Harry Potter pertenece a JK Rowling.


PRIMER AÑO

III: El hermano mayor


Albus Potter se está refugiando en uno de los salones abandonados del colegio, de esos que son solo abrirse da la impresión que han sido olvidados por los profesores. Son perfectos para idear cómo romper las reglas, o para aparentar que no existe. El fiasco en la clase de Vuelo se ha extendido cual pólvora; no hay alumno que no esté comentado lo decepcionante que es Albus Potter en comparación con Harry James Potter, el buscador más joven en aquella época.

Ojalá les pudiese decir que se metan en sus propios asuntos, que ellos no son nadie para andar opinando acerca de lo torpe e inútil que es, que ellos no entienden cómo se siente. Ser Slytherin no es lo peor que le ha pasado, comprobar que nunca podrá ser ni la mitad de lo talentoso que su padre es demasiado para él.

¿Cómo si quiera ha podido pensar que todo se volverá fácil?

Ha querido huir hacia la sala común, pero no conoce ningún camino que le lleve hasta allá sin que se tope con alguien. También se ha negado a asistir al resto de las clases que ha tenido en el lapso de la mañana. Da igual que los profesores piensen que es un vago que no se interesa en sus estudios, o que tiene la misma fascinación de su hermano mayor por hacer jugarretas, o que esta no es la primera impresión que tiene que dar. Todo lo que quiere es desaparecer de la faz de la tierra o que los demás finjan que la clase de Vuelo no ha pasado.

Oye que la puerta se abre. Es su hermano mayor quien entra y que está sosteniendo algo por debajo de la túnica. James ha tenido que ver su curiosidad porque le enseña el Mapa del Merodeador.

—No sabes lo extraño que fue para mí que la profesora Farley me llamara a su despacho sin que yo hubiera hecho algo—dice James sentándose junto a Albus, dejando el Mapa del Merodeador abierto. «Albus Potter» está a la par de «James Potter» en «la antigua habitación de Aritmancia». «Scorpius Malfoy», por otra parte, está junto a «Rose Granger–Weasley» en el pasillo que da al salón de Pociones, por la manera en que se mueven deduce que están discutiendo. Y que la discusión está muy próxima a acalorarse—. ¿Qué pasó?

—Creo que ya lo sabes —murmura.

—Quiero que tú me lo digas.

—Fallé. No hice que la escoba volara y Karl me llamó «Slytherin squib».

Su hermano mayor tiene los ojos fijos en el Mapa del Merodeador y le pone una mano en el hombro de Albus. Alza la vista y distingue una sonrisa nostálgica en el rostro de James, pero también ve cierta penumbra en la expresión de James.

Es extraño.

—No te lo iba a contar —dice James. ¿Le va a decir cómo es que tiene el Mapa del Merodeador? Teddy no se lo ha dado—. Yo también la tuve difícil cuando llegué.

—Pero a ti todo se da bien. Eres muy popular y uno de los mejores en Pociones de tu generación. No me sorprenderías si obtuvieras un Sobresaliente en el TIMO de Pociones.

—Sí, ahora lo soy. Cuando llegué, era el que debía seguir los pasos de papá. Justo como tú, justo como le tocará a Lily en dos años.

—Pero… —balbucea. Está sorprendido. James suelta una risita que Albus odia al instante. Suena falsa y forzada, lo que no es James—. ¿Cómo te libraste?

—Solo fui y soy yo mismo.

—No entiendo.

—Nuestros padres son héroes de guerra, los padres de Fred son un bromista y una cazadora que sobrevivieron a la batalla. Cualquiera, cualquiera con un mínimo de sentido común quiero decir, se pensaría que tener el nombre de personas muertas no nos convierte en ellos.

—J–James. Fueron nuestros abuelos y uno de nuestros tíos, no hables así de ellos, por favor.

