Disclaimer |©"Shingeki no Kyojin/進撃の巨人" y sus personajes pertenecen a Hajime Isayama, esta obra es realizada sin fines de lucro, únicamente recreativos. Por MagiAllie a la plataforma de FanFiction. Cualquier modificación o re―subida a un sitio diferente sin autorización será reportada en Support de Google. Todos los derechos reservados.
Notas | Muchas gracias por su paciencia, sé que me tardé mucho más de lo que tenía planeado, porque dije que lo subiría la próxima semana, en todo caso espero que este capítulo les agrade y que se queden pendientes de lo último de este fic, aunque aún quedan cosas emocionantes.
Perdonen estas notas tan escuetas, pero vengo muerta y estoy apurándome para sacar el capítulo pronto.
「 La mística para jugar a cazar 」
Su voz es un sonido familiar
Nada dura para siempre…
Pero esto se está poniendo interesante…
Levi lo vio de pie con el paisaje a sus espaldas, estaba totalmente desnudo y brillaba, con el brillo singular de algo que no era humano, la piel adiamantada de su esencia le daba el aspecto resplandeciente de un ángel con astas, piadoso y salvaje, apocalípticamente bello. Su boca entreabierta soltaba el vaho que sus entrañas calentaban, todo en su interior ardía, árido, cruel e indomable como el astro rey. Se quemaba por dentro. Se le veía en las mejillas, rojas de rosaleda, vino borgoña en los labios cubiertos del mar de sus lágrimas.
Veía el inmenso bosque impenetrable, jungla de animales, ramas atropelladas unas con las otras, troncos inertes brotando de hierba indomable, verde hasta el contagio, vomitaba natura. Sonidos silvestres, aves que volaban y se burlaban de las piernas insensatas de los humanos que admiraban con asombro su figura espectral, su sombra sobre el piso, negra como humo que se movía entre las flores tambaleadas por el aire caliente.
Todo era caliente.
Primaveral, seco, sin el apacible susurrar del viento, se estancaba en tempo. Las flores que daban su cara al sol se quemaban hasta los cimientos, ahogadas de luz, pasmadas de tiempo, irrepetible ciclo que las consumía y daba pecas a los hombros de Eren.
Abandonaban sus parpados la casa, se apartaban del sueño en la mañana, observaba con fiereza la naturaleza que le rodeaba en medio del prado en el que construyeron un intento de hogar, religioso para ambos, ocasional y miserable. Apenas en uso. Se levantó y mantuvo su pose de ídolo contra los árboles, sintiendo la desagradable necesidad de penetrar en ellos y correr al rio, porque se quemaba.
Levi lo vio. La espalda desnuda.
Eren lo sintió, el fantasma del exterior y sus pisadas ruidosas. Aquellos ojos de llanto, rojos con verde se clavaron como flechas en la pulcra camisa blanca y en las venas del cuello, subiendo intrépidos por los afilados bordes de su rostro, se acercaron a los ojos, vio el depredador en ellos y apretó el puñal en su mano.
Levi había sido cuidadoso en no llevar a la casita ningún objeto del exterior que fuese peligroso, la sensación de miedo le invadía al imaginar que la criatura tendría la tierna torpeza de herirse gravemente hasta la muerte y el no enterarse sino hasta su regreso muchas horas después, imposibilitado de moverse, observaría un inerte cadáver y lo besaría con culpa hasta el cansancio.
Pero olvidaba que antes de su encuentro, Eren ya era una criatura hecha y derecha, cubierta de sus propias necesidades, incluso la primera vez intentaba cortarse el pelo con el filo de dos rocas que el mismo había pulido. Su puñal esta vez era del mismo origen tosco, pero era tan afilado que partía la blanda carne de su mano tierna. Una gotita de sangre se deslizo por las arrugas de sus dedos, manchó con ella sus pies, uno encima de otro.
Cuando el pelinegro notó esto, dio un paso, afán de moverse. Y cual, si fuera un venado, Eren corrió.
Corrió porque se estaba quemando por dentro.
