Holaa! Lamento la tardanza, últimamente he tenido demasiado trabajo. Ya tengo los primeros capitulos terminados, así que será más fácil subirlos con frecuencia...
En cuanto a este capitulo, tal vez sea algo aburrido o corto, espero que me disculpen por eso...los primeros serán así. Pasados los primeros, la historia empezara tomando camino...Diganme si algo está mal, soy nueva en esto :( Dejen reviews! De nuevo gracias a las que me han apoyado en esto, se los debo a ustedes.
PD: Hablo demasiado, buaaano, aquí les dejo el capitulo :)
Capitulo 2: Planes y despedidas
Hermione se encontraba sobre la cama, en su habitación de la torre de Gryffindor. Habían unas cuantas prendas de ropa sobre la cama de dosel. Estaba empacando, pues al día siguiente tendría que irse a La Madriguera con Ron y Harry. Hacía tan solo unos minutos había terminado el funeral de Dumbledore, el anciano director del colegio. Por su mente revoloteaban los acontecimientos de un par de noches atrás, cuando murió Dumbledore. O mejor dicho, cuando se habían encargado de matarlo. Snape, en el que Dumbledore había depositado toda su confianza, lo había asesinado en presencia de mortífagos, dándole pase libre a Lord Voldemort de gobernar el mundo mágico. No pudo evitar que las lágrimas se le escaparan. A ello se debía la decisión de irse de Hogwarts antes de que terminara el curso, al igual que todos los estudiantes del colegio. Nadie se sentía seguro. Tal vez hasta cerrarían el colegio.
Pero Hermione estaba segura de que no regresaría al colegio, aunque este abriera. Harry, Ron y ella partirían a iniciar la búsqueda de los restantes Horrocruxes de Voldemort - objetos que contenían fragmentos de su alma - para así acabar con él. Justo después del funeral, Harry, Ron y ella habían acordado partir esa búsqueda, a pesar de la protestas de Harry. Al igual que sus amigos, se devanaba los sesos buscando alguna información útil sobre los Horrocruxes que les sirviera para su viaje.
Suspiró, y siguió acomodando su ropa en el baúl, junto con los libros de texto. Debía vaciar su cabeza de aquellos pensamientos… por ahora. Cuando creyó que su baúl estuvo lo suficientemente ordenado lo cerró. Se acostó sobre la cama, cavilando. En lo que se estaban metiendo era más grande que ellos. Más grande que todo lo que habían pasado durante los cursos anteriores. Recordó cuando salvaron la piedra filosofal; cuando descubrieron quien había abierto realmente la cámara secreta; cuando supieron la verdad de la historia de Sirius Black; cuando Harry regresó del Torneo de los Tres Magos con el cuerpo sin vida de Cedric en brazos; Cuando se infiltraron y combatieron en el Ministerio de Magia. Todo eso se quedaba corto ahora. Todo estaba en juego ahora.
Buscando hacer algo útil decidió ir a la biblioteca, adonde no había pensado ir hasta ese momento, con un objetivo: La Sección Restringida. Salió de la habitación y bajó las escaleras, tratando de hacer el menor ruido posible. La Sala Común estaba desierta; los alumnos estarían cerca del lago, aprovechando los últimos rayos de sol con sus amigos, ya que podría ser que no volvieran a verse en la escuela. Salió de la Sala Común. Recorrió los pasillos, tratando de no detenerse. Se oían los ecos de sus pisadas. No podía arriesgarse a que la vean yéndose a la biblioteca, con toda la tranquilidad del mundo, cuando hacía un par de noches el director había sido asesinado. Y para colmo la Sección Restringida.
Llegó a la puerta de la biblioteca y se detuvo. Hermione empezó a pensar en qué le diría a la señora Pince para entrar a la sección restringida. No era tan fácil decir algo así como "Disculpe, señora Pince, podría dejarme pasar la Sección Restringida; para buscar libros de Horrocruxes. Ya sabe, son segmentos del alma en objetos comunes. La necesitamos para derrotar a Lord Voldemort. Espero que no sea mucha molestia". Tomó aire y abrió la puerta. La biblioteca estaba débilmente iluminada, los rayos solares se filtraban por las ventanas. Miró al escritorio; este se hallaba vacío. Entonces recordó que Pince había salido a caminar todas las tardes – pocas, en realidad - desde que había muerto el director. No perdió tiempo y entró a la sección que buscaba.
