Siento volver a haber tardado tanto en publicar un nuevo capítulo, pero tengo bastantes historias y profesores que deciden no dar clase, lo siento.
Espero que os guste :)
7
El Plan
Bull Run Mountains
18 de febrero del 2010
- Todavía no me puedo creer que se haya escapado-susurró Carlisle.
Esme, Eleazar y él estaban en su despacho, y Esme intentaba encontrar a Renata con un hechizo. Era lo primero que Carlisle decía en varios minutos. Nadie podía creerse cómo había desaparecido Renata. La "celda" en la que la habían encerrado era inquebrantable. Nadie podía entrar en ella, a no ser que Esme quisiera. Estaba más que comprobado. Y aun así, Renata había logrado salir.
- Yo tampoco-dijo Eleazar. Estaba sentado en un sillón, mirando por la ventana. Nadie lo había notado, pero lo que en realidad hacía era observar por si Carmen aparecía. Llevaba todo el día haciéndolo.
- Silencio-dijo Esme, y ambos hombres sintieron un escalofrío. La voz de Esme en aquellos momentos era como un cúmulo de voces, y supieron que estaba contactando con las otras brujas, creando una conexión entre ellas y buscando el aura de Renata gracias a ellas-. Necesito concentración.
- Lo siento-murmuraron los dos a la vez, y volvieron a quedar en silencio.
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- Así que Renata no debería haber podido escapar porque la celda es inquebrantable-dijo Bella cuando Garrett terminó de hablar.
Los chicos se habían encontrado con Garrett y Kate en el salón, y él les contó todo sobre la celda. Esta llevaba un hechizo antiguo, uno que había hecho una bruja muchísimos años atrás. Aquella había sido una bruja muy poderosa. Esa mujer era un ancestro de las Platt, la familia de Esme. Su nombre había sido Maryse.
- Sí, exactamente-dijo Kate asintiendo con la cabeza. Ella era la que parecía más afectada por lo que había pasado, aunque ella había sido la que menos culpa tenía, teniendo en cuenta el hecho de que ella no había estado en la casa durante varios días-. No tengo ni idea de cómo ha podido escapar. Es imposible. Todos nosotros lo intentamos: Carlisle, Esme, Carmen, Garrett, yo misma,... Y ninguno de nosotros pudo salir.
- ¿Y qué vamos a hacer?-preguntó Alice mientras que observaba a Jasper. Este tenía a Bree en brazos, y la niña no parecía muy contenta. No paraba de moverse y sollozar. Jasper intentaba calmarla, pero no daba resultado.
- Nosotros nada. Seguir con vuestra educación. No podemos hacer nada, aparte-contestó Garrett.
En ese momento Bree empezó a llorar con fuerza. Edward se levantó y cogió a la niña de los brazos de Jasper. Salió de la casa y empezó a caminar por el jardín, desde donde todos lo veían por la ventana. Observaron como el chico le hacía arrumacos y gestos al bebé, haciendo que esta se calmara y riera. Edward sonreía feliz, y Bella no pudo evitar sonreír también al ver la felicidad de ambos. Jasper, sin embargo, no estaba tan feliz. No sabía por qué, pero era incapaz de entender a aquella niña, cuando a Edward le parecía muy fácil que esta se calmara. Y eso le molestaba. Al fin y al cabo, era su familia, no la de él.
- Pero deberíamos hacer algo-se quejó Alice sin hacer caso de lo que ocurría-. Yo tengo que hacer algo.
- Déjalo, Alice-suplicó Bella cuando pudo apartar los ojos de Edward y Bree-. Es mejor que no hagamos nada. Si nos metemos en problemas con los Vulturi, ellos nos harán pagarlo.
- Me da igual. Kate, sé que tú también quieres hacer algo. Hagamos algo.
- Me encantaría, Alice, pero no puedo. Carlisle me ha prohibido que haga algo. Y lo entiendo. Ya he estado en problemas, me secuestraron. No puedo hacer nada más.
