Por fin he vuelto...
Siento haber tardado tanto en volver, pero los exámenes, mi cumpleaños, mi hermano de dos años,... Todo eso hace que no tenga mucho tiempo para escribir. Lo siento.
Que disfrutéis
5
Aline
Volterra, Italia
11 de febrero 2010
Cuando escucharon aquella voz, los dos se giraron, sabiendo quién estaba detrás de ellos. Alec los miraba enfadado, vestido sólo con unos pantalones de pijama. Emmett no pudo decir nada, pero Rosalie dijo casi gritando:
- ¿Se puede saber qué demonios es esto? ¿Por qué la tenéis secuestrada?
- Es una Cullen, Rose. Viste lo que le hizo a Corin.
- Eso no es escusa. Además, ¿qué le has hecho?
- ¿Recuerdas cuál era mi poder?-preguntó, ahora menos enfadado. Rosalie asintió-. Pues ahí está la demostración.
- ¿Qué os han hecho los Cullen?-intervino Emmett por primera vez.
- Es una larga historia que mi padre no quiere que sepáis todavía. Yo os la contaría, pero él es el que pone las reglas. Y ahora vámonos de aquí. No le contaré nada a nadie, pero ni se os ocurra volver a bajar aquí ¿vale?-preguntó. Tanto Rosalie como Emmett asintieron con la cabeza. Después, siguiendo a Alec, salieron de aquel escalofriante lugar y se fueron a la cama, aunque ninguno durmió mucho. No podían quitarse de la cabeza todo lo que había pasado, y Rosalie ya estaba empezando a preparar un plan…
Bull Run Mountains, Virginia
12 de febrero 2010
Esme volvió a bajar al sótano, esta vez con una bandeja de comida para Renata. Cuando llegó, se dio cuenta de que algo iba mal. Renata no estaba. O al menos, no estaba visible. Era bastante fácil esconderse en aquel lugar, ya que era muy amplio. Esme, pronunciando unas palabras en un idioma extraño, hizo que la bandeja saliera volando y que, atravesando la puerta, entrara en la habitación en la que estaba encerrada Renata. Y como sabía que no saldría de su escondite si Esme estaba allí, se fue otra vez hacia arriba.
Esme fue directa al comedor, donde todos estaban desayunando. Ni Carlisle ni Carmen tenían buen aspecto. Jasper y Alice se miraban, y sonreían cada vez que sus miradas se encontraban. Edward también miraba a Bella, pero esta lo único que hacía era intentar tapar su cara con el pelo. Garrett no estaba. Esme, después de dedicarle una pequeña sonrisa a Carlisle, se sentó donde se encontraba su café ya frío y empezó a bebérselo sin preocuparse por el sabor o por la temperatura.
Pasados unos minutos, los chicos salieron del comedor, Jasper y Alice se fueron con Bree y Edward y Bella se fueron a una de las terrazas. Cuando sólo estuvieron los tres adultos en la habitación, Carmen empezó a hablar.
- Tenemos que hacer algo. No podemos abandonar a Kate.
- Lo sé, Carmen-dijo Carlisle-. Pero no es tan fácil. Ellos nos superan, tanto en número como en experiencia. Sólo Garrett y vosotras sois capaces de enfrentaron a ellos, pero los chicos no. Y sois sólo tres. Ellos son muchos más, y además, llevan entrenándose desde que llevaban pañales.
Carlisle no exageraba. Aro estaba tan obsesionado con los poderes sobrenaturales que desde el momento en el que los niños habían aprendido a hablar y a andar había empezado a entrenarlos. Y todos los Vulturis habían sido bastante rápidos en aprender a hablar y a caminar.
- Sé que estamos en desventaja, pero tenemos que hacer algo. No puedo quedarme de brazos cruzados. Bueno, tú me entiendes-añadió cuando Carlisle dirigió una mirada a sus muñones en los lugares donde debían estar sus manos. Pocos segundos después se levantó y salió del comedor, claramente en busca de Garrett.
- ¿Qué vamos a hacer, Carlisle?
- No lo sé. Pero llevo cuidando a Kate desde hace demasiado tiempo, y no puedo quedarme quieto mientras ellos la estén torturando. Y creo que ya sé cuál es el primer paso que tenemos que dar. A pesar de que a Carmen no le vaya a gustar mucho.