James pone los ojos en blanco todavía con la misma sonrisa falsa en el rostro. Si James está intentando que no note que el tema le afecta, pues que vaya pensando en otra manera para conseguirlo. Son hermanos, sería un insulto para Albus si no pudiese reconocer cuando algo molesta a James o a Lily.

—¿De qué modo quieres que lo diga para que suene bien? —dice James de mal humor—. Yo estoy orgulloso de ser nombrado después de mi abuelo y el padrino de mi padre, y es una suerte que lo esté o también me daría un dolor de cabeza tener que compartir mi nombre.

—Continúa.

—Fred no es un bromista. El pobre Fred no sería capaz de hacer hasta la jugarreta más simplona que puedas pensar, lo que lo hace tan diferente de nuestro difunto tío Fred. A tío George no le importa o sería mucho peor para Fred. A McGonagall, por otra parte, está muy aliviada al ver que Fred no era idéntico a su antecesor. Al menos, estuvo muy aliviada hasta que yo llegué al colegio al año siguiente.

—Lo sé. El por qué mamá no te ha enviado un vociferador aun es confuso para mí.

La breve plática se detiene. Albus le vuelve a poner atención al Mapa del Merodeador y busca el nombre de su mejor amigo. «Scorpius Malfoy» todavía está en el pasillo sin embargo «Rose Granger–Weasley» se está moviendo apresuradamente hacia donde se encuentra «Ariadna Cornfoot». Tal vez una suave sonrisa se hubiese puesto en su rostro al saber que su prima ha hecho una amiga o que tiene a alguien con el potencial de serlo, eso no pasa. No se puede sentir genuinamente feliz por Rose y por el hecho de que ella esté encajando mejor que él en su nueva casa.

Le enviará una carta a su padre y le pedirá que le saque del colegio, le dirá que no le gusta Hogwarts y que prefiere estudiar en Beauxbatons. A sus padres no les importará. Al contrario de Victoire y Dominique, Louis estudia en Francia; tendrá a un conocido ahí y la tía Gabrielle le ayudará explicándole lo que tiene que saber para sobrevivir en aquel país. Suena a un buen plan.

—No le robé a Teddy el Mapa del Merodeador —dice James—. Teddy me lo dejó el año pasado porque había terminado Hogwarts, pero papá lo descubrió y lo guardó en su escritorio. Dijo que me lo daría cuando fuera más responsable. A él sí se lo robé.

—Teddy debió estar muy feliz cuando descubrió la historia del Mapa. —Eso es el eufemismo del año. Un Teddy de once años se ha tirado a los brazos de su padre y le ha dicho, entre sollozos, que cuidará el Mapa del Merodeador como si fuese su posesión más preciada. Y, de hecho, lo es—. ¿Para qué lo usó?

—Para hacer cumplir las reglas, para besuquearse con Victoire a escondidas.

—James, déjalos tranquilos.

—No es que pudiera hacer nada estando en Hogwarts.

—Hasta que lleguemos a casa.

—Sí, ahí será otra historia.

—Pensé que querías que Teddy fuera parte de la familia —dice Albus.

—Te estás copiando de Lily.

—No, no lo hago.

¿Por qué James le está diciendo cómo ha obtenido el Mapa del Merodeador? ¿Es que se lo piensa dar o planea que lo robe? Por la manera en que James lo ha dicho, no parece que ese sea el caso. Tiene la intención de ver dónde se encuentra Rose: le gustaría disculparse con su mejor amiga por cómo la ha tratado ya que eso es lo correcto, al menos, es lo que su madre le hubiese obligado a hacer; lo curioso es que no lo lamenta. Ni las palabras que ha usado ni el haberla echado, ni tampoco el que Rose la esté pasando fatal.

Albus y Rose han tenido peleas. Como todos los amigos y los primos que son, no obstante, por lo general no han durado ni una hora en esta situación sin que alguno se disculpe, o que simplemente vuelvan a estar juntos como si nada. Albus sabe que su padre, el tío Ron y la tía Hermione se ven reflejados en ellos; no ha obviado que se ven con nostálgica, como si pensasen que Albus y Rose seguirán sus pasos aun estando en Hogwarts.

