Capítulo Dieciséis: "La Decisión"
Pasaron seis días desde que Setsuna habló con Hotaru. Luego de esa fatídica tarde, no pudo volver a verla, ya que los médicos restringieron las visitas.
La idea de usar el Cristal Dorado para despertar a Seiya y devolverle su energía, no funcionó. Tampoco las reiteradas veces que la reina Erika usó sus poderes para traer a Seiya de vuelta.
Hotaru le había dicho a Setsuna, que el Cristal de Plata se encontraba dentro del cuerpo de Seiya, como un escudo protector, algo que la princesa Serena había hecho instintivamente, sin medir, ni entender las consecuencias. Las chicas habían decidido no contarle nada a Serena, hasta primero poder hablar con Hotaru, para que les dijera la forma en que Serena podía deshacer lo que había hecho.
Serena pasaba día y noche en el hospital, esperando a que Seiya despertara. Por lo que se encontraba con Darien a diario. Estos comenzaron a pasar mucho tiempo juntos, apoyándose y dándose ánimos por la condición de sus seres queridos. Taiki y Yaten se inquietaban por dicha situación y pensaban en qué sería lo que pasaría si Seiya despertaba teniendo ahora aquel poderoso rival del pasado en su vida actual.
La reina Erika pasaba mucho tiempo en el hospital también, pensando en cómo ayudar a Seiya y en cómo recuperar a su esposo.
Amy iba constantemente al hospital a apoyar a su amiga Serena, más no volvió a dirigirle la palabra a Taiki, y a él no parecía importarle, tenía demasiadas cosas de que ocuparse como para hablar con Amy.
Las cosas parecían no mejorar hasta que...
— Chicos, tengo buenas noticias. —Anunció Lita, entrando a la sala de espera del hospital.
— ¿Le ocurrió algo a Seiya? —Preguntó Taiki con esperanza.
— No, pero vi a Hotaru paseando en el jardín con su hermano. Ya la han autorizado a salir de su habitación. Todo lo que tenemos que hacer ahora es acercarnos a ella para que nos diga qué hacer con Seiya. —Explicó Lita.
Michiru y Haruka salieron al jardín sin escuchar más. Hotaru era la única que sabía cómo despertar a Seiya y había que aprovechar de que Serena había vuelto a su casa para descansar, en compañía de sus abuelos.
Hotaru estaba en silla de ruedas, bajo un árbol, junto a su hermano. Haruka y Michiru le saludaron. Darien se dirigió a la pareja.
— Les rogaría que si quieren más que saludar a Hotaru, no le hablen de aquella noche. La última vez que habló con su amiga, se alteró mucho. Los doctores me recomendaron restringir el contacto con otras personas. No quiero que justo ahora que está más calmada vuelva a ese estado de histeria. —Les dijo Darien casi en susurro para que Hotaru no escuchara.
— Por favor, necesitamos hablar con ella. —Le pidió Michiru.
— ¿Por qué? ¿Qué es lo que es tan importante que deben hablar con mi hermana? —Preguntó Darien.
Hotaru se acercó en la silla hacia ellos.
— Déjame hablar con ellos, hermano. —Le dijo Hotaru. Darien se negó.
— No tomara mucho tiempo. —Insistió Haruka.
— ¡Por favor! —Le rogó Hotaru.
Darien suspiró y se marchó resignado. Haruka le agradeció, caminó hacia Hotaru y le habló de muy cerca.
— Sé que recuerdas quien eres, pero no te agites, porque si lo haces, no podrás salir de este hospital y te seguirán medicando.
— Lo sé. Es por eso que intento parecer tranquila. Tuve la oportunidad de ver a la princesa junto a mi hermano, si bien ella está consciente de ser la heredera al trono, desconoce totalmente su pasado. —Dijo Hotaru.
— Kakyuu, la princesa de Kinmoku hizo que Serena y Seiya coincidieran, para poder estar juntos al menos en esta época. —Explicó Michiru.
— Pero la historia estaba escrita, no puede borrar a Darien de su vida, porque aunque en esta época Seiya la conociera antes, es la tercera vida en que Serena conoce a Darien a sus catorce años. —Explicó Hotaru.
