Disclaimer |©"Shingeki no Kyojin/進撃の巨人" y sus personajes pertenecen a Hajime Isayama, esta obra es realizada sin fines de lucro, únicamente recreativos. Por MagiAllie a la plataforma de FanFiction. Cualquier modificación o re―subida a un sitio diferente sin autorización será reportada en Support de Google. Todos los derechos reservados.

Notas | ¡Hola a todos! ¿Ha pasado un tiempo no? Bueno, ya estoy de regreso, la verdad escribí este capítulo en dos o tres días, así que fue relativamente fácil traerlo para ustedes. Y como ya me conocen, yo no dejo proyectos tirados, así que no tienen nada de qué preocuparse. Por otra parte, según mis cálculos a este fic solo le quedan como dos o tres capítulos. Me parece que tres sería una aproximación muy estimada, así que nos leemos pronto y espero que les agrade la actu.


La mística para jugar a cazar

Dije:''Nadie tiene que saber lo que hacemos''

Sus manos están en mi cabello

Su ropa en mi habitación.

La bruma marina era ya una característica intrínseca de la isla, Levi comenzaba a comprenderlo y adaptarse, pero lo más extraño es que incluso comenzaba a sentirse visiblemente extrañado si este elemento no se encontraba presente sobre el ya conocidísimo pueblo. Para cualquiera que llevara más de diez años viviendo en su húmedo interior el día era una señal divina, el sol podía quemarles la piel un poco y la ropa iba a dejar de apestar. Las mujeres lavaban todo y dejaban tendiendo sobre amplias cuerdas en los patios de sus casas, los niños jugaban en el lodo seco y las olas crujían ignoradas sobre la arena de la playa, que incluso era visitada por alguna pareja curiosa, el mar era extrañamente poco hostil en ese momento. El regocijo y la bulla se apreciaba dentro de cada rincón, aparentemente felices de su exposición ante el astro rey, para ellos aquello resultaba una maravilla, no tenían secretos, no les molestaba que la luz les expusiera abiertamente. Súbitamente Levi comprendió que su falta de algarabía se debía a ello, estaba prácticamente desnudo caminando por el pueblo, a la vista de todos, a ojo y juicio de cualquiera de los habitantes. Por supuesto este hecho nunca le había importado, mucho menos incomodado, estaba acostumbrado a que donde sea que pasara se le señalara con el mentón o escuchara un descarado murmullo a sus espaldas, antes no había tenido un secreto tan grande sobre sus hombros como el que tenía ahora y eso le enloquecía.

Tenía dos semanas que había comenzado a ir al mercado con más frecuencia de la que originalmente creyó que tendría ir. Al principio fue complicado acostumbrarse, pues el mismo entorno hostil e irreconocible le impedía familiarizarse de forma adecuada con su alrededor, pero apenas comenzó a entender la misma geografía del pueblo la tarea se había convertido en algo sencillo, desafortunadamente el ir al pueblo y comprar cosas que consideraba necesarias había reducido inevitablemente sus días enteros en el bosque. Había momentos en los que no podía ni asomar la nariz allá, pero sabía que tendría un buen resultado, pues la pequeña criatura estaba cada día más emocionado con su presencia y con el nuevo hábito del pelinegro.

Llevarle obsequios.

Por supuesto había intentado con todas sus fuerzas ser tan sigiloso como un anima en pena, pero la tarea se tornaba complicada y sobre todo un día como hoy, donde la oscuridad de la fría isla no le cubría de lleno, su secreto podía ser fácilmente interceptado por alguien cuyos sentidos fueran bastante agudos y hasta ahora la única persona que le había hecho cuestionamientos uno tras otro sin detenerse era Isabel. Por supuesto, la mujer no pasaba nada por desapercibido ¿Para qué has traído esas cosas? ¿Por qué estás comprando tantos artefactos, la habitación lo tiene todo, no? Era una molestia, no le dejaba en paz ni un momento. Le exasperaba su entrometimiento, pero debía de ser sincero, para ella, que era la casera, debía resultar bastante confuso…

Entró a la misma tienda de antigüedades donde había conseguido el primer juego de vasos y platos de plata, así como bandejas y trastos de madera, los que habían hecho que por primera vez desde que se conocieron Eren entrara en un estado enternecedor de frustración al no comprender el uso de las herramientas. Por supuesto Levi no tenía intenciones de cambiar sus hábitos ni de infundir en él el estilo de vida que la civilización, pero la verdad es que la criatura mostraba muchísima curiosidad y él se derretía cada vez que le veía reaccionar de formas distintas ante lo que para él era ya bastante conocido.

Comprendió entonces que sería necesario comenzar a hacer ciertos cambios para que la vida a su lado le resultara más fácil.

