Disclaimer |©"Shingeki no Kyojin/進撃の巨人" y sus personajes pertenecen a Hajime Isayama, esta obra es realizada sin fines de lucro, únicamente recreativos. Por MagiAllie a la plataforma de FanFiction. Cualquier modificación o re―subida a un sitio diferente sin autorización será reportada en Support de Google. Todos los derechos reservados.
Notas | Para las curiosas que han ido a google traductor a poner los diálogos de Eren, quiero que sepan que si no pongo la traducción es porque los diálogos de Eren no son tan relevantes, pero quería darles a entender que él habla, tiene un lenguaje propio, que tiene que ver con la región en la que se encuentran. Como recordarán Levi viene de Francia a Inglaterra a un pueblo llamado Banchgen Pentref, por su traducción 'Pueblo chico' aunque yo quería que fuera más bien un 'Pueblo de nadie', en Gales, en 1910. Eren habla Galeico Escoses, una lengua viva que se habla por toda esa zona, en mucho menor medida que el inglés. Pero también es mucho más antigua ya que proviene del celta y bueno, si tienen más dudas pueden dejármelo en los rvs.
Otra cosa, no es que de la nada se hayan comenzado a entender en plan Pocahontas, aunque eso es muy guay, en realidad se trata de que Eren tiene una increíble capacidad de recepción de lengua y Levi es muy parlanchin. La necesidad de comunicación entre ambos hace que sus intentos por comprender el idioma sean más.
「 La mística para jugar a cazar 」
En tus sueños más salvajes
Levi jadeó atento a cualquier sonido, el contenido de su mochila tintineaba un poco pero no lo suficiente para despertar a quien sea. O al menos eso es lo que esperaba, estaba haciendo acciones demasiado arriesgadas, no podía evitar ponerse en riesgo durante cada mañana, formaba parte de su vida ahora mismo, por él y por aquello que estaba intentando continuar desde hacía una semana. Osadía y falta de criterio debía forma parte de su descripción principal. Soltó un suspiro cansado, a sabiendas que en cuanto la rechinante puerta se abriera tendría que recorrer el camino hasta la salida en un tiempo reducido.
La puerta traicionera crujió ruidosamente, al igual que sus primeros pasos sobre la madera húmeda e hinchada por la constante humedad del lugar. Las escaleras chirriaron mientras sus botas bajaban y las últimas tres zancadas fueron como un infierno para poder salir, sin duda todo estaba en su contra cuando quería salir desapercibido. Que tan distintas pudieron haber sido las cosas, pero ahora eso no importaba, la puerta estaba bloqueada. Levi se detuvo en el acto, apretujando la mochila contra su pecho, como si llevara en el interior un cadáver.
― ¡Detente aquí! ― suplicó Isabel con el ceño fruncido y la derecha extendida haciendo las de señal de alto ―. ¿A dónde crees que vas a las cuatro de la mañana?
―¿Acaso te pago para que me pidas explicaciones? ― gruñe Levi retrocediendo un mini paso ―, además, ¿Qué haces despierta? Estúpida mujer ve y encárgate de tus propios asuntos.
― ¿Pensaste que no me iba a dar cuenta? ― pone los brazos en jarra ―, todo se ha puesto tres veces más raro contigo desde que trajiste ese jabalí, Levi.
―No sé de qué me hablas ― repuso tajante.
― ¡Te vas antes de que amanezca y regresas pasando la media noche! Te limitas a dejar un par de pavos salvajes contra la mesa…
Levi gruñe desde su lugar. Debía existir un límite en el que las mujeres dependieran de los hombres, pero desafortunadamente la ciencia aún no había encontrado el factor de su creciente necesidad por mantenerse cerca del sexo opuesto. Pero de cualquier manera, el pelinegro no estaba dispuesto a aceptar más sermones al respecto, una cosa era vivir ahí y otra muy distinta era lidiar con la incesante necesidad de Isabel para ponérsele enfrente como si fuera la única muchacha casadera en todo el pueblo. Como si a Levi pudiera importarle menos eso.
―Agradece que aún traigo los estúpidos pavos, porque podría dejarlo de hacer en cualquier momento. Traerte carne ya no es mi prioridad ― sus dedos apretaban con fuerza las mejillas de la pelirroja. Hasta que su piel comenzó a colorearse del mismo color que su cabello.