- Olvídate de hacer nada, Allie-dijo Jasper todavía un poco mosqueado-. No nos van a dejar que hagamos nada. ¿Vienes a dar un paseo?
- Claro. Teniendo en cuenta que no puedo hacer nada...
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- La tengo-dijo Esme con aquella voz escalofriante una media hora después.
- ¿Dónde está?
- En New York. Parece que los aviones no están de su parte-contestó la mujer recuperando su voz normal, y con una sonrisa-. Si corremos tenemos tiempo de encontrarla.
- Yo iré-dijo Eleazar levantándose-. Pero vosotros tenéis que aseguraros de que Carmen vuelve a casa. No puede vivir siempre ahí fuera.
- Iré a buscarla, Eleazar-prometió Carlisle-. Lo haré enseguida.
- Gracias, Carlisle.
Eleazar se levantó y avanzó hacia la puerta. Se marchó sin siquiera mirar atrás una vez.
Volterra, Italia
19 de febrero del 2010
- Alec me ha dicho que hay tres chicos nuevos-dijo Rosalie entrando en la habitación de Emmett sin llamar. Este acababa de salir de la ducha, por lo que llevaba solamente una toalla. Rosalie se fijó en su cuerpo inmediatamente, sin molestarse en ocultar su descaro. No era la primera vez que lo hacía, pero Emmett no le daba importancia.
- ¿Quiénes son?
- Dos chicas y un chico. Son hermanos. Una de ellas crea ilusiones, la otra tiene los sentidos anplificados, y el chico es intangible. Se llaman Rachel, Rebecca y Jacob.
- Estás muy informada.
- Tengo que estarlo-replicó Rosalie-. Mi plan sigue andelante. Pero no encuentro a Aline. Al menos, no sola.
- ¿Y qué vas a hacer? ¿Colarte en su habitación?-preguntó Emmett con sarcasmo. Se tiró en la cama sin preocuparse por que la toalla se desplazara. La chica tampoco le dio importancia, y sonrió.
- Claro. Colarme en su habitación-dijo, sentándose en el suelo con las piernas cruzadas-. Colarme en su habitación.
- Dime que no. Dime que no he sido yo el que te ha metido esa idea en la cabeza-suplicó Emmett negando con la cabeza.
- No has sido tú, Emmett.
- Se suponía que eras buena mentirosa-dijo el chico. Rosalie le sacó la lengua infantilmente y se marchó de su habitación.
Emmett suspiró. Todavía no conseguía entender por qué le hacía caso a lo que ella le decía y la apoyaba. Rosalie estaba loca, y lo iba a volver loco a él. Definitivamente, colarse en la habitación de Aline no era una buena idea. Aquella mujer iba a acabar con él.
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Rachel salió de la ducha y se puso un albornoz que encontró por ahí. Se recogió el pelo en un moño alto y salió a su habitación, donde sus hermanos dormían, tumbados en su cama. Cuando la llevaron a aquella habitación, lo primero que pensó era que era muy impersonal. La cama era demasiado cómoda, las sábanas demasiado suaves,... Todo le hacía recordar que aquel no era su hogar. Sus hermanos, sin embargo, no parecían tan a disgusto. Llevaban todo el día durmiendo, y parecían tener algún plan. Rachel, sin embargo, no sabía nada sobre ello. Y sabía que todo había empezado cuando Rebecca aceptó vivir con los Vulturi. Ella también había aceptado, pero porque esperaba que sus hermanos la informaran sobre el plan. No lo habían hecho.
- ¿Qué estáis planeando?-preguntó, aunque nadie respondió. Sus dos hermanos estaban dormidos, tranquilamente, como si su vida no estuviera en peligro.
Seattle, Washington
Tanya Denali se encontraba frente al gran edificio de "Anderson & Jenks". Los abogados mejor cualificados de todo Washington. No comprendía como dos abogados habían conseguido un edificio tan enorme, ni para qué lo necesitaban. Y es que la mayoría del edificio era privado. Sólo la última planta, la quince, estaba disponible para el negocio. Tanya no tendría que haber venido. Sabía que ni James Anderson ni Jason Jenks conseguirían demostrar la culpa de Renée por la desaparición de su amiga Bella. Pero no podía hacer nada más.