Se trataba, por supuesto, de un acuerdo implícito, a pesar de su creciente uso de la palabra y la forma en la que la comunicación era más sencilla, Levi nunca le mencionó nada a Eren sobre eso, porque no tenía la intención de ser formal. Solo que; lo era. Porque pasaba más tiempo en el interior del bosque que en el pueblo en general, todo el día le rodeaba de sus más curiosas atenciones, de la más infantil dedicación y el asombro más exagerado. Eren correspondía a su interés y se mantenía cerca de él siempre, por esta razón Levi comenzaba a comprender que su estancia en el bosque sería más cómoda solo si conseguía acoplar el espacio bajo el árbol a un ambiente más familiar y Eren parecía encantado con la idea.

―Buenas tardes ― gruñó secamente al anciano que atendía detrás del acabado mostrador de madera con vitrinas a sus espaldas, el hombrecillo dio un respingo.

―Ah, es usted ― saludó con una fingida cortesía.

'El forastero, sí, soy yo' pensó Levi.

―Estoy buscando estos objetos, me son indispensables así que tráigamelos pronto. No me importa su precio ni origen, con que estén buenos me basta.

El hombre tomó el trozo de papel rayado con tinta fresca y analizó la lista con atención. Levi se perdió un poco entre los anaqueles, estaba muy seguro de que el anciano se sorprendería al observar la lista de cosas con las que buscaba surtirse, porque se trataba principalmente de objetos de uso cotidiano para la casa y segundo porque eran cosas que se suponía Isabel debía tener disponible para él. Si le preguntaran Levi solo respondería que estaba buscando hacerse de sus propias cosas, pero él era un francés y por supuesto ¿Qué podía interesarle comprar en un pueblucho como este? Nada, realmente nada.

El anciano no dijo más y desapareció detrás de una cortina gruesa de terciopelo rojo. Levi por fin pudo suspirar, otra de las ventajas de la tienda es que estaba vacía la mayor parte del tiempo, nunca había coincidido con otro cliente y eso era por la misma naturaleza del establecimiento. En un pueblo, olvidado por el hombre y por Dios, quien en su sano juicio se interesaría por comprar antigüedades. Aparentemente, solo Levi. Hasta ahora las cosas que había comprado en el interior habían llamado poco su atención, pero no perdía la esperanza de encontrar algo que realmente le gustara dar a Eren… pensaba en ello cuando sus ojos de bala se fijaron en un sucio baúl de madera con herrería de hierro, tenía tallados un par de osos de circo alrededor de la tapa y más animales en las paredes. Parecía un lindo juguetero, bastante grande y pesado.

Se acercó sin miramientos, el interior estaba cubierto de suave terciopelo. De alguna manera le parecía un buen maletero y algo que podría serle útil a futuro si buscaba transportar cosas grandes y que no necesitaban ser vistas por la chismosa de la casa. Se rascó la barbilla.

Hasta ahora había evitado ser demasiado obvio en la construcción de una especie de choza en el árbol, pero cuando las pertenencias comenzaran a crecer tanto en tamaño, como entre ellos la confianza Levi supo que sería necesario llevar camas y sillas, una mesa y serruchos para comenzar a hacer paredes de madera con árboles del mismo bosque. El baúl era una buena idea.

―Lo he conseguido todo ― avisó el hombre acercándose nuevamente a el mostrador vacío, cargaba en sus brazos las almohadas y cobijas que Levi encargó, junto con otros artículos ―, estas son de terciopelo y están en buen estado, un poco de hilo y quedaran como nuevas ¿Qué le parecen?

―Me llevo el juguetero ― ordenó Levi sacando los billetes de su bolso de cuero ―, guarde las cosas en el interior.

―¿Ese viejo baúl? ¿Tiene usted hijos señor Ackerman? ― preguntó el sujeto caminando de puntillas hasta la cosa y guardando los objetos en el interior, tan pronto hizo la pregunta se arrepintió, porque guardó un silencio sepulcral.

―Es un juguetero ¿verdad? ― Levi supuso que de esa afirmación venía la naturaleza de su pregunta.

―Así es ― murmuró en respuesta, ya tímido ―, pero, perdón por la pregunta, no debe responderme.

―No me interesa tener hijos ― soltó tajantemente entregándole más billetes al hombre de los necesarios.

―¿Ah, no? ― Levi levantó ambas cejas, confuso.

El anciano no sería alguien de una apariencia muy particular pero a Levi le parecía que tenía el aspecto de un viejo duende, pues era extrañamente delgado, con grises cabellos largos y ropas descuidadas. Su rostro caía al piso por las arrugas y sus ojos apenas alcanzaban a distinguirse. Se relamió mientras contaba el dinero y luego lo contó de nuevo…

―Señor Ackerman, me ha dado usted de más…

―No, ahí está todo ― aseguró Levi inclinándose en el mostrador y quitándose un cabello de la frente ―, eso es porque, he visto que guarda entre sus artículos una cajita en particular, es roja, ya sabe a cual me refiero. Quiero comprársela.

