Abrir los ojos, ser una misma. Capítulo 4.

Tipo: Swanqueen. Roniswan.

Emma consultó su cuenta corriente en un cajero y se sorprendió al ver que tenía el triple de lo que pensaba, que lo que pensaba no era mucho, así que, haciendo cuentas con ese dinero podría vivir en aquel hostal y costearse la comida un mes. Suspiró.

Sin embargo, no por el tema económico sino personal, necesitaba encontrar algo que la llenase, algo rutinario en lo que pasar horas distraída. Pensó en Henry, pero no sabría por dónde empezar. ¿Regina, o más bien Roni, sabría algo?, ¿lo conocería?.

Salió a dar un paseo por el barrio por si veía de nuevo a la niña Cenicienta, paseó por el parque, le dio de comer a unos patos de una laguna parte de su paquete de palomitas. Sentada en un banco observaba, como buen día laboral, a los habitantes en sus quehaceres, el barrendero retiraba paquetes vacíos alrededor de una fuente, un taxista se fumaba un cigarrillo esperando a algún cliente, una mujer embarazada paseaba con libro en las manos, una chica arreglada caminaba con sus tacones y una carpeta, su pelo era corto y moreno, tras ella, siguiendo sus pasos, una niña que parecía enfadada. Una niña que… ¡la niña Cenicienta!. Emma se levantó corriendo y se aproximó a la pequeña de no más de diez años, ésta la miró pero no tuvo tiempo a abrir la boca pues la chica morena la agarró del brazo, -vamos, engendro.

Emma se quedó con la boca abierta, le dieron ganas de reprocharle sus palabras a esa mujer pero no quería meterse donde no la llamaban.

Suspiró, esa pronta pero temporal ira hizo que por un momento se le viniese Killian a la cabeza, la agitó fuerte, no podía permitirse flaquear, ella había decidido pasar página y aun tenía algunas cuentas que ajustar.

Al caminar hacia la calle peatonal con dirección centro comercial, casi sin buscarlo, o al menos no su yo consciente, cruzó por la entrada del Roni's, que estaba abierto, curiosamente en la puerta había un cartel que recitaba: "Se busca camarera. Contrato temporal".

Emma ladeó la cabeza, ¿es que alguien estaba moviendo los hilos para que ella y Regina pudiesen hablar?. Además, básicamente era lo que necesitaba, un comprmiso como el trabajo le haría pasar página.

Se miró en el escaparate, si iba a buscar trabajo tendría que estar presentable. Se alegró haberse puesto ese día un pantalón negro, recién estrenado y una camiseta sin mangas con un número grande en el pecho, así sería el combo de arreglada pero informal que había visto en Roni. Respiró profundo y abrió la puerta. Era un bar de copas, no una cafetería y para ser las 12:00 de la mañana estaba lleno, gente tomando sus cervezas mañaneras o algún refresco.

Roni estaba de espaldas limpiando con un trapo el polvo de una estantería más alta que ella.

-Buenas-, dijo Emma más dulce de lo que hubiese querido. Roni se dio la vuelta, -¿ya vienes a alcoholizarte?, muy pronto, ¿no?.- Le dijo sonriente colocando sus manos en sus bolsillos traseros. Era algo poco habitual en Roni, un minúsculo y disimulado nerviosismo adolescente.

-En realidad vengo por el anuncio.- señaló a la puerta.

-Ah-, asintió. –Busco otra camarera porque Gloria…-, la otra camarera, tendría sesenta años, - ha pedido una excedencia porque su marido se va a operar del corazón en Reino Unido, y yo sola no puedo llevar esto.-, dijo negando con la cabeza, Emma asentía.

-Aunque me carcome una duda Emily-, la camarera se apoyó en la barra del bar, un brazo sobre el otro.

-Si estabas de visita, ¿por qué buscas trabajo aquí?, ¿es que te vas a quedar con tu hermana?.- Roni la miró, silencio, entonces se echó hacia atrás. –Oh, perdona, soy una metomentodo.-, se enderezó y se alejó de la barra.

