Disclaimer |©"Shingeki no Kyojin/進撃の巨人" y sus personajes pertenecen a Hajime Isayama, esta obra es realizada sin fines de lucro, únicamente recreativos. Por MagiAllie a la plataforma de FanFiction. Cualquier modificación o re―subida a un sitio diferente sin autorización será reportada en Support de Google. Todos los derechos reservados.
Notas |Me van a matar, de verdad tenía esto listo desde el lunes pero no he podido tocar mi computadora en cinco días, estoy excesivamente cansada después de trabajar, pero bueno, solo son excusas y sé que no les interesa mi existencia jajaa, así que solo les dejo el capítulo, espero actualizar de nuevo en mis dos semanas de vacaciones junto con otros fics que me atormentan. ¡Un beso!
Gracias Lia por betearme el fic, eres un ángel y lo sabes, perdóname por pagarte con una moneda de cobre, al tardarme tanto.
「 La mística para jugar a cazar 」
Di que me recordarás
De pie, en un lindo vestido
Mirando la puesta de sol, cariño
Levi miró los pies ensangrentados de la pequeña y asustada criatura, su imagen se asemejaba a aquellos cuadros donde Cristo estaba en su peor momento; la trampa enterrándose en su piel abriendo las heridas de sus tobillos, se notaba expuesta la piel, llenaba de sangre sus pies, tobillos, y las manos. Aquellas manos heridas de tanto intentar abrir la trampa, las uñas estaban arrancándose, rotas, destruidas en pedazos, pero sobre todo su descompuesto rostro reflejaba el pánico en cada una de sus pupilas… Pánico de las palabras que Levi acababa de mencionar.
''No tengas miedo''
De inmediato el joven comenzó a huir arrastrándose en el pasto, manchando todo de sangre, forzando sus manos heridas contra la tierra para deslizarse atrás, sin apartar sus asustadas iris de las del cazador, los arbustos apenas conseguían esconderlo mientras se escondía con toda la desesperación de su débil cuerpo. Un chillido agudo salió de su boca cuando intentó mover las piernas.
―Ey, ey, tranquilo ― volvió a decir Levi levantando las manos ―, no te muevas, vas a lastimarte.
Cuando Levi, inclinado como estaba, intentó dar un paso para llegar a él, enloqueció, sin duda intentaba arrastrarse lejos de él, preso de un pánico imposible, jadeando con la boca abierta. Levi frunció el caño, notó que sangre brotaba de su labio y su nariz. Estaba muy malherido, tal vez por todos sus intentos de escape, las púas habían raspado tanto su piel que parecían rasgaduras a lo largo de sus piernas.
No habría forma de acercarse sin que él comenzara a perder el sentido y se lastimara más. Tenía que cambiar de estrategia. Miró a todas partes, el sonido del rifle podría alertar a alguien, era necesario salir de este lugar. Dejó el arma a un lado, luego la bolsa con la que cargaba y los cuchillos, comenzó a quitarse cada material que resultara extraño o peligroso y el ojiverde le veía hacer mientras lloraba, intrigado por la actitud del pelinegro.
―Mira ― le mostró una daga que sacó de su bota derecha ―, ya no tengo nada, ahora cálmate.
Dio un paso milimétrico, el castaño contuvo la respiración. Lo hizo hasta que Levi por fin consiguió acercarse un poco más, tanto que lentamente su ropa comenzó a mancharse de la sangre que se regaba en el pasto, la tierra y las hojas de los arbustos. Se notaba que el castaño estaba conteniéndose de huir, Levi lo atravesaba con sus pupilas grises, las manos en alto como muestra de paz, deslizaba lasbotas de forma tan lenta que los pájaros comenzaron a cantar tras percatarse del nuevo silencio.
La distancia, repentinamente se acortó, Levi estaba cerca de la criatura, jamás pensó que podría pasarle eso, lo tenía en el mismo círculo, dentro de su diámetro. Que fácil habría sido levantar la mano y tocarle los cabellos larguísimos o picarse con la afilada punta de una de sus astas, notar las flores que adornaban las hebras castañas, ver su cuerpo desnudo y ensangrentado, su rostro bañado en lágrimas.
―Tranquilo ― reiteró con cuidado mientras bajaba sus manos hasta las piernas del castaño ―, voy a quitarte esto.