- Vas a llamar a…
- Sí. Voy a llamar a Eleazar.
Volterra, Italia
12 de febrero 2010
Cuando Jane bajó aquella mañana al sótano, Kate estaba dormida. Jane sonrió. Ella se aseguraría de que despertara. La miró fijamente con una pequeña sonrisa dulce y, pocos segundos después, Kate gritaba de dolor y se retorcía, intentando apagar el dolor que Jane le causaba. Cuando Jane paró, Kate se dejó caer en el suelo, agotada. Jane se sentó en el suelo cerca de su celda y volvió a realizar el mismo interrogatorio que hizo el día anterior.
- ¿Por qué, Katherine? ¿Por qué tiene Carlisle esas ganas de entrenar a chicos sobrenaturales?-preguntó. Se notaba la repulsión con la que pronunció el nombre de Carlisle. Kate escupió a los zapatos de Jane. Sabía que si la provocaba ella se acercaría a ella, incluso la tocaría, y entonces…
Jane estuvo a punto de levantarse, pero se contuvo, y siguió preguntando las mismas cosas que había preguntado el día anterior. Kate sólo se limitaba a escupirle, a darle respuestas que sabía que la cabrearían o, a veces, a quedarse en silencio. Al final, cuando Jane hizo la última pregunta y Kate ya pensaba que no le daría tiempo a conseguir lo que planeaba, se le ocurrió la mejor respuesta.
- ¿Qué tal está Felix esta mañana? Ayer me hizo una pequeña visita, y estuvimos hablando sobre vuestra relación. Me contó que se ha cansado, y como yo también me he cansado de esperar a que Garrett se decida a cumplir lo prometido…-dejó la frase inconclusa, y soltó una pequeña risita juguetona.
Tuvo el efecto que esperaba. Jane se levantó rápidamente y se acercó a la celda en la que Kate estaba. Ella también se levantó. Jane la agarró del pelo, pensando en decir algo, pero no se le ocurría nada. Se había quedado en blanco. Pero Kate ya estaba preparada. Soltó una gran descarga, y Jane cayó a sus pies, inconsciente. Kate sonrió suavemente. Se arrodilló al lado de la Vulturi y rebuscó entre su capa y las ropas que llevaba debajo hasta encontrar las llaves de las celdas. Todos los Vulturis las llevaban.
Ahora sólo faltaba descubrir cuál de las más de treinta llaves era la que abría su celda…
Bull Run Mountains
Edward y Bella habían ido a la misma terraza en la que Demetri las había encontrado a Alice y a ella dos días antes. A Bella le gustaba demasiado aquella terraza como para dejar que lo ocurrido cambiara eso. Se sentaron con unos tés que habían cogido de la cocina antes de subir, a pesar de que a ninguno de los dos les gustara el té. Bella se recostó en su silla y cerró los ojos, reflexionando sobre lo ocurrido y sobre Kate. Edward ya se estaba cansando de que Bella evitara mirarlo, por lo que empezó a hablar.
- ¿Qué tal estás llevando todo?
- ¿El qué, el hecho de que esté medio encerrada en una casa con poderes sobrenaturales donde se entrena a gente con poderes sobrenaturales, el hecho de que el otro día nos atacaran o el hecho de que mi compañera de cuarto me haya abandonado y no deje de pasar tiempo con el tuyo?
- O el hecho de que me estés evitando completamente, por ejemplo-dijo Edward. Bella abrió un ojo, pero lo cerró enseguida al sentir la intensa mirada que él le dirigía. Él suspiró exasperado-. Joder, Bella. Si lo llego a saber, no habría hecho nada de lo que hice y te hubiera abandonado en mitad del pasillo. ¿Se puede saber por qué te comportas así?-preguntó enfadado.
Bella no respondió, pero se sonrojó fuertemente, haciendo que su piel pareciera un tomate. Al ver que no iba a conseguir ninguna respuesta, Edward se levantó y se acercó a ella. Sonrió al verla tan sonrojada, y después acercó su cara lentamente hasta la de ella y la besó. Bella abrió los ojos instantáneamente, pero los volvió a cerrar. Al principio no correspondió al beso, incluso trato de que él parara, pero luego se rindió y le correspondió suavemente, haciendo de ese un beso que fue como si fuera el primero.