―Me parece que no se a cuál se refiere ― murmuró el hombre intimidado por la proximidad y el tono amenazador del pelinegro.

―En el estante de atrás ― señaló con ligereza usando su índice ―, desconozco su valor, pero espero que con lo que le di antes sea suficiente ¿lo es?

El anciano se giró torpemente a mirar la caja que Levi le señalaba. Por supuesto, había tenido ese artefacto ahí durante tanto tiempo que casi había olvidado que existía, la razón era que nadie nunca había preguntado por él, ni siquiera mostrado interés, probablemente les parecía que el costo sería demasiado excesivo y no se tomaban la molestia de mostrar a oídos de alguien más que era demasiado para sus bajos sueldos. O quizá porque estaban convencidos de que nadie tenía la finura y elegancia para utilizar algo así, el anciano creyó pensar que Levi era la persona más adecuada en la isla para tenerlo, pero no dijo nada al respecto. Carraspeó y tomó la caja… que no era más que una simple caja, pero lo que llamó su atención e hizo centellear sus ojos fue el interior.

―Creo que con lo que me ha dado es más que suficiente ― se la entregó.

Levi la tomó con cuidado, se relamió los labios y sonrió para sus adentros.

―Muchas gracias ― murmuró sin dejar de admirar su última compra.

Antes de salir la dejó en el interior del baúl y lo cargó con toda su capacidad. Aún tenía que ir a varias paradas en el pueblo, el día apenas comenzaba.


El sol apenas comenzaba a descender cuando Levi puso sus lodosas botas en el pórtico de la posada. El baúl que antes había conseguido ahora se encontraba lleno hasta el tope de todo tipo de compras, ninguna de ellas incluía comida, porque el pelinegro había comprendido que con Eren eso no era algo que le resultara necesario, lo que si habían eran artículos de pesca, pues el castaño le había sugerido comenzar a comer pescado. Mostrar el contenido de su baúl era algo que no necesitaba, así que lo cerró con precaución antes de internarse en el interior. Temprano en la mañana poco antes de que saliera notó que el buen clima no solo había sacado a los niños y a las señoras a la calle, los ancianos y hombres habían llegado a la cocina de Isabel con los estómagos vacíos y las ganas de conversar fuertemente impregnadas en sus gangosas voces.

Levi había conseguido un jabalí hacía poco, a escondidas de la mítica criatura, sobre todo con la excusa de no llevarle a Isabel más carne por un tiempo y así poder concentrarse en sus prioridades, por esta razón la comida en la posada había sido no solo buena, también muy solicitada por la mayoría de los comensales. Agrupados en las mesas de madera, atendidos de forma frecuente por la única cocinera que también hacía las de cocinera. El lugar estaba regocijante y lleno hasta el tope, bufó con fastidio, lo único que le faltaba era encontrarse con el grupo de cazadores que no dejaba de mirarle con una desquiciante curiosidad y de seguirle los pasos, pasos con los que Levi había sido en exceso cuidadoso, sobre todo para evitar que se acercaran a su nuevo conocido.

Aunque de alguna manera Eren había conseguido explicarle que solo aquellos que conocían su nombre podían mirarle o lastimarle de forma física, eso no excluía las posibilidades de que le hirieran nuevamente por medio de trampas o de cualquier otra forma. Aun recordaba las terribles heridas sobre sus lindos tobillos, que gracias a Dios habían curado de forma exitosa, pero Levi no podía permitirse que saliera lastimado nuevamente, le apreciaba de un modo obsesivo.

Isabel lo vio entrar, cargando en brazos el baúl. No dijo nada, estaba atareada y permitió que el pelinegro se marchara, sin interferir con él en la entrada, como era su costumbre.

Pero cayó la noche, Farlan se marchó, los comensales también y Levi bajó a la cocina para cenar. Pues era incapaz de probar bocado con el resto de personas ruidosas, apestosas y desagradables que no dejaban de inquirir sobre aspectos de su vida personal. También descendió porque necesitaba arreglar algún asunto personal con su casera. Esperaba hacerlo lo más pronto posible.

Isabel estaba en la barra de la cocina, meneando el caldo espeso de alguna especie de guiso con buena pinta. Levi se sentó airoso y tomó la cola de su abrigo para sacarla del banquillo. Sirvió con manos firmes un poco de whiskey en su vaso y lo tragó.

No había considerado darle a Eren alcohol, aunque admitía que moría por verle esbozar una reacción ante el fuerte líquido. La pelirroja no se precipitó en dejarle la comida, parecía nerviosa, como si adivinara que Levi estaba por decirle algo con gravedad, pero cuando no pudo rehuir dejó el plato frente suyo y esperó con impaciencia.

Levi la miró de reojo y antes de probar la comida frunció el ceño.