Levi lo miró de nuevo mientras sus manos se deslizaban hasta las trampas, parecía que se había convertido en una estatua, una cuyos pulmones le exigían aire o estaría a punto de desmayarse, pues se agitaban arriba y abajo conforme sentía las manos del humano acercársele. Levi por fin bajó su iris, dejó de mirar el contraído rostro de dolor para ver las piernas heridas; ahí estaban las trampas, apresando su piel, quizá a nada de llegar al hueso, un par de movimientos bruscos y la rasgadura del musculo sería inevitable. Esas trampas eran unas salvajadas, barbáricas, no conformes con simples mandíbulas de hierro, había clavos enterrados y medio fundidos en todo el contorno, razón por la que las manos de la criatura estaban tan mal heridas, todo estaba bañado en su sangre, los clavos, las púas, cada trozo de cadena.
―Esos infelices― siseó Levi mientras llevaba sus manos hasta los pequeños clavos que rodeaban el seguro para abrir.
Incluso habían destrozado el segurito para que fuera más difícil soltarse.
Nada que Levi no pudiera destruir con la aplastante fuerza de sus dedos. Sacó el clavo que mantenía cerrada aquella trampa y tiró de él para liberar la pierna derecha del castaño. La trampa se abrió con fuerza, desaprensando la piel, el castaño soltó un alarido de dolor tan fuerte como si recientemente se le hubiera cerrado, en cambio era que aquella trampa había excavado tan adentro de su piel que la descomprensión le producía un dolor brutal.
―Descuida ― susurró Levi sujetándole del tobillo lleno de rasguños, con cuidado deslizó su delicada y herida pierna lejos de la trampa y la tiró lejos de ellos para evitar cursarse con ella nuevamente.
La pierna herida del castaño quedó tirada en el piso, derramando sangre en medio de un montón de tierra. Levi supo que eso iba a necesitar mucho más que una simple lavada, el castaño llevó sus manos heridas hasta su pierna mientras Levi se enfocaba en la otra trampa; el trato para su piel era el mismo, pero la izquierda se veía menos destruida, la derecha parecía haberperdido la completa movilidad. Sacó su pierna izquierda con cuidado, apartó la trampa y levantó sus ojos para ver a la criatura, de nuevo la situación se le antojó demasiado increíble como para meditarla.
El castaño mordía su labio inferior con dolor. Miraba sus extremidades aterrado, era una visión terrible, sus manos llenas de tierra, sangre y heridas limpiaban las lágrimas de sus hermosos ojos verdes como esmeraldas. Levi jamás había visto alguien tan herido. Los vasos sanguíneos de la nariz del joven comenzaron a derramar sangre sobre su rostro.
―Tú…
Al oír nuevamente la voz del pelinegro la criatura recobró el sentido despejándose de su umbral del dolor, solo para azotar su cuerpo nuevamente como un pez fuera del agua, intentando tan pronto como pudo alejarse de él. Levi se levantó y dio una zancada atrás, había conseguido asustarlo nuevamente.
―Vas a lastimarte ― advirtió al verlo luchar tan desesperadamente por ponerse en pie y huir ―, detente, no puedes caminar así.
Efectivamente, tan pronto intento impulsarse con sus muñecas cayó nuevamente al piso impactando directamente entre gemidos de dolor y lágrimas. Levi tuvo una extraña sensación naciéndole de la boca del estómago, una nausea de la sensibilidad que todo esto le causaba, un enojo desquiciado contra aquellos cazadores y pena de su propia estupidez. Sin duda él los había guiado con sus propias marcas hasta esa bella criatura, él había caído en las trampas por su culpa. Levi se miró las manos, estaban llenas de sangre. El castaño comenzó a llorar más fuerte, ya no eran simples gemidos de dolor, esta vez soltaba todo su dolor con llanto que provenía desde su estómago, lágrimas, moco, dolor, apretaba las manos alrededor de sus rodillas, terriblemente lastimado. La voz masculina del llanto podría partir el alma de Levi en un instante.
―Deja de llorar ― suplicó de rodillas acercándose ―. Vamos, tranquilo, tranquilo pequeño.
