Siento que este capítulo sea más corto que el anterior, pero la inspiración se me fue en algunos momentos y para cuando me di cuenta el capítulo ya estaba acabado.

Espero que os guste.


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El inicio

Bull Run Mountains, Virginia

5 de febrero 2010

Carlisle maldijo a Aro en silencio. Habían perdido a dos de los seis poderes mientras que se estaban ocupando de los otros. Pero los recuperarían. Al fin y al cabo, Carlisle dudaba de que ellos quisieran aguantar a Aro, con todas sus normas y sus carcajadas escalofriantes. Y él iba a estar allí cuando eso ocurriera, preparado para darles un hogar y una enseñanza a aquellos dos chicos.

Había aprendido mucho de todos ellos, su aspecto físico, su personalidad, sus poderes, sus problemas familiares,… Lo sabía todo sobre aquellos seis chicos.

Isabella Marie Swan era una chica de 17 años, de pelo castaño y ojos color chocolate. Era una chica muy tímida pero era valiente, lo suficiente como para afrontar que su madre la hubiera echado de casa. Su poder era la invisibilidad, poder que tenía casi controlado. Era hija única, sus padres estaban a punto de separarse y sacaba muy buenas notas, sobre todo en literatura y en biología.

Edward Anthony Masen tenía 18 años, tenía el despeinado pelo de color cobrizo y sus ojos eran verdes como las esmeraldas. Era un poco mujeriego, algo rebelde y leal. Su poder era la "supervelocidad", aunque lo agotaba mucho usarlo. Sus padres sabían de su poder, pero estaban muertos; su padre había muerto cuando él tenía cinco años y su madre hacía dos. Era un chico listo, a pesar de que no estudiaba desde que su madre había fallecido.

Mary Alice Brandon, al igual que Isabella, tenía 17 años, y era una chica bajita de pelo negro alborotado y ojos verdes, aunque no tan verdes como los de Edward. Era una chica muy entusiasta, sensible y amante de la moda y, por lo tanto, de las compras. Su poder era el mimetismo, y al parecer lo tenía muy controlado. Era normal, pues llevaba usándolo desde que tenía ocho años. Sus padres estaban separados, ella vivía con su madre y tenía una hermana mayor que se llamaba Cynthia, y que había descubierto su poder el mismo día en el que James había convencido a Alice de que se fuera a Bull Run Mountains. Sacaba bastantes buenas notas, exceptuando las matemáticas.

Jasper Whitlock era un joven de 20 años rubio y de ojos azules como los zafiros. Era un chico bastante serio, con una gran empatía hacia casi todas las personas. Su poder era el de la compulsión, poder que no había utilizado muy adecuadamente, que digamos. Se había independizado en cuanto cumplió la mayoría de edad y tenía una hermana llamada Charlotte. Ella se había ido y lo había dejado a cargo de Bree, su hija. Era un chico listo, a pesar de que no utilizó su inteligencia para ir a la universidad.

Rosalie Lilian Hale era una muchacha de 18 años que cualquier hombre hubiera calificado como perfecta, con una melena rubia hasta la cintura y ojos celestes. Era una chica rebelde, algo vanidosa y egoísta. Cuando sólo tenía 14 años, su novio Royce y sus amigos la habían violado y así era como había averiguado su poder de rápida regeneración. Sus padres discutían constantemente y odiaba a sus dos hermanos. Tenía problemas con las notas, pero no porque no fuera lista, sino para llamar la atención de sus padres, que sólo se preocupaban por ella cuando hacía cosas malas.

Emmett McCarty era un joven de 20 años, de pelo oscuro y rizado y de ojos castaños. Era un chico muy divertido e infantil, pero también era muy sobreprotector. Su poder era que tenía muchísima más fuerza que un humano corriente. Cuatro años antes, cuando sólo tenía 16 años, y sin querer, mató a un hombre, por lo que se marchó de su casa. Tenía una hermana de cinco años y vivía con su padre después de que su madre hubiera muerto al nacer su hermana. No era muy bueno en clases, pues no prestaba mucha atención.

