Siento mucho el retraso entre un capitulo y otro, pero está siendo un verano de todo menos tranquilo.

Ante todo quiero agradecer a mis Templarias que están ahí apoyando desde el primer momento otro de mis desvaríos.

Os recuerdo dos cosas que es un fic para mayores de 18 años porque contiene lenguaje sexual explicito y malsonante. Así que si lees es bajo tu responsabilidad.

Por otro lado animar a todas (que no sois pocas) que seguís la historia, que la ponéis en favoritos tanto la historia como el autor a escribir aunque sea un simple me gusta. No os hacéis una idea de que un gesto tan pequeñito anima mucho al que escribe. ;))

Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer, la historia es mía y completamente mía.

Gracias a Nuria, Meryjo y Nurymusa por estar ahí siempre, leyendo y dándome vuestra sincera opinión. Os adoro de adorar.

Capitulo 2

Se despertó a media noche empapado en sudor, asaltado de nuevo por las pesadillas que las últimas semanas volvían a ser más frecuentes. Se sentó en la cama sin dar la pequeña luz de noche, nada más lejos de su intención que despertar a Victoria que dormía plácidamente al otro lado. No quería darle explicaciones al respecto. Hizo rotaciones con su hombro adolorido y se sentó en el borde de la cama, intentar dormirse de nuevo era inútil y era consciente de ello. Aún con los ojos entrecerrados se frotó las sienes y se retiró el pelo humedecido que caía sobre sus ojos despeinado.

Aún a oscuras recorrió el corredor y se deslizó dentro de la cocina que fue momentáneamente iluminada por la luz del frigorífico cuando lo abrió en busca de una cerveza helada. Los números rojos del reloj digital indicaban que eran las cuatro de la mañana lo que quería decir que por aquella noche ya había terminado de dormir.

Lo había intentado, claro que lo había hecho, pero tratar de disuadir a Charlie sobre el destino final de su hija había sido en vano. Carlisle, su padre, tampoco había sido de gran ayuda, igual que Charlie opinaba que dónde estaría mejor Bella era en la 42, dónde su padre muchos años atrás había comenzado su carrera, dónde trabajaba Jasper como Inspector y a fin de cuentas en la misma de la que él era teniente. Era consciente, gracias a la confidencialidad de Alice que Bella casi le había rogado también a su padre que no interviniera, que no quería ningún trato de favor, por supuesto para el Comisario Swan una decisión así era innegociable, incluso tratándose de su propia hija quien la realizara.

Apuró un frio trago y se dejó caer en el sofá aproximándose un Marlboro a los labios. Lo encendió en la oscuridad penetrante que le rodeaba y rápidamente el humo revoloteó sobre su cabeza. Retomó sus pensamientos dándose cuenta que en realidad Charlie no era consciente de la verdadera relación que Bella y él tenían, que en realidad era prácticamente ninguna. Apenas si se habían dirigido la palabra en los últimos años y la brecha, profunda que se había abierto entonces entre ellos era insalvable. Su asociación en la comisaría era una relación abocada al fracaso desde el primer momento.

Otro trago y otra calada y asumió que aquello acabaría estallando entre sus manos. Durante esa misma tarde en su despacho ella se había mantenido correcta, manteniendo las formas y haciendo gala de una admirable disciplina a la hora de cumplir con el protocolo estipulado entre un agente y un teniente. No se había permitido ni siquiera parpadear cuando le había pedido, casi exigido sutilmente un cambio de destino. No estaba dispuesta a permitir que nadie entorpeciera su trabajo.

Preocupado volvió a pasear sus dedos entre sus cabellos cobrizos masajeándose el cuero cabelludo, pedir un traslado por su parte en aquel momento sería un suicidio profesional. Tampoco pensaba permitir que ella le desplazara del lugar que tanto le había costado conseguir.

Era inevitable recordar a una Bella mucho más inocente que la que casi acababa de reencontrar, con su cabello alborotado alrededor de su rostro sonrosado, de sus enormes ojos castaños y su sonrisa siempre benevolente. Entonces no dejaba de ser la hermana pequeña de su mejor amigo y el ya era un soldado a punto de volar hacía una guerra incierta. El sólo pensamiento reabrió heridas cicatrizadas hace mucho.

Irak y su estupidez habían supuesto el punto de inflexión, en realidad el punto y final a algo que había terminado casi antes de comenzar. Ella le había juzgado de traidor y él pagaba sus culpas reencontrándose siete años después cara a cara con su pecado mortal.

Trató de arrinconar aquellos pensamientos, no permitir que tomaran más terreno del que él estaba dispuesto a ceder. Tenía que convivir con aquella situación y bien era cierto que procuraría ser un buen superior para ella, por ese motivo le había asignado a su mejor hombre. Estaba seguro que Bella estaría más segura con Emmett que con él mismo. Su mano derecha, su amigo, su hermano.