Y eso, de entre todo lo que ha pasado, es lo peor.

Tampoco está seguro de si quiere encontrarse con Scorpius. Su nuevo amigo ha sido de mucha ayuda, ya que le ha ayudado a integrarse a los de Slytherin y la compañía de Reagan es amena. Aunque la niña no hable con más que con Scorpius, no le molesta en silencio. Vale, al principio le ha tomado por sorpresa con un par que no hace escándalos por nada. Uno no vive toda una vida con una numerosa familia sin acostumbrarse al ruido, ruido excesivo en algunos casos, y preocuparse o inquietarse cuando hay un súbito silencio. Scorpius y Reagan no son así.

En realidad, a ambos le ha impresionado lo que le ha contado de la inmensa familia que son los Weasley.

Ni Scorpius ni Reagan han dicho nada. Más bien, no han dicho nada que Albus sepa; si le han criticado o no, le da igual. Gente como Rita Skeeter le ha hecho acostumbrarse a los rumores que siempre estarán ahí, haga lo que haga y diga lo que diga. Aunque lo más prudente es no dar razones para que semejante mujer fatal –sí, sabe lo que significa– se divierta escribiendo ostentos artículos, con largas e interminables teorías, nadie lo hace.

¿Para qué intentarlo?

Rita Skeeter puede tergiversar lo que se le dé la gana, hasta un simple «hola» por cortesía.

—Travesura realizada. —El Mapa del Merodeador empieza a cerrarse luego de que James dijese esas palabras. Albus apoya la cabeza en la pared, ¿qué más quiere James de él? Ya le ha dado un sermón y consejo que no le sirve para nada. Ya puede regresar con sus amigos populares a disfrutar de la vida tan fácil que tiene. Albus puede apañárselas solo—. ¿Cómo es Scorpius?

—James, por favor, no me vengas con que no apruebas a mi amigo también.

—Déjame adivinar. El tío Ron convenció a Rose de que fuera su enemiga —dice James. Albus asiente, sin emoción. James niega con la cabeza—. Esperaba más de ella. Con lo bien que la educó la tía Hermione, era la última persona que pensé que te daría la espalda. Si tía Hermione se entera… Le daré mis condolencias a la abuela Molly. Tía Hermione asesinará a su hijo.

—Entonces, ¿estás de acuerdo? —pregunta con cuidado, temeroso de la respuesta de James.

Si James odia a Scorpius… Merlín, James ya le molesta por un millón de cosas y ha sido el blanco de sus jugarretas de vez en cuando, ¿qué pasará ahora? No solo es un Slytherin, sino que también se ha amigo de un Malfoy y una Zabini. Pensar en Reagan le ha recordado a Rose. Su querida prima, ¿ya no es su amiga? Y si ya no es su amiga, tampoco querrá seguir siendo su hermana. Pese a que tiene a Lily no es lo mismo. Lily no le entiende como lo ha hecho Rose, a Lily no le puede confiar las mismas cosas que a Rose.

Su padre le ha dicho que está bien que esté en Slytherin, no retrocederá a su palabra. Además que ha ayudado a los Malfoy abogando a su favor, hace más de diez años, ¿por qué será diferente que uno de sus hijos sea amigo de un Malfoy? Tía Hermione está en contra de los prejuicios, ella le apoyará.

¿Y qué hay de los demás?

Los Weasley y los Malfoy no se llevan.

—Es… raro.

—No me apoyas.

Duele confirmar que nadie le va a apoyar. Tiene ganas de soltar las lágrimas que ha contenido desde la clase de Vuelo. No lo hace; no por James, quien irremediablemente le dirá que es un llorón y que no es el único que lo está soportando; sino por los demás, que le dirán cuando lo vean pasar: «aparte de Slytherin squib, es un quejica» o algo que sea igual de cruel. Cierra los ojos con fuerza, forzando a las lágrimas que queden aprisionadas un tiempo más.