Estos dos últimos habían ido a parar al grupo de Aro. Aro Vulturi era una mala persona, tal y como lo era sus dos hijos gemelos, Alec y Jane. Su única intención con los niños con poderes era usarlos para su beneficio, utilizarlos como si fueran armas, armas con las que luchar en una guerra contra los Cullen que el propio Aro había inventado. Y no estaba solo. Estaban sus hermanos, Cayo y Marco, con sus hijos. La verdad, casi todos los jóvenes Vulturis tenían poderes, así como Aro y Marco. Aro tenía el poder de leer la mente de cualquier persona al tacto y Marco podía notar los lazos entre las personas. Cayo no tenía ningún poder, pero lo contrarrestaba con su mala leche.

Y luego estaban los hijos. Jane y Alec eran los más malvados. También llamados los gemelos diabólicos, aquellos hermanos escondían mucha maldad detrás de su aspecto de ángeles. Los dos rubios, aunque Alec de un tono más oscuro, y de ojos negros como el ébano, asustaban a cualquiera que conociera cómo eran de verdad. El don de Jane era provocar dolor en la gente con el pensamiento. Por mucho que fuera una ilusión, la víctima se sentía como si estuviera ardiendo por dentro. El don de Alec era paralizar los sentidos de sus víctimas. Aunque en un principio no pareciera muy peligroso, también era un chico muy calculador, frío y capaz de convencer al más bueno de que se pase al lado oscuro.

Los hijos de Marco eran Félix, Heidi y Chelsea. Félix, al igual que Emmett, tenía una fuerza sobrenatural, pero su genio podía con él, y hacía que atacara a mucha gente. El don de Heidi era parecido al de Jasper, pero era más parecido a la persuasión. No era capaz de decirle a alguien que hiciera algo, pero podía conseguir que lo que alguien hiciera lo hiciera tal y como ella quería. El poder de Chelsea era parecido al de Marco, pero ella, aparte de sentir los lazos era capaz de cambiarlos.

Los hijos de Cayo eran Afton (que era novio de Chelsea), Corin, Demetri y Renata. El don de Afton era el de copiar los dones de cualquier persona por el tacto, por lo que sabía utilizar correctamente los dones de todos los miembros de los Vulturis. El don de Corin era la teletransportación. Cuando quería ir a un lugar, simplemente pensaba en ello y desaparecía del lugar en el que estaba para aparecer al segundo donde ella quería ir. El don de Demetri era el rastreo. Después de haber visto a una persona, era capaz de encontrarla en cualquier parte del mundo. Por último, el don de Renata era el escudo físico. Si alguien intentaba atacarle, el ataque se desviaba siempre que ella quería.

En definitiva, eran todos muy peligrosos. Y encima tenían "amigos" por todo el mundo que, en caso de que hubiera problemas, estarían dispuestos a morir por ellos. Todo obra de Heidi, por supuesto.

Pero por ahora de lo que tenía que ocuparse era de sus chicos. Iban a empezar a "estudiar" allí la semana siguiente. Tendrían clases normales (exceptuando a Jasper), tendrían clases sobre controlar sus poderes y Jasper también tendría que cuidar de Bree. Aunque ellos pudieran cuidarla, él era su tío, y él mismo le había dicho a Victoria que quería hacerse cargo del bebé.

En unos pocos minutos los cuatro entrarían en aquel despacho y él les tendría que explicar el funcionamiento de aquel lugar, presentarles a la gente que trabajaba allí, hacer que se conocieran entre ellos,… En un minuto, se corrigió Carlisle cuando escuchó cinco pares de pies caminando por el largo pasillo que llevaba a su despacho. Cerró el cuaderno donde había apuntado la información de sus nuevos alumnos y lo guardó en el cajón de su escritorio y esperó a que su esposa llamara. Cuando llamó, él pronunció un simple "pasen" y la puerta se abrió.

Le dio una sonrisa a Esme y asintió con la cabeza hacia Edward. Él le contestó de igual manera. Luego se giró hacia los otros tres chicos. Era capaz de distinguir a cada uno. Habría sido capaz de hacerlo incluso si no tuviera sus fotos. Les dirigió una cálida sonrisa antes de dirigirse a ellos.

