Disclaimer |©"Shingeki no Kyojin/進撃の巨人" y sus personajes pertenecen a Hajime Isayama, esta obra es realizada sin fines de lucro, únicamente recreativos. Por MagiAllie a la plataforma de FanFiction. Cualquier modificación o re―subida a un sitio diferente sin autorización será reportada en Support de Google. Todos los derechos reservados.
Notas | Como siempre perdón por la tardanza tan intensa, prometo que intentaré tardarme menos, pero como estoy trabajando me ha costado un poco.
「 La mística para jugar a cazar 」
Labios rojos y mejillas sonrosadas
Di que me veras de nuevo
Incluso si solo es en tus
Sueños más salvajes
―¡Pero en donde te metiste! ― Gritó Isabel levantándose del banquillo junto a la puerta mientras sujetaba con sus manos la falda y el mandil empapado de lluvia ―. ¡Pasan de las 11!
Levi hubiera querido responderle, tal vez alguna grosera respuesta habría sido la elección más pertinente para terminar de una buena vez por todos con los molestos reclamos de la casera, sin embargo no lo hizo, porque una vez que aquellos guturales gritos perforaron dentro de su cabeza logró reaccionar plenamente y salir del letargo para poder admirar su entorno nuevamente. Se encontraba frente al hostal con un jabalí sobre la espalda, el sol ya no se encontraba encima de su cabeza, el cielo nocturno se mostraba pleno sobre todas partes. Dejó caer el jabalí sobre el piso mostrándoselo a Isabel y puso una de sus manos en la cabeza, como tocándose la frente.
―¿Y esto que es? Todo el día afuera y te lo trajiste cargando tu solo… serás individualista ― se quejó la pelirroja tomando las pezuñas del animal y jalándolo dentro de la casa ―, ahora entra de inmediato, estás todo lleno de sangre ¡Anda di algo! ¡Pareces mudo!
―¿Está todo bien? ― preguntó Farlan apagando un cigarrillo contra el lodo de la calle y acerándose a Levi.
El estado del pelinegro si era para mostrar preocupación, pues su pálida piel estaba aún más lechosa de lo acostumbrado. Se comprendía si en realidad no había tenido oportunidad de tomar el sol durante los últimos días, sin embargo sus labios también carecían de color y sus ojos se mostraban perdidos entre un mar de extrañas sensaciones, como si intentara buscar en sus recuerdos algo que le demostrara que todo lo anteriormente ocurrido se trataba de algo real y no de un sueño o una fantasía. Por eso cuando Isabel le mencionó que se encontraba bañado en sangre como un instinto miró sus manos, llenas de sangre seca.
Su chaqueta y brazos también tenían hilos de sangre fresca que había escurrido del cadáver del jabalí, en cambio la sangre de sus manos estaba seca e impregnada a su piel, como si llevara mucho tiempo ahí y si su mente no le engañaba lo suficiente como para caer en la psicopatía, aquella sangre de sus manos debían ser los restos de su encuentro con la criatura. La prueba de su existencia.
Sintió que algo le estrangulaba el cuello, la ansiedad de saber o tener la pista de una pizca de realidad dentro de todo aquel sueño.
―¿Pero que tienes? Profirió Isabel con tono gélido asomando su cabeza por la puerta de madera.
Lejos de reclamarle con esta pregunta, se mostraba genuinamente preocupada.
―No, nada ― repuso gélidamente ―. ¿Tienes eucalipto o caléndula?
Los ojos de la pelirroja se abrieron súbitamente en un segundo. Parecía como si aquellas palabras que Levi había soltado por el simple hecho de encontrarse ya un poco más seguro de que su anterior encuentro con esa criatura no había sido un sueño y por ende seguía necesitando de aquellas plantas para ayudarle a curar sus heridas. Isabel logró interpretar aquella extraña pregunta relacionándola con el hecho de que Levi no dejaba de verse las manos llenas de sangre, su corazón palpitó fuera de su pecho de inmediato y se limitó a jadear mientras corría por el lodazal de la entrada hasta tomar las manos de Levi.
―¡Lo sabía! ¿Estás herido? ¿Dime dónde? Toda esta sangre… ― Isabel comenzó a tocar sus manos y subir sus mangas en busca de alguna herida visible, algo de lo que brotara el líquido rojo.
