A ver qué os parece este nuevo capítulo. Si os soy sincera, a mí me ha parecido el mejor que he escrito.
Que lo disfrutéis
3
El comienzo de las clases
Bull Run Mountains, Virginia
6 de febrero 2010
A la mañana siguiente de llegar a aquel lugar, Alice y Bella se levantaron bastante temprano. Se prepararon y salieron de la habitación, intentando recordar el camino hasta el comedor, donde se suponía que desayunarían. Les costó encontrar el camino, pues aquel edificio era muy grande y estaba lleno de pasillos llenos de puertas cerradas, la mayoría con llave. Cuando llegaron hasta las escaleras, se encontraron con Edward y con Jasper, a los que también se les había hecho complicado encontrar el camino correcto hasta las escaleras. Jasper llevaba en brazos a un bebé rubio y de ojos verdes, que apenas tendría un mes.
Alice enseguida se acercó al bebé. Siempre le habían gustado los niños y, aunque ella cuando era pequeña había intentado convencer a sus padres de que tuvieran otro hijo, ellos se terminaron separando. Alice y Jasper empezaron a descender las escaleras parloteando, dejando solos a Edward y a Bella. Ellos dos también bajaron las escaleras, mientras que hablaban sobre como descubrieron sus poderes.
En el vestíbulo se encontraron con Garrett, que los acompañó hasta el comedor, donde ya estaban Carlisle, Esme, Kate y una mujer que ellos no conocían. Era una mujer de pelo y ojos negros, muy hermosa. Pero los chicos se sorprendieron mucho al ver que ella no estaba desayunando con las manos. La comida volaba desde el plato y llegaba hasta su boca. Alice, Bella y Edward se quedaron boquiabiertos, pero Jasper dijo enfadado:
- Dijiste que no utilizáramos nuestros poderes. ¿Por qué ella puede y nosotros no?
- Porque si no utilizara mis poderes, dudo ser capaz de comer algo-contestó la mujer levantando los brazos. No tenía manos-. Soy Carmen. Encantada de conoceros.
- Yo soy Alice. Estos son Bella, Edward y Jasper-los presentó Alice contenta.
- Carmen será la responsable de enseñaros a utilizar vuestros poderes sin agotaros tanto como ahora-dijo Carlisle.
- Yo no me agoto-replicó Jasper.
- Tranquilízate un poco, Jasper-dijo Carmen levantándose y acercándose al chico-. Sé que utilizas demasiado tu poder. Y sé que aunque no quieras aceptarlo, te cansa. Puede que no te canses tanto como Edward, pero entiéndelo, tu poder en comparación con el suyo es una chorrada.
Jasper se ruborizó. Aquella mujer había conseguido dejarlo por los suelos delante de los otros chicos. Pero a ellos no pareció importarles. Seguían igual que antes, mirando boquiabiertos como Carmen volvía a la mesa y su comida volaba desde los platos hasta su boca. Cuando se recuperaron, se sentaron y empezaron a desayunar también. Llevaban bastante tiempo sin comer, pues ayer no habían cenado. Estaban demasiado cansados por el viaje como para preocuparse en comer. Cuando terminaron de comer, Carlisle les explicó cómo funcionarían las clases.
- Cada día, exceptuando los fines de semana, por supuesto, tendréis tres tipos de clases. Tendréis cuatro clases de distintas asignaturas, conmigo o con Esme, una clase sobre controlar vuestros poderes con Carmen y la práctica con Kate y con Garrett. En total son seis horas, sin incluir los dos descansos, uno de diez minutos y el otro de veinte. Tendréis cuatro clases por la mañana, con el descanso de veinte minutos de por medio, y dos clases por la tarde, con el descanso de diez minutos de por medio. El desayuno es a las ocho y cuarto, la comida es a la una y media, y la cena es a las siete y media. Los fines de semana sois libres de hacer lo que queráis, sin salir de aquí, obviamente. Por lo menos por ahora. Jasper, tu sólo tendrás dos clases, pero si quieres puedes estudiar lo que quieras en la biblioteca. Si te aburres, también puedes participar en las clases. ¿Ha quedado todo claro?