No lo era, pero con los que había dado antes no había sentido lo que sintió al besar a Edward. Besar a Edward se sentía bien, le hacía sentirse mareada y que sintiera ganas de más. Cuando él se separó de ella, los dos sonreían. Él le acarició suavemente el pelo y susurró:
- Por fin…
Iban a volver a acercarse el uno al otro, pero…
- ¡No, Carlisle-gritaba Carmen desde el interior de la casa, cerca de donde ellos estaban-! No pienso dejar que le llames. Me lo prometiste. Y tú cumples tus promesas.
- Es necesario, Carmen-la voz de Carlisle sonaba mucho más calmada, aunque estaba claro que iba a hacer lo que le apeteciera, y que no importaba lo que Carmen quisiera.
- ¡No puedes traerlo y pretender que…-Carmen se calló cuando vio a Edward y a Bella en la terraza-. Siento interrumpir. Yo ya me iba.
Carmen y Carlisle se fueron hacia el despacho de Carlisle. Edward y Bella se miraron unos segundos, y después se rieron. No habían imaginado poder ver a Carmen avergonzada nunca. Estuvieron un rato charlando, e intercambiando algún que otro beso o caricia, hasta que llegaron Alice, Jasper y Bree. Ellos también parecían muy contentos, incluso la pequeña Bree, que sonreía cada vez que alguno de ellos le hacía una carantoña.
Poco rato después, escucharon un grito de Carmen, aunque ninguno de los cuatro pudo entender lo que hizo, y poco después se escucharon varios portazos, indicando que Carmen se había ido de la casa. Los chicos estaban curiosos y algo preocupados, por lo que fueron al despacho de Carlisle para averiguar qué había pasado con Carmen.
Volterra, Italia
- Explícame otra vez qué demonios estoy haciendo aquí, Rosalie-susurró Emmett mientras ambos revisaban los armarios de Santiago, una amigo de los Vulturis bastante estúpido que estaba pasando unos días con los italianos.
- Estás ayudando a una amiga que cree que tiene la clave para saber qué está pasando en este lugar.
- Pues sigo sin creérmelo. Yo creo que estoy haciendo el idiota.
- No seas idiota, Emmett-dijo Rosalie girándose hacia él y lanzándole una sonrisa que deslumbraría a cualquiera, Emmett incluido.
Era la segunda noche en la que Rosalie despertaba a Emmett a las cuatro y media de la mañana, aunque esta vez lo había hecho de manera mucho más cariñosa. Había estado dándole golpes hasta que él se había despertado completamente. Sin darle tiempo a vestirse siquiera, lo había arrastrado fuera de la habitación y hasta la habitación de Santiago. Sabía que él no llevaba las llaves encima, pues había murmurado algo sobre ir a buscarlas en su otra capa antes de que Rosalie lo noqueara. El problema que tenían era que no era una sola capa, eran unas diez, más o menos, y cada una de ellas tenía unos diez bolsillos ocultos. Llevaban ya quince minutos, y sabían que no iban a aguantar mucho más sin que Santiago se despertara, por lo que se apresuraron.
Un par de minutos después, Rosalie encontró algo metálico en un bolsillo. ¡Por fin! Cogió las llaves rápidamente y salió de la habitación de Santiago, otra vez arrastrando a Emmett. Bajaron corriendo al sótano mientras que Rosalie intentaba recordar la llave que Alec había llevado separada del resto la noche anterior, como si pretendiera abrir la celda de Kate. Al final se quedo dudando entre tres, por lo que se dijo que lo mejor sería probarlas, y empezó a correr, con Emmett pisándole los talones.
Enseguida llegaron al sótano, pero descubrieron que la celda se acababa de abrir. Kate los miraba sonrientes frente a una inconsciente Jane, y sujetando las llaves en una de sus manos. Se fijó en las llaves que Rosalie llevaba en la mano y su sonrisa se hizo más amplia.
- Por lo visto, sois mejores que ellos. Pensabais sacarme de aquí, ¿verdad?
- No-dijo Rosalie-. Pensábamos sobornarte con la libertad para que nos contaras qué está pasando aquí.