— ¿Quieres decir que todo ha sido en vano? ¿Seiya sufrirá otra vez? —Preguntó Haruka.
— Eso no tenemos como saberlo, solo sé que si nuestra princesa renace, las demás semillas estelares la seguirán. Donde ella vaya, estaremos y también el príncipe. —Explicó Hotaru.
— Ya veo... Hotaru, debes intentar mantener tus visiones en secreto, para que los doctores dejen de medicarte. —Le pidió Michiru.
— Lo sé, eso hago... Pero, sé que no vinieron solo a eso. Ustedes quieren saber cómo despertar a Seiya y les diré que la única capaz de hacerlo es Serena con ayuda del Cristal de Plata. —Dijo Hotaru.
— ¿Pero cómo? Mi padre incluso ha usado el Cristal Dorado y le ha sido imposible traer de vuelta a Seiya. —Dijo Haruka.
— Eso es porque el Cristal de Plata está funcionando como un escudo, repele cualquier tipo de energía o resplandor que se utilice, solo ella puede hacer que el Cristal deje de actuar de esa manera. —Explicó Hotaru.
— Pero el Cristal no está físicamente ¿Cómo lo haría entonces? —Preguntó Michiru.
— Serena debe recordar su pasado y así recordara también como usar el poder del Cristal.
— ¿Su pasado? Pero si eso sucede ella recordara quien era Seiya y quien era Darien para ella. —Dijo Haruka.
— Así es y tal vez recuerde también sus sentimientos del pasado y Seiya volverá a sufrir... pero es eso o perderemos al Cristal y a Seiya para siempre. —Explicó Hotaru.
— ¿Cómo que los perderemos? —Preguntó Haruka.
— El Cristal no saldrá del cuerpo de Seiya, porque ha encapsulado su alma, en el caso de alguien que fue una sailor en el pasado, encapsuló su semilla estelar. En este momento el cuerpo de Seiya es un recipiente, mientras más demore en despertar, su cuerpo se deteriorara hasta... hasta morir. —Explicó Hotaru.
Haruka y Michiru se desesperaron, Darien caminó hacia ellos.
— Lo siento, pero Hotaru debe volver a descansar a su habitación. Si ella permanece como está ahora, lo más probable es que nos vamos a casa mañana mismo. —Dijo Darien dando por finalizada la entrevista a su hermana.
Haruka y Michiru asintieron, intentando contener aquel sentimiento de angustia. Se despidieron de Darien y Hotaru con normalidad y corrieron en busca de la reina Erika para contarle lo que Hotaru les había dicho.
— Pero si Serena recuerda a Darien, Seiya volverá a sufrir, él volverá a morir de la tristeza. —Dijo Erika, cuando se enteró de las palabras de Hotaru.
— Madre, es la única forma. —Explicó Haruka.
— Tal vez este sea el destino de Seiya... morir de amor por esa niña. —Dijo Taiki apretando los puños con rabia.
— No digas eso, me niego a que Seiya pase por eso otra vez. —Dijo Erika con los ojos llorosos.
— No puedes controlar el destino, Erika. —Dijo Endymion haciendo su aparición.
— Es que no quiero que Seiya muera otra vez de tristeza. —Dijo Erika comenzando a llorar.
— No es algo que puedas controlar ¡Entiende! —Dijo Endymion duramente.
— ¡Para ti es fácil decirlo! —Dijo Erika levantando la voz— Es tu primera y única vida. No tienes idea de que es mantener tus recuerdos del pasado, especialmente cuando fueron tan dolorosos. No fuiste testigo de cómo esa luz se consumió por el dolor ¡No quiero perder a Seiya de esa manera! ¡No de nuevo!
La reina Erika comenzó a llorar desconsolada, Endymion no supo que contestar ante aquellas palabras. Taiki lo miró con enfado, mientras las lágrimas mojaban sus mejillas. Yaten se puso de pie.
