Harry Potter pertenece a JK Rowling.


PRIMER AÑO

II: El peso de un apellido


Rose Granger–Weasley está ansiosa.

La profesora McGonagall ha dado el discurso de bienvenida. Si Albus estuviese a la par de ella, pueden estar platicando del tema que se les viniese en mente. No obstante, Albus ha tomado una decisión que nunca hubiese sido una opción de no ser por Scorpius Malfoy. ¿Qué hay de especial en un hijo de un ex mortífago? ¿Desde cuándo un hijo de un ex mortífago es más importante que la niña que ha estado con él por años? Ella ha apoyado a Albus mientras ella ha podido. ¿Y ahora Scorpius Malfoy ha venido y ha estropeado lo tienen?

No. Esto es un lapsus. Con lo inseguro que se ha sentido Albus desde que han abandonado el andén, se ha aferrado a la primera persona que ha creído que le aceptará; a pesar de que esta persona sea un hijo de un ex mortífago, para Albus ha tenido un tipo de relevancia que ella no ha entendido. Eso es comprensible. Rose no ha podido encontrar un vagón en el que quisiese sentarse, así que ha recordado el lugar del Expreso donde James suele estar y le ha acompañado.

Rose está lo suficientemente cerca de Albus para oír los comentarios que dicen acerca de él. ¿Qué tiene de especial que haya un Potter en este año? No es el único Potter que ha asistido a Hogwarts desde que Harry Potter ha abandonado la escuela. James Potter ha ido primero, ¿por qué el escándalo? Rose pone los ojos en blanco. Albus no necesita que alguien le ayude a que se empeoren sus nervios. En el momento en que ve que Albus está alcanzado su punto máximo de aguante, interviene.

Avisa que es su primo, usando un tono que los deja en silencio. La sonrisa se ensancha en el rostro de Rose antes de que se presente; al recordar los modales que le han enseñado sus padres, añade que ha sido un placer haberlos conocido aunque no sea verdad.

El Sombrero Seleccionador ha terminado de cantar. Es un alivio. Tiene la voz más desafinada que ha oído en su vida, y eso que ha escuchado cantar a Dominique mientras ella está en el baño. La ceremonia de selección empieza.

—¡Bowker, Craig!

—¡SLYTHERIN!

—¡Chapman, Polly!

—¡GRYFFINDOR!

—¡Cornfoot, Ariadna!

—¡GRYFFINDOR!

—¡Fredericks, Yann!

—¡GRYFFINDOR!

—¡Granger–Weasley, Rose!

Ignora el pensamiento de por qué ha tenido que ser su turno y empieza a caminar hacia el Sombrero Seleccionador. Los de primer año se han callado, a la expectativa de cuál va a ser el veredicto del Sombrero Seleccionador. Ella sabe que están esperando por ver que se ha tensado, que tropiece o que haga alguna tontería durante o mientras se encamine hacia su casa. Tiene que mantener la compostura. No será bueno para su reputación en el colegio si ellos presienten que pueden meterse con Rose.

—¡GRYFFINDOR!

El Sombrero Seleccionador le ha quitado un peso de encima, en cierta manera. ¿Por qué ha terminado en la única casa en la que no ha querido estar? ¿Por qué no una Ravenclaw en lugar de una Gryffindor? Se convence a sí misma de que esto no puede ser tan malo, no es como si sus padres hubiesen hecho algo tan genial como todo lo que ha hecho el tío Harry, ¿verdad? Los aplausos, toda la efusividad de los Gryffindor es más que agobiante, es cargante. ¿Es este el trato que va a tener por ser la hija de dos héroes de guerra?

—Tú y yo estamos juntos en esto —dice James Potter cuando Rose se sienta junto a él.

El primer pulso que ha tenido es acompañar a Polly, después de todo ha compartido un bote con ella, pero la sonrisa de la muchacha ha puesto a Rose muy nerviosa.

—Gracias.

—Para eso está la familia.

