Disclaimer |©"Shingeki no Kyojin/進撃の巨人" y sus personajes pertenecen a Hajime Isayama, esta obra es realizada sin fines de lucro, únicamente recreativos. Por MagiAllie a la plataforma de FanFiction. Cualquier modificación o re-subida a un sitio diferente sin autorización será reportada en Support de Google. Todos los derechos reservados.
Notas | ¡Feliz año 2019! ¡Hay que ser mejores en el año del cerdo!
「 La mística para jugar a cazar 」
Di que me verás de nuevo
Incluso si es en tus sueños más salvajes
Tocó con la palma entera en la puerta, estaba lloviendo torrencialmente y ya nada quedaba de lo que fue un esplendoroso día, si no fuera por la linterna del pórtico se encontraría en plena oscuridad dentro del pueblo. Ya llevaba fuera varios segundos cuando volvió a tocar, le parecía raro que la puerta estuviera así de cerrada, pero al recordar el estado de Isabel suspiró frustrado. Los niños no habían parado de llorar y por más que los meneaba en sus brazos se resistían a los consuelos del pelinegro.
Finalmente, unos ojos aparecieron en la rendija de la apenas abierta puerta y Levi aprovechó desconsideradamente para empujarse dentro y mirar a Isabel en camisón. Tenía el mismo aspecto demacrado y marchito, cubierto por un halo de incipiente locura dramática y unas severas ojeras por falta de sueño, su cabello parecía fuego y su rostro el de una lunática, no inspiraba confianza alguna, pero no tenía opción.
Sumado a su pesadilla, Isabel reconoció de inmediato lo que Levi mantenía oculto bajo una manta en sus brazos, un trueno brutal acompañó su gesto desconcertado y su boca abierta de par en par, incapaz de comprender a ciencia cierta lo que ocurría a su alrededor. Comenzó a hiperventilar.
Con una sola mano Levi la sujetó del hombro.
―¡Isabel, Isabel, reponte, reponte! ― suplicó con el ceño fruncido
La pelirroja negó frenética.
― ¡Ponte buena que necesito que me ayudes! ― gruñó sujetándole con fiereza y desesperación ―, no hay tiempo para explicaciones ahora, así que óyeme bien: necesito que cuides de ellos.
Sin decir más que eso Isabel abrió los brazos anonadada, para recibir lo que Levi ya le extendía, apenas tuvo tiempo de mirar como la pelirroja se hacía en brazos de ambos bultos cuando se dio vuelta con un solo destino en mente. En su espalda el rifle cargado se tambaleaba y sus pies se hundían en el lodo incipiente que la tormenta no dejaba de fomentar.
A lo lejos la imagen de un castillo envuelto en nubes de tormenta y árboles en la falda se iluminó con un fuerte rayo. Conocía el lugar a la perfección, el pueblo era pequeño, aquel lugar era el único parecido en toda la isla y sabía de buena fuente que esos engendros vivían allá. Por supuesto se trataba de gente rica, de buena familia, sin necesidad de trabajar, pasaban tiempo buscando a una criatura en el bosque y finalmente habían dado con ella… los cazadores tenían intereses oscuros en Eren.
La mansión, o castillo, había sido un principal atractivo turístico. Levi recordaba a la pareja que arribó junto con él a la isla dirigirse hasta esa casona y nunca jamás volvió a verlos, asumió que ahora trabajarían como servidumbre en esa morada, pero no había rastro de ellos.
Decidido a tomarlos por sorpresa Levi evitó el camino principal, rodeó la entrada y escaló la barda de piedra y musgo que rodeaba la antigua estructura, su piel blanca cada vez se llenaba más y más de lodo, su pelo negro chorreaba agua y no había un solo centímetro de sus ropas que estuviera seco. Su aspecto espectral se fundía con el de la naturaleza del castillo, sus grandes muros de piedra, piedra medieval, sus inmensos cedros con ramas tan grandes como casas, el follaje verde, todo rodeaba la infernal escena. Poco a poco consiguió aproximarse, la entrada del castillo no era sino una gran puerta de madera tallada con aldabas de hierro que no cederían, aunque las empujara con todas sus fuerzas.
Se alejó unos metros, la luz del día aun le daba tregua para mirar y así apreciar con fijación la pequeña ventana cerca del costado este de la estructura, muy cerca de un árbol, perfecto para trepar en él y deslizarse al interior. Requeriría de fuerza y concentración, pero su voluntad y miedo le movían por cuenta propia y cuando menos pudo reparar ya estaba cerca de entrar, sin una estrategia en mente, solo sus emociones.
Logró recargarse en el marco de piedra de la ventana, tenía apenas el grosor de un pie y una ventana con mosaico en color ámbar. El pelinegro procuró mirar al interior, pero solo pudo apreciar un patio central lleno de más árboles y rodeado por pasillos con arcos de cantera que daban a diversas habitaciones, una de ellas el vestíbulo principal, de donde se podía observar un poco de luz. Frunció el ceño, esperó sin ganas que un gran trueno retumbara en el cielo y con esto utilizar su codo para romper el cristal.
La naturaleza le bendijo con el ruido magistral y los vidrios rompiéndose apenas fueron detectados por sus propios oídos.
La ventana se quebró y él pudo saltar hasta el piso del interior, una caída de varios metros que en otras circunstancias habría meditado más cuidadosamente, la hizo sin pensar. Sus rodillas impactaron directamente con los cristales y aunque las cortadas eran evidentes su fuerza se volvió más cuando notó lo cerca que estaba de poder rescatar a Eren de las manos de esos desgraciados. Se movió con cuidado, sujetando el rifle con la mano y asegurándose de traer el cuchillo afilado sobre su cinturón.