Emma se mordió el labio. -Te he mentido. No he venido a ver a mi hermana porque básicamente no tengo ninguna, he venido a Hyperion por otras razones.

El gesto de Roni pasó de disculpa a desconfianza.

-¿No trabajarás para Victoria Belfrey?.

-No, ¡no!-, alzó la mano en señal de stop. –No tengo malas intenciones, créeme.

La morena la observó de abajo a arriba con desdén, pero el final de su recorrido fueron esos ojos tristes y ese ceño fruncido de preocupación.

-De acuerdo.-, silencio, -Te creo.

Se puso a fregar sin sentido unos vasos. Pasó un minuto.

-¿Y bien?.

Emma la miró apurada, sentía que la había fastidiado por todas todas. Y no se podía permitir herir de nuevo a Regina, y ciertamente, trabajar allí le había despertado el interés.

Roni miró la barra de madera de caoba, sucia en partes y le tiró un pequeño delantal de cintura y un trapo limpio sobre la zona limpia.

-Mañana a las diez. Sé puntual.-, la miró altiva.

Emma agarró el delantal y el trapo y se giró con un mix de sorpresa, porque la había elegido, malestar, por cómo había sido todo, e ilusión porque así tendría más momentos con Regina, necesitaba curar el daño que le había hecho.

A tres metros, -espera-, la rubia se volvió hacia Roni.

-No soy mala persona. Solo es que no me gusta que me mientan.-, quiso aclararle la morena, que aun le daba vueltas a la cabeza.

La rubia asintió una vez. -Entonces llámame Emma.

-¿Qué?.

Emma sonrió con pena.

-Ah, vale, no te llamas Emily tampoco.-, asintió con gesto de frustración; le señaló con el dedo.

-Ni una más o te corto la coleta.-, la amenazó pero obviamente no iba en serio.

Emma esbozó un gesto de asombro, Roni sonrió.

-Hasta mañana… Emma.- dijo enfatizando si nombre. La observó marcharse y algo despertó en ella."Emma, Emma, ¿de qué me suena ese nombre?", no recordaba conocer a nadie con ese nombre salvo a aquella chica pero algo le decía que le era conocido. "Bah, será que lo he escuchado en el televisor", se justificó. Se había ido por las ramas y se había dado cuenta de algo importante, no le había preguntando si tenía experiencia, en qué había trabajado, si sabía hacer cócteles, ¡ni la había entrevistado!. Roni se preguntó a sí misma por qué lo había hecho. Con cualquier otra u otro candidato habría tenido una charla seria y con toque Roni, es decir, preguntas profesionales y personales y alguna con segundas. Ya había tenido malas experiencias con camareros anteriores que no trabajaban, que llegaban tarde o no respetaban en inmobiliario, sin embargo esa chica, llena de secretos, de vida oculta, atractiva pero de mirada triste le llamaba mucho la atención, una inocencia en el cuerpo de una mujer de armas tomar, jamás había visto algo así.

A las afueras del Roni`s era Emma la que estaba llena de dudas, no había sido entrevistada pero ella no había preguntando si habían otras candidatas, ni qué había que hacer, ni qué ropa llevar, observó el delantal y el trapo en sus manos mientras caminaba. ¿Cómo podía haber confiado Roni tanto en ella?, si acababa de mentirle dos veces, y para colmo no se había portado como una profesional, ¿por qué le estaba dando esa oportunidad a ella?. Lo mismo en su interior la recordaba, era su esperanza. Aunque,… se detuvo en seco. Quizás así era más feliz. Quizás siendo Roni había olvidado todo el dolor por el que pasó Regina, y eso incluía el que ella misma le había provocado más de dos, tres y seguramente cuatro y cinco veces. Analizó apenada.

