Abrir los ojos, ser una misma. Capítulo 2.
Tipo: swanqueen (o bueno, ... swanroni?) jajajaj.
¡Agradecimientos por los comentarios y las lecturas!
Cabaña a las afueras de Storybrooke
El único espejo que había en aquella casa estaba roto, y la luz que entraba al cuarto de baño no era la necesaria que Emma precisaba para mirarse a los ojos y ensayar el discurso que tenía preparado, aprendidas posibles respuestas ante seguras recriminaciones de su marido, Emma estaba dispuesta a no cambiar de opinión, a no dejarse llevar por el cariño y la rutina, por el Hook del que se enamoró, que perdido se quedó en algún lugar. Por ello se fue al puerto, descendió una escaleras envueltas en moho y se observó en la orilla. No tenía claro cómo sacaría el tema, pero el reflejo que vio en esas aguas no lo reconoció. Su mirada estaba apagada, sus labios apretados, su tez blanquecina. No era ella.
Pensó en Alan, ¿quién era ese personaje?, ¿ese ser extraño y angelical que le había abierto los ojos?. Nunca lo sabría. A voz de pronto le pareció verle reflejado tras ella, en el agua, y se giró rápidamente sin ver resto alguno de él.
Cayó la noche.
-No me puedo creer lo que me estás diciendo.
Le contestó el hombre que desprendía olor a alcohol, y apoyándose en la esquina de la mesa del saloncito, trastabillando para no caer, se cruzó de brazos y se mostró indignado.
-No te entiendo, love. Si todo está bien entre nosotros, estamos viviendo juntos y por fin no hay monstruos ni seres que nos estresen. ¡Esto es lo que estábamos buscando, yo no te entiendo!-, abrió los ojos de par en par.
-¿Qué esto es lo que estábamos buscando?, querrás decir que esto es lo que estabas buscando tú.- resopló, colocando sus manos en su cintura. -¿Has mirado a tu alrededor?, ¿te has mirado a ti mismo?.
El pirata miró al suelo y su mono le hacía tamborilear con el pie, deseando pisar la calle y dirigirse al bar.
-¿Y qué hay de eso de "hasta que la muerte nos separe"?- dijo haciendo el gesto de las comillas. –Yo sí cumplo con mis palabras- alzó el mentón orgulloso, desafiante.
-Se puede estar muerto en vida…. "¿Quién eres?", se preguntaba Emma, le dio la espalda y se metió al cuarto cerrando la puerta tras de sí.
Pasaron varias horas y como buen pirata éste ahogaba sus penas con una petaca. La rubia había sacado su maleta del armario, y sin darse cuenta la había llenado de ropa, doblándola cuidadosamente, había cogido todas sus pertenencias, zapatos, bolsos, todo lo que había en ese cuarto estaba metido a presión en aquella maleta deshilachada. Abrió la ventana y la tiró hacia fuera, luego fue ella la que pisó aquel césped. Esa situación le recordaba a cuando se escapa de la casa de acogida a hurtadillas por la ventana. Sobre la cama una nota recitaba "No te deseo el mal, ni que te sientas como yo me siento, deseo que seas feliz, pero sobretodo, que no me busques. Emma Swan, la salvadora.", junto a la nota el anillo de boda.
La madre de Henry conocía el tema de Hyperion, era consciente de que era un barrio ubicado en Nueva York, pero no sabía más, su destino sería localizar el portal por el que vino. Le costó que arrancara su escarabajo amarillo al que el uso que le había dado había sido el recorrido del bar a casa, y como siempre, conduciendo ella. Es por ello que bajó las ventanas, pues el olor a sudor y alcohol la estaba fatigando. Cogió un pequeño bote de spray de ambientador de manzana y lo perfumó por toda la estancia. Le hubiese gustado ir allá donde vio a Alan por primera vez, pero no sabía cómo llegar pues aquella vez estaba como hipnotizada, quería decirle que le había hecho caso y había dado el paso…. Pero no hizo falta. Tras un par de kilómetros recorridos, en medio de la carretera vio una silueta blanca a unos cincuenta metros, cuando se fue acercando a ésta lo reconoció. Sin embargo Alan se limitaba a señalar con su brazo un camino de tierra hacia su izquierda, un atajo hacia el portal. Mientras Emma pasaba a su lado aminorando la velocidad y con la ventana baja le dio las gracias y éste le respondió sonriendo ampliamente y asintiendo con la cabeza, -continúa hacia tu destino.-, fue su respuesta, le guiñó un ojo.
Emma se introdujo en aquel camino sintiendo cosquillas de felicidad, la energía positiva que desprendía aquel ser la estaba renovando por dentro. A veces pensó si sería su ángel de la guarda o si alguien le había enviado a salvaguardarla, quizás nunca lo sabría, pero le estaba eternamente agradecida. Le había dejado una nota a sus padres a través del móvil, más bien era un video donde les confesaba sus sentimientos, su convivencia con su ya para ella ex marido, y su encuentro con Alan, y les deseaba un tiempo feliz, y les prometió volver, antes o después, temporal o para siempre, pero volver a verlos.