- Por favor, no tenéis que sobornarme para eso. Me encanta contar esta historia. La historia de los Vulturis. La historia de Aline.
- ¿Aline? ¿Aline la niña que nos cura?
- ¿Os cura? Eso significa que os herís primero. Los Vulturis se están dando más prisa de la que me imaginaba. Sí, esa Aline. ¿Queréis que os la cuente en versión resumida? Porque no voy a quedarme aquí más de diez minutos.
- Aceptamos la versión resumida.
- Perfecto. Pues empecemos. Ahora Aline tiene catorce años. Esto ocurrió cuando tenía siete. Ella es hija de Aro, por lo tanto hermana de los gemelos diabólicos.
- Rosalie-dijo Emmett con una sonrisa burlona-, tu novio es diabólico.
- Alec no es mi novio.
-Bueno, tu amigo con derecho a roce.
- No me interrumpáis-dijo Kate enfadada. Los dos susurraron una disculpa-. El poder de ella es el de la curación, como ya lo habréis notado. En ese tiempo Aro no entrenaba a niños con poderes. Por lo que se lo pidió al encargado de entrenar a la gente con poderes entonces. Él, conociendo a Aro, sus hermanos y los hijos de los tres, que siempre habían causado problemas, se negó. Y Aro se enfadó. Empezó a odiar a los Cullen y a entrenar a los chicos con poderes, pero no para el bien de ellos, sino para usarlos en una guerra contra los Cullen. Fin de la historia. Buenas noches y que disfrutéis de la estancia.
Dicho eso se fue hacia la salida. Emmett y Rosalie se quedaron unos minutos quietos, pensando en la historia de Aline, pero cuando notaron que Jane empezaba a moverse, soltaron las llaves de Santiago y salieron de allí. Llegaron a la habitación de Rosalie y siguieron reflexionando sobre lo ocurrido.
- Aro…-empezó Emmett.
- Exagera un poco-continuó Rosalie.
- Es bastante dramático. No hay más que mirarle a la cara. Y sus risas.
Bull Run Mountains, Virginia
13 de febrero del 2010
Aquel día un nuevo invitado llegó a la casa. Era un hombre llamado Eleazar, de pelo y ojos bastante oscuros. Vino bastante feliz, pero cuando se enteró de que Carmen no estaba en la casa, una arruga que no desaparecía apareció en su ceño. Las presentaciones, dadas las circunstancias, fueron bastante rápidas y serias. A Eleazar le costaba recordar los nombres de los chicos.
Carlisle y Eleazar se encerraron en el despacho del primero, y Esme bajó al sótano para seguir interrogando a Renata. Bella se fue a dar un paseo a solas, y Jasper fue con Bree, que cada vez pasaba menos tiempo dormida. Pero Alice y Edward no se fueron. Después de mirarse a los ojos durante unos minutos como si estuvieran desafiándose el uno al otro, sonrieron y se acercaron a la puerta del despacho. Apoyaron la cabeza en la puerta y escucharon atentamente:
- …pero no teníamos a nadie a quien acudir, Eleazar.
- Y Carmen no lo ha comprendido.
- Carmen no atiende a razones cuando se te nombra, ya lo sabes. Ella es la que más desesperada está por recuperar a Kate, pero aún así, no es capaz de aceptar tu ayuda, y mucho menos de pedírtela.
- De cualquier manera, os ayudaré en lo que sea necesario, Carlisle.
- Necesito que me expliques dónde están las celdas de los Vulturi y cuál es la mejor manera de entrar en ellas.
- Lo mejor es entrar en las noches de los fines de semana. Heidi es la encargada de vigilar el sótano, pero se va de fiesta en cuanto los demás se van a sus habitaciones.
- Así que tenemos que actuar rápido. Hoy es sábado, Eleazar.
- Es demasiado tarde, Carlisle. No puedes preparar un plan, comprar los billetes, organizar a los chicos aquí, irte y buscar a Kate en tan poco tiempo. Es tarde. Tendrás que esperar hasta la semana que viene.
- No sé si puedo esperar tanto.
- Puedes. Todos podemos. Hasta entonces, y aunque a Carmen no le vaya a hacer ninguna gracia, me quedaré con vosotros y os ayudaré a organizaros.
