojos intensos estaban posados en los míos junto con esa sonrisa traviesa que me da ganas de morderle el labio con ganas.
Todos se pararon para saludarme con un abrazo bien recibido. Chiharu Mihara, Yamazaki Takashi, Akiho Shinomoto, Tomoyo Daidouji —quien casi me asfixia— y por último, mi dama de ojos verdes con… piernas al descubierto.
—Demasiado sexy para no poder tocarte —le digo rápido en el oído al recibir su abrazo y embriagarme de su perfume.
―No sé de qué hablas ―me retruca la muy descarada.
Lo hizo a propósito. Estoy seguro que se puso esa endemoniada falda terriblemente corta para enloquecerme. Pero recuperé el semblante y me senté a su lado fingiendo que nada pasa entre nosotros.
«Qué dura va a ser la noche…».
Yamazaki comenzó la animada velada con su elocuente personalidad, lo que por suerte me distraía de bajar la vista a mis costados, donde la señorita Kinomoto cruzaba y descruzaba sus piernas tersas tras las medias de nylon negras. Con intenciones de provocarme, su rodilla juega con la mía y me lanza miradas de soslayo que correspondo con énfasis cuando siento que nadie nos presta atención. Es una clara señal de que no voy a aguantar su jueguito si continúa así.
Las cervezas pedidas llegaron a la mesa junto con unas alitas de pollo fritas para acompañar. El tiempo se me pasó rápido entre las anécdotas que contaban y así me fui enterando de sus vidas recientes, sus trabajos y aspiraciones, junto con esos chistes o comentarios personales entre ellos que de a poco voy captando. En ningún momento me sentí incomodo, y supuse que adaptarme no iba a ser un problema.
—¿Estás contento de regresar, Li? Yamazaki me contó que estas por abrir una escuela de música —me pregunta Chiharu, quien está sentada al otro lado de mi amigo.
—Más que contento. Además, los proyectos de a poco se van concretando.
—Algún día deberías tocarnos algo, así podemos escucharte en vivo —completó Akiho frente a mí.
¡Por favor! Aguanté la risa lo más que pude porque eso me recordó al bochornoso comentario que le hice a Sakura esa tarde que nos reencontramos. "Tocarte algo… en el piano". Al final el doble sentido cobró protagonismo de la mejor manera.
—Me imagino que sabes la historia del pianista manos de tijera, Li —interrumpe Yamazaki con su dedo en alza.
—¿El qué? ¿Manos de tijera?
«Jamás había oído de ello. O quizás ¿en una película?»
—¡Ya, no empieces con tus mentiras, Yamazaki! —lo reprende Chiharu con un golpe certero en la cabeza.
―¿Eh? ¿Una mentira? ―acota Sakura a mi lado.
Es muy gracioso ver como su novia lo sigue aporreando cuando quiere contarnos alguna falacia. Y tampoco puedo creer que siga creyendo todo lo que dice… Aunque no soy el único.
Para zafar del penoso momento, Yamazaki se levanta de la mesa excusándose.
—La boca se me está secando, así que pediré otra ronda. El que atiende ahora es amigo de un amigo. Pediré un descuento.
Su vuelta no se hizo esperar mucho y traía consigo una sonrisa picarona en los labios.
—¡Alguien está de ligue hoy! —dice cuando llegó a la mesa y todos le prestamos atención—. El muchacho de la barra me preguntó por la linda castaña de ojos verdes. ¿Quién podrá seeer?
Al decir eso, todos vitorean a quien deducimos por obvias razones, y Daidouji la codea dándole ánimos. Por mi parte me brotaron las ganas de acogotar a Yamazaki por contarlo con aires bromistas y otras tantas de ahogar al barman con su vodka hasta llegar dejarlo en coma etílico.
—Igual no te preocupes, le dije que preguntaría antes de pasarle tu número, Kinomoto.
Sakura miró en dirección a la barra con curiosidad y el maldito sujeto le guiñó un ojo. Ella bajó la mirada a tiempo antes de que me levante y le aclare a todos los presentes que esta mujer será solo mía. En lugar actuar como un loco desquiciado, llevé las manos bajo la mesa para apretar mis puños contra el pantalón y me mordí la lengua conteniendo el intento de cometer homicidio en primer grado.
―Ah… Eh… claro, yo de ahí… de ahí veré si se lo doy… ―dice nerviosa en un tono de voz que no interpreto.
—"Ya veré sí te lo doy" —comienzo a farfullar por lo bajo con voz finita imitando a Sakura esperando que no me oiga «Sí claro, sobre mi cadáver».
―Sakura nunca pierde el tiempo, siempre llama la atención de algún chico. ¡Eres linda por naturaleza! ―agrega Tomoyo y me hierve la sangre.