La energía del portal fluía entre árboles, y Emma sin pensárselo ni mirar atrás, se llenó de aire los pulmones y se introdujo en él con el coche. Su visión pasó de árboles a edificios, pequeñas casas y una avenida. -¿Esto es….?.
Emma no pensaba que aquel portal fuese a dar directamente a Nueva York, frunció el ceño, ¿será cosa de Alan-todo poderoso?. Al reconocer lugares donde antaño, pasaba sus horas disfrutando de lo que había llevado en sus pequeños hurtos le trajo muchos recuerdos. Aparcó en un parking gratuito y observó cuan había cambiado la gente. Se miró y su vestuario era anticuado, tosco, casi de luto, seguramente así se sintió largo tiempo. Llevaba un vestido largo beige con un chaleco de lana encima y unos botines marrones, aunque del chaleco iba a prescindir pues la temperatura no era tan fría como del lugar donde venía.
Su maleta era una multiplicación de lo que llevaba puesto. Era hora de renovarse. Abrió su cartera y se alegró de tener aun aquella tarjeta de crédito, que si nada fallaba aun debía de tener unos ahorros, escuetos, pero justos para cambiar de armario y buscar un hostal.
Se preguntaba cómo estaría Henry, había pasado un tiempo, y le inquietaba cómo sería su vida. Lo primero es lo primero, lo segundo, localizar Hyperion.
A la vuelta de la esquina le esperaba una calle peatonal con decenas de tiendas en las cuales se veía reflejada en los escaparates. La mañana pasó entre suspiros porque la tarjeta de crédito aun tenía saldo y probadores. Ahora se sentía más ella, vaqueros, chaquetas y blusas, botas altas, y un bolso negro nuevo. Dejó las bolsas en el maletero de su coche y casi sin pensarlo acercó su maleta a una máquina de recogida de ropa de segunda mano para ONGs casi vaciándola dentro a excepción de un par de prendas. Había renovado hasta la ropa interior, tenía la necesidad de sentirse mujer, deseada, pero siempre siendo ella. Se puso unos vaqueros claros, una blusa blanca y la chaqueta roja usó de perchero su bolso nuevo.
Sabía donde estaba el hostal más barato y tras investigar en un mapa público de un cartel supo que Hyperion estaba cerca de él. Con el escarabajo de nuevo surcando las avenidas de Nueva York y siguiendo un mapa pequeño que se vendía a un dólar junto al grande que había consultado sus pies fueron decelerando el coche hasta detenerse en un arcen para comprobar que ya estaba en su destino, sin embargo no había notado nada raro. Frunció el ceño. Storybrooke aparecía de la nada sin embargo Hyperion… Su mirada oteó la zona y se topó con el hostal que ella conocía. Inquieta dejó el coche en doble fila frente a un parque infantil y entró al hostal, un hombre mayor le dio la bienvenida con desdén sin mirarla.
-Quiero una habitación individual para un par de noches.
-¿Ventana al patio o al parque?
Le dijo mirando la pantalla de tubo que tenía delante y donde iba escribiendo los datos de la usuaria.
-Al parque.- respondió asintiendo.
-Ascensor, tercera planta-, le tendió el casero del hostal junto a la llave que parecía de diseño nuevo pero estaba oxidada.
Emma aparcó el coche en una calle estrecha que rodeaba el hostal y subió maleta rellena de ropa a estrenar a habitación.
Habitación 108
Emma se dejó caer en la cama, aun con la maleta casi en la puerta, el colchón era cómodo, las paredes anaranjadas y el baño decente, no podía quejarse. Miró el techo pensativa, aun no se creía lo que había hecho, el paso que había dado. Se asomó al parque, el sol de media tarde lo bañaba, se dio una ducha y se decidió a caminar por las calles del barrio. ¿Se encontraría con Henry?. No quiso pensar en encontrarse con Regina porque eso la pondría nerviosa, no sabría como reaccionaría y tenía tantas cosas que decirle...
"Pero recuerda que no te va a reconocer y ella ha podido cambiar", pensó mientras inconscientemente se vestía con aquella camiseta negra ajustada y repetía aquellos vaqueros claros que tanto le habían gustado. El pelo aun mojado se lo recogió en una cola, le gustaba sentirse limpia, limpia en todos los sentidos, sentirse distinta a esa misma mañana, físicamente y por dentro, paso a paso, necesitaba no pensar en Killian Hook nunca más, darse tiempo a sí misma.
Se tomó un helado en un puesto ambulante y entonces un joven pasó por su lado, una niña de tez oscura lo seguía. Juraría haber escuchado decirle a él "mi madre es Cenicienta", sonrió acordándose de Henry.
Se giró a mirarles de espalda, "aunque….", no había podido verle la cara al joven pero cuando se giró no estaba ni el chico ni la niña.