Levi le siguió, no perdió tiempo, apenas sus piernas de gacela le dieron impulso la fuerza de su masculinidad le gritó que le siguiera, se internara en esa jungla y lo buscara, que lo tomara por la fuerza entre los brazos y penetrara entre sus labios el contenido nombre del amado entre respiración cortada.
La boca abierta y la mirada enfrente, luego atrás, enfrente y la mano a punto de herirse nuevamente, el rio a lo lejos, incitando lejanía, Levi lo miraba desde atrás, ancas de cebra entre las ramas, ojos de lágrimas y cuchillo en mano.
Paró en seco contra el pasto suave y brillante de la orilla del rio, pasto que le llegaba a la rodilla en forma de corazón, llevó el cuchillo a su melena con la rapidez de la misma corriente y cortó un solo mechón, que se deslizó como hilos de seda entre la piel y el pasto, lo cortó sin fijarse donde o como estaba, solo presiono contra este. Antes de que su mano fuera guiada en nueva sintonía a su cabeza, Levi cogió su muñeca y la apretó con toda su fuerza, hasta que se abrió y el cuchillo calló.
Le tomó primero una muñeca y luego la otra, porque se resistía meramente por el impulso de querer deshacerse del cabello primero. Por ignorancia, vergüenza y juventud, alma ingente de creer que la pasión desaparece cuando el seductivo se agota, pero carbón que quema en su interior, no se apagaría hasta que le soplaran y tiraran el agua de la unión en sus entrañas, Levi podía saberlo con solo mirarlo, aunque no era aún animal, veía a Eren y se sentía una cruza de lobo y perro ansia de clavar el diente y mover las caderas, oler toda la piel destellante de perfume de celo y tomar con fuerza a su pareja.
―No lo cortes ― le habló con dulzura ― no hace falta, nada cambiará. Ya te he visto.
Eren dejó de luchar, sus movimientos bruscos se volvieron acompasados serpenteos de cobra resbaladiza, las piernas firmes de lince poco a poco se convertían en lazos suaves de tela que endulzaban el amargo del encuentro frágil.
Dejándose caer cada vez más sobre el pasto Eren puso los ojos en blanco, permitió que Levi soltara sus muñecas y le acariciara los dedos, unieran las palmas y se abalanzara con toda una fuerza de resistencia encima suyo, con las caderas entre las suyas, ropa entre ambos, palmas abiertas despojaron de la prenda.
Labios vírgenes dulces probados con sutileza, primero a la derecha y luego a la izquierda, suave como el terciopelo la lengua del pelinegro lamió en círculos la saliva de su boca, la lágrima que caía de sus ojos y mordió las mejillas redondas de un rostro consumido por la brusca necesidad de más.
―Levi, Levi, Levi… ― su nombre era suplica y lamento, una necesidad refulgente de intensidad e incertidumbre. Levi lo callaba con su boca.
Llevó las manos al cabello aplacando la melena que se desparramaba por el pasto como las extremidades de una broncínea trompa de elefante, pluvial deseo donde caía agua en el cuerpo, insolado, deseoso, el sudor.
Ya desnudo, llevó su boca a los extremos, primero a las manos luego a los dedos, a las venas de la muñeca y a la cara interna del codo, a las axilas y a las costillas, una por una las delineo con los labios y la lengua. Bajo suyo, Eren se retorcía destacando su piel morena, pujaban sus caderas contra la hombría del varón contrario, ardiente halo de reproducción le dominaba, sus pulmones expiraban el fuego de la excitación. Levi se estremecía con el aroma.
Sus pezones erectos tan preciosos como solo dos estalactitas podían serlo, brillaban de rojiza necesidad de frote, la lengua de Levi se deslizo a ellos como niño a su madre, buscando la comida, los sujetó primero uno y luego el otro, entre los labios, succionando con fuerza, después con los dientes en juego jalando hasta irritarlos y hacer que Eren suplicara en un idioma extraño una petición no desconocida.
Las piernas le atrapaban una y otra vez y Levi debía bajarlas de su cadera, porque aún no iba a penetrarle, porque le gustaba el juego previo y el goce del cuerpo, el placer contemplativo de sus ojos y el de todos sus sentidos, era espectador de la obra de arte más intensa de la naturaleza. De la broma de Dios, con toda su pecadora ansiedad de sexo.