―¿Qué? ¿Me vas a envenenar? ― le preguntó con curiosidad ―, ¿o que quieres esta vez?

―¿No quieres decirme algo? ― preguntó ella con ímpetu.

Levi la miró con extrañeza.

―Esperaba hacerlo al terminar de comer… ― murmuró secamente ― pero si tienes tanta prisa, sí. Debo decirte algo, Isabel Magnolia…

―¡Bien! Pues yo también tengo algo que decirte ― gritó pegando la mano en la mesa ―. ¿Acaso crees que no me iba a dar cuenta? ¡De todas esas cosas raras que haces! Vives en mi casA, por supuesto que estoy al pendiente de lo que haces. Te vas antes de que amanezca, a veces llegas pasando la media noche, casi ya no comes, con trabajos duermes, compras objetos extraños en el bosque… Sabía que esto pasaría, intenté detenerte pero fuiste tan terco.

―¿Es eso? ― Se levantó el pelinegro ―. ¿Crees que estoy enloqueciendo? ¿Qué he perdido la razón?

Isabel retrocedió intimidada.

―¡No veo otra razón para un comportamiento tan extraño! Ni siquiera los cazadores de la isla han llegado a parecer tan desequilibrados como tú ― lo acusó con el dedo índice ―. ¿No te preocupa lo que el pueblo dice de ti? Han comenzado los rumores…

―Me vale un pepino lo que el pueblo diga de mi ― gruñó con fiereza ―, pero algo si te voy a decir Isabel, más vale que dejes de decirle a todo el puto pendejo pueblo que me voy a casar contigo. Porque no lo haré y más vale que te quede jodidamente claro ¿entendiste?

―¿Qué? ― titubeo ella sonrojándose hasta en el más mínimo espacio de la piel visible entre su rostro y su cuello, casi tanto como su cabello ―. Yo… yo no…

―¿Crees que soy imbécil? No vine a esta asquerosa isla a buscar una mujer y si lo hubiera hecho créeme que no serías tu ― se burló el empujando el vaso sobre la mesa con aburrimiento ―, no soy tonto Isabel, lo he notado perfectamente hoy el dueño de la tienda me preguntó si no pensaba tener hijos. Sé que creen que me voy a casar contigo y no podrían estar más equivocados.

―¡Lo hice para defender tu honor! ― Gritó ella humillada ―, no estaba esperando que tú te casaras conmigo, pero ellos están hablando mal de ti y yo… solo fue para conservar tu imagen…

―Tu… de verdad crees que soy imbécil ― tiró la comida, no podía aceptar nada de ella, de verdad le enfurecía su comportamiento ―, eres una niña mimada y estúpida. Te las das de muy lista y te sientes independiente, pero desde que llegué a este puto lugar no has hecho más que meterte en mis asuntos, reñirme por cosas que no te interesan y encima vas y le dices a todo el pueblo que te cortejo. ¿Qué carajos quieres de mí? ¿Acaso no te ha quedado claro ya que no tengo ninguna doble intención contigo? Antes tenías mi respeto, ahora te estás ganando mi desprecio.

La mujer guardó silencio, en el pecho se le notaba que las palabras del pelinegro la estaban hiriendo profundamente. Que la ira en su interior era incontenible, pero Levi no se detuvo, no estaba en su naturaleza perdonar. Así que, ávido de herir, continúo…

―Si quieres conseguir un buen marido, hay muchos hombres jóvenes que estarían encantados de casarse contigo ― aunque aparentaba suavidad, decirle eso a una joven era muy ofensivo ―. No creas que soy mejor que ellos solo porque vengo de la ciudad…

―No, tú no eres mejor que ellos ― soltó apenas como un suspiró ―, eres peor, eres desagradable, un testarudo y un hijo de…

La mano que levantó tenía como objetivo su rostro, pero por supuesto la rapidez de Levi era más e incluso su fuerza física, suficiente para detener a la pelirroja y encima doblarle el brazo. Empujando su pequeño cuerpo hasta la barra, solo para deshacerse de ella y su petulante presencia. Levi la soltó y gruñó.

―Si Isabel, soy un hijo de puta ¿Te queda claro? ― Caminó hasta la escalera ―, ahora que ya hemos pactado los términos, más vale que te des cuenta que no te convengo como esposo y que pares ya con esos chismecitos tuyos. Si no quieres que yo mismo de la cara y les diga a todos lo equivocada que estás.

―¡No te atreverías! ― Gritó ella asustada desde la cocina ―, es mi… es mi honra…

―Hubieras pensado en tu honra antes de abrir esa boca tuya…

Se encerró en el cuarto, en realidad no porque tuviera la necesidad de apartarse de Isabel, sino porque era muy consciente de que la había dejado en un estado demasiado vulnerable para ser sinceros, probablemente se le había pasado la mano, pero no podía evitar pensar que por más que había intentado mantener una relación cordial con la mujer, donde cada uno respetara el espacio personal del otro, ella habría transgredido esos límites una y otra vez, sin importarle cuantas veces le pidió que no se metiera en sus asuntos y Dios sabía que él no era el hombre más paciente del mundo, mucho menos el que tenía el mejor temple. Las cosas habían ido demasiado lejos con Isabel, incluso ahora le parecía totalmente innecesario detener esas habladurías… era pasarse, Isabel lo sabía. Lo había dejado claro ahora.