Por el pasillo, sigiloso, pero ansioso se dirigió hasta la puerta entreabierta, la única puerta que parecía tener un poco de luz en el interior, sin embargo, la estrepitosa lluvia le impedía escuchar nada. Levi sería detectado tan fácilmente si tan solo alguien se asomara por la puerta, o por cualquiera de las ventanas. Pero lo que sea que estuviera sucediendo en el interior los tenía demasiado ocupados. Levi apretó sus dientes.
Ya cerca del marco de la puerta una columna y un borde se volvieron su único refugio. Con el rabillo del ojo logró detectar movimiento en el interior, una mesa larga cubierta de armas de fuego reposaba tranquilamente a un costado de la amplia puerta. Claramente este lugar no era un vestíbulo… peor, una sala de trofeos. Los animales en las paredes comenzaron a aparecer frente a sus ojos, las pieles en el piso, la chimenea encendida, los trofeos encima de la misma, los cuernos, las cabezas, las espadas…
Y en el interior, las carcajadas, como una taberna de salvajes.
Levi se cubrió la boca, el olor a carne quemada penetró sus fosas nasales. Gritos de dolor y más risas.
Miró sus manos, sus nudillos se tornaron blancos. Tenía que intervenir, pero también tenía miedo de ver lo que había en el interior y que su ira nublara cualquier sentido impidiéndole actuar de forma adecuada. Su principal objetivo tenía que ser, deshacerse de las armas de fuego. Solo había una manera, tenía que entrar y levantar la mesa con violencia para apartar las armas y dejarlos desprevenidos, después tendría que actuar rápido, sujetar a Eren entre brazos, seguro sería incapaz de caminar, correr, intentar defenderse, sacarlo, tendría que usar la misma ventana…
― ¡No!¡No…! ¡No! ― aquellos gritos lo trajeron nuevamente a la realidad, con el corazón en un puño se mordió la lengua para evitar gritar y supo que no podía esperar.
Cualquier martirio que Eren estuviera sufriendo ahora tendría que pararan así él moría en el intento de salvarle.
Tan sigilosamente como pudo encaró la puerta abierta y pateó con fuerza la mesa llena de armas, provocando un fuerte estruendo que resonó en toda la habitación, algunas pistolas se estrellaron contra las paredes, otras desaparecieron entre las pieles y la imagen de cinco hombres mirándole desde sus posiciones se convirtió en un cuadro de sorpresa e incredulidad.
Levi solo tuvo unos segundos para observar la escena antes de tomar su rifle y apuntar. Pero la imagen quedó grabada en sus retinas con la fuerza del sol. No sabía quién, pero uno de esos bastardos sujetaba a Eren de las manos, encima de su cabeza, el otro le sujetaba de las piernas, manteniéndolas abiertas a punto de realizar un acto vil contra el castaño, sus piernas bañadas en sangre tenían trampas en los tobillos, que perforaban su carne y probablemente dañaran nuevamente sus huesos, otro de ellos mantenía el pie encima de su suave y hermoso vientre, que durante meses había albergado con tanto cariño y amor a los pequeños bebés, una cadena en su cuello y una fusta en la mano. Como un animal salvaje.
El otro hombre estaba sentado en una silla, admirando todo.
Los ojos de Eren se posaron en el pelinegro un instante, solo una milésima de segundo. Sus ojos verdes estaban rojos, sus mejillas llenas de moretones, sangre corriendo de su labio, su cuello estrangulado en un tono purpura y el vientre lleno de lodo. Estaba llorando.
Levi apuntó, intentó no mirar más, pero el primero en caer fue el sujeto posicionado entre las piernas del castaño, su cabeza reventó en un sonido violento y sus entrañas se esparcieron por el ya lastimado cuerpo de Eren. El siguiente tiro lo dio al hombre sentado en la silla. Destrozando su pecho en una mancha roja inmediata.
Tiró el rifle al piso, no tenía tiempo para cargarlo. Y sacó el cuchillo de su cinturón.
Los tres hombres soltaron a Eren en un segundo y se aproximaron al pelinegro con toda su fuerza, una patada en el estómago al primero, un puñetazo en la cara al siguiente y clavar el cuchillo en la garganta del tercero. Con dos combatientes las cosas eran más sencillas, pero estos no planeaban darse por vencidos tan rápido, es verdad que se alejaron momentáneamente, tiempo suficiente para que Levi se aproximara a Eren y lo sujetara con fuerza entre sus brazos, deseaba susurrar dulces palabras sin sentido contra su oreja, pero apenas lo levantó un grito de dolor brotó de la garganta de la criatura, Levi había jalado de sus piernas atadas. Intentó destruir las trampas rápidamente, pero el hierro se había clavado en los tobillos con dureza.
Le atacaron por la espalda, intentando alejarlo, pero su reacción fue lo suficientemente rápida como para deshacerse del agarre y quitar de una buena vez las trampas. Levi cargó el cuerpo de Eren contra su pecho, manchándose de sangre en todas partes, sujetó una de las cortinas blancas del cuarto y envolvió la figura destruida del chico, que no dejaba de llorar. No había tiempo para declararse amor, Eren estaba en verdadero dolor.
Seguro de que ya no sería perturbado por aquellos dos imbéciles Levi sujetó fuertemente a Eren contra su cuerpo y lo tomó con la intención de salir del lugar, corriendo tan rápido como sus piernas se lo permitían, llegó hasta el patio donde el agua bañaba cada vez más el cielo y mirar se había convertido en una tarea imposible. Levi cruzó por el patio mojando el, hasta ahora, seco cuerpo de Eren y miró detrás suyo.
La imagen le pareció de lo más increíble. No solo había dos hombres mirándole desde el centro del patio, un tercero se levantaba a duras penas penetrándole con la mirada. Levi los encaró, si les daba la espalda, fácilmente lo detendrían, no podía salir de este castillo sin haber terminado con todos.