Gozó un poco más del cuerpo, enterró sus manos en las nalgas, delineó las piernas y los muslos, soportó que Eren le tocara en los hombros y apretara, arqueando la espalda con una intensidad jugosa y desesperada, suspiró enamorado cuando Eren imitó sus besos y le regó en la cara una lluvia mundana de caricias, hasta en los parpados, sus brazos de candado se aferraron a su cuello como soldados en guerra y suplicaron incesantes que le diera de lo suyo, cuanto antes.
Al fin los ojos se cierran, la oscuridad baña a ambos cuando el cuerpo ingente virgen se sume en el placer del tambaleo de las penetraciones, hay suficiente humedad entre ambos para evitar cualquier queja, es otra de las gracias que Dios dio a Eren. La pasión en su esplendor completo. Jadea y se retuerce, Levi profundiza en el hasta que su cabeza toca el piso y su boca se vuelve una mueca, pero sus manos exigen que le penetre más dentro, más fuerte y más intenso.
Lo único fuerte es la boca, la boca de ambos que se une y se mueve, baila un compás de besos que duermen y resucitan cuando un gemido inicia, eren le muerde con fuerza, no piensa en el dolor, su mente se ha nublado de placer.
Levi no puede no pensar en su cuerpo, no puede no tocarlo, por más que se resiste a solo abrazarlo, perdura su curiosa tentación de apretarle la cintura, las nalgas y las piernas, de levantar una y luego la otra para que pueda tomarlo más y más, mirarlo desde arriba y decir: pero que cosa más linda y es mía.
Suda, se baña su frente de perlas y caen desperdigadas en el pecho del castaño.
Su nombre nace y muere en sus labios como una letanía.
―Levi,Levi,Levi,Levi ― se atropella, suplica y llora.
El tiempo se hace largo, eterno, culpable, las venas se funden en abrazos eternos, candentes, de llamas que no se apagan, continúan se abren y se cierran como mariposas, copulan como animales en diferentes posiciones. La tierra se pega en sus cuerpos, el pasto llora bajo su yugo, sus bocas lloran el nombre del otro.
Eren grita con la fuerza de una sirena, se corre una y otra vez, con toda la crueldad del infante que no mantiene una erección larga, mientras Levi sigue y sigue, entra más, se hace el sordo, gime, se muerde el labio, le subyuga, se subyuga, se enamora y quiere casarse. Porque cuando lo ve, lo piensa detenidamente… No podía comparar a Eren con base en otras mujeres con las que había estado, porque Eren no era humano. Todo en él era mucho mejor, más bonito, más perfecto.
Veía su rostro he interpretaba su pasión. Le hendidura de sus entrañas suplicaba su semilla y la mirada suplicaba su atención sus caricias, besos, dulces palabras, le miraba con la idolatría de un Dios y Levi quería a Eren como si fuera un santo, un milagro natural, efímero y delicioso.
Fuertes embestidas caninas, el eclipse de las pasiones se derramaba entre ambos, Levi le tomó entre los brazos, abrazó su cuerpo trémulo hasta sentir que eran uno y apretó contra sus caderas hasta que no hubo un solo espacio que cortara la respiración de ambos, amor tremendo de lucida pasión consumió eterno el encuentro largo pero efímero de los dos, consumidos de lujuria y amor, se besaron cuando Levi acabó en su interior, y salió con suavidad.
Le acarició la mejilla a Eren.
―Se mi esposa… ― suplicó en soplidos de jadeo, untándose la tarde contra su semblante.
Eren le sonrió con una gran palpitación de vida, sometido aún con el torso viril que tanto adoraba.
Levi no despertó con los rayos del sol, ni con la luz de la aurora, ni siquiera con el cantar de las aves silvestres o con los graznidos de los cuervos. En realidad, fue el calor del cuerpo de Eren contra su pecho, su suave respiración acompasada y el tambaleo de su corazón palpitante tamboreando contra sus costillas, estaban desnudos, sus piernas se unían como lianas de selva y sus dedos se entrelazaban uno por uno. El cabello de la criatura se esparcía por todas partes como un lago marrón, lleno de flores y frutillas silvestres deliciosamente olorosas, se aferraba a los músculos de su pecho como un koala, babeaba un poco.
