Abrir los ojos, ser una misma. Capítulo 3.
Tipo: swanqueen
Nota: Hace unos días me enteré de que Hyperion está situado en verdad Seattle, ¡ploff!, no me enteraría bien supongo y aunque ya sea tarde, igualmente me venía bien Nueva York, así que en el fic está situado allí. ;P
Emma salió del Roni´s como pluma que lleva el viento, su cuerpo había experimentado en varios días lo que no había experimentado en años con Hook, de la desazón de una vida en pareja monótona y sin futuro a una nueva ciudad, nuevo vestuario, una nueva cama, aunque temporal, y una nueva Regina. Su mente no se acoplaba al hecho de hablarle como a una desconocida.
Cenó en un burguer cercano y vio a una mujer de tez morena hablando con la niña a la que puso el mote de "la niña Cenicienta", la madre parecía enfadada y la niña insistente. Emma ladeó la cabeza. Necesitaba saber más de ese lugar, quién lo regentaba y dónde estaba Henry, sin embargo no sabría cómo romper el hielo sin ser catalogada como "desconocida que hace demasiadas preguntas", así que se dedicó a terminarse la ya fría hamburguesa de doble queso y la Cocacola Light. Un poco ambiguo todo, como su mente.
La primera noche en el hostal fue buena, llevaba tanto a cuestas que el peso de sus recuerdos la hizo caer bocabajo en la cama y dormir a pierna suelta no sin antes ver un par de capítulos de una serie de dibujos animados de personajes de color amarillo que retransmitían por una televisión de pago, de estas concertadas por los hostales.
Esa noche, en sueños, Alan la llevaba a aquel precioso lugar y le mostraba de nuevo la cascada, su extraño amigo movía la mano en círculos y vio a Hook llorando en una cama de matrimonio sucia, manchada en colores amarillos y marrones, como si se hubiesen derramado diferentes líquidos ahí, la siguiente imagen era de él practicando sexo con una de las camareras de la taberna. Alan sonrió, "cada uno por su camino hacia adelante, sin retroceso, sin demora". Emma se tumbaba en el jardín de hierbas con los ojos cerrados disfrutando de una melodía de jazz y un olor a avellana, "Buenas, ¿qué desea?", le decía la voz de Roni.
A la mañana siguiente
Frente al espejo del aparador se observó al salir de la ducha, apretó su puño sintiendo que aun tenía algo de fuerza en los brazos, pero el cuerpo le pedía más. Se decidió a ponerse unas mallas negras que había comprando y, "esto me vale", pensó, una camiseta de tirantes blanca que había comprado para ponerse debajo de una negra con transparencias. Deportes que había conservado de su vida anterior y el pelo recogido nuevamente en una cola alta.
Observó el parque desde la ventana y lo vio propicio para una carrera mañanera.
Cruzando la calle a paso ligero miró hacia la derecha para pasar al otro lado, pero no miró a la izquierda y ya en la acera se chocó con una mujer de tez negra a la que hizo caer el móvil.
-Lo siento, lo siento.- dijo la rubia poniéndose en cuclillas y comprobando que no tenía ningún una rotura el aparato, "menos mal, porque no sabría si podría pagarlos", pensó la rubia. Al otro lado de la línea se escuchaba una voz de mujer, -toma y perdona de nuevo.
-No pasa nada, tranquila.-, la chica de no más de 35 años se dio la espalda y se puso nuevamente el móvil al oído,. –Jacinda, ¿sigues ahí?. No, no ha pasado nada, solo una chica...
Emma se sentía ruborizada, no había puesto el pie más de dos días en ese barrio y ya estaba haciendo cosas raras.
Cuarenta y cinco minutos de carrera entre arbustos y jóvenes paseando perros, y se detuvo a beber en una fuente, el agua le supo mal, se estiró apretándose las lumbares con sus puños cerrados.
"Daría lo que fuera por algo fresco", pensó mirando hacia el otro lado de la calle donde residía su hostal. Un camión pasó ante ella, en su lateral estaba el logo "Roni's". Frunció el ceño. ¿Sería una señal?. Miró el monedero pequeño que llevaba a cuestas y vio unas monedas, "con esto servirá".
Roni`s
Antes de entrar se miró en el cristal de una de las ventanas, estaba sudada del deporte y la cola estaba medio suelta, decidió soltarse el pelo y amoldarlo con las manos, aun húmedo aguantaba.