Al principio el preocupado tacto de la mujer dejó helado al pelinegro, a cada instante que pasaba desde que había salido del bosque tenía la sensación de que iba recuperando más la conciencia de las cosas que habían sucedido, el tener a Isabel tocándole los brazos con una extraña mueca de preocupación entre ceja y ceja que no se apartaba de su rostro fue la bofetada de realidad que necesitaba para por fin quitársela de encima con un empujón fuerte.
―¡No me ha pasado nada, quítateme de encima! ― profirió en un gruñido apartando a la mujer y escalando por el hostal hasta encontrarse en el interior.
Ya adentro Isabel cerró la puerta sorprendida por la fuerza con la que Levi había apartado su cuerpo, el pelinegro parecía buscar un indicio de algo dentro del restaurante pero solo se encontraba Farlan moviendo el cuerpo del jabalí hasta la cocina. Mirándole con interrogantes en los ojos de forma furtiva.
―Sabía que el bosque iba a terminar por hacerte perder la razón ― continuó Isabel limpiando la sangre del piso con un trapo de lana ―. ¡Es culpa de esos brutos cazadores también! Andan todos como locos, como perros en celo, ahí vas tú y les sigues el juego. Dime, Levi ¿Estás escondiendo algo importante?
Levi detuvo su camino escaleras arriba, se sentía asqueado de la sangre seca que llenaba su ropa y cuerpo, lo que más anhelaba ahora mismo era tomar un baño y sentarse en la cama a pensar acerca de todo lo que había pasado en un solo día, si es que su cerebro era capaz de afrontar el shock de eventualidades que habían surgido de forma tan presurosa, pero no debía sentirse así, pues una parte de él ya estaba más que seguro de que esa era la realidad del bosque. Que existía una criatura que ya había visto más de una vez y era así de mágica y distinta, también que aquellos cazadores buscaban en aquel profundo laberinto al mismo castaño, pero más que nada estaba seguro de que no podía mencionar nada al respecto al menos por ahora.
―No estoy volviéndome loco ― aseguró con la cabeza gacha ―; tampoco estoy escondiendo nada, ahora dime mujer… ¿Cuánto tiempo durará la carne de ese jabalí para alimentar a los habitantes que vienen aquí?
Isabel arrugó su pequeña nariz y cruzó ambos brazos sobre su pecho. Le envió una mirada rápida a Farlan que acababa de depositar el gigantesco cadáver encima del drenador.
―Tres días tal vez ― aseguró ella sin darle mucha importancia.
Levi suspiró aliviado siguió subiendo. Si, tres días, eso estaba bien, de hecho lo estaba. Había podido proveer comida a este lugar para tres días, y eso no significaba que iba a dejar de ir al bosque, sino que podía concentrarse plenamente en ir allá y cuidar de la recuperación del joven, atormentarse un poco pensando en las posibilidades y sobre todo encontrar una nueva vía de visitarle, llegar hasta ese lugar donde le había mostrado que parecía tener un hogar y mantener alejados a los cazadores de él, de alguna forma durante los siguientes tres días estaba libre de otras responsabilidades para poder concentrarse en aquellos dilemas que afrontaban su mente un poco.
Pero aquella noche, después de lo que pudo ser un relajante baño, el cazador no pudo pegar el ojo. Movía su cuerpo por toda la cama y la cabeza en la almohada con tantas emociones y preguntas distintas que su cerebro parecía incapacitado para dormir, cada que sus ojos tenían la necesidad de cerrarse su cerebro le pinzaba en la conciencia con extraños miedos; como despertar y darse cuenta que jamás había salido de la cama, que nada había sucedido, o el miedo de que al día siguiente no podía encontrar el camino de vuelta al bosque. El camino de vuelta al rio, a la parte alejada y hermosa de aquel lugar en donde la criatura le pidió que le dejara…
Y tal vez su amplia imaginación era la culpable porque hasta imaginaba que el pequeño ciervo humano podría haber muerto por aquellas heridas mientras el descansaba en una cómoda cama, o al menos lo intentaba. Sin duda debió traerlo hasta la posada, encontrar la forma de ocultarlo de los cazadores y más importante, de Isabel.