Intrigada siguió la calle hacia delante con esperanza de volver a verles, el sol se había ido y el cielo estaba anaranjado y se puso la chaqueta roja. Caminó algunas calles y acabó junto a un local de ladrillos oscuros que ponía Roni`s.
El helado le había dado sed y se decidió a entrar. Entre abrió la puerta del local y ya se escuchaba en su interior música jazz, solo eso, pocos cristales, pocas conversaciones. Un paso hacia delante, la puerta se cerró tras de sí. El local era acogedor, parecido a una taberna irlandesa pero con un toque moderno.
Hacia el fondo una chica se encontraba sentada sobre un taburete recostado en el mueble bar de madera oscura con una pierna sobre la tapa de salida al otro lado de la barra del bar. Emma observó la decoración del lugar, el dulce olor, mezclado con perfume de hombre, dos personas tomaban un café, seguramente aliñado, con unos frutos secos, la madera crujió bajo sus pies, bien barnizado el parquet, el lugar se veía cuidado, acercándose a la barra se fijó en esa chica, sus ojos se abrieron como platos. "¡¿Regina?!".
La morena de cabellos cortos ondulados y sarcillos plateados saltó de un brinco al suelo y con un trapo en la mano se acercó a su barra.
-Hola, ¿qué deseas?- pestañeó repetidamente.
-Yo…-, Emma dio un repaso a las botellas del fondo del mueble bar mientras Roni la observaba inquieta, ladeó la cabeza. -No eres de las que beben alcohol sola, ¿verdad?.
Le sonrió y se giró, -no me suena tu cara, ¿estás de paso?-, le preguntó volcando levemente una botella de cristal oscuro sobre un vaso de chupito.
Emma no sabía qué hacer, no la había reconocido, -Prueba esto-, Roni le pasó el vaso deslizándose por la barra cual chica del oeste, Emma lo agarró a tiempo.
-De acuerdo- estaba nerviosa.
-Por cierto, me llamo Roni, como el bar-, le dijo la camarera Regina para que se tranquilizara apoyando sus codos en la barra.
-Yo Em… Emily.-, no sabía por qué razón le había mentido. –Vengo a ver a mi hermana-, se justificó ante ella. Emma no podía creer que aquella fuera Regina, su amiga, tan elegante, seria y altiva, siempre le pareció una mujer de armas tomar con un corazón enterrado en ella, luego descubrió que no solo no se equivocaba, sino que ese corazón era enorme. Y ahora, ante ella, sentía que ese corazón se escondía bajo aquella chica de sonrisa adorable, aros en las orejas y vaqueros. Era otra Regina, pero sentía que era la de siempre.
Bebió el chupito y aquello le pareció fuerte, pero enseguida un sabor a avellana le hizo sentir que había merecido la pena, era algo que nunca había probado, puesto que no había salido del ron de Hook y las cervezas malas y el vino robado de su época compartida con Neil.
-¿Qué te parece?-, la morena la observaba intrigada, apoyando sus manos en el mueble bar dejando su peso caer en él, aquella chica era extraña, sangre fresca para el lugar, pero tenía la sensación que bajo esa capa de inseguridad y andares inquietos estaba una mujer fuerte y guerrera, su camiseta marcaba un cuerpo que en algún tiempo fue atlético y su cabello recogido la hacía tener un aspecto de líder. La morena ladeó su cabeza ante su pronta idea. "¿Será una policía de incógnito?", Roni era consciente de que Victoria le tenía echada la cruz desde que le rompió el contrato en la cara de cesión de derechos sobre su local.
Emma negó con la cabeza, -está increíble, es un aroma tan…- se quitó la chaqueta roja y Roni pudo confirmar que aquella chica estaba en forma. Algo le atría de esa rubia extranjera.
-Lleva el toque Roni.
-¿Y eso qué es?.
-Si te lo dijera tendría que matarte.
Emma tardó en pillarlo, Roni le guiñó un ojo y se rió.
-Chica, estaba bromeando.
La rubia asintió algo avergonzada.
-Lo sé, lo siento, sólo es… estoy cansada. Creo que me voy a ir. Gracias.
Dejó pagado el chupito y se levantó sin mirarla. Roni frunció el ceño. Sus ojos repasaron su espalda, su chaqueta colocándose en sus brazos mientras se acercaba a la salida, y sus apretados vaqueros moviéndose al sol de su dueña.
La perdió de vista tras la puerta y no tuvo tiempo a pensar pues sus otros dos clientes querían la cuenta.
"¿Volveré a verla o será una de tantas visitas de gente extraordinaria que desaparece tan rápido como aparece?". Se preguntaba Roni, que aborrecía la rutina de las mismas caras con los mismos gustos y las mismas frases de despedida.
¡Continuará!
Ya se han encontrado, ¿eh?, tengo claro lo que va a pasar a continuación y cómo, espero que os vaya gustando. Estoy trabajando y por ello tardo unos días en actualizar. ;) Yure, ¡te estás portando bien! Jajajaj.
