Capítulo 02

Al día siguiente, a primera hora todo se había dispuesto en la sala. Había carne fresca de varios tipos de animales, verduras, hortaliza y frutas. Y por supuesto también había pescado fresco. Incluso había un acuario pequeño donde habían metido especímenes vivos.

La criatura descansaba en el fondo de la piscina. Apoyaba su cabeza en el cadáver que ya carecía de rostro y le faltaba la carne a todo un brazo.

Sherlock se presentó incluso antes de la hora prevista por la impaciencia. Decidió dejar la bata en casa ese día, sería una buena forma de que la criatura le distinguiera de los doctores. Abrió la puerta y entró con cuidado. Parecía estar dormido en el fondo del estanque. Las luces eran mucho más tenues y le quitaban el aspecto de hospital o psiquiátrico a la habitación. Sherlock se acercó lentamente y el sireno no lo notó. Llegó hasta el borde. Escuchaba sus propios latidos en la cabeza por los nervios y emociones que estaba sintiendo en ese momento. Podría despertarse y matarle en cualquier instante. Alzó una mano y la metió en el agua haciendo pequeñas ondas con la esperanza de que el sireno las notara y se despertara.

Y fue así. Cuando el movimiento del agua llego hasta las orejas de la criatura estas temblaron y el sireno abrió los ojos. Se irguió cuan largo era y miro a Sherlock. Apoyo las manos contra el cristal y lo golpe con la derecha. Chilló pero al estar bajo el agua solo se oyeron unas burbujas.

Sherlock se apartó tan solo dos pasos para estar preparado para huir. Su expresión seguía neutra, mirándole fijamente, casi retándole. Quería demostrarle que no le iba a asustar como a los otros y sobretodo que no le iba a tratar como los demás.

El sireno le miraba fijamente a los ojos. Ladeando la cabeza lentamente para buscar otro ángulo. Aquel hombre era diferente. Sí. Humano como cualquier otro y científico, pero su mirada era neutral, como si viera aquello todos los días. Lentamente subió hasta la superficie y saco la cabeza. El agua se le escurría por el rostro, pero rápidamente se le seco. En ningún momento perdió el contacto visual.

Sherlock notó como le observaba y pudo ver en su rostro que se hacía muchas preguntas. Sherlock se quedó en el sitio, no se pensaba mover. Dio una ojeada al cuerpo del fondo del tanque que le faltaba un brazo. Resistió el impulso de tragar saliva por el escalofrío de miedo que le atravesó el cuerpo. El agua estaba algo enturbiada por la sangre y demás fluidos del cadáver. No era sano para los humanos ni para los híbridos. Pero cómo sacarlo de ahí sin convertirte en otro cadáver igual. Finalmente alzó una mano y señaló al cuerpo en descomposición.

Las orejas del sireno vibraron, bajo la vista hasta el dedo y luego miro donde señalaba. Arrugó el entrecejo pero el humano tenía razón. Ya no le hacía falta. Bajo hasta el fondo de la piscina y cogió el cadáver con la mano derecha y lo subió hasta la superficie. Al llevarlo al borde lo empujo hasta que lo saco del agua. Miro a Sherlock y le gruño. Dejando ver unos dientes iguales que los de los humanos pero con dos pares de colmillos.

Sherlock asintió cuando sacó al hombre del agua. Por lo menos no se seguiría contaminando el agua, aunque quedaba el problema de lo sucia que estaba ya y de lo incómodo que se sentiría en agua tratada químicamente para su potabilización. Hablaría con Montgomery más tarde para buscar una solución.

Pensó que lo mejor sería ofrecerle comida para ir rompiendo el hielo. Salió de la sala bajo la atenta mirada del sireno y regresó al instante con una mesa con ruedas dónde estaba la comida que le habían preparado. No sabía de qué tipo le gustaría y como traer carne humaba era inviable, acercó la mesa hacia el tanque para ver como reaccionaba.