— Si le preguntaran a Seiya, él diría que prefiere quedarse como está, que ver al amor de su vida irse otra vez con ese hombre. Hombre al cual ni siquiera puede odiar, porque no es una mala persona —Dijo Yaten apretando las mandíbulas con fuerza y conteniéndose para no llorar—. Yo me largo, no puedo con esto.
Yaten salió del lugar, Mina lo siguió. Los demás quedaron en silencio, viéndolos marchar.
— No podemos perder más tiempo ¿Cuál será la decisión entonces? —Preguntó Setsuna con calma.
— Hay que explicarle a Serena, si sus sentimientos por Seiya son reales no tiene porque correr a los brazos de otro. —Dijo Endymion.
— No son "los brazos de otro" son los brazos del hombre que la enamoró hace más de mil años, el hombre que en otra vida fue tu abuelo ¡Entiende! —Dijo Erika molesta.
— Pero no podemos hacer otra cosa, Erika. Eres tú quien debe entender, perderemos a Seiya y al Cristal de Plata. —Insistió Endymion.
— ¿Qué tal si se le enseña a Serena a controlar los poderes del Cristal, sin tener que despertar sus recuerdos? —Sugirió Lita.
— El Cristal de Plata ni siquiera se encuentra físicamente, no sabemos cuanto tiempo debemos esperar a que Serena aprenda a controlarlo. Seiya podría morir en el intertanto. —Explicó Michuru.
Se abrió una discusión de nunca acabar. Amy, Haruka, Michiru, Setsuna y Endymion votaron por contarle la verdad a Serena y ver la forma de que recordara su pasado. Pero Kakyuu, Taiki y Lita estaban en contra y querían buscar otra manera. Rei se mantenía neutral, no sabía qué era lo mejor. En medio del debate, a Rei le sonó su teléfono celular, así que se alejó de todos por un momento.
— Soy yo, Rei. —Dijo Serena por el otro lado de la línea.
— Serena ¿Qué ocurre? —Rei notó la voz de su amiga algo decaída.
— ¿Puedes venir al palacio? Es que tengo algo que contarte, pero no quiero que nadie lo sepa, es mejor que te lo diga aquí.
— Sí, claro. Voy enseguida.
— Gracias, Rei. Pero de verdad, no le digas a nadie. —Pidió Serena con insistencia.
Rei le aseguró que no le diría a nadie. Salió del lugar sin dar explicaciones y se dirigió a ver a su amiga.
Mientras, Yaten regresaba a su casa en compañía de Mina. Se veía cabreado y angustiado.
— Yaten ¿Está bien que nos fuéramos así? ¿Dejaras que los demás decidan qué hacer? Eso no es algo muy propio de ti.—Dijo Mina.
— Mina, nadie entiende lo difícil que es esto. Ninguna de ustedes vio a Seiya sufrir, menos morir. Así que entiendo que no tomen en cuenta mi opinión o la de Taiki. Seguir ahí es una tortura.—Explicó Yaten, dejándose caer bruscamente al sofá de la sala.
— Las chicas solo quieren salvar a Seiya. Es por su bien y el de Serena. Además, el Cristal de Plata...
—Sí, lo sé.. bla, bla, bla. Al final el Cristal es lo que más importa ¿No es cierto?
— Yaten, no te desquites conmigo. La situación es complicada y lo sé, pero solo intento ayudar. —Reclamó Mina.
— ¡¿Es qué no lo entiendes?! —Dijo Yaten acercándose al rostro de Mina— No importa que ocurra, Seiya estará muerto de todas formas.
— Eso no lo sabemos con exactitud. Las cosas pueden ser diferentes ahora, los sentimientos de Serena hacia Seiya no cambiaran tan fácil. —Afirmó Mina.
— ¿Y qué crees que pasara? ¿Crees que Seiya debe hacerse a un lado otra vez? ¿Deberá esconder sus sentimientos para que ella sea feliz? ¿Sabes siquiera que se siente esconder los sentimientos porque sabes que la persona que amas es un imposible?
— Pues... yo... —Mina titubeó.