James toma el Mapa del Merodeador y lo guarda en el bolsillo de la túnica; lo que le da la oportunidad para que Albus se frote los ojos, en una medida preventiva y casi desesperada. James, entonces, le vuelve a prestar atención, luciendo más tenso y un poco nervioso. Este es uno de los escasos momentos en donde James y Albus están juntos sin discutir, gritarse o tratar de golpear al otro ante la menor provocación. A este paso su padre terminará teniendo la razón de que ellos destruirán la casa, si llegan a compartir una habitación.

Sonríe vacilante, recordando lo feliz que es Teddy con Victoire. Teddy y Victoire deberían buscarse otros escondites si quieren que nadie los vea, porque James es la decimosexta persona que los ha pillado con las manos en la masa. Sin embargo, James es el único que se ha chivado.

—No te estaba diciendo raro, Albus —dice James—. Me refería que es raro que hubieras escogido a Scorpius. —James se detiene, algo dudoso—. Con todas las historias de papá peleándose con Draco Malfoy, es increíble que ustedes dos sean amigos.

—Bueno, los dos nos parecemos. Ambos estamos lidiando con el peso de nuestro apellido en la casa de Slytherin. —Albus suspira con resignación—. Había pensado que nadie más que nosotros sufría esto, James; me equivoqué, creo que Scorpius la pasó peor que nosotros.

—Sus padres no lucharon en la guerra. No se les ha dado la Orden de Merlín ni los han puesto en un cromo de oro, o algo así.

—Es el hijo de un ex mortífago —dice Albus con el ceño fruncido.

—Así que el tío Ron decía la verdad.

Albus asiente mientras da un bufido. Karl Jenkins ha sido una verdadera molestia a los pocos minutos de que han ingresado a la habitación compartida, no ha parado de decir comentarios en doble sentido sobre los mortífagos y todo lo que ellos han causado; Scorpius ha tenido que quejarse una mísera vez y Karl le ha recriminado que no él no es nadie para hacerlo. Scorpius se ha sentido fatal y se ha tragado las demás réplicas. O lo ha hecho hasta que Jules Shepard le ha dado un puñetazo a Karl, rompiéndole la mandíbula e impidiendo que siga ofendiendo a Scorpius.

Ni Craig Bowker ni Albus Potter han participado en la disputa; ya sea porque no ha querido involucrar, hola Craig, o porque no ha querido que se redirija hacia él. Por muy egoísta que suene, este ha sido Albus.

—Todo mejorará —dice James confiadamente. Le revuelve el pelo a su hermano menor—. Solo dale tiempo, ¿de acuerdo?

—¿Y si no mejora nunca? ¿Y si tengo que soportar esto por siete años? —Albus niega rápidamente con la cabeza mientras mueve sus manos de lado a lado, casi frenéticamente—. No creo que pueda aguantar tanto tiempo —finaliza, con una sonrisa tensa.

—Sí que vas a poder.

—No, no lo haré.

—Confía en mí, sí podrás —dice James—. Además no estás solo. Me tienes a mí y a nuestra querida hermanita. Y papá y a mamá también. Ya deja de atormentarte por nada.

—Rose me odia —señala Albus un poco dolido.

—Entonces que se joda. Tú no vas a cambiar solo por un capricho de nuestra prima.

James se pone en pie y se acomoda la túnica, en la que su hermano ha guardado lo que le queda del surtido saltaclases. Albus, tras unos segundos de debate consigo mismo, imita la acción de su hermano. Piensa que no se puede seguir escondiendo, por mucho que se muera por hacerlo, y que debe hacer frente. Si otra persona le hubiese dado el mismo consejo, Albus le hubiese ignorado al instante, alegando que aquella otra persona no le entiende y que no hable de lo que no sabe. No obstante, es James y su hermano mayor suele tener la razón en estos asuntos. Irá a buscar a Scorpius, quizá esté tan confuso como James lo ha estado antes de que le haya encontrado.