Estaba a punto de soltar el cuerpo de Eren en el piso cuando el impacto que retumbó contra sus oídos le hizo dar una fuerte zancada hacia atrás, el suelo se llenó de electricidad y el cielo se iluminó como el mismo sol, naranja y rojo corrió por las ramas de un cedro, fuego y humo sin posible extinción, la caída del tronco y un nuevo impacto hizo que el incendio bajo la tormenta se extendiera rápidamente. Los árboles comenzaron a quemarse como trozos de papel, el humo se impregnaba rápidamente en sus gargantas. Tenían que salir de ahí antes de morir intoxicados.
Con mucha fuerza de voluntad Levi reconoció la ventana por la que había entrada. Eren apenas se movía entre sus brazos, como si hubiera perdido la conciencia, se estaba volviendo cada vez más pesado y a cada segundo era más difícil respirar e incluso ver.
Pero había gritos.
Gente muriendo quemada a sus espaldas. E incluso la sensación de alguien corriendo tras ellos.
El pelinegro no se detuvo a preguntarse si estos sonidos eran su imaginación, buscó la forma inmediata de colocar a Eren en su hombro y escalar por el muro de piedra hasta atrapar el borde de la ventana. Con una fuerza que no creía ser capaz de poseer subió a Eren hasta el bordo y lentamente avanzó hasta su lado. Pero la figura castaña no pudo sostenerse y terminó cayendo al piso del otro lado, causando que Levi se preocupara con pánico al caer y tomarlo nuevamente.
Los ojos verdes apenas respondían.
Y su huida apenas comenzaba.
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Su cuerpo temblaba como una hoja seca en la rama de un cedro abatido por el frío invierno, la última restante, que solo se sujeta de un ligero hilo, a punto de caer. Imposible de alguna manera, pues los fuertes brazos del cazador le sujetaban con todas sus fuerzas, a pesar de sentirse tan pequeño, apretaba la figura lastimada contra su pecho, arropándola cada vez más como si se tratara de un pequeño bebé contra las frías corrientes de aire. Deslizaba una y otra vez la manta contra su cabello, sus mejillas y su pecho, las piernas colgaban entre sus piernas, la cabeza ladeaba contra el piso. Había perdido la conciencia entre las gotas de lluvia y las piernas de Levi corrían lo más rápido que se les permitía.
La puerta principal de la posada era imposible, jamás podría arriesgar a que incluso más personas los vieran, mucho menos en ese estado. Tendría que entrar por la cocina y rogar porque Isabel no se encontrara ahí, no tenía tiempo de dar explicaciones, no tenía tiempo de nada.
Las preocupaciones de Levi eran cada vez más intensas, los ojos de Eren estaban cerrados, los parpados amoratados y la cortada en el labio hacían que su siempre reluciente piel dorada asemejara a la de un muerto. La lluvia no daba tregua, golpeaba a ambos como un tifón de realidad, la farsa y fantasía del bosque acababa. Eren había tocado el territorio humano.
Empujó la puerta de madera con el hombro hasta que cedió o el cerrojo se rompió, no supo con exactitud y poco le importaba, tampoco le importó el desastre de lodo que sus botas dejaron sobre los pisos de madera ni el rechinido de esta cuando subió casi corriendo por las escaleras. La pelirroja no estaba en ninguna parte, la mujer que estaba cuidando de las crías de Eren no se plantó frente suyo y eso le preocupó, pero no podía ocuparse de ambos asuntos al mismo tiempo.
Tras encerrarse en le habitación dejó el cuerpo casi desfallecido de la criatura contra la cama, se desprendió de él por un instante solo para admirarlo, completamente desnudo, lastimado y entre sábanas blancas, era hermoso, tan hermoso como un santo, tan bello que le hacía levitar. Extendió la mano con la intención de tocarlo, su piel estaba fría y húmeda, llena de diamantes.
¿Iba a morir?
Se atragantó con aquel pensamiento y corrió tan pronto como pudo al baño, tendría que recurrir al agua caliente y para su suerte la bañera estaba preparada, humeante. No dudó ni un segundo y cargó con el cuerpo inconsciente hasta el agua sumergiéndolo con cuidado. Sus labios no emitían sonido alguno y sus ojos no dejaban de mirar las heridas que poco a poco teñían el agua de rojo. En ese momento Levi notó la sangre en sus manos y ropa, pero le importó poco.
―Voy a limpiarte ― murmuró nerviosamente más para sí mismo, como si tuviera que ordenarse a sí mismo moverse para poder hacer algo de provecho.
Sus manos temblaban y el hecho de meter una toalla limpia y blanca contra el cuerpo durmiente de la criatura en el interior de una bañera no parecía tener sentido alguno, sin embargo, lo intentó, la sangre seca de sus labios y moretones no desaparecieron, el cabello de Eren estaba estorbando, el pelinegro solo podía observar la figura, apenas y respiraba, ¿estaba respirando? ¿Estaba vivo siquiera? ¿Después de esa tortura? ¿De la caída?
― ¿Eren? ― sujetó al castaño por lo hombros, hincado en el piso del baño ―… ¿Eren?
Lo meneó con tanta fuerza que pudo haberle roto el cuello, pero no hubo respuesta.
No tenía la fuerza para abofetearle y su corazón latía cada vez más rápido con temor.
― ¿Eren? ¡Responde, maldita sea!
Su cabeza calló a un lado.
Había algo en el interior del pelinegro, sus entrañas, estrujándose un poco, la espina dorsal que temblaba con un miedo fiero y frívolo, su respiración era errática. Imágenes de la tortura vinieron a su cabeza, miedos y además muchos arrepentimientos, no podía estar terminando de esa manera. Besó los labios dormidos de forma desesperada, la sangre de la boca de Eren se impregnó contra su lengua y bajó por la garganta, susurró un perdón profundo mientras lamía la comisura de su boca y sujetándole de las mejillas sumergió la cabeza de la hermosa dulce flora bajo el agua.
El cabello castaño de selva se convirtió en serpientes mojadas suplicando por salir, su rostro se cristalizó bajo el agua, las pestañas se convirtieron en nido de burbujas y la sangre mancho de color vino la transparencia, Levi lo miró desde arriba, sujetándole con fuerza de las mejillas. Admirando con los ojos tan abiertos que sus lagrimares gotearon, ardía. Algo le ardía.