Levi la empujó de su camino y salió por la puerta. Enfrentándose cara a cara con el oscuro y frio exterior, que le interesaba menos que poco. Un hombre como él tenía prioridades. La casera se mantuvo en la puerta con su dignidad en alto y el rostro convertido en un mar de emociones distintas, sin duda las afirmaciones del pelinegro habían causado estragos en su mente. Era momento de creer en aquellas antiguas leyendas infantiles, el bosque era capaz de enloquecer al más cuerdo de los hombres, la estulticia era tan seductora como afrodita. E incluso más fácil de alcanzar.
El cazador no pensó correctamente en lo que dijo, pero tampoco se arrepentía de haberlo hecho, sinceramente, si había una razón por la que seguía llevando comida con la casera era porque tenían un contrato y un hombre no puede faltar a su palabra. Pero ahora mismo explorar el bosque y peinarlo de animales estaba le importaba tanto como el cultivo de la patata en Tanzania, había descubierto caminos mucho más interesantes, que le impulsaban a ser seguidos sin opción de abandono. Los pavos salvajes apenas y alcanzaban lo necesario para su cuota como cazador, no podía arrancarse los rumores de encima, la gente se daba cuenta de su fantasmagórica apariencia en el pueblo, era un ente que nunca se encontraba, pero sabían que vivía ahí.
Y lo más importante, Eren. A Eren parecía no importarle que asesinara a los pavos, por esa razón él podía seguir haciéndolo. De molestarle tal vez habría tenido que dedicarse a la pesca, porque se sentía incapaz de generarle un disgusto al objeto de sus más siniestras incógnitas.
Había grabado a base de hierro y sangre en su mano, un mapa para conseguir regresar al lugar a donde la criatura lo había llevado, ese gigante árbol en un terreno amorfo y cambiante lleno de extrañas irregularidades. Supo en el instante en el que el castaño lo dejó mirar ahí que esperaba encontrarlo ahí nuevamente, al principio se creyó incapaz de lograrlo, después recordó la desesperación que no poder ver de nuevo a la criatura la generó y no dudo en sacar el cuchillo de su pierna y desgarrar la carne de su mano hasta partirla en distintos diferentes atajos para encontrar el lugar idóneo y volver. Después cerró las heridas con fuego y aunque el dolor había sido insoportable la satisfacción de volver al sitio fue una victoria insuperable. El encontrarle nuevamente, poder llegar a aquella tierra indomable, sagrada, desconocida. Valió la pena cada gota de sangre derramada.
― ¿Ese es tu nombre? ― preguntó Levi recargado contra una de las grandes raíces del árbol ―, ¿Eren? ¿Quién te lo puso? ¿Cuántos más de ti hay?
Para su suerte siempre lograba llegar a la zona del rio cuando el sol salía y calentaba lentamente por encima de su ropa, así no tenía que luchar con el frio y la oscuridad con la que el bosque los abrazaba todo el tiempo.
―Eren ― respondía juguetonamente mirando con interés la lámpara de petróleo que Levi cargaba para cuando volvía demasiado tarde por las noches.
Levi había comenzado a cargar con una de esas cada que volvía. La primera semana visitando diariamente a la criatura descubrió que era tan eclipsante permanecer a su lado, cuando menos se daba cuenta el tiempo había caído encima y la luna apenas alcanzaba a traspasar por entre las gruesas hojas de los árboles. El bosque era un recóndito mar de hojas y raíces que podían convertirse en su enemigo de un momento a otro.
―Bien, Eren ― murmuró Levi ajustando los vendajes del tobillo ―, ha pasado una semana y tus heridas están mejorando… mucho más rápido que las de un humano. Pero no sé porque eso debería sorprenderme. ¿Te sientes mejor?