―Ya Tomoyo… me avergüenzas ―responde hundiendo la cabeza.
Daioduji se quedó con una sonrisa torcida en los labios y presiento que me está mirando con doble intención. ¿Le habrá contado lo nuestro? Después de todo, son mejores amigas.
El pequeño percance con ese tipo me dejó un sabor amargo y mi ceño fruncido estaba por arruinarlo todo hasta que de pronto una pequeña mano acaricia mi muslo derecho por debajo de la mesa, lo que me hace dar un respingo que por suerte no notaron. Aprovechando que Yamazaki tiene a los demás entretenidos con sus relatos, Sakura deja su mano y su suave rose quiere jugar a ascender de a poco; aprieta su agarre inyectando una electricidad bastante familiar muy cerca de la zona del peligro y se detiene porque solo quiere enloquecerme… Logrando su cometido.
Con las terminaciones nerviosas a flor de piel, tomo mi teléfono y tipeo un mensaje para enviarle y que nadie sospeche.
«¿Eres de esas chicas que les gusta jugar con fuego para luego echarle agua? Porque yo no soy de los que dejan las cosas a medias».
De reojo veo como Sakura tensa la comisura de sus labios en una sonrisa juguetona y se pone a escribir.
«Depende lobito, porque si me estoy quemando necesito que apaguen eso, ¿no lo crees?»
Su respuesta comienza a inquietarme. De repente siento el calor comenzar a ahogarme y desabrocho unos dos botones de la camisa negra que me puse a sabiendas que le encanta. Sin mirarla para no levantar sospechas, le contesto:
«Y ¿qué tanto te estarías quemando? Porque de ser necesario, podría avivar el fuego un poco más».
Sakura observa todo a su alrededor y toma lo último que queda de cerveza en su vaso. Tipea rápidamente y se levanta del lugar.
«Improvisa».
Recibo su respuesta tentadora y de inmediato avisa de ir al baño. Fue una fortuna que ninguna de las mujeres haya decido acompañarla, ya que siempre se siguen como perritos falderos para… ¿Hablarse detrás de la puerta? ¿Pasarse el papel higiénico? No lo sé, no lo comprendo.
Sin disimulo, observo sus piernas andar y compruebo lo ajustada que se le nota esa falda. No soy el único que lo nota, claro, ya que todos los babosos giraron su cabeza al pasar por su lado.
«Malditos hijos de perra».
Sopeso la posibilidad de seguirla, pero siento que es un poco arriesgado. A todo esto Yamazaki comienza a hablarme arrastrando las palabras por la bebida que ya le pegó de más y mis ojos se desvían hacia adentro, esperando que Sakura regrese. No pasa mucho tiempo cuando logro verla, pero en lugar de salir a nuestro encuentro, sus ojos me encuentran y vuelve sus pasos hacia atrás junto con una sonrisa matadora.
Captando la señal, aprovecho y hago un rápido anuncio:
—Iré a la barra por algo de agua para no seguir bebiendo alcohol y luego haré una llamada. No tardaré.
Sakura se dirige hacia algún lugar desconocido para mí y yo la sigo a unos metros de distancia. Al pasar por el costado de la barra, veo como los ojos desorbitados del tipo que atiende repasan su figura de arriba a abajo con sus intenciones más que claras, pero ella sigue de largo sin prestarle atención. No puedo decir lo mismo de mí, porque le lancé mi mejor mirada fulminante al sujeto cuando me tocó pasar por allí. Cuando regreso mi vista al frente, Sakura pasa entre unas personas y se pierde en un pasillo. Al llegar veo una puerta de salida y ningún otro recoveco donde esconderse, entonces pruebo en salir.
Miré hacia ambos lados de ese callejón poco iluminado encontrándome con la única persona presente, quien desde que llegué le envía señales electrizantes a todo mi cuerpo; las mismas se acumulan en esa zona que de a poco la va reconociendo como su debilidad.
La linda castaña está apoyada con la espalda sobre los ladrillos que recubren el recinto en una pose por demás sugestiva. Una de sus piernas se dobla apoyando el pie contra la pared, descubriendo que las medias negras le llegan hasta el muslo, dejando un tramo de piel a la vista con su falda remangada… Jodidamente sexy.
—¿Por qué te escabulles, linda? ¿Esperas encontrar algo interesante aquí solita? —apoyo un brazo contra la pared a un lado de ella, quedando muy cerca de su rostro y rozando mi pierna entre las suyas.
―Pensaba que… quizás podría haber alguien que apagara un poco el fuego ―su pierna juguetea al moverse y arroja un suspiro prometedor al aire―. De pronto sentí… que algo me quemaba por dentro.
