Estrecho la sexta mano de la noche, cierro el sexto trato.
Sonrío y me sonríen de regreso.
Tomo una copa y voy en busca de mi hermana mayor.
Estoy pasando junto a una pareja alfa-omega cuando, sin previo aviso, el alfa me toma por el brazo, tirando suavemente de mí y me despoja de mi copa, empujándola toda contra sus labios y desapareciendo el líquido sin más, de golpe.
Boquiabierto por lo sorpresivo de la acción del desconocido, arrugo el entrecejo y me dispongo marchar, pero el alfa no me libera. Lo miro fijamente a los ojos con seriedad, y él me mira con igual intensidad y suplicando por ayuda.
Suspiro en mi fuero interno y me giro hacia la omega, sonriendo con culpa.
—Discúlpame, voy a necesitar a tu chico unos minutos.
Ella sonríe y me doy cuenta de que en realidad no son una pareja.
Ella desprende aroma a fresa, a cortejo. En cambio, él huele a... rosas, pero esa es su colonia. Identifico por igual el olor a melocotón o durazno y, muy por debajo, a menta. No lo entiendo, pero no me detengo a pensar mucho en ello.
En cuanto la omega da el visto bueno, soy prácticamente arrastrado por el ladrón de bebidas, perdiéndonos entre la multitud.
—Gracias por eso —exhala, aliviado—, y, solo para que quede claro, la acabo de conocer.
—Lo noté tarde —indico—, y no fue nada. Adiós.
—¡Hey! —El alfa me detiene y presiono juntos los labios—, ¿por qué tanta prisa? Acabas de salvarme, lo mínimo que puedo...
—Lo mínimo que puedes hacer es dejarme en paz. Busco a mi hermana.
—Oh —Él olfatea, gira la cabeza hacia la izquierda y señala hacia un punto—, es ella, ¿verdad?
Me fijo y está en lo correcto.
Me relajo, asintiendo en dirección del alfa.
—Sí, gracias.
—Déjame acompañarte a saludarla, puedes presentarnos.
Lo miro con curiosidad.
—Primero, ¿te molestaría decirme quién eres?
