Capítulo Diecisiete: "Que los sentimientos fluyan"

Estaba oscureciendo, el día casi llegaba a su fin. Serena se encontraba de pie en la sala de espera del hospital, todos sus amigos y familiares la miraban con asombro. Su padre Endymion caminó hacia ella.

— ¿Cómo te sientes ahora, Serena? —Preguntó su padre.

Serena levantó su rostro, sus ojos estaban completamente enrojecidos e hinchados de tanto llorar.

— Serena, aunque hayas recordado todo, quiero que sepas que sigues siendo mi princesita. —Dijo Endymion, estrechándola fuertemente entre sus brazos.

Una leve sonrisa se dibujó en sus labios, Serena devolvió el abrazo a su padre. Se separó de él y miró a su madre, quien estaba a menos de un metro de ellos.

— Antes que cualquier cosa, quiero que...—Serena se interrumpió. Tomó la mano de su padre y la llevó hasta la mano de Erika. Ambos se sorprendieron e intentaron retroceder, pero Serena se los impidió— Quiero que sepan que no importa el pasado, ustedes son mis padres ahora. Han sido amorosos todo el tiempo, me han consentido y protegido toda mi vida. Y todo eso ha sido posible porque me aman, aman a mi hermana y admítanlo, ustedes se aman entre sí.

Endymion frunció el ceño, mirando con desprecio a Erika, quien lo observaba a los ojos con ternura. Endymion quiso parecer frío, pero no podía, porque en el fondo de su corazón amaba a esa mujer. Serena soltó las manos de sus progenitores, estos seguían tomados de las manos, sin darse cuenta que Serena ya no los obligaba.

— Hablaremos luego. —Dijo Endymion al fin, después de varios segundos, soltando la mano de Erika y dándole la espalda.

Serena caminó en dirección a la habitación de Seiya, les pidió a sus amigos y familiares que la dejaran sola por el momento. Serena suspiró, se llenó de valor y abrió la puerta lentamente para entrar a la habitación. Una vez dentro, se acercó lo más que pudo a Seiya, quien dormía profundamente, desde hace una semana. El sonido inquietante del monitor de signos vitales, se escuchaba en toda la habitación.

— Seiya... mi paciente y perseverante Seiya ¿Qué te he hecho? Desde hace siglos que te hago sufrir y es solo porque desde hace siglos que confundes mis sentimientos —Dijo Serena, cogiendo la mano de Seiya con fuerza, entrelazando sus dedos en los de él—. Ahora entiendo porque reprimía tanto mis sentimientos contigo... estaba acostumbrada a hacerlo desde tiempos lejanos.

Serena comenzó a llorar. Se acercó hasta su rostro, quedando muy cerca, empezó a recorrerlo con la mirada, deteniéndose en su labios.

— No podía amarte, porque Darien era primero en mi vida... aún así, me confundía, mis sentimientos por ti se hacían más fuertes. No podías reemplazar a Darien, simplemente porque yo lo amaba a él. —Decía Serena entre sollozos.

Seiya se veía pálido y no reaccionaba ante las palabras de Serena. Ella pegó su frente a la de él.

— ¿Por qué tuvo que pasarte todo esto? Seiya... Lo siento tanto. —Dijo Serena, pegando finalmente sus labios a los de Seiya.

Un resplandor comenzó a salir del cuerpo de Serena, iluminando el cuerpo de Seiya también y sobre su cabeza empezó a materializarse un Cristal. Seiya abrió los ojos lentamente, pestañeó varias veces hasta que los abrió por completo; el color volvía a sus mejillas. El cristal de Plata se mantenía flotando. Serena separó sus labios de los de Seiya lentamente y sonrió aliviada cuando se encontró con aquellos ojos azules que la miraban con amor. El Cristal de Plata flotó hasta ella, Serena lo cogió entre sus manos.

— ¿Te encuentras bien, Seiya? —Preguntó Serena con preocupación.

— Bombón... si te encuentras a mi lado, entonces todo está bien para mí. —Dijo Seiya apenas en un susurro.