- Sí-contestaron los cuatro casi coordinados.
- Perfecto, que disfrutéis del fin de semana.
Volterra, Italia
3 de febrero 2010
Al día siguiente de llegar a Volterra, Rosalie se levantó con un dolor de espalda que casi le impedía moverse, pero se sobrepuso y se fue al baño nada más levantarse. Se dio una larga ducha intentando que ayudara a su dolor de espalda, pero apenas fue capaz de relajarse un poco. Cuando salió del baño, Alec estaba sentado en su cama, y había dejado en su cama una bandeja con el desayuno para los dos.
- Supuse que no querrías salir de tu habitación tan temprano y… -añadió buscando algo-, también supuse que te dolería la espalda-terminó cuando encontró lo que buscaba. Era un frasco de aceite para masajes.
- Supusiste bien-dijo ella con una sonrisa.
- Te recomendaría que desayunaras primero. Se te va a enfriar el café.
- De acuerdo.
Los dos se sentaron en la cama de ella y disfrutaron de un muy buen desayuno, compuesto por café, zumo de naranja natural, tostadas con mantequilla y/o mermelada, un croissant y unas galletas. Rosalie nunca había desayunado tanto y tan bien como aquella mañana, pues sus padres hacía años que no preparaban un desayuno o desayunaban juntos, por lo que Rosalie siempre tenía que hacer el desayuno tanto para ella como para sus hermanos.
Cuando terminaron de desayunar, Alec le dio un masaje a Rosalie en la espalda. Rosalie no recordaba que alguna vez le hubieran dado un masaje tan relajante, y eso que su madre le había pagado los mejores masajistas de todo New York. Las manos de Alec eran muy hábiles para dar masajes. Y así se lo dijo ella.
- Tuve que aprender cuando mi hermana tuvo una lesión hace un par de años. Tenía la espalda fatal por una caída por las escaleras. Aunque en realidad fue culpa suya.
- ¿Qué ocurrió?
- Mi hermana, como de costumbre, estaba discutiendo con Felix, que por cierto, no entiendo que tiene en contra de la gente tan grande, cuando llegaron hasta las escaleras. Mi hermana pensó en hacer una de sus salidas con dignidad, por lo que se dio la vuelta y empezó a andar, pero no llegó a tocar el suelo. Ya habían llegado a las escaleras. Felix intentó agarrarla para que no cayera, pero mi hermana es tan tonta que se soltó.
- ¿Se dejó caer por las escaleras sólo para que no fuera él el que la salvara?
- ¿Acaso no te dejaste tú caer desde un decimotercer piso para no enfrentarte a tus padres? Mi hermana es muy orgullosa, y la única persona a la que le permite que le ayude es a mí.
- Pero no es lo mismo. Yo sabía que minutos después estaría perfectamente bien.
- Algún día lo comprenderás, Rose.
- A todo esto, ¿quién es Felix?
- Es nuestro primo. El hijo de Marco. El que viste el otro día en el vestíbulo.
- ¿El grandullón?-preguntó Rose. Alec asintió-. Pues no se parece en nada a él.
- Yo siempre me he preguntado porque los hijos de Marco son tan diferentes a él, pero nadie ha querido contestarme nunca, así que no te molestes en preguntar. ¿Vamos a buscar a mi hermana y a Emmett?-preguntó Alec levantándose de la cama de Rosalie
- Claro. Pero tendré que vestirme, digo yo.
- Es verdad-dijo volviendo a sentarse en la cama y mirando a Rose. Ella sólo sonrió.
.
Jane tuvo que ir a despertar a Emmett aquella mañana. La verdad es que no le apetecía para nada al chico, pero tenía que hacerlo. Su padre se lo había ordenado, y ella era completamente leal hacia su padre. Sería incapaz de decirle que no alguna vez.
