Rodeo el cuerpo de Mari justo a tiempo, forcejeando con ella con todas mis fuerzas y arrastrándola hacia la puerta con prontitud.
Viktor se cubre la nariz tras de mí y me sigue, necesitado de alejarse del mismo modo antes de perderse en sus más bajos instintos.
Mari se me escapa y se lanza a la caza, y mando por un tubo mi buena apariencia, corriendo tras de ella y tacleándola con brutalidad.
Mi hermana gruñe y me muerde el brazo antes de que pueda hacerme nuevamente con el control, apresándola con una llave de luchador para inmovilizarla y esta vez sí que consigo llegar y cruzar el umbral.
Viktor me llama y, a falta de un plan mejor, voy hacia él.
Nos escurrimos hasta el estacionamiento y me sorprendo al ver que tiene un auto.
—Es alquilado —me explica, recuperando aire—, vamos, no tenemos tiempo que perder. Arriba, ustedes dos.
Mari sigue inusualmente agresiva entre mis brazos. Miro a Viktor y asiento, empujando a mi hermana al interior del asiento trasero y metiéndome junto a ella después, bloqueando las salidas.
—Tranquila —Viktor usa su voz de alfa y, no sé por qué, Mari acata y deja de gruñir, pero sus ojos siguen sin ser los de siempre. Su alfa interno continúa con el control y no desaparece hasta que estamos de regreso en el hotel en el que nos hospedamos. Donde, curiosamente, Viktor también se está quedando.