- Buenos días, Alice, Isabella, Edward, Jasper. Mi nombre es Carlisle. Soy el director de este instituto para gente con poderes como los vuestros. ¿Os habéis presentado?-preguntó Carlisle. Los cuatro asintieron-. Bien. Tengo que deciros que Alice, Isabella y Edward vais a tener clases normales, como matemáticas, literatura, historia,… Por otro lado, tendréis clases para controlar vuestros poderes, que serán individuales. Las habitaciones son triples así que, podéis organizaros como queráis siempre que no arméis jaleo. También, como hay muchas habitaciones libres, podéis dormir solos.

- Yo no quiero dormir sola-dijo Alice enseguida-. ¿Te vienes conmigo, Isabella?

- Claro, pero llámame sólo Bella. Eso va para todos, por favor.

- A mí me da igual dónde dormir-dijo Edward.

- ¿Y Bree?-preguntó Jasper.

- Si quieres dormirá contigo, sino podemos dejarla en una habitación próxima a la tuya-contestó Esme.

- ¿Quién es Bree?-preguntó Edward.

- Mi sobrina. Mi hermana me ha dejado a cargo suya para que su novio, que por cierto, es mi mejor amigo, no se entere.

- Guay-contestó Edward asombrado-. ¿Vas a querer que durmamos en la misma habitación o no?

- Yo no voy a dejar a Bree sola. Si no te importa dormir con el bebé.

- No me importa, siempre que no tenga que cambiar pañales.

- Nunca torturaría a alguien así-dijo Jasper sonriendo.

- Entonces podemos compartir habitación.

- Bien-dijo Carlisle-. Os voy a dar un horario orientativo. No es estricto, es más bien para saber las distintas clases que tendréis. Ahora Kate y Garrett os llevarán hasta vuestras habitaciones y en este fin de semana vais a intentar no usar vuestros poderes, ¿vale?

- ¿Por qué?-preguntó Jasper. Según lo que Carlisle tenía entendido, él era el que más utilizaba sus poderes.

- Este no es un edificio normal, Jasper. Te debilitará aunque nunca lo haya hecho. Créeme, es mejor que no los uséis mucho por ahora. A no ser que sea estrictamente necesario.

Llamaron a la puerta. Aunque Carlisle no dio permiso, Kate y Garrett entraron. Katherine Denali era una chica de 24 años, con el pelo rubio platino y de ojos verdes. Llevaba en aquella casa diez años, desde que descubrió que daba descargas eléctricas a las personas a las que tocaba. El padre de Carlisle le había enseñado a controlar su poder y ahora podía tocar a todo el mundo sin miedo a poder hacerles daño. Garrett Smith tenía 25 años, y llevaba nueve ayudando a los Cullen y siendo ayudado por ellos. Su poder era la dureza, ya le podían disparar que la bala rebotaría.

Después de que Carlisle les diera algunas indicaciones y de que les diera los horarios a Alice, a Bella, a Edward y a Jasper, Garrett llevó a las chicas a su habitación y Kate llevó a los chicos, primero a buscar a Bree y luego a la que sería su habitación. Cuando ellos se fueron, Esme se giró hacia Carlisle.

- Me alegro tanto de que por fin haya más chicos con poderes-susurró, casi inaudiblemente.

- Yo también-aceptó Carlisle-, pero no puedo evitar pensar en los otros dos chicos. La vida de Rosalie y de Emmett no va a ser fácil con los Vulturis.

- La vida de nadie es fácil con los Vulturis.

- Eso es verdad.

Cuando Garrett llevó a las chicas a su habitación, las dos maletas y la mochila de Bella y las ocho maletas de Alice ya estaban en la puerta. Entre los tres las metieron dentro de la habitación, después Garrett les dijo lo que tenían que hacer si querían hablar con Carlisle, con él o con los chicos, y por último les dijo que mañana les haría una visita guiada por todo el edificio. Luego se marchó.

Al principio las chicas estuvieron en silencio. Luego, Alice se giró hacia Bella y le dijo

- ¿Quieres saber mi historia? Yo sí quiero saber la tuya.

- Claro.

- Pues yo, hace nueve años, cuando hacía mucho calor, pensé en que quería convertirme en serpiente, por eso de que regulan su temperatura corporal, y me convertí en serpiente. Me asusté mucho.