Eran más de las cuatro y media cuando optó por levantarse finalmente del sofá y preparar café. A las siete tenía que estar en la comisaria y sería mejor que se diera una larga ducha antes de enfrentarse de nuevo a la que se le avecinaba.


Saltó de la cama con la hora pegada al culo, el reloj pitaba frenético recordándole la alarma que había sonado por primera vez veinte minutos atrás. Se deslizó dentro de unos vaqueros y unas botas camperas tras una breve visita de urgencia al inodoro y tras cepillarse rápidamente los dientes y hacerse una coleta se puso un jersey cisne celeste y recogió sus cosas de encima de la mesita.

Corrió escaleras abajo y se asomó brevemente al comedor para saludar a su padre con la cabeza y desearle un buen día, casi atropelló al taxi que decidió tomar para llegar a tiempo a la comisaria. Había llegado hacía tan sólo unas horas a casa, había estado hablando con Alice hasta altas horas y lo cierto es que aunque con sueño se encontraba bastante mejor que el día anterior.

Aguantar el tipo había sido más duro de lo esperado, para colmo el incidente de la noche anterior probablemente sería sinónimo de problemas en cuanto Edward supiera que se había enfrentado ella sola a un delincuente sexual. Atravesó casi sin aliento la doble hoja de la comisaria quince minutos antes de comenzar su turno. Su estómago se encargo de recordarla que no había tomado nada y esperó que le diera tiempo después de cambiarse aunque fuera a sacar un café de la vieja máquina de la comisaria.

— Swan, quiero hablar con usted. Ahora- la voz a su espalda la congeló la sangre.

Bella no se acostumbraría jamás a que entre ellos hubiera aquella distancia. Era un error, un terrible error decidió abandonando su camino para cumplir con la orden de su superior. Con el corazón latiendo fuera de ritmo y de control y su estómago replegándose sobre si mismo recorrió los cinco metros que la separaban del despacho del Teniente Cullen, consciente que su jefe le iba a echar una represalia por su actuación imprudente la noche anterior. "Bien Bella, así vas a llegar muy lejos", se felicitó a si misma notando como su musculatura se contraía por la tensión.

Al llegar aquella mañana a la comisaria el estupor había vencido a la rabia sólo durante unos instantes, encontrar el informe de Jasper sobre la mesa quizá había sido peor a que su amigo y compañero no le hubiera llamado para contarle lo ocurrido. Ella se ponía en peligro de manera innecesaria y casi podía adivinar que los días que a uno u otro le quedaban en la 42 si aquello no cambiaba.

Tras un segundo café y más despejado se sentó para leer el documento con tranquilidad, desde la providencial actuación de la agente Swan hasta el posterior interrogatorio del detenido. Lo único que faltaba era la declaración de la víctima. La señorita Rosalie Hale. Entonces había levantado el auricular para hablar con Jasper y le explicara porque faltaba tal cosa, el inspector, tranquilo le había contado que Rosalie había tenido que ser atendida por una crisis de ansiedad y no estaba en condiciones. La señorita Hale les había facilitado sus datos para ir al día siguiente.

Tan sólo una hora después, y tan sólo poco antes que Bella hubiera entrado había recibido una llamada de la 72, de la UVE , el inspector Ross. El policía estaba convencido que su preso era el mismo individuo que llevaban semanas buscando y que atacaba a mujeres del Bronx, primero las violaba, luego las mataba. Por supuesto Edward se citó con él para las nueve de la mañana, la BCI y el UVE trabajarían juntos y antes tenía que hablar con la agente Swan.

— Siéntese agente Swan- ordenó mientras ella pasaba por su lado entrando al despacho.

Le helaba su voz de tempano y su rostro endurecido por el paso de los años, no reconocía al hombre que tenía delante y un escalofrío recorrió su columna vertebral. Indecisa y nerviosa como una adolescente en una reunión con el director del colegio tomó asiento en la incómoda silla metálica delante de la mesa de Edward.

Aprovechó el silencio tenso mientras él se aproximaba a su asiento rodeando la mesa para observarle veladamente. Su pelo aunque más largo de lo habitual mantenía su tono cobrizo, unas marcadas ojeras se instalaban bajo su mirada verde, una cicatriz cortaba ligeramente su ceja izquierda, una herida de guerra, otra de tantas no tan visibles. Una incipiente barba de dos días poblaba su mandíbula cuadrada. Tragó saliva viendo al imponente Teniente vestido con su habitual traje marino tomar asiento.