La selección continúa. Jenkins, Karl es el segundo Slytherin en ser seleccionado. Macmillan, Heather es la primera en ser asignada a la casa de Hufflepuff.

—¡Malfoy, Scorpius!

—¡SLYTHERIN!

Ignora el comentario de Polly Chapman y la emoción de toda la casa de Slytherin.

Sí, tiene sentido que Scorpius sea un Slytherin.

Qué gran alegría.

Fin de la historia.

—¡Potter, Albus!

Ella desea que Albus también sea sorteado en Gryffindor. Ya que Scorpius se encuentra en Slytherin, ya no hay ninguna influencia que él pueda hacer en su mejor amigo; por lo tanto, todo volverá a ser igual que ha sido antes de que lo hayan conocido. Solo Albus y Rose, y quizá con algún amigo que no sea el entrometido de Scorpius Malfoy.

Ve que James se ha inquietado conforme pasan los minutos y el Sombrero Seleccionador continúa deliberando. ¿Por qué se está tomando demasiado tiempo? La decisión no es tan complicada. Albus pertenece a Gryffindor, igual que James y ella. Con una simple palabra Albus se unirá a ella, y Rose fingirá que nada ha pasado.

—¡SLYTHERIN!

¿Qué? ¿Albus Potter es un Slytherin? ¿Por qué le han tenido que separar de esta manera? ¡Esto no ha tenido que pasar!

Pero cuando ve que Albus luce tan inseguro, como si él mismo no hubiese esperado ser sorteado a la casa de Salazar Slytherin, y no sabe a dónde ir a pesar de que la casa de Slytherin ya ha comenzado a aplaudir, con más efusividad de la demostrada con Scorpius, posa sus ojos en la mesa. Esto… ¿Qué tiene que hacer ahora? Bueno, sus padres en ningún momento le han dicho que no pueda ser amigo de un Slytherin y hay Weasley que han ido a Slytherin. Puede seguir juntándose con él, no es que a nadie le vaya a importar. Son primos, son familia y nada ni nadie lo va a cambiar.

Albus vaga hacia la mesa de Slytherin. El Gran Salón aún está en estado de conmoción.

Aunque quiere mandar a callar a Polly Chapman por semejante comentario desubicado, no lo hace.

—¡Scamander, Lorcan!

—¡RAVENCLAW!

—¡Scamander, Lysander!

—¡HUFFLEPUFF!

—¡Zabini, Reagan!

—¡SLYTHERIN!

Cinco días después la lección de Vuelo da inicio. La profesora Hooch les ha instado a que se pongan a la par de sus respectivas escobas, que es lo que Rose ha hecho mientras piensa en la manera para conservar la tranquilidad. James le ha dicho que la escoba no responderá a lo que ella le diga si ella está nerviosa, ¿y qué pasará si la escoba no se eleva? ¿Y qué pasará si eso no pasa no importando lo mucho que lo intente y lo intente una y otra, y otra vez?

—¡Arriba! —dice Rose.

Ante sus propios ojos la escoba se ha elevado y la ha atrapado, con una enorme sonrisa en el rostro. Lo ha conseguido. No sabe cómo pero lo ha conseguido. Después de que Yann y Rose hayan festejado el que lo hayan logrado, se da cuenta que la escoba de Albus todavía está en el suelo. Reprime el impulso de correr hacia él y decirle cómo lo tiene que hacer, Albus no luce como si necesitase que alguien, es decir que Rose, le dé esa ayuda en este momento.

La profesora Hooch les vuelve a indicar que digan «¡arriba!».

Todas las escobas de los estudiantes se han elevado al segundo pedido, con excepción de la de Albus. La escoba todavía se encuentra en el mismo lugar en que la profesora Hooch la ha dejado; es como si Albus nunca hubiese dado la orden, o como si Albus no pudiese hacer que la escoba se moviese aunque sea por un milímetro. Mientras los demás estudiantes dicen un «¡sí!» muy efusivo, Albus entra en desesperación y comienza a repetir la orden, cada vez en un tono más ahogado que el anterior y poniéndose visiblemente pálido. Todos, con excepción de Scorpius Malfoy y Rose, se ríen entre dientes.