La criatura se sumergió en el agua para observarla de cerca. Casi pegado al cristal. Las branquias de su costado se movían lentamente dejando un minúsculo rastro de burbujas a los lados. Comida. Había comida y de todo tipo. Carne jugosa y de buenos sabores que no estaría tan agria como la carne humana. Frutas de colores llamativos que albergaban buenos sabores. Toda esa comida, a excepción de los peces tenía mucho mejor aspecto de la que llegaba a sus manos cuando estaba en el mar. Apoyo el puño en el cristal y alzo un poco el dedo para señalar lo que quería probar pero se acordó. Esos seres le habían capturado y cambiado de entorno y aunque pareciera diferente no debería de caer tan fácil. Golpeo con fuerza al cristal y le dio la espalda. Alejándose cuanto podía de la variedad de comida. Trago un poco de agua y la escupió inmediatamente. Agua dulce llena de químicos, bacterias y microbios. Asquerosa.

Sherlock le vio mover la cola rápidamente alejándose de él y se quedó embelesado con el movimiento de ella. Parecía tan natural, tan elegante en aquel híbrido.

Cogió uno de los filetes de carne cruda que había señalado antes de irse y cuando estuvo seguro de que no iría a por él, se acercó y lo dejó en el borde del cristal.

A continuación se alejó del estanque, dándole espacio para que se acercara tranquilo, y se sentó en una silla que estaba casi llegando a la puerta.

El sireno tardo treinta minutos en darse la vuelta. Cogió el filete y lo puso a la altura de sus ojos, luego lo olió y por ultimo lo lamio cuidadosamente. Espero unos segundos antes de darle el primer mordisco. Cerró los ojos y sonrió feliz. Aquello estaba tan sabroso... Dos bocados más bastaron para acabarse la carne. Luego se sentó en el fondo del estanque mirando hacia Sherlock. Acariciaba lentamente la cola que había flexionado. Estaba feliz. Aquella comida era deliciosa y aquel hombre parecía diferente.

Sherlock puso una pequeña sonrisa en su rostro de satisfacción. Las cosas estaban yendo lentas pero al menos seguras y por buen camino. Con suerte, con algo más de comida y agua limpia, el sireno le dejaría acercarse a él. Con suerte...

Aprovechó que parecía estar de buen humor y se volvió a acercar a él, siempre a pasos lentos y vigilando cada una de sus reacciones. Le observó durante un momento de cerca y después decidió que le podía dar esta vez para que probara. Cogió una manzana y la puso en el borde pero esta vez no se alejó de él.

El sireno la miro y luego miro la fruta. Acerco lentamente al borde y cogió la manzana clavándole las uñas por la parte baja. Miro a Sherlock unos segundos con una sonrisa antes de sacar la cola del agua y volver a meterla en horizontal para poder salpicarle. Se fue hasta el otro extremo de la piscina, se sentó en el fondo y se fue comiendo la fruta muy risueño.

Sherlock soltó todo el aire de golpe al sentir el agua caer sobre él. No estaba tan fría pero si no se cambiaba de ropa empezaría a tiritar. La verdad es que no le importó en absoluto, la criatura parecía divertirse y eso era lo único que importaba, conseguir acercarse a él.

Cogió la mesa y la arrastró hacia la puerta donde se paró para observarle por última vez antes de salir fuera. Montgomery le estaba esperando fuera.

El doctor le miraba sorprendido.

—¿Qué le ha pasado? —pregunto alarmado —. No le habrá atacado, ¿no?

—No, nada de eso, al contrario. Al principio parecía reacio a tenerme allí. Pero le ofrecí comida, que parece que le encanta, y acabó casi... Divirtiéndose.

—¿A logrado acercarse? —pregunto asombrado —. Debería de estar muerto, herido por lo menos...

— He estado alejado la mayoría del tiempo. Ha sacado el cuerpo del agua, mañana lo sacaré de allí pero tenemos otro problema, el agua.

—Sí, ¿qué pasa con ella? Teníamos pensado instalarle un limpiador automático...

Pero tememos acercarnos y además, el ruido que dicho aparato produce puede volverla más agresiva...