Había reflexionado sobre cómo actuar en aquel momento, tenía que mostrarse ecuánime y ser objetivo. Aunque se hubiera alterado en principio era consciente que a cualquiera de sus agentes que hubiera actuado de aquella manera deteniendo a un presunto delincuente sexual le hubiera felicitado. Y sin embargo le apetecía gritarla, exigirla que no se pusiera en peligro y no fuera temeraria.

— ¿Puede explicarme que pasó anoche Agente Swan?- puso un dedo inquisidor sobre el informe que seguía encima de la mesa.

— Escuché a una mujer gritando cuando salía de cenar, Señor- contestó intentando no saltarse el protocolo- El detenido la estaba amenazando con una navaja- continúo- Intervenir en aquel momento me pareció la única opción posible en aquel momento, Señor.

— Podría haber llamado a una patrulla, agente- recordó él cejijunto.

— Con el debido respeto Señor- apretó sus dedos sobre los muslos mordiéndose la lengua- De haber hecho eso antes de intervenir la señorita Hale podría haber resultado herida gravemente y su agresor haberse dado a la huida.

— Esta vez- carraspeó- Lo voy a dejar pasar porque me han confirmado que realizó un excelente trabajo agente. Pero quisiera que entendiera que no somos héroes. Sé que iba acompañada- endureció el tono- Y sería un terrible error poner en el punto de mira a un civil- recalcó solemne.

— Mi amiga- reprimió sus deseos de gritarle- estuvo en todo momento protegida Señor. Además fue de inestimable ayuda atendiendo a la victima mientras desarmaba y detenía a su agresor- apuntilló cercana a salir de allí corriendo- ¿Puedo irme Señor?- preguntó retándole con la mirada.

— Todavía no- replicó el Teniente con seriedad.- Aún no he terminado.

La sangre de ella reverberó por todo su cuerpo movida por la rabia. La estaba poniendo entre la espada y la pared y cada segundo que pasaba estaba más segura que no iba a aguantar allí por mucho más tiempo. De pronto parpadeó sorprendida cuando el rostro de él se suavizó y estaba casi segura que eso que asomaban sus labios era una sonrisa sincera.

— Hizo un buen trabajo agente- reconoció él ante la mirada estupefacta de ella— Pero aún no está terminado agente- informó mientras se levantaba imponiéndose en su metro noventa de estatura.

— Perdone Señor- dudó sin saber bien que decir- Creí que tanto mi hermano el inspector Swan, cómo el Sargento McCarthy se habían hecho cargo de cerrar la investigación.

— La investigación la cerrarán McCarthy y usted- informó- El inspector Garrett Ross de la UVE ha pedido que colaboremos dado que creen que nuestro detenido es un sospechoso que llevan semanas intentando atrapar- dio la información justa- El Inspector Ross, llegará a las nueve. McCarthy y usted deben ir a tomar declaración a la víctima.

— De acuerdo, Señor- contestó marcial.

— Su compañero ha ido a buscar los resultados al laboratorio sobre el arma incautada anoche. Cuando regrese irán de inmediato a hablar con la Señorita Hale. Después se reunirán aquí con el inspector Ross y conmigo. ¿Entendido, Swan?- ella asintió perpleja- Retírese entonces.

Siguió con la mirada a su superior cuando el rodeó su mesa para dirigirse a la puerta y abrirla. Obligó a su cuerpo a moverse porque estaba paralizada en la silla impactada por el cauce que había tomado la conversación. Lejos de la reprimenda esperada estaba en aquel caso con la UVE y la BCI. Se incorporó dispuesta a salir para cambiarse y sólo entonces su estomago volvió a recordarle que estaba vacío.

Alcanzó el piso inferior y se desvió hacia la izquierda hacía la zona de vestuarios. Buscó la llave de su taquilla en el bolsillo de su pantalón y la deslizó dentro del ojo de la cerradura. Se tomó unos segundos para recuperarse. Aquello no era buena idea, se repitió a sí misma, pero tampoco podía tirar la toalla de aquella manera. Giró la llave y la puerta metálica se abrió. Rápidamente se puso el oscuro uniforme oficial y con manos trémulas se ajustó el cinturón con la equipación. Recogió la Glock de la cartuchera que llevaba la deslió a la altura de su cadera después de comprobar que estaba en orden.

No dejaba de impresionarla el impacto que el amigo de su hermano mayor, su jefe directo en aquel momento aún podía provocar en ella. A pesar del rencor arrinconado, de los años transcurridos. Cerró la puerta de su cabeza de un portazo y se dispuso a salir para afrontar aquello con seguridad y firmeza.

Emmett encontró a su compañera leyendo el informe que Jasper había redactado la noche antes delante de su mesa. Lo repasaba en apariencia interesada mientras daba pequeños bocaditos a un sándwich que parecía vegetal. Los de criminalística todavía no habían procesado el jodido cuchillo y eso iba a retrasarles bastante. Esperaba que al menos la Señorita Hale pudiera darles todos los detalles de lo sucedido y que no les pusiera trabas a la hora de tener que testificar ante un juez.