En el bosque siempre estaba soleado, la neblina de la ciudad no invadía ni un centímetro, sin embargo, el día estaba turbio, completamente agrio, amargado por una extraña oscuridad brillante del ónix, aún era de noche, la luna brillaba como una lampara de petróleo gigante en el cielo, el mar de pecas plateadas destellaba y Levi se tocó la frente un poco confundido.
Era la primera vez que no volvía a la posada. Había pasado la noche fuera, como un adolescente enamorado que se encontraba con su amada durante las noches y volvía antes de que el sol saliera, evitando así, ser descubierto.
Apretó más el cuerpo de Eren contra el suyo, el divino deseo placentero le invadió como una necesidad mañanera, inspiró su perfume y exhalo amoroso contra la mejilla gorda del castaño, besándole en la oreja. Ansiaba no despertar, para permanecer junto a su cuerpo el resto del día.
Estaban cubiertos bajo los grandes troncos del árbol que hacía las de casita para Eren, las entradas fueron recubiertas por trozos de madera en un intento de Angulo que Levi colocó dándole al árbol el aspecto de una casita cada vez más construida, tenía una ventana y una puerta, más todos los muebles y chucherías que había llevado y Eren tenía botados por todos lados. Sin embargo, no había cama, un montón de paja recubierto de cobijas y sabanas, desparramadas por todos lados como si fuera un nido, descansaban encima de él y aun así Levi veía su entrepierna desnuda al aire junto a la pierna de Eren que le rozaba provocativamente entre sus sueños divinos.
―Que voy a hacer contigo ― se cuestionó tocándole la barbilla y besándolo en los labios. Ahora que había probado el azúcar de su cuerpo se sentía incapaz de separarse, aunque se lo hubieran suplicado.
Probablemente desde antes, pero ahora tenía más razones.
Hacer el amor había sido una experiencia excelsa.
Apartó de sí mismo el cuerpo de Eren y se estiró, sus músculos eran una broma, había perdido peso y esta era la primera vez que se ejercitaba en unos meses, podría mantener su figura, pero el ritmo de vida que tenía al lado de ese pequeño ciervo no tardaría en pasarle factura, tenía que comenzar a cambiar algunas cosas. Después de hoy, todo era un nuevo paso para el futuro. Un futuro juntos.
No quería dejar a Eren por la mañana, solo, después de haber usado su cuerpo como recipiente para sexo y amor, pero no había otra opción, apenas el cielo esclareció levemente y los animales comenzaron a levantarse abandonó la casita, dejó a Eren cubierto con las cobijas, que delineaban su cuerpo de venus y se pegaban a las curvaturas, también uns cuantas fresas frescas a su lado y hubiera deseado entregarle una carta, la más cursi de las confesiones, pero no sabía leer.
Desligado ya de la obligación matutina marital convino acercarse a la posada y fingir demencia con la hora de llegada, dirigirse al cuarto directamente, cual ladrón, y evadir cualquier contacto con el ente rojo que le estorbaba como una chispa.
Algún Dios contrario a sus creencias decidió que aquella operación será imposible, pues apenas dejó el bosque a sus espaldas, el pueblo muerto le recibía con su silencio lúgubre y sus casas destejadas húmedas, el mar chillaba y gritaba el nombre de los marineros muertos, nada estaba mal excepto la posada, abierta a la madrugada y con las luces encendidas.
Un suspiró en forma de queja atravesó su garganta y se puso la pistola contra la cabeza, el fusil era imposible de evadir.
Apenas sus botas lodosas se acercaron crepitantes a la madera del pórtico, el ruido de pasitos descompuestos le perforó como martillo. Isabel le miró desde las escaleras, estaba peinada y vestida, pero arrugada, su rostro estaba blanco como fantasma y sus ojos violetas de azucena, su boca seca, atorado en su labio el reclamo, primero un suspiro de alivio y luego la granada.
Tenía un vaso en la mano que dejó caer en cuanto Levi cerró la puerta a sus espaldas.