Pensó en llamar a la puerta, pero luego decidió que prefería no mostrar ninguna cortesía con Emmett, por lo que abrió la puerta de su habitación. Emmett estaba dormido, casi desnudo a excepción de los pantalones cortos de deporte. Y Jane no pudo evitar que su mirada se desplazara por los músculos de su cuerpo. Cuando por fin se recuperó y desplazó su mirada hasta la cara del chico, él la miraba con una sonrisa burlona. Ella se sonrojó.
- Es de muy mala educación quedarse mirando a la gente fijamente, ¿sabes?
- Lo sé. Pero no comprendo que tienen la mayoría de los hombres en contra de usar pijama.
- Sí, seguro que estabas pensando en eso. Y por eso babeabas.
- Yo no babeo, idiota. Y levántate si no quieres que te torture. Vístete y sal de la habitación. Hoy tenemos muchas cosas que hacer.
Jane salió de la habitación, sonrojada, enfadada y sobre todo, humillada. Pero ya se las pagaría. Emmett McCarty no la conocía. Ella siempre se vengaba. Y sino, que se lo pregunten a Felix. Él sufrió varias veces en sus propias carnes lo que era que Jane quisiera vengarse de él.
Jane escuchó pasos acercándose hasta donde estaba ella, por lo que recompuso su cara de enfado y, segundos después, su expresión era completamente fría. Aunque hervía de ira por dentro. Cuando Alec y Rosalie llegaron hasta la puerta de la habitación de Emmett, ella ya estaba casi calmada, pero aún así, Alec notó algo raro en su hermana. Soltó la mano de Rosalie y se acercó a darle un beso en la mejilla, pero ella se apartó, confirmando sus sospechas. Alec volvió a donde estaba Rosalie, prometiéndose hablar con su hermana cuando estuvieran solos.
Los tres esperaron en silencio hasta que Emmett salió de su habitación. Este pareció sorprendido de ver a los tres esperándole. Después de que Rosalie, Emmett y Alec se saludaran, los cuatro fueron a la sala principal en un completo silencio. En la sala estaban Aro, Cayo, Marco y una mujer y un hombre que Rosalie y Emmett no conocían. Aro tomó la palabra.
- Buenos días, hijos, Rosalie, Emmett. ¿Qué tal habéis dormido?
- Muy bien-contestó Emmett.
- ¿Os agrada la decoración de vuestras habitaciones? Si no os gusta, puedo cambiarla. No creo que me vaya a costar mucho.
- Está genial, Aro-dijo Rosalie-. Muchas gracias.
- De nada, Rosalie. Bien, permitidme que os presente a mi esposa, Sulpicia, y a mi sobrino e hijo de Marco, Felix. Ellos van a ser los encargados de daros clase. Felix se encargará de los estudios "sobrenaturales"-dijo Aro marcando las comillas en el aire-, y Sulpicia de los estudios mundanos. ¿Alguna pregunta?
- ¿Daremos las clases juntos o por separado?
- Juntos. Un entrenamiento entre entrenador y alumno puede ser divertido, pero una clase de matemáticas, o de lengua,… Imposible.
- De acuerdo. ¿Cuándo empezamos?
- Tendréis clases entre semana. Los fines de semana seréis libres de hacer lo que queráis. Pero eso sí, no salgáis de la ciudad. No solos. No hay un horario fijo, ya que por mucho que queramos dedicarnos a vuestra educación por completo, también tenemos otras muchas cosas que hacer, por lo que eso tendréis que hablarlo con Sulpicia y con Felix. ¿Alguna pregunta más?-preguntó Aro. Tanto Rosalie como Emmett negaron con la cabeza-. Perfecto. Por cierto, antes de que me olvide. Entre semana sois libres de hacer lo que queráis con respecto a la comida, pero los sábados y domingos os quiero en el comedor a las ocho. Si es posible, con vestimenta formal. Hasta luego, chicos.
Estaba claro que Aro había dado por finalizada la conversación, por lo que todos, incluyendo a Sulpicia y a Felix, salieron de la habitación. Los únicos que se quedaron fueron Aro, Cayo y Marco. En el vestíbulo, Sulpicia hizo que Rosalie y Emmett se sentaran en unos cómodos sillones que parecían sacados de otra época. Alec se sentó al lado de Rosalie, pero Jane se quedó de pie, con la espalda apoyada en la pared. Felix estaba a su lado.