El ojiverde desviaba su atención del objeto unos instantes y movía sus pies cuidadosamente cada que escuchaba al pelinegro hablarle, seguramente sin comprender ni la mitad de lo que mencionaba. Aun así se limitaba a prestar atención. Para Levi, la criatura tenía muchos matices, era atrevido como una ninfa, se arrojaba a sus brazos con emoción siempre que quería atención. Reía descuidadamente y hablaba hasta por los codos en su extraño idioma. Se movía por todos lados con extrovertidas intenciones, escalaba, tomaba plantas. Era tierno. Pero también salvaje, reñía con animales tanto como los defendía, meneaba sus largos cabellos por todo el aire, era cuidadoso un instante, para al siguiente correr contra un montón de pajarillos.
Levi habría podido observarle durante días y noches sin cansarse. Mirándole hacer, moverse, jugar, reír, saltar, llorar, estar nervioso… sintiéndolo contra su cuello. Pero el frágil hilo que lo unía al mundo humano aún estaba siendo visible, se encontraba tangible y era imposible desafiarlo. Por esta razón Levi apenas podía dormir por las noches, se preocupaba por el día siguiente, excitado por mirar nuevamente a la criatura de astas en la cabeza y desnudo cuerpo. Con flores y ramas sobre su cabello. Ninguna cantidad de tiempo le parecía suficiente para conocer más algo de lo que quería de esa criatura, aún tenía tantas cosas que preguntarle, tantas preguntas que no había formulado. La lentitud de Eren al responderle, al conseguir interpretar sus palabras le desquiciaba, pero emocionaba.
―Mejor ― sonrió Eren echando los brazos contra su cuello y rozando su pierna con los lastimados pies ―, más mejor.
―Mucho mejor ― supuso Levi ocultando una sonrisa ―. Me alegro. Pronto ya no necesitarás esos vendajes y estarás como nuevo.
Aunque las heridas no suponían ningún problema para la actividad que el realizaba, su nivel de miedo ante las cosas humanas había aumentado considerablemente. Su miedo a los cazadores. Y el recelo de Levi había continuado en ascenso tanto como sus ganas de proteger aquello que únicamente él parecía conocer. El castaño se desprendió de su cuerpo para moverse por las flores amarillas que rodeaban los troncos del árbol que lentamente había llenado de obsequios, o más bien robos, que Levi le había traído. Cosas insignificantes que Eren, curioso, admiraba con la más devota ingenuidad. La mayoría eran frascos llenos de medicinas o telas roídas para curarle. El pelinegro ansiaba comenzar a traer cosas de verdadera utilidad para el tronco vacío en el que la criatura vivía, tal vez, brindarle un poco de la sabiduría citadina.
Eren no comía carne. Así que la comida no le sorprendería en lo más mínimo.
O al menos el jamás le había visto comer carne.
―Dime, Eren ― suplicó Levi levantándose como él ―. ¿Por qué puedo verte? ¿Por qué los cazadores no?
La criatura deslizó su rostro, sus pupilas se movieron de un lado a otro, como si buscara dentro de sí la capacidad para responderle. Aun cuando el pelinegro estaba seguro que sus habilidades no habían progresado lo suficiente como para generar una conversación profunda esperaba alguna pista que le diera la seguridad de que él había hecho algo bien, algo que esas personas, que no se habían aparecido últimamente, no. Movió sus manos nerviosamente mientras señalaba alrededor del campo abierto y luego en dirección al rio. Con Eren la mímica no era tan funcional, tal vez por la mala capacidad de interpretación de Levi. Era bueno con el bosque y la caza, pero la comunicación entre seres siempre poseía lagunas inservibles dentro de sus necesidades.
―Háblame ― suplicó Levi metiendo las manos en los bolsillos.
Eren le miró nuevamente. Con la fijeza brutal de sus gemas esmeralda, la tensión en la punta de sus labios, las palabras que con dificultad pasaban por su garganta. Levi fruncía el ceño esperando que aquel trago fuerte lograra escapar de las fauces cerradas, de la falta de significación en el lenguaje.
―Mamá ― murmuró Eren inseguro ―, lo dijo. Antes irse. Si quieres alejarlos, míralos tres veces. Si no quieres dile Eren.