―Dios mío, estás vivo… ― negó incrédula pero furiosa ― pensaba que habías muerto en el bosque, que habías perdido el camino de vuelta, toda la noche, te esperé despierta. Pensaba que volverías, pero no lo hiciste y luego… estaba a punto de pedir ayuda, que fueran a buscarte a salvarte, estaba segura de que…
―No soy tan débil, puedo soportar unos días en el bosque ― respondió Levi a secas.
― ¡Te ibas a apestar si te dejaban ahí! No quería, Dios, ver tu cuerpo hinchado y verde ― sus ojos se torcieron de un dolor extraño.
―Estoy bien, no tienes nada de qué preocuparte ― soltó sin ganas de consolar.
― ¡Pero me has dejado despierta toda la noche! ― la preocupación había expirado, la ira le controlaba mientras sus brazos en jarra le apuntaban como dardos ― ¡Tu, cruel, injusto salvaje! ¿Se puede saber a qué debo yo esta razón de espera? ¡Estás pagando alquiler! Eres mi cliente, pero si sigues comportándote así no me quedará más opción que tirar tus cosas a la calle…
―No seas tan ruidosa ― pidió Levi ligeramente exasperado intentando zafarse para subir a su habitación.
― ¿Ahora soy yo la que no puede hablar dentro de su propia casa! ¡Uf señor doctor, seguramente estuvo afuera trabajando…!
Levi miró de soslayo como la puerta de la posada se abría y cerraba, entraron dos hombres armados que tenían la apariencia de ser clientes frecuentes, eran jóvenes pero ceñudos y desmañanados, iban al trabajo y pasaban a desayunar, intentaron ignorar la escena, pero Levi supo de inmediato que estaban escuchando.
Se sentaron y rieron en voz baja, los reconoció, eran parte del equipo de cazadores que buscaban a Eren. Y traían en su mochila bastantes trampas para osos.
La ira también le consumió, de pronto tuvo ganas de golpearles.
Sin embargo, Isabel seguía frente suyo.
― ¡Pero trabajando, que digo! Si todavía llegas con las manos vacías, ni un solo trozo de carne ¡toda la noche en el bosque y no traes nada!
Isabel seguía reclamando, no dejaba de hablar, soltaba frases que al gusto de Levi no estaban bien, no porque no estuviera acostumbrado a los reclamos, pero las conexiones en su mente le decían que los cazadores le estaban siguiendo la pista a él, porque sabían que él estaba con Eren, sabían que él ya lo había encontrado e Isabel, inconscientemente, no dejaba de delatarlo.
Miró de nuevo a la pelirroja.
―Además mira esas ropas… ¿Acaso te revolcaste en el lodo? ¡Eres un desastre! ¡Me tienes hecha un desastre! ¡Ya estoy cansada de ti y del bosque! ¡Estoy cansada de tus salidas y de tus…!
Tomó los brazos de la pelirroja, con las manos duras como cactus, tomándole de los hombros con la fuerza de su yugo, a la fuerza, llevó su boca a la contraria, plantó en esos labios secos un beso forzado, duro y árido como quien no quiere la cosa. Pero Isabel lo quería, sí que lo quería, porque cerró la boca como pico de pájaro y le echó los brazos al cuello con toda la flacidez de la manteca, sus ojos se cerraron y sus mejillas se encendieron enamoradas, Levi cerró los ojos y presionó un poco más, se la quitó de encima y le tomó las mejillas con ambas manos.
―Lamento haberte preocupado Izzie ― susurró cariñosamente a la pelirroja ― no volverá a ocurrir te lo aseguro.
Le dejó un beso en la frente y evadió su mirada, en media vuelta y paso redoblado salió del comedor con la velocidad de un zorro, mordiéndose los labios de rabia, aguantando las ganas de golpear a esos cazadores y la frustración de reñir a Isabel por tener una boca tan larga.
Si antes no sabían muchas cosas de él, ahora las sabían. Lo percibió por la forma en la que lo miraban.