Sulpicia estuvo unos cuantos minutos mirándolos a los ojos, con los ojos entrecerrados y el ceño fruncido. Cuando se alejó de ellos, estuvo unos minutos más pensativa, dando vueltas alrededor de aquella sala. Al fin, se sentó en un escritorio que había frente a los chicos y empezó a escribir algo en el ordenador. Emmett y Rosalie se miraron extrañados, pero ninguno supo qué decir, por lo que Rosalie se giró hacia Alec, pero él no parecía hacerle caso, pues tenía la vista fija en la pared en la que estaban apoyados Jane y Felix. Rosalie también se giró hacia ellos.
Se miraban, fijamente, como si estuvieran en algún otro lugar en el que ni Rosalie, ni Emmett, ni Alec ni Sulpicia existieran. Parecía que estaban hablando, pero sin palabras, simplemente con la mirada. Tanto Emmett como Rosalie sabían cuando ocurrían ese tipo de cosas. Los dos las habían visto. Rosalie había visto a sus abuelos mirándose fijamente a los ojos mientras que sus padres peleaban. Y Emmett lo había visto en sus padres. Era de las pocas cosas que fue incapaz de olvidar cuando su madre murió. Esas conversaciones sin palabras se tenían cuando había una gran compenetración entre dos personas, cuando los lazos que los unían eran tan intensos que las palabras eran un recurso que no se necesitaba. Cuando se estaba enamorado, por ejemplo.
Pero eso era imposible, se dijo Rosalie, a la vez que sacudía la cabeza para apartar esos pensamientos de su cabeza. Primero, porque Aro no parecía muy moderno, y lo mismo se podía decir para sus hermanos, y no creo siquiera que hubieran permitido que Jane y Felix, que eran primos, se relacionaran de una manera que no fuera puramente familiar. Y segundo, porque, según Alec, ellos dos se odiaban. Aunque, eso no era una razón muy sólida que digamos. Las discusiones eran una de las técnicas más habituales para atraer la atención de alguien a quien amas.
- Listo-dijo entonces Sulpicia, interrumpiendo los pensamientos de Rosalie, y los de Emmett, y los de Alec. Pero no interrumpió a Jane y a Felix. Ellos seguían en su mundo-. Ya sé cómo lo vamos a hacer. Felix suele tener casi todas las mañanas libres y, en cambio, yo suelo estar libre por las tardes. Las clases no tienen horario fijo pero, así por lo menos puedes saber cuándo ponerte tacones, Rosalie.
- Guay-dijo Emmett-. ¿Y vamos a empezar hoy?
- No, el lunes. He pensado que Jane y Alec podían hacer de guías turísticas hoy, así que estos días podréis conocer un poco la ciudad-explicó Sulpicia. En cuanto Jane, en un espacio recóndito de su mente, relacionó su nombre con guía turística, se apartó del embrujo al que estaba sometida.
- Yo no voy a enseñarle mi ciudad ni al gigante ni a la rubia de bote-dijo enfadada. Felix la agarró del brazo, ya que parecía querer matar a cualquiera de los dos recién llegados, pero ella se soltó-. Y tú suéltame, idiota. No me vuelvas a tocar en la vida.
Jane se fue escaleras arriba en cuanto terminó de hablar. Todos se miraron confusos entre ellos por la reacción de la chica, sin saber qué podría haberla cabreado tanto, pero prefirieron simular que no había ocurrido nada. Aún así, Felix murmuró:
- Será el síndrome pre-menstrual.
- Cállate, Felix-dijo Alec-. Y no te preocupes, Sulpicia, a mí no me importa ser su guía.
- Gracias, Alec-contestó ella con una sonrisa. Ni a Rosalie ni a Emmett les había pasado desapercibido el hecho de que Alec no había llamado mamá a Sulpicia.
Sulpicia volvió a entrar en la sala principal y Felix se fue escaleras arriba, dejando a Rosalie, a Emmett y a Alec. Este último dijo:
- Subid a vuestras habitaciones a coger algún abrigo, ¿vale? Yo tengo que hablar un momento con mi padre.