Los ojos verdes le perforaron nuevamente cuando Levi intentaba acercarse, notó que el castaño no le miraba con odio, solo había demasiado miedo en sus pupilas. A pesar de todo Levi le trataba como si fuera un cachorro, un animal pequeñito que tenía que cuidar. Se acercó para tocarle y cuando pensó que el joven intentaría nuevamente huir su energía ya se habían agotado, sin duda la ausencia de sangre provocaba terribles estragos en su fuerza. Lo que antes eran piernas agiles que corrían más rápidamente que un ciervo ahora se notaban tan heridas que apenas podía moverlas. Levi alcanzó a tocar la mejilla llena de lágrimas de la criatura, la acaricio con su pulgar pasando por alto la sangre o los fluidos.
―Tranquilo ― le suplicó con el ceño fruncido ―, estoy seguro de que te duele demasiado, pero debes dejar de forcejear, es imposible que salgas de esto solo…
La criatura levantó sus pupilas hasta Levi.
―Así es ― reafirmó ―, no voy a lastimarte, déjame ayudarte.
Las cejas pobladas de la débil criatura se fruncieron lentamente cuando la mano de Levi comenzó a acariciar no solo con su pulgar sino pegando también la palma a su mejilla. A pesar de su seria expresión sus ojos reflejaban genuina preocupación, dolor, ansiedad, en un semblante imperturbable.
―Voy a curarte ― aseguró el pelinegro acerándose más.
Y aunque la criatura hubiera querido huir en ese instante Levi lo atrapó entre sus brazos como si fueran una jaula de músculos, una espátula que lo levantaba del piso. Inmediatamente llevó su brazo derecho bajó las rodillas del castaño y el izquierdo justo en medio de su espalda. No hubo forcejeo, la criatura le miraba con tal curiosidad que signos de interrogación brotaban de entre sus pestañas, sin embargo las lágrimas de dolor no se detenían. Sus piernas sin vida descansaron en el aire cuando Levi consiguió levantarlo, con cuidado de no pisar ni olvidar ninguno de los mechones de su cabello. Los dejó todos y cada uno encima del cuerpo de la criatura cubriéndole como si fuera ropa, llena de flores manchadas de sangre y ramitas brotando de sus cabellos. Los cuernos, a pesar de ser imponentes no eran nada enormes, Levi podía permanecer cerca de ellos sin temor a perder un ojo, y el castaño no parecía querer embestirlo con ellos, en cambio le miraba con intensa emoción.
Ya con el joven entre sus brazos Levi consiguió tomar su arma y la mochila. Los cuchillos fueron difíciles de reingresar, pero no le resultó imposible a pesar de que todo lo hizo con la calma suficiente para que el castaño no huyera aterrado de sus brazos. Iba a ser difícil sacarlo de ahí, Levi había caído por una cuesta empinada, subirla nuevamente con la criatura herida resultaba imposible. Levi miró hacía todas las direcciones y recordó que uno de los caminos bajos llevaba al rio, solo sería cuestión de encontrar los primeros vestigios de hojas mojadas y seguir el rastro.
―Puedes ― carraspeó Levi ― ¿Rodearme con tus brazos?
No lo hacía por gusto. Aunque su rostro se tiñó del más profundo de los granates. Levi notó que la criatura le observaba, evidentemente notaba que acababa de decirle algo. Pero supo pues que no le comprendía, seguramente. Movió el cuello como rodeándolo con una bufanda.
―Abrázame.
Con el ceño fruncido, levantó las manos con cuidado y Levi las sintió descansar alrededor de sus hombros. Heridas sus manos como estaban aún derramaban gotas que le manchaban la ropa. Sin duda tendría que darle a Isabel una explicación apropiada para que no le preguntara, pues la sangre de aquel joven iba a ser difícil de ocultar.
La caminata fue larga, pesaba poco pero por la falta de fuerza que tenía se sentía mucho menos ligero de lo que realmente era. Encontrar los vestigios de agua no fue complicado, a Levi le pareció obvio que si la criatura estuviera cerca evidentemente el rio también lo estuviera además esta no se veía extrañada tras ver el rumbo de dirección que el pelinegro tomaba, estaban yendo directo a donde debían dirigirse. Levi comenzó un ascenso lento entre arboles que se veían mucho más verdosos que los de antes, estaban definitivamente acerándose al rio. La corriente se escuchaba no tan lejos y el sonido de animales como aves y roedores había comenzado a presentarse demasiado evidente. Así hasta que Levi noto los abrasivos rayos solares penetrar entre los árboles y mostrarla que tan cerca estaban de una zona despejada. Las piedras y el agua resonaban lentamente.
―Hmmm― gimió adolorido
―Tranquilo, ya hemos dejado ese lugar atrás ― otra principal razón para sacarlo de ahí ―, te curaré en un instante.