Despierta, suplicaba en su interior. Resiste por favor.
Mordió su labio hasta hacerlo sangrar y las gotas cayeron por su barbilla, llenaron el agua y la imagen de Eren se manchó cada vez más. Si Eren lo dejaba, estaría solo, siempre había estado solo y ahora lo estaría, tendría que tomar dos niños, tendría que estar con ellos, sentirse pequeño y leerles cuentos, tendría que ser un padre en solitario, tendría que renunciar a la idea de que estaba enamorado y le estaba lastimando, sentía que iba a desfallecer de miedo. Que moriría de dolor, su corazón estaba rompiéndose, Eren estaba bajo el agua y perdía todo color.
Iba a quedarse solo, iba a tener el corazón roto.
Había amado y lo iba a perder. ¡Había amado!
El movimiento ofuscó sus pensamientos, no era un ligero temblor, llevaba bastantes segundos suplicando por aire, Levi seguía manteniéndolo bajo el agua e incluso cuando vio las gemas esmeraldas abrirse nuevamente se preguntó si estaba muerto también, pues eran tan hermosas que era imposible ver algo así con vida. Estaba lastimándolo, pero también tenía la impresión de preservar la belleza bajo el agua, como un espejo, admirándola y era tan hermoso….
― ¡Eren! ― gritó tomándolo contra su pecho, apretándole la nuca, los cabellos, sintiendo su respiración agitada, la tos violenta que chorreaba agua con sangre ―, mi dulce bebé, mi pequeño… Eren, oh Eren, mi amor.
El regreso a su vida se convirtió en un abrazo profundo dentro de la bañera, el niño pequeño de pelo negro se aferraba al lloroso castaño que apenas regresaba de la muerte, sus ojos derramaban agua y su boca se curveaba en una mueca de dolor profundo, alaridos de dolor desgarraban su garganta, no dolor físico, sino dolor en su alma.
―Mi Eren… estás roto, mi Eren, estás perfecto. A mi lado. Nunca más, no pasará nunca más. Nunca. Te protegeré, te voy a salvar. Te amo.
―No podré… ― lloraba la criatura
―Podrás.
―Nunca podré, no podré sobrevivir ― gemía sujetando la camisa blanca de Levi ― me han herido tanto. Los humanos...
―Somos escoria, lo sé, pero te cuidaré. Yo te cuidaré…
―No podrás ― negaba contrariado sin dejar de abrazarle ―, no podré salvarme nunca. Otros me encontrarán y lo harán peor. Y ahora tengo más miedo que antes…
―No te encontrarán ― negaba Levi acariciándole la cabeza ―, tendrán que pasar por encima de mi, Eren. No permitiré.
―Déjame libre ― suplicó Eren apartándose súbitamente, sujetándole del cuello de la camisa, penetrando con sus ojos de esmeralda las piedras ónix del pelinegro ―, dame la libertad…
―No te dejaré ir, si eso es lo que me pides. ― sujetó la boca lastimada del castaño y la beso una y otra vez ―, me perteneces, tanto como yo a ti.
Respondió los besos, pero tan pronto se detuvo, lo alejó.
―Córtalos.
Levi los miró, como si hubiera olvidado que estaban ahí, a pesar de que era la única prueba de la irrealidad mágica de Eren. Estaban ahí, fuertes, imponentes, dándole la espalda, jugando con magia. Prueba de que Eren no era humano, que era mágico, que tenía cuernos de ciervo, un celo, un idioma extraño y una magia que ni siquiera el mismo llegaba a comprender. Levi los miró.
Había hecho eso muchísimas veces, había quitado la cornamenta de animales, podía hacerlo, podía hacerlo sin lastimar a Eren. Sabía porque los quería afuera, sin ellos Eren podía parecer un humano, alguien común y corriente, una persona hermosa, en efecto, pero sin los cuernos él podía ser la figura real de un humano y no una criatura. Eso significaba que el castaño le estaba pidiendo tener una vida normal…
― ¿Una vida a mi lado? ― preguntó el pelinegro ―. Eren, si los corto… aun así tendremos que… yo maté a esas personas, si ellos lo descubren me alejarán de ti y me llevarán a prisión. Y nunca podré verte más y estarás solo para siempre, con nuestros hijos. Tengo que irme de aquí…
Eren le miró sin comprender.
―Tendrás que dejar este bosque y seguirme.
Eren asintió lentamente.
―Nos iremos lejos de aquí, Eren, a un lugar donde pueda protegerte, donde nadie pueda encontrarte y no sepan de tu existencia. Ese lugar será solo para ti, tendrás que irte conmigo.
―Te seguiré a donde vayas.
Levi se mordió el labio.
Cortaría los cuernos de Eren.
Tomarían el camino que había estado evitando, a sabiendas de que llevar a Eren allá significaba una vida de lujos sin preocupaciones, pero también sería renunciar a mucho. No solo Eren, también él. Pero si para protegerlo tenía que mentir lo haría, ya después revelaría la verdad.
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El largo camino de tierra suelta se extendía entre colinas verdes rodeadas por frondosos árboles cuidadosamente plantados y podados, dando un aspecto silvestre al castillo señorial que se mostraba incipiente detrás de largos metros de pasto y fuentes de mármol con agua estancada y turbia. El carruaje se detuvo entre pausas y jadeos de los caballos y el conductor, Levi se mantuvo en silencio la mayor parte del camino, Eren meneaba a los pequeños insolentes que de vez en cuando mantenían conversaciones con babeos. Apenas bajó el conductor, Levi se desprendió del asiento de cuero para abrir la puerta dirigiéndose al exterior, sujetando aun con un solo brazo dos maletas de cuero negro y un abrigo color marrón, se giró una vez abajo y extendió una mano firme y blanca como la nieve para que Eren la tomara.