Calló con vergüenza como si en ese instante la pena hubiera consumido cualquier atisbo de habla dentro de su cuerpo. Pero Levi miraba todo con necesidad, sus afilados ojos habían incrementado su tamaño conforme cada palabra llegaba hasta sus oídos. El hilo entre cada una de ellas formaba un contexto que su mente podía interpretar. Uno que difícilmente el entendería… porque no era mágico, porque no era eso, porque no era una criatura extraña y desconocida en un bosque olvidado por Dios. Y porque acababa de descubrir demasiadas cosas que su capacidad para razonar le impedían asimilar de forma correcta, era otra de las cosas que siempre pasaba cuando permanecía demasiado tiempo junto a Eren. Se sorprendía demasiado, tanto que comenzaba a cuestionarse si no era que en realidad había perdido el juicio, o estaba en algún trance en Francia, donde convulsionaba cada determinado tiempo.
― ¿Madre? ¿Hay más como tú? ― jadeó Levi tomándole de los hombros ―, es obvio que tienes madre, sino de donde habrías salido tu…. ¿Dónde está ella?
Quizá la respuesta más fácil era aquella. Porque comprender lo demás era internarse en terrenos que sobrepasaban por mucho los límites de lo conocido según su imaginario colectivo.
―Solo yo ― continuó Eren con una sonrisa triste.
Levi se quedó callado durante unos segundos. Eren había dicho aquello con tristeza, pues claro que él era capaz de entender lo que esa frase significaba. Ahora le quedaba de tarea intentar comprender como era que Eren había logrado sobrevivir solo, sin una comunidad, en un bosque, tal vez sin madre. ¿Qué clase de cosa era su madre? ¿Por qué él era este tipo de criatura? Cientos de leyendas de hombres y bestias en momentos sexuales llegaron a su mente, pero algo tan puro como Eren no podía haber surgido de algo tan errante… aunque ¿Qué era lo verdaderamente errante de todo eso? tal vez simplemente, Eren había logrado sobrevivir porque era parte de este lugar, de la naturaleza. Era una criatura de bosque.
―Eres de aquí ― murmuró más para sí mismo que para el castaño antes de sentarse nuevamente sobre el pasto.
Eren ya no prestó atención, continuó caminando sin rumbo probando las mejoras en sus tobillos, la falta de dolor al moverse y la manera en que su cabello no daba tregua al crecer desmesuradamente. Era joven, Levi podía saber eso solo con mirarle.
Y también mágico. Si Levi recordaba bien él y la criatura se habían visto solo dos veces antes de que le encontrara herido, si las cosas hubieran sido distintas tal vez se habrían visto tres veces y el jamás habría conseguido verlo de nuevo… habría pasado a ser como uno de esos cazadores obsesionados con la idea de verle nuevamente, saber de su existencia. Pero ahora ellos no podían verle, porque el castaño había sido lo suficientemente listo como para apartarlos de su camino. Y había confiado en Levi lo suficiente como para decirle su nombre, con solo un poco de bondad, Levi había conseguido que Eren se mantuviera a su lado. El pelinegro podía ser un ser cruel, frio y despiadado. Pero el castaño había cambiado algo.
― ¡Levi! ― gritó Eren desde el otro lado del prado sujetando a un conejo del lomo.
Se lo mostraba con emoción. Como si hubiera encontrado una mina de oro.
Levi se tambaleó, aquel ser extraño le producía mareos.
Para el pelinegro pasar tiempo lejos del pueblo era una actividad más recurrente día con día. Su relación con otros seres humanos pasó a disminuir gradualmente de forma abrumadora, apenas comía con ellos y prácticamente no dormía. Su dedicación era plenamente la criatura, quien abiertamente lo recibía entre sus confines todos los días, con una sonrisa de oreja a oreja, y cada vez más acercamiento. El miedo se iba poco a poco en Eren, no temía acercarse a Levi ni mostrarle cada vez más de su alrededor. Mientras más tiempo pasaba, el pelinegro notaba cada vez más cosas distintas a Eren de las demás personas o animales.
No le gustaba pasar mucho tiempo en el mismo lugar, a pesar de que vivía en un amplio paramo con un gran árbol, que proyectaba una bella y fresca sombra sobre el pasto, el tamaño parecía ser un problema. El bosque que rodeaba el pequeño campo se notaba espeso y desconocido a espaldas del rio, Eren tampoco se acercaba a este lugar, en realidad parecía no tener intención moverse hacia el norte, pero si en salir por entre las cascadas y volver al rio, donde Levi lo había visto ya bastantes veces antes. El rio era el lugar favorito de Eren, incluso más que el propio campo de flores que rodeaba su árbol.
