Ni Viktor ni yo dormimos.
La mañana nos sorprende y Viktor se retira de mala gana de regreso a su habitación luego de que hemos intercambiado números para mantenernos en contacto.
Me pide que lo despida de Mari en cuanto ella despierte y que me revise mejor la herida de la mordida con un especialista. Ruedo los ojos, él se ríe y por fin cruza la puerta, abandonado el cuarto.
Me estiro con vigor y me meto a bañar.
Cuando salgo, Mari está sentada y voltea en mi dirección.
—¿Acaso convenciste a Viktor Nikiforov de ser tu socio, Yuuri?
El menor de los Katsuki asiente.
La mayor se echa a reír.
Yuuri Katsuki es increíble.