Todavía era de noche cuando decidió que no podía permanecer más tiempo en cama, pues solo estaba desperdiciando la oportunidad comenzar con sus actividades, y había esperado lo suficiente, aunque el cielo nocturno aún estaba encima de su cabeza y la neblina era demasiado densa como para mirar más allá de un palmo de distancia se enfundó otra muda de ropa completamente nueva y limpia, ya que las otras terminaron en el cesto de la ropa sucia dispuestas a que Isabel trabajara sobre ellas, después de todo para eso era para lo que Levi le estaba pagando, no para que le acosara con preguntas innecesarias sobre lo que se pasaba haciendo todo el día. Tomó el rifle y abrió la puerta de la habitación, extrañamente había una pequeña canasta cubierta con un trozo de tela.
Levi se puso de rodillas para tomarla, adentro encontró varios trozos de pan y carne asada, aunque fría, también un tarro de miel, queso y la cantimplora con agua llena. Pero lo más importante, que produjo que sus cejas se fruncieran un poco, era la caléndula y el eucalipto en dos frascos de vidrio perfectamente bien cerrados. Al final la mujer había aceptado entregarle aquello que había pedido, no es como que Levi quisiera saber que pasaba por su mente, pero al menos esperaba que no sospechara de sus visitas con otra criatura, prefería que pensara que esos objetos eran para su uso. Guardó todo en la mochila de cuero y dejó la cesta en una de las mesas del hostal antes de salir, acompañado por el ruido de la marea intensa que rodeaba la desértica isla.
Pues bien, aun cuando había pasado toda la noche en vela no había encontrado una forma de destruir el rastro que había creado, con el que los cazadores habían dejar una barbaridad de trampas y crear uno que solo el comprendiera. Por lo tanto cuando vio el primer árbol con una marca encima enfrentó uno de los más grandes dilemas que tenía, dejar el rastro y permitir que nuevamente los malditos cazadores llegaran hasta él o eliminarlo y tal vez con eso evitar que incluso el pudiera acercarse. Si tenía que ser sincero consigo mismo odiaba la idea de no poder encontrarle nuevamente, pero también lo odiaba al saberse culpable de aquellas terribles heridas que había en su precioso cuerpo, así que no lo pensó más.
Llevó su mano hasta uno de los paños de tela que guardaba en su cuello y limpió las marcas con lejía hasta que la corteza quedó medio arrancada.
No podía seguir dejándose guiar por el rastro, tenía que bastar con su voluntad para encontrarle.
Claro que había otra duda importante que azotaba su mente, una que tal vez era mucho más fácil de responder que el simple hecho de cuestionarse la existencia de una criatura así, pregunta que le hacía ruido desde la primera vez que se había encontrado con aquella criatura. ¿Cómo era posible que los cazadores, con tantos años buscándole, nunca hubieran podido encontrarle hasta que llegó él? Por supuesto que tenía teorías, las cuales había estado desarrollando toda la noche e incluso ahora mientras se adentraba en el bosque y borraba las marcas.
―Tal vez solo pueden verle los que han dicho su nombre ― eso si mantenía la esperanza de que Eren era el nombre de esa criatura ―, o los que le han tocado.
O tal vez soy especial.
Aunque pensar en esa posibilidad quizá era darse demasiadas vanas ilusiones, esperanzas sin fundamento, de ser lista la criatura habría huido de él en cuanto le dejó sobre aquella roca, por más que Levi le hubiera suplicado que le dejara verle nuevamente, aunque tampoco podía saber nada de él, esas eran las preguntas de las que más lejos se encontraba de hallar una respuesta, ¿Qué era? ¿Le entendía? ¿Qué era todo aquello que le decía? ¿Era el único? ¿Cómo había alejado tanto tiempo a los cazadores? Y porque a él no le alejaba…
Levi se pasó la mano por la frente cubierta de sudor, por fin había removido la mayor cantidad posible de marcas rojas y azules, el cielo estaba cubierto por los rayos ardientes del sol y aun no encontraba aquel extraño precipicio que siempre le ayudaba a encontrar el arroyo en el que regularmente encontraba a la criatura. En cambio se sentía más perdido que nunca, alejado de los rumbos que ya debían resultarle familiares. Suspiró decepcionado pues quizá, si se estaba volviendo loco y en realidad no había encontrado ninguna criatura o peor, la criatura ahora tampoco iba a dejar que él le siguiera viendo, no pensó que dicha acción le decepcionaría tanto.