Antes de que Albus tome su camino, James se detiene y le arroja una caja mediana.

—Oh, por cierto, te traje de comer.

Ahora se da cuenta de que le duele el estómago, una gran señal de que se han saltado el almuerzo por estar levantando el ánimo de Albus. Albus se sonroja de la vergüenza, que causa que su hermano se ría a carcajadas y le diga que lo estará vigilando. James no va a tener problemas para encontrar qué comer, o sus amigos le han guardado algo o irá directamente a las cocinas. Da un bufido mientras se empieza lo que James le ha dado, que un poco de beicon con huevos, y una sonrisa tenue se dibuja en su rostro al dar un mordisco. No lo dirá en voz alta, James lo usará en contra de Albus si lo hace, a veces es agradable tener un hermano mayor…

Aunque este sea igual que James Potter.

Le toma unos minutos llegar hasta la sala común. El breve viaje es agradable dado que no hay ni un solo estudiante en los pasillos; en la entrada de la sala común, para su impresión, ve a Scorpius que se está moviendo de un lado a otro, como si estuviese inquieto. Al dejar caer la caja de comida, que ya está terminada, Scorpius se vuelve hacia él y la tranquilidad substituye la histeria; por lo menos hasta que Scorpius adquiere una vez esa expresión de incertidumbre.

—¿Qué te pasó?

—Lección de Vuelo —responde. Scorpius hace una mueca; luego, Albus recuerda lo que ha visto en el Mapa del Merodeador. ¿Cómo se lo dice sin que le revele de la existencia del mismo?—… Uh, ¿a dónde estabas? Nos íbamos a reunir para la hora del almuerzo.

—Vi que Rose se fue tras de ti y la encaré después de la clase —dice Scorpius arrugando la nariz. Es un gesto inconsciente—. ¿Qué le pasa a tu prima? Ella me odia; no me conoce y me odia a muerte. Y tampoco sabe de lo que habló… gritó —se corrige.

—Te dije antes que Rose es especial —dice Albus sin querer entrar en detalles—. «Quoties necesse ut vadat» —dice la contraseña.

Como es de esperarse, tampoco hay nadie en la sala común. Albus y Scorpius se sientan en uno de los sillones, aquel que tiene una muy buena vista del Lago Negro. Antes de que se hubiese dado cuenta de que se trata del Lago Negro, le ha sorprendido ver a un enorme calamar nadando y posando su enorme ojo en él. No ha gritado pero ha estado muy cerca de hacerlo. Entre Jules y Scorpius le han explicado a Albus más aspectos de la sala común de Slytherin.

Su padre se ha equivocado. La mejor sala común que hay no es la de Gryffindor, sino la de Slytherin.

—¿Te peleaste con ella? —dice Albus, más por curiosidad que por defender a su prima.

—¿Qué? Para nada. Solo le dije lo que pensaba de ella y Rose hizo lo mismo conmigo.

Oh, oh.

—¿Qué tan mal fue?

Scorpius se cruza de brazos.

—Tu prima tiene un mal genio horrible… —gruñe—, sin ofender.

—No me ofende. Rose no es mala persona, solo es muy cabezota. Y quién sabe, quizá se lleven bien algún día.

—Sí, no creo que eso pase. —Scorpius suaviza su mirada—. No te lo quería decir… sin embargo, creo que ella tiene algo en contra de ti ahora. Es decir, que te odia por ser un Slytherin y ser mi amigo. Una de las dos es peor para ella pero no sé cuál.

Albus suspira.

—¿Sabes qué? Creo que dejaré que Rose haga lo que quiera. Si ella no me quiere, estaré bien… Trataré de estar bien con eso —murmura lo último.