Sakura eleva la barbilla para quedar cerca de mis labios y aprieta el suyo con los dientes. El deseo calienta el ambiente entre ambos, pero mi estúpida boca desvía el objetivo y quiere seguir jugando.
—No veo a nadie más aquí, así que será un placer ayudarte a aplacarlo —digo mirando el mismo labio que mordió hace un instante y contengo las ganas de pasar mi lengua sobre él—. Excepto que sea a mí a quien buscas.
―Déjate de jugar Shao… ―me susurra seriamente y de un tirón me atrae hasta fundirme en su boca exquisita.
Ella inició el beso que se profundiza al primer toque, sin prisa, saboreando y disfrutando la suavidad de nuestras lenguas. Aprovechando su pierna elevada, recorro su muslo entero detectando el nylon bajo mis dedos hasta sentir el éxtasis suave de la piel expuesta. Dejé mis huellas grabadas a sus costados, acaparando con mi mano lo más que pude cerca de su trasero, chocando mi dureza contra su pelvis. Respirando y retomando el beso, dejo una distancia mínima entre ambos donde su mano aprovechó para moverse a un ritmo suave por mi torso, desciende de a poco y se cuela debajo de mi camisa. Su acción me inmoviliza porque el contacto con esa minúscula porción de piel me ocasiona un palpitar brusco en la entrepierna.
—Sigue… más abajo —dejo salir casi suplicante rompiendo el beso.
Incapaz de discernir entre el bien y el mal, cierro los ojos esperando aplacar la presión y preguntándome si no fue demasiado osado hacerle esa petición, pero Sakura reaviva el beso con hambre y quita unos cuantos gruñidos de mi boca cuando su mano sigue el camino indicado hasta tocarme por encima de la tela gruesa del jean. Con un leve empujón, aprieto su trasero contra la pared al momento en que sus dedos desabrocharon el botón de mi pantalón con el fin calmar mis ansias. Su mano tibia hace contacto y dejo sus labios para exhalar un ronco gemido contra ellos.
―Déjame ayudarte con eso… ―dice con esa voz sensual que me demostró aquella tarde en mi departamento y que ansiaba volver a escuchar―. Pero… después de esta junta… ¿Puedo irme a tu casa…?
No soy capaz de formular una oración demasiado coherente, pero difícilmente pueda rechazar esa última propuesta cuando la estuve esperando todos los malditos días.
—Por supuesto… —le contesto escuetamente ante el movimiento incesante de su mano—. Y voy a devolverte el favor.
Me entrego completo a la sensación porque su mano hábil se fortalece y aumenta el ritmo. Ya no sé ni cómo me llamo, dónde vivo y a qué me dedico, de lo único que soy consciente, es que esta mujer me vuelve loco de placer, pero también… loco de amor. Porque el sexo sin sentimientos puede ser muy satisfactorio, pero no se puede comparar con el cuidado, dedicación y afecto que la persona que te quiere de verdad te brinda.
Oh, Dios. La presión aumenta, la excitante melodía está próxima a culminar con un gran final.
—Sigue... Voy a...
Con un rápido movimiento quité su mano de allí para sujetarlo con la mía, sintiendo los espasmos que me estremecen entero y acallando el gemido de liberación.
Sakura junta nuestras frentes esperando que el aire vuelva a mis pulmones, y me mira con una sonrisa complacida. Fue ella quien se encargó de acomodar mi ropa y yo la dejé hacer, aunque debo ir al baño a limpiarme y esperar regresar pronto a casa… No es muy grato andar con esa zona empapada por mucho tiempo. Tras un casto beso que depositó en mis labios, dio media vuelta para regresar a la mesa y yo fui directo al baño para hacer tiempo y asearme. Mientras lo hacía, me reía como idiota de lo atrevida que se portó mi chica y lo interesante que es descubrir esta faceta entre los dos.
—Mi chica… —susurré para mis adentros con los ojos perdidos sobre los azulejos del baño.
Es muy pronto… demasiado pronto para ponerle un título a esto que estamos comenzando, pero no hace falta aclararnos los puntos del acuerdo, porque está implícito que no hay otra mujer en mi vida que no quiera más que a ella, y de alguna forma me siento igual de correspondido.
Regresé con nuestros compañeros y amigos bajo la atenta sonrisa cómplice de Yamazaki. Los demás están riendo como cuando me fui… nos fuimos.
—Te demoraste un poco con esa llamada, amigo —me dice al oído para hacerme pisar el palito, o que simplemente comprenda él no es ningún tonto a pesar del nivel de graduación alcohólica que lleva en sangre.
—¿Tú crees? —respondo fingiendo inocencia—. Podría haber durado más.