Serena sonrió con alegría, guardó el Cristal en su bolsillo, limpió sus lagrimas y se abrazó de Seiya. Él le devolvió el abrazo con ternura.

Alguien interrumpió el momento, llamando a la puerta. Una enfermera entró a la habitación, si esperar respuesta y vio que Seiya se había despertado, chequeó sus signos vitales y salió corriendo a buscar al médico, quien se sorprendió de sobremanera al ver a Seiya despierto y con sus energías de vuelta casi por completo.

El médico le solicitó a Serena salir de la habitación para poder examinar al paciente. Serena asintió y cuando salió, todos sus familiares y amigos la esperaban expectantes.

— El Doctor quiere examinar a Seiya, pero al parecer se encuentra muy bien. —Explicó Serena.

Todos se alegraron de inmediato, Seiya estaba de vuelta y esas eran excelentes noticias. Rini se acercó a Serena con una gran sonrisa.

— Sabía que lo lograrías.

Serena sacó el Cristal de Plata de su bolsillo y se lo entregó a Rini.

— No, Serena. Ese Cristal ya te ha escogido a ti como su dueña. Ahora es tuyo y debes protegerlo. Cuando seas la reina, descansara contigo en el trono. —Le dijo Rini.

Serena sonrió y volvió a guardar el Cristal en su bolsillo.

Taiki sonreía feliz, de pronto tropezó con la mirada de Amy. Ella se quedó pegada unos segundos y luego desvió la mirada hacia otro lugar. Taiki notó la hostil reacción de Amy y caminó hacia ella.

— ¿Podemos hablar? —Le preguntó a Amy, quien charlaba con Rei.

— No creo que sea buen momento. —Le respondió Amy, dándole la espalda a Taiki.

Mientras, Erika le pidió a Serena charlar a solas. Ambas caminaron hacia el corredor.

— ¿Qué hay sobre tus sentimientos ahora, Serena? —Preguntó Erika.

— ¿Mis sentimientos? Bueno, creo que eso será algo que hablare con Seiya primero. —Contestó la rubia.

— ¿Recuerdas todo?

— Sí...

— ¿Qué harás, Serena?

— Primero quiero hablar con Seiya. —Reiteró Serena, quien se veía realmente contenida.

La reina Erika suspiró y asintió a la voluntad de su ahora hija.

— En vez de estar preocupada por asuntos sentimentales ajenos, es bueno que te hagas cargo de los tuyos primero, madre —Sugirió Serena—. Tú has renacido y también mereces ser feliz.

Serena volvió a entrar en la sala de espera, Erika iba a seguirla, cuando de frente, se le apareció su esposo Endymion.

— ¡¿Endymion?!

— No quiero estar lejos de ti, no me importa si eres Erika o la Princesa Kakyuu... te amo de todos modos. —Dijo Endymion, sin preámbulos.

Erika se abrazó de él. En el pasado, ella dio todo por su reino, por sus guerreras, por su gente, que no se dio nunca el tiempo de amar. Serena tenía razón, en esta vida ella tenía una familia y un gran amor, debía luchar por ello y ser feliz.

Endymion buscó su mirada, Erika cerró los ojos y ambos se unieron en un tierno beso.

Taiki esperaba noticias del Médico, junto a Yaten y Mina, quienes estaban cogidos de las manos.

— El día de hoy los veo muy unidos. —Dijo Taiki.

Mina y Yaten se avergonzaron.

— Eh... sí, bueno... nosotros solucionamos nuestros problemas. —Explicó Yaten algo nervioso.

— ¿Así qué ahora son novios? —Preguntó Taiki.

— Bueno, nosotros... pues... S-sí. —Respondió Yaten, intentando ponerse serio. Mina apoyó su cabeza en su hombro.

Taiki sonrió ante lo que le pareció un gesto tierno.

— Ya sabes lo que dicen, Taiki, "Más vale tarde y tendrás cien años de perdón" —Dijo Mina muy sonriente.