- No me extraña. Yo… Me di cuenta un día que era mi cumpleaños. Yo no quería celebrarlo, y me dije que desearía ser invisible. Resultó que mi deseo se hizo realidad.

- Me gusta tu poder. ¿Por qué no querías celebrar tu cumpleaños?

- Mis padres llevan a punto de separarse varios años. Creo que no lo hacen por mí. No quería verlos intentando simular que son una parejita feliz.

- Mis padres están separados desde que yo tenía diez años, sé como debes sentirte. ¿Tienes hermanos o hermanas?

- No. ¿Y tú?

- Sí, tengo una hermana mayor que se llama Cynthia.

- Bueno, vamos a deshacer las maletas y a organizarnos bien, ¿te parece?

- Claro.

Las dos chicas repartieron las camas y ordenaron sus cosas. Como Bella terminó mucho más rápido porque tenía muchas menos cosas, luego ayudó a Alice a guardar sus cosas. Cuando terminaron de arreglar todo, Alice le contó a Bella como había conocido a Garrett y como la había convencido de irse con él. Cuando terminó, y aunque no le preguntó, Bella supo que le tocaba hablar sobre cómo había acabado allí. Y no supo por qué, pero aquella chica le inspiraba confianza, por lo que le contó como su madre la había visto aparecer y desaparecer mientras que ella dormía y como la había echado de casa, y como Esme la había encontrado sentada en un banco llorando.

Cuando terminó de hablar, Alice no le dijo ni le preguntó nada, simplemente le dio un abrazo, dejando que Bella llorase. Cuando Bella se hubo desahogado y se separó de Alice, le dio las gracias y se fue al baño un momento.

Kate había llevado a los chicos a una habitación muy grande, y les había dado un par de indicaciones sobre a dónde ir si necesitaban ayuda. También les había dicho que la habitación de las chicas estaba en el pasillo de enfrente. Luego se había ido.

Ellos habían guardado todas sus cosas en los enormes armarios que había en la habitación y luego se sentaron cada uno en una cama. Jasper estuvo leyendo un libro y Edward estuvo simplemente pensando. Llegado un momento, Bree se puso a llorar, sobresaltando a los dos chicos. Jasper la cogió en brazos

- Tu sobrina es guapa-dijo Edward cuando se acercó a mirar a la niña.

- Sí que lo es-contestó Jasper-. Se parece mucho a su madre, exceptuando los ojos. Son verdes, y los de Charlotte son azules, como los míos.

- Ah, claro-dijo Edward.

Puede que le sonara aquella mujer. Y los ojos del bebé… Edward dejó a un lado esos pensamientos. Era imposible. Él siempre tenía cuidado.

Volterra, Italia

2 de febrero 2010

Rosalie se sentó en la enorme cama que había en su habitación. Hacía apenas cinco minutos que había llegado a aquella casa. A aquel castillo, se autocorrigió Rosalie. En el momento en el que llegaron, Alec la había llevado a aquella habitación, para que descansara un par de minutos antes de que se presentaran ante el padre de Alec, Aro. En cuanto entró en la habitación, se quedó alucinada.

La habitación era enorme, mucho más grande que la suya en Rochester. En el centro de la habitación había una enorme cama de matrimonio, con suaves sabanas de seda y un edredón muy elegante. Había dos grandes armarios en los que guardar la ropa, al igual que el arcón frente a la cama. También había un escritorio con un portátil y varios estantes.

Rosalie se echó hacia atrás en la cama, y Alec se recostó a su lado. Estuvieron unos minutos en silencio, hasta que Rosalie dijo:

- ¿Era por esto?

- ¿El qué era por esto?

- ¿Te acostaste conmigo para traerme aquí?

- No. Me gustas de verdad, Rose. Igual no como para ser novios o… yo que sé para qué, pero sí para ser "amigos especiales"-contestó el chico marcando las comillas en el aire.

- Bueno, vámonos. Creo que ya estoy preparada-dijo Rosalie segundos después levantándose de la cama. Alec le siguió.

- No te asustes cuando hables con mi padre, puede ser un tanto escalofriante, sobre todo sus risas. Pero no lo hace a propósito, él es simplemente así.