Dejó caer su cuerpo con la espalda recargada en la corteza de un gran árbol que recientemente había desmarcado, cuando llegó hasta el piso soltó un suspiro desesperado que completó metiendo la cabeza entre sus piernas como si buscara una mejor posición para respirar, aunque de momento no le costaba en lo absoluto. Llevó ambas manos hasta la parte rapada de su nuca mientras mordía su labio derecho, preso de un sentimiento bastante incomodo a su parecer. Esa ansiedad y dolor de tal vez, por sus propios dilemas morales haber perdido cualquier rastro que lo comunicara con aquella frágil criatura.
No quería recurrir a las lágrimas, era un hombre, esa clase de tormento no debía de afectarle, pero cuando alcanzó a ver el trozo de tela atorado en un inmenso roble a no más de cinco metros de él, su corazón dio un vuelco agitado, sus piernas respondieron más rápido que su cerebro y le pusieron en pie más rápido que un pensamiento coherente. Podría reconocer esas vendas en cualquier lado, o tal vez no, pero en ese instante le gustó pensar eso.
Cubiertas de sangre. Un trozo de tela desenrollado por el camino, atorado a una rama se extendía uns metros hacia el norte.
―Debe ser él… ¿Quién más si no?
Tomó la venda desde su lugar y la metió sin cuidado dentro de la bolsa para comenzar a correr en dirección al norte. Tal vez solo por un presentimiento estúpido, pero podía funcionar.
No había corrido ni diez metros cuando encontró un nuevo rastro de las vendas, quizá el joven se había arrancado todas, pero más importante que todo, sus orejas se movieron como las de un sabueso en una cacería, a lo lejos el agua de un rio se escuchaba ligera como una botella de vino regando su contenido en una roca, así de lejos el agua estaba, pero con la ayuda de sus agiles piernas y su creciente necesidad aquel sonido pronto se convirtió en los verdaderos atisbos de un riachuelo oculto entre la inmensa maleza del lugar, los arbustos, las aves y los muchos animales comenzaron a ser más visibles a medida que el sonido del agua se incrementaba.
También lo corto de su visión y lo duros que eran los rayos solares, Levi se sorprendía de la monotonía del sonido, el cambio entraba cuando se acervaban o se alejaban. Y ahora estaba a solo un par de manotazos en ramas secas y frondosas para poder ver el rio.
Así lo hizo, asegurándose de hacer ruido, tanto que las aves que anidaban ahí salieron volando despavoridas cuando Levi dio una zancada enorme para atrasar por los arbustos y salir a la orilla del rio, donde un centenar de mini cascadas con piedras gigantes brillaban de distintos colores.
La figura desnuda del joven atrapó su visión como si se tratara de una sirena mostrando cada atributo de su pecho, sin duda la criatura no esperaba una visita en este momento. Por eso su ademan de salir corriendo fue casi instantáneo pero se detuvo de inmediato al notar el cansado y ya desesperado rostro de Levi, que le miraba desde la orilla con sudor en su rostro e hiperventilaciones intensas.
Levi intentó calmar su respiración y hacer que su corazón latiera de una forma normal, también intentó no caer desmayado ante la belleza del joven, que se bañaba entre la corriente del rio y estaba totalmente de pie, cubierto por su largo cabello que se le pegaba a la piel, mojado y despojado de todas las flores.
De cada rama, fruto o atisbo de algo para cubrirle, todo eso ahora flotaba entre las corrientes del agua. Las puntas de su cabello nadaban en la orilla del agua y sus pequeños pero extravagantes cuernos relucían hermosamente con el sol contra ellos. Gotas de agua se deslizaban por su hermosa, desnuda, piel.
Antes de que la criatura se moviera nuevamente, Levi dejó caer todo sobre las piedras secas y corrió hasta el rio tan rápido como el agua y sus piernas se lo permitieron, llegó hasta el castaño y lo atrapó en un abrazo fuerte, lleno de exigencias, lo abrazó de una forma tan subyugante que parecía que ambos iban a caer dentro del rio, eso parecía hasta que Levi cargó encima a ese ser, contra su hombro, como si fuera un costal de papas.
Lo sacó del agua dejándolo entre las piedras gigantes del rio, y luego se hecho a sus pies con el rostro recargado en sus piernas.
―Tenía… tanto miedo ― admitió en un suspiro ―, miedo de no volver a verte, de pensar que todo había sido un sueño e incluso de ¡Que imbécil! Que murieras a causa de las heridas.
Por un segundo miró las heridas de sus tobillos y sus destruidas manos. Se notaba cierta mejoría.
Levi acarició con cuidado los dedos de los pies de la criatura, suspirando.