— Lo sé. Ese es el problema, hagamos lo que hagamos no podré yo solo. Pero yo estaba pensando en agua de mar, traerla de allí. No se va a sentir mejor en ninguna otra agua y usted lo sabe.

—¿Se refiere a que traigamos agua del mar donde fue encontrado?

— Eso sería lo ideal pero con coger agua de esta la costa será suficiente.

—Bien. Necesitaríamos varios camiones cisterna pero eso es fácil de conseguir. Vaciaremos la piscina y la llenaremos. Espero que la criatura no se altere...

— Lo mejor es que pasara a otro sitio mientras se hace el cambio del agua. Una pequeña piscina portable solo para que no se seque. El problema es cómo convencerle, ni si quiera sé si entiende el inglés, solo le he escuchado gritar.

—Y es un sonido espeluznante... —dijo Montgomery sintiendo como un escalofrío le recorría la espalda —. Podríamos obligarle a meterse en la piscina portable. Podemos abrir uno de los lados de la piscina de cristal y colocar la pequeña piscina justo al lado y que lo arrastre la corriente...

— No— dijo sin esperar a que acabara—. No le vamos a obligar a que haga nada. Estoy seguro de que tiene fuerza suficiente para impulsarse con la cola y saltar. Encontraré la forma de comunicarme con él. Déjame pensarlo hasta mañana.

—Bien. Intentaremos tenerlo todo listo para entonces. ¿Ha logrado hacerse entender? ¿Y qué pasa con el cadáver?

— Cuando llegué estaba dormido sobre él. Y se había comido un brazo entero y la cara estaba básicamente irreconocible. Más tarde lo apunté con el dedo y parece que me entendió y lo sacó fuera. La sangre ha contaminado el agua así que espero para mañana tener solucionado lo de como meterlo a la piscina.

Montgomery suspiro aliviado.

—Al menos los padres tendrán algo que enterrar. Doctor Holmes, debería de ir a casa y cambiarse de ropa antes de que coja una pulmonía...

— Eso haré. Puedo pasarle una copia del informe sobre lo ocurrido hoy. Se lo mandaré tan pronto como lo tenga listo.

—Se lo agradecería. Tenemos que saberlo absolutamente todo, desde su comportamiento hasta sus escamas.

— Por supuesto, doctor Montgomery. Le veré mañana entonces— caminó hacia la salida rápidamente.

El frío se estaba calando lentamente en los huesos a pesar de que no hacia demasiado frío en la calle. Llegó a casa y se dio una ducha caliente para quitarse la sensación. Aun con el pelo mojado se enfrascó en la elaboración del primer informe. Lo escribió todo, cada expresión en su cara, cada vez que se alejó de él y acabó con las ganas de jugar a salpicar que tenía.

Mandó unos cuantos correos y por fin pudo desconectar y relajarse por un momento. Aún quedaba el tema del lenguaje. ¿Sabría inglés? ¿Otro idioma? Solo lo descubriría intentándolo al día siguiente. Pensó en buscar videos sobre delfines amaestrados y como se comunicaban con los cuidadores pero desechó la idea al instante. El sireno era listo, desconfiado y parecía estar al tanto de todo. Si no fuera por la cola y los aullidos que daba podría pasar por un humano.

La criatura estuvo todo el resto del día nadando en pequeño espacio que tenía. Creía haber conocido a alguien que no buscaba herirle simplemente mirarle. Y eso le hacía sentirse bien. Se seguía sintiendo amenazado por el lugar donde se encontraba, pero aquel hombre... Era extraordinario. Se había ido empapado y no había visto odio en su rostro. Sin duda era diferente.

Durante la noche comenzó a sentirse mal. Aquella agua comenzaba a darle náuseas y la herida del hombro había comenzado a paralizarle la movilidad hasta el codo. Además lo tenía hinchado. Por la mañana, cuando amaneció, le dio un fuerte coletazo a una de las paredes de la piscina. Furioso.

Montgomery esperaba a Sherlock fuera de la sala, revisando el informe impreso que este le había enviado.