Durante todo el día, Levi no dejó de estar nervioso, paseaba intermitente por su habitación, miraba por la ventana; el mismo asqueroso pueblo. Dos cosas turbaban su mente paralelamente, el hecho de que los cazadores hubieran inferido diversas cosas confidenciales de su relación con Eren ahora que estaban convencidos de que sus desapariciones en el bosque eran continuas, y dos haber dejado a su pequeño ciervo solo en el bosque aun cuando deseaba tanto estar a su lado en este momento tan cálido.
No bajó a cenar. Y cuando menos se dio cuenta, la noche cayó sobre la isla y bañó todo de una negrura espectral, densa como petróleo azulado.
Estaba sentado en la cama con la camisa desabrochada y los pies sobre la madera, con el dedo pulgar en la boca, mordisqueaba la piel de su uña y golpeaba en la mesita con el resto de los dedos de la otra mano, ansiaba que el sueño le golpeara como una droga para que apenas despertara pudiera partir al bosque, asegurarse que los cazadores no habían hecho nada y por supuesto verle.
Un golpecito suave en su puerta le alertó de la presencia de alguien más, por supuesto no podía ser nadie más que la pelirroja, suspiró hastiado, por un segundo meditó ignorarla y hacerse el dormido, pero las luces de su habitación estaban encendidas y era tan metomentodo que la creía capaz de tomar sus llaves y abrir de una buena vez la cerradura para asegurarse de que siguiera ahí.
―Levi― trémulamente habló a través de la madera ― ¿Estás… despierto?
―Si ― abrió la puerta con rudeza, dejó que ella mirara por encima de su hombro a la habitación y luego se recargó en el marco como esperando que la visita fuera corta.
Apenas sus ojos verdes y enormes se encontraron con el rostro del pelinegro el rojo de su pelo se contagió en el rostro. Vestía un camisón de dormir blanco y pesado, como de franela, los pies descalzos y el cabello despeinado, o iba a dormir o acababa de despertar del sueño. Su mirada se deslizo por todas partes, a su vez jugaba graciosamente con sus manos.
― ¿Y bien? ― preguntó a secas
Isabel dio un respingo.
―Eh, bueno… verás… yo… me preguntaba… si no tenías hambre, ya que no bajaste a cenar, aún queda un poco de atún en jitomate con aceitunas puedo calentarte y…
―No, gracias, no estoy hambriento. Si eso es todo, buenas no…― estaba por cerrar la puerta con cuidado cuando Isabel le detuvo colocando su palma en la madera y observándole de forma suplicante.
Como si le exigiera que no le obligara a decir lo que iba a decir.
― ¿¡Que!? ― preguntó ya un poco frustrado
―Es que… es sobre… bueno, lo que sucedió en la mañana ― logró balbucear ― yo… me tomaste con la guardia baja y pues, siempre pensé que no te atraía, pero… me besaste.
Entonces Levi lo recordó, por supuesto solo se había tratado de una jugarreta para hacerla callar y a estas alturas del día ya lo había olvidado plenamente, sin embargo, para una joven soltera e ilusionada como Isabel no era poca cosa. Suspiró, honestamente cansado de esta situación.
Anhelaba salir de esa prisión.
―Escucha Isabel, definitivamente he sido demasiado paciente y educado, no entiendes mis palabras si te las digo claras o si te las digo a gritos, ¿Cómo quieres que te explique que no me interesas?
― ¡Pero me besaste! ― le acusó ofendida
―¡Lo sé! Fue un error, estabas desenfrenada y diciendo incoherencias enfrente de desconocidos, es mi vida personal. Solo fue un despiste para hacerte callar.
Isabel sintió esas palabras en el pecho, pues retrocedió como si la hubiera golpeado, sus antes ojos brillantes se volvieron dos lagunas pálidas llenas de desconcierto y tristeza, Levi había sido demasiado honesto; la utilizó.
―No me interesas, Isabel. Nunca lo harás, preferiría que te interesaras en cualquier otro hombre del pueblo, en mi no. Solo me has causado malestares y furia, cada día que te me acercas me entra un sentimiento de repudio infinito y no dejas de intentar controlarme, me asfixias y hastías. En otro mundo, donde no fueras tan insistente yo podría haberme interesado por ti, pero te has degradado para mí lo suficiente para odiarte. En cuanto tenga la oportunidad me iré de aquí para siempre y es gracias a ti. Ahora, buenas noches.