Primer día de trabajo,

Emma quiso recobrar costumbres y se levantó como hora y media antes, se duchó, se vistió, y ahí es donde gastó media hora, eligiendo el vestuario, resultado, sus vaqueros, ya de la suerte, claros, ajustados, y una blusa blanca, el cabello recogido en una cola alta. "Así le será más fácil a Roni cortármela", sonrió ampliamente ante sus propios pensamientos. De refilón se vio en un espejo y esa sonrisa no la recordaba, hacía mucho que no estaba así. Tras vestirse fue a desayunar a una cafetería que estaba a dos calles de distancia, puesto que aun le sobraba tiempo quería desayunar bien. En aquel sitio las tostadas eran grandes y la mantequilla suave, el café estaba recién hecho y atendía rápido. Dando el último bocado a la tostada revisando que el maquillaje, escaso que usaba y que tenía, seguía bien, vio pasar de nuevo a la mujer mal hablada con la niña cenicienta, ésta llevaba un uniforme escolar, y entrando en un coche, donde parece que había salido la niña, una mujer con traje elegante y cabellos cortos miraba a la niña seria. Ese look le recordó a Regina, a la Regina alcaldesa. ¡Oh, Regina!, ya tenía que dirigirse al trabajo o iba a llegar tarde el primer día. Pagó dejando una suculenta propina por no esperar y se dirigió al Roni´s. Debía de entrar por una puerta lateral que daba hacia donde vio aquella vez a Roni, aun le resultaba raro pensar en ella como Roni, con unos guantes descargando material. La puerta de metal oxidada de ese callejón estaba semi abierta. La abrió con cautela, el almacén, con la luz fría encendida estaba solitario.

-¿Roni?. Soy Emma.

Se adentró y salió al bar que aun tenía la cortina metálica cerrada y con las luces de tungsteno muchas, encendidas parecía de madrugada.

-Buenos días.

La morena apareció por detrás de ella asustándola. –Oh, por dios, ¡que susto!.

Roni rió. –Llegas a tiempo.

Desapareció bajo la barra y apareció con como doce porta servilletas apilados entre sus manos.

-¿Has trabajado alguna vez en un bar?.

Con retraso, pero había llegado la hora.

-Ayudé a una mujer mayor cuando vivía en un pueblo, si eso sirve.

Se acordó de ese par de veces que ayudó en el Granni`s a la abuelita cuando Ruby se fue con Kansas y la otra camarera estuvo con gripe, no le supuso esfuerzo y le vino bien para olvidar que había sido Darkswan, pero eso era una larga historia.

-Sirve, ¿qué pueblo?. Si puedo preguntar-, dijo abrillantando los cristales de la zona de vinos.

-Storybrooke.

"¿Storybrooke?", recordaba haber soñado alguna vez con alguien que lo nombraba.

-¿Dónde está?.

Un golpe las interrumpió. Eran unos nudillos en la cortina de metal.

-¡Ya abrimos Tony!-, gritó Roni.

Un "vale, vale, es que hay ganas ya", se escuchó al otro lado. Emma miró a Regina confusa.

-Te acostumbraras. La gente es impaciente, y más cuando se trata de alcohol, pero Tony es un buen cliente, un anciano viudo que no tiene maldad alguna.- se acercó a Emma por detrás. –Eso sí, nunca te agaches de espaldas a él que tiene las manos muy largas-, le susurró casi al oído erizándole la piel. Luego se marchó riéndose haciendo gestos para que la siguiera.

-Es broma, pero en serio, no cerca de ningún borracho, son gajes del oficio. Tristes, pero gajes son, aunque no suele suceder-, comentó acercándose hacia la puerta dándole la espalda, aunque -y si sucede-, alzó el puño y lo apretó. –Tienes permiso para vengarte-, giró el rostro pícara. -Se abre así-, presionando un botón oculto tras una tapa se empezó a levantar la persiana, el sol daba de lleno en el interior, las 10:03.

-Cuando llegue a la altura de aquella línea te detienes, ¿de acuerdo?.