Pero sobre todas sus intenciones apartarse de la curiosa mirada de la mujer, sus sospechas y reclamos se había convertido ahora en una prioridad; a razón de conocer a Eren. Porque ahora él era una cosa de la que no podía descuidar, mucho menos si ella llegaba a enterarse, o cualquier otra persona, era imposible. Levi tenía que cuidarlo, porque al conocer él su secreto, le exhibía y le ponía en riesgo todo el tiempo. Alejar a Isabel era una prioridad para mantener a Eren a salvo.

Los platos en la cocina crujieron, se rompieron en pedazos y cayeron al piso, piezas y piezas, incluso trastes de metal y de madera, escandalosamente. Levi solo suspiró, sin ganas de dormir, el desastre de la pelirroja le sacaba de quicio, de verdad estaba molesta, pero no había tenido más opciones y no se trataba de amenazas sin sentido. Si la mujer no detenía esos cuchicheos el mismo los enfrentaría, necesitaba apartarla de cualquier forma posible, aunque eso rayara por más en lo violento.

Acomodó todas sus pertenencias, preparándose para el día siguiente. Por fin había obtenido todos sus artículos y concretado sus pendientes, ahora podía volver felizmente al bosque.


Sin duda, la única cosa que podía florecer de ese modo entre la niebla. En el interior del bosque el clima tampoco perdonaba, solo cuando ya se encontraba muy cerca del núcleo Levi podía percibir que finalmente se encontraba cerca del río y del extraño lugar donde Eren habitaba, como si fuera su hogar. El pelinegro era listo, había creado rutas distintas para llegar al mismo lugar y las repetía en patrones distintos por semana, consiguiendo casi ocho métodos distintos para llegar, por supuesto algunos eran más demorados que otros. Ahora, su premura era tanta que se aventuró a utilizar el que le parecía más fácil y rápido así como el más conocido por él mismo e incluso por Eren.

Había conseguido acercarse al rio apenas a las dos horas de haber partido de la casa. No había visto a Isabel en ninguna parte y el desastre de la cocina estaba resuelto, Levi pensó en ayudar a limpiar si es que aún se encontraba algún escombro, pero estaba impecable. Realmente esperaba ver a Isabel antes de irse, si no para mostrar cierto dejo de cortesía, si para remarcarle que sus palabras tenían color y forma, pero ella no se apareció. El pelinegro tuvo la sensación que dado el agitado día anterior hoy el restaurante no tendría servicio. Y aunque le pareciera mala idea Levi deseaba tener intenciones de no volver esa noche a la casa…

Apenas divisó el río, como una amplia corriente solo cortada por dos trozos de tierra que resplandecían en verdor y se llenaban de un césped alto cubierto de hermoso floreado, reverdecía entre piedras, arboles gigantes con ramas cual si fueran brazos y juguetones animales entre las piedras del rio, tomando agua, o sobrevolando el área con destreza.

Se había vuelto un cazador demasiado perezoso, los animales se movían a su alrededor como lo hacían con la criatura sin miedo alguno, casi comprendiendo que se trataba de un ser inofensivo, a Levi le parecía que esos pavos salvajes tenían demasiada cara, en un abrir y cerrar de ojos su escopeta podía derribarlos, pero ahora caminaban entre sus piernas mientras se movía sigilosamente sobre la hierba. Admirando de lejos al inadvertido brote.

Gustaba de verlo, porque era una expresión única de la naturaleza, mantenía un encanto y peculiaridad de quien nunca ha sido manchado por la maldad y se mantenía puro de la moderna civilización que amenazaba con destruirlo todo. Sonreía con confianza y se estiraba sobre la hierba que cubría con dulzura sus redondeces, así como su siempre indomable cabellera castaña que no dejaba de crecer pese a los intentos de frenarla.

Su cuerpo cubierto con flores y sus astas precisas se balanceaba entre las plantas, coreado de tiernos animales que le ignoraban, como si se tratara de una piedra.

Levi no tuvo piedad, los alejó a todos con sus pisadas y apenas estuvo frente suyo, se le puso de rodillas, mirándole con intensidad. Eren, aun con los ojos cerrados y la frente contra el cielo, sonrió al sentir la sombra del pelinegro proyectarse contra su cuerpo. Levantó de una los brazos y los dejó sobre el cuello de Levi.