No hubo respuesta. Evidentemente. Levi le dirigía miradas furtivas cada diez segundos, como asegurándose de que no se trataba de una fantasía, una alucinación producto de las drogas del bosque o de lo fundido que estaba su cerebro al permanecer tanto tiempo en una isla desolada con locos pescadores y lo que traía en sus brazos era en realidad un trozo de ramas, pero no, ahí estaba el jovencito, llorando a moco tendido y quejándose con cada paso. Levi no podía culparlo, el sangrado no se detenía y se notaba que sería una lenta recuperación. Finalmente lo tenía en brazos, el producto de sus desvelos, sueños y pesadillas, la búsqueda insaciable que realizaba día con día en el boque. El objetivo principal de los cazadores de la isla desde hacía diez años, él, él lo tenía entre sus brazos. El corazón se le agitaba.
―Bien, ya estamos aquí― murmuró cuando se encontró en medio de grandes piedras y la corriente del rio.
La criatura es como un perro. Escucha su voz y su rostro se gira para mirarle. Con esos ojos verdes llenos de pequeñas lágrimas y venas rojas remarcadas del flujo constante de llanto, Levi traga saliva cada que le mira la cara, perfecta y morena, aún en tan terrible estado. Baja el pequeño y malherido cuerpo hasta una roca, desliza sus manos lejos tan lentamente pues teme que apenas le suelte el castaño trastabille y caiga a la orilla del lago, en su estado podría ser difícil salvarle la vida si la corriente es muy fuerte, o peor aún que intente huir con todas sus fuerzas. Existen cosas inexplicables dentro de la naturaleza de ese ser y no le sorprendería que poseyera extremas propiedades curativas que le hubieran ayudado a permanecer con vida durante todo ese tiempo.
Levi mira la cantimplora que lleva colgada en el pecho y la saca para llenarla con agua limpia del rio, fluye con regularidad pero sin fuerza, los peces de colores se alejan en cuanto su mano queda encima de la superficie. No quiere causarle dolor al castaño pero debe lavar las heridas o podrían infectarse, el agua de rio es mucho más limpia que cualquier otra que el haya bebido, confía en sus propiedades.
―Espero que no orines aquí ― brama llevando la cantimplora y forzando a la criatura a extender la pierna sujetándole del tobillo con toda la delicadeza posible ―. Te va a arder pero debo limpiarte las heridas.
Tan pronto Levi terminó de hablar vertió un poco del agua en el tobillo del joven provocándole severas contracciones producidas por el dolor, sus quejidos eran casi sordos pero la forma en la que se retorcía era bastante similar a la de un animal herido. Levi los conocía bien. Intentó calmarlo con susurros suaves hasta que dejó de moverse y pudo admirar bien cuáles eran las heridas más necesitadas de atención, sin duda ambos tobillos, las manos y ahora que los rasguños no tenían más que sangre seca parecían ser mucho menos importantes. La imagen que mostraba seguía siendo impresionante pero mucho menos cruel si la sangre estaba seca.
―Tendría que bañarte para quitarte todos los restos de sangre ― explica Levi limpiándole las manos, soportando el rostro de ardor del joven ―. Estás muy lastimado.
Hay silencio por varios segundos hasta que Levi saca de su bolsillo un pañuelo de algodón que usa para limpiar el sudor de su rostro, por suerte está limpio y recién lavado. Con un poco de agua comienza a frotar la sangre seca de los rasguños en las piernas y brazos, hasta llegar al rostro. La nariz no sangra, pero el labio sigue roto. Con cuidado de no lastimarle más lleva el pañuelo hasta su boca, siente los labios de ese ser por encima de la tela, acerca su rostro para mirarle bien.
El castaño gira el rostro avergonzado. Las flores de su cabello se mueven con gracia.
―Guleòr, cuiribh.
Levi se detiene, aparta su mano como si el pañuelo estuviese en llamas y lo deja caer sobre la roca. El inexpresivo rostro que posee se contrae en una mezcla viviente de emociones desconocidas. Sus respiraciones cambian la frecuencia ¿Acaso esas cuerdas vocales no estaban dañadas? ¿Eso había sido una frase entera en una lengua extraña? ¿Qué clase de hechizo mágico podían soltar esas palabras tan generosamente asustadas?