Emma asintió. –Bien, pues ponte el delantal y revisa que estén limpias todas las mesas, yo ya lo he hecho, pero es para que aprendas. Emma sonrió, estaba teniendo una buena maestra. Roni dejó pasar a Tony que venía acompañado por dos hombres más que se sentaron en los taburetes que estaban pegados a la barra.

-¿Es nueva la chica?.

Roni miró a Emma revisando cada mesa con cautela mientras les preparaba copas de anís. Sonrió al verla tan concentrada, con su blusa que parecía recién comprada le parecía una modelo.

-Lo es, es su primer día, ser condescendientes con ella, ¿de acuerdo?.-, le dijo a todos pero miró a Tony, al abuelo, de setenta y cinco años, prominente calva y chaleco de rombos. El bar se empezó a llenar y Roni no había tenido tiempo de preparar a Emma así que declinó en ella los quehaceres más fáciles.

-Cuando termine aquella mesa recoge los vasos y déjalos aquí-, señaló hacia un soporte de plástico, -llévate tu trapo y deja la mesa limpia.

Emma afirmaba, quería hacerlo todo perfecto, le daba igual cosas como no haber firmado ningún contrato, horarios o cuánto cobraría, quería que Roni se sintiera orgullosa de ella, que había elegido bien.

Como no había mucha gente y tras recoger su primera mesa le dijo a Emma que la dejaba a cargo de la barra durante cinco minutos que ella tenía que ir al almacén a revisar un tema de stocks. Al pasar al lado de Emma le apretó el brazo, confiaba en ella, y de algún modo le serviría de toma de contacto, y así fue. Primer cliente y aquella Cocacola de la máquina la sirvió perfecta. Orgullosa se la dejó cobrada tal cual el chico quería.

-Te has olvidado del hielo chiquilla-, apuntó uno de los tres abuelos que aun seguían en la barra. Emma miró en plano detalle el vaso del joven alejarse sin su hielo.

Los ancianos rieron.

-No pasa nada niña, es tu primer día-, dijo Tony, -que Roni parece muy seca pero es comprensiva.

Emma se relajó. –Quiero hacerlo todo bien y…

-Niña, ¿cómo te llamas?.

-Emma, Emma Swan.

Roni se disponía a volver a la barra cuando escuchó que hablaban con la chica nueva y se detuvo en una zona de penumbra

-Pues señorita, ¿o es señora?.

-Señorita.

-Señorita Emma Swan, no hay mejor sitio que éste en todo el barrio.- Roni frunció el ceño ante el apellido.

-Por no decir la ciudad-, detalló otro de los abuelos, el más joven.

-Roni es una mujer encantadora, como pocas.- la morena sonrió, sin que la vieran.

-Lo tiene que ser si me ha elegido, no es que yo sea un ejemplo a seguir-, dijo Emma.

-Escucha niña.

-Señorita Swan, Emma Swan-, le corrigió el otro abuelo.

-Señorita Emma Swan, te conviene andar con Roni, es profesional, guapa, atractiva, es divertida y toda buena gente, ¿eh?.

-Sí, la de veces que no nos ha cobrado porque sabía que el cajero estaba estropeado.

-Sí, niña.

-Incorregible-, dijo el otro abuelo al que el adjetivo de "niña" no le gustaba.

-Trabaja duro para quedarte aquí, porque no te arrepentirás.

-Eso trato-, les dijo Emma apoyándose en la barra como hacía Roni. –He venido a pasar página y creo que he encontrado mi sitio-, se tocó ahora la nuca. –Gracias por vuestro consejo-, se confesó a los ancianos. –Los tendré en cuenta-, afirmó con la cabeza.

-Bueno, bueno, bueno, menos hablar y más consumir, vagos-, entró Roni en escena actuando como si no hubiese escuchado nada.

-Roni, querida, sólo estábamos conociendo un poco a esta moza-, dijo Tony.