El pelinegro sonrió ladinamente y tomó a Eren entre sus brazos. Sabía que su nueva debilidad era ser cargado y no se mostraba perezoso al complacerlo. Tanto en eso como en todos sus nuevos caprichos.

Finalmente, al recargase entre las rodillas de Levi, Eren abrió sus ojos de esmeraldas incrustadas con destellos de preciosa natura en el interior. Sus labios eran dos pétalos de flor de durazno, sus dientes perlas blancas del mar, cada milímetro de su piel era un rayo de sol. Levi podía contemplarle por la eternidad y hacer poemas de su belleza.

―Viniste ― posó su mano delicada contra la mejilla pálida del hombre.

―¿Esperaste mucho? ― preguntó Levi con dulzura, besándole la punta de los dedos.

Sin comprender, porque aún no era experto en el idioma, Eren se apartó. Presa nuevamente de una emoción incomprensible que siempre temía cuando se encontraba con Levi y con todo lo nuevo que este ser representaba para él. Levi levantó un dedo pidiéndole tiempo, pero el castaño ya estaba ansioso.

―Te traje muchas cosas esta vez ― señaló Levi al baúl que había dejado a sus espaldas y abriéndolo con cuidado de no espantar al moreno ―; son cosas para la casa.

Explicó atendiendo a la curiosidad de Eren, pero apenas abrió la caja sus ojos se toparon con un recuerdo extraño del obsequio que había comprado especialmente para esta ocasión. El objetivo rojo resplandecía inmaculado, Levi lo tomó con precaución y lo admiró por unos instantes, sin duda era el momento adecuado. Miró a Eren de reojo, que no dejaba de esperar con inquietud cualquiera de las curiosidades que el pelinegro siempre traía para el uso de… pues de ambos. Carraspeó nervioso y tomó la caja, abarcaba perfectamente sus dos piernas.

Eren levantó la mano, como un niño curioso dispuesto a tocarla, pero Levi lo detuvo. Luego le sonrió, para evitar malos entendidos.

―Te traje esto, especialmente para ti ― guardó silencio después de la corta introducción, llevó su mano hasta la tapa y antes de abrirla agregó con temeroso tono ―, espero…que te guste…

La abrió.

Eren no tenía tapujos ni miedos, no oscilaba más que cuando se trataba de cosas que Levi no le daba, como en sus primeros encuentros cuando huía despavoridamente. Ahora la confianza era tanta que apenas recibió con sus ojos el contenido de la caja estiró su mano nuevamente para tomarlo, pero se detuvo en el acto. Sus ojos captaron el brillo de lo que había en el interior, no se parecía a nada que Levi hubiera traído antes. Levi lo sabía bien, por eso es que estaba tan ansioso por entregarle aquello, ver a Eren dudar incluso por tomarlo le pareció conmovedor, así que se apresuró en tomarlo del terciopelo negro en el que reposaba y se lo mostró con las palmas abiertas.

―¿Sabes lo que tiene encima? ― preguntó

Eren tragó saliva y negó.

Por supuesto Eren desconocía el valor, el valor de los diamantes, de la plata. Para el no tenían valor, lo mismo podía ser una piedra que un rubí y él podría amar más a la primera. Pero para suerte del cazador, el brillo había atrapado su atención y le estaba dejando temporalmente sin respiración.

―Son diamantes ― explicó hinchándose como un pavorreal. Si esto fuera el mundo real una mujer quedaría impresionado. Después de todo Levi no podía deshacerse de las normas de la civilización. Aunque Eren representara su fantasía.

―Bonito ― halagó parpadeando rápidamente, aun sin tocarlo.

―Es perfecto para ti ¿Sabes porque? ―Eren negó confuso ― porque tienes ese hermoso cabello y necesitas un artefacto que lo cuide bien. Pero no cualquier artefacto, por eso he traído este especialmente para ti…

Con la izquierda acarició suavemente un largo mechón de cabello que descansaba sobre su frente y se perdía aún más debajo de sus recogidas piernas. Eren apenas cerró los ojos ante el tacto suave y cálido del cazador, aguantando lentamente la respiración, para después sonreírle con plenitud y dedicarle una mirada agradecida. Levi contuvo la respiración momentáneamente y tomó el peine de plata con la mano derecha.

No pasó mucho tiempo, ni hicieron falta muchas palabras, para que los dos terminaran sentados sobre el pasto con la vista de Levi fija en la espalda de Eren, larga y delgada, delineada hasta la cintura baja donde se perdía su vista, los huesitos de la espalda a la vista, resaltando uno a uno como ligeros montículos, se entretenía tomando entre sus dedos algunas de las flores que crecían vivas y resplandecientes entre el pasto, extendiéndolas hacía Levi para que este se hiciera cargo de colocarlas en su cabello. El pelinegro era meticuloso en su trabajo, usaba el peine de plata para pasarlo constantemente entre los mechones un poco enredados de Eren, sintiendo sus risos moldearse en nuevas formas, apartando trozos de pasto y ramas que habían quedado atascados en el interior, quizá era la primera vez que eren cepillaba su cabello de esta forma y la verdad es que Levi no podía comprender como es que mantenía su cabello tan esencialmente limpio, suave, manejable, resplandeciente y hermoso. Incluso cuando parecía que no le tenía cuidados especiales. Era algo que Levi entendía como parte de su belleza intrínseca.