Encontraba cierta satisfacción en moverse por encima de las grandes rocas, o meter los pies uno por uno en el agua clara. Acercarse a las cascadas y mojar su cabello, una y otra vez Levi lo miraba desde lejos, le observaba con fascinación. Sensación que no disminuía ni un poco desde que lo conocía, a veces creía que podía acostumbrarse a su presencia: veía aquellas hasta que brotaban de su cabeza, peligrosas e intimidantes, pero al mismo tiempo tan irrelevantes. Todo pasaba a ser irrelevante cuando miraba las largas piernas morenas de la criatura.
Pasaban tanto tiempo en el rio o cerca de este como lo pasaban dentro del tronco.
Levi había entendido que alrededor del rio crecían todas aquellas plantas de las que Eren comía, arbustos de frambuesa, fresa y zarzamora. Arboles de manzana, pera e higos. Y si quería comida más fuerte podía recolectar bayas y setas. Todo crudo. Además también se encontraban los restos de las cosas con las que vestía y adornaba su cabello y rara vez vestía su cuerpo, ya que pasaba la mayor parte del tiempo desnudo, pero cubierto por su abundante cabello. Levi comenzaba a cuestionarse cada vez más porque admiraba tanto su fisionomía, pero se reprendía mentalmente antes de levantar su mano.
―Está atardeciendo ― murmuró Levi recostado sobre la hierba con el rio a un costado, las flores se aplastaban contra su cuerpo pero no tomó importancia de este hecho hasta que Eren se dejó caer a su lado y un montón de pétalos salieron volando.
― ¿Te vas? ― preguntó Eren mirándole desde la derecha, con el cuerpo en su dirección.
―Estoy hambriento ― continuó Levi, sin tomar a consideración si Eren comprendía ya aquellas palabras ―, necesito comer algo que no sea fruta o verdura, he dejado de comer carne por ti y me está costando trabajo…
Tener a alguien cerca que siempre lo escuchara sin importar lo que decía se había convertido en otra de las actividades favoritas de Levi. En el fondo estaba seguro de que era porque Eren jamás le reprendería o cuestionaría el porqué de sus acciones, pero le agradaba demasiado vacilar meditabundamente cuando se encontraba con él. A pesar de eso nunca se había considerado como una persona habladora, la gente le hastiaba, personas como Isabel. El jamás podría llegar a conversar con ella de la forma en la que lo hacía con Eren, un tanto unilateral, pero bien recibido.
Giró el rostro para ver al joven recostado sobre las flores. Le miraba con curiosidad aunque sus astas no le dejaban acercarse lo suficiente. Levi quería saber cómo dormía, cuál era el rostro que ponía…
Lo había visto llorar y reír. Quería verlo todo de él.
―Me haces bajar de peso ― continuó Levi despreocupadamente ―, así que tenemos que solucionar esto ¿Quieres? Dime que animal puedo comer enfrente de ti y comeré solo eso por el resto de mi vida.
Tal vez, había hablado de más. Se mordió la lengua cuando terminó de decir esa frase, quizá estaba dando mucho por sobreentendido, pero luchaba constantemente con no hacerse esas preguntas que le atormentaban, había encontrado la criatura pero ¿ahora qué? No tenía una respuesta a ello y tampoco la había buscado. Solo sabía que quería estar a su lado ¿Por cuánto más podía extenderse eso?
―Pescado ― respondió Eren pensándolo un poco, señalando el rio con su largo brazo delgado y sus uñas rosadas.
A pesar de todo, Eren era realmente limpio en cada aspecto de su cuerpo. Por más que Levi no hubiera querido fijarse en ello. Por más que Eren colocara ramas dentro de su cabello, el pelinegro lo notaba, su piel era radiante como el sol, sus uñas limpias, sus dientes, cada sencillo milímetro de su cuerpo estaba bañado por la luz dorada de la pulcritud. Secretamente eso le enloquecía, pero no estaba dispuesto a admitirlo abiertamente. Mucho menos decírselo a Eren, no tenía caso, el no entendía eso.