Alec entró en la sala principal y Emmett y Rosalie empezaron a caminar hacia las escaleras sin saber qué hacer o qué decir. Al final, Emmett preguntó:
- ¿Y cómo descubriste tu poder?
- No me gusta hablar de ello-contestó ella. Emmett supo que sería mejor que no preguntara sólo con mirarla a los ojos-. ¿Y tú?
- Tampoco me gusta hablar de ello. Vale, no hablemos de eso. ¿Cómo te convenció Alec de traerte aquí?
- Lo conocí en una fiesta. Y bueno… eso. Al día siguiente me contó que él también tenía un poder y me preguntó si quería aprender a usarlo adecuadamente. Le dije que sí.
- Sí, seguro que fue por eso que decidiste venir-dijo Emmett con una sonrisa burlona. Rosalie le pegó en el brazo.
- ¿Y tú?
- Un tío me había quitado algo. Cuando lo recuperé, escuché a alguien, y resultó ser Jane. Al principio no tuve nada en contra de ella, pero es una víbora.
- Sí, a mí también me cae fatal. ¿No parece el ser más malvado del mundo?
- Sí, la verdad es que sí.
Cada uno se fue a su habitación a coger sus abrigos, sin ser capaces de escuchar la conversación que se desarrollaba en la sala principal.
.
Cuando Alec entró en la sala principal, al principio no consiguió atraer la atención ni de sus padres ni de sus tíos, pero enseguida todos se giraron hacia él, esperando a que Alec hablara, sin preguntar nada. Ellos siempre hacían eso. Y a Alec siempre le daban escalofríos.
- ¿Por qué estás haciendo esto, papá? ¿Qué tienen ellos para que los quisieras antes que a los otros?
- Nada. Pero me parecen más fuertes tanto física como mentalmente, así que decidí que los primeros son ellos.
- ¿Y por qué vas a pelear contra Carlisle? Él no te ha hecho nada.
- Él no. Pero su padre sí. Y tú ya deberías saberlo.
- Lo sé, pero Carlisle no es su padre. Matthew Cullen está muerto. Y su hijo no tiene la culpa de lo que pasó en el pasado.
- ¿Es que no piensas en tu hermana?
- Claro que pienso en ella, papá. Pero no creo que Carlisle tenga que pagar por ello, si te soy sincero.
- Fuera de aquí, Alec. Vete.
Alec salió de la sala y cogió un abrigo para él también. Cuando volvió al vestíbulo Rosalie y Emmett ya lo estaban esperando, así que los tres salieron a conocer la ciudad.
Bull Run Mountains
8 de febrero 2010
- ¡Vamos, Bella, levántate! Tenemos que prepararnos para ir a clase. ¡Es el primer día!
- Ya voy, Alice. Espera un minuto. En un minuto estoy en pie.
- Bien. Me voy a la ducha.
Bella se levantó y, al mirar la hora en el reloj, casi le da un infarto.
- ¿¡Se puede saber para qué me levantas a las cinco de la mañana cuando no tenemos clase hasta las nueve, Alice!
- Hay que prepararse para las clases-contestó Alice tranquila desde la ducha.
- Estás loca-dijo Bella, pero supo que ya no podría volver a dormirse, por lo que fue a ver la ropa que había elegido Alice.
Era así cada mañana. Alice se levantaba temprano y dejaba encima de la cama de Bella la ropa que debía llevar y encima de la suya la ropa que ella se pondría. Luego levantaba a Bella y se iba a la ducha.
En cuanto Alice salió de la ducha, fue Bella la que entró a ducharse y, cuando salió, se vistió. Alice ya la esperaba para maquillarla y peinarla. En cuanto terminó, fue directa a la puerta.
- Voy a ver a Bree.
- No mientas, Alice. Vas a ver a Jasper.
- ¿Y tú? ¿Vienes a ver a Ed… digo, a Bree?
- Sí, quiero ver la cara que ponen cuando los despiertes.
- Sí, seguro que es eso.