―Estaba tan desesperado, no quería que nadie más te hiciera daño y yo… limpié el rastro que hasta ahora me podía traer hasta aquí. Y pensé… que ahora jamás podría verte. Estaba asustado.
―Sàmhach, tha mi breagha ― murmuró el castaño de inmediato, llevó su mano hasta los negros cabellos del cazador y los acaricio mientras Levi se recostaba contra sus piernas ―. Tha mi glè.
―No puedo entenderte… ― murmuró Levi frustrado.
Después de eso no obtuvo respuesta alguna, pero tampoco quería apartarse de aquella roca en la que la criatura acariciaba sus cabellos como si fuera él quien realmente necesitaba el consuelo, aun cuando se encontraba en perfectas condiciones. Pero algo le removió encima cuando se dio cuenta que si dejaba aquellos rayos solares perforar más tiempo la piel de ambos habría consecuencias graves, sobre todo dadas las heridas sin cerrar del joven. Levantó su rostro con un bostezo.
―¿Por qué tiraste las vendas? ― Inquirió Levi acercándose a su mochila ―, se supone que debías ponértelas encima, aun cuando te bañaras.
El joven tomaba su cabello. Le miraba con curiosidad. Pero dejaba su espalda al descubierto y movía los largos mechones de un lado a otro mientras pasaba los dedos entre ellos como si los quisiera desenredar, aun mojados conservaban las ondas un poco rizadas de forma natural y la manera en la que desnudaban su salvaje piel mientras el sol alcanzaba a tocarle los hombros y el cuello.
Levi tuvo que apartar sus ojos para no quedar hipnotizado con los graciosos movimientos del joven.
Tomó sus cosas y llegó nuevamente hasta él, esperando hablar un poco para decirle que le llevara a un lugar donde fuera más cómodo apartar las medicinas que había traído, sin embargo tan pronto se acercó al castaño este extendió sus brazos para que le cargara. Como un animal que aprendió un truco nuevo. Pues claro, después de dos veces, ya debía ser bastante lógico que si Levi se le acercaba era para montarse en sus brazos, encima lo hacía con una sonrisa satisfactoria.
Ser cargado debía ser su nuevo deleite.
Levi no podía reclamar nada, extrañado, pues su propio comportamiento siempre era refutar casi todo. Ahora en cambio apenas vio el adorable gesto de la criatura dejó todo sobre su espalda y extendió sus brazos para cargarlo tal y como se lo pedía.
Ver su rostro bañado en una débil sonrisa, casi con una risa, era tan distinto a ayer, que admiraba su cara bañada en lágrimas. Ahora el castaño se mostraba cooperativo, no rehuía de él, se le acercaba con soltura y jugaba a abrazarle del cuello mientras Levi caminaba con él entre las piedras.
―¿A dónde vamos a ir a curarte? ― Preguntó Levi esperando una respuesta ―, no esperaras que te cargue solo porque si…
―¡An sin!
―Ah, ya reconozco eso ― sonrió Levi mirando el cielo.
Tan pronto como esa expresión inundó sus oídos se dedicó a seguir el camino que el castaño trazaba con sus movimientos, hasta que nuevamente sintió el familiar lugar de ayer, la parte tan extraña del bosque a la que se había adentrado siguiendo la corriente den rio, pero alejándose un poco, dejando de lado el agua para llegar a las piedras gigantes, la espesura inmensa de los árboles, la forma en la que los animales se acercaban todos sin cuidado alguno. Esta vez fue distinta, pues tan pronto Levi creyó que ya se encontraban lo suficientemente lejos de la mirada de cualquiera y de los rayos del sol se dispuso a soltarle. A lo que el joven le miró con repruebo.
―¿Qué sucede? ― Preguntó Levi extrañado pero ansioso al descubrir una nueva expresión en ese hermoso rostro ―. ¿No te gusta aquí? Tú fuiste quien me dijo que viniéramos acá…
El ojiverde sonrió a medias y se removió entre sus brazos, de forma tal que Levi terminó por soltarle, con cuidado para que no cayera, pues las heridas de sus tobillos seguían graves, de cualquier forma sus huesos se hallaban intactos y por lo que aparentaba el joven podía caminar, su cabello ya se secaba, le envió una última mirada antes de comenzar a caminar dando largas zancadas, como un baile de ballet, impresionado, el pelinegro siguió el paso del joven, que se alejaba cada vez más y nuevamente se acercaba hasta el rio, donde el intenso sonido de una cascada penetraba con dureza.