— ¿Estás preparada?- preguntó de manera amable el Sargento. Ella apartó la vista del informe para encontrarse con una sonrisa amable. Maguila Gorila sonriendo sí que era una novedad.

— Claro- afirmó rotunda- Estaba repasando el informe- señaló lo obvio- Y desayunando- se excuso ruborizada.

— Puedes terminar eso por el camino. La Señorita Hale vive a solo unas manzanas de aquí- revisó los datos en su libreta- No debería llevarnos demasiado tiempo.

Cogió la chaqueta del respaldo de la silla y se la puso rápidamente para después apurar el último trago de café antes de ponerse en marcha. Siguió a grandes zancadas a su compañero y se quedó un segundo paralizada cuando reconoció al tipo que estaba entrando en la comisaria en aquel momento. Lucía aspecto de tipo duro, pantalones oscuros y chaqueta de piel marrón. Llevaba las gafas de sol colocadas en el cuello de la camiseta caqui y mostraba una perfecta hilera de dientes blancos en una amplia sonrisa. Por supuesto contra las normas lucía el pelo más largo de lo habitual y su rostro afilado lo perfilaba una escasa barba desaliñada rozando el límite de lo prudente para su profesión.

— Ross- saludó Emmett cuando se cruzó en su camino. El interpelado tendió una mano firme al Sargento.

— McCarthy- devolvió el saludo— Agente- dirigió su cabeza a modo de saludo hacía una casi boquiabierta Bella. Él sonrió ampliamente al ver su reacción.

— Agente Swan, este es el Inspector Ross de la unidad de victimas especiales- presentó Emmett- Ella es la agente Swan, es la policía que cogió a tu hombre- Bella pareció percibir cierto orgullo en la voz del Sargento.

— No está nada mal para una novata ¿Eh?- Bella se ruborizó de inmediato. — Ya nos conocemos Emmett- aclaró carraspeando.

— Hice mi trabajo inspector- desquitó ella.

— Oh, ¿Qué te hace pensar que soy el estirado de Cullen?- preguntó en su oído ante un confundido Emmett.

— Dio unas cuantas charlas en la academia- aclaró Bella a Emmett- Sobre victimas especiales- añadió aún como la grana.

— Te sienta bien el uniforme Bella- halagó él- Enhorabuena.

— Gracias Garrett- asintió conforme con la cabeza.

— Me alegro de verte Ross, la UVE te trata bien- Emmett palmeó su brazo dando por zanjada la conversación- Vamos Swan, no tenemos toda la mañana.

Ella tuvo la oportunidad de echar un último vistazo sobre su hombro viendo desaparecer al hombre desgarbado que llamaba a la puerta de Edward. Sacudió la cabeza y evadió deliberadamente inquisitiva de su compañero que la escrutaba debatiéndose entre la perplejidad y la curiosidad.

— ¿Qué ha sido eso?- preguntó al final Emmett mientras entraban en el coche patrulla.

— ¿Eso?- enarcó las cejas- ¿Eso qué?- preguntó ajustándose el cinturón.

— ¿Bella, Garrett? ¿Perdona?- inquirió rompiendo las formas. Ella rompió en una carcajada.

— ¿Sabes una cosa?- preguntó entre risas. El parpadeó- Al final no vas a ser tan malo cómo creía.

— Me alegra ver que lo de Maguila Gorila es cariñoso- refunfuñó él, ella se sorprendió- Mira Swan, si eres amiga de Alice tienes que asumir que no tiene medias tintas y que no se modera en absoluto.

— Ayer, estaba herida. Os escuché hablar de mí- reconoció ella algo avergonzada- Tras la puerta.

— Mira Bella- frenó en el semáforo y se giró para enfrentarla a la cara. – Sé que no tiene que ser nada fácil estar en tu posición- reconoció él con seriedad- Pero tu padre va a cortarle las pelotas a Edward si te pasa algo, así que su postura tampoco es sencilla.

— El tuvo la oportunidad de evitar que acabara en la cuarenta y dos- replicó ella cruzándose de brazos.

— Exactamente las mismas que tú. Y lo sabes. ¿Conoces a alguien que sea capaz de decirle que no a tú padre? ¿De verdad?- insistió.

Ella esbozó una sonrisa tímida sabiendo que su compañero tenía razón, que ambos se habían vistos atrapados en la línea de fuego. Debían convivir para sobrevivir, ser capaces de formar parte del mismo equipo sin que cosas ajenas les desviaran de tal objetivo y ella era consciente que aquello era un imposible.