Lo último lo dije para mis adentros sin que Yamazaki me escuche. Esta noche Sakura se dedicó a aplacar mi hambre y no puedo esperar a llegar al departamento para demostrarle lo satisfecho que me dejó… y lo pronto que se puede volver a repetir, solo que esta vez, no seré yo el primero en disfrutar. Pretendo tomarme el tiempo para adorarla como lo merece.
La mirada pícara que le di ni bien me senté, cobró protagonismo al verla comer una de las frituras de la mesa y notar sus labios adornados con un bello color; lo que me recuerda al sueño que varias noches me asedió.
―Me gusta tu labial... ―le digo bajito para que capte la indirecta.
―A mí me gustas tú... y tu camisa, obvio ―y ambos sonreímos cómplices de esta locura.
«Tú me gustas desde siempre»
―Eso me recuerda que mañana podríamos ir al cine.
―¿Acaso quieres ir a ver el conjuro?
Dicen que los sueños se hacen realidad ¿no? Aunque el temor en sus pupilas contractura su rostro y yo ahogo una risa. ¿Cómo no me di cuenta que esa mujer misteriosa era ella? Si ese miedo irracional no se lo conocí a nadie más que mi lindo cerezo.
―Si eso hace que te pegues a mí...
«¡Ay no! No me hagas ese puchero que me dan ganas de borrarlo con mis labios».
―En realidad, a la que tú quieras ―me retracto para complacerla.
―Bien, pero luego debes acompañarme a la librería ―sonríe entendiendo el juego―, necesito ir a comprar algo... o a leer algún comic.
―Claro... podríamos ver alguno de Milo Manara.
Nunca leí a ese artista erótico, pero me quedó la duda desde que me lo nombró. Quizás encontremos algo interesante.
A la hora de despedirnos, me ofrecí a llevar a Tomoyo, Akiho y Sakura. Las primeras viven en la zona residencial más alejada, donde las casas se parecen a la mansión Li, en Hong Kong. Y como Sakura vive cerca de mi departamento… fue la excusa perfecta.
En el asiento de atrás, Daidouji y Shinomoto estaban vencidas por el sueño juntando sus cabezas, y Sakura miraba por la ventana bastante pensativa. La música que suena está bien bajita para no molestar a las bellas durmientes, y aunque no podamos hablar mucho por ahora, me atrevo a apoyar mi mano sobre la suya dándole una suave caricia. Sus ojos verde reluciente me miran y me devuelve el cariño con su pulgar, mientras yo alterno la vista entre ella y el camino.
―¿Segura quieres venir a casa? ―pregunto porque la noto un poco cansada.
―Claro. Estoy absolutamente segura ―apenas pude verla cuando me responde, pero en su voz noto la sinceridad de sus palabras y eso me embarga de emoción.
Estar con ella es un remolino de pasión que de a poco vamos descubriendo, pero también anhelo poder rodear su cintura y amanecer así, embriagado con el perfume de su cabello y la candidez de su cuerpo. Me encanta la idea de que sea ella lo primero que vea en la mañana.
―Me gusta estar contigo…sería lindo ver tus ojos al despertar ―le expresé mi deseo.
―A mí también me gustaría… ―responde y el palpitar en mi corazón aumenta.
Las vueltas de la vida son impredecibles. Ella, mi mejor amiga, mi amor de la infancia, mi mejor canción… Ella siempre estuvo allí, hasta en mis sueños… que de ahora en más, voy a vivirlos a pleno… juntos.
«Te amo… Sakura»
.
Hola hola!
Y sí... en algún momento se iba a terminar. Éste último encuentro no fue tan extenso y así lo pensamos con Valsmile, para hacerles saber que todo lo que callaron nuestros castaños por laaaaarrrggoooss años, no se quedó dentro de ellos y después de ese encuentro pasional pudieron abrir su corazón. ¿Sobre el suceso en el bar? Bueno... emmm... sin comentarios XD. Sakura (Val) es una picarona y me pervirtió... ¿Le iba a decir que no? Pffff estaría loco/a.
Al final de cuentas esta fue una mini historia de amor y atracción que nos encantó plasmar en conjunto y estamos muy contentas de que les haya gustado. Leer sus comentarios siempre nos quita una sonrisa y esperamos que este final les robe un suspiro.
¡GRACIAS a todos por participar en esto desde el principio!
Nos despedimos :)
PD1: No se olviden de leer la versión Sakura en la cuenta de Valsmile.
PD2: Querida Val... Repito que fue más que interesante hacer esto y lo que me reí no tiene nombre! Sobre todo porque Sakura sorprendió mucho al lobito en este encuentro ;) jaja. ¡Vamos por más!