Entró y se dirigió al ascensor. Entró y apretó el botón del piso quince, e intentó no parecer tan nerviosa. Se retocó el pelo y el maquillaje y, cuando las puertas del ascensor se abrieron, ella estaba absolutamente profesional, hermosa y elegante. Llevaba un traje que le había cogido prestado a su madre, con intención de parecer más adulta, y el pelo rubio rojizo arreglado en un moño.
Una secretaria pelirroja la miró de arriba-abajo, como evaluando si valía la pena. Tanya se acercó a ella de manera majestuosa, y sin siquiera dirigirle una mirada, dijo:
- Estoy aquí para ver al señor Anderson. Mi nombre es Tanya Denali.
- Si no tiene cita no...
- La tengo-interrumpió Tanya. Luego miró su reloj-. Dentro de dos minutos.
- Voy a preguntar.
Se levantó y se dirigió a una puerta al fondo. "James Anderson, abogado", decía la placa en la puerta. Llamó, y después de escuchar algo, entró en el despacho. Tanya observó su alrededor. Sólo había dos puertas. Una de ellas llevaba al despacho de Jason Jenks, el otro abogado, y la otra llevaba al aseo. Pensó en ir para volver a arreglarse, pero entonces la secretaria salió del despacho, con expresión enfadada.
- Puede pasar. Parece ser que no me avisaron.
- Ya se lo dije.
Tanya se dirigió al despacho, con la cabeza bien alta, pero se sintió intimidada en cuanto vio a James Anderson. No era un hombre grande, ni excesivamente, pero imponía mucho respeto, y Tanya se sintió asustada. Sin embargo, el hombre sonreía, por lo que la chica intentó devolvérsela, aunque lo único que apareció en su cara fue una mueca, un intento de sonrisa.
- Encantado de conocerla, señorita Denali-dijo el hombre levantándose y extendiendo una mano.
- Igualmente, señor Anderson.
- Siéntese, por favor. ¿Para qué ha venido a verme?
- Necesito que me ayude a demostrar algo. A demostrar que mi amiga ha desaparecido por culpa de su madre.
- ¿Quién ha desaparecido?
- Supongo que habrá escuchado sobre la desaparición de Isabella Swan. Su padre es el jefe de policía de Forks-explicó Tanya-. Desapareció hace unos días, y yo estoy segura de que Renée la echó. Pero no puedo probarlo.
- Necesito más información, señorita Denali.
- Le contaré todo lo que sé...
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Una hora después, Tanya salió del despacho de James, y este sonrió. Aquel era su siguiente proyecto. Claro que él sabía sobre la desaparición de Bella. Sabía todo sobre sus creaciones. Y Tanya, aquella mujer tan hermosa, valiente y amiga de Isabella, iba a ser su nueva creación. Estaba decidido.
New York City, New York
20 de febrero del 2010
Cuando Eleazar vio a Renata, faltaba casi media hora para que el avión hacia Roma en el que Renata viajaría. Se acercó a ella, pillándola desprevenida. Esta se giró cuando sintió una mano en su hombro, y Eleazar sonrió. La Vulturi quiso poner en marcha su poder, pero sabía que no era buena idea. Llamaría la atención que Eleazar saliera disparado hacia atrás en cuanto la tocara.
- ¿Qué quieres, Eleazar?
- ¿Cómo has escapado?
- ¿Por qué piensas que te lo voy a decir? No sería el primer secreto de los Vulturi que desvelas a los Cullen.
- Yo no he desvelado nada. Me he dado cuenta de que estaba en el lado equivocado, nada más.
- Y por eso has perdido a Carmen, ¿verdad?