-Pues "esta moza"-, dijo imitándoles y poniendo un brazo sobre los hombros de la nueva -tiene que aprender y trabajar así que…-, se llevó a Emma casi a rastras pero de buen rollo hacia la trastienda, donde el almacén y la zona de neveras.

Roni sonreía, la soltó -¿te han agasajado mucho?, como vean carne fresca son más cotillas que yo-, le dijo a la rubia riéndose mientras habría la puerta del almacén.

-No, que va-. Emma se apresuró a negar con la cabeza. –Se ven buenas personas.

Roni sonrió ampliamente -Sin dudarlo.

Por unos segundos se miraron a los ojos sin decir nada.

-Eh, bien-, miró a su entorno. –Aquí está el recambio para la garrafa de cerveza.

Roni comenzó a explicarle detalladamente de lo que disponían para reponer, para arreglar o para limpiar. Emma atendía concentrada pero de vez en cuando, como aquellos anuncios que interrumpen una película sin avisar sus orejas oían pero no escuchaban y su vista se concentraba en el físico de Roni, percatándose de sus hoy más pequeños zarcillos plateados, sus fuertes brazos, su reloj, sus pantalones ajustados, sus zapatos negros. Emma tenía que luchar consigo misma para concentrarse.

-¿Entendido?-, preguntó Roni con sus manos en su cintura.

-Sí, entendido.

-Muy bien.

Roni le encargó ordenar unos vasos de plástico y unos packs de latas en el almacén mientras ella salía a atender. No, no era imprescindible ni urgente ordenar aquello pero sus ansias de husmear pudieron con ella y limpiando por enésima vez los mismos vasos entabló conversación con los tres ancianos.

-Bueno, qué, ¿os ha gustado mi nueva camarera?.

Uno de los ancianos estaba ya tomado. –Camareeera-, dijo. Su amigo le dio un golpecito en el hombro y salió de su ensoñación.

Emma tenía dudas con respecto a un pack de latas que estaba pringado por dentro como si se hubiese derramado algo encima, lo cogió con asco, y salió del almacén, sin embargo, sin saberlo, la historia se iba a repetir pero a la inversa, al escuchar que estaban hablando de ella se detuvo

-Es una chica muy especial.-, dijo Tony.

-¿A qué sí?-, dijo Roni, -no sé qué tiene pero no es del montón, y creo que apunta maneras

-Roni, haz que ésta dure. No nos mal interpretes, Gloria era nuestra diva, y la echamos de menos.

-Gloria es genial, pero es tan seria…que a veces espanta a los clientes-, se rió –sin embargo con esta chica…, no sé, tiene mucho que aprender pero le veo ganas, y tiene sus puntos divertidos, creo que encajará aquí-, guiñó ambos ojos cómplice con Tony.

-Hablando de Roma.

La descubrieron.

-Roni, venía, eh…, acabado de llegar; esto… está pringoso.-, dio dos pasos para mostrarle el pack de latas y se quedó en la entrada a la barra, la pequeña porción de barra que hacía de tapadera, cuando querías salir sólo tenías que levantarla.

La morena observó las latas sorprendida pero la situación era divertida, el gesto de Emma, sus dos dedos agarrando 24 latas con asco, los nudillos blancos, estalló en carcajadas.

-Se habrán derramado, de nuevo, los zumos de piña-, pasó por su lado tan cerca como el espacio de aquella salida permitía. Emma inconscientemente hizo espacio echando la mano de las latas hacia atrás para que no pringase Roni pero sin moverse de su sitio, ésta cruzó por delante de ella, rozando sin buscarlo, ¿o sí? su cuerpo con el de Emma, como algo casual, a fin de cuentas el lugar era pequeño. La rubia suspiró hacia dentro y a voz de pronto sintió que hacía calor en ese bar.


CONTINUARÁ

¡Ehh! He podido sacar una mañana para actualizar, con el trabajo no he podido, espero que os guste cómo van las cosas. ^^ Gracias por los comentarios de registrados y no registrados, gracias por leer.