En comparación de los demás estantes de la biblioteca, ese parecía no haber sido utilizado en años. No le extraño a Hermione, ya que solo de vez en cuando entraba alumnos de séptimo curso a buscar información, pues, en general, estaba prohibido, a menos que algún maestro diera la autorización, por lo que las posibilidades eran remotas. Los libros del estantes eran volúmenes gruesos y parecía haber pasado mucho tiempo desde la última vez que los usaron. Saco un polvoriento volumen de tapa carmesí titulado La Magia Oscura a principios del Siglo VIX. Buscó en el índice. Nada. Probó en revisar otro libro; lo abrió y se encontró con lo mismo: Nada.
Un par de horas después, Hermione entró a su habitación y cerró la puerta de un portazo. Hecha una furia, se tiró a su cama. No había encontrado ni una pisca de información sobre los Horrocruxes. Se sentía una completa inútil. Se había pasado dos horas ¡dos horas! buscando información sobre los Horrocruxes y nada. Había arriesgado el pellejo de que la descubrieran yéndose a la Sección Restringida. Bufó y soltó un gruñido de frustración. Se cubrió el rostro con las manos, tratando de encontrar respuestas. Cayó en la cuenta de que ningún mago o bruja le interesar leer sobre los Horrocruxes o siquiera saber sobre su existencia. Se quitó las manos de la cara, con los ojos muy abiertos. Había dado con la respuesta. ¡Qué tonta había sido! ¡Ella era una bruja!
Saco su varita y gritó:
-¡Accio libros de Horrocruxes!
Abrió la ventana rápidamente la ventana, y vio con satisfacción como surgían puntos diminutos a lo lejos, que se iban acercando más y más. Entonces atravesaron la ventana a toda velocidad y aterrizaron en la cama.
Cogió uno y vio que la cubierta gastada que rezaba Los Secretos de la Magia Oscura. Lo abrió y empezó a leerlo.
Conforme pasaban las horas y más leía, más se asqueaba. Nunca había visto hechizos semejantes, tan crueles, tan repulsivos. Alguna que otra página estaba manchada de lo que parecían gotas de sangre. Encontró todo sobre los Horrocruxes y con eso le bastaba. Los cerró y se dispuso a salir a caminar cerca del lago; necesitaba algo de aire. Cuando llegó, se tumbó sobre el césped, frente al lago que reflejaba los colores el cielo, que ya estaba en su crepúsculo. Aspiró el olor de césped y pensó que extrañaría mucho Hogwarts. Su mente vagaba lejos, lejos de allí; lejos de la Hermione que estaba tumbada en el césped; vagaba por todos los momentos que había pasado hay mismo, con Harry y Ron. Una voz la saco se su ensimismamiento. Era Luna mirándola con su habitual mirada soñadora, y atrás de ella estaba Ginny.
- ¡Hola, Hermione!- saludó Luna con una sonrisa.
- ¡Hola, Luna!- exclamó Hermione, incorporándose- ¡Hola, Ginny!
Esta se limitó a componer una tímida sonrisa. Hermione sabía porque estaba así. Harry había cortado con ella, por seguridad. Él quería evitar que Voldemort la utilizara o que le hiciera daño para llegar a él.
Se sentaron al lado suyo.
- Hermione – dijo Ginny al cabo de un rato - ¿Qué crees que pase ahora? Quiero decir, Dumbledore no está, y Voldemort está cobrando fuerzas.
Hermione se quedó pensativa.
- No lo sé, Ginny – dijo después de reflexionarlo – Nadie lo sabe – agregó
- Lo que venga, vendrá – intervino Luna. Una vez más Luna demostraba gran inteligencia.
- Sí, es cierto – dijo Ginny – Bueno – dijo, cambiando de tema – ¿Vas a ir a la boda de mi hermano, Luna? No soportaría estar sola en la ceremonia con Flerrrggg.
- Por supuesto
Hermione sonrío, extrañaría hablar con ellas. Pensó en todo lo que se tendría que en enfrentar. Se lo había prometido a Harry. La sonrisa se borró de sus labios, al recordar la posibilidad de que tal vez no volvería de esa incierta y casi imposible misión que cumplir.