―Tú… ¿hablas? ―Pregunta Levi en un jadeo ― ¿Puedes entender lo que digo? ¿Hablas inglés?
De nuevo Levi siente esa sensación de estar con un animal, pues los ojos verdes le miran con atención e inexpresividad ante las variantes de su tono. No se esfuerzan por comprender ni mínimamente o traducir, solo sabe que el contrario también tiene la capacidad de expresar cosas por medio de un lenguaje que no comprende, tampoco intenta entenderle. Solo le mira como si quisiera consentir que escucha.
―Cò a thathu?
Levi retrocede.
Está asustado.
―No puede ser ¿hablas? Pero que mierda de cuento infantil es este ― se muerde el labio con enfado ―. Debí parecer un imbécil, sabía que no me entendías pero estar hablándote como si fueras un humano… peor que con un árbol. Debo ser idiota.
Levi toma las cosas que hay en su mochila, la abre con violencia y busca en el interior el pequeño botiquín que prepara desde que tiene memoria para salir a cazar en caso de una emergencia. Tira de las vendas que guarda, tres largos rollos limpios y blancos. Su principal objetivo rodó por la piedra hasta legar a la tierra, Levi lo tomó con cuidado y miró de reojo al castaño que cubría su cuerpo con el pelo que tanto le caracterizaba, tenía el ceño fruncido y el labio exterior expuesto como un puchero.
Levi le ignoró nuevamente para ver dentro de su mochila, ahí estaban los gajos de limón en el pequeño frasco que renovaba con constancia. Los sacó para mirarlos, sin duda tenían un efecto cicatrizante, pero las heridas eran tantas, tan profundas y bastas que el dolor sería insoportable. Le miró de nuevo, distraído jugando con su pelo y mirándose las maltratadas manos, aun soltaba lágrimas de dolor. El corazón de Levi se estrujaba y podía sentir advertencias en su cabeza diciéndole que estaba absolutamente prohibido lastimar algo tan fantástico como ese ser. Causarle dolor con su mano haría que quisiera golpearse. Suspira y deja el frasco.
―El limón era buena opción ― se lamenta ―, pero si lloras creo que tendría que abrazarte…
Carraspea y toma el yodo.
―Esto también arderá pero es necesario, así que procura mantenerte en calma.
Abre el frasco y el pequeño gotero suelta un olor penetrante. Levi guía la medicina marrón hasta las heridas más terribles que ya comienzan a hinchar los delicados tobillos del joven. Mira sus ojos con cuidado mientras tira las gotitas y estas impactan con la lastimada piel. El castaño contrae el rostro adolorido.
―Tranquilo ― suplica Levi calmándole, tomando una flor que había caído en la roca ―. Anda toma, ¿es linda no?
Aprovecha que el estaño se distrae tomando su adorno para dejar las gotitas abundantemente en el resto de las heridas, el castaño retoma su dolor mientras deja la lila en su cabello y aprieta con fuerza la roca en el piso. El pelinegro extiende la mano para que el otro haga lo mismo y le permita curar sus lastimados dedos y aunque la expresión verbal es nula, por medio de miradas la comunicación se vuelve activa, la criatura le entrega sus manos temblando. Levi remoja cada uno de los dedos lastimados en el frasco y abaniquea con su izquierda para que el yodo penetre.
Las vendas serán complicadas, así que se toma la molestia de extenderle un par de dientes de león que reposan suavemente entre la hierba, se los entrega uno por uno para distraerlo mientras toma cada una de sus piernas y deja las heridas apretadas para detener cualquier hemorragia. El joven mira las flores con encanto y encuentra como acomodarlas entre su cabello, mira al pelinegro actuar pero le deja hacer sin rechistar y extiende la mano para que le alcance otra flor amarilla. Levi lo hace sin rechistar y continúa vendando hasta dejarle decente.
Con el cabello lleno de nuevas flores.
―Bien, esto servirá para curar tus heridas por ahora ― suspira cansado.
Guarda sus instrumentos.
El atardecer naranja baña el cielo. La criatura se mira en el reflejo del agua, observa sus astas llenas de flores y hierbas que a Levi, aunque le parezca extraño admitirlo, le resultan bastante bellas. También mira su labio y las heridas de su cuerpo, no lo hace con vanidad, parece autentica curiosidad. Las vendas despiertan su interés y prueba mover los pies, los dedos de los pies.
―Moverte te dolerá ― le explica Levi negando ― ¿Duermes aquí?