Los dos salieron de la habitación y se dirigieron a la sala principal. Rosalie, conforme avanzaban, se convenció de que aunque viviera durante toda su vida en aquel lugar sería incapaz de aprenderse siquiera el camino que tenía que seguir para llegar a la sala principal. Y así se lo dijo a Alec. Él se rió y le dijo que con el tiempo terminabas acostumbrándote. Cuando llegaron a la puerta, Alec le dijo a Rosalie que tenían que esperar a que llegaran Emmett y Jane.

Rosalie los había conocido en el avión. Emmett era un chico muy divertido, muy alto y musculoso. Y parecía aun más grande con la pequeña Jane a su lado. Jane era la hermana gemela de Alec. A Rosalie no le caía nada bien. Lo único que le inspiraba aquella chica era desconfianza. A Rosalie le daba la impresión de que esa expresión dulce era simplemente una máscara. Y no se equivocaba.

Por mucho que Alec y Rosalie se llevaran genial, Emmett y Jane no sentían lo mismo el uno por el otro. Llevaban peleándose desde el mismo momento en el que Jane se había levantado de aquel sillón en la casa de Laurent y Emmett había visto su altura de apenas 1,55 metros. Jane, aunque pensara que aquel gigante hombre no tenía fallos, encontró en su altura y en su masa muscular alguna que otra escusa para meterse con la chica.

Cuando Jane lo había llevado a su habitación, apenas le había dejado tiempo para ver la habitación cuando, y aunque Emmett no comprendiera de dónde sacaba aquella chica tanta fuerza, se lo llevó arrastras hasta la sala principal. Cuando llegaron a la puerta, Alec cogía a Rosalie por la cintura y ella tenía su cabeza apoyada en el hombro del chico. Emmett, sin saber por qué, sintió ganas de darle un par de golpes a aquel chico, pero desvió su atención de la pareja volviendo a meterse con Jane.

Alec, ignorando por completo a su hermana y a Emmett, llamó a la puerta de la sala principal, y en el momento en el que se escuchó un "adelante" por parte de Aro, tanto Jane como Emmett se callaron y los cuatro entraron en la enorme sala totalmente hecha de mármol. Era una sala bastante desaprovechada, se dijo Emmett cuando vio que sólo había tres asientos, o tronos, que era lo que parecían. En cada uno de los tronos había un hombre.

Alec se acercó a ellos y saludó.

- Papá, tíos. Ellos son Rosalie y Emmett, los nuevos chicos con poderes.

- Genial que por fin hayamos encontrado a alguien a quien enseñar a dominar su poder-dijo el hombre del medio con voz fantasmal-. Yo soy Aro. Estos son mis hermanos, Cayo-dijo Aro señalando al hombre rubio que estaba a su izquierda- y Marco-terminó señalando al hombre que estaba sentado a su derecha.

- ¿Cuáles son vuestros poderes?-preguntó Cayo sin molestarse en saludar-. No me lo digáis. Prefiero que me lo mostréis.

- Pueden mostrártelo los dos a la vez-dijo Jane con una sonrisa malvada-. Gigantón, pega a la rubia de bote.

- Soy rubia natural, enana-contestó Rosalie mordazmente. Luego se giró hacia Emmett-. Pégame.

- No. No quiero hacerte daño-contestó Emmett.

- Pégame, Emmett. Si no lo haces te pegaré yo un rodillazo donde yo me sé.

Emmett le dio un puñetazo a Rosalie lo más suave que pudo, y aún así la chica se cayó al suelo. En el momento en el que Emmett escuchó los huesos de Rosalie romperse, se agachó a su lado.

- ¿Me haces un favor?-preguntó Rosalie.

- Lo que sea.

- Recolócame los huesos.

- ¿¡Qué!-gritó Emmett. Rosalie asintió con la cabeza. Emmett, aunque no supo cómo, le recolocó los huesos a la chica. Pocos minutos después, los dos estaban otra vez de pie y perfectamente bien, aunque parecía que Emmett acababa de ver a un fantasma.

- Magnífico-dijo Aro. Ni Rosalie ni Emmett supieron por qué, pero la sonrisa de aquel hombre les dio escalofríos.


¿Qué os ha parecido? Por cierto, que nadie se enfade por lo de la altura de Jane, yo mido 1,55 también. Nos vemos en el siguiente capítulo.

Besos