Cuando Sherlock salió de cada vio como varios camiones cisterna subían por la calle. Bien hecho Montgomery. Caminó rápidamente por los pasillos y ascensores y bufó cuando tuvo que parar para que le chequearan.

Pasó a la sala encontrándose con el doctor.

— Bien, si me disculpa, creo que deberíamos hacer esto cuanto antes.

—¿Piensa convencer a la criatura para que se mueva a otra piscina de momento? Escuché un ruido muy fuerte, no creo que este amigable.

— Solo déjeme hablar... comunicarme con él. Cuando esté listo le avisaré para que vengan a montar la piscina pequeña.

—Vale... Suerte. Y tenga cuidado por Dios —dijo abriéndole la puerta.

Sherlock entró y cerró la puerta rápidamente detrás de él. Miró al sireno. Algo iba mal.

Caminó a paso rápido hasta el cristal y le vio en la otra punta del estanque. Se sujetaba el brazo, le dolía. Era la maldita agua sucia, tenía que haber actuado antes. Golpeó ligeramente el cristal para captar su atención.

El sireno se giró con violencia enseñando los dientes, pero un tirón en el brazo que se sujetaba lo hizo relajarse y mirar a su articulación. Movía la cola nervioso, haciendo así que el agua se moviera.

El biólogo no sabía qué hacer, cómo explicarle que tenía que pasar a otra piscina para que le cambiaran el agua. Por muchas vueltas que le dio por la noche no había conseguido nada. Era la primera vez que se enfrentaba a una situación, ni si quiera se asustó o alejó cuando le amenazó con los dientes. La idea de perder a una criatura así era lo único que le preocupaba en ese momento.

— Puedo ayudarte— decir esas palabras fue lo único que se le ocurrió.

Le vio mover los labios, pero no lo entendió con claridad así que lentamente saco la cabeza del agua y le miro.

— Yo puedo ayudarte— volvió a decir cuando emergió la cabeza del agua.

El sireno metió una mano en el agua y la saco en forma de cuenco. Se acercó el poco de agua que había cogido y la olio. Luego extendió el brazo para que la oliera Sherlock.

— Sé que el agua te está haciendo enfermar pero tienes que confiar en mí para que pueda ayudarte— se explicó.

Aquella situación era ridícula. Estaba hablando con un hombre con cola de pez que probablemente ni si quiera le estuviera entendiendo.

Le miró fijamente a los ojos, intentando ver odio o malas acciones reflejadas en su alma pero no puedo ver nada. Emitió un chirrido antes de volver al fondo de la piscina, mirarle y asentir con la cabeza.

Sherlock sintió le quitaban un peso de encima. Podía entenderle, eso ya era algo. Se quedó mirándole unos segundos más y salió de la habitación.

— ¡Montgomery! Ya está todo listo pero por favor, que sean cuidadosos y hagan el menor ruido posible.

El médico le miro sorprendido pero asintió y dio las órdenes precarias para que cuatro chicos entraran con la piscina portátil y la fueran llenando. Desde luego el doctor tenía muchas preguntas pero prefirió no formularlas por miedo a que Holmes se molestara. Cuarenta y cinco minutos más tarde la piscina estaba montada y llena de agua potable limpia. El sireno lo había estado mirando todo desde su posición. Saco la cabeza y miro a Sherlock. Ahora era la criatura quien tenía una mirada neutral.

Sherlock ordenó que todos salieran y les dejaran solos para acercarse a él nuevamente. Vio en su mirada que no confiaba en él tanto como en el día anterior. Haber metido a unos desconocidos a hacer ruido y montar cosas a su lado no era lo mejor para acercarse a él pero era eso o perderlo todo.

— Vamos a cambiarte el agua del tanque— puso las manos sobre el cristal—. Agua salada, agua del mar.

El sireno alzo las ceja sorprendido. Las orejas se agitaron. ¿Agua salada? ¿Iba a tener agua salada?