Alice y Edward se apartaron de la puerta cuando escucharon que los dos hombres se levantaron de sus sillas, y salieron corriendo hasta llegar al saloncito que había unas habitaciones más allá. Allí, se sentaron uno frente a otro y empezaron a organizar su propio plan.
Carmen volvió a la casa unas horas después, decidida a no dejar que la llegada de Eleazar a la casa la arruinara y le hiciera abandonar su propia casa. Cuando entró, se fue al sótano, esperando encontrar a Esme allí. Ella estaba ahí, sí. Pero Renata no. Llevaba desde la mañana anterior sin aparecer. Era prácticamente imposible que hubiera estado un día entero en el baño. Entonces, ¿dónde estaba?
Pero eso no la preocupó. Al menos, no inmediatamente. Se fijó más en Esme. Ella estaba sentada en un cómodo y antiguo sillón, con uno de sus grimorios sobre las rodillas. Tenía los ojos cerrados, y los brazos extendidos. Carmen esperó. Sabía que a Esme no le gustaba que la interrumpieran mientras que practicaba alguno de sus hechizos o conjuros. A decir verdad, era una de las pocas cosas que hacían que Esme se enfadara.
Cuando abrió los ojos, sonreía. Cerró el grimorio, lo cogió e, indicando a Carmen que la siguiera, salió de aquel lugar. Cuando llegaron a la planta principal, Esme explicó su felicidad repentina.
- Kate ya no está en Volterra, Carmen. Está en un avión que va hacia el oeste. Hacia Richmond. Eso significa que se ha escapado.
- Eso es genial, Esme. Podremos echar a Eleazar. Creo que me voy a ir por unas horas más. Cuando todo esté solucionado, me buscas en el lugar de siempre, ¿vale? Es un favor.
Sin dejarle tiempo a Esme para que replicara, Carmen salió corriendo de la casa. Esme hizo un intento de salir en su busca, pero se contuvo y empezó a ir hacia el despacho de Carlisle. Carmen sabía arreglárselas sola. Ya se preocuparían por ella después. En aquel momento, Kate estaba a salvo, y eso era lo más importante. Esme empezó a correr más rápido. Pero no le hizo falta llegar hasta el despacho de su marido. Se encontró con ambos hombres nada más terminar de subir el primer tramo de escaleras.
- Kate está bien-empezó Esme, aunque tuvo que parar unos segundos cuando terminó de decir las primeras palabras-. Está en un avión que va hacia Richmond. Ha escapado, Carlisle.
Tanto Carlisle como Eleazar sonrieron y suspiraron, aliviados. Luego, Carlisle acompañó a Esme hasta la cocina para que la mujer tomara un poco de agua y recuperara el aliento. Eleazar se dirigió hacia la puerta de la calle. Ya sabía dónde estaba Carmen. Y tenía que encontrarla. Tenía que hablar con ella. Tenía que darle una explicación sobre lo que había pasado cuatro años atrás, cuando ambos eran sólo principiantes a la hora de utilizar sus poderes.
Abrió la puerta, pero cuando iba a salir, una barrera invisible se lo impidió. Estuvo intentando encontrar fisuras en ella, pero fue inútil. Cuando se aburrió de intentar salir, se fue hasta la cocina para enfrentar a Esme.
- ¿Por qué no me dejas salir, Esmerald Anne?
- No puedo dejarte que lo hagas, Eleazar. Ella no quiere verte. No está de humor para hacerlo. Déjala en paz unos días, si es que te vas a quedar aquí.
- No creo que lo haga. No parece que sea bienvenido aquí.
- Sí que lo eres. Pero no esperes recibir gritos y aplausos cada vez que abres una puerta. Y ahora, si me disculpáis, voy a ir a regar el jardín. Con todo lo que ha pasado últimamente, lo he dejado de lado.
Y sin más, abrió la puerta y salió de la casa, dirigiéndole una mirada divertida a Eleazar. Este, enfadado, se acercó a la ventana y gritó:
- Creía que me habías dicho que no sabías hacer un conjuro de barrera que sólo funcionara con quien tu quisieras.
- Y no sabía. En aquel entonces-añadió ella sin ningún arrepentimiento.
- Bruja de pacotilla.
¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado al menos lo suficiente como para dejarme un review.
Besos