Salieron de su habitación y fueron a la de los chicos. Entraron sin hacer ruido. Alice se dirigió a la cama de Jasper y Bella susurró un "lo que yo decía". Bella iba a acercarse a la cuna de Bree cuando notó que alguien la observaba. Alice le dijo: "No están en sus camas". Ellas no sabían qué hacer. Cuando unos brazos rodearon las cinturas de las dos, gritaron, sincronizadas. Al segundo se encendió la luz, y las chicas dejaron de estar asustadas para enfadarse.
Jasper cogió a Alice en brazos y la dejó caer en la cama. Edward hizo lo mismo con Bella. Bella se levantó enfadada y salió de la habitación, pero se quedó esperando en el pasillo a que Alice saliera. Alice les sacó la ropa que se tendrían que poner, les pegó a los dos y luego salió de la habitación, también enfadada. Las dos fueron a su habitación. A las ocho y cuarto fueron a desayunar y, en cuanto los chicos llegaron y se sentaron, ellas se levantaron y salieron del comedor, dejando a Esme, Carlisle y Carmen bastante confusos.
- ¿Qué les habéis hecho?-preguntó Carlisle.
- Una pequeña bromita. Pero ellas no han sabido aceptarlo.
- Bueno, yo me voy, tengo que preparar una clase-dijo Esme-. Que disfrutéis del desayuno, chicos.
- Gracias, Esme.
A la hora de que empezaran las clases, Bella, Alice y Edward ya estaban en la clase en la que tendrían la primera clase, geografía, con Esme. Ella llegó segundos después, con unos libros de texto que parecían nuevos. La clase pasó sin incidentes, y luego llegó la segunda clase, con Carmen.
Los cuatro siguieron a Carmen fuera del enorme edificio y fueron hasta una pequeña plaza que estaba en el jardín. Las vistas eran magníficas. Toda una extensión de los montes verdes, con algunos ríos y cascadas que lo hacían un paisaje hermoso. Los cuatro se sentaron y Carmen los fue llamando de uno en uno para empezar.
La primera fue Alice. Para empezar, Carmen le hizo preguntas sobre el alcance de su poder, cuánto tiempo podía pasar convertida en alguna persona y cosas así. Alice tenía bastante desarrollado su poder, pero aún así no era capaz de estar más de veinte minutos convertida en algo o en alguien. Carmen hizo que se convirtiera en ella y le dijo que debía estar así quince minutos, que luego volviera a ser ella y que descansara, que se volviera a convertir en ella y que estuviera dieciséis minutos, y así sucesivamente.
Luego le tocó a Bella. Ella aguantaba alrededor de diez minutos completamente invisible. Después de esos diez minutos, se empezaban a ver sombras, y luego el contorno de su cuerpo, pasados veinte minutos era casi incapaz de mantenerse en pie. Y otro problema era la manera de andar. Por mucho que lo intentara, su torpeza hacía que no pudiera andar en silencio, por lo que siempre, aunque no se la viera, se la oía. Carmen le hizo un ejercicio parecido al de Alice, pero ella además de eso tenía que caminar alrededor de ellos intentando que ellos no descubrieran donde estaba. Al principio era muy fácil saber donde se encontraba, pero cada minuto iba aprendiendo a moverse con más sigilo.
El tercero fue Edward. Él le dijo que era capaz de correr muchísimo rato, ya que no notaba el cansancio mientras corría pero, cuando paraba, había veces en las incluso se desmayaba. Carmen le hizo correr alrededor de la casa hasta saber que podía andar media hora sin cansarse, por lo que le hizo correr esa media hora. Le dijo que con el tiempo iría aumentando el tiempo que tendría que correr.
El último fue Jasper, y con él fue muy diferente. Jasper no tenía que aprender a controlar su poder, sino a no usar su poder, ya que lo utilizaba demasiado, y eso a la larga le causaría muchísimos problemas, más de los que él se imaginaba. Por ese motivo, y aunque Jasper no comprendió cómo, Carmen le dio un anillo que le impediría usar sus poderes. Le dijo que aunque los utilizara, no tendría ningún efecto sobre la gente, y que como se le ocurriera quitárselo lo mataría. Jasper le hizo caso.