Cerró la puerta sin gritar, sin golpear y sin molestarse, sentía que había sacado de su alma una gran espina de sinceridad, probablemente le había herido, pero no podía importarle menos, Isabel le había fastidiado demasiado y quizá con justas razones, pero no se debían nada y el nunca hizo nada para lastimarla o ilusionarla. Su relación era incluso peor que la de Levi y su padre, así que no tuvo opción más que convertirse en el mismo hijo de puta que su padre había sido con su madre. Cansado se dejó caer en la cama, y tras la puerta, donde Isabel aun asimilaba lo que había sucedido, una chispa de odio y ganas de venganza surgió, motivándola a ir con aquellos que odiaban a Levi: los cazadores.
―Entonces insertas el hilo en la aguja así, de este modo ¿ves? Luego puedes comenzar a ponerlo entre la tela y formar, aquí están los patrones… yo lo dejo a tu elección ― Levi murmuraba prestando excesiva atención a sus propios movimientos con la aguja y el trozo de tela blanca, estaba tan enfocado en ello que no fue hasta que levantó su rostro cuando se percató que Eren en realidad no estaba prestando nada de atención.
Al principio frunció el ceño, supuso que el chico no tenía nada de interés en una actividad tan mundana como coser, pero si quería tener ropa le sería bastante útil, por eso decidió enseñarla, solo que últimamente su curiosidad por los aspectos del exterior había decaído. Aquello alarmaba mucho al pelinegro.
―No me encanta la idea de dejar a tu disposición esta clase de cosas ― suspiró levantándose de la reciente cama. El colchón crujió ― podrías herirte y eso me pondría demasiado triste…
La casita había adquirido más forma de la misma durante los últimos meses, habían pasado bastantes semanas desde que Levi se propuso llenarla con muebles y nuevas pertenencias para ambos, ahora tenía más bien el aspecto de un cuarto pequeño, con paredes de madera, una venta, puerta, cama y otros chuches que Eren adoraba y colocaba en diversos espacios sin preocuparse demasiado por su verdadero objetivo.
Desde aquella ocasión donde la pelea con Isabel llegó a un límite desorbitante Levi pasaba muchísimo menos tiempo en la posada y más tiempo en el bosque, su estancia en el pueblo era tan mínima que incluso había olvidado en todos sentidos que los cazadores del bosque estaban detrás del propio Eren, se sentía muy capaz de intervenir entre él y cualquier cosa que le amenazara, así fueran unas agujas.
Ladeó la cabeza confundido. Eren estaba sentado en un rincón de la casita, cerca de la ventana, admiraba el sol en su punto más bajo, coloreando el cielo de un cálido naranja y pintando su rostro con las preciosas pecas brillantes que adornaban su piel como si fueran lunares de estrella, tenía una ligera sonrisa aduraznada y el cuerpo desnudo, como siempre. Se acercó sigilosamente a él, aun cuando sus botas hacían ruido al chocar con las hojas que aun cubrían el piso de la casita, originalmente árbol.
Acarició uno de los mechones cortos de su cabello, de rodillas a su lado, admirando el perfil griego de exhaustiva belleza. Apenas sintió el tacto, Eren le miró, radiante.
―No entiendo porque lo has cortado… ― apenas le llegaba debajo de las orejas, era solo un atisbo de lo que fue y sus astas pequeñas relucían con más intensidad.
Eren mostró las perlas de sus dientes entre una sonrisa tranquila.
―Porque era largo.
Demasiado largo.
― ¿Estás bien? ― preguntó Levi rememorando el día que encontró los largos cabellos escurriendo por todos los lados de la cama.
Eren estaba distraído.
La criatura se mordió el labio con cuidado, su labio se enrojeció e hincho suavemente hasta volverse apetitoso como granada, sus ojillos se perdieron un poco entre el cuarto y luego volvieron al rostro compungido de Levi, intentando analizar mucho más a fondo lo que esa pregunta significaba. Para Levi significaba muchas cosas, encogió sus hombros ignorando la respuesta, una risa angelical escapó nuevamente de su interior.