Yaten y Taiki sonrieron forzosamente.

— Creo que juntaste dos refranes que no tienen nada que ver, Mina. —Dijo Yaten.

— ¿Ah, si? Bueno pero tú me entiendes. —Dijo Mina riendo estrepitosamente.

— ¿Qué hay de ti, Taiki? —Preguntó Yaten— Veo que últimamente Amy no te habla.

— Ha sido mi culpa... yo la he dejado de lado y ella tal vez se cansó de tener que estar siempre disponible para mí, sin recibir nada a cambio. —Se lamentó Taiki.

El Médico salió de la habitación de Seiya e informó que se encontraba en excelentes condiciones, pero que quería observar su avance un par de días más. Autorizó a las visitas a pasar brevemente, Seiya debía descansar de tantas emociones.

Cuando llegó el momento de irse, Serena quiso quedarse, pero Seiya le pidió que no lo hiciera.

— Mañana quiero pasar todo el día contigo y si te quedas no podrás descansar lo suficiente. Ve a casa, yo estaré bien. —Le pidió Seiya con ternura.

Serena asintió. Los demás se retiraban del hospital también.

— Se ha hecho muy tarde ¿Quieres que te acompañe a tu casa? —Preguntó Taiki a Amy cuando estaban en la puerta del Hospital.

— No, gracias. Puedo irme sola.

— Pero es muy tarde, déjame acompañarte. —Insistió Taiki.

— No, Taiki. Tú solo sigue preocupándote de tus asuntos, que de los míos me encargo yo. —Dijo Amy, dejando a Taiki boquiabierto.

Amy generalmente era una chica tímida y de carácter dulce, verla molesta no era algo común.

Taiki no estaba dispuesto a recibir un "no" rotundo de Amy, así que la siguió desde lejos. Pero Amy, tomó un taxi para perderlo. Para su sorpresa, cuando ella llegó a casa, Taiki estaba esperándola.

— ¡¿Qué haces?! ¿Cómo es que llegaste primero? —Preguntó Amy sorprendida al ver a Taiki apoyado en la puerta de su departamento.

— Tomé un atajo. Sabía que venías a tu casa. —Explicó Taiki.

— No debiste. ¡Ahora vete, por favor!

— Amy, sé que he estado postergando una conversación importante contigo, pero de verdad no fue esa mi intención, tenia muchas cosas de que preocuparme. —Explicó Taiki.

— Lo siento, Taiki. Creo que no hay nada más de que hablar. Me haces sentir que soy la última de la lista. —Dijo Amy, mientras buscaba en su bolso la llave para abrir la puerta.

— Amy, los acontecimientos recientes no fueron simples. Ustedes recuperaron sus recuerdos; la princesa Kakyuu a quien siempre serví, estaba pasando por un mal momento; mi hermano se encontraba en estado crítico... no es que seas la última de la lista, eres la única en mi lista de prioridades que está a salvo. Contigo todo está bien siempre. —Explicó Taiki.

Amy se quedó pensando en las palabras de Taiki, tal vez él tenía razón, los sucesos que ocurrieron no eran más importantes que ella, pero si debían solucionarse con más urgencia ¿Había sido una exagerada? Tal vez, en vez de estar molesta con Taiki, pudo ser de más ayuda para él y pudo brindarle de su apoyo.

— Taiki... yo no sé que decirte. —Dijo Amy, cabizbaja. Ahora se sentía algo tonta.

— ¿Amy, quieres ser mi novia? —Dijo Taiki buscando su mirada.

Amy no podía creerlo, no estaba preparada para escuchar algo como eso ¿Por qué parecía que Taiki tenía el don de desconcertarle?

— ¿Está tu padre en casa? Si aceptas, ahora mismo hablare con él y lo pediré formalmente. —Dijo Taiki, haciendo que Amy se pusiera totalmente ruborizada.

— ¡Espera! ¡¿Qué?!

— ¿No quieres? —Preguntó Taiki desilusionado.