— Eres tan tonta, que no eres capaz ni de entender lo que digo, no eres capaz de ver entre líneas. No sé ni porque me gustas tanto. —Dijo Yaten levantando una ceja.
— ¡Ya basta! Estas comportándote como un idiota otra vez.
— ¿Sabes lo doloroso qué fue para mí ignorarte? Siempre me gustaste, pero yo tenía que irme muy lejos, no podía aceptar que sentía algo por ti. —Dijo Yaten con el ceño fruncido.
— ¿Qué? ¿No hablábamos de Seiya?
— ¡Tonta! —Susurró Yaten acercándose a Mina—. No soy capaz de dimensionar el dolor de Seiya, incluso teniendo un referente.
Mina se quedó mirándolo detenidamente, su cabello, su piel, sus ojos, sus labios... todo en él le parecía apetecible. Mina comenzó a sonrojarse, Yaten se dio cuenta de inmediato.
— ¿Qué es lo que estás pensando, Mina? —Preguntó Yaten.
Mina desvió la mirada al piso. Yaten la tomó de los brazos y volvió a preguntar. Mina tragó saliva y sin poder subir la mirada, le habló.
— Yaten... yo estaré a tu lado ahora, no pienso dejarte. Estaré contigo pase lo que pase. —Dijo Mina, buscando tocar la mano de Yaten.
Él sonrió , la acercó para rodearla con su brazo.
— Gracias. —Le dijo Yaten y le besó la frente.
Mina hundió el rostro en su cuello, aspirando el excitante olor que expelía de su piel. Se aferró a él, deseando que ese momento no terminara nunca. Yaten suspiró, sin percatarse de lo que Mina comenzaba a sentir, él estaba demasiado preocupado.
Mina cerró los ojos, sintiendo solo su calor, palpando con sus manos los brazos de Yaten. De pronto, abrió los ojos y se encontró con su mirada. Yaten la miraba de manera diferente.
— ¿Qué ocurre? —Preguntó Mina algo avergonzada.
— ¿A mí? Yo tengo la impresión de que es a ti la que le pasa algo ¿Quieres decirme alguna cosa?
— ¿Recuerdas... que me dijiste que tú querías ser mi primer beso? —Se atrevió a decir Mina.
— Eh... sí. —Dijo Yaten poniéndose nervioso y tal vez un poco avergonzado.
— Yaten... no pude darte mi primer beso, pero...quiero darte... quiero darte mi primera vez. —Dijo Mina con seguridad, mientras sus mejillas se encendían.
Yaten sintió que su cara ardía, tomó aire, exhaló... Sus ojos se pegaron en los labios de Mina, su mirada bajó hasta su cuello, lentamente deslizó su mirada hasta su blusa, dejando entre ver su escote.
— ¡Dime algo! ¡No te quedes callado! —Pidió Mina con nerviosismo.
Yaten deslizó su mano entre el cabello rubio y largo de Mina, observándola con detalle y depositó un cálido beso en sus labios.
— ¿Estás segura de lo que me estás diciendo? Porque no quiero que después te arrepientas. —Le advirtió Yaten, cuando sus bocas se separaron.
Mina se sonrojó y volvió a pegar sus labios en los de él, dejándolo sin aliento. Sus lenguas danzaban lentamente en sus bocas.
— Completamente segura. —Respondió Mina, con la respiración entre cortada.
Yaten comenzó a acariciarle la espalda por sobre la ropa. Ella casi por un impulso, se sentó sobre él, quedando frente a frente, con el cabello alborotado. Ambos cerraron los ojos, encontrándose en un beso lleno de deseo. Mina comenzó a desabotonar la camisa de Yaten, acariciándole el pecho con su dedo índice, sintiendo el calor que irradiaba su cuerpo. Yaten deslizó su mano por debajo de la blusa, el contacto de su piel con la de ella lo hizo estremecer. Por primera vez, experimentaban sensaciones únicas, descubriendo el cuerpo del otro en cada caricia, en cada beso fogoso que se daban.