Se quedaron en silencio. Eleazar se sentía dolido. Carmen era lo único en lo que se había equivocado. No se arrepentía de haber dejado a los Vulturis, y no se arrepentía de todo lo que había hecho antes de dejarlos. Sólo se arrepentía y lamentaba lo de Carmen. Y Renata lo sabía, por supuesto.
Se quedaron en silencio, mirándose, hasta que una voz anunció la salida del vuelo hacia Roma. Renata se levantó y empezó a caminar. Entonces, Eleazar decidió usar su poder. Hacía meses que no lo utilizaba, pero debía hacerlo. Hizo que tanto Renata como él pasaran desapercibidos. Se acercó a la chica y le dio un golpe, haciendo que esta quedara inconsciente. Eleazar la cogió en brazos y la metió en un coche de alquiler, uno que no iba a devolver. Se subió al asiento del conductor y empezó a conducir hacia Virginia. No había tiempo que perder. Había que encontrar la manera de retener a Renata.
Volterra, Italia
- ¿Por qué no me contáis nada?-gritó Rachel enfadada, cuando encontró a sus hermanos cuchicheando en la habitación de Rebecca.
- ¿Sobre qué, Rachel?-preguntó Jacob con el ceño fruncido.
- Como si no lo supieras. Acepté quedarme aquí porque tú-dijo señalando a Rebecca- tenías un plan. Y ahora vosotros dos sabéis sobre él y yo no.
- No te lo hemos contado porque no queremos que metas la pata. Tú siempre metes la pata. ¿Por qué te crees que te dejamos vigilando cuando lo de James?-dijo Rebecca.
- ¿Cómo puedes ser así, Becca? Que yo sepa, tú fuiste la única a punto de estropear el plan.
- Está bien-dijo Rebecca, desvelando la verdad-. No te lo hemos contado por ese chico.
- ¿Qué chico?
- Demetri. Sé que ese chico siempre consigue lo que quiere, y parece querer convencerte a ti de que le cuentes todo.
- ¿De qué hablas?
- Tiene razón, Rachel-dijo Jacob. No había querido aceptarlo, pero era cierto-. Lleva todos los días que hemos estado aquí detrás tuya. Por favor, no te enfades con nosotros.
- De acuerdo. Pero no os olvidéis de mí.
- Claro que no.
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Aquella noche se llevó a cabo el plan, llamado. Rebecca fue a ver a Aro, que se encontraba solo. Llamó a la puerta y esperó a que el hombre escalofriante le indicara que podía pasar. Ella entró, y puso su mejor sonrisa inocente.
- Buenas noches, Aro. Espero no molestarte.
- No molestas, Rebecca. Dime, ¿qué necesitas?
- Salir. Me siento muy agobiada, al igual que mis hermanos. Ya sabes que vivíamos en la reserva. Allí, estábamos todo el día en la calle.
- Os dejaré salir, pero con un vigilante. Tal vez Demetri...
- Demetri no-interrumpió Rebecca. Aro la miró un poco molesto, esperando una explicación-. Está detrás de mi hermana, y eso no es muy relajante que digamos.
- Entonces mandaré a Heidi. ¿Ella no estará detrás de tu hermano?
- No, Aro. Muchas gracias.
- Enseguida la llamo, ¿de acuerdo?
- De acuerdo.
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- Espero que no me molestéis-dijo Heidi-. No causéis problemas. Ninguno, ¿de acuerdo?
- No pensamos hacerlo, Heidi, te lo prometemos-dijo Jacob, sonriendo.
Los tres hermanos Black y Heidi se encontraban en el centro comercial. No era precisamente el lugar más relajante, pero Rebecca sabía que era el idóneo para llevar a cabo su plan. Jacob fue hacia una tienda de deportes, y Rebecca llevó a Rachel a una cafetería. Heidi los ignoró y se fue a una de las tiendas de marca. No podía importarle menos lo que aquellos tres chicos hiceran. Y entonces, las ilusiones comenzaron. No veía bien, no podía encontrar nada, y no oía nada a su alrededor. Quiso ir a buscar a los Black, pero no pudo soportar lo que veía. Se desmayó, y la gente se acercó a ella rápidamente. Los Black aprovecharon aquel momento para escapar.