Dentro de sus posibilidades, con dos chiquillos en brazos, tomó la mano y bajó del carruaje sin dejar salir ni un poco del aire que estaba conteniendo en sus pulmones, en un suspiro que aún no alcanzaba a salir, no saldría hasta que se sintiera aliviado, en ese momento tenía tantos nervios sobre su alma y su cuerpo que apenas podía mantenerse en pie. Levi le miraba con cierta preocupación, pero no podía evitar sentirse desconcertado y ansioso por la situación que se aproximaba. Sujetó con cariño la mano del chico y apretó su cuerpo contra el suyo acercándose cada vez más al pórtico de la casa.
Imponente, como todo en el camino la reja negra tenía afiladas puntas en cada una de las barras de hierro, una aldaba del tamaño del cráneo de un elefante y un guardia adormilado que apenas se incorporaba de su incomoda y avejentada silla para recibir a las ruidosas visitas, ruidos provenientes del chofer que bajaba sin cuidado las maletas y las arrojaba en el piso como si fueran costales de papas. Levi y Eren procuraban ser silenciosos como dos animas.
― ¿Sí? ― gruñó de forma poco amable el anciano, acercándose cada vez más a la reja y mirando por encima de sus canosas cejas a la peculiar pareja, una chispa de reconocimiento surgió poco después de acerarse ―, ¿A-amo Levi? ¡Es usted!
La reja se abrió tan pronto como el anciano encontró una gran llave que colgaba de un manojo inmenso y sus manos temblaban a cada segundo. Miraba al pelinegro con interés y curiosidad morbosa, su lengua tanteaba a cada instante sus labios resecos y avejentados.
―Difícilmente creí que viviría para verlo de nuevo, a este pobre anciano no le falta mucho para partir ― una risa seca se insertó en su garganta ―. ¡Voy a llamar a Petra! Estará feliz de verlo, todos lo estaremos.
―No te molestes, Abraham ― lo detuvo Levi con un movimiento de mano ―, llegaré por mi cuenta hasta la puerta, no necesito que me reciban, solo llama a los demás para que lleven mi equipaje al interior.
―Claro que, si amo, claro que sí.
Levi comenzó a caminar sin soltar el brazo de Eren y el gesto no pasó desapercibido para el anciano, que hasta ahora no había reparado en la grácil figura de ojos verdes y desbordante melena castaña que sujetaba dos bebés. A pesar de lo curioso del cuadro no dijo nada, Levi agradeció el gesto, pero aun así pudo sentir su inquisidora mirada hasta que lo perdieron de vista.
El pelinegro no detuvo su andar y aunque sabía que el camino hasta la puerta era largo prefería recorrerlo a pie que esperar un solo segundo más junto a ese anciano, para que llegaran más sirvientes y le miraran de la misma manera. Aunque evidentemente tendría que acostumbrarse a esas miradas si es que su retorno sucedía exitosamente. Echó una mirada rápida a Eren, por supuesto estaba callado y atento a todo lo que sucedía a su alrededor, cuidando angelicalmente a sus bebés y siguiendo paso a paso las cadenas del destino del pelinegro, no pudo evitar suspirar nuevamente. Levi miró la puerta de la casa, amplia, blanca, tan alta como un caballo en dos patas y las ventanas cerradas de par en par.
Su prisión personal.
La puerta del castillo se abrió, como si anticipara su llegada, una mujer menuda de aspecto enfermizo y ojos grandes como búhos sujetaba dos pedazos de tela para limpiar que cayeron al suelo en cuanto observó las dos figuras espectrales que se acercaban en un rito mortal. Una sonrisa iluminó su rostro.
― ¡Erd, Gunter! ― jadeó bajando los escaloncillos ―, ¡Erd, Gunter! ¡Vengan rápido! Es el amo Levi ¡Ha vuelto!
Si la mujer no abrazó al pelinegro en el acto fue porque tenía las manos ocupadas, pero tan pronto estuvo frente al hombre sonrió tan ampliamente como un piano de teclas de marfil, Levi apenas y esbozó un gesto, pero finalmente recibió con gusto el toque de la mujer sobre sus hombros.
― ¡Amo Levi! Pero que gusto, que dicha, que bendición tenerlo en casa. ¿Por qué no nos avisó que vendría? Habríamos preparado todo, una cena esplendida, un carruaje y su habitación… ¡Dios mío! Alguien tiene que subir a hacer la cama de inmediato y… y… su padre…
―Gracias por tu recibimiento Petra ― agradeció políticamente Levi sin detener su paso al interior de la mansión ―, no hay necesidad de grandes bienvenidas, he vuelto y eso es lo importante.
La felicidad no se aparató ni un instante del jovial rostro, ni cuando sus ojos viajaron súbitamente hasta el rostro de la criatura castaña y más específicamente a los bultos llenos de mantas que sus gráciles manos sujetaban con mucho cariño y preocupación, como si sintiera que en cualquier momento estos le serían apartados súbitamente por una bestia, había cierto miedo en su encuentro con otros seres humanos desconocidos. Petra carraspeó intentando mantener la compostura, aunque su desconcierto era evidente. Sonrió de nuevo al pelinegro y bajó la cabeza.
―Avisaré al amo…. Inmediatamente.
―Te lo agradezco, vamos Eren. ― Levi empujó suavemente la espalda baja de Eren para subir por los escalones de madera blanca tallada hasta alcanzar la puerta de la casona.
El pelinegro no se sorprendió al encontrarse con el interior de la casa, los años pasaban y el tiempo no afectaba la estructura ni ornamentas de la misma, generaciones tras generaciones habían mantenido la casa intacta, su familia no era la excepción, el lugar tenía un toque frio, desolado y anticuado. Tal vez la presencia de niños ayudara a iluminar un poco el espacio, mordió su labio al recordar que ni siquiera cuando él era niño las ventanas de los cuartos eran abiertas o la luz solar penetraba en el interior, una infancia desabrida. Una madre muerta y un padre ausente. Desgracias.