—¡No te burles de mi primo! —dice Rose a Polly Chapman, bastante exasperada con lo que ha dicho.

¿Y qué si Albus no es parecido a su padre?

Eso no es asunto que a Polly le tenga que importar.

—Pues tu primo es un squib. Es el único que ha fracasado tan miserablemente —dice Polly.

—Vuélvele a llamar squib y yo te demostraré todos los maleficios que me sé. Y mamá me enseñó muchísimos para defenderme de bravuconas como tú.

—¿Y por qué debería tenerte miedo? —dice Polly—. ¿Por ser hija de Hermione Granger y Ron Weasley? Todos sabemos que el más talentoso en DCAO de su generación es Harry Potter, y él es solo tu padrino.

—¿Y qué importa? —dice Rose, imitando el tono grotesco de Polly—. Yo te demostraré por qué deberías tener miedo de lo que te pueda hacer. Te lo advertiré una última vez: aléjate de mi primo.

—Ja, sí, lo que tú digas.

El que Karl Jenkins le haya dicho a Albus «Slytherin squib» es la gota que ha derramado el vaso. Albus se ha agachado y ha cogido la escoba mientras que ve, por el rabillo del ojo, cómo los demás estudiantes alzan el vuelo. Su primo se queda con la escoba, no tan vieja y sin ninguna ramita que sobresalga de ningún lado, en sus manos, retrocede varios pasos procurando no hacer el menor sonido que le delate y le haga el hazmerreír de nuevo. Piensa que se va a aislar de los demás, que se va a sentar y que a presenciar cómo los demás continúan mejorando.

Se equivoca.

Albus huye.

—Estás pálida —dice Ariadna Cornfoot tocando el hombro de Rose—. Le diré a la profesora Hooch.

—No —dice Rose con una voz demasiado amortiguada para pertenecer a ella. Se lleva una mano en la boca, muy desconcertada, mientras que Ariadna le ve más curiosa que antes—. Esto no… Él no puede… —añade.

—Ve con él —dice Ariadna, dándole un empujoncito—. Te cubriré.

Rose le murmura un casi audible «gracias». Cuando se ha asegurado que la profesora Hooch no está viendo en su dirección, y una vez que Ariadna ha tomado la escoba de Rose, ella se va detrás de Albus. No hay muchos lugares a los que Albus haya podido ir, ya sea que conozca el castillo o no. Le toma alrededor de veinte minutos hallar a su primo. Albus está en el puente. Rose se acerca a él, pensando en qué le puede y las palabras mueren en su boca antes de que le salude: su mejor amigo mira el Lago Negro tratando de contener los sollozos, que amenazan en convertirse en llanto, sin tener el resultado deseado.

—¿A–Albus? —dice, insegura.

—Déjame solo.

—No.

—Yo no quiero hablar contigo.

—Lo que te pasó…

—Tú… Tú no fuiste la burla de todos allá, yo sí —interrumpe Albus—. Vete. Solo déjame solo.

Albus aparta la vista del Lago Negro. Los ojos verdes esmeraldas de su primo se conectan con los de Rose: le reprochan el que lo haya dado de lado en el Expreso de Hogwarts, le dice que tampoco es quién para andar aconsejando a la gente. La niña se muere por defenderse, por echarle en cara que Albus es el culpable de que ella se haya ido. Él ha elegido a Scorpius, no Rose; él ha hecho caso omiso a la sugerencia de Rose, no la propia Rose. ¡Albus es quien ha escogido estar en Slytherin y no Gryffindor!

—Sabes qué. —Y se calla. No lo hace. Su mejor amigo no necesita que lo haga.

Él lo sabe, él lo recuerda.

—Por favor, déjame solo —vuelve a pedir Albus. A Rose le duele el tono quebrado que ha utilizado—. Ve a la clase. Yo me quedaré aquí.

—Está bien.