Una chica aparece tres minutos después de la llegada de Viktor y le agradezco por las molestias. Ella me sonríe de vuelta, y se sonroja cuando Viktor se asoma por sobre mi hombro, preguntando si es posible que manden el delivery de cena a la habitación que ocupamos mi hermana y yo; a nombre de él.

No me da tiempo de aclarar nada porque ella asiente y desaparece en cuestión de segundos, dejándome con la desagradable sensación de un malentendido por llegar.

Viktor luce como un niño travieso que se ha salido con la suya cuando me giro a mirarlo tras cerrar la puerta.

—¿Era eso necesario? —gruño.

—Absolutamente, Yuuri —él asiente repetidas veces con la cabeza—, debo cuidar de mi nuevo amigo.

Enarco las cejas.

—¿Amigo?

—Somos amigos ahora —Viktor declara y sonríe de una forma rara. ¿Cómo hace eso con la boca? —No te habría dejado subir al auto de otro modo.

—Asumí que era tu forma de dar las gracias por la ayuda con la omega.

—Bueno, eso también —concede—, pero, ¡somos amigos!

Ríe y lo pienso unos segundos.

No parece ser una mala persona.

Es un alfa.

Y es una figura reconocida si hasta Mari sabía quién es.

Un buen prospecto como aliado.

Con suerte uno al que no tendré que lastimar de modo alguno.

Demasiado tentador como para decir que no.

—No somos amigos —informo—, pero podemos ser socios.

Viktor ladea la cabeza hacia la derecha.

—¿Uh?