―Por favor siéntate ― pidió Levi cariñosamente a Eren cuando se acercaron al vestíbulo principal de la casa.
Eren admiró con desconfianza la tapicería y la chimenea, pero no dejó de obedecer, después de todo sus brazos estaban cansados ya de sujetar los pesados bebés adormilados. No emitió ruido alguno cuando sus piernas se doblaron sobre la superficie suave, Levi dejó las maletas en el piso vigilado silenciosamente por Eren y miró la casa una vez más, los cuadros hermosos, el fuego casi extinto, las grandes ventanas. Suspiró, Eren acomodó los bebés. Levi lanzó una mirada incómoda a las dos figuras rechonchas que descansaban sobre las piernas de Eren, eran apenas tan grandes como la mitad de su brazo, con cabellos negros y lacios pegados a su piel blanca perla, ligeramente rosada en las mejillas y los labios, sus pestañas eran tan gruesas como las patas de un insecto y sus ojos verdes como el mismísimo bosque, así pues, fueron dotados con un temple cálido y silencioso, parecido al de sí mismo. Sin duda eran parte de él, no había forma de dudarlo, al verlos su padre tampoco lo dudaría, pero el resto de la historia…
―El amo está en su despacho esperándole, amo Levi ― la pequeña sirvienta apareció por la puerta de madera.
Levi se giró para observarla, no tuvo el gesto de despedirse de Eren, por más que hubiera querido decirle que no se preocupara y que pronto volvería, la incertidumbre de encontrarse con su progenitor ya era casi motivo suficiente para que colapsara, incluso siendo él la estoica, fría y absoluta persona que era. Los nervios corrían por su cuerpo. Como si fuera necesario Petra le acompañó en absoluto silencio, un recorrido pequeño, pero tortuoso. Incluso ella no tenía la libertad de ofrecer acompañamiento a Eren o preparar la habitación, como había ofrecido en un principio, sin saber el veredicto del señor de la casa.
El fétido familiar olor golpeó el rostro del pelinegro súbitamente.
―Amo Levi ― balbuceó Petra ―, gusta que… acompañe a…
―Estará bien. No tardaré. ― quiso sonar amable, pero su voz se tornó en una evasiva.
La sirvienta guardó silencio inmediato y partió de su lado con la cabeza agachada.
El pelinegro suspiró y decidió que su orgullo valía lo suficiente como para no tocar la puerta, pero si Levi había huido de esto por una razón estaba enfrentándose al problema del que se había querido olvidar.
En el interior, nunca era de día, la oscuridad solo se alejaba del cuarto por dos débiles lamparas de petróleo que reposaban encima de la madera pulida del escritorio, tras ellas la silueta inmóvil de un hombre sujetando una pluma eterna contra papel mojado y tinta negra regada en la pureza de su piel, la barba cada vez más larga y el pelo cuidadosamente peinado. Sus ojos fríos como dagas se apartaron solamente un instante del papel cuando Levi cerró la puerta tras de sí.
―Sabía que volverías ― la misma desagradable voz estridular ―, como un perro, con la cola entre las patas.
―Tuve mis motivos ― afirmó Levi tomando asiento frente suyo.
― ¿Para volver o para irte? ― preguntó el hombre, sonriendo. Por primera vez dejando el trabajo a un lado ―, como sea, estas aquí ahora y eso es lo importante, hijo mío.
― ¿Te importa escucharme? ― preguntó ácidamente
―Mientras me concierna directamente.
―Sabes porque me fui….
―Si vas a volver a quejarte, es inútil, no es de mi interés ― levantó la mano con un gesto despreciativo ―, serás el heredero de esta familia, eres mi único hijo, tu futuro está en esta casa, en esta empresa. No tienes otro camino a seguir. Tus fantasías infantiles terminaron, si la presión de crecer te ofusca tanto como para huir a otro país no eres un hombre.
―Soy un hombre ― gruñó Levi tensándose en la silla.
―Un hombre que gusta de…
―Tengo hijos.
Los ojos de Kenny Ackerman brillaron, como los ojos de un niño que observa el frondoso árbol de navidad, como si los regalos bajo las ramas fueran exactamente lo que había deseado durante todo el año, como si la cueva de las maravillas se abriera a sus pies. El color cal de su piel se pintó de rojo en zonas que Levi no había observado en toda su vida, incluso la piel marchita de sus labios se arrugó formando una ligera sonrisa.
― ¿Pero… que…?
―Escucha con atención lo que voy a decirte y no me interrumpas ― ordenó Levi altivamente ―, es verdad que me fui de esta casa de porquería porque no quería convertirme en un hombre viejo, triste y atado a su trabajo como tú. Porque odio Francia y su gente banal. Pero lo que encontré en el exterior de estas tierras no tiene comparación con todo el dinero que has juntado en tu vida. Lejos de aquí, muy lejos, encontré un bosque casi encantado, en el interior habitaba una criatura de belleza celestial, como un hada, o una ninfa, la cosa más bella que mis mundanos ojos podían vislumbrar, me iré a la tumba sin admirar algo más hermoso alguna vez, esta criatura era macho. No hablaba mi idioma y tenía características físicas de un ciervo…
―Perdiste la cabeza… ― tartamudeó el viejo
―Muchos cazadores lo perseguían, pero evité que lo poseyeran. En cambio, yo lo hice mío y me convertí en su ser amado, así como él en el mío. Por supuesto que copulamos y de esa unión concebimos dos niños….
― ¿Dos? ― la felicidad le iluminó nuevamente
―Comprenderás las dificultades de nuestra relación, al ser él una criatura mágica, macho, por eso tuve que cortar sus cuernos, sacarlo del bosque y traerlo aquí, donde pueda vivir una vida casi humana a mi lado. La única razón por la que regresé es porque quiero darle a Eren una vida segura y a los niños también. Si para conseguirlo debo rendirme a este futuro de mierda lo haré.