No se acercaba demasiado a su cuello, porque las pequeñas astas de Eren se lo impedían, pero si sucumbía a sus instintos más primarios habría querido acariciarle el cuello, o mejor, colocar cerca sus labios para sentir con una mejor calidad la tersa piel del moreno. Este susurraban en voz baja, como para sí, pero luego tomaba una flor y se la entregaba mencionando pablaras en su extraño y desconocido idioma. Levi las tomaba, como si fuera un esclavo y las colocaba de la forma que le era más conveniente.

Ahora tenía un montón de pétalos rosas encima del pantalón y un patrón de flores entre las trenzas de su cabello, que se acomodaban graciosamente sobre las cortinas de pelo suelto que Levi había dejado. Creando así efectos de mechas cortas y largas que se acomodaban con suavidad entre todo su cuerpo.

Soltó el peine una vez que terminó de cuidar hasta la última punta de cabello y se maravilló admirando la figura juguetona y suave del chico. Parecía que cualquier atisbo de mal humor se esfumaba de su ser cuando se encontraba con él. Quien le escuchaba y atendía de la misma manera en la que él lo hacía, complementándose con un alma lejana y solitaria… ¿Era ese su destino?

Eren giró su rostro y abrazó el cuerpo de Levi, abriendo sus piernas largas y colocándolas sobre las de Levi, arrimándose un poco con una cara llena de expectativa. Levi le tomó de la barbilla.

―¿Ahora qué?

Dijo esto, a pesar de que sabía exactamente lo que Eren quería.

Otra de sus obsesiones nuevas y más adorables.

No bastaba con cargarle, traerle objetos preciosos del exterior o simplemente permanecer a su lado. Tenía una fascinación por ser mimado.

―Eres la criatura más bella que ha existido en el mundo ― se apresuró a comentarle Levi sin dejar de acariciar los mechones de cabello que descansaban contra sus hombros.

Todo eso lo había descubierto, a medida que compartían momentos juntos de intimidad, cuando su capacidad verbal superaba de sobremanera su racionalidad cerebral y el impulso de soltar elogios con la boca se le escapaba, envueltos en neblina rosa, con los ojos abiertos como platos, el rostro anonadado y el brillo en su mirada capaz de eclipsar cualquier movimiento de Eren. Le adulaba constantemente y Eren había construido en esa acción una nueva forma de sentir que su corazón se detenía, Levi lo sabía por la forma tan insistente en que se aproximaba a él siempre que hacía algo bien o que buscaba que le consintiera de alguna manera. Como un tierno animal. Parpadeaba hasta que el pelinegro sentía la ventisca y sonreía sonrojado exigiendo más y más de sus mimos…

Eren se apresuró a acercarse a Levi con el rostro sumido en felicidad y expectativa.

―No existe ni una sola flor en este bosque que pueda comparase con la belleza de tu rostro ― admitió Levi sujetando una margarita y colocándola encima de su oreja de forma cuidadosa.

La criatura meneó sus cabellos apartándolos un poco de su cuerpo para dejar que Levi le admirara un poco más y así pudiera conseguir más de sus cumplidos. Pero el cazador tenía que recordarse a sí mismo no mirar más allá de la piel que exponía pues con los más ligeros movimientos Eren descuidaba su desnudez y el sentía que no sería capaz de contener sus instintos más ruines y bajos. Convencido de que solo con mirarle a los ojos le complacería, pegó su frente a la del joven muchacho, si es que podía llamarle de este modo.

―Te has ganado todas y cada una de mis atenciones, no necesitas que te repita cuanto me impresionas.

El castaño hizo una mueca y sonrió plenamente, solo para después bufar por lo bajo y comprender que Levi no le soltaría más de aquellas palabras que tanto hacían que su vanidad se hinchara.

―De verdad que tienes un cabello impresionante ― le regaló un nuevo cumplido sujetándole el cabello del hombro, admirándolo desde la raíz hasta la punta ―, pero ¿Qué en ti no es impresionante?

La criatura pareció pensar un momento en sus palabras y buscar la respuesta adecuada, aunque Levi no parecía muy dispuesto a tomarle la palabra, después de meditarlo un poco una idea fugaz cruzó por sus ojos, Levi sonrió. Levantó la pierna y mostró sus pies.

―Incluso estos lo son.