―Comeré pescado entonces ― concluyó mirando al cielo
Quizá mañana podría comenzar a pescar, enseñarle a Eren a encender una fogata ¿Sería capaz de incendiar el bosque? Tal vez apenas probara la carne podría convencerle de que tenía buen sabor, aunque su objetivo no era cambiar la forma de ser del joven, en realidad eso era lo último que buscaba. Le preocupaba más que aprendiera a hablar con él rápido, mientras más rápido mejor. ¿Por qué? quien sabe. Giró el rostro esperando encontrar a Eren distraído con las flores a alguna cosa que encontrara en su camino, sin embargo el castaño le miraba atentamente mientras acariciaba un mechón de sus propios cabellos. Levi carraspeó.
Eren estaba ahí, justo a su lado, mirándole con sus bellísimos ojos esmeralda. El cuerpo ladeado en su dirección. Las piernas cruzadas, una sobre la otra, ocultando cuidadosamente aquello que Levi suponía había entre sus piernas, dicho así jamás se había molestado en revisarlo, tampoco tenía porque. Pero era preocupante, todo, la forma en la que sus mejillas se coloreaban cuando veía sus muslos o la curva de su cintura que ahora se acentuaba coquetamente en el espacio de su vientre y sus piernas, elegantemente recargado sobre su codo. Acariciando su cabello castaño y ondulado.
Estaba ahí, sobre su vientre plano, un pequeño ombligo, más arriba las costillas marcadas entre la carne bronceada y un poco más arriba, ocultos siempre por el cabello, los rosados pezones de la criatura. Si podía verlos era solo porque Eren había movido accidentalmente su cabello mientras lo acariciaba, ahí estaban, la primera vez que los veía a plena luz del atardecer. Sus ojos no podían estar más concentrados en otra cosa, sus latidos bombardeando dentro de su pecho como un pájaro desquiciado. ¿Había visto él algo más bello?
Definitivamente no.
El impulso de tocar fue más fuerte que cualquier cosa. Y más rápido que su capacidad para pensar.
Extendió la mano derecha con el dedo índice levantado, lentamente se acercó y tocó su piel como si fuera un malvavisco, apretó con interés lo rosado de su piel y empujó contra este con una curiosidad ufana. Estaba por pellizcarle ahí cuando Eren retrocedió asustado.
Con las piernas como de cervatillo asustado, pero la cara roja de vergü cubrió perfectamente con el cabello y mordió sus labios mientras miraba al pelinegro con un gesto confundido. Levi tuvo un sonrojo gradual que nació en su nariz y murió en su cuello, mordió sus labios y le pidió disculpas con la mirada.
Se levantó como resorte, tomó sus cosas y salió huyendo del bosque pensando seriamente que había perdido la cordura. Que si este hecho había aterrorizado a Eren tocarle un poco más le haría perder la razón y llorar hasta el cansancio, después de todo ya lo había visto hacerlo. Se reprendió mucho a sí mismo, pero no pudo pensar en ello más, ahora necesitaba traerle algún regalo a Eren, tal vez mañana, de esta forma podría compensar su comportamiento. Y avanzar un poco más, tal vez.
N/A: ¡gracias por su paciencia y por leer hasta acá! Como ya saben este fanfic contará con alrededor de 12 capítulos, como se dan cuenta no son muy largos así que les advierto que ya se viene lo emocionante.
¡Levi le acarició su pezón! Hjgsajd
GUEST:
Andy Ehrmauntrat: Me costó mucho tjo escribir tu nombre jajaja, pero bueno ¡Hola! Que bueno que te encantó el fic, gracias por darle una oportunidad, espero que te guste la actu y nos leemos pronto.
ShLuna: ¡Levi es lo más tierno del mundo con Eren! Ya verás en el siguiente capítulo, además es gruñón con todos menos con Eren, lo cual se me hace muy tierno. ¡ya se están comunicando! Muchas gracias a ti, por leer y por dejar un rv.
Priscila: jajaja si, es Gaelico Escoses, aunque realmente no ha sido muy relevante lo que ha dicho, solo es para denotar que el también habla un idioma, y que le es fácil aprender el de Levi. ¡gracias por leer!