Salieron corriendo de aquel lugar, dispuestos a desaparecer de aquel lugar y no volver nunca más. Tenían que volver a su antigua vida...
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- ¡Alec, vuelve aquí!-gritó Rosalie, mientras que perseguía a Alec-. Me lo prometiste.
- Sé que lo hice-contestó él sin detenerse a mirarla-. Sé que te prometí que saldríamos esta noche, pero no puedo. Hay problemas.
- ¿Qué problemas?
- Los nuevos se han escapado-contestó el chico-. Y Heidi se ha dado un golpe en la cabeza. Tenemos que encontrarlos antes de que huyan y cuenten todo sobre nosotros.
- Vale, de acuerdo. No te importo nada-dijo Rosalie deteniéndose y cruzándose de brazos. Alec resopló y se giró hacia ella. Se acercó y la besó, suavemente.
- Sí que me importas, Rosalie. Pero también me importa la seguridad de mi familia. Y no puedo dejarla de lado.
- Está bien. Pero me tendrás que compensar.
- Lo haré, te lo prometo. Te veo luego.
- Adiós.
Cuando Alec se marchó, Rosalie sonrió. Lo que había ocurrido le venía de perlas. Fue a buscar a Emmett y ambos se dirigieron a la habitación de Aline. Emmett se quedó vigilando y Rosalie entró en la habitación. La niña levató la cabeza y, cuando la vio, abrió los ojos asustada. Rosalie se acercó a ella, pero Aline sólo fue retrocediendo. Rosalie decidió que era hora de utilizar su encanto natural.
- Tranquila, Aline. Te prometo que no voy a hacerte nada. Te prometo que mis intenciones son buenas.
- Sé que no me quieres hacer daño. Eso es lo que me asusta.
- ¿Qué quieres decir, cariño?-preguntó Rosalie extendiéndo una mano y apartándole el pelo de la cara.
- Siempre me han dicho que no confíe en los demás, que los demás querrán cambiar mi forma de pensar. Pero mi forma de pensar es la forma de pensar de mi padre, y presiento que no es la mejor. Y creo que la tuya es mejor que la mía.
- No voy a hacerte cambiar. Sólo quiero que me cuentes tu historia.
- Te la contaré, Rose-dijo la chica. Luego, respiró profundamente y empezó a hablar.
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- No me puedo creer que te hayan vencido tan rápido, Heidi. Creía que eras más fuerte que eso-gritó Cayo. Aro negó con la cabeza frente a los métodos de su hermano.
- Tranquilízate, Cayo. Sabes que no ha sido culpa suya.
- No grites a mi hija, hermano. Resérvate para tu hijos-fue lo único que dijo Marco.
Heidi estaba sentada en el suelo, sollozando. Tenía un fuerte golpe en la cabeza, y por culpa de los tacones se había hecho un esguince en el pie al caer. Pero lo peor era la humillación. Cayo estaba dispuesto a hacer que lo pasara lo peor posible, y Aro sería aun peor. De momento se estaba comportando amablemente, pero la chica sabía que él era el peor de los tres hermanos.
- Lo siento, padre, Aro, Cayo. No sé lo que me ocurrió
- Te mereces un castigo, Heidi. Lo sabes perfectamente.
- Pero a Jane no la castigasteis.
- Ella dejó escapar a una persona. Tu dejaste escapar a tres.
- Por favor, no...-suplicó ella, aunque sabía que era inútil. Los Vulturi la iban a castigar. Y ella sabía cómo eran esos castigos...
¿Corto, quizás? Lo siento, de verdad. ¿He tardado demasiado? Sí, ya sé que sí. Últimamente, no puedo hacer más. En un principio, el capítulo iba a ser aún más corto, por lo que he intentado alargarlo. Espero que no sea tan malo como para que no dejéis reviews :)
Besos
