Casi es medio día cuando despierto, solo en la habitación.
Mi hermana ingresa un minuto más tarde y se sorprende de encontrarme despierto.
Entrecierro los ojos en su dirección.
Resoplo.
—¿Se las mostraste?
Mari sacude ligeramente mi teléfono entre sus dedos.
—Todas y cada una de ellas.
Sonrío.
—Perfecto.