El silencio fue bastante evidente después de aquel discurso, el pelinegro no esperaba que su progenitor creyera la historia, pero para evitar preguntas incomodas prefería soltarlo todo de una buena vez y continuar con el beneficio de la duda entre ambos. Por supuesto sabía que todo sonaba como una locura y que cualquier persona terminaría en el sanatorio si saliera por la calle soltando estas palabras, sin embargo, él no era cualquier persona. Él era el hijo de Kenny Ackerman, un hombre rico, con la necesidad de heredar todo su dinero y casualmente él era el único candidato posible. Si había algo que a Kenny le importaba más que a nada era tener un heredero, capaz de perdonarle todo a Levi si cumplía con su función familiar. Su felicidad incrementaba un poco más ahora que sabía que este heredero tenía su propia descendencia ahora, la fortuna y el prestigio Ackerman se extendería por más tiempo.
Sus dientes amarillos revelaron una sonrisa amplia como la media luna, sus piernas delgadas hicieron las de resortes, para levantarlo de la silla.
―Levi, solo dime una cosa… ¿Serás el heredero de la familia? ¿Asumirás tus responsabilidades? ¿Tus hijos lo harán?
Así que así es firmar un contrato con satanás…
―Si.
― ¿Te comprometes?
―Lo hago.
―Entonces vamos a conocer a esas criaturas.
Tan fácil era mantener a ese hombre viejo y codicioso feliz. Por supuesto pensaba ignorar la mayor parte de la historia de locura de Levi, tampoco iba a exigir respuestas o comprobaciones, pues ya tenía los beneficios, un heredero y nietos. Si Levi había perdido en gran parte la cordura bajo la sombra de esa horrible isla le era completamente indiferente, la felicidad eclipsaba el sentido natural de creer cualquier cosa.
El hombre caminó con vitalidad hasta salir del estudio, seguido por su hijo que se mostraba despreocupado, pero su interior vibraba con incertidumbre ante el próximo encuentro. Su padre conocería a Eren, Eren, la criatura mágica que había parido sus dos hijos y estaba en la sala, vestido como una doncella de falda larga vaporosa y camisa de satín y botones de perla, el pelo hasta los hombros y la mirada de ciervo asustado. Kenny Ackerman se detuvo en la puerta.
Miró a su hijo y sonrió antes de girar el pomo del vestíbulo.
El cuadro era hermoso, cálido y casi familiar, solo interrumpido por los dos intrusos recién llegados que observaron conmovidos al joven sujetando con ternura uno de los bebés, meneándolo con ligereza entre sus brazos mientras acariciaba su nariz y jugaba con sus cabellos. El otro bebé gateaba entre cobijas cerca del piso, totalmente libre de la opresión materna, exploraba el territorio con la seguridad de que su madre le observaba desde el sillón.
Tan pronto los vio, en el mismo instante, Eren sujetó al chiquillo del piso y lo colocó en su regazo mientras se ponía en pie, desconcertado. Levi deseó captar su mirada y tranquilizarle, pero fue inútil.
―Así que tú eres el bellísimo Eren ― Kenny Ackerman se aproximó sonriente ―. Levi no mentía, realmente posees una belleza excepcional, alucinante.
Extendió la mano como para sujetar la del castaño, rápidamente este reaccionó estrechándola en un saludo formal, una ligera inclinación en la cabeza y la sonrisa avergonzada más honesta y deslumbrante que cualquiera habría visto en su vida.
―Un placer conocerlo, Kenny Ackerman ― saludó Eren con cortesía
―Ah, y hablas ― se rió tontamente el hombre, descolocado ―, estoy feliz de tener en casa a Levi, a ambos, esta es tu casa ahora, por favor siéntete como en ella, apruebo tu relación con mi hijo, lo que sea que eso signifique….
Se soltaron. Levi permaneció en silencio admirando la aparente tranquilidad de la criatura que a duras penas se las arreglaba para permanecer cerca de otros humanos y ahora tenía que fingir completa devoción al hombre que les daba casa y sustento, era mucho mejor actor de lo que se le reconocía.
El hombre apartó su fría mirada de Eren para enfocarla en lo que realmente le interesaba.
―Ahora, déjame sujetar a mis nietos. ¡que bellísimas criaturas! Mira esos ojos ― sujetó al pequeño en brazos y mimó su cara rechoncha ―. Definitivamente son de Levi mira ese cabello. No puedo quejarme, has mejorado la sangre con tu elección de pareja. Unos gemelos maravillosos, me gustaría una nieta, pero eso ya lo veremos más tarde…
La risa tonta del hombre persiguió la casa por unos momentos.
―Hay que bautizarlos, ¿Cuáles son sus nombres?
―Feli ― explicó felizmente Eren refiriéndose al chiquillo que descansaba sobre sus brazos ―; por felicidad. Y él es Devien, significa viento.
Sin duda Eren había planeado todo con detenimiento, Levi no pudo detenerse a protestar, mucho menos cuando Eren explicó el simbolismo de los nombres elegidos, una criatura mística como él, usando nombres naturales, mágico, florales, parecía destinado a ser. A Kenny Ackerman también le agradaron, pues comenzó a llamarles por nombre inmediatamente, a balbucear sandeces y explicar detalladamente sobre las habitaciones, la cena, los muebles de bebé.
Levi miró a Eren, un ser humano complaciente.
Resignado a ser apartado de su hábitat natural para siempre, la tristeza consumía algo muy dentro de sus ojos y aun así nombraba a sus hijos como si estuviese viviendo en el bosque.
Una sonrisa triste se posó en la boca del pelinegro.
