Me siento algo mareada.
Parpadeo repetidas veces hacia el par de omegas y ellas siguen sonriendo.
—¿Te gustaría otra copa de champagne? —me pregunta la rubia, y yo niego con la cabeza.
—Creo que ya he bebida bastante, gracias...
Ellas comparten una mirada y me miran con ojos de perro triste y pucheros adorables en sus rostros.
Mi alfa interno ronronea.
—Bueno... —cedo—, una o dos copas más no me harán daño...
Sus ojos brillan y asienten, pidiéndome que no me mueva, irán y volverán en unos minutos.
No han pasado ni quince segundos cuando me veo girada y el rostro de Yuuri entra en todo mi campo de visión.
—Mari —mi hermanito menor me sonríe con suavidad—, ¿de nuevo te dejas emborrachar por desconocidos? —me reprocha con suavidad, negando con la cabeza—. Hablaremos de eso mañana, ahora quiero que conozcas a alguien.
Yuuri mira hacia su izquierda y sigo sus ojos.
Abro mucho los míos, erizándome en el acto.
Mi alfa reacciona, pero al parecer el del alfa de cabello platinado y ojos azules frente a mí no, porque el hombre sonríe y me tiende una mano.
—Él es Viktor Nikiforov, Mari —presenta mi hermano—, Viktor, ella es Mari Katsuki, mi hermana mayor.
Frunzo el ceño.
—Eres el campeón del Grand Prix...
Viktor sonríe más y noto la sorpresa en los ojos de Yuuri.
—Lo soy.
De pronto, un grito agudo y un potente olor nubla mis sentidos, y siento unos brazos a mi alrededor antes de poder lanzarme hacia la fuente del aroma de un omega recién despertado.