No hay respuesta, Levi baja la mirada. Se jala el cabello.
¿Eso le hipnotizaba? ¿No obtener ni un "mu" de vuelta?
―No puedo llevarte a casa ― suspira ―, no puedo sacarte de aquí aunque quisiera, los cazadores están tras de ti, debes permanecer a salvo. No quiero que te maten. Tengo que buscarte un refugio.
Quiere saber si tiene casa, probablemente la tenga, pero con su grado actual de comunicación es imposible saberlo, tampoco es posible que él quiera llevarle directo ahí teniendo en cuenta que hace poco se dedicaba a huir despavorido de su presencia.
Levi se levanta y mira todo con preocupación, no existe una zona segura en todo el bosque. Lo más lejos que pueda estar de sus marcas eso seguro, revisa su mapa mental y mira el lago. Tal vez cuesta abajo encuentre algo, un tronco hueco, una pequeña cueva, una cascada vacía. Tal vez pueda darle algo de comer, una manzana, agua, carne, seguir cuidando de él. Pues se había tomado la molestia de rescatarlo, cuidar de sus heridas, las cosas se hacían completas o no se hacían.
―Mmhhh― le llamó como si fuera un bebé.
Levi giró su mentón hacía él, apenas podía arrastrarse en su estado, descendió hasta su nivel para tomarlo en brazos, tenía un rostro contrariado.
―¿Sientes mi preocupación? ―Preguntó Levi con una débil sonrisa ― .Bien, no puedo perder el tiempo, voy a buscar un lugar para ti…
―An seo ― levanta su mano y señala con debilidad el camino que Levi intentaba seguir ― ¡An seo!
―¿Qué? ―Pregunta cargándolo en su espalda como si fuera una maleta ― ¿Por allá?
―An seo ― reitera.
―Ya voy, que exigente.
Levi comienza su andar, se hace camino entre las rocas de rio, el sol ya no penetra en su piel y tampoco siente el cansancio o el hambre. Mira con sus pupilas afiladas cada centímetro de bosque en búsqueda de un lugar adecuado para la pequeña y débil criatura, también anota en su mente dejarle comida, la comida que Isabel le dejó servirá, no puede darle más por ahora. Pero, por ahora… no pasa mucho antes de que el rio comience a perderse en más caminos y el bosque comience a penetrarle con una bruma particular, como si se tratara de la bahía, sin embargo el ser parece emocionado al respecto y envuelve su cuello con sus lastimados brazos, señala enfrente hasta que Levi tropieza con un árbol enorme tirado en el piso. La escena se le hace familiar, parecen aquellos bosques de Washington hace dos años, llenos de bruma, coníferas y un frio sentimiento.
―An seo.
―ya entendí.
Levi sigue caminando, los arboles aumentan en tamaño, mientras más camina más espesa se hace la neblina. Las piedras dejan de parecerle de rio y el piso está lleno de helechos, tierra y pasto, flores, animales caminan por todos lados, copas gigantes de árboles que cubren todo. No es exactamente atemorizante, pero Levi siente que nunca pensó encontrar esta zona del bosque en su vida. El rio vuelve a sonar. Levi mira por todos lados, a lo lejos una cascada gigante cubre la parte posterior del bosque, mucho ruido trae el agua que cae y la bruma que ocasiona su corriente.
―An seo ― toca su oreja.
―¿Qué? ― Levi mira en dirección al jalón.
Ahí está lo que Levi pensó que se trataría de un refugió pero en realidad no era más que una gran piedra donde el ser quería ser dejado. Levi suspira, sus brazos necesitan un descanso, lo toma con cuidado y deposita su persona en la roca. Levanta la mirada y el rostro del castaño tiene una ligerísima sonrisa. La bruma y aquella oscuridad del bosque desparece, como si jamás hubiese existido, ahora se encuentra cálido, soleado, lleno de mariposas y animales que van de un lado a otro, hay cientos de árboles gigantes, como si fuera una aldea de hadas, pero no hay ningún humano ni nada similar cerca, ni siquiera artefactos humanos.
―Que está pasando…
―Dèan tainm a th 'ort? ― pregunta la criatura.
Levi no entiende. Solo toma las manzanas de su mochila y se las entrega con cuidado, las deja encima de sus piernas procurando no lastimarle y cuelga de nuevo su mochila. Hay árboles huecos cerca, podría orillarlo a alguno y dejarle ahí, al menos por ahora. Se muerde el labio.
