Capitulo 3: Tiempo
La habitación se encontraba en penumbras, a excepción de la chimenea extendida al extremo de la habitación. El fuego chisporroteaba y lanzaba chispas, formando formas confusas. Frente a la chimenea, en el sofá, se hallaba Lord Voldemort.

Su rostro serpentino – de un blanco mortal – miraba de manera inexpresiva al fuego. Sus ojos escarlata reflejaban las danzantes llamas; sobre sus hombros una serpiente descomunal se deslizaba por sus hombros, igual de silenciosa que su amo. Voldemort le acariciaba la cabeza con su largo dedo. La bestia se estremecía de placer a cada roce.

Se sentía satisfecho, en muchas formas, por varios motivos. Albus Dumbledore había muerto; se había librado por fin de ese anciano. Aquel viejo siempre había sido un gran obstáculo a sus objetivos. A pesar de que el hijo de Malfoy no había logrado su misión, el resultado fue, sin duda, exitoso. No importaba, el muchacho ya había recibido su castigo; lo había obligado a torturar muggles. No sabía si confiar en él, ya por su falta de coraje o por la inseguridad que presentaba. Un fallo más de su parte, y recibiría su merecido. Así Lucius pagaría por sus errores, y todos los problemas que causó.

Otro motivo: Harry Potter. Con Dumbledore fuera de combate, sería un blanco fácil. Reconoció que había cometido fallos en lo que respectaba al muchacho, quien varias veces había escapado de sus manos. No pasaría esta vez, lo mataría. El chico debía morir. Solo así, nada le impediría la victoria sobre el mundo mágico. La boca sin labios del Señor Tenebroso se curvó, formando algo parecido a una sonrisa.

Los golpes de la puerta lo sacaron de sus pensamientos.

- Adelante – dijo, sin mirar a la puerta.

Lucius Malfoy entró a la habitación. Su aspecto había cambiado mucho desde que había salido de Azkaban. Tenía el rostro de una tonalidad gris; sus ojos, hundidos por la falta de sueño y la presión de los últimos días, antes con la típica mirada petulante, brillaban con expresión temerosa.

Se acercó al asiento y se puso de rodillas.

- Mi señor, le traigo noticias.

Voldemort no contestó, ni apartó la mirada del fuego. Malfoy tragó saliva y prosiguió.

- Nos informan que Harry Potter será trasladado en unos días mediante aparición conjunta, ya que Potter todavía es menor de edad. Dicen que será pronto, antes de que cumpla la mayoría de edad. – terminó de hablar y miró a Voldemort, esperando respuesta.

Voldemort se levantó de su asiento de dejando a Nagini deslizaba en el sofá. Se paseó por la habitación

- ¿Cuándo se le trasladará? – preguntó

En ese momento, la puerta se abrió, y por ella entró Severus Snape. Iba con su habitual túnica negra de cuello alto. Dos cortinas de pelo negro y grasiento, enmarcaban su rostro de piel cetrina.

- Mi señor, lamento interrumpirlo. Acabo de averiguar la ubicación de la casa de los familiares de Potter. Ahora será más fácil atraparlo. Sin embargo, han tomado medidas de seguridad, pues está rodeada por encantamiento protectores – informó Snape, sin prestar atención a Malfoy.

- Bien hecho, Severus. Esa información nos ayudará mucho. – dijo Voldemort, sonriendo.

Lucius dio un paso al frente, parecía molesto.

- Señor, ¿Qué hay de …

- Ya has sido de mucha ayuda, Lucius – lo interrumpió Voldemort – Puedes retirarte.

Malfoy abrió la boca para replicar. Pero se dio la vuelta y se fue, contrariado.

Voldemort se sentó en el sofá, dejando que Nagini se deslizara de vuelta a sus hombros

- Quiero que vigilen su casa, y cualquier lugar donde se pueda encontrar o esconder.

Snape asintió y se fue.

Solo era cuestión de tiempo para lograrlo. Tiempo… tiempo… ¿Qué haría sin el?