— Pero tienes que meterte aquí hasta que cambiemos el agua— se movió hacia la piscina y metió una mano dentro—. Serán solo una hora y este agua, aunque no sea salada, es limpia.

El sireno saco medio torso de la piscina. Sus branquias se cerraron completamente al tener contacto con el aire dejando ver solo tres finas líneas. En otras circunstancias, hubiera saltado, pero el brazo le dolía y su nueva pecera no parecía muy honda así que lentamente saco la cola y se arrastró. Sabia de sobras que aquel hombre le miraba pero no le presto importancia. Quería agua de mar. Agua que le hiciera sentir como en casa. Se metió en la pequeña piscina tan lentamente como había entrado. Hundiendo primero la cabeza y moviéndose lentamente. Sin querer rozo a Sherlock con su cola en una de las manos pero no huyo. Se sumergió unos minutos y luego se sentó cómodamente en uno de los extremos.

Sherlock esperó a que el sireno se adaptara al nuevo espacio.

— Será poco más de una hora— repitió y salió de nuevo para avisar a los operarios.

Cuando nadie le pudo ver se tocó la mano por donde había rozado la gran aleta. Fue extraño. Húmedo y mojado sí, pero no como un pez. Era suave, casi tenía el tacto de seda. Se moría de ganas por analizar esa cola.

El sireno asintió, se sumergió hasta la mitad y se intentó quedar dormido. Pero fue casi imposible. El ruido de la máquina que saco el agua era atronador, los cuchilleos de los operarios... Alzó la cabeza y chilló tan fuerte que el cristal de las gafas de uno de los operarios se rajó. La punta de las orejas se movían. Sabían que estaban diciendo de él, y uno se había referido a él como monstruo. ¿Monstruo él? Monstruos ellos que capturaran a una especie en su habitad natural solo porque es diferente.

— Por favor— Sherlock se colocó en el centro de la sala ya que había pasado la mayoría del tiempo en una esquina ensimismado en sus pensamientos.

No supo si se lo decía a la criatura o se lo decía a los obreros. Pronto acabaron de vaciarla y se pusieron con el llenado. Se mantuvo cerca de la piscina por si ocurría algo.

Rápidamente la sala adquirió un cierto olor a mar. Los operarios de la piscina fueron los únicos que quedaron junto con Sherlock que se acercó al sireno.

— Puedes entrar en el agua— dijo amablemente.

El sireno ya se estaba moviendo hacia ella antes de que Sherlock acabara la frase. Cogió un poco de carrerilla y salto al tanque. Moviéndose en círculos de pura felicidad. Lo primero que hizo fue beber toda el agua que quiso. Sonreía. Se tumbó al fondo y movió la cola feliz. Silbaba, dejando un rastro de burbujas que salían de sus labios. No era su casa pero se sentía como tal. Se aferró el brazo izquierdo y cerró los ojos.

— Fuera— ordenó Sherlock nada más que acabaran de desmontar la piscina.

Se acercó cauteloso hacia el cristal y no pudo reprimir una pequeña sonrisa al verle tan contento pero el brazo no se le pasó por alto.

— ¿Te duele el brazo?

El sireno, que se había pegado al cristal, asintió. Se dio la vuelta para que pudiera ver la parte trasera de la herida, pero poco después emergió y asomo la cabeza. Sus ojos se dirigieron desde Sherlock al carro con comida. Su estómago rugió.

Sherlock aceptó y fue hasta el carro de donde cogió otro filete, esta vez de buey y se lo dejó en el borde como siempre.

— Yo puedo curarte la herida del hombro. Se pondrá peor si no haces nada.

El sireno alzo el brazo derecho y lo cogió. Negó con la cabeza y comenzó a morderlo mientras nadaba hacia al otro lado. Casi parecía un animal que no quería que le quitaran la comida, pero en el fondo no quería saber nada de eso. Eran un humano. Seguía siendo un humano. Silbó y se dio la vuelta.

Sherlock suspiró frustrado. Era lógico que no quisiera aun acercarse a ningún humano pero pensó que el agua podría agilizar las cosas.