Mina comenzó a sentir que a Yaten se le abultaba exageradamente su entre pierna, un calor subió por su vientre, una sensación nueva y deliciosa, pero a la vez le avergonzaba perder el control de su cuerpo y entregarse por completo al deseo. Yaten se abrazó a ella cuando notó que ella dudaba. Acarició su cabello enredando sus dedos, besó la comisura de sus labios con ternura y deslizó sus manos sintiendo las curvas de su cuerpo, apegandola en el suyo, para poder demostrarle cuanto la deseaba. Deslizó una de sus manos y la llevó a su muslo para acariciarlo, subiendo lentamente, la apretó con fuerza, pegándola más a su cuerpo.
Mina lo observó con una mirada lujuriosa y se pegó nuevamente a sus labios, entregándose a sus emociones e instintos. Yaten le abrió la blusa por completo, dejando a la vista su sostén. Con las manos temblorosas intentó quitar el broche, pero a causa del nerviosismo no pudo hacerlo. Mina sonrió con ternura y le ayudó quitandolo ella misma. Su blusa y su sostén cayeron al suelo, dejando que Yaten contemplara sus redondos y turgentes senos.
— No, no me mires así... —Dijo Mina con timidez, cubriéndose con las manos.
— ¡No seas tonta! —Le dijo Yaten, cogiendo sus manos para obligarla a descubrirse—. No puedo evitar mirarte si me muestras algo tan hermoso como tu cuerpo.
Mina sintió como la sangre subía a su rostro, enrojeciendo por completo. Yaten se quitó la camisa y lentamente acarició su cuello son la yema de sus dedos, bajando con sutileza hacia sus senos, dando caricias circulares por el contorno del pezón. Mina dejó salir un leve gemido y él la recostó en el sofá, quedando sobre ella. La besó en el cuello, bajando por su pecho, la contempló por varios segundos, hasta que se atrevió a pasar su lengua por los senos, deslizándose por su plano abdomen. Le subió la falda, encontrándose con su ropa interior húmeda, se detuvo unos segundos, hasta que tomó el valor y acarició con sus dedos su sexo por encima de la prenda, mientras ella se quejaba con los ojos cerrados, sintiéndolo, anhelando tenerlo dentro de su ser.
Yaten se quitó el resto de la ropa, quedando completamente desnudo sobre ella. Mina abrió los ojos con nerviosismo, miró la entrepierna de su pareja y desvió la mirada de inmediato, su cuerpo temblaba por completo.
— ¿Qué te ocurre? —Le preguntó Yaten algo asustado— ¿Quieres que me detenga?
— No es eso. —Respondió Mina, tapándose el rostro con ambas manos.
— ¿Entonces? ¿Por qué tiemblas así? ¿Por qué desvías la mirada?
— Porque... porque estoy muy nerviosa y...
— ¿Y? —Preguntó Yaten ansioso.
— ... Yo... yo tengo miedo... de que me duela mucho. —Dijo Mina, con las manos aún en su rostro.
Yaten sonrió, le quitó las manos del rostro y la besó tiernamente en los labios.
— Si tienes miedo, entonces me detendré.
— ¡No! Yo quiero, en verdad te deseo mucho... solo te pido que seas... que seas gentil. —Le dijo Mina con las mejillas sonrojadas.
Yaten asintió, comenzó a quitarle la falda y la ropa interior, dejando a la vista su cuerpo completamente desnudo.
— Mina... me gustas mucho. —Le dijo Yaten recorriéndola de pies a cabeza con la mirada.
Ambos se besaron de forma lujuriosa, mientras Yaten comenzó a acariciar sus muslos, preparando el camino para lo que seguiría. Mina comenzó a abrir sus piernas de a poco. Yaten introdujo uno de sus dedos en su interior, haciéndola humedecerse más, enloqueciendo con la caricia. Cuando ella comenzó a mover las caderas siguiendo el movimiento de sus dedos, él supo que estaba lista para recibirlo.