Aspiró aire, sus pulmones se llenaron y desinflaron lentamente. Se decidió a entrar, y se sorprendió al ver a otra camarera, una mujer más mayor, de rostro serio.
Se acercó a ella, y en vez de pedir una bebida preguntó por Roni, se dio cuenta de que tenía más ganas de verla que sed, o bueno, ambas cosas, pero si no se lo servía ella no era lo mismo.
-¿No está Roni?.
-Oh, sí. Estaba descargando hasta hace un momento.
-Vaya, no se preocupe, yo…
-¡Roni, preguntan por ti!.-, gritó la mujer girándose hacia un lateral de la barra, una puerta abierta mostraba una luz fría al otro lado.
-No se preocupe, si yo sólo venía a pedir… yo no…
-¿Ah, sí?-, se oyó la voz de ella con un eco, un sonido de algo metálico sobre el suelo y una sombra alargada se fue empequeñeciendo dejando ver a su dueña.
Emma no supo como reaccionar.
-Hola-, dijo escuetamente.
La señora salió de la barra con un cubo con hielo pasando al lado de Roni, ésta miró sorprendida a la rubia, -La señorita Emily ha vuelto-, asintió con las manos en su cintura, llevaba guantes de cargar materiales, vaqueros, una camiseta sin mangas blanca, ceñida y un colgante plateado, se quitó los guantes.
-Hola, yo… sólo venía a tomar algo.
-Ya veo-, la miró de arriba a abajo, -¿deporte?-, apoyó sus codos en la mesa, unas gotas de sudor florecían de su escote.
-Aham, he estado corriendo esta mañana, hace mucho que no lo hacía y lo necesitaba.
-¿Y bien, pudiste ver a tu hermana?.
Emma sacudió la cabeza, vaya, su coartada.
-Oh, mi hermana, sí, está bien, todo está bien. Un tinto de verano.
-¿Cómo?-, Roni frunció el ceño.
-Para beber.
-Ah-, la camarera asintió dándose cuenta de que era una cliente que había venido a consumir y ella la había estado interrogando. –Lo siento, soy muy cotilla-, le guiñó el ojo y se dio la vuelta. El pantalón vaquero marcaba sus curvas, sus glúteos formados. Sus brazos estabas tonificados, Emma la envidiaba.
-¿Con limón?.
-¿Qué?-, su mirada cambió de rumbo, Roni notó que estaba en otro mundo.
-¿El tinto, con limón?-, se giró sonriente con el vaso con un par de hielos.
-Como quieras.
-De acuerdo, no te voy a decir que lleva y tendrás que adivinarlo-, le propuso pícara, estuvo cogiendo un par de botellas que no estaban a la vista.
-Toma.
Se sentó en la parte de atrás de la barra a observarla. Emma cogió la copa y le dio un sorbo.
-Uhmmm.-, su mirada se mantuvo perdida en el techo tratando de percibir mejor así el sabor, degustó otro sorbo. –A ver si adivino, no es limón, es lima y lleva algo parecido a la fresa.
Roni ladeó la cabeza.
-¿He acertado?-, preguntó la rubia, más relajada, y se echó el cabello hacia un lado.
-Puede…-, Roni le sonrió, su mirada visitó esporádicamente el escote de aquella rubia y se detuvo en su mirada que la observaba pensativa. Emma sintió que aquella Regina tan cercana y sonriente era un diamante recién descubierto, y precisamente en esos momentos es cuando más sonrisas necesitaba, para no caer en un pozo oscuro, quizás fuese ella la que la ayudase a ser ella misma.
La otra camarera entró con el cubo vacío. Un par de clientes se aceraron a la barra y Roni se ausentó.
-Tengo que seguir organizando las bebidas que han llegado-, le dijo girándose, -espero verte de nuevo por aquí.-, confesó ya de espaldas.
Emma la miró hasta que desapareció por la puerta y ésta se cerraba, no supo qué era lo que sentía, pero hacía más frío y los taburetes vacíos de al lado suya le parecieron tan solitarios como ella.
CONTINUARÁ
Ha sido corto, pero con el trabajo no he podido más y mañana me toca el día entero así que, para ir adelantando lo subo. Espero que os esté gustando.
¡Saludos!