Impresionado, Levi le sujetó del tobillo y depositó un beso suave en su empeine. Haciendo que Eren riera y se dejara caer nuevamente contra la hierba, levantando en su caída un montón de pétalos de diversas flores. El pelinegro abrió los ojos, su corazón no funcionaba tan bien cuando le veía realizar hasta el más mínimo ademan. Convencido de su obsesión se fue contra él. Sin besarle ni tocarle, solo cubriéndole con los brazos y dispuesto a morir entre ellos contra la hierba.

A favor de esta acción Eren le rodeó en el cuello con los brazos, y acarició la parte más afeitada de su nuca, le dedicaba siempre, la mejor de sus sonrisas y Levi lo peor de sus desvaríos.

―La primera vez que te vi… ― recordó Levi, con su ceño fruncido ―, intentabas cortar tu cabello ¿Por qué…?

La criatura parpadeó y llevó una de sus manos hasta sus propios cabellos. Como si de verdad estuviese pensando lo que las palabras del hombre significaban, como si de verdad pudiera comprender que detrás de esa extraña pregunta, podía oler la verdad oculta de su existencia. Pero Eren no tenía razón de ocultarle nada, confiaba en Levi con su simple vida, en la forma en que construían un nido lleno de objetos resplandecientes y extraños y la devoción ansiosa que le profesaba a cada oportunidad.

―El celo ― murmuró como si eso explicara todo.

Pero solo dejó el cazador más confundido.

―¿Co… como dices? ― se levantó trastabillando.

Eren le siguió.

―No dejará de crecer hasta que cumpla esa función… ― explicó avergonzado ― al hacerlo su crecimiento será menor, como el de… uno como tú. Si crece así es como… el pavorreal, para atraer al macho.

―Pero tú eres macho ― señaló Levi con cierta obviedad.

―Cuando el celo llegue crecerá más ― explicó con un mohín ―, ¡Machos tener celo!

―¿Lo tienen…? ― balbuceó contrariado

―Tengo lo yo. ― explicó encogiéndose de hombros. Luego se dejó caer nuevamente contra el pasto.

Levi lo contempló desde arriba por unos instantes. Evidentemente se trataba de una criatura demasiado exótica, perseguida por cazadores, extraña en niveles que el aun no podía comprender, por más cercanía que compartieran. Ahí estaba, recostado en el pasto, una ninfa, un ser hibrido entre ciervo y humano, que de ciervo parecía no tener nada, pero luego llegaba y como si nada la decía que tenía celo, ¿Debía sorprenderse? No, muchos animales lo tenían, incluso los humanos estaban destinados a compartir ese fin reproductivo por mera necesidad. Eso significaba que Eren buscaba una pareja, para atraerla con su hermoso cabello, probablemente se convertía en una molestia y eventualmente lo cortaba. A Levi le fascinaba. Por otra parte Eren parecía no tener contacto con nadie similar a él, mucho menos hembras, no existían, él lo había mencionado 'Solo yo', su ciclo de reproducción estaba incompleto. Y por eso su cabello no dejaba de multiplicarse.

Conmovido y asustado por el propio hilo de sus pensamientos se dejó caer nuevamente a su lado.

Eren le miró. Sonrió.

Levi le tomó de la mano.

―Cuando llegué… yo puedo ayudarte― prometió besándole los nudillos.

Sabía que no era la función que Eren esperaría, pero de que podía ayudarle podía, y no sería egoísta de su parte…

―Pronto ― parpadeó Eren un par de ocasiones hasta que Levi le soltó la mano ―… pronto.


N/A: ¡Así están las cosas! ¿Les ha gustado? Sinceramente creo que la vida de Levi en el pueblo puede resultar más interesante que su propia relación con Eren, pero ya se vienen cosas interesantes, así que agárrense de sus asientos.

Por otra parte, sin entrar en muchos detalles, hace ya bastante obtuve un review donde me cuestionaban un poco la actitud de Levi con Isabel, pues era obvio que no se estaba portando 'buena onda'. Quiero decir que si, obviamente Levi mantiene, no solo cierto desprecio hacía Isabel, sino a las mujeres en general, no estoy justificándolo pero es algo que forma parte de su propio contexto y vida, que desconocemos, por supuesto quiero decirles que no estoy a favor de este tipo de actitudes y que mantengo una posición ficcional.

Entre otras explicaciones, Levi se comportaría de la misma forma con cualquier hombre, es un ermitaño. Y tampoco creo que la actitud de Isabel sea justificable, así que en realidad nadie está bien. Parece ser que ella en realidad solo está preguntándose por lo que hace, pero en este capítulo finalmente Levi se entera de que no se trata solamente de eso…

No saquen conclusiones apresuradas, el juicio que realicé pertenece al personaje dentro de su contexto, cosa que obviamente vemos reflejada en la sociedad actual, como yo siempre he expresado, pero bajen las armas, en ningún momento me ha parecido una justificación para expresar mi punto de vista. Todo lo contrario.