―Si tienes hambre como eso ― ordena con autoritarismo ―, no te sobre esfuerces e intenta mantenerte alerta, estoy seguro que nadie te encontrara en esta parte del bosque. Por algo me pediste que te trajera aquí… yo…
―Buidheachas.
― No te entiendo ― admite Levi llevando sus cabellos atrás ―. Lo siento. En verdad.
Le mira. Se miran. Levi quiere golpear un árbol, darse cuenta de su propia estupidez, está enojado porque por su culpa dañaron a esta criatura, asustado de perderla de vista porque teme no poder volver a verla, furioso consigo mismo por tener esa necesidad de querer cuidarle, verle y mimarle. Confundido porque no entiende nada acerca de esto pero está convencido de que todo es real.
―No puedes curarte solo con eso ― carraspea ―, aunque parece que te encuentras mejor, voy a dejarte esto…
Extiende cuatro hojas.
―Es para el dolor, si te sientes mal mastícalas. Y debe haber eucalipto cerca ― medita Levi ―. Yo… no puedo dejarte con esas heridas a tu suerte, así que lo buscaré para ti. Traeré eucalipto y caléndula. Eso ayudará mucho.
El silencio es intenso cuando ese ser toma las hojas y sonríe.
―Así que, por favor… Déjame encontrarte una vez más.
La petición es totalmente sincera. No existe ningún reclamo o suplica, solo espera que de entre todas las palabras que le ha dicho hoy logre entender esta, porque necesita venir a verle justo aquí mañana mismo, curarle más y cuidarle, saber que no es una fantasía infantil, o un sueño. Sabe que esta criatura puede decidir si se encuentran o si se van a ver, así podría cuidarlo un día más, pues el llegará aquí mismo, justo aquí donde acaba de dejarle, lo encontrará para ayudarle. Si lo deja, si se lo permite.
―Eren ― extiende su mano temblorosa, y toma los dedos de Levi ― Eren.
Levi frunce el ceño y lo suelta.
―Vendré mañana ― avisa serio ―, así que déjame verte.
―Eren ― repite desesperado tomándole de nuevo ― Eren, Eren, Eren, Eren, Eren.
―¿Qué significa eso? ― gruñe Levi.
―'S e m' ainm Eren ―explica tomándole con toda su fuerza, Levi quiere soltarse, si le sigue apretando no conseguirá más que lastimarse nuevamente ―. Eren innsibhdhomh.
―Eren ― parpadea Levi ― ¿Es tu nombre o es An seo?
―Sin moainm, Eren― sonríe mostrándole una hilera de dientes perfecta y soltando su mano.
―Vendré mañana ― asegura soltándole ―. Vendré, así que… necesítame, por favor. Eren.
Levi retrocede, se da la vuelta mira el bosque, la neblina no ha vuelto, todo se ve tan real como hace unos instantes, tiene miedo de girar el rostro y no encontrar ningún rastro de aquel ser con el que pasó todo el día. No puede permitirse algo así, sale corriendo preso de sus inseguridades hasta llegar al rio, seguirle como si fuera la corriente vendita que le explica que todo es real, que siguiéndolo volverá por el mismo camino, llegará a su hostal. Verá a ese joven de nuevo. Tiene que llevar comida, debe excusarse, debe llevar carne.
Apunta el arma ante el primer animal que pasa en su camino y mientras dispara nota las manchas de sangre en sus mangas.
Sí, la sangre es real, la criatura es real, tan real como el jabalí que acaba de matar.
N/A:Sobre los rvs, los pms los mandaré pronto, lo juro, un abrazo.
Guest: ay con este capítulo mejor podrás imaginarte al pobre Eren así de malherido, de verdad, quise ser muy específica en describir como estaba de lastimado, para despertarles la empatía de su condición. Gracias por seguir leyendo y espero que te guste, perdóname por la demora.
ShLuna: Dios mío he de ser la peor, es que no sabes lo ocupada que he estado, de verdad, sé que no es excusa y mira que tardarme poco más de un mes, pero lo lamento, gracias por leer espero que te siga gustando y que nos leamos pronto. No pienso abandonar esto.
Guest: ¡claro que Levi lo ayudará! Qué clase de hombre crees que es? Es todo in caballero enamorado, espero que te guste y disfrutes de este nuevo capítulo, nos leemos pronto. Un abrazo.