Se acomodó entre sus piernas, ella se aferró a su cuerpo, enterrando las uñas en su espalda con nerviosismo. Yaten comenzó a entrar lentamente, disfrutando de la grata sensación de sentir como entraba en sus ardientes entrañas, mientras besaba su cuello perdido en el deseo y en el dolor que sus uñas le causaban incrustadas en su piel. Mina gritó de dolor, pero también de placer cuando sintió que él la penetraba de manera exquisita. Yaten sentía como Mina apretaba su miembro viril desde adentro, a causa de la estrechez. Sus cuerpos ahora eran uno solo, moviéndose lentamente, haciendo que el dolor se transformara en infinito placer.
— ¡Te amo, Yaten! —Le dijo Mina entre jadeos a Yaten.
— Y yo a ti, Mina. —Respondió Yaten de vuelta, entrando en ella por completo.
Ambos jadeaban en un vaivén de infinitas sensaciones. Mina clavó sus colmillos en el cuello de Yaten cuando este se apegó a ella, ahogando así los gritos de dolor y placer que estaba sintiendo. Yaten sintió el dolor de sus mordidas, haciendo que intensificara el ritmo de las embestidas, el sonido del choque de sus cuerpos inundaba la habitación, haciéndolos llegar al clímax juntos.
Mientras, Rei llegaba al palacio. Se dirigía a la habitación de Serena, quien estaba sentada en la alfombra, abrazándose a sus piernas y escuchando música, perdida en su mundo.
— ¿Serena? ¿Estás bien? ¿Qué te ocurre? —Preguntó su amiga, sentándose a su lado.
— Rei, estoy muy confundida. —Dijo Serena con tristeza.
— ¿Por qué?
— Quiero que mi pobre Seiya despierte, no sé como ayudarlo... y para colmo, creo que soy una pésima novia.
— ¿Por qué dices eso, Serena? Has estado todos estos días cerca de Seiya, no le has dejado solo ni una vez. —Dijo Rei, acariciando el cabello de su amiga.
— Rei... yo he estado cerca de Seiya, pero... pero también me he acercado mucho a ese joven que conocí, a Darien.
Rei se estremeció, sabía que su amiga iba a confesar algo realmente importante.
— ¿Y... y eso qué tiene de malo? —Preguntó Rei con disimulo.
— Mi corazón se agita mucho, siento una extraña calidez cuando estoy junto a Darien, es un sentimiento que me confunde. Además, la forma en que él me habla, como me mira... No sé que sucede. Cuando intento analizar el por qué me siento así con Darien, comienza a dolerme la cabeza. —Dijo Serena tomando su cabeza con ambas manos.
Rei tragó grueso, se puso de rodillas frente a su amiga y la cogió por los hombros.
— ¡Serena! ¡Ya fue suficiente! ¡Mírame! ¡Mírame bien! —Le ordenó Rei.
Serena la miró a los ojos sin entender.
— Serena, yo soy Rei, Sailor Mars, ahora y en el pasado... tú, tú eres la princesa, pero también lo fuiste en el pasado. —Explicó Rei con desesperación— ¿Recuerdas a Seiya? ¿Recuerdas a Darien? ¡Recuerda, Serena! ¡Tienes que recordar!
Serena comenzó a retroceder, sintiéndose algo asustada por las palabras de Rei. Su cabeza empezó a doler.
— ¡Serena! Tú eras Sailor Moon, eras la reina Serenity ¿Lo recuerdas? ¿Recuerdas por qué volviste? —Insistió Rei, agitándola de los hombros.
Serena cerró los ojos, su cabeza dolía mucho. Comenzó a quejarse, una luna creciente se formó en su frente, liberando un fuerte resplandor. Serena se largó a llorar, de pronto las imágenes de su pasado comenzaron a golpear en su mente con violencia. Escuchó la voz de Seiya, la voz de Darien, a sus amigas, vio escenas de su vida anterior... Ahora todo estaba claro. El resplandor se esfumó, Serena cayó al piso desmayada. Rei la tomó entre sus brazos. Diana, Rini y Helios entraron a la habitación agitados.
— ¿Qué ocurrió? —Preguntó Helios.
Rei levantó la mirada para encontrarse con él.
— Creo que Serena ya volvió. —Dijo Rei apenas.