— Yo... yo... Taiki... mi padre no... no hay nadie en casa ahora... —Amy no podía ni hablar— Hablaremos luego. —Dijo finalmente y abrió la puerta para entrar.

— Amy ¿Me estas rechazando?

— Claro que no.

— Es tarde ¿A qué hora llega tu padre?

— Mañana en la tarde, esta dando una conferencia en otra ciudad. —Explicó Amy, ella vivía sola con su padre, quien se dedicaba a la política.

— Ya veo. —Dijo Taiki, entrando al departamento junto con Amy.

— ¿Qué haces? —Preguntó Amy.

Taiki cerró la puerta tras él, Amy se puso nerviosa, Taiki caminó lentamente hacia ella, arrinconándola contra la pared.

— Quiero retomar esa conversación ahora, justo en el momento en donde nos interrumpieron. —Susurró Taiki. Amy quiso decir algo, pero las palabras se ahogaron en su boca, con un fogoso beso que Taiki le dio.

Amy sintió un cosquilleo subiendo por su vientre. Taiki la apretaba ahora contra su cuerpo, haciéndola sentir su calor, su respiración agitada.

Taiki se separó de ella, Amy sentía que su corazón se saldría por su boca.

— Amy, no quiero perder más el tiempo, yo quiero demostrarte aquí y ahora lo que siento ¿Puedo quedarme contigo esta noche? —Preguntó Taiki con voz ronca y seductora.

Amy se estremeció ante la propuesta de Taiki. Ella no sabía que decir, así que solo dejó que su cuerpo hablara. Lo jaló del cuello de la camisa y lo atrajo hacia ella, pegando sus labios en un intenso beso. Taiki deslizó las manos hasta la cintura de Amy y la apretó contra su cuerpo. Amy pudo sentir el roce de su abultado miembro contra ella y se se separó de él bruscamente.

— Taiki... yo...

— Te amo. —Le dijo Taiki acercándose a ella nuevamente y le habló al oído, mientras le rosaba con sus labios el lóbulo de la oreja.

A Amy le pareció que él estaba siendo sincero y sus ojos se cristalizaron.

— ¿Qué te ocurre? ¿Te he asustado? ¿Deseas que me marche?

Amy, negó con la cabeza.

— Lo que pasa es que... nunca creí que te escucharía decirme algo como eso. —Explicó Amy emocionada.

Taiki sonrió con ternura. Le acarició el cabello y lo acomodó tras de su oreja.

— Perdona por no decírtelo antes. —Le dijo Taiki, dándole un beso en la frente

Amy lo cogió de la mano y lo llevó hasta la habitación con nerviosismo, sentía que sus piernas se tambaleaban con cada paso que daba. Se acomodó en la cama temblando, él la contemplaba, mientras le acariciaba el cabello.

— No quiero apresurar las cosas, ni mucho menos asustarte, así que si no estás segura, solo me quedaré a tu lado. —Le dijo Taiki.

Amy pensó en las palabras que su amiga Mina le había dicho una vez: "Es que eres muy seria, Amy. Deberías un día de estos acorralarlo a la pared y besarlo apasionadamente"

Esta vez, ella no quería ser una mojigata, tomaría la iniciativa.

— Taiki, yo quiero que... que tú y yo... quiero que me hagas tuya. —Dijo Amy entre tartamudeos.

— ¡Amy! ¿Estás segura? ¿Estarás bien con eso? Porque no tienes que sentirte presionada.

Amy tenía el rostro encendido, pero no desistió. Tomó a Taiki por los hombros y lo empujó a la cama, subiéndose encima de él.

— Dejemos que nuestros sentimientos fluyan. —Pidió Amy, juntando sus labios con los de Taiki, introduciendo la lengua.

Taiki comenzó a quitarle la blusa, entre apasionados besos, desabrochó su sostén, dejando ver sus grandes y redondos senos.