Levi le besó la frente.
Estaba muy enamorado.
―Si, que estoy lo ― explicó Eren sin mirarle a los ojos ― estamos.
El aliento del pelinegro se contuvo por unos instantes. Frunció sus cejas de flecha, antes de que pudiera abrir la boca nuevamente Eren tomó su mano con cuidado, conteniendo la respiración, el rostro inhóspito, de muerte y duda, le tocó la palma con cuidado y guio sus dedos fríos como el sudor de su frente hasta su cuerpo, hizo que le tocara suavemente y luego con toda la palma, le miraba inquisitivamente, como si con solo eso pudiera adivinar que estaba sucediendo.
Levi se inclinó lo más que pudo, apretó un poco con la mano, logrando que Eren se asustara y lo alejara un poco, el pelinegro le miró extrañado y volvió a tocarle. Quería tocarle, necesitaba tocarle y Eren ansiaba el contacto, se retorció, su piel se convirtió en un mar de nervios y ansiedad, el aire de su boca salió en un suspiró largo y Levi volvió a mirarle larga y tendidamente.
Eren se recargó contra él, tomó la izquierda y la llevó justo al costado de la derecha, las dos en el mismo perímetro, sujetándole con cuidado ahí. Miró nuevamente al pelinegro y Levi sentía que no podía contener más sus propias palabras, ¿Cuántos pensamientos asaltaban su mente? ¿Cuántas inferencias? ¿Dudas…? ¿Miedos?
― ¿Siéntelos…?
Levi entrecerró los ojos, Eren tenía un defecto de habla, aun no lo quitaba, dejaba él lo para el final. No sabía si se trataba de un lo sientes… o un siéntelos real. Pero por el rostro del de ojos esmeralda, era la segunda, no había duda.
Tragó saliva.
― ¿A qué te refieres…?
―Cervatillos ― rio suavemente, nervioso.
Levi apartó sus manos. Miró al piso y luego a Eren.
Jadeó completamente desorientado. Se tocó la frente, ¿Estaba despierto acaso? Rio de locura, lento y pausado.
―Si, lo siento ― admitió tocando el vientre de Eren nuevamente ― pero… ¿Cómo?
― ¡Si, los sientes lo! ― Rio Eren abrazándole ― ¡Los sientes lo!
Levi intentó acomodar sus pensamientos, sonrió abiertamente, pero después su conciencia abandonó el mundo real y sus ojos vieron negro en un abismo desconocido, Eren chilló asustado al sentir que Levi se desmayaba y lo tomó con cuidado.
N/A: ¡Hola de nuevo! Estoy pensando terminar este fic para antes de que regrese de vacaciones así que voy a intentar actualizar de nuevo lo más pronto posible, muchas gracias por leerme, por todo su apoyo y por seguir aquí a pesar de mis intermitencias, quiero decirles que aprecio de todo corazón su apoyo y como siempre, sus revs.
Les responderé sus rvs lo más pronto que pueda, por lo mientras
Nickolaz: Qué bueno que te gustó el capítulo anterior, una disculpa por haberme tardado tanto en actualizar, sé que esperabas con ansias esto, así que me siento peor. Pero el capítulo ya está aquí y podrás disfrutarlo ahora. Por otra parte, sí que planeo una boda… ehhh spoiler, aunque quizá no se desarrolle en el bosque, jajaja, pero fue una buena intuición la tuya, solo que a Levi le encanta el cabello de Eren y por eso le dio ese detalle, aunque como habrás visto, ahora Eren lo tiene corto nuevamente. ¡Muchas gracias por leer y por esperar mis tardadas actus! Espero que nos leamos pronto y que te siga gustando la historia, un abrazo.
Guest: Perdona, de verdad intento ir lo más rápido que puedo, pero se me complica por mi vida y por la escuela, aunque eso si nunca dejaré tirado el fic hasta llegar al final y no falta mucho, así que la espera será menos, muchas gracias por señalarme esa falta, a veces por las prisas soy muy descuidada, espero que te siga gustando el fic y nos leemos pronto, un abrazo.