Tan pronto Levi sintió el agua crear una bruma notó la gran cascada que decoraba el rio y encima era la gran causante de la corriente donde antes se encontraban, pero lejos de alejarse la criatura siguió hasta donde esta misma se encontraba y danzó un poco entre las piedras para cruzar al otro lado, con todo el cuidado de sus piernas lastimadas. Levi hubiera deseado llevarlo en brazos, pero cuando el castaño lo miró para asegurarse de que lo seguía no pudo interferí en su camino.
Menos al darse cuenta que planeaba ingresar dentro de la cascada por uno de los costados.
―¡Espera! ― gritó Levi cuando Eren desapareció tras la gran corina de agua.
Justo en ese instante corrió tras él, solo para deleite del castaño se quedó observando como el pelinegro reaccionaba, pues tan pronto como Levi cruzó detrás de la cascada y notó que no se trataba más que de un amplio, largo y un poco ancho hueco, que guiaba hasta otro extremo del bosque pudo notar realmente que las dimensiones del lugar no eran nada comparado con lo que había podido imaginar. En realidad la falta de imaginación le golpeaba cada vez, sobre todo cuando la criatura comenzó a caminar entre la grava para llegar el otro lado, donde el sol entraba y los árboles, el pasto y la vegetación eran aún más hermosos, radiantes y fructíferos.
Un pequeño claro lleno de flores de miles de colores y un gran árbol sabino, con su característico tronco gigante y ramas enormes que otorgaban sombra a todo el hermoso pasto.
El castaño se movía con gracia por entre el pasto, la hierba y las flores, acercándose cada vez más al árbol, que si bien Levi tenía una gran vista pudo notar que tenía un gran hueco en el interior, que más bien pecaba de ser diversos orificios gigantes entre las raíces del árbol, como si fuera un árbol de algún extraño manglar.
La criatura se acercó lo suficiente al sabino, tanto que su pequeño cuerpo se vio engullido por la sombra.
Levi caminó tras él tanto como pudo hasta llegar al árbol y darse cuenta que el interior de las ramas se encontraba vacío. Aunque en un principio espero darse de bruces con alguna especie de casa para una criatura tan mágica como esta.
―Seo e mo thigh ― comentó el ojiverde tocando la madera ―. Tha mi a 'cadal an seo…
―¿Aquí vives? ― Preguntó Levi admirando las grandes ramas ―, supongo que… me trajiste aquí por una razón.
―Ma chì sinn sibh a―rithist, bu chòir dhut a bhith comasach air faighinn a―nall an―seo no an abhainn ...
Levi frunció el ceño contrariado, pues bien la criatura hablaba con soltura y encima le sonreía, pero a sabiendas de que él no podía comprenderle demasiado. Se quedó esperando una explicación más concreta o un juego de mímica para entender las instrucciones, pero no obtuvo más que eso. El pelinegro se mordió los labios cansado y dejó caer su cuerpo sobre el pasto.
―¿Podré llegar hasta acá para verte? ― Se cuestionó tomando la medicina de su mochila ― de nuevo se trata de voluntad, y de mantenerte a salvo…
―¡Podrás! ― Aseguró la criatura cayendo de rodillas a su lado ―, sí, podrás…
Quizá Levi habría querido sonreír dada la alivianada respuesta de su interlocutor, sin embargo no pudo más que dejar caer las cosas preso de la impresión. Pues era la primera vez que aquella criatura podía reproducir los mismos sonidos que el daba, la misma lengua, como si de alguna forma por fin comenzaran a comprenderse. La impresión continuó de forma tan intensa que cuando la criatura se le pegó como si fuera un cachorro y extendió sus piernas para que pudiera curarle los tobillos. Levi solo pudo sonrojarse violentamente mientras aplicaba el eucalipto sobre sus heridas.
N/a: creo que en realidad quería que este capítulo fuera más largo y menos aburrido pero debo admitir que desde este en adelante las cosas van a cambiar un poquito pues hasta ahora la narrativa ha sido muy lineal, sin embargo de ahora en adelante vamos a hacer algunos saltos entre escena y escena…:
Porque ya se acerca el romance.
. En fin, muchas gracias por el apoyo a este pequeño fic, realmente las aprecio. Les mando un abrazo a todas!