Amy permanecía con sus mejillas ruborizadas, Taiki se relamió los labios y curvó una sonrisa. Se quitó la polera, deslizó lentamente sus manos por la esbelta figura de su novia Amy y la hizo girar a la cama. Luego con ambas manos, la cogió de las muñecas, dejando su cuerpo aprisionado por el de él.

Amy lo miraba a los ojos, pudo ver un brillo especial en los de Taiki. Sus bocas volvieron a encontrarse con desesperación. Taiki le acarició uno de sus pechos y lo apretó con suavidad. Amy dejó escapar un leve gemido al contacto, lo que a él le pareció un deleite. Bajó su boca hasta sus pechos y comenzó a lamer lentamente uno de sus pezones, pasando la lengua por el contorno y succionado con su boca, haciéndola estremecer de deseo, haciéndola gemir cada vez con más intensidad. De pronto, Taiki se separó de ella y se acercó a su oído para susurrarle:

— Eres deliciosa ¿Me dejas seguir probándote?

Amy sintió que su entrepierna se humedecía de solo escuchar esas palabras de aquella forma tan varonil y seductora. Asintió con las mejillas encendidas y con la respiración entre cortada, ansiando las caricias de su novio. Taiki bajó por su abdomen, marcando el camino con su lengua, llegó hasta su pantalón, el cual desabrochó solo de un tirón. Comenzó a quitarlo, deslizándolo suavemente por sus piernas. Taiki se detuvo para admirar el cuerpo de Amy y le quitó la prenda interior, mirándola seductoramente.

Amy instintivamente junto las piernas. Taiki recorrió sus piernas con ligeros besos, hasta llegar a su zona íntima.

— Fuiste tú quien me autorizó a probarte. —Le recordó Taiki, mientras le abría las piernas para pasar su lengua lentamente.

Amy dejó escapar un grito de excitación que resonó por toda la habitación, se aferró a las sabanas con fuerza. Taiki daba lamidas más intensas, introduciendo su lengua, Amy sentía que iba a enloquecer de placer, jadeaba, mientras liberaba la humedad por su sexo. A Taiki le pareció que probaba un exquisito néctar y lamió con más fuerza.

Amy curvó su espalda de placer. Taiki se detuvo, le pareció que Amy ya estaba lista para recibirlo. Se quitó los pantalones y la ropa interior, quedando completamente desnudo. Ella lo miró de reojo, no podía creer que él tuviera un cuerpo tan atlético. Taiki acercó su viril miembro a la entre pierna de Amy. Ella se sintió algo avergonzada. Taiki sintió que el cuerpo de la chica temblaba. Entró en ella lentamente, la estrechez de la chica era demasiada, hizo que Amy diera un grito de dolor cuando al fin consiguió entrar, un grito que ella misma apagó tapando su boca, con ambas manos. Taiki sintió que estaba en el cielo cuando puedo entrar completamente en ella, las entrañas de la chica ardían por dentro, pero se acomodaban para recibirlo y formar uno solo.

— ¿Te duele mucho? —Le preguntó Taiki con preocupación.

— S-sí, pero no te detengas. —Le pidió Amy con voz quejumbrosa.

Taiki comenzó a moverse lentamente, intensificando sus movimientos de a poco, Amy gemía al compás de las embestidas. Luego de un rato, Taiki pudo darse cuenta de que ella lo estaba realmente disfrutando, parecía que sus cuerpos se habían adaptado al del otro por completo. Amy empezó a dejar de sentir el dolor y aquel ardor del principio, el placer fue en aumento, haciéndola sentir un fuerte cosquilleo en su interior, que subía por su vientre.

— Hazlo más fuerte. —Le pidió Amy jadeante, empujando las caderas de su compañero con sus manos, para obligarlo a entrar más.

Taiki se dejó caer sobre ella sin parar de embestirla, ella le rodeo la cintura con las piernas y enterró sus uñas, haciéndolo llegar al clímax total, dejando escapar un gemido ronco de su boca, haciendo que ella también sintiera el éxtasis total.

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Gracias por sus bellos comentarios. Espero que les gustara este nuevo capítulo, ya no falta nada para el final.