Cuando la clase terminó, tuvieron un descanso, que los chicos aprovecharon para hacer las paces con las chicas. Fueron hasta el jardín, donde sabían que ellas estarían. Ellas estaban sentadas en un banco, mirando el paisaje, sin preocuparse por el frío que hacía allí a esas alturas del año. Ellos se acercaron a ellas y simplemente dijeron:
- Lo siento. Era sólo que… Vosotras nos dais un susto todas las mañanas y, queríamos devolvérosla para que veáis que no es muy agradable que digamos. Pero juramos que no lo volveremos a hacer.
- ¿Lo vais a jurar?-preguntó Alice.
- Lo juro por Snoopy-dijeron los dos a la vez con una sonrisa. Las chicas soltaron una carcajada y luego, ya reconciliados, fueron a su siguiente clase, biología.
Incluso Jasper fue a aquella clase. Le gustaba la biología. Esa clase la impartió Carlisle, y pasó sin ningún problema. Luego tuvieron lengua con Esme, que también pasó sin mayores contratiempos.
Luego se fueron a comer los cuatro juntos. Mientras comían, también estuvieron charlando de qué tal les había parecido su clase con Carmen. Jasper era el único de los cuatro que no estaba muy contento con lo que Carmen había planeado para él. Para Jasper usar sus poderes era un acto cotidiano, y le costaría mucho no hacerlo, de eso estaba seguro.
Después tuvieron matemáticas con Carlisle. Alice no era especialmente buena en esta materia, por lo que Edward y Bella la tuvieron que ayudar a hacer la mayoría de los ejercicios que Carlisle les había propuesto, pero no salió del todo mal.
Por último, tuvieron entrenamiento. Para el entrenamiento, a Jasper le quitaron el anillo, pero le hicieron prometer que luego se lo volvería a poner. Hicieron parejas, Alice-Edward y Jasper-Bella. Y cada pareja se fue con uno de los chicos.
Alice y Edward estuvieron con Garrett. Él les enseñó a utilizar algunas armas, como espadas, dagas e incluso arcos. Luego, hicieron una pequeña lucha entre ellos tres. Alice se transformaba en Esme o en Carlisle para que no le hicieran nada. Pero Edward era muy rápido y era casi imposible atraparlo. Al final Edward atrapó a Alice después de ver a Esme a través de una ventana.
Por otro lado, Jasper y Bella estuvieron con Kate, quien también les enseñó el manejo de las armas. Luego también participaron en una pequeña batalla, en la que Kate participó. Bella se volvía invisible cada vez que notaba a Jasper cerca, pero él le ordenaba que se volviera visible, y Bella se sentía obligada a hacerlo. Por otro lado, Kate estaba mejor entrenada que ellos, por lo que pocos minutos después de que empezara la pelea los tenía a los dos en el suelo quejándose del dolor por las débiles descargas que ella había dirigido hacia ellos.
Cuando terminaron, todos fueron a darse una ducha, y luego fueron al salón a tomar algo mientras veían la tele. Vieron que había un anuncio sobre la desaparición de una chica. Era una chica muy guapa, rubia y de ojos celestes. Su nombre era Rosalie Lilian Hale. Carlisle, que entraba en aquel momento en el salón, la reconoció.
- Yo sé dónde está. Y también sé dónde estará dentro de poco.
- ¿Dónde?
- Ahora está en Italia, junto a otro chico con poderes llamado Emmett. Pero pronto vendrá con nosotros. No dejaré que los Vulturis la vuelvan tan malvada como ellos.
- ¿Quiénes son los Vulturis?
- Son una familia que también enseña a chicos con poderes. Pero sólo lo hacen para su propio beneficio. Para utilizarlos como armas.
- Es terrible-murmuró Bella.