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La grácil figura le daba la espalda, ojos fijos en un punto especifico de la nada. Todo su cuerpo absorbido por el paisaje del exterior. Levi arrastró los pies a través de los ventanales hasta llegar al enorme balcón de si habitación, movido por un impulso de amor puro rodeó la espalda de Eren por detrás, mientras descansaba su barbilla en el hombro del castaño, aspirando su dulce aroma floral, que seguía sin desaparecer, a pesar del desagradable entorno citadino.
― ¿Qué miras? ― preguntó Levi dulcemente, acunando cada vez más su figura.
Los brazos de Eren estaban calientes, había dejado a los bebés en sus cuneros por primera vez desde que dejaron la isla…
―Afuera ― comentó sin ninguna explicación.
Levi abrió los ojos para enfocarlos nuevamente en el punto fijo que Eren parecía apreciar, la tristeza bañó nuevamente su semblante, por supuesto estaban en la que había sido su casa durante toda su vida, Levi conocía casi a la perfección los terrenos que circundaban la propiedad, sabía que el intento de bosque que rodeaba el patio trasero de la casa era una falsa imagen, cedros, pinos y abetos milenarios se extendían imponentes y a los cuantos metros una barda de ladrillo rojo cortaba la fauna como si fuera una maldición. Mordió su labio.
―Lo siento tanto, mi precioso Eren ― se quejó Levi, al igual que la criatura él también se sentía mal
―Yo lo decidí así ― intentó el castaño
―Si, pero no tenías idea de saber realmente lo que eso significaba ― el pelinegro tomó los hombros de Eren para mirarle directamente mientras se confesaba ―, la ciudad, la ciudad de la que hui, las responsabilidades, la familia. Nunca te dije nada de eso. Francia es el símbolo claro de la civilización que arrasa con todo, mi familia tiene negocios que absorben el mínimo espacio de naturaleza, mi padre quiere que yo cargue con todo eso y tendré que hacerlo si quiero que nos mantenga aquí. Eren, aquí en esta casa estarás seguro. Estas serán tus tierras, nuestros hijos crecerán sin carencias, serán felices. Pero tendrás que entender… que nunca volverás a ver el bosque, no aquí.
―Lo echaré tanto de menos… ― Eren mordió su labio ―, pero no quiero pasar de nuevo por ese peligro. Aquí estaré a salvo.
Levi suspiró, sintió el miedo del castaño en la voz y también tembló temeroso. Tuvieron que salir casi enseguida de la isla, Eren apenas había tenido tiempo de recuperarse de las piernas, su estado mental era aún más grave, pero su necesidad de huir lo era más. Todos hablaban del gran incendio en el castillo de los cazadores, pero ningún pueblerino se atrevía a acercarse lo suficiente para preguntarse qué había pasado y mantener a Isabel callada había sido difícil, pero finalmente la pelirroja sirvió para algo y arregló un acuerdo con el dueño del barco para que Levi, Eren y los bebés pudieran salir de la isla una noche semanas después. No hizo más preguntas y tampoco se despidió, había un dejo de dolor y locura en su semblante.
―Pero tendrás que esconder lo que realmente eres, Eren. Lo lamento tanto.
―Nunca se ira por completo ― murmuró Eren tocando con cariño la fría mejilla blanca de Levi ; es parte de mí y yo de él.
―Te prometo que haré lo posible…
― ¿Por qué?
―Por qué vuelvas un día…
Su mirada fue confusa por unos instantes, poco a poco se tornó en tintes de cariño y comprensión. La cara afligida de Levi no desistía, sus preocupaciones se concentraban por completo en su semblante, el estado anímico de Eren se reflejaba en sus propias emociones. Le besó suavemente la comisura de la boca, apenas un ligero roce, lo suficiente para que el pelinegro levantara su vista y la fijara con adoración sobre sus ojos verdes.
―No solo por ti, Eren. Por ellos ― explicó refiriéndose a los pequeños ―, en el fondo sé que son igual que tu…
Eren sonrió.
―Volverán a crecer, los míos. Los de ellos también, mi esencia nació en ellos ― aunque sus palabras aun eran incomprensibles, Levi pudo entender perfectamente a lo que se refería.
―Ese bosque es nuestro hogar ― continuó ―, los cuatro, volveremos.
―Volveremos.
Levi tomó la mano de Eren y la apretó contra su pecho.
―Cùm a 'ghealladh seo…
La misma noche del ataque Levi cortó los cuernos de Eren, dejando apenas un poco de ellos sobre su cabeza, cubriéndolo con cabello, un corte seguro, un humano hermoso en apariencia. Pero una criatura mágica en el interior. Y sus hijos eran iguales, el bosque vivía dentro de ellos. Un día tendrían que huir lejos de la ciudad… de nuevo.
N/A: Muchas gracias a todos por su infinita paciencia. No quiero recalcar lo que ya he dicho muchísimas veces, pero no estuve pasando por la mejor etapa de mi vida, así que se me complicó muchísimo actualizar, pero este fic ya estaba a nada de terminar y no quise rendirme, aunque me tomó más tiempo de lo esperado.
No sé si estoy contenta de por fin terminarlo o porque realmente me ha gustado el desenlace final de este fanfic.
Espero que también a ustedes les haya gustado, cuando lo releía noté lo cariñoso que Levi se había vuelto con Eren y me sentí feliz. También por Eren, pues aunque dejó su hogar lo hizo para que sus hijos estuvieran seguros, es realmente influyente el abuelo que tienen…
Sin embargo, me queda recalcar que Eren NECESITARÁ volver al bosque, es su hogar, también de los bebés, tienen guardado un lugar en su corazón de esta magia.
No me queda más que decir que muchísimas gracias, sigan cuidando de mi, agradezco de todo corazón sus palabras, sus comentarios, reviews, sus mensajes, cualquier dejo de interés hace que mi corazón se hinche de felicidad. Y perdón por hacerles esperar. Aun me queda terminar Arabian Nights, así que las invito a seguir a mi lado.
Guest, Luma, Scc Ccu, Nickolaz, son un cielo, gracias por sus rvs.
Y siempre gracias a mi rana.
Bye.