- Sí que lo es. Lo debe estar pasando fatal
Volterra, Italia
8 de febrero 2010
Rosalie se dejó caer en el suelo, exhausta. Llevaba un par de horas entrenando con Felix, pero él le daba palizas cada vez más contundentes. Ya le había roto algunos huesos, y tenía un buen dolor de cabeza por culpa de un golpe que él le dio contra unos escalones de mármol. Los rompió. Parecía enfadado de verdad. Y parecía que le aliviaba tener a Rosalie para pelear, porque aunque pudiera pelear contra Emmett, eso estaba muy reñido, y él lo que quería era pegar.
Felix se acercó a ella y se arrodilló a su lado, tendiéndole una botella de agua. Ella la cogió agradecida. Cuando bebió, también notó el sabor de la sangre que se había hecho en alguno de los golpes que Felix le había dado. Pero se sentía bien. No lo sentía como una agresión, porque sabía que Felix no le hacía daño porque quería dañarla, sino porque necesitaba desahogarse. Y ella también se había desahogado bastante.
Era especialmente buena con las dagas. Desde el primer momento en el que Felix se las había dado, había sabido manejarlas. Era algo natural para ella, casi instintivo. Con una de ellas le había dado a Felix en el hombro, y a Emmett casi le atravesó la mano. Una chica que ni Rosalie ni Emmett conocían aún se había acercado rápidamente a los heridos y, usando su poder los había sanado. Y ahora se dirigía hacia ella, para acelerarle aún más la recuperación. Mientras, Emmett y Felix empezaron a pelear.
Los dos eran muy buenos luchadores, pero su estrategia se basaba en la fuerza bruta, por lo que no se veía una lucha muy limpia. Rosalie intentó no mirar como aquellos dos hombres se pegaban y se giró hacia la chica que le estaba curando. No debería tener más de trece años. Era pelirroja, de ojos castaños y grandes y aspecto de inocente. No pegaba mucho en aquella escena.
- Gracias-le dijo Rosalie con una sonrisa cuando la chica terminó de curarla. Ella también sonrió-. ¿Cómo te llamas?
- Aline.
- Encantada de conocerte, Aline. Yo soy Rosalie, pero puedes llamarme Rose.
- Encantada, Rose. Pero ahora tengo que irme, tengo que seguir con mi trabajo. Adiós.
- Hasta luego.
Cuando Aline se fue casi corriendo, Rosalie volvió a girarse hacia la pelea. Casi no veía quién era quién, pero le pareció que Emmett le daba una patada en la espinilla a Felix y que este le daba un puñetazo en el estómago. Rosalie se levantó y decidió intervenir. Cogió una daga y la lanzó hacia ellos, consiguiendo que pasara justo entre ellos, delante de sus narices. Ellos se pararon al instante, y se quedaron tal y como estaban, los dos dispuestos a atacar.
Era bastante cómico. Rosalie se rió. Emmett tenía el puño echado hacia atrás, con toda la intención de pegar a Felix. Felix tenía una pierna en el aire, como si fuera a pegar a Emmett. Cuando se recuperaron, volvieron a su posición normal y se giraron hacia Rosalie. Ella seguía sonriendo. Los dos se lanzaron hacia ella. Pero ella ya los esperaba, por lo que, con una de las dagas, rasgó las camisetas de los dos, hincando la daga un poco, hasta que los dos tuvieron un fino hilo de sangre a través de su cuerpo. Los dos se miraron el uno al otro sorprendidos por la acción de Rosalie. Esperaban que los atacara. Se giraron hacia ella interrogante.
- Si vais a pelearos-explicó ella con una sonrisa burlona-, me gustaría tener algo que admirar.
Los dos se rieron. Se quitaron las camisetas y se limpiaron el rastro de sangre con ellas. Luego quisieron seguir peleando, aunque antes de empezar, Emmett dijo:
- Si quieres ver más dínoslo ahora. No ataques por ahí abajo, ¿vale?
Los tres sonrieron, y Rosalie no pudo evitar una carcajada. Luego los chicos siguieron peleando y Rosalie se sentó en un sillón a observar el espectáculo de aquellos dos perfectos hombres sin camiseta.
Sí, definitivamente, le gustaba esto…
¿Qué os ha parecido? A mí me ha encantado, sobre todo la última parte.
Besos
